Primeras enfermeras en Chile: historia y desarrollo de la enfermería

La enfermería profesional comenzó a desarrollarse en Chile en mayo de 1902, con el primer curso impartido en el Hospital San Borja de Santiago. La primera Escuela de Enfermeras del país se fundó ese mismo año y representó el inicio de una transformación que convirtió los cuidados hospitalarios, hasta entonces realizados principalmente por religiosas, practicantes y auxiliares sin preparación sistemática, en un oficio femenino científico basado en estudios formales.

En 1906 se fundó la Escuela de Enfermeras del Estado, dependiente de la Facultad de Medicina y Farmacia de la Universidad de Chile, constituyéndose en la primera de esta índole en Sudamérica. Desde entonces, la enfermería chilena siguió una doble evolución: una histórica y social, relacionada con la posición de las mujeres, las necesidades sanitarias y los cambios políticos del país, y otra institucional, vinculada con la formación universitaria, la regulación profesional, la investigación y la construcción de una autonomía científica y disciplinar.

Los antecedentes de la profesionalización de la enfermería chilena

La enfermería es una disciplina que durante siglos ha estado asociada a un oficio de mujeres y, por ende, su valoración social ha estado marcada por el avance de la mujer al interior de las sociedades. La práctica de enfermería, la formación del personal y su selección estuvieron ligados a la transformación histórica del proceso social de producción y, por ello, el papel que jugó la mujer al interior de la sociedad chilena mostró el avance de la enfermería, ya fuera como profesión o como disciplina.

La enfermería chilena a comienzos del siglo XX poseía una formación de oficio. El comienzo de la profesionalización estuvo relacionado con el reclamo médico por la inefectiva colaboración de auxiliares hospitalarios que carecían de preparación teórica y práctica. Esta denuncia condujo a destacados facultativos a impulsar la creación de instituciones docentes destinadas a reparar esa deficiencia.

La formación profesional se inició de manera institucional al interior de la Universidad de Chile en 1906, por la necesidad de instruir científicamente solamente a mujeres laicas que atendieran las necesidades crecientes de cuidados en los recintos hospitalarios, puesto que los cuidados de enfermería eran realizados por religiosas y practicantes. Durante esta época, Cora Mayers recalcaba que la enfermera no debía ser la improvisación entre la buena voluntad, la falta de conocimientos y la falta de compromiso ético con las personas enfermas.

Esta concepción reflejaba una disputa presente en numerosos países entre el cuidado doméstico, la asistencia religiosa y los primeros momentos de la profesionalización de los cuidados de enfermería. La nueva enfermería se definía como laica, femenina y científica, y pretendía basar su práctica en una instrucción médica rigurosa.

La primera Escuela de Enfermeras de Chile: Santiago, 1902

La Escuela de Enfermeras, primer establecimiento dedicado a esta misión en el país, se fundó en Santiago el año 1902 y se instaló en las dependencias del Hospital San Borja. La enfermería profesional comienza a desarrollarse en Chile en mayo de 1902, con el primer curso que se dictó en el Hospital San Borja de Santiago.

Su promotor fue Eduardo Moore, quien admiraba la alta calidad de la enfermería inglesa, basada en una instrucción médica rigurosa. Moore defendió este proyecto ante sectores eclesiásticos que temían que las religiosas fueran desplazadas de los hospitales por un cuerpo de enfermería moderna que se definía laico, femenino y científico.

La creación de esta escuela respondió a una necesidad concreta de los hospitales: disponer de personal preparado para ejecutar cuidados de manera ordenada, segura y técnicamente fundamentada. El proyecto también estableció un nuevo modelo de mujer profesional, cuya actividad se desarrollaba en el espacio público y exigía conocimientos, disciplina, responsabilidad ética y preparación práctica.

Uniforme de enfermeras chilenas de 1904

La Escuela de Enfermeras del Estado y la Universidad de Chile

Ante la insoslayable necesidad de enfermeras calificadas, en 1906 el gobierno chileno creó la Escuela de Enfermería del Estado, también en la ciudad de Santiago. En junio de 1906 se fundó la Escuela de Enfermeras del Estado, dependiente de la Facultad de Medicina y Farmacia de la Universidad de Chile, constituyéndose en la primera de esta índole en Sudamérica.

La escuela quedó bajo la tutela de la Escuela de Medicina y Farmacia de la Universidad de Chile y sus clases se impartieron en el Hospital de San Vicente de Paul. La enseñanza se desarrolló en el Hospital San Vicente de Paul, y las primeras generaciones pudieron ingresar sin el requisito de estudios completos.

La creación de esta institución vinculó desde el comienzo la formación de enfermeras con la universidad, la medicina y las necesidades del sistema hospitalario. Esta relación fue decisiva para que la enfermería dejara de ser considerada solamente una actividad auxiliar y avanzara hacia una profesión con planes de estudio, docentes, reglamentos y espacios institucionales propios.

A partir de 1937 se exigió a las nuevas estudiantes haber rendido el Bachillerato con mención en Humanidades. Este cambio elevó los requisitos de ingreso y reforzó la idea de que la preparación de las enfermeras debía apoyarse en una formación general y científica previa.

Profesores y alumnas Escuela Enfermeras Estado 1913

Las primeras escuelas y la expansión hacia Valparaíso

Durante la década de 1920 eran tres las escuelas de enfermeras que dependían de la Junta Central de Beneficencia, organismo que aglutinaba bajo su directriz los centros hospitalarios del país. Una de ellas se ubicaba en Valparaíso, anexa al Hospital San Agustín, y las otras dos en Santiago, junto a los hospitales Roberto del Río y Manuel Arriarán.

Además, en Valparaíso se encontraba otra escuela instaurada por la iniciativa particular del médico Jean Thierry, la cual se anexaba al Hospital de Niños. En todos los establecimientos la carrera se cursaba en tres años y las alumnas debían internarse en las escuelas.

Periodo o añoDesarrollo institucional
1902Nace la primera Escuela de Enfermeras del país en Santiago.
1906Fundación de la Escuela de Enfermeras del Estado en Santiago.
1919Se sumaron otras escuelas en Valparaíso y Santiago, entre ellas la creada por Alejandro del Río.
Década de 1920Tres escuelas de enfermeras dependían de la Junta Central de Beneficencia.
1927Creación de la Escuela de Enfermeras Sanitarias en Santiago.
1928Fusión de la Escuela de Enfermeras Sanitarias y la Escuela de Enfermeras del Estado.
1933Abre la Escuela de Enfermeras Carlos Van Buren de Valparaíso.
1948Abre la Escuela de Enfermería de la Universidad de Concepción.
1950Creación de la Escuela de Enfermeras de la Pontificia Universidad Católica de Chile.

La ampliación de las escuelas permitió responder parcialmente al crecimiento de los hospitales y a la demanda de personal preparado. Sin embargo, la expansión fue lenta y desigual, y durante las primeras décadas persistieron problemas relacionados con el número insuficiente de instituciones, la calidad de la docencia y la selección de las aspirantes.

Alejandro del Río, gran defensor de la profesionalización de las enfermeras, en 1925 reclamó que el número de escuelas era insuficiente y que la docencia era improvisada. En 1932, a su juicio, la enseñanza de la enfermería en Chile aún se hallaba en estado primitivo.

La formación, el internado y la disciplina profesional

En todos los establecimientos la carrera se cursaba en tres años y las alumnas debían internarse en las escuelas. El internado no era solamente una modalidad residencial, sino también una forma de organizar la vida cotidiana de las estudiantes, sus horarios, prácticas, clases y responsabilidades.

La formación combinaba contenidos teóricos y actividades prácticas en hospitales. Las alumnas aprendían procedimientos de atención, higiene, observación de los pacientes, organización de las salas y colaboración con los equipos médicos. La vida institucional incluía dormitorios, comedores, salas de clases y espacios destinados a la formación práctica.

Internado alumnas Escuela Carlos Van Buren

La enseñanza de enfermería se desarrolló dentro de un modelo fuertemente jerarquizado, en el que se esperaba de las estudiantes disciplina, obediencia, conducta moral y disposición para el servicio. Con el tiempo, este modelo fue incorporando mayores exigencias académicas, conocimientos sanitarios, administración hospitalaria, investigación y fundamentos propios de la disciplina.

A principios de la década de 1940, a pesar del reconocimiento de los avances, aún persistían críticas a la calidad de la docencia y la selección de las aspirantes. Esta opinión cambió avanzando la década por la modernización de la enfermería chilena, gracias a la transferencia del modelo norteamericano que promovieron organizaciones internacionales.

La enfermería sanitaria y las enfermeras visitadoras

Hacia fines de la década de 1920, en Santiago, se incorporó la llamada Escuela de Enfermeras Sanitarias, institución que respondía a la irrupción del paradigma de medicina preventiva en salud pública. Estas profesionales, que también se denominaron “enfermeras visitadoras”, se distinguían por trabajar fuera de los hospitales, generalmente visitando hogares, y su función principal era divulgar nociones de higiene a la población para prevenir enfermedades.

Dicha orientación formativa provenía de Estados Unidos, donde la enfermera sanitaria era la base de su sistema médico-asistencial. Los responsables de levantar esta escuela, primera en Latinoamérica, fueron Lucas Sierra, Cora Mayers, Eleanira González y la enfermera sanitaria norteamericana Sara Adams, que llegó de Estados Unidos para asesorar el proyecto, asumiendo la dirección.

La enfermería sanitaria amplió el campo profesional más allá de las salas hospitalarias. Las enfermeras visitaban hogares, participaban en actividades escolares, realizaban demostraciones prácticas, controlaban la salud de mujeres embarazadas y enseñaban medidas de higiene y cuidado infantil.

Enfermera sanitaria visita hogar chileno 1948

Esta orientación respondía al crecimiento de la medicina preventiva y a la preocupación por reducir enfermedades mediante educación, vigilancia sanitaria y acciones comunitarias. La enfermera sanitaria se convirtió en un vínculo entre los servicios de salud y las familias, especialmente en sectores donde la atención hospitalaria no era suficiente.

Entre las actividades documentadas se encuentran la visita a unidades rurales, la inspección sanitaria escolar, la educación sobre el baño de los niños y la atención de mujeres embarazadas en sus hogares. Estas prácticas muestran que la enfermería chilena participó tempranamente en la promoción de la salud y en la prevención de enfermedades.

La fusión de las escuelas y el nacimiento de la Escuela de Enfermería de la Universidad de Chile

En 1928, el gobierno ordenó la fusión de la Escuela de Enfermeras Sanitarias con la Escuela de Enfermeras del Estado, naciendo la Escuela de Enfermería de la Universidad de Chile. Se estableció un plan común en la malla curricular y la enfermería sanitaria pasó a ser una especialización de postgrado.

La fusión unificó dos orientaciones que hasta entonces se habían desarrollado de manera diferenciada: la enfermería hospitalaria, centrada principalmente en la atención de personas enfermas, y la enfermería sanitaria, orientada hacia la prevención, la educación y el trabajo comunitario.

En 1929, la Universidad de Chile comenzó a impartir un postgrado dedicado a los estudios de enfermería sanitaria. Los programas académicos sufrieron modificaciones relevantes desde esta época, de acuerdo con las estrategias cambiantes de la medicina mundial.

En la medida en que la labor sanitaria dirigida a la comunidad adquirió relevancia en las políticas de salud pública, los planes de estudios fueron integrando cátedras de educación sanitaria y administración hospitalaria, que inicialmente pertenecían al postgrado.

A mediados de siglo desapareció la distinción entre enfermeras hospitalarias y visitadoras, pues, finalmente, en todo centro sanitario las enfermeras desarrollaban actividades curativas, preventivas y de asistencia social.

Graduación enfermeras hospitalarias sanitarias 1948

Las enfermeras y la salud pública

La expansión de la salud pública modificó profundamente el perfil de la enfermería. Las profesionales ya no se limitaban a colaborar en hospitales, sino que intervenían en campañas sanitarias, programas preventivos, educación comunitaria, atención maternoinfantil, salud escolar y actividades dirigidas a poblaciones rurales.

Las condiciones médico-sociales del país y la escasez endémica de enfermeras obligaron a las profesionales a reflexionar sobre el servicio de enfermería óptimo para Chile y la forma de alcanzarlo. Otros tópicos, como las funciones y el campo ocupacional de la profesión, así como las propuestas de reorganización de las escuelas, también fueron discutidos desde los años treinta.

Estos debates ya no fueron impulsados solamente por médicos. En ellos participó un grupo activo y reconocido de enfermeras, tales como Sofía Pincheira, Gladys Peake, Luisa Inostroza, Rosalba Flores y Elma Frakia.

La participación de las propias enfermeras en las discusiones sobre educación, organización y campo profesional fue fundamental para avanzar desde una profesión definida por otros hacia una disciplina capaz de formular sus propios problemas, objetivos y propuestas.

La influencia internacional y la modernización de la enseñanza

Integrantes del cuerpo docente de la Escuela de Enfermeras del Estado fueron becadas por organizaciones norteamericanas para perfeccionarse en el extranjero. Esta experiencia, junto con la llegada de asesores internacionales, contribuyó al desarrollo de exitosos programas de salud, entre los que destacaron las Unidades Sanitarias, en cuya organización y funcionamiento tuvieron activa participación las enfermeras egresadas de la Universidad de Chile.

En 1941, la Fundación Rockefeller firmó un acuerdo con el gobierno chileno que inició una firme cooperación para desarrollar una enfermería moderna en Chile. En 1942 comenzaron los viajes de perfeccionamiento para enfermeras en Estados Unidos y Canadá, auspiciados por las fundaciones Rockefeller, Kellogg y la Organización Mundial de la Salud.

La transferencia del modelo norteamericano promovió cambios en los programas de estudio, en la organización de los servicios y en la preparación de las docentes. También fortaleció la orientación sanitaria y la idea de que las enfermeras debían participar activamente en la planificación y ejecución de políticas de salud pública.

En 1942 se realizó el Congreso Panamericano de Enfermería en la ciudad de Santiago. Este encuentro contribuyó a la circulación de conocimientos y experiencias entre profesionales de distintos países, y reforzó la posición de Chile dentro del desarrollo regional de la enfermería.

Afiche Congreso Panamericano Enfermería 1942

Hitos institucionales entre 1933 y 1955

  • 1933: se efectuó el Tercer Congreso Chileno de Asistencia Social en Santiago.
  • 1933: abrió la Escuela de Enfermeras Carlos Van Buren de Valparaíso.
  • 1934: se realizó la Primera Conferencia Nacional de Enfermería en Santiago.
  • 1938: nació la Asociación de Enfermeras Universitarias.
  • 1941: la Fundación Rockefeller firmó un acuerdo con el gobierno chileno para desarrollar una enfermería moderna.
  • 1942: comenzaron los viajes de perfeccionamiento para enfermeras en Estados Unidos y Canadá.
  • 1942: se realizó el Congreso Panamericano de Enfermería en Santiago.
  • 1942: se implementó la Unidad Sanitaria de Quinta Normal.
  • 1947: se renovó el plan de estudios para incluir más contenidos de sanidad pública.
  • 1948: se realizó en Concepción el Primer Congreso Chileno de Enfermeras.
  • 1948: abrió la Escuela de Enfermería de la Universidad de Concepción.
  • 1950: se creó la Escuela de Enfermeras de la Pontificia Universidad Católica de Chile.
  • 1951: se puso en práctica el plan de estudios elaborado en 1947.
  • 1952: se creó el Servicio Nacional de Salud.
  • 1955: se organizó el Subdepartamento de Enfermería, institución estatal que regía la enfermería de los servicios públicos de salud.

El plan de estudios y la formación universitaria

En 1947 se renovó el plan de estudio para incluir más contenidos de sanidad pública. El plan fue elaborado por la Asociación Nacional de Enfermeras y se puso en práctica en 1951.

La modificación curricular respondió a la necesidad de formar profesionales capaces de intervenir tanto en el hospital como en la comunidad. Los contenidos de educación sanitaria, administración hospitalaria, prevención y salud pública adquirieron una importancia creciente.

Hacia 1950, la enfermería chilena y su enseñanza universitaria de pre y postgrado se convirtieron en un referente para las escuelas latinoamericanas. La formación universitaria de alta calidad, el perfeccionamiento y la participación en programas sanitarios contribuyeron a esa posición regional.

En 1951 se fusionaron las Escuelas de Enfermería Hospitalaria y de Enfermería Sanitaria, modalidad de formación que perdura en la actualidad. Dos años después, y dado el crecimiento de la enseñanza de la disciplina en el país, se estableció un reglamento nacional para la formación de estas profesionales.

La creación del Servicio Nacional de Salud

En 1952 se creó el Servicio Nacional de Salud. La nueva organización sanitaria aumentó la necesidad de profesionales de enfermería y reforzó la participación de estas trabajadoras en hospitales, centros de salud, unidades sanitarias, programas preventivos y actividades de atención comunitaria.

En 1955 se organizó el Subdepartamento de Enfermería, institución estatal que regía la enfermería de los servicios públicos de salud. Esta estructura favoreció una mayor coordinación de la profesión dentro del sistema sanitario y contribuyó a delimitar funciones, responsabilidades y formas de organización del trabajo.

La consolidación del sistema público permitió que la enfermería participara de manera más amplia en la planificación de los servicios. El ejercicio profesional recibió una fuerte influencia de los contextos sociales, políticos y económicos que acompañaron la expansión de la atención sanitaria.

El desarrollo regional de la enfermería

En 1963 nació la Sociedad de Educación de Enfermería, organización que agrupó a los docentes de todas las escuelas del país. En esa misma época, y con el fin de aportar profesionales de Enfermería a las regiones, la Universidad de Chile creó los Centros Universitarios Regionales en Temuco, Talca, Antofagasta, La Serena, Osorno y Ñuble.

Durante estos años, los planes de estudio fueron revisados periódicamente, tratando de mantener cierto grado de homogeneidad en la formación profesional impartida por las diferentes casas de estudios. La expansión regional respondió a la necesidad de incrementar el número de profesionales disponibles fuera de Santiago y fortalecer la atención sanitaria en distintas zonas del país.

Las escuelas regionales contribuyeron a relacionar la enseñanza con las necesidades concretas de cada territorio. En el sur de Chile, la creación de nuevas instituciones fue vinculada con la industrialización, el aumento de la infraestructura hospitalaria, la creación del Servicio Nacional de Salud y la necesidad de contar con profesionales para una población en crecimiento.

La enfermería en el sur de Chile

En la zona sur de Chile, la evolución histórica del ejercicio profesional de las enfermeras ha sido poco documentada. Las décadas entre 1940 y 1980 estuvieron marcadas por la industrialización y, por consiguiente, por un aumento vertiginoso de la infraestructura hospitalaria.

Entre los hitos relevantes para el desarrollo de la enfermería hospitalaria en el sur de Chile se encuentran la creación de la medicina preventiva, la cooperación de la Organización Panamericana de la Salud, el ingreso de la Fundación Rockefeller, la creación del Servicio Nacional de Salud, el terremoto del año 1960 y la creación de la Escuela de Enfermería de la Universidad Austral en el sur de Chile.

Estos acontecimientos fueron relevantes para el desarrollo de la enfermería hospitalaria en el sur de Chile, seguido por el posicionamiento de la mujer en la sociedad. La práctica y el saber en el campo de la salud estuvieron ligados a las transformaciones históricas, y el ejercicio profesional recibió una fuerte influencia de los contextos sociales, políticos y económicos.

La unificación de las escuelas y la licenciatura

En 1980, las Escuelas de Enfermería dependientes de la Universidad de Chile existentes en Santiago se unificaron, conformando la única Escuela de Enfermería de la Facultad de Medicina de la Casa de Bello, existente hasta la fecha.

Por su parte, las escuelas que impartían la carrera en provincias, dependientes de esta Casa de Estudios, se incorporaron a las universidades regionales. Este proceso reorganizó la enseñanza y fortaleció la diferenciación institucional entre la escuela central y las nuevas universidades regionales.

Una de las últimas grandes reformas se realizó en 1995, con la creación del Programa de Licenciatura, que extendió la formación de pregrado de cuatro a cinco años y, en el caso de esta disciplina, otorgó el grado de Licenciado en Enfermería.

La licenciatura consolidó la formación universitaria de la enfermería y fortaleció su reconocimiento como disciplina. También abrió mayores posibilidades para la investigación, el desarrollo de programas de postgrado y la construcción de conocimientos propios sobre el cuidado.

Identidad profesional, género y autonomía

La enfermería ha estado permanentemente influenciada por las consideraciones de género, por ser una carrera predominantemente femenina, lo que ha restringido su evolución y desarrollo y ha dado paso a un lento progreso. Uno de los estereotipos se relaciona con la “imagen social” de la enfermera, comprendida como madre o religiosa, siempre dispuesta a otorgar cuidados.

Esta imagen se encuentra muy arraigada en el pensamiento popular. También está influenciada por roles sexistas que ocasionan marginación y daños en la identidad e imagen profesional. Otro aspecto de esta dimensión es la subordinación, relacionada con un déficit de autonomía profesional.

La enfermería ha realizado durante décadas un esfuerzo por identificarse con lo propio y distanciarse de la imagen de subordinación a la profesión médica. La historia permite comprender este proceso, porque muestra cómo las enfermeras fueron construyendo espacios de formación, organización, liderazgo, investigación y toma de decisiones.

Durante las últimas décadas, la identidad de las enfermeras no se desarrolló como un proceso lineal, sino mediante movimientos superpuestos que atravesaron distintos periodos históricos. Las reformas de salud pública, la búsqueda de reconocimiento de las mujeres con formación universitaria, el golpe de Estado de 1973 y las reformas de educación y salud permitieron descubrir una identidad propia de la enfermería chilena.

La historiografía de la enfermería chilena

La historia de la enfermería permite contextualizar a un personaje, un grupo social o un hecho que ha sido escogido para ser interpretado. Estudiar la historia de la enfermería aporta autoconocimiento, permite comprender cómo se estructuran las ideas e imaginar nuevas ideas, valores y experiencias, creando cultura y disciplina.

Para la enfermería, la historia es un catalizador que permite comprender su propio proceso como grupo profesional y disciplinario. Aprender de las memorias es un proceso constructivo y creativo de traer el pasado al presente, no para quedarse en ese recuerdo, sino para construirlo, llegar a sus cimientos y comprenderlos.

La producción de conocimiento histórico permite entender la relación entre la enfermería y las transformaciones sociales. La profesión estuvo vinculada con la movilidad de las mujeres desde el espacio doméstico hacia el escenario público, con las reformas sanitarias, con la educación superior y con los cambios en la organización del Estado.

La enfermería y su historia en Chile todavía son una temática incipiente en el país y se han desarrollado en las áreas de la comprensión de la identidad de las enfermeras y de sus vínculos con la institucionalidad de los sistemas sanitarios y educativos. La historiografía de la enfermería chilena es claramente un espacio en construcción y el desafío actual es su construcción desde la disciplina.

La producción científica sobre la historia de la enfermería

Una revisión de fuentes secundarias consideró las bases de datos ProQuest, Scopus, Web of Science y PubMed. Para la estrategia de búsqueda se utilizaron los descriptores “history”, “nursing” y “Chile”, unidos por el booleano “and”, que arrojó un total de 20 publicaciones.

Luego se seleccionaron solamente artículos científicos, quedando finalmente seis artículos para el análisis. También se revisaron libros y tesis de postgrado en archivos de bibliotecas universitarias, utilizando los descriptores “historia”, “enfermería” y “Chile”, y se seleccionaron cinco documentos.

La revisión buscó identificar cómo se describía a las enfermeras y a la enfermería, por qué se escogía una determinada temporalidad, cuál era el espacio histórico estudiado y para qué se elaboraba un relato historiográfico de las enfermeras y de la enfermería en Chile.

Los estudios revisados abordaron la identidad de las enfermeras, sus vínculos con la institucionalidad de los sistemas sanitarios y educativos, la relación entre enfermeras y parteras, el desarrollo de la enfermería hospitalaria en el sur del país y la influencia de los cambios políticos, económicos y sociales.

Enfermeras y parteras en la historia sanitaria chilena

Algunos estudios analizaron las identidades de enfermeras y parteras desde una perspectiva histórica y sociológica. Durante las últimas cuatro décadas, ambas profesiones sanitarias fueron inicialmente similares y luego emprendieron trayectorias significativamente separadas en el país, convirtiéndose en ocupaciones diferentes a través de una alteridad socialmente construida.

En su interacción social, como escenario de competencia, se presentaron conflictos sociohistóricos por áreas de desempeño profesional superpuestas, como el cuidado del recién nacido, o por proyectos destinados a aliviar la escasez de enfermeras y el excedente de parteras a lo largo del periodo.

Debido a esta interacción, que las relaciona socialmente, no es posible escribir separadamente la historia de una sola ocupación respecto de la otra. Se planteó tener en cuenta la posibilidad de fusionar las dos ocupaciones como un camino crítico que permita comprender el poder político de las profesiones del cuidado y realizar prácticas más coherentes e integradas.

El censo de 1920 y la composición de la fuerza de trabajo

En el censo del año 1920 se indicó que 1.619 personas eran enfermeros: 628 hombres y 991 mujeres; de ellos, 22 hombres y 68 mujeres eran extranjeros. Estas cifras muestran que, aunque la enfermería se estaba consolidando como una ocupación predominantemente femenina, también contaba con participación masculina.

La profesionalización institucional se inició en un contexto en el que los cuidados de enfermería eran realizados por religiosas y practicantes. La creación de escuelas destinadas a formar mujeres laicas respondió a la necesidad de disponer de personal preparado para atender las necesidades crecientes de los hospitales.

La organización profesional y la participación de las enfermeras

En 1938 nació la Asociación de Enfermeras Universitarias. La organización profesional permitió que las enfermeras participaran con mayor fuerza en debates sobre planes de estudio, funciones, campo ocupacional, condiciones laborales y reorganización de las escuelas.

En 1948 se realizó en Concepción el Primer Congreso Chileno de Enfermeras. Estos encuentros ayudaron a construir una identidad colectiva y a establecer espacios de intercambio entre profesionales de distintas regiones y áreas de trabajo.

Las asociaciones también contribuyeron a elaborar propuestas de modernización de la enseñanza y de la organización sanitaria. La participación de enfermeras como Sofía Pincheira, Gladys Peake, Luisa Inostroza, Rosalba Flores y Elma Frakia muestra la progresiva intervención de las profesionales en la definición del futuro de la disciplina.

La gestión del cuidado y la autonomía científica

La enfermería profesional en Chile ha tenido un avance significativo en cuanto a la construcción de saberes propios, conocimientos que pueden ser considerados como la ciencia de los cuidados, enfocada hacia los conocimientos necesarios para la atención intrahospitalaria, extrahospitalaria y especialmente en la comunidad.

Un avance significativo corresponde al desarrollo de normativas que respaldan su actuar profesional en la Gestión del Cuidado. Esta se define como “la aplicación de un juicio profesional en la planificación, organización, motivación y control de la provisión de los cuidados, oportunos, seguros e integrales, que aseguren la continuidad de la atención y se sustenten en las políticas y lineamientos estratégicos de la institución”.

La gestión del cuidado busca incrementar el nivel de salud de las personas y comunidades, repensando los valores de la deontología profesional. Para la enfermería y las personas, significa pasar de una labor técnica a ser un agente de cambio público, de administrador de decisiones a formulador e inductor de ellas, de paciente a ciudadano y de enfermo a ser humano con capacidad creativa.

El cuidado emancipatorio se basa en la articulación entre conocimiento, cuidado y poder. Para la enfermería, es un proceso de democratización de poderes que fortalece la autonomía de los sujetos de cuidado y promueve una atención más ética, igualitaria y participativa.

La enfermería chilena en el contexto iberoamericano

La posición de la enfermería chilena es destacada en el contexto iberoamericano, plenamente avalada por sus logros históricos en materia de desarrollo de estrategias y acciones en los diferentes programas de salud.

Su trabajo se ha reflejado en la disminución de los indicadores de morbimortalidad infantil y adulta y de enfermedades transmisibles. La formación universitaria de alta calidad la ubica en un lugar destacado en Iberoamérica.

El perfeccionamiento, la calidad técnico-profesional expresada en el conocimiento y las habilidades razonadas presentes en las prácticas, al igual que las relaciones profesionales de calidad, posicionan a la enfermería chilena en un lugar destacado dentro del contexto sanitario.

Desde el punto de vista jurídico, existen normas que respaldan el actuar profesional en cuanto a la Gestión del Cuidado. El ejercicio de estas normativas ha incidido en el desarrollo del liderazgo, la autonomía, la imagen y el proceso de toma de decisiones.

La enfermería en la salud pública contemporánea

Las enfermeras y los enfermeros constituyen un componente central de la fuerza laboral de atención en salud y son formados con conocimientos y habilidades para responder a desastres y situaciones de crisis. Son garantes de los derechos de las personas y trabajan el cuidado como valor y como derecho social, aportando soluciones y estrategias desde su ámbito disciplinar y profesional.

Sus funciones profesionales se han hecho especialmente visibles durante las crisis sanitarias. Las enfermeras participan en la mitigación del contagio de enfermedades, la reducción de muertes, el control de su propagación, la evaluación continua de los pacientes y la coordinación con el resto del equipo de salud.

Su cercana interacción con los usuarios proporciona una comprensión directa de las necesidades de salud de la población, de la calidad de los cuidados y de la seguridad de los pacientes. Todo su actuar está regido por la entrega de cuidados humanizados, el acompañamiento a los familiares, los cuidados del fin de la vida y la asistencia espiritual.

La historia de las primeras escuelas chilenas permite comprender por qué la enfermería se convirtió progresivamente en una profesión hospitalaria, sanitaria, educativa, comunitaria, investigadora y gestora del cuidado. Desde el curso iniciado en el Hospital San Borja en 1902 hasta la consolidación de la formación universitaria, la disciplina avanzó mediante la creación de escuelas, la expansión regional, la modernización curricular, la organización profesional y la construcción de conocimientos propios.

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