La primera mujer filósofa griega de la que se conserva una información relativamente amplia y segura es Hipatia de Alejandría, filósofa neoplatónica, matemática y astrónoma que vivió entre los siglos IV y V de nuestra era. Aunque precedida por Pandrosion, otra matemática alejandrina, es la primera matemática cuya vida está razonablemente bien documentada.
Hipatia fue reconocida en su propia vida como una gran maestra y una sabia consejera. Su actividad intelectual abarcó la filosofía, las matemáticas y la astronomía, y su escuela reunió a estudiantes paganos y cristianos en una época marcada por las disputas religiosas y políticas de Alejandría.

¿Quién fue Hipatia de Alejandría?
Hipatia de Alejandría, la más importante científica y filósofa de la antigüedad tardía, vivió a caballo entre los siglos IV y V de nuestra era, cuando la religión oficial del Imperio, el cristianismo, desplazaba ya a las tradiciones paganas y ocupaba un lugar preeminente en la política y la sociedad. Su vida, obra y enseñanzas y, sobre todo, su cruel linchamiento a manos de una horda de monjes enfurecidos, la convirtieron en un símbolo del paso a una nueva etapa que ya anticipaba el medievo.
La figura de Hipatia ha pasado, así, de la historia a la leyenda, hasta convertirse para muchos en una especie de mártir del viejo mundo clásico en un momento en el que éste se estaba extinguiendo. Hipatia es una de las primeras científicas de quienes tenemos referencia.
Fue una maestra de prestigio en la escuela neoplatónica y realizó importantes contribuciones a la ciencia en los campos de las matemáticas y la astronomía. Su brutal asesinato escenifica el paso del razonamiento clásico al oscurantismo medieval.
Muchos aspectos de la vida de Hipatia son un misterio y la principal fuente de información de que se dispone son los escritos de sus discípulos. La leyenda que se ha alimentado sobre su persona ha hecho que en ocasiones se mezclen los datos verídicos con las licencias poéticas y se dificulte el conocimiento de la científica alejandrina.
Cuándo nació Hipatia
No existe información fidedigna acerca de su fecha de nacimiento. Algunas referencias literarias la sitúan en el 370 y la presentan joven y hermosa en el momento de su cruel asesinato en marzo de 415.
Pero los números no cuadran. El discípulo de Hipatia, que es la principal fuente de información, Sinesio de Cirene, nació entre el 368 y el 370 y no podía tener la misma edad que su maestra contando ella con el prestigio social que revelaba el propio Sinesio en sus epístolas.
Las últimas tesis postulan como fecha del nacimiento el 355. En cualquier caso, sea cual sea la fecha verdadera, lo que sí sabemos es que vino al mundo en el siglo IV, en un momento histórico en el que el debate científico acerca de la posición de la Tierra en el universo era uno de los principales temas de discusión y confrontación.
El ambiente intelectual de Alejandría
A mediados del siglo IV, cuando Hipatia vino al mundo, Alejandría seguía siendo la gran metrópoli helénica de la cultura y las artes. En su Museo y su Biblioteca, fundados por la dinastía de los Ptolomeos, se formaron generaciones de científicos, literatos y filósofos.
Desde el siglo III d.C. se desarrolló allí la escuela de Alejandría, vehículo de la filosofía neoplatónica, con representantes tan ilustres como Plotino. Hipatia se sumergió desde su más tierna infancia en este ambiente de estudio y discusión intelectual.
Su padre fue Teón de Alejandría, conocido matemático y astrónomo que dirigía la Biblioteca del Serapeo, heredera de la gran tradición científica alejandrina. Su padre e instructor fue Teón, matemático y astrónomo que ejercía de profesor en la Biblioteca de Alejandría, la del Serapeo, fundada por la dinastía de los Ptolomeos con el fin de crear una de las mayores y mejor documentadas bibliotecas del mundo.
Por entonces, la espléndida metrópoli fundada por Alejandro Magno, famosa por su Museo, un extraordinario centro científico, su enorme Biblioteca y sus grandes templos, aún mantenía una considerable población y era la capital de Egipto.
La formación de Hipatia
La joven se dedicó primero a las ciencias, como su padre, con quien trabajó en diversas obras, editando comentarios a Ptolomeo, Euclides y la Aritmética de Diofanto, y escribiendo libros sobre astronomía y geometría.
La obra de Teón cuenta con Comentarios a algunas de las obras más relevantes que se habían escrito hasta entonces en los campos de las matemáticas y la astronomía. Su labor consistía en ordenar, reescribir a mano los volúmenes más importantes y hacer comentarios manuscritos al margen, con anotaciones que permitían diferenciar lo que era del autor de lo que era del comentarista.
En matemáticas, Teón profundizó en Los Elementos de Euclides que era la base de la geometría de la Antigüedad y lo seguiría siendo hasta el siglo XIX. En su revisión de esta obra mencionó a Hipatia como discípula y asociada, lo que podría indicar que la elaboraron juntos.
Así mismo, escribieron un tratado sobre la obra matemática de Euclides. Diversas fuentes como el cronista eclesiástico arriano Filostorgio, Hesiquio y Damascio, señalan que Hipatia destacó por encima de su padre en talento y logros científicos y que, a la muerte de éste, siguió sus investigaciones sin disponer de colaboradores.
Hipatia como filósofa
Tras superar a su padre en tales disciplinas, Hipatia volvió su atención a la filosofía. Es posible que viajara a Atenas e Italia, donde quizá tuvo contacto con los círculos neoplatónicos.
En cualquier caso llegó a alcanzar un gran saber y pronto ocupó la cátedra de filosofía en la escuela de Alejandría, donde enseñaba las doctrinas de Platón y Aristóteles tanto a cristianos como a paganos.
Hipatia, pues, era una digna heredera de la gran tradición científica del Museo, pero a la vez se convirtió en una renombrada profesora que daba lecciones públicas sobre las ideas de Platón, y seguramente de Aristóteles, atrayendo numeroso público.
Según las cartas de Sinesio, las clases eran diálogos en los que ella discutía con los alumnos sobre filosofía, matemáticas, astronomía, ética y religión. Su enseñanza no se limitaba a la transmisión de doctrinas, sino que integraba distintas áreas del conocimiento y promovía la discusión racional.
Sinesio, obispo de Cirene, fue discípulo suyo y habla de ella con fervor y admiración en diversas cartas que le dirigió: especialmente conmovedora es la última carta que, moribundo, envió a su maestra pidiendo consejo y benevolencia.
En algunas pide consejo a su «queridísima maestra», y en otras habla de ella a sus amigos con afecto y admiración. Incluso se promete a sí mismo que recordará a Hipatia en el Hades, esto es, en el Más Allá.
La filosofía neoplatónica de Hipatia
A partir de las cartas de Sinesio podemos situar a Hipatia dentro de la escuela neoplatónica cuyas ideas parten de los pitagóricos. Una sociedad científica que basaba su sistema de pensamiento en la contemplación y el descubrimiento del cosmos, palabra que crearon ellos mismos, como un universo ordenado por unas leyes cognoscibles.
La naturaleza era numérica: “El número era responsable de la “armonía”, el principio divino que gobernaba la estructura de la totalidad del mundo” (Guthrie). Los fenómenos eran tan sólo la forma en la que se reflejaban los números.
Las matemáticas encarnaban la perfección y constituían su guía moral. El pensamiento y no la observación, era el método de conocer la verdad y ampliar el conocimiento.
La relación entre los miembros de la comunidad pitagórica se establecía a partir de la amistad, no existiendo una estructura jerarquizada. También apoyaban la igualdad de género y, en consecuencia, admitían bajo las mismas condiciones a hombres y mujeres.
Creían que todas las personas, con independencia de su cultura, clase social y género eran capaces de llegar a conocer el mundo perfecto, porque todas tenían la misma alma.
Platón fue uno de los filósofos que recogió las ideas de los pitagóricos. Las matemáticas y la ciencia política fueron temas centrales en la obra y la Academia de Platón.
Su filosofía se basaba especialmente, en la creencia que las ideas, el Mundo de las ideas, son más reales que el mundo material que nos rodea. La corriente neoplatónica, que siguió Hipatia, era heredera de esta línea de pensamiento de la que el principal representante es Plotino.
También suponían la existencia de un principio supremo más allá de la realidad que podía conocerse por medio de fórmulas matemáticas y compartían la visión del cosmos.
Las aportaciones científicas de Hipatia
Hipatia es la primera mujer matemática de la que se tiene conocimiento razonablemente seguro y detallado. Escribió sobre geometría, álgebra y astronomía.
Se sabe que escribió un comentario sobre Arithmetica de trece volúmenes de Diofanto. Ha podido sobrevivir en parte, habiendo sido interpolado en el texto original de Diofanto.
Por lo que se refiere a Hipatia, escribió el Comentario de la “Aritmética” de Diofanto, uno de sus matemáticos favoritos, que dio un impulso decisivo al álgebra con la creación de unos signos matemáticos que simplificaban y agilizaban las operaciones y los cálculos.
El texto de Hipatia permitió que el trabajo del científico se diese a conocer. También existe otro comentario sobre el tratado de Apolonio de Perge sobre secciones cónicas, que no ha sobrevivido.
También se interesó por Apolonio de Pergamo, ya que la geometría de las figuras cónicas, introducida por éste, le resultaba crucial para el posicionamiento de los cuerpos celestes.
El trabajo sobre Ptolomeo
En astronomía, Teón analizó en profundidad la obra de Ptolomeo, 100-178, quien fue el responsable de perfeccionar el modelo geocéntrico a través de la recopilación de las principales aportaciones de la astronomía antigua.
El Almagesto fue el primer tratado matemático que dio una explicación completa, detallada y cuantitativa de todos los movimientos celestes. El estudio de Teón de la obra de Ptolomeo se recoge en los trece libros de Comentarios del Almagesto.
La posible contribución de Hipatia a los mismos parte de la siguiente referencia que aparece en el tercero de los libros: “Comentario de Teón de Alejandría al tercer libro del Sistema Matemático de Tolomeo. Edición controlada por la filósofa Hipatia, mi hija”.
Las palabras están sujetas a diferentes interpretaciones. Puede creerse que la filósofa únicamente revisó el comentario, o que realizó la edición corregida del libro III mientras Teón elaboraba el comentario.
Para tratar de esclarecer este punto se han buscado diferencias lingüísticas entre ese libro III y el resto. Pero ha habido diversas conclusiones: algunos autores creen que Hipatia hizo nuevas aportaciones, mientras que otros sugieren que la imposibilidad de distinguir entre el trabajo de ambos, apunta a una revisión conjunta.
Tampoco se descarta que la colaboración entre Teón e Hipatia fuese continuada y la participación de ella no se limitase al libro III.
Instrumentos astronómicos y científicos
La joven se dedicó primero a las ciencias, como su padre, con quien trabajó en diversas obras, editando comentarios a Ptolomeo, Euclides y la Aritmética de Diofanto, y escribiendo libros sobre astronomía y geometría. Se consagró también a las ciencias aplicadas.
De hecho, se cree que inventó el hidrómetro, un instrumento para destilar agua y medir la densidad de los líquidos. Sin embargo, se sabe que Hipatia construyó astrolabios e hidrómetros, pero no inventó ninguno de ellos, que estaban en uso mucho antes de que ella naciera.
También llevó a cabo un análisis matemático de los movimientos de los astros descritos por Tolomeo en Las Tablas o Canón Astronómico. Se desconoce si formaban parte del libro III o si constituían una obra original.
Sabemos gracias a los escritos de sus discípulos, que confeccionó un planisferio celeste y un hidroscopio para pesar los líquidos.
| Área | Actividad atribuida a Hipatia |
|---|---|
| Matemáticas | Comentario de la “Aritmética” de Diofanto |
| Geometría | Estudio de las secciones cónicas de Apolonio |
| Astronomía | Análisis de los movimientos de los astros descritos por Tolomeo |
| Edición científica | Revisión o edición del libro III del Almagesto |
| Ciencias aplicadas | Construcción de astrolabios, hidrómetros y un planisferio celeste |
El heliocentrismo y la astronomía antigua
Las ideas desarrolladas por los pitagóricos supusieron una importante aportación al avance científico. Su principal contribución a la cosmología fue desplazar la Tierra del centro del universo para colocarla, como un planeta más, alrededor del Sol.
Un paso colosal teniendo en cuenta las concepciones existentes hasta el momento. Pero para ellos las teorías que se hubiesen establecido a partir de creencias no tenían ningún valor.
Defendían la primacía de las matemáticas por encima de las observaciones y los dogmas y el carácter sagrado del número 10 establecía que un cosmos perfecto requería 10 cuerpos en órbita alrededor de un fuego central.
Esta visión del universo no era nueva, Aristarco de Samos, siglo III a.C., había sido el primero en elaborar una teoría heliocéntrica completa que situaba el Sol y otras estrellas fijas en el centro y la Tierra y demás planetas rotando alrededor.
También postulaba que la tierra giraba sobre su propio eje. Por desgracia, el trabajo en el que impulsó esta idea se extravió y únicamente nos aparece referenciado por Arquímedes y Plutarco.
Aunque en la escuela neoplatónica el fuego y no la tierra era el centro del universo, la concepción geocéntrica se impuso y mantuvo durante mucho tiempo, unos mil cuatrocientos años.
Ello se debe a que, a pesar de sus dificultades para sostenerse científicamente, contaba con la gran influencia de la escuela aristotélica así como el apoyo de una iglesia que contaba cada vez con más poder.
El geocentrismo se adecuaba a lo que explicaba la Biblia. Por esta razón durante siglos la mayoría de astrónomos se limitaron a tratar de perfeccionar el modelo de Ptolomeo para adecuarlo a las observaciones.
Hipatia mantuvo a lo largo de su vida la tesis heliocentrista y las observaciones realizadas en los Comentarios de Tenón del libro III de Almagesto cuestionarían la teoría geocéntrica de Ptolomeo.
La importancia de dilucidar su verdadero grado de implicación en el libro, radica en que es muy posible que Copérnico lo leyese cuando estuvo en Florencia estudiando la obra de Ptolomeo, ya que el único ejemplar que se conservaba estaba en la biblioteca de los Médicis de dicha ciudad.
Eso implicaría que la obra de Hipatia tuviese una influencia directa en la Revolución Copérnicana, uno de los momentos cruciales en el desarrollo del heliocentrismo.
La escuela de Hipatia
Durante la vida de Hipatia, la escuela de Alejandría transmitió esta doctrina filosófica y con el espíritu integrador pitagórico, no separaba los estudiantes según su religión.
Los alumnos de Hipatia eran un modelo de diversidad cultural, religiosa y étnica. Lo cual atraía a intelectuales de diferentes partes del mundo que acudían a la ciudad para formarse sobre las diferentes concepciones filosóficas y científicas.
Hipatia enseñaba las doctrinas de Platón y Aristóteles tanto a cristianos como a paganos. Aunque ella misma era pagana, fue tolerante con los cristianos y enseñó a muchos estudiantes cristianos, incluido Sinesio, el futuro obispo de Ptolemais.
Fuentes antiguas registran que Hipatia era muy querida por paganos y cristianos por igual. Se sabe que estableció una gran influencia en la élite política de Alejandría.
El historiador cristiano Sócrates la considera la tercera cabeza de la historia del platonismo, tras el propio Platón y Plotino. Asimismo, el pagano Damascio la estimaba una gran maestra.
Modelo de sabiduría, Hipatia era consultada por las autoridades de la ciudad para asuntos diversos. A su puerta acudían nobles, artistas y pensadores, que conformaron acaso el último círculo académico e intelectual del helenismo.
El propio prefecto de la ciudad, Orestes, delegado del emperador, se contaba entre sus discípulos.
La influencia social y política de Hipatia
Hipatia, pues, formaba parte de la élite pagana fiel a sus antiguas ideas y creencias, y velaba por el legado clásico en un ambiente que se iba volviendo más y más hostil hacia la herencia ilustrada del helenismo.
Si bien por vía indirecta hay constancia de sus logros intelectuales, en su vida personal el desconocimiento es mayúsculo. Una de las muchas leyendas inventadas es su matrimonio con el filósofo Isidoro y su culto a los dioses paganos.
No existe prueba alguna de que fuese seguidora de los dioses y héroes helenos. Al contrario, siempre manifestó una postura racional frente a la tradición helénica y se mantuvo al margen de las continuas disputas entre paganos y cristianos que tenían lugar por aquel entonces en Alejandría.
Donde sí tomó partido fue en los asuntos municipales, ejerciendo su influencia en la esfera política y en la alta aristocracia. Era conocida y respetada por sus valores éticos y su sabiduría y los representantes políticos, paganos y cristianos, recurrían con frecuencia a sus consejos.
Fue maestra y amiga de Orestes, el prefecto de Alejandría, que era cristiano y defendía la convivencia pacífica entre todas las culturas y religiones.
Damascio continúa: «Puesto que era así la naturaleza de Hipatia, es decir, tan atractiva y dialéctica en sus discursos, dispuesta y política en sus actuaciones, el resto de la ciudad con buen criterio la amaba y la obsequiaba generosamente, y los notables, cada vez que hacían frente a muchas cuestiones públicas, solían aproximarse a ella […] Si bien el estado real de la filosofía estaba ya en una completa ruina, su nombre parecía ser magnífico y digno de admiración para aquellos que administraban los asuntos más importantes del gobierno».
La situación religiosa de Alejandría
Sin embargo, a finales del siglo IV, Alejandría distaba de ser un remanso de paz para la filosofía y la ciencia. La ciudad estaba cada vez más agitada por las pugnas por el poder entre diversos partidos y, en particular, por las disputas religiosas de los grupos cristianos.
En efecto, desde al menos el siglo II, Alejandría se había convertido en uno de los principales centros del cristianismo. En ella vivieron eminentes teólogos, como Clemente y Orígenes, y fue cabeza de toda la Iglesia egipcia.
Como ciudad del Imperio romano de Oriente, la gobernaba un prefecto enviado por el emperador de Constantinopla; pero, de modo no oficial, gran parte de su gente obedecía los dictados de su obispo y patriarca, quien velaba por la fe y la ortodoxia de la comunidad cristiana.
Desde que el emperador Teodosio I había proclamado el cristianismo como religión única del Imperio, el poder eclesiástico se había instalado en las ciudades e iba asfixiando los reductos del paganismo.
Y actuaba con una intolerancia feroz, no sólo contra los adeptos a los antiguos cultos, sino contra los disidentes de todo tipo, ya fueran herejes o judíos, muy numerosos en Alejandría.
En esta ciudad, tanto el clero como los monjes de los desiertos vecinos y los llamados parabolanos, unos servidores de la Iglesia que también actuaban como sus guardias, seguían los dictados del obispo.
En momentos de conflicto no vacilaban en promover violentos disturbios para demostrar su fuerza, destruir los templos de los infieles y acallar sus voces.
La destrucción del Serapeo
Fue así como, instigados por el obispo Teófilo, estos fanáticos causaron grandes destrozos en diversos santuarios paganos, y en el año 391 saquearon e incendiaron el famoso Serapeo y su espléndida biblioteca.
En 391, por instigación del obispo Teófilo, el Serapeo de Alejandría fue tomado por los cristianos y sus estatuas profanadas, mientras los paganos que habían intentado defenderlo huían despavoridos y sus templos se convertían en iglesias.
El templo de Serapis, un emblema glorioso de la ciudad durante siglos, fue convertido en iglesia cristiana, al igual que el Cesareo, un antiguo templo dedicado al culto del emperador.
Quienes se negaban a convertirse a la fe dominante sufrían el asedio cristiano. Resultaban vanos sus intentos de apelar en su socorro a la corte imperial de Constantinopla, carcomida por las intrigas e impotente para frenar los tumultos de la masa fanática.
La muerte de Hipatia no debe confundirse con la destrucción de la Biblioteca de Alejandría. Desde finales del siglo XX, algunas representaciones han asociado la muerte de Hipatia con la destrucción de la Biblioteca de Alejandría, a pesar del hecho histórico de que la biblioteca ya no existía durante la vida de Hipatia.
El conflicto entre Cirilo y Orestes
En este contexto se sitúa el martirio de Hipatia. Su muerte resonó como una campanada fúnebre en el ocaso de Alejandría, el antiguo centro de la ciencia, la cultura y el arte helenísticos.
En el año 415, Cirilo, que había sucedido a su tío Teófilo como obispo y patriarca de Alejandría, entró en conflicto con el prefecto de la ciudad, Orestes.
El motivo del choque era un debate teológico sobre la naturaleza de Cristo: frente a la tesis de una doble naturaleza, humana y divina, defendida por el patriarca de Constantinopla, Nestorio, Cirilo y los alejandrinos sostenían el monofisismo, según el cual Cristo tiene una sola naturaleza en la que predomina el elemento divino.
En realidad, detrás de la disputa estaba la voluntad de Cirilo de defender la autonomía de la Iglesia egipcia frente a la capital del Imperio de Oriente.
El 17 de octubre de 412 fue el principio del fin del sueño alejandrino. Cirilo fue elegido como obispo de Alejandría y, a partir de entonces, la situación cambió radicalmente.
Parte de los cristianos de Egipto se opusieron a su nombramiento por sus ideas intolerantes. Orestes tampoco compartía la visión sobre los asuntos religiosos de Cirilo, que atacaba a todos los colectivos religiosos que no aceptasen el cristianismo impuesto con el pretexto de purificar la fe.
Alejandría se sumió en un clima de extrema violencia. Los asesinatos entre grupos de creencias diferentes se sucedían continuamente.
El conflicto con los monjes
Los disturbios comenzaron cuando cientos de monjes del desierto, partidarios de Cirilo, acudieron a la ciudad y acorralaron al prefecto Orestes con su séquito.
Uno de ellos, un tal Amonio, le arrojó una piedra a la cabeza, mientras los hombres de Orestes retrocedían temiendo una lapidación masiva. Orestes comenzó a sangrar y sus soldados, finalmente, prendieron a Amonio, que murió torturado en el tribunal.
El prefecto, cristiano pero partidario de cierta libertad y convivencia, informó de los hechos al emperador Teodosio II; pero Cirilo reaccionó astutamente y le contó su versión.
El obispo proclamó a Amonio mártir de la fe tras afirmar que había muerto torturado mientras se le obligaba a renegar de Cristo.
Las relaciones entre el poder eclesiástico y el poder civil se habían tensado hasta el extremo, e Hipatia reunía la doble condición de pagana y próxima a Orestes, lo que no podía menos que concitar el odio del patriarca.
Por qué fue asesinada Hipatia
Hipatia mantenía amistad con Orestes, y los cristianos no tardaron en responsabilizarla del conflicto que había tenido lugar. Detrás de ello estuvo seguramente el obispo Cirilo.
Según algunas fuentes, en una ocasión Cirilo vio a una muchedumbre que acudía a una lujosa casa; cuando supo que era la escuela de Hipatia y que todo el mundo buscaba sus sabias lecciones concibió un odio furioso hacia ella.
No se podía tolerar tal comportamiento en una mujer, desde el punto de vista de los cristianos más ortodoxos. Pero, seguramente, su odio se debía sobre todo a la influencia social y política de Hipatia.
Para Cirilo, la influencia de Hipatia entre los altos cargos de la política imperial y municipal, representaba una amenaza. Envidiaba el prestigio social que gozaba entre las capas sociales altas de Alejandría.
Damascio ofrece una acusación clara contra el patriarca y explica las causas de su hostilidad hacia la filósofa: «Ocurrió un día que Cirilo, obispo del grupo opuesto, pasaba por delante de casa de Hipatia y vio una gran multitud de gente y de caballos a su puerta. Había quienes llegaban, quienes se marchaban y quienes esperaban. Cuando Cirilo preguntó por el significado de aquella reunión y los motivos del revuelo, sus criados le explicaron que era la casa de la filósofa Hipatia y que ella estaba saludándoles. Cuando Cirilo oyó esto le entró tal ataque de envidia que inmediatamente empezó a conspirar su asesinato de la manera más detestable».
La envidia, pues, habría sido el desencadenante de los hechos. Pero queda otro motivo que pudo influir en la inquina del obispo: las buenas relaciones de Hipatia con Orestes, el prefecto de la ciudad.
Cirilo creó un ambiente hostil hacia ella y, cabe suponer, alentó a sus partidarios, que ya campaban por las calles de Alejandría en número abundante, a que la eliminaran.
Por ello, decidió iniciar una campaña de difamación contra ella presentándola como una bruja peligrosa entregada a la magia negra que había embrujado a Orestes para enfrentarlo a los cristianos, entre los cuales, la filósofa, creaba ateos.
Su asesinato fue consecuencia del conflicto entre el poder civil de Orestes y el eclesiástico de Cirilo y no una confrontación entre paganismo y cristianismo, como defendieron pensadores ilustrados como Voltaire o Toland.
El asesinato de Hipatia
En el mes de marzo del año 415, en plena Cuaresma, un crimen sacudió la ciudad de Alejandría: una muchedumbre vociferante atacó a la respetada y sabia Hipatia, la mató y se ensañó con sus restos.
La filósofa murió durante el cuarto año del obispado de Cirilo. Una turba de monjes venidos de los yermos próximos o de parabolanos rodeó en pleno día a Hipatia en la misma puerta de su casa.
Así, un día de marzo de 415, una muchedumbre de cristianos enloquecidos, encabezada por un tal Pedro, interceptó a Hipatia en su carro, cuando volvía a su casa, y la derribó al suelo.
La arrastraron a golpes hasta el interior de una iglesia, y allí la desnudaron y la descuartizaron, desgarrando sus carnes con conchas y tejas, y después de muerta quemaron sus restos en una hoguera para borrar su recuerdo.
Allí, según las fuentes, le arrancaron las vestiduras y la arrastraron hasta una iglesia cercana, en el antiguo Cesareo, donde la despedazaron y le arrancaron la carne de sus miembros con piedras afiladas o conchas.
Luego reunieron sus restos y los llevaron a un lugar llamado Cinarion, donde los arrojaron al fuego, como si conjurasen de este modo a un diabólico ídolo pagano.
La brutal escena semejaba un sacrificio humano en un ritual de inaudita ferocidad, como si inmolaran una víctima a un dios bárbaro.
Anotemos de paso que, ya que era una famosa profesora unos veinte años antes, Hipatia no murió tan joven como creían algunos pintores románticos, imaginándola como una bellísima muchacha desnuda y sacrificada en un altar por los furiosos monjes. Debía tener cincuenta años o más cuando fue tan cruelmente asesinada.

Los testimonios antiguos sobre su muerte
Los testimonios conservados sobre la figura de Hipatia y su siniestro final proceden de dos historiadores eclesiásticos, Filostorgio y Sócrates el Escolástico, que escribieron unos veinte años después del crimen y no ocultan su reprobación ante lo espantoso de aquel acto fanático.
También del neoplatónico Damascio de Damasco, que escribió medio siglo más tarde, recogiendo ecos y datos de tan escandaloso suceso, y del obispo Juan de Nikiu, mucho más tardío.
La mayor parte de las fuentes, incluso cristianos como Sócrates, condenan este crimen y la actitud de Cirilo, mientras que otros, como Juan de Nikio, justificaron la postura del obispo sosteniendo que Hipatia era en realidad una peligrosa hechicera.
La causa de su cruel asesinato, afirma la Suda, fue «la envidia de Cirilo, según unos, por su extraordinaria sabiduría, especialmente en astronomía. Pero otros dicen que sucedió por la consabida insolencia y rebeldía de los alejandrinos».
El primero es el testimonio de Sócrates Escolástico, historiador cristiano coetáneo de Hipatia; el segundo es de Juan, Obispo de Nikiu.
La muerte de Hipatia y sus consecuencias
Tanto los truculentos detalles del crimen como la manifiesta impunidad de los asesinos han hecho de la muerte de Hipatia un escándalo histórico memorable.
Los asesinos no fueron castigados. Orestes, informó a Roma para que se iniciara una investigación, pero ésta fue pospuesta en repetidas ocasiones.
Aquellos que con su muerte buscaban imponer el fanatismo al razonamiento, la tolerancia y la búsqueda del conocimiento de la escuela de Hipatia, quedaron impunes.
El asesinato de Hipatia conmocionó al imperio y la transformó en una «mártir de la filosofía». Esto llevó a futuros neoplatónicos como Damascio a volverse cada vez más fervientes en su oposición al cristianismo.
Hipatia se convirtió en una «mártir de la filosofía», y su asesinato llevó a los filósofos a adoptar actitudes que enfatizaban cada vez más los aspectos paganos de su sistema de creencias.
Ayudó a crear un sentido de identidad para los filósofos como tradicionalistas paganos apartados de las Misas cristianas.
La muerte de Hipatia no puso fin a la filosofía neoplatónica en su conjunto. Aun así, Watts argumenta que sí puso fin a su variedad particular.
Tanto el neoplatonismo como el paganismo sobrevivieron durante siglos después de la muerte de Hipatia. Se siguieron construyendo nuevas salas de conferencias académicas en Alejandría después de su muerte.
Durante los siguientes 200 años, filósofos neoplatónicos como Hierocles de Alejandría, Juan Filópono, Simplicio de Cilicia y Olimpiodoro el Joven hicieron observaciones astronómicas, enseñaron matemáticas y escribieron extensos comentarios sobre las obras de Platón y Aristóteles.
Hypatia no fue la última filósofa neoplatónica femenina; las posteriores incluyen Aedesia, Asclepigenia y Theodora de Emesa.
Hipatia entre la historia y la leyenda
El recuerdo de Hipatia perduró entre los egipcios, tanto entre el pueblo como en la tradición literaria. Pero fue sobre todo a partir del siglo XVIII, en plena Ilustración, cuando se convirtió en defensora de la razón y mártir de la filosofía.
Durante la Edad Media, Hipatia fue elegida como símbolo de la virtud cristiana. Los eruditos creen que fue parte de la base de la leyenda de Santa Catalina de Alejandría.
Durante el Siglo de las Luces, se convirtió en un símbolo de la oposición al catolicismo. En el siglo XIX, la literatura europea, especialmente la novela Hipatia de Charles Kingsley de 1853, la idealizó como «la última de los helenos».
En el siglo XX, Hipatia se convirtió en un ícono de los derechos de las mujeres y un precursor del movimiento feminista.
Gibbon, en particular, narró con vigor su vida en la Historia de la decadencia del Imperio romano hasta que, ya en el siglo XIX, Charles Kingsley le dedicó una célebre novela.
La imagen moderna de Hipatia también ha recibido la influencia de pinturas, novelas y películas que han presentado su vida con distintos grados de fidelidad histórica.
¿Fue Hipatia la primera mujer filósofa griega?
La respuesta depende del sentido que se dé a la expresión «primera mujer filósofa griega». Hipatia es la primera filósofa y matemática de la Antigüedad cuya vida está razonablemente bien documentada y cuya actividad intelectual puede reconstruirse mediante testimonios antiguos y obras relacionadas con su enseñanza.
Sin embargo, no fue la primera mujer vinculada al pensamiento filosófico o científico del mundo griego. Desde la Grecia antigua y hasta el período romano, se reportan los nombres de algunas mujeres filósofas.
Hipatia no fue la primera mujer matemática de la historia alejandrina, pues fue precedida por Pandrosion. Tampoco fue la última filósofa neoplatónica femenina, ya que posteriormente aparecen Aedesia, Asclepigenia y Theodora de Emesa.
Lo que distingue a Hipatia es la combinación excepcional de varios elementos: una actividad documentada en matemáticas y astronomía, una posición destacada en la escuela neoplatónica, una intensa labor docente, una influencia política considerable y un asesinato cuya repercusión histórica convirtió su figura en un símbolo de la libertad intelectual.
Otras mujeres relacionadas con el conocimiento antiguo
Aunque no filósofas, en el sentido técnico que se le suele atribuir a la palabra, destacan algunas mujeres, como la famosa reina de Saba, de nombre Balkis, en el siglo X a. C, en algún momento pareja del rey Salomón.
Carrillo menciona que Herodoto la llamó Nitocre; los griegos, Sibila; otros la llamaron Cantuce o reina Candinee de Etiopía. Según su investigación los dominios de dicha reina estaban en Etiopía y en Arabia; que en esa zona gobernaban las mujeres y no los hombres.
Ella gobernó por más de sesenta años. Salomón abandonó a su primera mujer, Nama, hija de Pharon, esposa oficial.
Refiere, qué para algunos, Cristo la mencionó en varias ocasiones ante el rechazo que sufrió de su mismo pueblo, al decir que la reina de Saba escuchaba al rey Salomón por su deseo de conocer al verdadero Dios.
Pero Carrillo cree que fue por el interés de si Salomón era el Mesías, por eso le llevó oro, piedras preciosas, muchos regalos más de sus reinos, así como un gran ejército, como nunca se había visto en Jerusalén.
A cambio, ella aprendió los secretos de las plantas y animales, de la virtud de las piedras, de medicina y astrología.
En ese tiempo, también destaca Semíramis, reina fenicia del siglo IX a. C, que al fallecer su esposo tomó el reino, famosa por vencer a los medos y caldeos; introdujo en su reino algunos principios de la religión babilónica.
También destacan las aristócratas chinas o Fu, del siglo XVII a. C, que podía participar activamente en la política, a su cargo estuvieron los ejércitos de sus reinos, así como múltiples organizaciones civiles, supervisaban la agricultura, la religión y el pago de impuestos.
Estas figuras no permiten afirmar que fueran filósofas en el sentido técnico del término, pero muestran que la relación de las mujeres con el gobierno, la religión, la medicina, la astronomía y otras formas de conocimiento fue más amplia de lo que suelen reflejar las historias tradicionales.
La exclusión de las mujeres de la historia de la filosofía
La recuperación de Hipatia también plantea una cuestión más amplia: por qué durante tantos siglos las historias de la filosofía reconocieron de manera insuficiente la presencia de las mujeres.
Desde la perspectiva del hombre, acusa Beauvoir, éste define a la mujer en sí misma no como un ser autónomo sino en relación a él: “El hombre se piensa sin la mujer. Ella no se piensa sin el hombre” (2013, p. 18).
Ella termina siendo lo que el hombre decida que sea, se lamenta, y tiene razón, pues eso sigue ocurriendo por muchos años, inconscientemente, y con ello se han excluido de las historias de la filosofía, a las mujeres.
Se pregunta: “¿De dónde le viene a la mujer esta sumisión?” (Beauvoir, 2013, p. 20)
Una pista a dicha respuesta pretende ser este escrito al rescatar brevemente a algunas filósofas se comprenderá la acción violenta-social del hombre y la comunidad contra las mujeres.
Por ello se entienden las palabras de la existencialista: “el hombre no ha liberado socialmente a la mujer” (Beauvoir, 2013, p. 22).
Interroga a todos: “¿cómo inició esta historia?… ¿De dónde proviene que este mundo siempre haya pertenecido a los hombres y que solamente hoy empiecen a cambiar las cosas?” (Beauvoir, 2013, p. 23)
Legisladores, sacerdotes, filósofos, escritores y eruditos, todos ellos se han empeñado a demostrar que la condición subordinada de la mujer era del cielo y provechosa a la tierra… las religiones inventadas por los hombres han puesto la filosofía y la teología a su servicio. (Beauvoir, 2013, p. 24)
Se queja y demuestra que en el siglo XIX se recurrió a la ciencia biológica para justificar la inferioridad de la mujer.
A su vez, reconoce que algunos filósofos, entre ellos Diderot o Mill, encaran con objetividad la demostración que la mujer es un ser humano igual que el hombre.
La importancia de recuperar a las filósofas
Con dichas recomendaciones, y antes de adentraros en la tradición griega, es necesario exponer la reflexión inicial que hace Jones al texto Las 1001 historia de la Historia de las Mujeres (2000), ya que ella ve con optimismo que la historia de las mujeres ya no sea tan olvidada.
Aunque la Historia de las mujeres no ha sido olvidada, la mayoría de los profanos estarían de acuerdo en que incluso los historiadores especializados tienden desafortunadamente, a convertirla en un aprendizaje aburrido y tedioso.
A pesar de ello, y gracias a los hechos azarosos que se han ido descubriendo por el camino, la Historia de las mujeres es algo más que la historia del sufragio y la discriminación.
De hecho, las mujeres han desempeñado en la historia un papel significativo y muy variado, y han protagonizado tantos éxitos fascinantes como estrepitosos fracasos en todos los campos; el único problema es que no hemos oído suficiente sobre ellos.
La labor consiste en profundizar sobre la presencia de la mujer como amiga, discípula, docente, esposa, hija o nieta de los filósofos o siendo ella misma una filósofa, reflexiva en todos los casos, creadora, autónoma e independiente.
Además de dedicarse a la filosofía, algunas además lo hicieron con las letras y otras disciplinas de conocimiento, como la medicina, las matemáticas y la astronomía, entre otras.
La figura de Hipatia permite observar con claridad esa diversidad: fue filósofa, matemática, astrónoma, maestra, editora de textos científicos y consejera de autoridades públicas.
La vigencia de Hipatia
La figura de Hipatia continúa siendo relevante porque reúne problemas que siguen presentes en la historia del conocimiento: la exclusión de las mujeres, la relación entre ciencia y religión, la libertad de enseñanza, la persecución de las ideas y la influencia política de los intelectuales.
Su escuela mostró que la investigación filosófica podía reunir a personas de diferentes religiones y procedencias. Sus discípulos la recordaron como una maestra cuya autoridad procedía del conocimiento, la argumentación y la conducta ética.
Su muerte no demuestra que la ciencia y la religión sean necesariamente incompatibles, pues Hipatia tuvo discípulos cristianos y mantuvo relaciones con autoridades cristianas. Lo que revela es el efecto destructivo de la intolerancia, la lucha por el poder y la utilización de acusaciones religiosas contra una figura con influencia social.
Hipatia representa, por tanto, una de las expresiones más completas de la tradición intelectual alejandrina: una mujer que recibió una formación científica, superó a su maestro, amplió su trabajo hacia la filosofía y logró enseñar públicamente en un mundo donde la participación femenina en la vida intelectual era excepcional.
Su nombre quedó unido a la defensa de la razón, la tolerancia y la búsqueda del conocimiento, pero también exige distinguir entre los datos históricos y las representaciones legendarias que se acumularon alrededor de su figura.