Primera mujer en votar en Chile: historia del voto femenino

En Chile, las mujeres votaron por primera vez en elecciones municipales de 1935, después de que la Ley N.º 5.357 de 1934 reconociera su derecho a sufragio municipal. El voto femenino para elecciones presidenciales y parlamentarias se estableció recién en 1949 mediante la Ley N.º 9.292, y las mujeres participaron por primera vez en una elección presidencial en 1952, cuando fue elegido Carlos Ibáñez del Campo.

La historia del voto femenino chileno no corresponde a una sola mujer, sino a un proceso de varias décadas impulsado por organizaciones, intelectuales, parlamentarias y activistas. Entre sus principales protagonistas estuvieron Elena Caffarena, Amanda Labarca, Martina Barros Borgoño, Isabel Morel, Flor Heredia y María de la Cruz Toledo.

Primer voto femenino en Chile 1935

¿Quién fue la primera mujer en votar en Chile?

Las mujeres chilenas votaron por primera vez en las elecciones municipales de 1935. En esas elecciones se inscribieron 76.049 mujeres, que representaban el 20% del total de electores. Un total de 98 mujeres se presentaron como candidatas a cargos de elección popular y 25 resultaron elegidas.

La primera autoridad municipal elegida por votación popular fue Alicia Cañas Zañartu, quien se convirtió en la primera alcaldesa elegida por votación popular en todo Sudamérica, como primera autoridad de la comuna de Providencia, en Santiago.

Este primer sufragio femenino estuvo limitado a las elecciones municipales. Las mujeres todavía no podían votar en elecciones presidenciales ni parlamentarias, ya que ese derecho se obtuvo en 1949 y comenzó a ejercerse en una elección presidencial en 1952.

El largo camino hacia el sufragio femenino

El tema del voto femenino fue un proceso que involucró a la sociedad entera: desde el momento en que se negó hasta aquel en que se aprueba, el voto femenino fue fiel reflejo de problemáticas y transformaciones que sucedían en la sociedad de aquella época. Es por esto que el proceso de evolución del discurso respecto del sufragio femenino tiene directa relación con los cambios que van ocurriendo en la sociedad chilena desde finales del siglo XIX hasta mediados del XX.

La extensión del voto a las mujeres fue motivo de debate desde la década de 1920. Sin embargo, la oposición de los partidos anticlericales y de izquierda, debido a la tendencia conservadora del electorado femenino, retardó por varias décadas más la concesión de ese derecho.

El nuevo minisitio El sufragio de las mujeres en Chile (1865-1952) recorre los hitos que marcaron el sufragio femenino, iniciando con las primeras intervenciones públicas en apoyo, particularmente el discurso de Abdón Cifuentes, “Acerca del derecho electoral de la mujer”, en 1865.

Durante las décadas siguientes, se sucedieron reformas legislativas que buscaron tanto evitar como permitir el sufragio femenino. Al mismo tiempo, se publicaron una serie de estudios y textos en los que se debatía a favor y en contra del derecho a voto de las mujeres.

El debate de 1865 y la Constitución

El discurso de Abdón Cifuentes fue la base para el debate posterior respecto del derecho a sufragio de las mujeres chilenas. Cifuentes planteó que el artículo 8 de la Constitución chilena, que establecía las condiciones para que “los chilenos” tuvieran derecho a sufragio, también abarcaba a las mujeres, por lo que ellas podían ejercer el voto.

La prohibición explícita de 1884

La Reforma a la ley de elecciones de la República de Chile de 1884 corresponde a la primera ley en Chile que prohibió explícitamente el ejercicio del sufragio de las mujeres.

Fue publicada luego de que, en 1875, un grupo de mujeres acudiera a las juntas calificadoras de elecciones a inscribirse para sufragar, basadas en las interpretaciones de la Constitución que lo permitían.

Las primeras organizaciones femeninas

Mucho antes que Elena Caffarena fundara el Movimiento Pro Emancipación de la Mujer Chilena (MEMCH), hubo otras organizaciones sociales que pusieron en el debate público temas inéditos en ese entonces como la desigualdad de la mujer ante la ley.

Uno de los primeros fueron los Centros Femeninos Belén de Sárraga, que tuvieron especial eco en la zona norte del país. Después, en 1915, surgiría el Círculo de Lectura, encabezado por Amanda Labarca (1886-1975), que promovía el perfeccionamiento cultural de la mujer.

Al año siguiente haría su estreno el Club Social de Señoras, presidido por Delia Matte de Izquierdo (1886-1941), que convocaba a mujeres de clase alta con fines culturales y no de beneficencia, algo impensado en la época.

Para ello organizaban conferencias, cursos y conciertos, que “constituyeron programas bien nutridos y que contaron con figuras tan destacadas como Vicente Blasco Ibáñez, Ramón Menéndez Pidal y el conde Keyserling”.

El Consejo Nacional de Mujeres, fundado en 1919, trabajó para mejorar los derechos civiles, políticos y jurídicos de las mujeres, que dentro del Código Civil de Chile estaban restringidos.

Como su presidenta, Amanda Labarca cumplió en parte ese objetivo con la promulgación del Decreto Ley del 12 de marzo de 1925, más conocido como la “Ley Maza” -por el nombre del senador José Maza-, que habilitó a las mujeres para atestiguar ante la ley y reconoció a la mujer casada algunas atribuciones en materia de patria potestad, junto con autorizarla para administrar los frutos de su trabajo, a través del régimen conyugal de separación de bienes.

En Valparaíso, tres años más tarde, en 1928, surgiría la Unión Femenina de Chile. Esta institución nació al calor de la propuesta de Graciela Lacoste en una reunión convocada por Aurora Argomedo para celebrar el cincuentenario del Decreto Amunátegui.

La institución abogó principalmente por los derechos políticos femeninos, pero también incluyó en su programa numerosas estrategias en pos del mejoramiento de la salud y subsistencia de toda la sociedad.

Elena Caffarena, pionera del voto femenino

Elena Caffarena campaña sufragio femenino

Elena Caffarena fue una pionera que luchó junto a otras hasta lograr que la mujer tuviera derecho a voto. No descansó hasta que, por primera vez, las mujeres participaron en la elección presidencial de 1952.

En 1903, en Iquique, nació Elena Caffarena, hija de inmigrantes italianos. Cuando su familia se trasladó a Santiago, terminó sus estudios secundarios en el Liceo N.º 4 de Niñas.

Posteriormente estudió leyes en la Universidad de Chile y obtuvo su título de “abogado” en 1926. En rigor, esto fue posible gracias al Decreto Amunátegui, dictado en 1877, que permitió a las mujeres acceder a la enseñanza universitaria.

“Fui la abogada número 15 en Chile. Fue, precisamente, el conocimiento que obtuve en mis estudios de leyes, cuando me percaté de la inferioridad en que se encontraban las mujeres frente a la ley. Eso hizo nacer mi vocación feminista”.

Ya siendo universitaria, se comprometió con la defensa de los derechos de la mujer y formó variadas organizaciones femeninas como la Asociación de Mujeres Universitarias, en la cual se desempeñó como vicepresidenta en varios períodos.

Fundó el Movimiento Pro Emancipación de la Mujer Chilena (MEMCH), siendo su secretaria general desde 1935 hasta 1941.

El MEMCH y la emancipación de las mujeres

El MEMCH era una organización pluralista, que convocaba a mujeres de todas las clases sociales y a todas las unía una causa común: conseguir la emancipación de la mujer a nivel económico, social y jurídico.

Paulatinamente, el grupo se abocó a la tarea de la obtención del voto político -en elecciones presidenciales y parlamentarias- para la mujer chilena sin restricciones.

En 1935 surgió el MEMCH, que paulatinamente se abocó a la tarea de la obtención del voto político sin restricciones. El Movimiento Pro-Emancipación de las Mujeres de Chile luchó por la igualdad jurídica y política y por el acceso paritario al mercado laboral entre hombres y mujeres.

El periódico La Mujer Nueva

Una de las publicaciones de esa organización fue el periódico La Mujer Nueva, editado entre los años 1935 y 1941.

Desde su primer número dio cabida a las aspiraciones relacionadas con la obtención y ampliación de los derechos civiles y políticos, incluidos el sufragio femenino universal y las demandas sociales que inspiraron a ese movimiento.

Temas como el trabajo femenino, especialmente el trabajo industrial, formaron parte importante de sus preocupaciones.

El Segundo Congreso del MEMCH reunió, en octubre de 1939, a dirigentes de la capital con las de provincias. Los temas tratados en este encuentro y cubiertos por La Mujer Nueva -el voto político, protección a la mujer trabajadora, la paz y la democracia y la relación con otras instituciones femeninas- reflejaron la madurez que había alcanzado la organización.

El voto municipal de 1934

En 1934, durante la segunda administración de Arturo Alessandri Palma, se otorgó a las mujeres el derecho a voto en las elecciones municipales.

El 15 de enero de aquel año, el Presidente Arturo Alessandri Palma promulgó la Ley N.º 5.357 -la que fue publicada tres días después, el 18 de enero-, la cual permitía la participación de las mujeres tanto en poder ejercer el derecho de sufragio en las elecciones municipales, como también poder postularse como candidatas.

La Ley N.º 5.357 introdujo el siguiente artículo a la Ley de Elecciones: “Tienen derecho a inscribirse en el Registro Municipal: Las mujeres de nacionalidad chilena, mayores de 21 años, que sepan leer y escribir y residan en la comuna correspondiente; y Los extranjeros, varones y mujeres mayores de 21 años, con más de cinco años consecutivos de residencia en el país, que sepan leer y escribir y que residan en la comuna correspondiente”.

AñoHito
1934Se reconoce el voto femenino para las elecciones municipales.
1935Las mujeres votan por primera vez en elecciones municipales.
1949Se establece el sufragio femenino para elecciones parlamentarias y presidenciales.
1952Las mujeres participan por primera vez en una elección presidencial.

En las elecciones municipales de 1935, se inscribieron 76.049 mujeres, que representaban el 20% del total de electores.

En estas elecciones, Alicia Cañas Zañartu se convirtió en la primera alcaldesa elegida por votación popular en todo Sudamérica, como primera autoridad de la comuna de Providencia, en Santiago.

Elena Caffarena recordaría que no existía mucho interés por parte de los partidos políticos en aprobar el voto político -en elecciones presidenciales y parlamentarias- para la mujer, “pues, para los partidos, la respuesta electoral de la mujer era una incógnita, a pesar de que el voto municipal era un antecedente”.

“Mire una cosa curiosa; el voto municipal se obtuvo después de un año de lucha, mientras que el voto político después de más de 20 años”.

Incluso estaba convencida que el voto municipal fue concedido porque “los partidos querían ver el comportamiento de las mujeres frente al sufragio”.

La oposición política al voto femenino

Los partidos políticos de los diversos espectros se atemorizan ante la incertidumbre electoral que significa incorporar a las mujeres a esos procesos.

Mientras los sectores conservadores proyectan la imagen de la mujer centrada en la familia, y por ende, distante de lo público y de lo político, los grupos de centro y de izquierda, luego del voto municipal, observan que el voto femenino va a incrementar las filas de la derecha política.

De hecho los partidos, sin excepción, no son proclives a legislar sobre el sufragio para la mujer.

La oposición de los partidos anticlericales y de izquierda, debido a la tendencia conservadora del electorado femenino, retardó por varias décadas más la concesión de ese derecho.

El proyecto de Pedro Aguirre Cerda

El único intento serio lo tuvo el Presidente Pedro Aguirre Cerda. El 8 de enero de 1941, envió a la Cámara de Diputados un proyecto de ley para apoyar la idea de legislar en torno al voto femenino.

Sin embargo, la repentina muerte del Presidente truncó este sueño que parecía estar a punto de ser una realidad.

La Federación Chilena de Instituciones Femeninas

En 1944 se dio un paso más allá, con la creación de la Federación Chilena de Instituciones Femeninas (FECHIF), cuya presidenta fue Amanda Labarca, educadora e intelectual chilena que tenía una larga trayectoria de lucha en favor de los derechos de la mujer.

En 1945, la FECHIF presentó al Senado un proyecto de ley para modificar la Ley General de Elecciones, que contaba con el apoyo de senadores de distintos partidos políticos.

Después de pasar por varios trámites legislativos, el proyecto fue aprobado por la Comisión de Constitución, Legislación y Justicia de la Cámara de Diputados el 28 de noviembre de 1948.

El 15 de diciembre se aprobó en general el proyecto de ley que permitía el sufragio femenino y el 21 de diciembre pasó su último trámite en el Senado.

Según Elena Caffarena, “con la creación de esta federación (FECHIF), la más poderosa de la historia del movimiento de mujeres en Chile, el tono en el cual se demandan los cambios civiles y políticos se hace más enérgico y enfático”.

“Ya no es el tono de la súplica o de la persuasión el que define las peticiones, sino el de la urgencia avalada por la legitimidad de los argumentos esgrimidos”.

La Ley N.º 9.292 de 1949

Promulgación voto femenino Teatro Municipal 1949

En 1949 se dicta la Ley N.º 9.292, que establece el sufragio femenino para elecciones parlamentarias y presidenciales.

El 8 de enero de 1949, en un acto público en el Teatro Municipal, con la asistencia del Presidente de la República don Gabriel González Videla, Ministros de Estado y autoridades, se firma la ley que autoriza el voto político para la mujer y les dio paso a que ocuparan importantes cargos en el ámbito político.

“El Presidente de la República, González Videla, firmó, en un acto solemne verificado en el Teatro Municipal, el decreto que promulga la ley que concede voto político a la mujer chilena”.

También firmaron el ministro del Interior, Almirante Inmanuel Holger, y el ministro de Justicia, Luis Felipe Letelier Icaza.

Se ha producido así el caso curioso de que esta ley trascendental lleva la firma de un Jefe de Estado que pertenece al Partido Radical y de un ministro que representa las filas del Partido Conservador.

El acto contó con una masiva asistencia de mujeres de todas las clases sociales, que inundaron los palcos y galerías de gasas, treviras, paños multicolores y coquetos peinados y sombreros, además de ministros y autoridades.

“De vuestra actuación dependerá en adelante, en gran parte, la felicidad de nuestro pueblo y la conservación y perfeccionamiento de nuestra Democracia. Estoy seguro que vosotras sabréis hacer cumplido honor a la responsabilidad histórica que adquirís en estos momentos”.

La promulgación de la Ley N.º 9.292 no fue el resultado de una sola decisión presidencial, sino de la lucha de miles de mujeres y de un proceso legislativo sostenido durante décadas.

Elena Caffarena explicó que no fue invitada al acto de promulgación: “Lo curioso es que a mí, que había luchado tanto por el voto, no me invitaron”.

“Gabriel González Videla lo único que hizo fue promulgar la ley, como corresponde a todos los Presidentes cuando se aprueba en la Cámara”.

“Pero lo hizo con gran aparato, de tal manera que todavía hay gente que dice que Gabriel González Videla nos concedió el voto. Y la verdad no es ésa”.

“El voto se obtuvo con la lucha de más de 20 años que sostuvieron miles de mujeres chilenas”.

La primera elección presidencial con participación femenina

Las mujeres participaron por primera vez en la elección presidencial de 1952, en donde fue electo Carlos Ibáñez del Campo.

Desde entonces, su participación en los procesos electorales se fue ampliando progresivamente hasta llegar en 1970 a la paridad con los votantes masculinos.

En las elecciones presidenciales de 1952 -las primeras en las cuales votó la mujer- sólo estaba inscrita el 29,7% de las mujeres capacitadas para hacerlo.

Recién en las elecciones presidenciales de 1970, cerca de la mitad de las mujeres estaba inscrita para votar: el 47%.

ElecciónParticipación o inscripción femenina
193576.049 mujeres inscritas en elecciones municipales.
195229,7% de las mujeres capacitadas estaba inscrita para votar.
197047% de las mujeres estaba inscrita para votar.

Las primeras mujeres en el Congreso Nacional

La conquista del sufragio universal permitió que las mujeres no solo votaran, sino que también accedieran a cargos de representación política.

Llegan las primeras mujeres al Congreso Nacional: Inés Enríquez a la Cámara en 1951 y María De la Cruz al Senado en 1953.

María de la Cruz Toledo (1912-1995) fue una de las líderes del Partido Femenino de Chile y llegó a ser la primera senadora del país.

En 1946 se creó el Partido Femenino de Chile, formado en su mayoría por mujeres de sectores acomodados, y cuya principal demanda era lograr el derecho a voto en las elecciones parlamentarias y presidenciales.

También asumió la primera ministra de Estado, Adriana Olguín, en la cartera de Justicia en 1952, mujer pionera en Latinoamérica en asumir un ministerio.

La representación parlamentaria entre 1961 y 1973

La presencia de las mujeres en los movimientos sociales y en la Cámara de Diputados se elevó considerablemente, desde 5 en 1961 a 12 en 1965, aunque en el Senado continuó siendo baja: 2 senadoras de 50 en 1973.

ÁmbitoDato
Cámara de Diputados, 19615 mujeres.
Cámara de Diputados, 196512 mujeres.
Senado, 19732 senadoras de 50.

La participación política de las mujeres después de 1949

En el marco del gobierno de Eduardo Frei Montalva (1964-1970) y su programa “Promoción Popular”, se multiplican organismos protagonizados por mujeres: Juntas de Vecinos y Centros de Madres, entre otros.

El Partido Demócrata Cristiano y la izquierda fortalecen sus Departamentos Femeninos y la derecha conforma el movimiento “Poder Femenino”, opositor al gobierno de Salvador Allende (1970-1973).

La participación electoral femenina continuó siendo baja durante los primeros años de vigencia del sufragio universal, pero se amplió progresivamente hasta acercarse a la paridad con los votantes masculinos en 1970.

Pese a constituir un proceso lento y arduo, la determinación de las mujeres de la época y sus indudables capacidades lograron romper el canon que establecía la supremacía y poder de decisión en los hombres, y que por siglos las mantuvieron relegadas y silentes.

El significado histórico del voto femenino

El avance del sufragio femenino tuvo dos grandes hitos: en 1935, por primera vez las mujeres pudieron votar en las elecciones municipales; en 1952, tras acceder al sufragio universal en 1949, pudieron votar en las elecciones presidenciales.

Entre las protagonistas de estos avances estuvieron organizaciones y partidos feministas como el Consejo Nacional de Mujeres, el Partido Cívico Femenino, el Partido Demócrata Femenino, el Movimiento Pro Emancipación de las Mujeres de Chile (MEMCH) y la Federación Chilena de Instituciones Femeninas (FECHIF).

Algunas mujeres que destacaron dentro de este proceso fueron Martina Barros Borgoño, Isabel Morel, Elena Caffarena, Flor Heredia y Amanda Labarca.

Un dato significativo es que Gabriela Mistral obtuvo el Premio Nobel de Literatura para Latinoamérica en 1945, fecha en la cual -al igual que las demás mujeres de su país- estaba incapacitada para votar en elecciones parlamentarias y presidenciales.

Después de setenta años, las mujeres de Chile pueden tomar decisiones sobre qué gobierno o proyecto político las va a representar.

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