Primera de Pedro, capítulo 1: una esperanza viva y el llamado a una vida santa

Primera de Pedro, capítulo 1, presenta a los cristianos como elegidos por Dios, santificados por el Espíritu y llamados a obedecer a Jesucristo. El capítulo explica que, por la resurrección de Jesús, han nacido de nuevo a una esperanza viva y reciben una herencia incorruptible, incontaminada e inmarcesible, reservada en los cielos.

También enseña que las pruebas pueden poner a prueba la fe y demostrar su autenticidad, pero anima a los creyentes a vivir con esperanza, santidad, reverente temor de Dios y amor sincero entre hermanos. El capítulo termina destacando que los seres humanos son como la hierba, mientras que la palabra del Señor permanece para siempre.

Salutación y destinatarios de la carta

Pedro, apóstol de Jesucristo, a los expatriados de la dispersión en el Ponto, Galacia, Capadocia, Asia y Bitinia, elegidos según la presciencia de Dios Padre en santificación del Espíritu, para obedecer y ser rociados con la sangre de Jesucristo: Gracia y paz os sean multiplicadas.

Pedro era un hombre importante y de influencia en la iglesia primitiva. Esta carta debió haber sido recibida con importancia. Pedro se introdujo a sí mismo como apóstol.

La idea detrás de la palabra expatriados es de alguien que es residente temporal en una tierra foránea. Expatriados son peregrinos y viajeros, los expatriados viven en constante conciencia de su verdadero hogar.

El escrito Cristiano primitivo The Epistle to Diognetus (La Epístola de Diogneto) da una buena idea de lo que son los expatriados. “Ellos habitan en las tierras de su nacimiento, pero como residentes temporarios; toman sus responsabilidades como ciudadanos, y soportan todas las discapacidades como extranjeros. Cada país extranjero es su tierra natal, y toda tierra natal su país extranjero. pasan sus días en la Tierra pero su ciudadanía es en el cielo.”

Pedro claramente está escribiéndole a los gentiles (lee 1 Pedro 1:18, 2:10, y 4:3). Aun así los llama expatriados de la dispersión, un nombre que era aplicado a los judíos.

Él los llama así porque mira que los cristianos de su tiempo han sido “rociados” por el mundo como los judíos habían sido esparcidos en la Dispersión después de la caída de Judá y Jerusalén cuando fueron conquistados por los babilónicos.

Estas áreas en específico eran lugares donde el cristianismo había sido extendido en las primeras décadas del comienzo de la iglesia. Probablemente era la ruta que el mensajero original de la carta de Pedro seguiría al distribuir la carta.

Esto no fue escrito a ninguna congregación, pero intencionalmente escrito a todos los cristianos.

DestinatariosRegiones mencionadasCondición espiritual
Los cristianos dispersosPonto, Galacia, Capadocia, Asia y BitiniaElegidos, santificados y llamados a obedecer

Elegidos, santificados y llamados a obedecer

Pedro primeramente se refiere a sus lectores destinados como los elegidos. Esto simplemente significa que fuimos elegidos, elegidos por Dios en un sentido único y particular.

La característica inicial hacia los lectores como elegidos está destinada a fortalecer y animarlos en su aflicción. La doctrina de la elección es una ‘verdad familiar’ con la intención de fomentar el bienestar de los creyentes.

La elección de Dios no es al azar ni fruto de la desinformación, sino que es según su presciencia, la cual es parte de su omnisciencia. Esta presciencia incluye el conocimiento previo de nuestra respuesta al Evangelio, aunque no depende únicamente de ello.

Un resultado esencial en la elección es santificación y obediencia. Mientras algunos quieren creer que la elección tiene que ver solo con ir al cielo o el infierno, Pedro nos recuerda que también tiene que ver con la Tierra.

El reclamar que eres un elegido es dudable si no hay evidencia de santificación y obediencia.

Sin embargo, como los elegidos salen cortos de santificación y obediencia perfecta, hay una limpieza del pecado para ellos por medio del rocío con la sangre de Jesucristo.

Había tres circunstancias en el Antiguo Testamento en las cuales se rociaba sangre sobre las personas:

  • El establecimiento del Sinaí o el pacto (Éxodo 24:5-8).
  • En la ordenación de Aarón y sus hijos (Éxodo 29:21).
  • En la ceremonia de la purificación de un leproso limpiado. (Levítico 14:6-7).

Ser rociados con la sangre de Jesucristo realiza en nosotros las mismas cosas. Primero, un pacto es formado, después, somos ordenados como sacerdotes para El, y finalmente, somos limpiados de nuestra corrupción y pecado.

Cada una de estas cosas son nuestras por medio de la obra de Jesús en la cruz.

La manera sin esfuerzo de Pedro para combinar el trabajo del Padre, Hijo y Espíritu Santo en nuestra salvación demuestra el enfoque del Nuevo Testamento hacia al Trinidad.

No está detallado como una doctrina en específico, sino tejida en la tela del Nuevo Testamento. El padre, Hijo y Espíritu Santo han existido juntos a través de la eternidad, y cada uno es igualmente Dios.

Pedro manda un saludo que se convierte común entre los cristianos, combinando elementos de la cultura griega (Gracia) y cultura judía (paz).

Un nuevo nacimiento a una esperanza viva

Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según su grande misericordia nos hizo renacer para una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos, para una herencia incorruptible, incontaminada e inmarcesible, reservada en los cielos para vosotros, que sois guardados por el poder de Dios mediante la fe, para alcanzar la salvación que está preparada para ser manifestada en el tiempo postrero.

Cuando Pedro consideró la salvación de Dios, todo lo que pudo hacer fue adorar. Esto es porque el motivo especial de la obra de Dios está encontrada en El y no en nosotros (según su grande misericordia).

Toda Su bondad comienza con misericordia “Ningún otro atributo pudo habernos ayudado si se hubiera reusado la misericordia. Como nosotros somos por naturaleza, la justicia nos condena, la santidad nos desaprueba, el poder nos aplasta, la verdad confirma la amenaza de la ley, y la ira la cumple. Es por la misericordia de nuestro Dios que nuestra fe comienza.”

La redacción de nos hizo renacer es diferente al naciere de nuevo (Juan 3:3), pero el significado es el mismo. La idea de Pedro es que cuando una persona es salva, son una nueva creación (como en 2 Corintios 5:17).

Somos nacidos de Nuevo a una esperanza viva, porque tenemos una vida eterna en el Salvador quien ha conquistado a la muerte por sí mismo.

La esperanza vive porque está puesta sobre una herencia incorruptible, la cual es inmarcesible por qué está reservada en los cielos. Este es un contraste significativo en comparación con cualquier herencia en este mundo.

También es llamada ‘esperanza viva,’ porque es imperecedero. Otras esperanzas se desvanecen como las flores que se marchitan.

La esperanza de la riqueza, el jactarse de los orgullosos, todas estas morirán como una lámpara cuando parpadea en el enchufe.

No hay ninguna esperanza que no quiera algo debajo de esta luna cambiable: la única esperanza imperecedera es aquella que escala sobre las estrellas, y se pone a sí misma en el trono de Dios y la persona de Jesucristo.

La herencia reservada en los cielos

Pedro en realidad no describe nuestra herencia. Todo lo que nos dice es de lo que no es. Lo que nuestra herencia es en realidad es algo demasiado grandioso para describir.

Aun así, podemos saber que nuestra herencia no perece, no se puede contaminar, y no se puede marchitar.

Nuestra herencia es como la herencia de Aarón (Números 18:20) y la herencia del Salmista (Salmo 16:5-6), el cual es el regalo de Dios mismo.

Como Dios se dio a si mismo por nosotros, nuestra herencia comienza aquí y ahora.

No podemos experimentar nuestra herencia sino hemos nacido de nuevo. Sería como recompensar a un hombre ciego mostrándole el atardecer más hermoso o llevándolo a un museo de arte.

Un hombre que no ha sido regenerado no tiene la capacidad de disfrutar esta herencia.

Descripción de la herenciaSignificado expresado en el capítulo
IncorruptibleNo perece
IncontaminadaNo se puede contaminar
InmarcesibleNo se puede marchitar
Reservada en los cielosEstá guardada para los creyentes

La protección de Dios mediante la fe

La promesa de nuestra herencia es segura, porque somos guardados por el poder de Dios, asegurándonos que soportaremos mediante la fe hasta que regrese Jesús.

El poder de Dios es la guarnición en la cual encontramos nuestra seguridad.

Nosotros somos guardados por el poder de Dios pero es mediante la fe, significando nuestra fe. La persona que es guardada es una persona que permanece en una relación continua de fe con Dios.

Podemos decir que la fe activa el poder de la conservación de Dios en la vida del cristiano.

Lo que se nos ha dicho, en el versículo anterior, que nuestra herencia ha sido reservada en los cielos, nos pudo haber cedido un poco de confort, a menos que la seguranza hubiera sido seguida y tapada por esto: que los herederos también han sido guardados para su gozo completo.

La alegría y las pruebas de la fe

En lo cual vosotros os alegráis, aunque ahora por un poco de tiempo, si es necesario, tengáis que ser afligidos en diversas pruebas, para que sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual aunque perecedero se prueba con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo, a quien amáis sin haberle visto, en quien creyendo, aunque ahora no lo veáis, os alegráis con gozo inefable y glorioso; obteniendo el fin de vuestra fe, que es la salvación de vuestras almas.

Nosotros especialmente nos alegramos en el poder de Dios que nos guarda cuando somos afligidos en diversas pruebas, sabiendo que Él nos guardará mientras somos probados con fuego.

Estas pruebas demostrarán que su fe es auténtica. Está siendo probada de la misma manera que el fuego prueba y purifica el oro, aunque la fe de ustedes es mucho más preciosa que el mismo oro.

Entonces su fe, al permanecer firme en tantas pruebas, les traerá mucha alabanza, gloria y honra en el día que Jesucristo sea revelado a todo el mundo.

Ustedes aman a Jesucristo a pesar de que nunca lo han visto. Aunque ahora no lo ven, confían en él y se gozan con una alegría gloriosa e indescriptible.

La recompensa por confiar en él será la salvación de sus almas.

La salvación anunciada por los profetas

Los profetas que profetizaron de la gracia destinada a vosotros, inquirieron y diligentemente indagaron acerca de esta salvación, escudriñando qué persona y qué tiempo indicaba el Espíritu de Cristo que estaba en ellos, el cual anunciaba de antemano los sufrimientos de Cristo, y las glorias que vendrían tras ellos.

Los profetas, que anunciaron la gracia reservada para ustedes, investigaron cuidadosamente acerca de esta salvación.

Se preguntaban a qué tiempo y en qué circunstancias se refería el Espíritu de Cristo, que estaba en ellos, cuando les dijo de antemano sobre los sufrimientos de Cristo y de la inmensa gloria que después vendría.

A ellos se les reveló que no se estaban sirviendo a sí mismos, sino que les servían a ustedes.

Hablaban de las cosas que ahora les han anunciado los que les predicaron acerca de las buenas noticias por medio del Espíritu Santo enviado del cielo.

Todo es tan maravilloso que aun los ángeles observan con gran expectación cómo suceden estas cosas.

Estas son las mismas cosas que los ángeles desean mirar con atención.

Preparar la mente y mantener la esperanza

Por tanto, teniendo ceñidos los lomos de vuestro entendimiento, siendo sobrios, tened plena esperanza en la gracia que os será presentada cuando Jesucristo os sea manifestado.

Por eso, preparen su mente para actuar y ejerciten el control propio. Pongan toda su esperanza en la salvación inmerecida que recibirán cuando Jesucristo sea revelado al mundo.

La expresión “ceñidos los lomos de vuestro entendimiento” comunica la necesidad de estar preparados para actuar. El creyente debe mantener el dominio propio y orientar completamente su esperanza hacia la gracia que será revelada con Jesucristo.

El llamado a una vida santa

Como hijos obedientes, no os conforméis a los deseos que antes teníais estando en vuestra ignorancia, sino, como aquel que os ha llamado es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra conducta, porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo.

Por lo tanto, vivan como hijos obedientes de Dios. No vuelvan atrás, a su vieja manera de vivir, con el fin de satisfacer sus propios deseos.

Antes lo hacían por ignorancia, pero ahora sean santos en todo lo que hagan, tal como Dios, quien los eligió, es santo.

La santidad no se limita a una parte de la vida. Pedro llama a los creyentes a ser santos en toda su conducta y en toda su manera de vivir.

La obediencia cristiana implica no permitir que los deseos del pasado sigan moldeando la conducta. La nueva vida exige una transformación que corresponda al carácter santo de Dios.

Vivir con reverente temor durante la peregrinación

Y si invocáis por Padre a aquel que sin acepción de personas juzga según la obra de cada uno, conducíos en temor todo el tiempo de vuestra peregrinación, sabiendo que habéis sido rescatados de vuestra vana conducta, la cual recibisteis por tradición de vuestros padres.

Recuerden que el Padre celestial, a quien ustedes oran, no tiene favoritos. Él los juzgará o los recompensará según lo que hagan.

Así que tienen que vivir con un reverente temor de él durante su estadía aquí como «residentes temporales».

El temor mencionado en este pasaje no es una invitación a vivir en desesperación, sino un llamado a tomar en serio la relación con el Padre que juzga imparcialmente las obras de cada persona.

El rescate mediante la sangre preciosa de Cristo

Porque ustedes saben que no fue con cosas que se corrompen -con plata o con oro- con lo que fueron liberados de la forma de vida inútil que les transmitieron sus antepasados. Más bien, fue con sangre valiosa, como la de un cordero sin ningún defecto ni mancha, la sangre de Cristo.

Como bien saben, ustedes fueron rescatados de la vida absurda que heredaron de sus antepasados. El precio de su rescate no se pagó con cosas perecederas, como el oro o la plata, sino con la preciosa sangre de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin defecto.

El rescate no consistió en riquezas materiales, porque el oro y la plata son perecederos y pierden su valor. El fundamento del rescate fue la sangre preciosa de Cristo, presentada como la sangre de un cordero sin mancha y sin defecto.

Es verdad que él fue preconocido antes de la fundación del mundo, pero fue manifestado al final de los tiempos por causa de ustedes.

Cristo, a quien Dios escogió antes de la creación del mundo, se ha manifestado en estos últimos tiempos en beneficio de ustedes.

Por medio de él ustedes creen en Dios, que lo resucitó y glorificó, de modo que su fe y su esperanza están puestas en Dios.

Por medio de Cristo, han llegado a confiar en Dios. Y han puesto su fe y su esperanza en Dios, porque él levantó a Cristo de los muertos y le dio una gloria inmensa.

Amor fraternal sincero

Habiendo purificado vuestras almas mediante la obediencia a la verdad, por medio del Espíritu, hasta llegar a un amor fraternal no fingido, amaos unos a otros entrañablemente de corazón puro.

Ahora que ustedes se han purificado por su obediencia a la verdad y eso ha tenido como resultado un cariño fraternal sin hipocresía, ámense unos a otros intensamente desde el corazón.

Al obedecer la verdad, ustedes quedaron limpios de sus pecados, por eso ahora tienen que amarse unos a otros como hermanos, con amor sincero. Ámense profundamente de todo corazón.

El amor fraternal debe ser sincero, intenso y sin hipocresía. No se presenta como una simple emoción, sino como una consecuencia de la obediencia a la verdad y de la purificación espiritual.

El nuevo nacimiento por la palabra de Dios

Porque no se les ha dado un nuevo nacimiento por medio de una semilla que se corrompe, sino por medio de una semilla incorruptible, mediante la palabra del Dios que vive y permanece.

Pues ustedes han nacido de nuevo, no de simiente perecedera, sino de simiente imperecedera, mediante la palabra de Dios que vive y permanece.

Pues han nacido de nuevo pero no a una vida que pronto se acabará. Su nueva vida durará para siempre porque proviene de la eterna y viviente palabra de Dios.

El nuevo nacimiento se relaciona con una semilla incorruptible y con la palabra de Dios, que no está sujeta a la decadencia propia de las cosas humanas.

Porque “todos los seres humanos son como la hierba, y toda su gloria es como una flor del campo; la hierba se marchita y la flor se cae, pero la palabra de Jehová permanece para siempre”.

Porque «todo mortal es como la hierba y toda su gloria como la flor del campo. La hierba se seca y la flor se cae, pero la palabra del Señor permanece para siempre».

Y esta “palabra” son las buenas noticias que se les han anunciado.

Y esta palabra es el mensaje de la Buena Noticia que se les ha predicado.

La comparación contrasta la fragilidad y brevedad de la vida humana con la permanencia de la palabra de Dios. La gloria humana es temporal, pero el mensaje de las buenas noticias permanece para siempre.

Mapa de Ponto Galacia Capadocia Asia Bitinia

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