Por qué en mi primera vez no sentí nada

No sentir placer durante la primera relación sexual no significa que haya algo malo en tu cuerpo, que no puedas disfrutar del sexo ni que tu experiencia haya sido un fracaso. La primera vez puede sentirse bien, doler, resultar incómoda o producir muy pocas sensaciones, y no todas las personas sangran ni alcanzan un orgasmo.

La penetración vaginal no es la práctica sexual más satisfactoria para todas las mujeres. Muchas necesitan estimulación directa del clítoris, más tiempo de excitación, seguridad emocional, comunicación y una forma de contacto distinta de la penetración para sentir placer.

La primera vez no tiene que ser perfecta ni especial

“Virginidad” es una palabra extraña, porque quiere decir cosas diferentes para cada persona. Por lo general, virgen es alguien que todavía no ha tenido sexo. Pero hay distintos tipos de sexo, como el vaginal, el anal o el oral, y tú eres quien decide lo que el sexo significa para ti.

El término "perder la virginidad" no es muy bueno porque implica que cuando tienes sexo por primera vez pierdes algo, lo que ojalá no sea cierto. Lo ideal es que la primera vez que tengas sexo ganes algo, como intimidad, placer o empoderamiento.

La sexualidad es una experiencia humana muy diversa, muy singular, y donde se juegan muchos elementos de la persona, pues se pueden depositar en la sexualidad expectativas afectivas, de placer, morales, etc.

La primera vez que tienes sexo vaginal o sexo anal te puede doler o puede sentirse bien, o las dos cosas. Puede que la primera vez que un pene o dedos entren en tu vagina o en tu ano te duela o sangres, pero esto tampoco le pasa a todas las personas.

La idea de que la primera vez será maravillosa suele crear expectativas poco realistas. La pornografía, y en cierta medida el cine, nos han vendido esta idea de que durante el sexo con penetración vaginal, todas las personas tienen orgasmos vaginales espectaculares.

Es una fantasía y un mito el que la primera vez sea maravilloso, eso muy pocas veces pasa porque el acto sexual es para todos algo complejo, difícil de manejar, y solo va mejorando cuando la pareja se va conociendo más en la intimidad.

Qué puede explicar que no sintieras placer

Cuando una persona dice “no siento nada”, muchas veces quiere decir que no se excita, no disfruta como esperaba o no llega al orgasmo, y no necesariamente que haya perdido toda sensibilidad física.

Si notas que tu pareja te toca, que sientes sensaciones en tus genitales o que percibes el frío y el calor, pero no experimentas el placer que esperabas, puede ser más exacto decir: “no siento lo que me gustaría”.

La excitación sexual y los orgasmos son reacciones complejas a varios factores físicos, emocionales, sensoriales y psicológicos. Las dificultades en cualquiera de estas áreas pueden afectar tu capacidad para tener un orgasmo.

Expectativas, culpa y vergüenza

Muchas personas esperan que el encuentro sexual sea automáticamente placentero porque existe amor, atracción o porque se trata de la primera vez. Sin embargo, una pareja adecuada no garantiza por sí sola una respuesta sexual inmediata.

Estas mujeres suelen tener expectativas poco realistas sobre las relaciones sexuales, en ocasiones esperan una ejecución controlada y perfecta, suelen estar más pendientes de la ejecución y de la evaluación que de sentir.

Cuando hay estrés, temor, sentimientos de culpa, vergüenza o incluso traumas del pasado, puede ser muy difícil relajarse y dejarse llevar.

La culpa o la vergüenza vinculadas a las relaciones sexuales, las creencias culturales o religiosas, una imagen corporal negativa, la ansiedad y la depresión pueden contribuir a los problemas con los orgasmos.

Falta de excitación o de estimulación suficiente

Los juegos previos al sexo tienen un papel importante en qué tanto placer puedas sentir con la penetración. Una de sus funciones es ayudar a que la vagina se lubrique con la excitación sexual.

Cuando el sexo es muy apresurado, puede que no logres excitarte lo suficiente como para sentir placer. También puede ocurrir que la estimulación utilizada no sea la que tu cuerpo necesita.

Para alcanzar el orgasmo, muchas mujeres también pueden necesitar la estimulación directa del clítoris de forma oral o manual. La penetración vaginal estimula de manera indirecta el clítoris, pero dicha estimulación puede no ser suficiente.

El clítoris tiene miles de terminaciones nerviosas, más que cualquier otra parte del cuerpo humano, y su única función es darte placer.

La penetración no produce el mismo placer en todas las personas

La penetración no es requisito para tener sexo, no todas las personas responden igual a ella, ni todas las vaginas son iguales.

Hay quienes tienen orgasmos vaginales y quienes solo pueden tener orgasmos si se estimulan el clítoris y otras zonas erógenas, independientemente de que haya penetración o no.

La vagina es una víscera, y como tal, su sensibilidad es más difusa, profunda y relacionada con la presión o la distensión, no con la discriminación fina del tacto.

Es en el tercio externo de la vagina y, sobre todo, en la vulva -especialmente en el clítoris, los labios y el vestíbulo- donde se encuentra la mayor densidad de terminaciones nerviosas sensoriales encargadas del placer.

A nivel social, el imaginario colectivo sigue centrando el placer femenino en la penetración vaginal, invisibilizando otras formas de disfrute mucho más frecuentes, accesibles y satisfactorias para la mayoría de mujeres.

Clítoris y zonas de placer femenino

La importancia de sentirse segura y poder elegir

La única condición que se requiere para practicar la sexualidad es que sea una experiencia consentida y libre de abusos de poder.

Para poder disfrutar de las relaciones sexuales es importante estar relajada, tranquila y segura de querer hacerlo. Nadie debe tener sexo si se siente incómodo o duele.

Si para ti la sexualidad va de la mano con el amor, ello es legítimo, y estás en todo tu derecho a practicarlo de aquella manera.

También es muy importante ser abierta y sincera con tu pareja sexual sobre lo que les parece bien a las dos personas. Sentir la confianza de decirse qué les gusta y qué no ayuda a conocerse, relajarse y disfrutar más.

Si algo duele o no se siente bien, detente y díselo a tu pareja sexual. El sexo debe sentirse bien y no debe doler.

¿No sentir nada significa anorgasmia?

La anorgasmia es el retraso, la poca frecuencia o la ausencia de orgasmos, o la presencia de orgasmos significativamente menos intensos, después de la excitación sexual y una estimulación sexual adecuada.

La anorgasmia puede manifestarse como retraso del orgasmo, ausencia del orgasmo, menos orgasmos u orgasmos menos intensos.

Puede ser permanente, si nunca tuviste un orgasmo; adquirida, si tienes nuevos problemas para llegar al orgasmo; circunstancial, si solo tienes problemas en determinadas situaciones, con ciertos tipos de estimulación o con determinadas parejas; o generalizada, si tienes problemas en cualquier situación.

A algunas mujeres no les preocupa llegar siempre al orgasmo en todas las relaciones sexuales que tienen. En esos casos, la ausencia del orgasmo no se considera un trastorno.

No sentir placer con la penetración, por sí solo, no permite diagnosticar anorgasmia. Es necesario valorar si existe deseo, excitación, sensibilidad, qué tipo de estimulación se recibe, si hay dolor y cuánto malestar provoca la situación.

Posibles causas físicas y emocionales

Siempre se han de descartar enfermedades cuando una mujer dice que ha dejado de sentir o no siente como antes.

Entre las causas físicas pueden encontrarse enfermedades como la diabetes, la hipertensión, las dislipemias de larga duración, las enfermedades neurológicas, las infecciones y algunos tratamientos farmacológicos.

También pueden influir los tratamientos ginecológicos, los cambios hormonales, la sequedad vaginal, el alcohol, fumar y los cambios en el cuerpo relacionados con la edad.

El descenso de estrógenos, como en la menopausia, el postparto o con anticonceptivos hormonales, puede producir más sequedad, menos vascularización y menor sensibilidad.

Las experiencias sexuales negativas o traumáticas, el estrés, la ansiedad, la depresión, la disociación corporal y la dificultad para estar presentes en el cuerpo durante la intimidad también pueden influir.

En algunas mujeres, esta desconexión psicológica actúa como un mecanismo de defensa: la persona “desconecta” de su cuerpo para protegerse, y eso incluye dejar de sentir claramente la zona vaginal.

Relación con el suelo pélvico

El suelo pélvico no solo sostiene los órganos pélvicos, también participa activamente en la función sexual.

Una musculatura tónica y elástica mejora la vascularización de toda la zona genital, lo que potencia la respuesta erótica. Al contraerse, estos músculos aplican presión desde el exterior sobre la vagina, lo que aumenta la fricción y, por tanto, la sensación durante la penetración.

Por el contrario, un suelo pélvico con bajo tono, desconectado o con alteraciones nerviosas puede traducirse en una zona que se percibe “ausente”, “blanda” o “floja”.

Trabajarlo no es solo cuestión de fortalecer, sino de aprender a sentirlo.

Dolor, sangrado y lubricación en la primera vez

Puedes tener dolor o sangrado la primera vez que tienes sexo vaginal si el himen se estira, pero no todas las personas sangran.

También puedes tener dolor o irritación durante el sexo vaginal o anal si tus genitales no están lo suficientemente lubricados. Es totalmente normal no tener mucha lubricación vaginal, y esto no quiere decir que algo no esté bien contigo o con tu pareja sexual.

Usar lubricante ayuda a que el sexo sea más cómodo y placentero. Algo que también puede ayudar es esperar hasta sentirte muy excitada antes de introducir algo en tu vagina.

Si el dolor y el sangrado no mejoran después de la primera vez que tienes sexo vaginal, o si tienes dolor que no se quita durante cualquier tipo de sexo, consulta con un profesional de la salud.

El dolor intenso, el sangrado persistente, la sequedad importante, el estrechamiento involuntario de la vagina o el vaginismo requieren una valoración médica o ginecológica.

Qué puedes hacer para empezar a disfrutar más

Conocer tu propio cuerpo

Explora tu cuerpo y conócelo. La masturbación es una excelente manera de hacerlo y de descubrir qué es lo que te produce placer, para que luego se lo puedas comunicar a tu pareja sexual.

Aprender qué tipo de presión, ritmo, contacto y estimulación te gustan puede ayudarte a expresar tus preferencias sin convertir el encuentro sexual en un examen.

La educación sexual permite desmontar creencias erróneas que provocan expectativas poco realistas e impiden disfrutar de la sexualidad.

Dar tiempo a la excitación

Ve despacio, presta atención a las sensaciones del cuerpo y no continúes con una práctica que resulte dolorosa o desagradable.

Los juegos previos, las caricias, los besos, el sexo oral, la masturbación, el contacto mutuo, los abrazos, la fricción y los juguetes sexuales son opciones sexuales válidas.

Ninguna forma de sexo es mejor que otra: cualquier cosa que funcione para ti y para tu pareja sexual, y que les dé placer a ambas personas, es buen sexo.

Hablar con la pareja

Una buena comunicación sexual ayuda a saber qué gusta, qué incomoda y qué se desea probar. También permite detenerse, cambiar la estimulación o buscar alternativas sin presión.

En ocasiones, a las mujeres les cuesta entender que la persona que quieren no tiene habilidades eróticas o que no existe comunicación sexual suficiente.

La terapia sexual puede trabajar las habilidades eróticas y la comunicación sexual asertiva, primero de manera individual y después, si resulta adecuado, con la pareja.

Cuándo conviene pedir ayuda profesional

Habla con tu profesional de atención médica si tienes dudas sobre tu vida sexual, especialmente si te preocupa tu capacidad para tener un orgasmo.

También es recomendable consultar si antes sentías placer y has dejado de sentirlo, si existe dolor, sequedad, sangrado, entumecimiento, cambios importantes de sensibilidad o si la falta de placer te causa una aflicción significativa.

Si la experiencia sexual estuvo relacionada con presión, engaño, abuso, miedo o falta de consentimiento, merece ser atendida con cuidado por un profesional de la salud mental y no debe tratarse como una simple falta de experiencia.

La terapia puede incluir educación sobre la respuesta sexual, revisión de creencias erróneas, autoconocimiento erótico, comunicación sexual, tratamiento de la ansiedad, trabajo sobre la culpa y acompañamiento ante experiencias traumáticas.

Los tratamientos pueden consistir en educación sobre la estimulación sexual, dispositivos para mejorar la actividad sexual, terapia individual o de pareja y medicamentos cuando están indicados por un profesional.

Si tienes pensamientos de hacerte daño, de morir o de no querer seguir aquí, busca ayuda inmediata en los servicios de emergencia de tu zona, acude a urgencias o contacta ahora mismo con una persona de confianza que pueda permanecer contigo. No tienes que afrontar ese sufrimiento a solas.

Una primera experiencia que no produjo placer no define tu cuerpo, tu valor ni tu capacidad para disfrutar de la sexualidad. Es posible aprender qué deseas, comunicarlo, recuperar la confianza y construir experiencias más seguras, libres y placenteras.

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