La Operación Libertad Iraquí fue una empresa militar lanzada por los Estados Unidos de América, llevada a cabo con el apoyo de las fuerzas de la coalición, dirigida principalmente contra Irak. Las fechas exactas de inicio y cese de la Operación Libertad Iraquí son el 20 de marzo de 2003 y el 18 de diciembre de 2011, respectivamente.
La guerra de Irak comenzó el 20 de marzo de 2003 con la invasión de una coalición liderada por Estados Unidos y se extendió con una guerra civil hasta la retirada de las tropas en 2011. No fueron sólo semanas o meses de actividad militar: la intervención abrió una prolongada etapa de ocupación, transición política, violencia sectaria e inestabilidad regional.

El contexto previo a la invasión
Las tensiones entre Estados Unidos e Irak habían comenzado con la invasión iraquí de Kuwait en 1990. La guerra entre Irán e Irak en la década anterior le había generado a Bagdad una deuda de 14.000 millones de dólares con el emirato kuwaití, que le había apoyado.
En ese contexto, el presidente iraquí Sadam Huseín acusó al país vecino de haber realizado perforaciones en territorio iraquí y de haber hecho bajar el precio del petróleo. La acción militar de Huseín recibió la condena de la comunidad internacional.
El Consejo de Seguridad de Naciones Unidas tomó represalias y aprobó el embargo total de Irak, pero las sanciones no detuvieron el ataque. Por ello, Estados Unidos lideró una coalición militar para desalojar a las tropas iraquíes del emirato.
La operación Tormenta del Desierto comenzó en enero de 1991 y supuso la primera intervención estadounidense en el exterior tras la Guerra Fría. Aquel conflicto, conocido como la guerra del Golfo, marcó las relaciones de Estados Unidos con el régimen de Huseín.
El ejército de EEUU en combate mientras avanza hacia Bagdad. 13 años antes, en la Guerra del Golfo, una coalición internacional atacó a Irak después que invadiera al pequeño país petrolero Kuwait. En ese caso se contó con la autorización de la ONU y el respaldo internacional pleno.
Irak recibió numerosas sanciones de la ONU después de la invasión de Kuwait y se estableció una supervisión internacional para terminar con los programas de creación de armas de destrucción masiva.
Las armas de destrucción masiva y la política estadounidense
En los años noventa, la CIA empezó a sospechar de que poseía armas químicas. La negativa de Bagdad a colaborar con la ONU en el proceso de desarme alimentó el malestar de Washington, que lanzó la operación Zorro del Desierto en diciembre de 1998.
Durante tres días, Estados Unidos y el Reino Unido bombardearon infraestructuras iraquíes que para la Casa Blanca podían albergar armas químicas.
La hostilidad de Estados Unidos contra Irak se agravó con los atentados del 11 de septiembre de 2001. El presidente estadounidense, George W. Bush, respondió declarando la guerra contra el terror.
Su propósito era acabar con la organización terrorista Al Qaeda y con los regímenes que, según el Pentágono, apoyaban el terrorismo yihadista. Tras haber derrocado a los talibanes en Afganistán, Washington apuntó a Irak.
En septiembre de 2002, Bush mostró su preocupación ante la Asamblea General de la ONU por la amenaza que suponía para la seguridad global. A partir de ahí, Estados Unidos y el Reino Unido empezaron a difundir desinformación sobre la existencia de armas de destrucción masiva en territorio iraquí.
El principal catalizador de la Operación Libertad Iraquí surgió de la creencia de que Irak, bajo Sadam Husein, albergaba armas de destrucción masiva (ADM). Además, Estados Unidos pretendía desestabilizar el régimen de Sadam Husein, que era la encarnación de un régimen dictatorial y una amenaza para la paz y la seguridad regionales.
Esta intención formaba parte de un objetivo estadounidense más amplio de extender la democracia por Oriente Próximo. Otra de las máximas bajo la cual la administración Bush justificó la guerra fue derrocar el gobierno de Sadam Hussein, que había gobernado en dictadura durante más de 20 años (1979-2003), y así colaborar en el establecimiento de la democracia en Irak, algo que fue recibido con esperanza por algunos sectores de la población iraquí.
La invasión fue justificada por los informes de inteligencia que aseguraban que el régimen de Hussein fabricaba ilegalmente armas de destrucción masiva.
Estas acusaciones se mostraron falsas con el paso de los años. Se demostró que Irak no tenía armas de destrucción masiva ni ningún programa de desarrollo de armamento nuclear o químico.
De hecho, antes de la invasión, el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) había inspeccionado las instalaciones iraquíes y no encontraron ninguna prueba. La coalición militar que derrocó a Saddam Hussein nunca encontró evidencias de la fabricación de armas de destrucción masivas.
El propio Bush reconoció en una entrevista en 2008 que el mayor error de su mandato fue creer que realmente existían armas de destrucción masiva en Irak, basándose en los informes de los servicios de inteligencia.
Respecto a la relación entre Sadam Hussein y Al Qaeda en cuanto a los atentados del 11-S, nunca se encontraron pruebas que demostraran el vínculo entre ambos.
La coalición y la oposición internacional
Pese a no tener el apoyo del Consejo de Seguridad, Estados Unidos encabezó una coalición internacional para invadir Irak el 20 de marzo de 2003. La guerra preventiva de Bush tuvo el respaldo del primer ministro británico, Tony Blair, y del presidente español, José María Aznar.
Los tres dirigentes se habían reunido cuatro días antes en las islas Azores para lanzar un ultimátum a Huseín, al que exigían un desarme completo.
La coalición que invadió Irak con el fin de derrocar a Hussein fue liderada por EEUU. También participaron, con menor importancia, el Reino Unido, España, Italia, Australia, Polonia y Nicaragua.
George W. Bush encontró apoyo de naciones como Corea del Sur, Dinamarca, Australia, Polonia, España y algunos países latinoamericanos como Honduras y Nicaragua, que enviaron tropas al país.
Francia, Alemania, Rusia y China se opusieron a la invasión que Washington llevó a cabo sin un mandato de Naciones Unidas, rompiendo el orden internacional.
Otros se opusieron a cualquier intento de invasión, como Alemania o Francia, debido a la falta de pruebas contra Irak. El Consejo de Seguridad de la ONU también rechazó la invasión y la catalogó de “ilegal”, pero esto no detuvo su puesta en marcha.
| Aspecto | Descripción |
|---|---|
| Liderazgo | Estados Unidos |
| Inicio | 20 de marzo de 2003 |
| Final oficial | 18 de diciembre de 2011 |
| Aliados principales | Reino Unido, España, Italia, Australia, Polonia y Nicaragua |
| Justificación principal | Presunta posesión de armas de destrucción masiva |
| Autorización del Consejo de Seguridad | No tuvo el apoyo del Consejo de Seguridad |
El comienzo de la invasión
El 20 de marzo de 2003 comenzó la intervención militar que derrocó al gobierno de Saddam Hussein.
El 20 de marzo de 2003, las tropas occidentales asaltaron Irak por mar, aire y tierra con una superioridad abrumadora y consiguieron hacerse con el control en apenas una semana.
Un avión caza F-18 estadounidense despega de un portaaviones en el Golfo Pérsico el 20 de marzo de 2003, ese día las fuerzas de EEUU iniciaron los bombardeos aéreos sobre blancos iraquíes.
El objetivo de la invasión de Irak era derrocar rápidamente a Saddam Hussein, controlar el programa de armas de destrucción masiva del que se le acusaba tener y apoyar la instalación de una transición hacia un nuevo gobierno democrático.
Mientras blancos militares iraquíes eran destruidos por misiles estadounidenses, tropas británicas y de EEUU avanzaban hacia Bagdad desde Kuwait en el sur y los aliados kurdos iraquíes desde el norte.
En la fotografía, un soldado estadounidense combate a las afueras de una refinería de petróleo en Basora, cerca de la frontera con Kuwait, el 21 de marzo de 2003.
Soldados británicos y estadounidenses avanzaban hacia Bagdad el 21 de marzo de 2003. Soldados estadounidenses también descansaban en el desierto en su camino desde Kuwait hacia la capital.
Un grupo de soldados iraquíes se rinde ante un pelotón estadounidense en su avance hacia Bagdad.
Un marine destroza un afiche del todavía presidente de Irak Saddam Hussein en el primer día de la entrada de las tropas estadounidenses al país árabe que acabaría con el derrocamiento del líder iraquí.
George W. Bush aseguró que Irak violaba las sanciones impuestas por la ONU mientras que Hussein manejaba desde hacía más de tres décadas a un rico país petrolero con una poderosa y amenazante fuerza militar.
La caída de Bagdad y el derrocamiento de Sadam Husein
El miércoles 9 de abril de 2003 los primeros tanques estadounidenses entraron en Bagdad sin encontrar mucha resistencia. Hussein fue derrocado y aunque el mandatario no pudo ser capturado muchos celebraron en las calles.
La toma de la capital dejó imágenes que han pasado a la historia, como el derribo de la estatua de Hussein por los ciudadanos que celebraban su caída.
En la fotografía, un grupo de civiles iraquíes y soldados derribaron una icónica estatua de Saddam Hussein en el centro de la capital.
A 21 días de la invasión el presidente George W. Bush anunció que la misión se había completado, aunque el líder iraquí había escapado.
El 1 de mayo, George W. Bush, subido a un portaaviones, pronunció su famoso discurso: “las principales operaciones de combate en Irak habían concluido”.
Estados Unidos se jactó de haber devuelto la “libertad” a los iraquíes y comenzó a construir lo que sería un futuro Estado democrático.
Sin embargo, la intervención militar de Irak duró algo más de un mes y derrotó a las fuerzas iraquíes, pero la ocupación y el conflicto se prolongaron hasta 2011.
La captura, el juicio y la ejecución de Sadam Husein
Luego del control de la capital, las ciudades que continuaban leales al régimen de Hussein cedieron.
Soldados estadounidenses arrestan a militares iraquíes en Tikrit, unas 100 millas al norte de Bagdad el 4 de abril de 2003.
El gobernante iraquí era buscado por todo el país por las fuerzas estadounidenses.
El 4 de julio de 2003, soldados estadounidenses interrogan en Balad a un prisionero acusado de ser un alto funcionario de la policía secreta y miembro del partido Baath, la agrupación política de Saddam Hussein.
Luego de nueve meses de búsqueda, el 13 de diciembre de 2003 Saddam Husein fue capturado por fuerzas estadounidenses y kurdos iraquíes.
El hombre fuerte de Irak se encontraba escondido en una cueva del norte de su país, cerca de Tikrit.
A finales de 2003 el ejército estadounidense capturó a Sadam en un zulo cercano a su ciudad natal. Las imágenes del dictador, con pelo y barba larga, tras su detención dieron la vuelta al mundo.
Saddam Hussein fue juzgado en tribunales de su país por delitos de lesa humanidad y ejecutado en la horca en noviembre de 2006.
El exmandatario fue juzgado por un tribunal iraquí y sentenciado a muerte en 2006 por crímenes de lesa humanidad.
La transición política y el vacío de poder
Sadam Huseín fue derrocado en favor de la Autoridad Provisional de la Coalición y, meses más tarde, capturado por los militares estadounidenses, hasta que fue juzgado y ejecutado en 2006.
Tras la caída del régimen de Hussein, se estableció un gobierno provisional. Sin embargo, esta transición no fue tranquila.
Luego de una breve transición política liderada por EEUU, se instauró un sistema democrático pero en un país tan dividido y armado que cayó en una permanente guerra civil.
Irak no es un país heterogéneo, en términos étnicos y religiosos.
Después de que el dictador fuera ahorcado tal y como Bush deseó públicamente, se produjeron saqueos en varias ciudades iraquíes, ante la inacción de las tropas estadounidenses.
En este sentido, Washington también contribuyó a enfrentar grupos entre sí. Primero favoreció a líderes chiíes que controlaban el Gobierno del país y dio cobertura a milicias policiales que sembraron el terror.
Posteriormente, creó en Irak un ejército paralelo al oficial, integrado por miembros de la resistencia suní principalmente. Les entregó armas a cambio de luchar contra Al Qaeda con la promesa de que posteriormente entrarían a formar parte de los cuerpos de seguridad iraquíes.

La guerra civil y la violencia sectaria
La salida del gobernante devino en un complejo conflicto bélico interno que aún no ha finalizado.
La guerra de Irak se extendió hasta 2011, cuando terminó la ocupación. Causó miles de muertos, propició el nacimiento de la facción iraquí de Al Qaeda, considerada antecedente de Dáesh, y dejó tanto una guerra civil como una crisis económica, política y social.
Tras la Operación Libertad Iraquí, Irak fue testigo de un agravamiento de las divisiones sectarias que condujo a nuevos disturbios civiles y a la aparición del grupo terrorista ISIS, en correlación con el vacío de poder dejado tras la invasión.
Las divisiones sectarias se refieren a diferencias religiosas o étnicas que dividen a las personas, y que a menudo desembocan en conflictos, especialmente en una sociedad multiétnica y multirreligiosa como Irak.
En estos centros de detención algunos presos se empaparon de doctrinas extremistas y desvirtuadas del Islam.
En la cárcel bajo mando estadounidense Camp Bucca, fue arrestado en 2004 Abu Baker Al Bagdadi.
Por tanto, lejos de suponer la paz, la salida estadounidense dio lugar a un incremento de la violencia sectaria que se reflejó en la aparición del Estado Islámico (ISIS), que tiene su génesis en una facción de Al-Qaeda en Irak que surgió durante la invasión estadounidense.
Luego del retiro en 2011 el grupo terrorista Estado Islámico, derivado de Al Qaeda, controló zonas de Irak y Siria y fundó un Califato. Sin embargo, años más tarde perdieron el control de esos territorios.
La retirada estadounidense
EEUU salió definitivamente de Irak en 2011, dejando un país inestable y con diferentes grupos étnicos enfrentados.
La guerra duró casi 9 años, hasta la retirada de las tropas estadounidenses en diciembre de 2011 que dejó al país sumido en el caos y con conflictos internos.
La operación terminó oficialmente en 2011, pero sus repercusiones siguen sintiéndose hoy en día. La inestabilidad política que desencadenó contribuyó a la aparición del grupo terrorista ISIS, dando lugar a nuevos conflictos en la región.
Coste humano, militar y económico
Los bombardeos estadounidenses provocaron la muerte de miles de civiles.
En cuanto a los soldados estadounidenses, murieron en combate más de 4.600 y miles más murieron por suicidio tras regresar a casa.
Los soldados estadounidenses heridos eran atendidos en un buque hospital en el Golfo Pérsico. Hasta este año más de 4,400 militares estadounidenses han perdido la vida en el conflicto.
En Estados Unidos, financieramente, la operación supuso una importante carga para la economía estadounidense, con un gasto estimado de unos 2 billones de dólares.
En Irak, el coste humano fue trágico; estimaciones conservadoras sugieren que más de 100.000 iraquíes murieron durante el conflicto, mientras que otros cifran el total en varios cientos de miles.
Las infraestructuras del país sufrieron graves daños. Además, la corrupción ha impedido que las ayudas de cooperación lleguen realmente a la población y sirvan para reconstruir hospitales, escuelas, redes de saneamiento y carreteras que se destruyeron durante la guerra.
También se produjo una grave crisis económica que tuvo efectos claros en la inflación de los precios.
Abusos, torturas y derechos humanos
En Irak también desaparecieron los derechos humanos.
Se filtraron imágenes de indescriptibles abusos y actos de tortura cometidos por la policía militar y agentes de la CIA en los centros de detención.
Sin embargo, a pesar de todo lo sucedido, las víctimas siguen esperando justicia. Al contrario, lo único que han conseguido en este tiempo ha sido la impunidad.
Desplazamiento e infraestructura
Como consecuencia de esta desestabilización en la región, más de 9 millones de iraquíes se encontraron desplazados fuera de sus fronteras.
A estos problemas se suma la decadencia de las infraestructuras. Dichas deficiencias se traducen en cortes de electricidad, fallos en el suministro de agua y carreteras hundidas.
La población también tuvo que afrontar una economía dependiente del petróleo y dificultades persistentes para encontrar empleo.
Además, cerca de la mitad de su población nació después del inicio de la invasión y hace frente a dificultades para encontrar empleo en una economía que depende del petróleo.
La situación política y social posterior
A finales de 2019, estallaron protestas contra la corrupción, el despilfarro, la injerencia de Irán, la inseguridad y los nulos avances.
La población se movilizó en las calles exigiendo un cambio.
El jefe del gobierno Mohamed Shia al Sudani prometió luchar contra la corrupción ya que Irak se sitúa en el lugar 157 de 180 en el índice de corrupción de Transparencia Internacional.
Sin embargo, bajo su mandato la situación no ha cambiado y la estabilidad sigue siendo una esperanza en Irak.
El nuevo gobierno se ha comprometido a proteger las libertades públicas y los derechos humanos.
Sin embargo, hoy en día siguen presentes las consecuencias de la invasión y no se han resuelto las violaciones de los derechos humanos perpetradas por los responsables.
Impacto internacional y debates sobre la intervención
Las secuelas de la Operación Libertad Iraquí marcaron significativamente la política regional y mundial.
La Operación Libertad Iraquí no sólo tuvo eco dentro de las fronteras de Irak. Desencadenó una secuencia de reacciones, algunas intencionadas, otras imprevistas, con efectos sísmicos en la política internacional.
El cálculo estratégico de la invasión no se limitaba a Irak, sino que se extendía a todo Oriente Próximo.
La controversia en torno a la operación tensó las relaciones con los aliados, envalentonó a los críticos y cuestionó el papel de Estados Unidos como policía mundial.
Esto condujo a un cambio significativo en la política exterior relativa a las intervenciones militares.
La guerra, agravada por la ausencia de armas de destrucción masiva y la pérdida de vidas estadounidenses, provocó la desilusión y la protesta generalizadas de la opinión pública.
La Operación Libertad Iraquí afectó a la posición mundial de Estados Unidos.
Un punto crítico a destacar es que la Operación Libertad Iraquí ha dado forma a los debates contemporáneos sobre el excepcionalismo estadounidense y su papel global.
Si Estados Unidos tiene la responsabilidad de hacer cumplir las normas globales, especialmente las relacionadas con las armas de destrucción masiva, y en caso afirmativo, en qué condiciones, son cuestiones fundamentales que se remontan a esta operación.
La lógica militar de la operación
Se analiza la política militar de Estados Unidos surgida después de la Guerra del Golfo de 1991.
Dicha política militar consiste en alcanzar el éxito utilizando los recursos imprescindibles, en el menor tiempo posible y con el menor número de bajas, propias y enemigas.
Se estudian los planteamientos de la Guerra de Irak, el concepto de Guerra asimétrica, la idea de liberación, la determinación del objetivo y el ambiente táctico.
Otro de los elementos a estudio son los principios en los que se basa, los procedimientos, el concepto de la Operación “Libertad Iraquí”, el material utilizado y el desarrollo de dicha operación.
La cronología de la Operación Libertad Iraquí es un testimonio de sus múltiples dimensiones, que incorporan situaciones de compromiso militar, decisiones políticas y crisis humanitarias.