La medalla “Al Valor” relacionada con el entorno naval chileno representa un reconocimiento a la valentía, al deber cumplido y al compromiso con la vida humana. En el relato disponible, la distinción fue concedida a un marino mercante chileno que arriesgó su propia vida para rescatar a un hombre que se estaba hundiendo en el puerto de Las Palmas de Gran Canaria.
La condecoración correspondió a la medalla de Plata Oxidada “Al Valor”, otorgada por la Liga Marítima de Chile durante una ceremonia celebrada en el Salón de Honor de esa institución. Aunque el relato no identifica la pieza como una medalla oficial del Club Deportivo Naval de Talcahuano, su significado se vincula con los valores de la tradición naval chilena: coraje, solidaridad, disciplina, servicio y respeto por el mar.
El Club Deportivo Naval de Talcahuano
Deportes Naval de Talcahuano, también conocido como Club Deportivo y Social Naval, fue un club deportivo de la ciudad de Talcahuano, Chile, fundado por la Armada de Chile el 21 de mayo de 1944 y disuelto por la misma institución en Febrero de 1991 por problemas presupuestarios. Durante toda su historia, Naval ejerció como local en el Estadio El Morro ubicado en la misma ciudad de Talcahuano.
La institución formó parte de la identidad deportiva y social de Talcahuano durante varias décadas. Su origen, ligado a la Armada de Chile, explica que sus símbolos y reconocimientos se interpreten dentro de una tradición marcada por la disciplina, el servicio y la pertenencia naval.
Historia deportiva de Naval
En 1968, Naval fue aceptado por la Asociación Central de Fútbol para ingresar al profesionalismo, en el cual ya actuaban Deportes Concepción, Lota Schwager y Huachipato. De esta forma, Naval pasó a formar parte de la entonces Segunda División, debutando en con victoria de 1-0 sobre Coquimbo Unido.
Tras estar a sólo dos puntos de conseguir el ascenso en 1970, Naval logra finalmente subir a Primera División en 1971. Tras ubicarse décimo cuarto en 1975, Naval consuma su primer y único descenso en 1976, esto, al finalizar en el penúltimo lugar del campeonato nacional.
No tardaría mucho en regresar a la máxima categoría, fue en la penúltima fecha del torneo de ascenso de 1978, cuando Naval obtiene el punto necesario para retornar a Primera División, ascendiendo como subcampeón con 47 puntos.
Con problemas presupuestarios para seguir manteniendo el club, y como una forma de no manchar la institución debido al intento de soborno que rondaba en el ambiente, la Armada tomó la decisión de desafiliar a Naval del fútbol profesional chileno. Se entregó la carta de desafiliación a la ANFP 15 de Febrero de 1991.
De esa forma, Naval bajaba la cortina a 46 años de historia, dejando un gran vacío en la ciudad y en los hinchas que no entendían como su equipo que se inscribió entre los mejores de primera división en la década del 80, estaba llegando a su fin.
Actualmente, el Club de Deportes Naval de Talcahuano ocupa el mismo nombre, compitiendo en la Segunda División Profesional (tercera categoría del fútbol chileno), y si bien el actual equipo tiene otro origen, para los hinchas, es la continuación de la historia que forjó el Naval Armada.
La medalla “Al Valor” y su contexto
La medalla “Al Valor” aparece en una historia marítima protagonizada por el Piloto Tercero Pedro Barahona De La Fuente. El reconocimiento fue concedido después de una acción de rescate realizada durante la madrugada del 14 de agosto, mientras el buque mercante M/N Comodoro Federico Barraza se encontraba en el puerto de Las Palmas de Gran Canaria.
El año 1986 estaba cumpliendo mis sueños de niño. Me encontraba navegando como Piloto Tercero en la M/N Comodoro Federico Barraza, de la Compañía Marítima Isla de Pascua (COMAIPA), transportando carga general desde Middlesbrough, Inglaterra, a Valparaíso, Chile.
Pronto recalaríamos en el puerto de Las Palmas de Gran Canaria, para efectuar carga y abastecernos de víveres y petróleo. La estancia no sería muy larga y afortunadamente llegaría franco de servicio, con lo cual bajaría a tierra a turistear acompañado del Ingeniero Tercero.
El 13 de agosto, después de recorrer las calles y principales sitios de atracción turística de la ciudad, me tuve que recoger temprano abordo, dado que al día siguiente entraba de guardia. Me llamó mucho la atención la amabilidad y los gestos suaves de los palmenses. Tienen un acento en su forma de hablar parecido al de los chilenos.
El acto de valor en el puerto de Las Palmas
El 14 de agosto me recibí de guardia. La entrega fue más o menos del siguiente tenor:
Buenos días, Piloto Barahona.
Buenos días, señor.
Aquí tiene las novedades de hoy. No se olvide que a las 23:15 h comenzará la faena de carga de petróleo. Hable con el Contramaestre para la preparación de seguridad.
Sí, señor.
A las 02:50 h, mientras la carga de petróleo se efectuaba sin novedad, a la altura de proa en el muelle, vislumbré a tres personas en evidente estado de embriaguez. De repente y sin saber cómo, surgió una riña entre ellos.
En sólo unos instantes advertí como dos de ellos huyeron del lugar corriendo, pero no divisé al tercero por ninguna parte. Llamé al marinero que me acompañaba en la guardia para que me ayudara a localizar a la tercera persona, después de una breve rebusca comprobé que mis sospechas eran fundadas.
Nos fuimos a la proa y pudimos ver al hombre que se estaba hundiendo en el mar. En esos momentos sólo se me ocurrió quitarme la ropa y lanzarme al agua desde el muelle.
Alcancé a la víctima por su camisa en el momento en que las aguas lo hundían fatalmente; se encontraba inconsciente, tenía sangre en el rostro y se me hacía difícil mantenerme a flote con él como lastre.
En el intertanto, el marinero de guardia solicitó auxilio a la autoridad marítima del puerto y me lanzó desde la borda un salvavida circular amarrado a un cabo. Con una mano me sujeté al aro del salvavida, mientras que con la otra mantuve al hombre en la superficie con su cabeza por encima del agua.
Desde el muelle escuché que me alentaban para que aguantara. Cuarenta minutos después, apareció la lancha de la autoridad marítima, tiempo que me pareció una eternidad.
Al ponerse la embarcación al costado, comenzó la difícil operación de subir a bordo a la persona accidentada, la cual se encontraba inconsciente. Las instrucciones que recibí del Oficial de la lancha fueron las siguientes: “Agarre usted el cabo señor, nosotros ya tenemos al accidentado”.
Una vez que se logró subir a la embarcación al hombre, se le dio atención de Primeros Auxilios. Allí comprobamos que había sido brutalmente golpeado en el rostro.
Navegamos durante algunos minutos para llegar a tierra donde esperaba una ambulancia para transportar al herido. Sobre mis hombros colocaron una frazada y así fui llevado de regreso a mi barco.
En mi ausencia asumió el control de la guardia de la M/N el Piloto Primero Sr. Patricio Lara Sanguino. Una vez que estuve en condiciones de restablecerme de Oficial de Guardia, registré en el cuaderno de bitácora: “0350 Se rescata hombre de origen asiático en estado de inconsciencia del agua con el Marinero de guardia Sr. Benavides. Se informa a la Policía Española”.
A las 08:20 h, mientras continuaba la faena de petróleo sin novedad, entregué la guardia al Segundo Piloto. Estaba agotado y me fui a descansar, con la satisfacción del deber cumplido.

Reconocimiento de la Liga Marítima de Chile
Respecto al accidente acontecido durante la madrugada, en el puerto se corrió la voz que se trataba de un marinero coreano y que gracias a la acción de un piloto chileno se había salvado.
Esa información nos llegó durante la maniobra de zarpe. Ya en altamar, durante mis guardias en el puente, llegaba de visita aquel marinero que me había ayudado en el salvamento y conversábamos largamente, logrando con el tiempo establecer una verdadera hermandad.
Conocí detalles íntimos sobre su vida personal y profesional. Tenía un hijo que también quería ser marino como él, para navegar y cruzar el Océano Pacífico.
En el Salón de Honor de la Liga Marítima, se llevó a cabo la ceremonia de condecoración. El Comandante en Jefe de la Primera Zona Naval, Vicealmirante John Howard Balaresque prendió en mi pecho la medalla Plata Oxidada “Al Valor”, de la Liga Marítima de Chile, por salvar la vida humana de un semejante en un puerto extranjero, con riesgo de la mía propia.
Aún recuerdo cómo se aceleraba mi corazón y mis ojos recorrían el salón, mientras los presentes aplaudían por el mérito de la acción realizada por un marino chileno en el puerto de Las Palmas.
Ese día también fue otorgado el premio al mejor Tripulante de la Marina Mercante de 1987, correspondiéndole al Contramaestre de la naufragada “M/N Alborada”. Su rostro estuvo lleno de pesar y un velo de dolor cubría sus sentimientos.
Pude sentir que aquel premio estaba dedicado a los compañeros de trabajo que murieron en el naufragio, a la altura del Cabo de San Vicente.
Significado de la medalla
El significado principal de la medalla “Al Valor” se encuentra en el reconocimiento público de una acción realizada para salvar una vida humana, aun cuando esa acción implicó un riesgo directo para quien intervino.
La distinción también expresa una relación estrecha con los principios de la tradición marítima: responsabilidad ante el peligro, solidaridad entre tripulantes, capacidad de actuar bajo presión y disposición a prestar auxilio en el mar.
En este caso, el valor no se presenta como una idea abstracta, sino como una conducta concreta: observar una emergencia, ingresar al agua, sostener a una persona inconsciente durante un tiempo prolongado y colaborar con la autoridad marítima hasta completar el rescate.
La medalla adquiere además una dimensión colectiva, porque el salvamento no dependió únicamente del piloto. El marinero de guardia solicitó auxilio, lanzó el salvavida y ayudó a mantener con vida al accidentado hasta la llegada de la lancha de la autoridad marítima.
Por ello, la condecoración puede entenderse como un homenaje al acto individual de Pedro Barahona De La Fuente y, al mismo tiempo, como un reconocimiento a la cooperación que permitió completar la operación de rescate.
Características identificables de la condecoración
| Característica | Descripción |
|---|---|
| Denominación | Medalla Plata Oxidada “Al Valor” |
| Institución otorgante | Liga Marítima de Chile |
| Motivo | Salvar la vida humana de un semejante en un puerto extranjero, con riesgo de la propia vida |
| Lugar de la ceremonia | Salón de Honor de la Liga Marítima |
| Autoridad que la impuso | Comandante en Jefe de la Primera Zona Naval, Vicealmirante John Howard Balaresque |
| Acción reconocida | Rescate de un hombre de origen asiático que se estaba hundiendo en el mar |
| Contexto del rescate | Puerto de Las Palmas de Gran Canaria |
La característica material expresamente mencionada es su acabado de Plata Oxidada. El relato no entrega dimensiones, peso, diseño del anverso, reverso, cinta, escudo, inscripción completa ni número de serie, por lo que esos elementos no pueden precisarse a partir de la información disponible.
Tampoco se debe confundir esta condecoración de la Liga Marítima de Chile con una eventual medalla institucional del Club Deportivo Naval de Talcahuano. La primera aparece documentada como un reconocimiento marítimo al valor; el segundo fue una institución deportiva fundada por la Armada de Chile.
La tradición marinera detrás de la medalla
¿Qué porteño alguna vez no ha soñado con cruzar el Océano Pacífico?
Recuerdo cuando era un muchacho con los libros bajo el brazo que solía ir a la costanera, a la altura de la estación de Bellavista.
En verano se podía ver cómo el sol desaparecía, entonces el cielo quedaba con colores cálidos a medida que el disco desaparecía por el horizonte.
Era un chiquillo y, sin embargo, ya sentía ese espíritu marinero. Solo era cuestión de tiempo y estudio el que algún día alcanzara esa meta.
En invierno, los temporales daban un auténtico espectáculo a los porteños. Había que esperar a la salida de las clases para dirigirse a la costanera.
Ahí, las olas alcanzaban alturas colosales. Esperábamos a pocos metros del mar y cuando las olas se deshacían en el rompiente, salíamos corriendo en dirección contraria.
Llegábamos con los zapatos calados de agua a nuestras casas. La idea era desafiar ese mar agitado, sin darnos cuenta de que algún día tendríamos que enfrentarnos directamente con él.
Los sueños se hacen realidad.
La historia vincula la medalla con una trayectoria personal iniciada en la contemplación del mar y culminada en una situación real de peligro. El mismo océano que despertaba admiración durante la infancia se convirtió después en el escenario de una acción de auxilio.
Del rescate a la memoria
Pasaron más de 30 años desde que ocurrió la historia narrada, pero el recuerdo del rescate permanece unido a la vida a bordo de la M/N Comodoro Federico Barraza y a la camaradería entre los tripulantes.
Han pasado más de 30 años desde que ocurrió la historia que les he narrado, pero siento como que fuera ayer que estuve en la cámara de oficiales de la M/N Comodoro Federico Barraza.
Recuerdo como cada uno de mis camaradas me estrechaban la mano para felicitarme por ese acto heroico, el cual dejaba una vez más en evidencia ante el mundo el valor y fortaleza de los marinos chilenos.
Los oficiales de cubierta éramos el Capitán Juan Sáez, el Primer Piloto Patricio Lara, el Segundo Piloto Pedro Silva y el suscrito.
De los oficiales de máquina solo recuerdo los nombres de Enzo Aguilar, Hipólito Morales y Martínez. A pesar de que he olvidado como se llamaban los otros, eso no significa que no los tengo muy presentes en mis memorias y oraciones.
El recuerdo de la medalla tampoco queda separado del dolor provocado por la pérdida de otros marinos. La distinción fue recibida como una señal de reconocimiento, pero también quedó vinculada a la conciencia de los riesgos que forman parte de la vida marítima.
Siento dolor y vago pensativo. Deseo caminar y poder hablar con el mar.
Una vez más contemplo el ocaso del sol, las gaviotas y los lobos que disfrutan del silencio que trae la tarde. Pasan las horas y quiero volver a ver los primeros astros que ayudan a la navegación de los marinos.
Los alisios golpean mi rostro y quisiera vencer mi dolor, pero no puedo. Ahora estoy frente al mar y le increpo desde lo más profundo de mi corazón:
“Cuando era niño te desafiaba, pero jamás pensé que tendría que enfrentarme cara a cara contigo. Cuando salvé la vida de aquel marino coreano, el marinero de guardia que me ayudó en el salvamento murió por culpa tuya: Se embarcó en la “M/N Alborada” para ser tragado por tus olas que muchas veces he navegado.
El 14 de octubre de 1987 fui galardonado, pero también castigado por tu impiedad y el mar me volvió a mojar los zapatos como cuando era un chiquillo.
Dedico este relato a mis camaradas, bajo el sudario del mar.
Relación con los valores navales y deportivos
La historia del Club Deportivo Naval de Talcahuano y el significado de la medalla “Al Valor” pertenecen a ámbitos diferentes, pero comparten un marco cultural relacionado con la Armada, el mar y la identidad naval chilena.
Naval fue fundado por la Armada de Chile y representó a Talcahuano en el fútbol profesional, mientras que la medalla fue concedida por la Liga Marítima de Chile a un marino mercante que actuó en una emergencia.
En ambos casos aparecen valores asociados a la pertenencia colectiva: disciplina, esfuerzo, compañerismo, responsabilidad y representación de una comunidad. En el deporte, esos valores se expresan mediante la competencia y la defensa de una camiseta; en el rescate marítimo, mediante una intervención destinada a proteger la vida.
La memoria de Naval Armada quedó ligada a una ciudad portuaria y a una afición que todavía considera al actual Club de Deportes Naval de Talcahuano como la continuación de la historia forjada por el antiguo club. La medalla “Al Valor”, por su parte, conserva el recuerdo de una acción concreta protagonizada por un marino chileno en un puerto extranjero.
Mucho viento y agua bajo la quilla.