Larry Bird se convirtió en una de las figuras más importantes de la historia del baloncesto gracias a una combinación excepcional de inteligencia, técnica, capacidad de sacrificio y fortaleza mental. Nacido en una familia humilde de Indiana, superó la pobreza, la tragedia familiar, las dudas sobre su físico y varias lesiones para ganar tres títulos de la NBA, tres premios consecutivos al jugador más valioso y una medalla de oro olímpica con el Dream Team.
Su trayectoria también permite comprender la transformación del baloncesto estadounidense: el ascenso de la NBA en los años ochenta, la rivalidad entre Bird y Magic Johnson, la histórica relación entre los Boston Celtics y las cuestiones raciales, y la evolución de una liga que llegó a estar compuesta mayoritariamente por jugadores afroamericanos, aunque se convirtió en un espacio internacional de competencia, representación y diversidad.
El origen de Larry Bird en la Indiana rural
En el complejo contexto de una familia marcada por la guerra, la precariedad y los problemas emocionales nació Lawrence Joe Bird, más conocido como Larry, el 7 de diciembre de 1956, en West Baden, un pueblo vecino aún más pequeño que French Lick en el que la familia también había vivido. Creció entre las penurias del padre, una madre que hacía lo indecible para traer dinero a la casa (trabajó como camarera, cocinera y mucama, a veces todos a la vez) e intentaba sostener una armonía familiar que nunca fue tal tras la guerra…
Los Bird eran seis hermanos a cada cual más competitivo. Los mayores eran grandes jugadores y su hermana Linda llegó a la final estatal de voleibol. Larry era supuestamente el que tenía menos probabilidades de ser deportista profesional. Si ser el mejor de su familia ya era improbable, imaginaros llegar a la NBA.
La muy modesta casa familiar, ubicada junto a las vías del tren, tenía precariedades varias, aunque la peor era que sólo contaba un horno de carbón para calentarla, la cual a veces se derrumbaba… Para comer tenían lo justo y necesario. O menos. Al punto que un día, al ver la extremada delgadez de dos de los hijos de la pareja que jugaban en el patio, la vecina cruzó para ofrecerle ayuda a Georgia, algo que ella rechazaba sistemáticamente, aunque a veces le costaría no cenar, con tal de que sus hijos se fueran a dormir con algo en la panza…
Un esfuerzo que Larry recordaría años después. “El ser pobre en la infancia fue una motivación”, admitiría en una entrevista con Sport Ilustrated en la que contó cómo su madre hacía malabares financieros para comprarle zapatillas de basket.
Crecieron en pequeñas localidades de Indiana y siempre les faltaba dinero así que tenían que trabajar en lo que podían: repartiendo periódicos, conduciendo un camión de la basura, cortando césped o revendiendo pelotas de golf que se encontraban perdidas en los campos. Aquella precariedad económica hizo que Larry pasara algunas semanas en casa de familiares y que todos hermanos salieran a hacer changas en el pueblo, como pintar el cerco a los vecinos, cortar el césped de los jardines y hacer algunas refacciones en la iglesia o el hotel principal.
Hasta valía quedarse cerca de la cancha de golf para ver si recuperaban algunas de las pelotitas “perdidas” que luego podían revender a algún nuevo jugador que entrara al campo… Incluso, ya de adolescente, Larry fue conductor del camión de basura del pueblo. Todo, casi como un juego. Casi.
La guerra, la pobreza y la tragedia familiar
Cuando el 25 de junio de 1950, las tropas de Corea del Norte, apoyadas por China y la URSS, invadieron Corea del Sur -respaldado por Estados Unidos- comenzó el primer enfrentamiento militar entre el bloque comunista y la alianza occidental desde la Segunda Guerra Mundial. Y, como siempre sucede en un conflicto bélico, empezó el calvario de mucha gente que sufre las consecuencias.
Como pasó con los Bird, una familia de clase media-baja que vivía en un pequeño pueblo rural, de 900 habitantes, ubicado en el sudoeste del estado de Indiana. Aquella Guerra de Corea, recordada como el primer conflicto de la Guerra Fría, resultó una de las contiendas más sangrientas de la historia (murieron 3 millones de personas) y allí estuvo Claude Joseph Bird, más conocido como Joe, el papá del mítico Larry.
Con su fúsil M40 en mano, fue un soldado más de Armada estadounidense en los campos coreanos con la misión de recuperar territorios. Un hombre que, como tantos otros, vio y vivió, en carne propia, cosas que nunca más se fueron de su cabeza y de su corazón.
Por eso, ya de regreso en el hogar, por años fue normal que se despertara de madrugada, bañado en sudor frío, a los gritos, aturdido, acongojado… Puntualmente, en su caso, había una pesadilla que lo atormentaba, aquel momento en que una bomba cayó sobre el pelotón que integraba y mató a su amigo Johnny.
Su cuerpo, desmembrado desde la cintura hacia abajo, terminó sobre él y los ojos sin vida de su entrañable compañero de batalla nunca se fueron de su atribulada memoria. Y volvieron, por años, como una tortura que resquebrada la paz de la noche.
Joe no tenía secuelas físicas, pero sí internas. Su personalidad había mutado luego de la horrible experiencia en los campos de batalla: de ser abierto, hablador y divertido había pasado a ser más cerrado, hosco y tozudo, incapaz de permitir alguna ayuda. De nadie.
Sus vaivenes emocionales estaban a la orden del día, lo mismo que los problemas sociales y, por ende, los cambios de trabajos. Joe pasó por decenas. Fue carpintero, camionero y empleado de una gasolinera, del servicio vial y hasta de la fábrica de pianos Kimball, principal industria de esta localidad ubicada en el condado de Orange, el área más pobre del estado, donde la pareja se había afincado luego de conocerse en una fábrica de zapatos.
Un combo complejo para tener una familia numerosa, como aquella de los Bird, con cinco hijos varones (Mike, Mark, Larry, Jeff y Eddie) y una solitaria mujer (Linda). No era sorpresa que los problemas económicos atosigaran a la familia y resquebrajaban más su dinámica diaria…
Su padre Joe cayó en una depresión y pensó que sin él vivirían con más oportunidades. Se quitó la vida con una escopeta, entre otras cosas, para que la madre cobrase una paga por los años que sirvió al ejército y para que tuvieran una boca menos que alimentar: “Sé que pensaba que estaba ayudando económicamente a la familia y es verdad que eso nos ayudó, pero habría dado cualquier cosa por seguir viviendo como hasta ese momento y no perder a mi padre”, confiesa Larry en su libro “Mi Vida”.
Faltaba muy poco para que se convirtiera en una auténtica estrella mundial y para que el dinero dejase de ser un problema. Su padre no lo pudo ver triunfar.
Para todos la vida siguió y en el caso de Larry, en Indiana State, una facultad más a su estilo. No le fue fácil convencerlo al DT Bill Hodges. Varias reuniones y charlas tuvo hasta sacarlo de French Lick, luego de la frustrada primera experiencia universitaria.
Del béisbol al descubrimiento del baloncesto
Su refugio lo encontró en sus hermanos (andaba mucho con los mayores Mark y Mike) y, sobre todo, en el deporte. De chico, a Larry le gustaba más el béisbol que el básquet.
Se la pasaba metiéndose en terrenos ajenos, incluso en la cancha de golf, para lanzar y batear. Su cancha habitual, igual, era el baldío que estaba detrás de su casa, lo que a veces costó alguna ventana rota por un pelotazo.
Siempre en barra de amigos, aprendió los códigos de la calle y a responder, a veces, con sus puños, algo que veríamos más de una vez en la NBA. Parecía un blanquito débil, en todo sentido, pero justamente era lo opuesto. Algo que también notaríamos en su carrera.
Se enamoró del baloncesto a los 13 años. Tarde para los estándares de hoy, pero en su caso, suficiente. Su primer amor había sido el béisbol, pero el balón naranja se convirtió en su refugio y Bird en la salvación de la NBA.
Recién tenía 13 años cuando, en un picado casual con chicos de una ciudad cercana (Hobart) donde vivía su tío, se dio cuenta que podía dedicarle más al básquet. Así fue que, en lo sucesivo, dividió tiempo entre el béisbol y su nuevo descubrimiento.
La desbordante pasión por el básquet que históricamente se vivió en el estado de Indiana -un reflejo eran las nueve canchas de básquet que había en French Lick- hicieron el resto. De a poco, al ver su facilidad para aprender, Larry se obsesionó con La Naranja.
Iba a jugar a los playgrounds y hasta se levantaba a las seis de la mañana para practicar antes de ir a clases en el instituto Spring Valley. Allí conoció al veterano Jim Jones, un coach que fue su maestro y guía mientras su padre se gastaba todos sus sueldos en los bares de la ciudad, en medio de chistes y tragos, tratando de olvidar sus traumas…
Jones recuerda que lo primero que le llamó la atención del pequeño rubio: su conocimiento del juego que, a esa edad, nadie tenía. Y un combo de intangibles que lo hacían un apasionado, duro y con una ética de trabajo sorprendente para un chico.
Fue su capacidad de esfuerzo lo que le llevó a lo más alto: “tener que dormir supone una inoportuna interrupción a mis horas de entrenamiento”.
El ascenso escolar y la primera oportunidad universitaria
Así fue que empezó a brillar como un gran anotador hasta el punto de que hoy, tras su leyenda, la calle donde se ubica se llama Larry Bird Boulevard. En su última temporada, la 73/74, promedió 31 puntos y 21 rebotes.
Y eso llamó la atención de muchas universidades. El quería jugar en Kentucky, pero el DT Joe Hall prefirió no ofrecerle una beca. No creía que un blanquito que no podía saltar ni te miraba a la cara cuando le hablabas pudiera sobresalir en el siguiente nivel.
Denny Crum, DT de Lousville, lo visitó en su pueblo y le dijo que si le ganaba al 21 (HORSE), debía al menos visitar la facultad. Larry le ganó en ocho tiros y se dispuso a escuchar a Bobby Knight.
El mítico coach lo convenció de elegir la universidad más popular del estado (Indiana) por sobre la siguiente, Indiana State. Y allí fue Larry.
Pero, claro, en pocos días se dio cuenta que no se sentía a gusto: demasiados alumnos (30.000) para un chico rural y demasiado lejos de su casa (100 km). Todo muy distinto. Demasiado.
No le gustaba el ambiente y, dicen, tampoco Knight. Además, Bird arrastraba un problema emocional y hasta económico: ya tenía una hija, de nombre Corrie, tras una relación con una compañera de secundaria, Janet Condra.
Apenas había pasado 24 días desde su arribo y, sin decir nada a nadie, Larry hizo las valijas y se fue a la ruta a hacer dedo para volver a casa. “Larry fue uno de mis mayores errores”, reconocería Bobby años después.
Su madre, enojada por lo que sentía como una chance desperdiciada por parte de su hijo, no le habló por semanas y Larry, entonces, decidió mudarse a la casa de su abuela y, para solventar su necesidad de dinero, buscar un trabajo, que consiguió para formar parte de la cuadrilla de limpieza y recolección de residuos de French Lick.
“Me encantó aquel trabajo. Estaba al aire libre, con compañeros, ayudando a limpiar la ciudad, mejorando la comunidad”, recordaría años después.
Indiana State y la final contra Magic Johnson
Cuando dio el sí, allí comenzó una historia de amor. Con esa facultad, con los fans y con sus compañeros. Desde su primera temporada, en la que promedió 32.8 puntos, 13.3 rebotes y 4.4 asistencias, Bird se convirtió en estrella del equipo y llevó a aquella pequeña universidad, con jugadores promedio, a la fama nacional y hasta mundial.
En su tercera y última campaña, los Sycamores llegaron hasta la final en forma invicta (33-0) y se midieron con los Spartans de Michigan State liderados por Magic Johnson.
Allí comenzaría una de las mayores rivalidades de la historia del deporte. Un 1 vs 1 dentro de un deporte colectivo. Un duelo en todo sentido: de etnias, estilos de juego, personalidades y hasta de lugares de crianza que popularizaría la NCAA y la NBA durante al menos una década.
La final de la NCAA de 1979 entre los Indiana State de Bird y los Michigan State de Magic fue vista por un récord de más de 35 millones de espectadores.
Fue el 9 abril de 1978 cuando Larry quedó impresionado con Magic. Pero no fue en un enfrentamiento sino jugando juntos.
Compartieron equipo en el World Invitational Tournament, un cuadrangular en Kentucky con el seleccionado estadounidense, enfrentando Yugoslavia, la URSS y Cuba. Ambos salieron desde el banco y compartieron momentos que quedaron grabados para siempre, puntualmente una jugada lujosa de contraataque en la que varias veces se pasaron la pelota y terminaron anotando.
“Fueron tres segundos hermosos: boom, boom, boom… Recuerdo que pensé amo jugar con este chico”, admitió Johnson. Lo mismo le pasó a Bird.
Tras ganar el torneo de forma invicta, Larry volvió a casa y le hizo una confesión a su hermano mayor. “Mark, he visto al mejor jugador universitario. Se llama Magic Johnson”, le dijo.
Al poco tiempo, ambos se encontrarían en el máximo escenario, aunque en equipos distintos. Fue el 26 de marzo de 1979, cuando Michigan State venció a Indiana State (75-64) en la definición del torneo universitario.
Una final que mantuvo en vilo a todo el país, más aún que la de la NBA. Aquel fue el partido de más rating en la historia de la NCAA mientras uno de los partidos de Seattle-Washington ni siquiera fue en vivo para la costa Este.
“Sucedió porque, más allá de nuestros estilos, éramos chicos que jugábamos de la manera correcta: para el equipo. No nos importaba anotar sino ganar. También porque ambos podíamos manejar el balón, hacer el pase correcto, anotar de afuera ye adentro…”, opinó Magic, años después, tratando de analizar un fenómeno que comenzaba.
Los Spartans plantearon una estrategia para no dejar pensar a Bird, quien no tuvo su mejor día y anotó apenas 7-21 tiros de campo. Magic, en cambio, desplegó su juego y, con 24 puntos, siete rebotes y cinco asistencias, se coronó como el mejor en el máximo evento.
Devastado, Bird hundió su cabeza en una toalla para no mostrar sus lágrimas de decepción ante los 15.410 personas que llenaron el estadio de Salt Lake City y a los millones de telespectadores que lo veían por TV.
Una derrota que todavía lo persigue, que marcó su carrera para siempre. Que ni siquiera olvidó pese a ganar tres anillos de la NBA y convertirse en uno de los 10 mejores jugadores de la historia.
“Uno nunca se recupera de algo así. Es imposible levantarse cuando te rompen el corazón. Sabía que ese día tenía que jugar el mejor partido de mi vida para ganar, pero no lo hizo y decepcioné a todos”, admitió, ante una multitud, cuando Indiana State inauguró su estatua afuera del estadio en 2013.
Reconoció que nunca más volvió a ver aquella final, la que siempre quiso ganar y no pudo… La que inició una rivalidad que seguiría en la elite mundial durante diez años más y salvaría a la mismísima NBA.
La crisis de la NBA y la llegada de Bird y Magic
La NBA de los años 70 experimentó una crisis de popularidad, competencia y, lo que es peor, una crisis de identidad. El público no conectaba con las estrellas, faltaban equipos que dominaran con regularidad y la competencia con la ABA (Asociación de Baloncesto Estadounidense) lo entorpecía todo aún más.
Mientras la audiencia y los ingresos caían en picado, la liga buscaba desesperadamente una figura, equipo o rivalidad que les diera una segunda vida. Y entonces aparecieron ellos: Bird y Magic.
Dos cisnes negros en direcciones opuestas. Uno blanco, serio y lento. Otro negro, alegre y puro showtime. Llegaron a la NBA al mismo tiempo y lo hicieron ya como estrellas mediáticas.
Con el tiempo han acabado siendo grandes amigos, pero cuando llegaron a la liga eran rivales. Ni siquiera se hablaban y querían demostrar quién era el mejor. Eso enganchó a la gente.
Por si fuera poco, Magic fue drafteado por Los Ángeles Lakers y Bird por los Boston Celtics; las dos franquicias más enfrentadas y ganadoras de la historia de la competición.
Los dos se mantuvieron leales a sus equipos durante toda su carrera, lo que permitió dar continuidad a una rivalidad cuyo impacto no se ha vuelto a repetir. Uno jugando en la Conferencia Este y otro en el Oeste, la NBA podía respirar tranquila.
Pero lo que hace especial a Bird no es que salvara a la liga, sino de dónde vino y lo que tuvo que superar para poder hacerlo. No ha existido un jugador más concienzudo, inteligente y con más fuerza de voluntad que Larry Bird.
Solo con una mentalidad tan firme como la suya pudo convertirse en una de las estrellas más improbables de la NBA. Y si hablamos de baloncesto, ningún jugador ha cambiado tanto el juego y de una manera tan imprevisible como la leyenda de los Boston Celtics.
El estilo de juego de Larry Bird
Con sus 2,06 metros de altura, su guerra iba a transcurrir en las canchas de baloncesto. Especializado en el lanzamiento de tres puntos y extraordinario reboteador y pasador, ha sido considerado uno de los mejores jugadores de raza blanca del básquet profesional y uno de los mejores aleros de la historia.
Claro, Larry Bird mide 2.06, pero no parece particularmente alto, no más que los otros jugadores altos en la duela. Y no aparenta ser fantástico. No es esbelto. No es veloz. Parece que apenas puede levantar los pies del piso.
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La falta de velocidad y el físico desgarbado de Bird hicieron creer a la gente que no aguantaría el ritmo frenético de los mejores del mundo.
Pero Larry Bird no es un Great White Hope. Quien piense eso no entiende de qué se trata Larry Bird.
Hoy, los niños blancos preferirían crecer para ser Michael Jordan o Dominique Wilkins, porque además de ser astutos y dedicados, ellos también son realmente espectaculares. Ellos pueden volar.
Pero cuando los niños imitan a Larry Bird, lo que hacen, tan mundano, es agacharse y frotar sus manos en las suelas de sus tenis.
Y así, por más improbable que Bird parezca como estrella de basquetbol, es tentadoramente posible. No el Great White Hope. Nunca.
Larry Bird es como cuando aprendes fracciones y tienes que convertir todo a doceavos-¡doceavos!-para poder sumar tercios, cuartos, sextos y así. Todos los demás grandes jugadores son tan obviamente números enteros.
Magic revolucionó el baloncesto con sus pases y Larry con su inteligencia. Los triples nacieron en la misma temporada en la que debutó Bird y el alero ganó los tres primeros concursos de triples del All-Star (1986, 1987, 1988), uno de ellos sin quitarse la chaqueta de calentamiento y celebrando el último triple mientras el balón seguía en el aire.
Fue una prueba más de la confianza ciega que tenía en su juego, algo que demostró infinidad de veces. En 1986 dijo públicamente que en el siguiente partido iba a utilizar pura y exclusivamente su mano izquierda.
Acabó el encuentro con un triple doble de 47 puntos, 14 rebotes y 11 asistencias. Con su mano menos hábil anotó 22 de esos 47 tantos.
Como dice él: “Puede ser más alto que yo, más rápido que yo, más guapo que yo, pero aun así, yo soy mucho mejor jugador de baloncesto.”
Bird en los Boston Celtics
En el equipo del Boston Celtics ganó tres ligas de la NBA (1981, 1984 y 1986). Aunque no podría jugar en la NBA hasta un año después por razones de estudios y de edad, en 1978 fue contratado por el Celtics de Boston, si bien ese año siguió con el Indiana State.
Su contrato como profesional se materializó el 8 de junio de 1979 con 3,25 millones de dólares por cinco temporadas. En su primera temporada en la NBA se ganó el título de mejor jugador debutante (rookie), fue incluido en el quinteto ideal del campeonato y seleccionado para el partido All Star.
En su segundo año como profesional consiguió con los Celtics su primer anillo de la NBA, teniendo como entrenador a Bill Fitch.
En años sucesivos, y con K. C. Jones en el banquillo, los Celtics se proclamaron campeones de la NBA en las temporadas 1983-84 y 1985-86, y subcampeones en 1984-85 y 1986-87.
Larry Bird fue designado jugador más valioso (MVP) de la NBA en tres ocasiones: 1984, 1985 y 1986; en 1982 fue designado mejor jugador del All Star, y mejor encestador de tiros libres en 1984, 1986 y 1987.
Tercer máximo encestador en la liga 87-88 con una media de 29,9 puntos por partido, ganó las tres primeras ediciones del concurso de triples de la NBA (1986, 1987 y 1988).
| Aspecto | Trayectoria de Larry Bird |
|---|---|
| Equipo principal | Boston Celtics |
| Duración en los Celtics | 13 temporadas |
| Títulos de la NBA | 1981, 1984 y 1986 |
| Premios MVP de la NBA | 1984, 1985 y 1986 |
| Concursos de triples ganados | 1986, 1987 y 1988 |
| Medalla olímpica | Oro en los Juegos Olímpicos de Barcelona de 1992 |
Jugó 13 temporadas con los Boston Celtics en las que ganó tres anillos y tres MVP consecutivos (1984, 1985, 1986), algo que no se ha vuelto a repetir.
En la década de los 80, en la era del exdelantero estrella Larry Bird, quien jugó con los Celtics durante 13 años, el equipo tenía ocho jugadores blancos y cuatro negros en una NBA que estadísticamente era tres cuartas partes africanoamericana.
Después del retiro de Bird y Kevin McHale, la plantilla se conformaba en su mayoría de jugadores de raza negra.
La presión de convertirse en una estrella
El pequeño chico de campo en Indiana tenía un sueño recurrente. En él, encontraba un millón de dólares en efectivo, cavaba un hoyo bajo el porche delantero y se escondía ahí con el dinero.
Sus hermanos mayores subían y bajaban los escalones justo encima de él, pero Bird permanecía tan quieto que ellos ni siquiera imaginaban que su hermano menor estaba ahí abajo con un millón de dólares en efectivo.
“Tenía ese mismo sueño todo el tiempo-una y otra y otra y otra vez”, dice hoy el hombre que fue aquel niño.
“Bueno, supongo que encontré el millón”, dice Larry Bird. “Hasta encontré un poco más para acompañarlo.”
Bird inspeccionó la ciudad, conoció a Red Auerbach y fue a un juego de los Celtics, vistiendo una horrenda camisa deportiva color beige. Observó cómo el equipo local perdía su séptimo partido consecutivo ante 7,831 aficionados.
Ese año, los Celtics terminaron últimos en su división y solo agotaron localidades en el Garden una vez. Auerbach había reclutado a Bird el año anterior, como elegible junior, pero Boston perdería los derechos exclusivos sobre él si no firmaba pronto, antes del siguiente draft.
Woolf sugirió un millón al año, y Auerbach, apoplético, respondió con medio millón, tal vez, si contabas los beneficios. Dijo: “Está probado. Un jugador de esquina no puede dominar el juego. Un hombre grande, ocasionalmente incluso un guardia. Pero un hombre jugando en la esquina no puede cambiar una franquicia.”
Larry dijo: “Vengo de un pueblo pequeño, y no importa dónde juegue.”
El Globe editorializó que el basquetbol profesional había “alcanzado el límite y el límite parece tener atractivo limitado”. De hecho, Estados Unidos parecía coincidir con el Globe.
El propio Bird dijo: “Entiendo por qué a los aficionados no les gusta ver el basquetbol profesional. A mí tampoco. No es emocionante.”
Así que Bird regresó a Terre Haute, donde terminaba su etapa en Indiana State, jugó softbol y pasaba el tiempo con Dinah. Un día, en el diamante, se fracturó el dedo índice de la mano de tiro.
Caminó hacia un compañero, Danny Miracle, y le mostró el dedo torcido. “Jálalo, Dan”, dijo Bird. “Jálalo.”
Molesto, Bird se fue a buscar a alguien que enderezara ese maldito dedo para poder seguir jugando.
De vuelta en Boston, Woolf mantuvo sus demandas, y sus hijos fueron acosados y amenazados en la escuela. Finalmente, Auerbach y Woolf acordaron un contrato de 650 mil dólares al año, lo que hizo de Bird el novato mejor pagado de la historia.
Ahora la presión recaía por completo sobre Bird. Él se encogió de hombros y dijo: “Si fracaso, fracaso. Ya he reprobado clases antes. Conozco la sensación.”
Pero los Celtics fueron salvados. En un año, no quedaba un solo asiento libre en el Boston Garden, y así ha sido desde hace nueve temporadas.
Los Celtics pasaron de 29-53 en 1978-79 a 61-21 en 1979-80, el mejor récord de la liga, y no han tenido un mes perdedor desde que aquel jugador de esquina, que supuestamente no podía cambiar una franquicia, se unió al equipo.
El carácter de Bird dentro y fuera de la cancha
Entre quienes lo conocen bien, se repite el mismo catálogo de cualidades: honesto, leal, firme, confiable-su existencia moldeada por la habilidad, contradictoria y casi mística, de ser el centro de atención y aun así mejorar a quienes lo rodean.
“Larry tiene una manera de hacer mejores personas a todos con quienes se cruza”, dice Woolf. “Si crees que el Larry Bird en la cancha tiene carácter y es desinteresado, bueno, fuera de ella lo es aún más.”
Mel Daniels, asistente en Indiana State cuando Bird jugó ahí, lo dijo mejor: “Es como si un pedazo de Larry fuera para cada jugador por las cosas que hace.”
Tony Clark, ejecutivo de radio en Terre Haute que creció con Bird, dice: “Larry encarna la palabra amigo. ¿Entiendes?” Sí. “Entonces no necesitas saber nada más sobre él.”
Evidentemente, lo que vemos de él en público, trabajando en su oficio, es una extensión de la persona. No siempre ha sido fácil entender esto, porque Bird es excepcionalmente reservado.
Pero Bird sí es tímido. Bill Hodges, el coach que ayudó a reclutarlo para Indiana State, dice: “Larry es el tipo más tímido e introvertido que he conocido en mi vida.”
Bird era tan cohibido en la secundaria que no iba a ver jugar a su hermano mayor Mark-quien también usaba el número 33 y era una estrella en Springs Valley High-hasta su último juego en varsity.
Era de familia. “Mi padre estaba orgulloso de nosotros, pero no iba a vernos jugar”, dice Larry. “A papá tampoco le gustaban las multitudes.”
Las inhibiciones del padre se amplificaron en el hijo cuando fue lanzado a los reflectores como si fuera un tesoro arqueológico.
Su capacidad competitiva se expresaba también en la confianza con la que enfrentaba a sus rivales. “Puede ser más alto que yo, más rápido que yo, más guapo que yo, pero aun así, yo soy mucho mejor jugador de baloncesto.”
La diversidad racial del baloncesto estadounidense
La historia de Larry Bird no puede separarse del contexto racial del baloncesto estadounidense. Durante la segunda mitad del siglo XX, el deporte pasó de estar asociado en buena medida con pueblos pequeños y comunidades blancas a convertirse en una disciplina dominada estadísticamente por jugadores afroamericanos, especialmente en el nivel profesional.
El basquetbol había sido durante mucho tiempo un deporte de chicos de pueblos pequeños-los Hoosiers rurales siendo, de hecho, el ideal-pero para los años setenta se había transformado por completo en un ejercicio urbano afroamericano que Bird bien podría haber caído de Paraguay o Sri Lanka.
Irónicamente, durante buena parte de la historia de EE.UU. se creía que los chicos de campo eran los más listos, capaces de superar a los “listillos” de ciudad. Casi de la noche a la mañana, lo contrario se volvió la verdad: un nuevo mito decía que la astucia callejera era la mejor virtud.
La genialidad absoluta de Bird en la cancha debía explicarse de algún modo, y así fue descrito como una suerte de idiota sabio del parquet.
Y cuando se convirtió en una sensación de la noche a la mañana en 1979, su timidez estaba en su punto más alto porque los años anteriores lo habían dejado herido y a la defensiva.
Como dice el propio Magic en el prólogo del libro: “muchos jugadores negros se negaron a creer lo bueno que era Larry Bird”.
En el 2015, un estudio del activista por la igualdad racial, Richard Lapchick, señaló que la Liga se compone en 74.4% por jugadores de raza negra, 23.3% por jugadores blancos, 1.8% por latinos y 0.2% por asiáticos.
| Grupo racial | Porcentaje señalado en el estudio de 2015 |
|---|---|
| Jugadores de raza negra | 74.4% |
| Jugadores blancos | 23.3% |
| Jugadores latinos | 1.8% |
| Jugadores asiáticos | 0.2% |
De los 408 jugadores que participaron en la pasada temporada de la NBA, el 76,5 porciento es de raza negra, según reportó el Tribune.
En este contexto, Bird fue presentado a menudo como uno de los mejores jugadores blancos de la historia. Sin embargo, reducirlo a esa categoría resulta insuficiente: su importancia deportiva se relaciona con la capacidad de competir, crear juego, leer el partido y elevar el rendimiento colectivo, no con una supuesta superioridad racial.
Los white hopes se supone que deben vencer a otras razas, defender el honor caucásico. Bird es simplemente uno de esos sueños despiertos de adulto: desearía ser bonito; desearía volver a la preparatoria con lo que sé ahora; desearía ser rey del mundo; desearía encontrar un millón de dólares; desearía ser Larry Bird.
Los Boston Celtics y la ruptura de barreras raciales
Las cuestiones raciales están vinculadas con los Celtics como con la misma ciudad de Boston, que en parte de su historia representó una fuerza en favor de la igualdad.
Por ejemplo, el sufragista, reformador social y editor del periódico abolicionista The Liberator, creado en 1831, William Lloyd, nació en Massachusetts, y sus ideas fueron importantes para la lucha contra la esclavitud en Estados Unidos después de la guerra civil.
En otro momento de la historia, tras la Segunda Guerra Mundial, la ciudad comenzó a tener más población afroamericana en localidades que sólo eran habitadas por irlandeses y judíos.
A partir de 1950, los Celtics escribían un capítulo memorable para la NBA, al fichar al primer jugador afroamericano, Chuck Cooper, y, en 1966, tener al primer entrenador de raza negra, Bill Russell.
Una diferencia respecto a otras franquicias de la Liga que mantuvieron un número mayor de jugadores blancos en sus plantillas.
Y no dieron razones para que se les acusara de racistas. En la década de los 80, en la era del exdelantero estrella Larry Bird, quien jugó con los Celtics durante 13 años, el equipo tenía ocho jugadores blancos y cuatro negros en una NBA que estadísticamente era tres cuartas partes africanoamericana.
Después del retiro de Bird y Kevin McHale, la plantilla se conformaba en su mayoría de jugadores de raza negra.
El libro de Hubbard, dirigido a los fans, menciona que ambos equipos se han enfrentado en 12 finales, de las cuales Boston le ha ganado seis, pero perdió la serie más reciente, en el 2010.
Muchos de los fans de Celtics continúan observando rivales. Pero, por ejemplo, es difícil no admirar a Magic Johnson, el guardia que una vez lideró a los Lakers en los playoffs.
Después de que filmó un comercial junto a Larry Bird, se volvieron amigos, incluso cuando Celtics retiró el número de Bird (33), Magic estuvo presente en el evento, relata el libro, en su capítulo ‘Rivales y rivalidades’.
El baloncesto como espacio de inclusión internacional
La Liga se ha pronunciado en contra de la homofobia, misoginia, xenofobia y racismo, conductas que se han atribuido a Donald Trump, quien ha expresado su disgusto por la población de inmigrantes, una de ellas, la mexicana.
El deporte es paz, todos somos iguales, dentro y fuera de la cancha, es una cualidad del deporte: que une a la gente. Apoyo a cualquier deporte que lo haga.
“Me siento privilegiado y honrado de jugar en la NBA”, respondió Gerald Green, quien lleva 10 años jugando en la Liga.
“Significa mucho para mí cuidar a los aficionados mexicanos, soy un gran fan de la cultura latina, sé que los seguidores mexicanos pueden ser muy leales, apasionados a los jugadores y tenemos fans latinos”, agregó Green.
Doce de los 15 jugadores de Celtics no son de raza blanca, uno de ellos, el delantero Jaylen Brown, quien, sentado en el vestuario del equipo 15 minutos antes de entrar a la duela del TD Garden, explicó cómo se inserta en la dinámica incluyente de la Liga.
He viajado a África en el verano con el programa Basquetbol sin Fronteras de la NBA, construyendo casas en comunidades para los niños y canchas, especialmente en lugares pobres.
Pero se necesitan hacer más cosas, como juegos globales, esperamos asistir a más lugares como la Ciudad de México, Italia. Espero que algún día tengamos en el exterior equipos de la NBA y viajemos para jugar.
El dominicano Al Horford es parte de ese 1.8% de jugadores latinos en la Liga que menciona el activista Lapchick.
La NBA está haciendo un buen trabajo promoviendo el juego internacionalmente y México es uno de esos países que tiene mucho talento, muchos jugadores, hay una fanaticada para el baloncesto.
La NBA tiene que continuar trabajando en los países latinoamericanos, específicamente en México, desarrollando el juego, porque siento que hay mucho futuro.
Para mí es especial porque soy latino y sé que en México hay mucho interés por el baloncesto. Me siento especial por el hecho de poder jugar aquí con los Celtics y que tantos mexicanos nos sigan.
La NBA está haciendo un gran trabajo con las redes sociales, involucran a más fans alrededor del mundo. Sería muy bueno tener a equipos fuera del país para jugar.
Esperamos que haya más juegos en México y podamos tener un evento donde platiquemos y veamos a nuestros fans en México.
La retirada, las lesiones y el Dream Team
Las lesiones fueron el único rival que Larry no pudo superar. Sus últimos años de carrera estuvieron llenos de dolor y problemas de espalda.
En octubre de 1988 Bird firmó con su equipo un contrato para continuar dos años más. Justo un mes después, el 19 de noviembre de 1988, Bird fue operado de los dos talones de Aquiles, lo que lo mantuvo apartado de la competición durante casi toda la liga.
Desde entonces las lesiones le causaron numerosos problemas, perjudicando su rendimiento; en ocasiones, cuando parecía recuperar su mejor forma, una recaída lo obligaba a abandonar de nuevo las pistas.
El 29 de julio de 1989, durante un entrenamiento, sufrió una rotura fibrilar en la espalda; volvió a lesionarse el 5 de enero de 1990, en partido de competición.
En junio de ese año fue operado de su lesión congénita de la espalda, permitiendo un espacio mayor al nervio que causaba los dolores.
Con todo, siguió batiendo récords: en diciembre de 1990 se convirtió en el decimoquinto jugador de la historia de la NBA que superaba los 20.000 puntos.
Su último gran triunfo fue la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Barcelona de 1992. Junto a nombres también míticos como los de Magic Johnson y Michael Jordan, formó parte del Dream Team estadounidense que arrolló a todos sus competidores hasta llegar a la final, en la que se impuso a la selección de Croacia por 117 a 85.
El 18 de agosto de 1992 anunció su retirada definitiva del baloncesto profesional. En la conferencia de prensa que ofreció a los medios de comunicación explicó que se había visto obligado a tomar esta decisión por sus dolores de espalda, que le impedían rendir al máximo en la competición.
Con su adiós se cerraba una de las etapas más brillantes de la NBA; junto a otras figuras del Dream Team, Larry Bird había contribuido grandemente a la popularización del baloncesto profesional norteamericano.
La etapa posterior como entrenador y ejecutivo
En su nueva etapa como entrenador, que inició en 1997 al frente de los Pacers de Indiana, cosechó también merecidos éxitos.
En 1998 fue declarado mejor entrenador del año, y en la temporada 1999-2000 los Pacers fueron subcampeones de la NBA.
Pasó a ser entrenador de los Indiana Pacers de su estado natal (fue elegido el mejor en ese cargo en 1998) y director general del mismo equipo, donde logró el premio al mejor Ejecutivo en 2012.
Es la única persona que, a lo largo de su carrera ha logrado sumar los premios al mejor novato del año (1980), mejor jugador de la NBA (1984-86), mejor jugador de las finales (1984 y 1986), mejor jugador del Partido de las Estrellas (1982), mejor entrenador y mejor ejecutivo.
Una rivalidad que terminó en amistad
La rivalidad entre Larry Bird y Magic Johnson se construyó sobre contrastes deportivos y culturales: Bird representaba la precisión, la lectura del juego y la sobriedad competitiva; Magic, la creatividad, el pase, la energía y el espectáculo.
Un duelo en todo sentido: de etnias, estilos de juego, personalidades y hasta de lugares de crianza que popularizaría la NCAA y la NBA durante al menos una década.
Con el tiempo han acabado siendo grandes amigos, pero cuando llegaron a la liga eran rivales. Ni siquiera se hablaban y querían demostrar quién era el mejor.
La rivalidad también conectó a los Celtics y los Lakers, las dos franquicias más enfrentadas y ganadoras de la historia de la competición. Los dos se mantuvieron leales a sus equipos durante toda su carrera, lo que permitió dar continuidad a una rivalidad cuyo impacto no se ha vuelto a repetir.
Después de que filmó un comercial junto a Larry Bird, se volvieron amigos, incluso cuando Celtics retiró el número de Bird (33), Magic estuvo presente en el evento.
La amistad entre ambos mostró que una rivalidad intensa no tenía por qué desembocar en hostilidad permanente. La competencia sirvió para atraer al público, elevar el nivel de la liga y, con el paso del tiempo, construir una relación que trascendió las diferencias de raza, estilo, origen y personalidad.
