La rebelión de los arqueros se inscribe en la literatura de lo insólito, una zona creativa en la que Fernanda García Lao explora lo fantástico, lo distópico, lo absurdo, lo poético y lo horroroso. Aunque el material disponible no presenta una sinopsis argumental específica de la obra titulada La rebelión de los arqueros, sí permite reconstruir las claves estéticas, temáticas y narrativas con las que la autora aborda sus textos.
Fernanda García Lao es escritora y dramaturga. Nació en Mendoza, Argentina, y creció en Madrid, donde estudió piano, danza, teatro y periodismo. Es la autora de novelas, cuentos, poesía y obras teatrales marcados por la ruptura de las convenciones, la exploración del cuerpo y una imaginación que transforma lo familiar en extraño.

Fernanda García Lao y la literatura de lo insólito
Pienso que, si tuviera que definir su obra en una sola palabra, no habría encontrado otra tan precisa y tan punzante como esa: literatura de lo insólito.
“Es todo aquello que sale de lo tradicional, de lo clásico”, explica la autora.
Llenos de sombras, sus relatos transitan entre lo fantástico, lo distópico y lo absurdo.
Lo surreal, lo sexual y lo horroroso se enhebran con delicadeza en cada una de sus historias.
La prosa de García Lao, aguda e inteligente, se desliza entre las páginas como un veneno silencioso; su narrativa es macabra, corrosiva y fatal.
La escritora, dramaturga, y directora Fernanda García Lao empezó a escribir a partir del extrañamiento que sintió de portar el cuerpo de otro dentro de sí misma en su primer embarazo y de verse sumida en un continuo estado de sueño y entresueño.
Es la extrañeza y lo onírico lo que marca el inicio de la carrera de una de las escritoras más interesantes en nuestos días.
Resumen interpretativo de La rebelión de los arqueros
Desde las coordenadas habituales de García Lao, el título La rebelión de los arqueros puede leerse como la imagen de una ruptura contra un orden establecido. La rebelión introduce conflicto, desobediencia y transformación, mientras que los arqueros remiten a cuerpos preparados para tensar una cuerda, apuntar hacia un objetivo y lanzar algo que ya no puede regresar a su punto de partida.
La autora no suele construir historias lineales ni universos plenamente explicados. Sus personajes aparecen en situaciones límite, atravesados por fuerzas físicas, familiares, sociales o imaginarias que los empujan hacia una transformación.
Yo escribo falsas novelas. No he escrito ninguna novela lineal; están todas rotas y trabajo como si cada parte fuera un núcleo auto conclusivo.
En este sentido, un resumen de la obra debe atender menos a una sucesión convencional de acontecimientos que a la tensión entre cuerpos, voces, espacios y fuerzas insólitas.
La literatura de García Lao suele presentar criaturas que se rebelan contra su lugar asignado: mujeres que desafían los modelos de belleza, cuerpos que dejan de comportarse de manera normal, familias que se convierten en escenarios de violencia, muertos que regresan, objetos que adquieren una vida inquietante y narradores que observan la realidad desde una perspectiva deformada.
Las situaciones que viven estas criaturas oscuras, mordaces, son muy diferentes, no obstante, su actitud desprejuiciada es lo que, en ocasiones, los hermana.
El momento narrado suele ser la inminencia de una transformación en otra cosa, que también modifica a los personajes.
La rebelión contra la normalidad
La obra de García Lao se opone a la idea de que la literatura deba reproducir la realidad de manera ordenada, reconocible y tranquilizadora.
Los cuentos son, de alguna manera, antirealistas.
Lo que pasa es que a los cuentos supuestamente realistas los siento muy poco reales.
Son impostados, realismo en desuso, convenciones que tienden a representar.
Lo cotidiano no me interesa, ya lo padecemos como para encima escribirlo.
Me he pasado esquivando convenciones, horarios, tareas, progreso, como habitante de este mundo.
Por otro lado, me parecen trampas para olvidarse de cierto sentido trágico de la existencia y también cómico.
Yo no puedo menos que sentir absurdo, ahí donde miro veo la falla.
Es una escapada de lo solemne, de la bajada de línea, de cierto sentido grandilocuente.
La rebelión, por tanto, no se limita a las acciones de los personajes. También aparece en la forma misma de narrar: en la fragmentación, en la mezcla de géneros, en las imágenes inesperadas y en la negativa a ofrecer explicaciones definitivas.
Si algún proyecto tengo en mi escritura es el de no cristalizar en ningún género; no suponer que el terreno está ganado, sino ponerlo en jaque todo el tiempo.
Ir contra la convención de qué es un cuento.
Me gustan más las excepciones, lo insólito, lo desbocado, lo incomprensible.
El cuerpo como territorio de conflicto
Uno de los ejes más constantes en la obra de Fernanda García Lao es el cuerpo. El cuerpo no aparece como una realidad estable, sino como un territorio vulnerable, cambiante y sometido a fuerzas que lo transforman.
Me parece que no hay otra manera de entender el mundo que no sea a partir del cuerpo.
En Fuera de la jaula (2014), a una mujer se le clava un disco de música en el cuello y muere de inmediato.
Apenas después de ser enterrada, su alma escapa del cajón y, convertida en fantasma, protagoniza una historia erótica y oscura ambientada en la Argentina de finales del siglo XX.
En Nación Vacuna (2020), una novela distópica sobre los mandatos de belleza impuestos a las mujeres, García Lao escribe: La perfección no existe. En todo, reina la asimetría y lo torcido.
“La perfección me parece fascista”, responde al preguntarle si esa frase también se aplica a su escritura.
“Es un concepto de higiene, de control y de previsibilidad. Me resulta sumamente aburrida y sospechosa. Cuando escucho que alguien dice ser perfeccionista, pienso: alejate. Yo creo que soy una imperfeccionista”.
La rebelión de los cuerpos se relaciona con la resistencia frente a las normas que intentan clasificarlos, corregirlos o convertirlos en objetos de control.
En Teoría del tacto, García Lao arremete una vez más contra la familia -occidental, culpógena y cristiana- : los grupos familiares son experimentos cruentos o fallidos; el padre, un “misterio”, la maternidad, “un arrebato”.
Están, también, los cuerpos que se rebelan: la violenta y añosa desnudez del padre de Camille en “El monstruo que heredé”, y la salvaje vitalidad de Sagrario, la niña “monstrua” forzada por su madre a exponer y comercializar sus iridiscentes genitales en espectáculos públicos.
Pero, en realidad, nada de todo esto tiene mucho sentido si no experimentamos la respiración de los textos, sus giros insólitos, su humor en los recovecos.
Familia, herencia y violencia
En la narrativa de García Lao, la familia no suele funcionar como refugio. Es un espacio cerrado donde se reproducen la violencia, el poder, la culpa, la obediencia y el miedo.
“Una familia es eso. Un escuadrón que se aniquila”, se afirma en el cuento que da título al libro.
“La familia es un espanto que no merece continuidad”, se lee en otro relato.
-Todos los cuentos se podrían llamar El tormento más puro porque la familia es eso.
Las familias felices no se escriben, se disfrutan; los primeros terrores y las primeras pruebas de poder y de humillación se dan en la familia.
En la familia hay un permiso de supuesta libertad, de no intromisión y control, que reproduce la misma violencia que hay afuera pero a puertas cerradas.
La familia es oscuridad y yo no la inventé.
Yo observo nomás.
La familia es la primera organización castradora y tampoco es un invento mío.
No puedo menos que escribirlo.
La rebelión también puede entenderse como una reacción frente a las herencias familiares: discursos, mandatos, enfermedades, miedos, ideologías y formas de nombrar el mundo.
El mal está en casa y lo heredamos.
Cuando se habla de lo que te dejan tus padres, pareciera que se heredan objetos, talentos, enfermedades, pero además vicios.
No hay mayor mal como el que hacemos nosotros, no hay animal con un nivel de perversión como demuestra cualquier ser humano en algún momento de su vida.
Como madre he estado muy atenta a no heredar mis creencias a mis hijas.
“¿Le hacemos los agujeritos en la oreja para que se sepa que es una mujer?”.
No, no quiero que tengan marcas.
No quiero que la sociedad marque a mis hijas como ganado.
Me encantan las familias desorganizadas, fuera de pauta, como díscolas; los inventos familiares.
Yo tengo dos hijas de distintos padres, no hubiera podido tener una camada con un señor.
El absurdo como forma de conocimiento
El absurdo no es un simple recurso humorístico en la obra de García Lao. Permite revelar aquello que la lógica cotidiana oculta.
En lugar de establecer universos verosímiles o razonados, ofrece indicaciones didascálicas, anárquicas formas breves, puestas en escena programadas de manera cromática y mutis por el foro narrativos.
Cómo usar un cuchillo, raro volumen conceptual de cuentos unidos por la voz, por el aparente carácter espontáneo de las tramas y por cierta regularidad semántica que convierte la escritura en un indicio culpable, fantasea con humor macabro y distancia brechtiana sobre el carácter biempensante de la literatura.
García Lao llega al cuento con brío creativo, con el que quiebra convenciones y desequilibra cierta endogamia o agotamiento argumental.
En estos relatos, la autora no busca explicar el mundo, sino mostrar sus fallas, contradicciones y zonas incomprensibles.
Vivimos inmersos en un mundo hecho de palabras, historias, malentendidos anudados −la mayor parte de las veces− sin ton ni son.
De ellos, rescatamos los que nos gustan, nos resultan cómodos o atractivos, y los ingresamos en la prensa teleológica del causa-consecuencia, de una pretendida lógica.
FGL, lejos de permitirnos la tranquilidad de lo esperable, nos bombardea desde estas páginas con situaciones, personajes, flujos y contextos, hurtándose a la tarea de construir una explicación, un por qué.
Es una fuga del sentido común.
Creo que es contra lo que hay que trabajar.
FERNANDA GARCÍA LAO La entrevista del mes
La escritura como improvisación
Fernanda García Lao explica que no suele planificar de antemano las historias.
“Nunca pienso en la historia antes de sentarme a escribir. Es como estar en una selva donde todos los caminos a seguir parecen iguales, porque no se ve nada. Entonces hay que jugársela y dejarse llevar por la intuición. Escribo desmalezando”, dice la autora.
En principio es una escritura desbocada, sin control.
Un automático surrealista.
Me encanta jugar a no saber lo que viene, a soltar la razón.
Luego hay una instancia de corrección y de cambio de temperatura que hace que el cuento se ponga más contradictorio.
Hay una perversión de la palabra.
Son cuentos que se nacen a sí mismos, porque tienen ese principio anárquico.
Después de esa aparición me gusta pensar una estructura más lógica.
No era algo previo: la escritura me lleva, siempre.
Descreo de lo contrario, al menos para mí no funciona.
Cuando Fernanda García Lao se sienta en su escritorio, escribe casi sin pausas ni interrumpciones.
Muchas veces, también se graba hablando en voz alta, intentando desentrañar con la voz las historias sombrías que se le ocurren.
“Una vez que abro la posibilidad de la escritura, necesito no detenerme hasta que me quede sin aire; con las manos o con la boca. Si puedo, escribo dos o tres páginas seguidas, sin parar. Cuando hago una pausa, voy hacia atrás y voy revisando”.
Después, hace una limpieza.
“Rescato lo que me interesa y elimino enseguida lo que no. Soy muy impiadosa”.
La importancia de la frase y la imagen
Escribir para García Lao significa traducir una percepción, una imagen o una sensación a palabras.
Escribir para mí es traducir.
Por más que lo tengas en la cabeza, son las palabras las que van a conformar aquello, nunca es esa idea más abstracta: es cómo lo cuento.
A veces es una imagen, pero en general mis textos nacen de una frase, una frase que se presenta sola y no siempre cuando la estoy buscando.
Una frase que cae en la trampa de la cabeza.
Hay algo de antena en la que sí creo.
Una antena sensible que desde muy temprana edad existe.
Pero tampoco es algo buscado.
Fernanda García Lao juega con el lenguaje con la sensibilidad de una poeta y la precisión de una cirujana.
El talento para las letras y la fascinación por encontrar siempre las palabras justas son un sello de familia.
“Mi madre era poeta y mi padre era periodista. Él tenía una cierta debilidad por la corrección oral”, dice Fernanda.
“Somos tres hermanas, y cuando almorzábamos o cenábamos, si repetíamos dos veces el mismo verbo, mi padre decía busque un sinónimo, m’hijita. Yo creo que eso nos marcó a las tres desde el principio”.
El sentido de lo que dicen está atomizado en cada oración, como puntadas filosas que marcan el pulso de lo que ven y piensan, en sentencias mínimas.
La forma breve y la fragmentación
La forma breve es fundamental para comprender el estilo de la autora. Sus textos no dependen necesariamente de una trama extensa, sino de la intensidad de una escena, una voz o una imagen.
En Cómo usar un cuchillo, Fernanda García Lao hace con la literatura, lo que el punk hizo con el rock.
Integrado por veintisiete relatos breves, este libro es pura experiencia de lectura, paladeo de un asombro que descoloca con violencia y constancia, que se reestrena −virgen− con cada nuevo comienzo.
En estos relatos, la brevedad se apoya en la escansión, una de las marcas que se mantienen a lo largo de todo el volumen.
Pululan así números, títulos, blancos que organizan tanto como desordenan el discurrir de la narración.
Cómo usar un cuchillo no abunda porque prefiere ramificarse, tubérculo rizomático en constante huida del estancamiento que supone la etiqueta, la clasificación.
En la atropellada, da por tierra con argumento, estructura aristotélica, teleología, suspense.
En estos cogollos narrativos se cuenta lo que se quiere contar, porciones casi arbitrarias de historias a las que se les podría quitar o agregar sin modificar en nada el efecto, el interés de la lectura, que avanza siempre sedienta, con ganas de más.
García Lao desquicia las cómodas rutinas decodificadoras del lector, aprendidas a fuerza de repetición, obligándolo a desplegar las alas de la imaginación.
Los relatos que presenta este cuidado volumen de la Editorial Entropía se enhebran dialogados, casi didascálicos.
Como si, en el universo FGL, la literatura sólo fuera posible como diálogo, como teatro.
Los textos tardan lo que tengan que tardar, pero no abandono los proyectos.
Voces narrativas y personajes desplazados
Las voces masculinas y femeninas que narran siempre son distintas, como la forma de percibir el mundo o su manera de terminarlo.
Hay muertos, asesinos, suicidas, farsantes, casados, amantes despechados y seres abandonados.
El talento de la autora consiste en darle a cada uno de ellos un tono y un estilo preciso para hacer de su realidad algo más claro de lo que parece.
La primera persona nos mete de lleno en la cabeza del que narra, pero rápidamente nos damos cuenta que García Lao no recae en la moda de eso que se dio en llamar “literatura del yo”, y acaso su mayor mérito consiste en que esas voces nunca sean las mismas.
Los relatos suelen alternar entre personajes que asumen diferentes posiciones: la de quienes no entienden lo que pasa, la de aquellos que entienden demasiado y la de aquellos que se dejan llevar, no sin malicia, por el entorno.
La angustia de los primeros se compensa con el humor implacable de los segundos y la curiosidad de los últimos.
Mientras que algunos personajes deciden poner un final drástico a esa incomprensión, otros salen a relucir el cinismo con que observan todo, desde un lugar distanciado.
Del mismo modo, los narradores masculinos tienen una tendencia al crimen como las voces femeninas al suicidio.
Pero todos parecen jugar con su destino y aceptar que el lugar que ocupan nunca es igual.
Violencia, muerte y humor macabro
La muerte atraviesa buena parte del universo de García Lao, pero rara vez aparece como un acontecimiento solemne o previsible.
“Recuerde: un criminal quiere matar y ninguna muerta quiere morir, lo que anticipa una batalla violenta. Con los ojos cerrados, él tirará cuchilladas y sacará pedazos de aquella extraña que lo ha seguido. El asesino es un muelle de acero, la muerta crujirá como un barco que se hunde y se morirá dos o tres veces”.
-Fernanda García Lao, Cómo usar un cuchillo
El cuchillo se convierte en una imagen de la violencia, pero también en un instrumento de precisión verbal.
Esa temática, también bajo el signo del cuchillo, ampara historias de asesinatos, venganzas y suicidios; instrucciones criminales y retratos de vidas imposibles; perversiones y adaptaciones domésticas forzosas.
El cuento es un perro desbocado, rabioso, un perro que tiene poco tiempo.
Si estiro la rabia, pierde potencia.
La autora no separa el horror de la comicidad. En sus textos, una escena puede ser cruel y ridícula al mismo tiempo, porque el absurdo muestra la fragilidad de las explicaciones con las que los personajes intentan sostenerse.
Lo que pasa es que hay una ferocidad cómica desviada en lo que escribe la narradora más rara y original de la literatura argentina contemporánea.
Los sueños, los cementerios y lo ominoso
Los sueños funcionan como una fuente de imágenes y situaciones que no pueden ser planificadas racionalmente.
“Los sueños para mí son un recurso muy rico, porque son incontrolables. Una no los puede planificar. Antes tenía miedo de que se me olvidaran, pero luego aprendí a recordarlos siempre por la mañana. Ahora es como si tuviera un almacén”.
En una casa de Buenos Aires, la escritora una vez ubicó la cama en medio de la habitación, con la cabecera mirando hacia el cementerio de Olivos, que quedaba a exactamente dos cuadras.
Durante esos días, la escritora tuvo sueños truculentos y borrascosos, que fueron el hilo del que tiró para empezar a escribir su siguiente novela, Sulfuro.
“Sentí que la cama, en esa posición, habría como un canal hacia el cementerio”, dice.
Inspirada por esos sueños extraños, Fernanda comenzó a visitar el cementerio con regularidad.
Convencida de que ahí había una historia por contar, recorría las tumbas una a una, deteniéndose a leer los nombres de los muertos tallados en la piedra, a observar sus rostros en las fotografías en blanco y negro, y a reparar en los detalles de sus mausoleos y casas eternas.
Miniaturas de mundos atravesados por lo ominoso, en el sentido freudiano, donde lo familiar se vuelve desconocido y por momentos espeluznante.
Lo poético y lo absurdo son recursos necesarios para dar cuenta de una experiencia siempre inquietante.
La relación entre literatura y teatro
La formación teatral de García Lao influye en la disposición de sus escenas, en el uso de las voces y en la importancia de los cuerpos que actúan dentro del espacio narrativo.
Fernanda García Lao es escritora y dramaturga.
Escribió y dirigió obras de teatro en varios países de América latina y publicó novelas, cuentos y poesía.
Yo empecé leyendo dramaturgos que además eran narradores.
En España lo primero que leí fue Beckett, Jean Genet, Fernando Arrabal, donde siempre esa tensión entre lo discursivo y un cuerpo determinado que hace carne una idea.
También me pasa con el teatro: odio el teatro que representa, me gusta interpretar, en todo caso traducir estados a la palabra.
Me ha pasado con varios cuentos de Cómo usar un cuchillo que se convirtieron en obras de teatro.
En cada objeto pareciera que coinciden la poesía, la narrativa y el teatro.
Son textos donde hay espacios y cuerpos en determinada situación, tomados por una garganta que no es suya.
Es un escenario verbal.
Creo que todos comparten esos territorios sin límites tan claros, pero yo sí sé cuando me siento a escribir cada cosa.
Obras relacionadas para comprender su universo
| Año | Obra | Género |
|---|---|---|
| 2005 | Muerta de hambre | novela |
| 2007 | La perfecta otra cosa | novela |
| 2011 | La piel dura | novela |
| 2011 | Vagabundas | novela |
| 2013 | Cómo usar un cuchillo | cuentos |
| 2014 | Fuera de la jaula | novela |
| 2015 | Amor invertido | novela |
| 2016 | Carnívora | poesía |
| 2017 | Dolorosa | poesía |
| 2017 | Nación vacuna | novela |
| 2018 | Los que vienen de la noche | textos breves |
| 2019 | El tormento más puro | cuentos |
Cómo usar un cuchillo y otros cuentos (2013) es una colección de relatos cortos, con personajes oscuros y tramas fugaces que no vas a poder soltar.
Cómo usar un cuchillo es un raro volumen conceptual de cuentos unidos por la voz, por el aparente carácter espontáneo de las tramas y por cierta regularidad semántica que convierte la escritura en un indicio culpable.
En Teoría del Tacto (2023), hay varios textos que surgieron de hechos verdaderos, narrados por personas de mi familia.
Por supuesto, con el permiso de metamorfosearlos y de apropiármelos.
Teoría del tacto es el nuevo libro de Fernanda García Lao en el que la autora argentino-española vuelve al formato breve: una geografía compacta y brutal que le permite continuar su experimentación de formas, voces, narradores que conforman su perturbador universo literario.
Fuera de la jaula comienza con la muerte inesperada de su protagonista.
En plena celebración patriótica, un elepé se incrusta en el cuello de Aurora mientras entona la canción a la bandera.
Aunque en el “delirio marcial” la acompañan el marido, coronel retirado, el hijo bicéfalo y la mucama insolente, ninguno repara en su muerte.
Transfigurada en narradora, Aurora deviene testigo incorpóreo de su propia ausencia mientras Lana Carne, una criatura fabricada por el coronel, ocupa su lugar.
En Nación vacuna (2020), una novela distópica sobre los mandatos de belleza impuestos a las mujeres, la autora desarrolla una crítica de los mecanismos patrióticos, sociales y corporales de selección.
Al funcionario Jacinto Cifuentes se le encarga una delicada misión: seleccionar un grupo de mujeres para un "servicio patriótico" en una isla devastada por una guerra reciente y una enfermedad desconocida, que amenaza la estabilidad del país.
Cómo escribe Fernanda García Lao
- Parte de la intuición: “Nunca pienso en la historia antes de sentarme a escribir”.
- Escribe sin detenerse: “Si puedo, escribo dos o tres páginas seguidas, sin parar”.
- Corrige después: “Rescato lo que me interesa y elimino enseguida lo que no”.
- Prefiere la soledad: “Es mi única condición”.
- Trabaja con sueños y voces: “Ahora es como si tuviera un almacén”.
- Evita la perfección: “Yo creo que soy una imperfeccionista”.
- Rechaza las fórmulas: “Me gustan más las excepciones, lo insólito, lo desbocado, lo incomprensible”.
Para escribir, no me perturba dónde estoy, solo necesito estar sola.
Por eso, no escribe en cafés ni bares.
Sin embargo, se sienta en ellos para escuchar conversaciones ajenas y robar frases a escondidas que luego usa en sus textos.
Graba a los taxistas, a la gente que camina por la calle, a los hombres y mujeres que intercambian conversaciones matutinas en los negocios y cafés.
Durante un viaje reciente a Praga, por primera vez se sentó a escribir en un bar.
“No entendía lo que la gente decía, entonces nadie me distraía de mí. Al no saber el idioma, era como estar sola en cualquier parte”.
La escritura frente a la muerte
La escritura aparece como una forma de suspender el tiempo, enfrentar la pérdida y transformar el horror en lenguaje.
“Se dice mucho que la escritura es una forma de salvación. Yo, en verdad, no creo que una se salve de nada. Pero sí pienso que en la escritura hay una especie de combate contra la muerte. Mientras se escribe, se suspende el tiempo. Se suspende el espacio, se suspende el yo”.
La muerte de la madre de la autora atraviesa varios relatos y se transforma en una experiencia literaria.
Mi madre ahora es un cuento mío; es la manera que tuve de entender.
La única forma de sanar era decirlo.
En el registro literario, importa menos el hecho real que el hecho espectral que invade, como ácaros, las páginas de este libro.
Así, en “Para no sentir”, el protagonista de un duelo amoroso busca “desterrarla [a su amada] del lenguaje”.
La literatura transforma el duelo sin reducirlo a una explicación psicológica o autobiográfica.
Por eso tengo cierta distancia con las escrituras “yoicas”, porque me parece que reemplazan el inconsciente y la oscuridad.
Estamos en una época en la que imaginar es casi subversivo; la realidad ocupa tanto espacio y es tan mentirosa que creo más en la ficción.
La ficción es más pura.
Datos biográficos y reconocimientos
Fernanda García Lao nació en Mendoza, Argentina, en 1966.
Entre 1976 -fecha del inicio de la última dictadura cívico militar en Argentina- y hasta 1993 vivió y estudió en España, país al que emigró con su familia.
De regreso en Argentina se formó como actriz y dramaturga obteniendo con algunas de sus obras premios y distinciones.
Obtuvo el Primer Premio del Fondo Nacional de las Artes por su novela Muerta de hambre, el Tercer Premio Cortázar por La perfecta otra cosa y la Beca Antorchas por su obra teatral Ser el amo.
En 2011 fue seleccionada por la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL) como uno de “los secretos mejor guardados de la literatura latinoamericana”.
Fue editada en Latinoamérica, España, Francia, Italia y Estados Unidos.
Su obra fue reeditada en varios países y traducida al francés, al inglés e italiano.
Algunos de sus textos han sido traducidos al portugués, al inglés, al sueco y al griego para revistas digitales y en papel.
Es autora de las novelas Muerta de hambre, La perfecta otra cosa, La piel dura, Vagabundas, Fuera de la jaula y Nación vacuna; de los libros de cuentos Cómo usar un cuchillo y El tormento más puro; y de los volúmenes de poesía Carnívora y Dolorosa.