La primera vez que vi un fantasma: relatos de lo extraño y lo fantástico de Solange Rodríguez Pappe

La primera vez que vi un fantasma, de la escritora ecuatoriana Solange Rodríguez Pappe, es una colección de cuentos que convierte lo cotidiano en un territorio inquietante, donde lo sobrenatural, lo insólito y lo perverso conviven con la vida diaria. Los fantasmas que atraviesan este libro han tomado forma de historias.

Habitan en un avejentado hotel de carretera o en el cuerpo de una gata embarazada, se enredan en una trenza atada por una cinta azul, explotan con estruendo en el aire y se ocultan entre los dientes de una minúscula mujer desnuda. Cruzan plácidamente de un relato a otro y por momentos se vuelven una presencia tangible que se cuela en la vida de cada día, engañándonos y seduciéndonos para que intimemos con ellos.

La lectura de La primera vez que vi un fantasma nos deja con la sensación de haber experimentado algo extraordinario: una aparición terrorífica, un futuro inquietante, un recuerdo entrañable. La escritora ecuatoriana Solange Rodríguez Pappe, hábil para suponer tramas perturbadoras que dejan huellas hondas, parece haber venido para expulsarnos de la realidad y empujarnos fatalmente a la incertidumbre y a la extrañeza.

Portada de La primera vez que vi un fantasma

Una colección de cuentos entre fantasmas y vida cotidiana

Una colección de cuentos de fantasmas y con fantasmas, una encrucijada de relatos tan perturbadores como esclarecedores. Fantasmas que habitan hoteles de carretera, fantasmas que habitan gatas embarazadas, fantasmas que habitan minúsculas mujeres desnudas y trenzas atadas por una cinta azul.

Una colección de cuentos diferente, pero, como la buena literatura, siempre embrujada. La primera vez que vi un fantasma, es una peculiar colección de personajes, lugares y situaciones unidos entre sí por vínculos inesperados e inolvidables.

Cada uno de los cuentos compilados entre sus páginas arrastrará al lector por derroteros insospechados y lo dejará con la sensación de haber experimentado cuentos de extraordinaria singularidad. La primera vez que vi un fantasma explora aquello que nos asusta, aquello que nos seduce, aquello que se oculta en la parte menos iluminada de nuestra conciencia.

El libro no se restringe exclusivamente al elemento fantasmal, sino que transita también por los campos de la ciencia ficción, el género de lo extraño y el microrrelato. Eso no quiere decir que todos los cuentos incluyan este componente ultraterreno, pero sí, quizás no por casualidad, varios de los mejores, según mi gusto.

Las claves literarias de La primera vez que vi un fantasma

1. Lo fantástico nace de lo ordinario

Los cuentos de Solange Rodríguez son cuentos inteligentes, llenos de una imaginación poderosa e indescifrable que ha concebido territorios parecidos a la realidad, pero en donde tienen cabida lo insólito, lo extraño y lo perverso.

Su literatura certifica la magia que se esconde detrás de lo aparentemente trivial. La primera vez que vi un fantasma, de Solange Rodríguez, dispone lo ordinario para lo fantástico.

Relatos que llevan de la mano a eso que parece insondable para que nos quedemos allí, ya no como espectadores, sino como inquilinos. Como los fantasmas que se pasean por las páginas.

2. El miedo como frontera móvil

La primera vez que vi un fantasma enfrenta a los personajes con sus miedos y pérdidas o con sospechas perturbadoras. La autora reflexiona sobre cómo el miedo evoluciona con nosotros y cómo puede paralizarnos.

Solange trabaja de forma creativa y original una escala del terror que colinda con la nostalgia y la pesadumbre. Su inventario fantasmagórico -de seres que no terminan de encajar, que no encuentran su sitio para estar-, nos desvela algunos de sus intereses y obsesiones, como la labor que ha adoptado para reivindicar la figura femenina en la literatura.

3. Fantasmas literales y simbólicos

Los fantasmas a los que se refiere la guayaquileña Solange Rodríguez Pappe en su nuevo libro son los fantasmas del amor; o, mejor dicho, son los fantasmas a los que la cuentista australiana Christina Stead y el escritor estadounidense David Foster Wallace -dos referentes para la autora ecuatoriana- se refieren en una célebre cita que comparten y que sirve de prólogo para este conjunto soberbio de relatos: ‘Toda historia de amor es una historia de fantasmas’.

La propuesta de Rodríguez Pappe se sumerge en cuerpo y alma en el mar de lo ominoso. Su facilidad para la composición del relato extraño y la manera en que dibuja espectros -literales y simbólicos- la hacen una voz elocuente en el mapa de la ficción panhispánica, pero también una defensora cabal de la estética del género breve.

4. El cuerpo como espacio de extrañeza

El cuerpo ocupa un lugar central en sus relatos ya sea para exacerbar el tema del cuento o para producir un extrañamiento en el lector. Lo extraño, lo irreal, lo inverosímil producen, como en los sueños, atmósferas y sensaciones que revelan alguna verdad.

Los fantasmas se esconden en cuerpos, animales, objetos y espacios domésticos. Habitan en el cuerpo de una gata embarazada y se ocultan entre los dientes de una minúscula mujer desnuda.

5. Una narrativa que abre preguntas

En los cuentos de Rodríguez todo parece un juego. Una lucha. Una apuesta. Un desordenamiento para buscar otro orden. Para configurar nuevos sentidos.

Cada historia deja una puerta abierta que lleva al lector a la auto interpelación. Sus relatos no explican por completo aquello que ocurre, sino que preservan una zona de incertidumbre donde la interpretación continúa después de la lectura.

Los relatos y sus formas de lo fantástico

La recopilación reúne quince relatos fantásticos y dialoga con un abanico de textos que van de autores clásicos europeos del siglo XIX hasta obras modernas y posmodernas donde las mujeres pasan de ser musas a protagonistas.

El amor y el deseo son dos temas que Rodríguez Pappe retrabaja con humor y originalidad para subvertir el tema de la desigualdad de géneros fuera y dentro de la ficción. Rodríguez Pappe participa de una vertiente feminista de lo insólito y discute la hegemonía de lo patriarcal hablándonos simultáneamente de géneros sexuales y literarios.

Relatos sobrenaturales

Uno de los cuentos, Tiempo para desayunar, relata el día a día en un espacio liminar que podríamos identificar con alguno de los que nos aguarda, según la religión cristiana, más allá de la muerte -otra cosa es de cuál se trata-. O de si se trata de esto y no de otra cosa diferente, pero igual de desoladora.

La historia incómoda que contó Olivia el día de su cumpleaños combina perfectamente el humor con lo espeluznante. El atanudos es un efectivo cuento sobre la superstición, las maldiciones y cómo evitarlas.

El relato que da título al volumen, La primera vez que vi un fantasma, trata justamente sobre eso -o quizá no y sea la narradora quien se convierte en un fantasma en vida-, tras una historia que podríamos considerar un noir desesperanzado.

También lo sobrenatural es el motivo último de Un paseo de domingo, aunque el nivel de este cuento está un poco por debajo de los anteriores, por más que también responde a una idea notable. Algo parecido ocurre con Instantánea borrosa de mujer con luna, un microrrelato que recrea el mito vampírico.

Relatos fantásticos y distópicos

Un elemento no tanto sobrenatural, pero sí fantástico o, en algún caso, distópico, es lo que encontramos en los relatos Matadora, sobre una familia formada por una madre, su hija y una gata, que tratan de encajar en un nuevo domicilio.

Un hombre en mi cama es una distopía romántico-futurista con un trasfondo de calentamiento global y complicadas relaciones personales. Confeti en el cielo narra directamente la noche del fin del mundo, desde la perspectiva de una mujer que vive en alguna ciudad latinoamericana.

Lo surrealista y lo macabro

Los relatos más surrealistas son Funeral doméstico y Pequeñas mujercitas. Este último trata, precisamente de eso, de una colonia de diminutas mujeres, un tanto salvajes, que viven debajo del sofá de casa de los padres de la narradora.

Paladar, por su parte, no tiene ese toque fantástico, pero sí macabro -o no- y la protagonista, al igual que en muchos de los demás relatos, es una mujer latinoamericana, en este caso casada con un gringo al que le gusta explorar las gastronomías exóticas.

Microrrelatos y ejercicios literarios

Otros tres relatos -micro, en realidad- se alejan de los parámetros mencionados y casi pueden considerarse más como ejercicios literarios que como narraciones con todos sus sacramentos: Conversación de los amantes, Cuento antes de ir a la cama y Pistola cargada.

Este último, que es el más extenso y también el mejor de los tres, resulta más interesante, además, porque se trata de un ejercicio irónicamente metaliterario: la pistola del título vendría a ser la famosa «pistola de Chéjov». En todo caso, es un cuentito a la altura de los mejores del libro.

RelatoForma de lo fantástico
Tiempo para desayunarEspacio liminar y posibilidad de una existencia más allá de la muerte
La historia incómoda que contó Olivia el día de su cumpleañosHumor y horror
El atanudosSuperstición, maldiciones y formas de evitarlas
La primera vez que vi un fantasmaFantasma, noir y transformación de la narradora
Un paseo de domingoMotivo sobrenatural
Instantánea borrosa de mujer con lunaMicrorrelato y mito vampírico
MatadoraFantástico familiar y adaptación a un nuevo domicilio
Un hombre en mi camaDistopía romántico-futurista
Confeti en el cieloFin del mundo
Pequeñas mujercitasSurrealismo y colonia de mujeres diminutas
PaladarMacabro y gastronomía exótica
Pistola cargadaEjercicio metaliterario

Una escritura de la incertidumbre

Solange Rodríguez es una de las autoras más representativas del nuevo cuento latinoamericano, desconfía del orden de la realidad y recupera en sus relatos la vieja tradición de contar historias, un oficio que sorprende y cautiva al lector en el encuentro con lo inesperado, configurando unas historias tan asombrosas como verosímiles e inquietantes.

Este volumen de cuentos confirma la originalidad y el don para idear situaciones perturbadoras que posee Solange Rodríguez Pappe, aportando con su ingenio siniestro al poderoso torrente de la literatura latinoamericana de imaginación fantástica.

La autora no se limita a presentar una manifestación de lo «extrañamente inquietante», de aquello que debía mantenerse reprimido y de pronto emerge. Sus textos atrapan al lector porque deconstruyen lo siniestro.

Rodríguez Pappe es en realidad una narradora de enfoque contemporáneo, y su fórmula no se reduce a exponer lo insólito, sino a armonizar con ello. En esa línea, sus personajes no huyen, no se espantan, sino que se albergan en el espectro de la amenaza.

Ese simple toque de contemporaneidad, ese camino alternativo hacia la ficción, es el que ayuda a que sus cuentos no se conviertan en solamente repeticiones. Por su apuesta neofantástica, que hace hincapié en el extrañamiento de lo real, algunas de las páginas de Rodríguez Pappe recuerdan a las propuestas por Samanta Schweblin.

Otras, en las que, sirviéndose del género del terror, muestra un mundo de desigualdades o machismo, recuerdan a los cuentos de Mariana Enríquez. Los caminos que están abriendo las nuevas escritoras hispanoamericanas, sobre todo en el mundo del relato, forman una corriente de imaginación poderosa y diversa.

El papel de las mujeres en el libro

La primera vez que vi un fantasma se inscribe en una narrativa donde las mujeres dejan de ser figuras secundarias y pasan a ocupar el centro de la experiencia fantástica. Las mujeres que trabajan la literatura de la imaginación en América Latina están armando una tradición sin saber lo que estaba haciendo la otra.

La aspiración de la autora es formar parte de esa raíz de mujeres que están creando un nuevo discurso femenino, muy poderoso, muy diferente a los discursos anteriores pero con mucha imaginación.

La reivindicación de la figura femenina en la literatura atraviesa un inventario de seres que no terminan de encajar y que no encuentran su sitio para estar. Las protagonistas se enfrentan a la soledad, al deseo, a la violencia, a la desigualdad y a formas de amenaza que no siempre pueden nombrarse de manera explícita.

Muchos, cuando se habla de fantástico, piensan en dragoncitos y hombrecitos verdes, que también son muy respetables. Pero además se trata de otras cosas, que tienen que ver con la condición humana: la soledad, todo aquello que no puede decirse de modo explícito.

Una lectura marcada por la nostalgia y la inquietud

La sensación que deja la lectura de esta recopilación de cuentos es algo ambivalente: muy satisfactoria en el caso de los primeros cuentos mencionados, algo menos en los últimos.

Sobre todo, queda la idea de un tipo de narración adscrito -aunque no del todo, o no siempre- a lo fantástico, pero que deja un regusto más agridulce, melancólico, incluso, que la mayoría de la literatura que podemos considerar de este género.

Ironía, espectros y quimeras, juegos imaginativos entre lo real y lo maravilloso seducirán hasta a los escépticos de lo fantástico. Son historias situadas entre la sordidez de los fantasmas personales de Poe y la sutileza de la Rebeca de Daphne du Maurier.

La escritora consigue sacar de la zona de comodidad incluso a quienes no son anhelantes de lo improbable. Su visión única traduce lo mundano en lo fantástico, y el libro deja una huella que puede perseguir al lector en sueños.

Solange sabe cómo lidiar con temas escabrosos con sutileza y maestría, y se vuelve mujer-monstruo, mujer-fantasma, ojo en algún lugar escondido de una habitación, niña-mujer que deambula por un mundo hostil y que, a pesar de ello, no deja morir la belleza.

Solange Rodríguez Pappe y su lugar en la literatura fantástica

Solange Rodríguez Pappe (Guayaquil, Ecuador, 1976) es una escritora interesada en el género de lo extraño y lo fantástico. Para Solange Rodríguez las impresiones visuales son el elemento germinal de su proceso creativo, y entonces contar historias de horror y de magia; suspenso y lo fantástico.

Cursó sus estudios superiores en la Universidad Católica de Santiago de Guayaquil, donde obtuvo una licenciatura, después, un máster en Literatura Hispanoamericana por la Universidad Andina Simón Bolívar. Ha ejercido como profesora de educación superior en varias universidades de Ecuador.

Es catedrática universitaria desde hace varias décadas y coordinadora de talleres de escritura creativa. Ha realizado investigaciones sobre el fin del mundo en Latinoamérica para su tesis de maestría en Estudios de la Cultura.

Como narradora ha publicado los libros Tinta sangre (2000), Dracofilia (2005), El lugar de las apariciones (2007), Balas perdidas (2010), Caja de magia (2015), Episodio aberrante (2016), La bondad de los extraños (2016) y Levitaciones (2017).

Con Balas perdidas ganó en Ecuador el Premio nacional de relatos Joaquín Gallegos Lara al mejor libro del año 2010. Sus relatos han sido traducidos al inglés, al francés y al mandarín.

La publicación de La primera vez que vi un fantasma corrobora varias verdades acerca de la narrativa de una escritora que, en lo que va del siglo XXI, ha decidido sumergirse en cuerpo y alma en el mar de lo ominoso.

Datos de la obra

DatoInformación
AutoraSolange Rodríguez Pappe
Origen de la autoraGuayaquil, Ecuador
Año de publicación2018
EditorialCandaya
GéneroCuento
Número de páginas144
IdiomaCastellano
Tiempo estimado de lectura3h 21m
ValoraciónEntre recomendable y está bien

La experiencia de lectura

La principal cualidad de La primera vez que vi un fantasma es su perfecta funcionalidad como exhibición iniciática. Se trata de una colección de cuentos que establece una «primera vez» para muchos lectores no latinoamericanos, abanderada por textos inéditos -como la «placentera» narración que le da nombre al libro-, y compuesta también por algunos relatos de volúmenes anteriores como Balas perdidas (2010) y La bondad de los extraños (2014).

Esa mezcla de archivo y nueva invención conjuga un valioso descubrimiento que va desde el breve «fotograma» insólito hasta el arco narrativo extenso, enlazando así las distintas facetas y técnicas de expresión de la autora.

Después de tantas lecturas de sus libros, queda claro que la propuesta de Rodríguez Pappe es una propuesta singular. No se trata de «otra escritora de lo terrorífico» o de «otra narradora de lo fantástico».

Su obra es heredera y extensión natural de la de Ana María Shua; sin embargo, sabe cuándo ponerse el atuendo de Pablo Palacio, cuándo vestir un Cortázar y cuándo perderse en las moradas del viento de Ursula K. Le Guin.

Este nuevo libro revalida esa amplitud, pero a la misma vez sitúa al lector ante recursos propios recurrentes, al margen de los préstamos de sus antecesores. La autora ha confeccionado un volumen de relatos perfecto, de esos que dejan una muesca indeleble.

En cualquier caso, dan ganas de seguir leyendo la narrativa de esta autora, sean relatos -que creo que es lo que más ha cultivado- o novela, un nombre más que añadir a la magnífica y extensa lista de escritoras latinoamericanas que están dando forma a esta época.

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