La familia como primera escuela de las emociones: claves para el desarrollo emocional en la infancia

La familia es la primera escuela emocional para los niños y niñas. Es en casa donde aprenden a reconocer, expresar y gestionar sus emociones, y la relación que padres y madres construyen con sus hijos e hijas resulta clave para el desarrollo de competencias emocionales esenciales.

La educación emocional en la infancia ayuda a reconocer lo que se siente, comprender por qué aparece una emoción y encontrar formas saludables de expresarla y regularla. Este aprendizaje fortalece la autoestima, favorece la empatía y las habilidades sociales, mejora la convivencia y contribuye al cuidado de la salud mental tanto en el presente como en el futuro.

La familia, la primera escuela de las emociones es una obra de Mar Romera que aborda las dificultades y los conflictos más comunes que padres y madres suelen encontrar durante el desarrollo y los procesos de aprendizaje en la infancia. La autora escribe desde su experiencia como docente y también desde su rol materno, combinando ambos contextos de conocimiento.

El desarrollo integral y el papel central de las emociones

“El crecimiento integral del ser humano se apoya en cuatro pilares fundamentales: el físico, el cognitivo, el emocional y el trascendental” (p. 21). De acuerdo con la autora lo emocional es el gran hilo que une el desarrollo integral de la persona.

La educación emocional es una pieza clave para el bienestar de los niños y niñas. Aprender a reconocer, entender y gestionar sus emociones les permite afrontar con mayor confianza los desafíos del día a día.

No se trata solo de controlar los sentimientos negativos, sino de aceptar y gestionar todas las emociones, desde la alegría que los llena de energía hasta la tristeza que a veces los abruma. Este aprendizaje no solo fortalece su autoestima, sino que también les ayuda a llevarse mejor con sus compañeros y compañeras y a cuidar de su salud mental, tanto ahora como en el futuro.

La autora recuerda una frase del neurocientífico Francisco Mora: sólo se aprende aquello que se ama. La educación emocional se ha convertido en un elemento clave tanto para mejorar la salud mental de los jóvenes como para favorecer el aprendizaje desde edades tempranas.

Hoy en día existe un acuerdo transversal de que la inteligencia emocional juega un papel importante en el desarrollo de las personas y las sociedades: “En definitiva, una gestión eficaz de las emociones es clave para nuestro bienestar” (p.198), por este motivo, agrega, la pedagogía emocional se ha convertido en el pilar educativo fundamental del siglo XXI.

Familia conversando sobre emociones infantiles

Por qué la familia es la primera escuela emocional

Es necesario comprender que la base de la educación emocional se forma dentro de la familia y no únicamente desde la escuela. La familia es la primera escuela de educación emocional, todas las familias lo saben, lo que pasa es que muchos padres y madres no se sienten preparados para acompañar el desarrollo emocional de sus hijos, aunque cada vez son más los que buscan asesoramiento, se forman, acuden a conferencias o leen libros sobre el tema.

Para que esto sea posible, es fundamental que la educación emocional esté presente no solo en la escuela, sino también en el hogar. Padres, madres y docentes tienen la oportunidad de ofrecer a los niños y niñas un espacio donde puedan expresarse con libertad y aprender a manejar sus emociones de forma segura.

Cuando las personas adultas de referencia muestran una expresión emocional adecuada, no solo fortalecen el vínculo familiar, sino que también crean un ambiente de convivencia positivo en el que todos se sienten escuchados y valorados.

Para lograrlo, es importante que padres y madres adopten una actitud de paciencia, empatía y atención plena hacia las necesidades emocionales de sus hijos e hijas. No se trata de ser perfectos, sino de ser un modelo emocional saludable.

Los niños aprenden observando a los adultos

Un último factor que releva en su libro es que “Nuestros hijos no aprenden lo que les enseñamos, nos aprenden a nosotros” (p. 37), aprenden de nuestros sueños, nuestros miedos, nuestras ilusiones, nuestros hábitos y nuestros valores. Nos observan, somos su medida de las cosas.

Podemos enseñarles que no se debe mentir, pero luego les pedimos que digan que no estamos cuando nos vienen a cobrar una deuda a nuestra casa. Aprenden de nuestras conductas.

De esta manera la coherencia es clave en nosotros los adultos hacia los niños porque querámoslo o no somos modelos para ellos, seamos buenos o malos o regulares, somos su modelo por seguir.

Además, modelar comportamientos emocionalmente inteligentes por parte de las personas adultas sirve como ejemplo para que aprendan a manejar sus propias emociones de manera saludable. Los hijos deben entender también que la emotividad no es algo sorprendente e incontrolable, sino un medio de expresión de su personalidad, y como todo medio de expresión, puede ser educado.

Respetar la individualidad de cada niño y niña

Otro aspecto que recalca la autora es que los sueños y deseos de los padres y madres no son los sueños y deseos de los niños y las niñas. Por tanto, debemos estar atentos a sus motivaciones, intereses y conocerlos a fondo para lograr comprender sus emociones.

Al respecto señala que “Nuestros hijos e hijas son nuestro proyecto, pero nuestros proyectos no son los suyos y la clave de la educación está en respetarlos (p. 29).

Mar Romera expone las dificultades y los conflictos más comunes que padres y madres se pueden encontrar durante el proceso de aprendizaje de los más pequeños, y propone formas de actuar que ayudarán en las relaciones entre padres e hijos para aumentar su capacidad de análisis y de actuación.

Una infancia diferente y el derecho a equivocarse

La infancia del siglo XXI es diferente a la de décadas anteriores. Mediada por las tecnologías, por un mundo cambiante en donde el éxito no está garantizado y que nos lleva como padres a la hiperprotección y la hiperocupación.

En este sentido no hay recetas y lo importante es dejarles vivir su infancia, darles el derecho a equivocarse para mejorar su resiliencia y hacerlos fuertes ante la frustración. Con calma y con mucho afecto.

Les tenemos que enseñar a entrar en calma y a manejar la frustración, un aspecto muy importante para el bienestar y que cada vez está menos presente en los niños, porque se la van a encontrar en su día a día y no la podemos evitar.

Aprender a gestionar las emociones desde la infancia permite afrontar los retos con más confianza y seguridad. También enseña a aceptar los momentos difíciles sin interpretar la frustración, la tristeza o el miedo como emociones que deban ocultarse o rechazarse.

Identificar, comprender y gestionar las emociones

La educación emocional ayuda a los niños y niñas a enfrentar los desafíos de la vida diaria con más confianza y seguridad. Les enseña a reconocer lo que sienten, a entender por qué se sienten de esa manera y, sobre todo, a encontrar formas saludables de manejar sus emociones.

Esta habilidad no solo les permite superar momentos difíciles, sino que también contribuye a su crecimiento personal. Cuando aprenden a gestionar sus emociones desde la infancia, están mejor preparados/as para convertirse en personas emocionalmente competentes, lo que influye directamente en su bienestar tanto en el presente como en el futuro.

Fomentar la inteligencia emocional desde la infancia ayuda a que crezcan con más empatía, resiliencia y mejores habilidades sociales. Esto no solo les prepara para resolver los retos que vayan encontrando a lo largo de su vida, sino que también les enseña a construir relaciones más sanas y significativas con los demás.

Identificación de emociones

Es esencial que aprendan a reconocer y nombrar sus emociones. Actividades como el uso de tarjetas con expresiones faciales o juegos de rol pueden facilitar este proceso, ayudándoles a asociar sentimientos con palabras y mejorar su autoconciencia emocional.

En definitiva, para ayudar a los hijos a tener una buena gestión emocional, primero, deben aprender a nombrar las emociones. Cuando ponen nombre a sus emociones, empiezan a poderlas manejar.

Comprensión de las emociones

Fomentar la empatía y la comunicación abierta les permite entender no solo sus propias emociones, sino también las de los demás. Discutir situaciones cotidianas y cómo se sienten al respecto promueve una mayor comprensión emocional y habilidades sociales.

Ellos pueden aprender y enseñar a sus hijos, desde bien pequeños, a reconocer lo que sienten, a saber expresar sus emociones de forma adecuada, a comprender también lo que sienten los demás, a pensar en positivo, a comunicarse de forma asertiva, a saber tomar decisiones, etc.

Gestión y regulación emocional

Enseñar técnicas de regulación emocional, como la respiración profunda o la relajación, les proporciona herramientas para manejar el estrés y la frustración. Deben aprender a regular su expresión, es decir, a expresarlas de manera adecuada, sin reprimirlas, pero sin hacer daño a otros con su expresión.

Les tenemos que enseñar a entrar en calma y a manejar la frustración, un aspecto muy importante para el bienestar y que cada vez está menos presente en los niños, porque se la van a encontrar en su día a día y no la podemos evitar.

Y, por último, aprender a pensar en positivo y a ser resilientes. Una persona que sabe gestionar sus emociones es más madura, sabe hacer frente a los retos que la vida le depara con buen ánimo, conoce su mundo emocional, sabe gestionar las emociones de los demás y es capaz de cambiar su estado emocional interno.

Validar las emociones sin reprimirlas

En primer lugar, es necesario legitimar todas las emociones que sienten, tanto adultos como niños, acompañar a nuestros hijos en su alegría, consolarles cuando están tristes, entender sus enfados y aportarles herramientas para entrar en calma, comprender sus miedos y protegerles, a la vez que los animamos a enfrentarse a ellos.

Nunca debemos ridiculizar ni reprimir sus emociones. Validar una emoción no significa aprobar cualquier conducta, sino reconocer que aquello que el niño o la niña siente merece ser escuchado y acompañado.

Cuando un niño/a está triste o molesto, escucharle y validar lo que siente es esencial. Decir «entiendo que te sientas triste porque no pudiste jugar con tus amigos hoy» le hace saber que sus sentimientos son legítimos y dignos de atención.

Una expresión emocional adecuada permite que los niños comprendan que todas las emociones pueden formar parte de la experiencia humana y que existen maneras respetuosas de expresarlas.

Estrategias prácticas para aplicar en casa

Cada vez más familias y escuelas se dan cuenta de lo importante que es enseñar a los niños y niñas a manejar sus emociones. Padres, madres, docentes y cuidadores tienen un papel fundamental en este proceso.

No se trata de hacerlo todo perfecto, sino de acompañarles con paciencia y empatía. Para ello, se pueden usar estrategias sencillas y prácticas, como leer cuentos, jugar a identificar emociones o practicar técnicas de respiración para la calma.

Modelar la expresión emocional

Mostrarles cómo se expresan las emociones de forma abierta y controlada. Por ejemplo, decir «me siento frustrado/a porque no puedo resolver esto ahora mismo» les enseña que está bien sentirse así y, al mismo tiempo, cómo expresarlo de forma respetuosa.

Los adultos pueden explicar lo que sienten sin convertir al niño en responsable de su estado emocional. De este modo, la vida cotidiana se transforma en una oportunidad para aprender vocabulario emocional, autocontrol y comunicación respetuosa.

Compartir tiempo de calidad

Realizar actividades conjuntas en familia, como jugar, cocinar o conversar sin prisas, fomenta la expresión emocional y fortalece la empatía entre todas las personas de la familia.

Estos momentos permiten observar cómo se sienten los niños, conocer sus intereses y comprender mejor sus preocupaciones. También favorecen un vínculo seguro en el que pueden hablar de sus experiencias sin temor a ser ridiculizados.

Utilizar cuentos y relatos

Actividades cotidianas como hablar sobre sus emociones, utilizar cuentos para identificar sentimientos o practicar técnicas de respiración, les enseñan a gestionar lo que sienten de forma más saludable.

Un libro en que Mar Romera acompaña sus dichos con muchos relatos, historias y cuentos tomados de la historia, de la costumbre y de las tradiciones, lo que le da un plus adicional que lo hace más interesante de leer.

Los cuentos permiten reconocer emociones en los personajes, hablar sobre conflictos y explorar distintas formas de responder ante el miedo, la tristeza, el enfado o la frustración.

Practicar la respiración y la calma

Las técnicas de respiración profunda o relajación proporcionan herramientas para manejar el estrés y la frustración. Pueden practicarse en momentos de tranquilidad para que los niños conozcan estos recursos antes de necesitarlos en una situación difícil.

Aprender a entrar en calma no significa negar el enfado o la tristeza, sino disponer de un tiempo y de unas estrategias para regular la intensidad de la emoción y elegir una respuesta más adecuada.

El impacto del desarrollo emocional en el aprendizaje

Aprender con emoción y utilizar las emociones que favorecen el aprendizaje deberían formar parte del día a día de cualquier clase en cualquier etapa educativa, aunque es cierto que, a medida que los alumnos pasan de curso, los contenidos curriculares pasan a ser el principal motivo de la enseñanza en las aulas, olvidando que los seres humanos somos, en primer lugar, seres que sentimos, y en segundo lugar seres que pensamos.

Se ha demostrado científicamente que la educación de las emociones tiene consecuencias muy positivas para los alumnos. En primer lugar, muchos problemas de conducta y bajo rendimiento académico tienen su origen en problemáticas de tipo emocional y no en su falta de capacidad cognitiva.

Además, la neurociencia ha demostrado que las emociones afectan al aprendizaje, por tanto, la emoción es un ingrediente básico del proceso cognitivo, del razonamiento. Estos descubrimientos científicos implican una función mucho más importante para la comprensión e integración de las emociones en el aprendizaje.

Así podemos decir que hay estados emocionales que favorecen el proceso de enseñanza-aprendizaje y que hay otros que lo dificultan, debido a las reacciones tanto físicas como psicológicas que las emociones provocan en los alumnos.

Hay emociones que ayudan a aprender, pero otras limitan el pensamiento y dañan de forma severa el proceso de aprendizaje. El profesorado debería tener en cuenta qué emociones provoca en su clase o qué emociones provoca en los alumnos su asignatura.

Continuidad entre familia y escuela

La educación emocional debe comenzar en la etapa de educación infantil. En esa etapa el aprendizaje siempre es emocional, por eso su abordaje está más extendido.

La presión sobre el aprendizaje de conocimientos puede ahogar la emoción y además la presión a la que suelen estar sometidos estudiantes más mayores por aprobar o sacar buenas notas pueden hacer que el alumno entre en estados de estrés que en nada favorecen su rendimiento y pueden ser la puerta a otro tipo de problemas emocionales.

Si todo el profesorado conociera cómo manejar el mundo emocional del alumnado para potenciar y favorecer su aprendizaje, todos usarían esos conocimientos a favor de un buen rendimiento en su asignatura.

La educación emocional en la infancia es un pilar esencial para el crecimiento integral de niños y niñas. Tanto en la familia como en la escuela, se pueden aplicar diversas estrategias para que los niños y niñas adquieran esta valiosa competencia emocional.

La formación emocional del profesorado

Es importante que los docentes se formen en este campo tan importante y de tanta influencia sobre el aprendizaje, la salud, la conducta y el bienestar de su alumnado y de él mismo, claro.

La formación del profesorado solo aborda temas relacionados con la educación emocional en la Universidad de La Laguna, de modo que tenemos un reto por delante, para que en la etapa formativa, el docente aprenda las estrategias y metodologías para abordar la educación emocional de su alumnado.

Yo llevo más de veinticinco años formando a claustros y debo decir que los primero beneficiados son ellos como personas, y después sus alumnos. Y es comprensible, porque nadie les ha enseñado, por ejemplo, técnicas de autocuidado emocional, y es algo muy necesario en momentos donde el malestar docente alcanza cotas preocupantes.

Por tanto, más allá de iniciativas particulares de algunos centros, que son a valorar, se debería abordar en el Grado, en la Universidad.

La educación emocional durante la adolescencia

No solamente es necesario sino imprescindible ya que, con la entrada en la adolescencia, se producen cambios emocionales muy potentes que deben aprender a manejar.

Si un alumno ha recibido educación emocional desde pequeño, cuenta ya con una «caja de herramientas» emocionales que le ayudarán mucho y se nota perfectamente, y en mi experiencia lo he comprobado, todo ese entrenamientos anterior.

Lo que hay que hacer es adaptar la metodología a la etapa del desarrollo emocional en la que está el alumno y utilizar actividades y dinámicas que tengan que ver con sus intereses y momento de vida.

Así mismo, el propio alumno puede llevar su entrenamiento fuera del aula y esto es muy importante porque la adolescencia es una época de mucha relación social, mucha interacción entre iguales, y tener adquiridas habilidades emocionales causa un impacto muy positivo en este ámbito.

De hecho, hay programas específicos de educación emocional para adolescentes y yo diría que son muy necesarios, a la vista del aumento de casos de autolesiones, suicidios, depresión y ansiedad, que están alcanzando cifras alarmantes. No olvidemos que uno de los objetivos de la educación emocional es la prevención múltiple.

Educación emocional, convivencia y prevención del bullying

Esta educación emocional también resulta clave para evitar casos de bullying. El aula es un espacio de convivencia, por lo tanto, es un ámbito donde se generan frecuentes conflictos interpersonales ocasionados por múltiples motivos y derivados de las características propias del desarrollo en estas edades.

Para resolver conflictos hay que poner el acento primero en el diálogo, en la comprensión empática entre los protagonistas, pero para ello primero hay que favorecer la creación de un concepto adecuado de uno mismo.

De esta forma, ejercitándose gradualmente en la resolución de conflictos y combinando su proceso de autoafirmación con el dominio de las relaciones interpersonales, se darán cuenta de las ventajas de la colaboración frente a la competición.

Al ser capaz el niño de comprender sus propios sentimientos y los de los demás, podrá desarrollar respuestas creativas al conflicto. En realidad, la violencia es una respuesta destructiva ante el conflicto.

Los niños tienden a ser crueles con los niños que perciben como más débiles. Por este motivo, la educación emocional debe trabajar la autoestima, la empatía, la asertividad, la capacidad de pedir ayuda y la responsabilidad de quienes observan una situación de acoso.

Acompañar a quien sufre bullying

Un profesor que percibe acoso o maltrato por parte de un alumno a otro debe trabajar con los dos a la vez, desarrollando habilidades emocionales diferentes.

Al que sufre bullying, aumentando su empoderamiento, su autoestima y su asertividad, para que sea capaz de poner límites a los demás y enfrentarse a situaciones difíciles.

Debe enseñarle a defenderse y a pedir ayuda, debe ayudarle a sacar su valentía sin violencia.

Trabajar con quienes agreden

Con los agresores hay que desarrollar su capacidad empática y redireccionar su forma de comportarse hacia otro tipo de actos solidarios y de ayuda.

La empatía mejora la conducta prosocial al permitir sentir lo que siente el otro.

Incluir a los observadores

Con los observadores pasivos también hay que trabajar, con los que ven el acoso y callan, por eso la educación emocional en el aula ha demostrado ser uno de los elementos que mejor previenen el bullying en los centros.

Beneficios de una educación emocional continuada

Aprender a gestionar emociones es un objetivo de la educación emocional a partir de los seis años, más o menos, ya que los mas pequeños necesitan de un adulto que le ayude a co-regular sus emociones, por eso no podemos hablar de autorregulación en la etapa de infantil.

A partir de la etapa de Primaria tiene varios efectos positivos sobre el aprendizaje, la conducta, la motivación, la atención, etc. Numerosos estudios confirman sus efectos, además de ser un factor de prevención múltiple muy potente.

Sus relaciones sociales son más satisfactorias, es empática y sabe trabajar en equipo a la vez que su forma de comunicarse es asertiva y respetuosa. Tiene una buena autoestima y se pone metas y objetivos realistas, que intenta conseguir con esfuerzo y constancia.

Todo ello le ayuda a tener un mejor nivel de bienestar personal. Estas habilidades también favorecen la adaptación a los cambios, la resolución de conflictos y la construcción de relaciones significativas.

La propuesta de Mar Romera

“Ningún hijo o hija viene con un manual de instrucciones. Llegan a casa, lo ocupan todo y a partir de eses instante toca amar e improvisar” (p. 19).

Mar Romera nos relata a través este libro las dificultades y conflictos más comunes que los papás y mamás suelen encontrar durante ese espacio de desarrollo de los procesos de aprendizaje durante la infancia.

Habla desde su profesión como docente de escuela, pero también lo hace desde su rol materno lo que confiere un valor especial al combinar ambos contextos de conocimiento. Entre ambos modos de vivir ha reunido una serie de experiencia que ha intentado sistematizar en esta obra sobre la familia.

Aprender a educar en las emociones es el mejor regalo para el desarrollo de nuestros hijos. El mayor regalo que les podemos hacer a nuestros hijos para que crezcan sanos, felices y conscientes de quiénes son es enseñarles a convivir con las emociones.

Finalmente, cierra con la siguiente frase: “Debería prohibirse ejercer de padres o de docentes a aquellas personas que no tienen el optimismo como bandera” (p. 201).

Datos de la obra

DatoInformación
TítuloLa familia, la primera escuela de las emociones
AutoraMar Romera
EditorialEdiciones Destino
Añomayo 2020
PaísEspaña
Número de páginas203

Sobre Mar Romera

Mar Romera Morón nació en Heidenheim (Alemania) en 1967, aunque desde muy pequeña vive en Granada. Es madre, maestra, licenciada en Pedagogía y en Psicopedagogía, especialista en inteligencia emocional e innovación y autora de varios libros sobre la educación, la infancia y la escuela, entre ellos La familia, la primera escuela de las emociones (2017), La escuela que quiero (2019) y Olas en la barriga (2021).

Preside la Asociación Pedagógica Francesco Tonucci y es autora del modelo pedagógico «Educar con tres Ces: Capacidades, Competencias y Corazón».

Ha trabajado como docente en todas las etapas del sistema. Activista de la educación. Conferenciante. Escritora. Diseñadora de sueños con la infancia como protagonista. Dinamizadora de equipos. Optimista.

Recomendado para leerlo en familia y trabajarlo en una escuela para Padres.

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