Las historias de terror en primera persona presentan sucesos inquietantes como experiencias vividas por quien los cuenta, lo que aumenta la sensación de cercanía y realismo. Pueden basarse en leyendas urbanas, anécdotas paranormales, relatos de campamento o testimonios de personas que aseguran haber visto, oído o sentido algo inexplicable.
La clave del género está en narrar los hechos desde la experiencia directa: una voz en una grabación, una sombra al otro lado de la cama, unos pasos en una casa vacía o una presencia que aparece durante la noche. Octubre y noviembre son meses en los que la atmósfera se llena de misterio y cosas increíbles pueden pasar. Sonidos extraños, sombras que deambulan y sucesos que aparentemente no tienen una explicación lógica se vuelven una constante.
Qué caracteriza a una historia de terror en primera persona
Las historias de terror han acompañado al ser humano desde tiempos inmemoriales. En su ensayo El horror sobrenatural en la literatura, H.P. Lovecraft afirmó "lo desconocido al igual que lo impredecible, se convirtió para nuestros antepasados primitivos en una fuente tremenda y omnipotente de calamidades”.
Estas leyendas urbanas e historias de terror suelen tener un origen desconocido o incierto, pero se difunden con rapidez gracias a los medios de comunicación o las redes sociales. Algunas se basan en hechos reales, pero se exageran o se distorsionan para crear un efecto más impactante. Otras son pura invención, pero se aprovechan de los miedos o las inquietudes de la gente para generar credibilidad.
Se transmiten por tradición oral, de boca en boca, y van embelleciéndose con cada nueva versión, creando un folclore contemporáneo. Se ceban en la superstición y en el morbo, y casi siempre tienen cierta moralina, “si haces tal -o si no lo haces-, te pasará esto…”.
Cómo contar una historia de terror en primera persona
Cuando se cuentan estas historias, parte de la gracia es adaptarlas para que parezca que han ocurrido cerca de tu hogar. O del de la persona que quieras asustar. Antes de empezar a leer, es obligatorio que pongas una luz tenue y una linterna encendida debajo de tu barbilla.
Para reforzar la sensación de realidad, conviene contar los hechos como si le hubieran ocurrido al narrador, a un amigo cercano o a alguien que estuvo presente. La historia debe avanzar desde una situación cotidiana hacia un detalle extraño, y terminar con una revelación breve que cambie el significado de todo lo ocurrido.
| Recurso | Efecto en el relato |
|---|---|
| Primera persona | Hace que la experiencia parezca directa y cercana. |
| Detalles cotidianos | Presentan el suceso sobrenatural dentro de una situación reconocible. |
| Silencios y pausas | Aumentan la tensión antes de la revelación. |
| Final inesperado | Reinterpreta los hechos y deja una imagen inquietante. |
| Referencias geográficas | Permiten adaptar la historia al entorno de quien escucha. |
Historias de terror en primera persona para contar
Golpes en el coche
Una familia, compuesta por dos pequeños y sus padres, viajaban por carretera hacia [. ] cuando el coche se les averió. Los padres salieron a buscar ayuda y, para que los niños no se aburrieran, les dejaron con la radio encendida. Cayó la noche y los padres seguían sin volver cuando escucharon una inquietante noticia en la radio: un asesino muy peligroso se había escapado de un centro penitenciario cercano a [. ] y pedían que se extremaran las precauciones.
Las horas pasaban y los padres de los niños no regresaban. De pronto, empezaron a escuchar golpes sobre sus cabezas. “Poc, poc, poc”. Los golpes, que parecían provenir de algo que golpeaba la parte de arriba del coche, eran cada vez más rápidos y más fuertes. “POC, POC, POC”.
Los niños, aterrados, no pudieron resistir más: abrieron la puerta y huyeron a toda prisa. Solo el mayor de los niños se atrevió a girar la cabeza para mirar qué provocaba los golpes. No debería haberlo hecho: sobre el coche había un hombre de gran tamaño, que golpeaba la parte superior del vehículo con algo que tenía en las manos: eran las cabezas de sus padres.
Yoduloso
Hace unos años, en un campamento, hubo un grupo de jóvenes que, durante una excusión, se perdió. Tras varias horas perdidos, encontraron a un hombre solitario: llevaba un hacha a la espalda y no les daba buena espina pero, desesperados, le preguntaron cómo se llegaba al pueblo.
A pesar de la primera impresión, el hombre resultó ser supergradable: les dijo que se llamaba Yoduloso y les acompañó hasta el pueblo, donde se despidió. Antes, se hizo una foto junto a los jóvenes. El grupo de jóvenes contó en el pueblo que el hombre que los había llevado hasta allí se llamaba Yoduloso, pero los vecinos de la localidad dijeron que aquello era imposible.
El único Yoduloso que había habido en el pueblo falleció hace más de 100 años, y murió de una forma horrible: un grupo de niños jugaba a la pelota y se le escapó, y Yoduloso fue a por ella. Llevaba un hacha en la mano y tuvo la mala suerte de tropezar y cortarse su propia pierna. Murió desangrado.
Sin embargo, cuando revelaron aquella foto que se habían hecho al llegar al pueblo, se percataron de algo que les hizo cambiar de parecer: Yoduloso había desaparecido de la fotografía.
Manitou
Hace muchísimos años venía a los campamentos un joven llamado Manitou. Debido a su mal comportamiento, fue expulsado del campamento, y decidió vengarse. Durante toda la eternidad: aunque esto ocurrió hace muchísimo tiempo, Manitou sigue visitando los campamentos.
Podemos saber que está cerca porque antes de su llegada puede escucharse un sonido similar al de un tambor. En ocasiones, al despertar, algunos niños se han dado cuenta de que les habían dibujado en la frente, o por el cuerpo, una letra M en color roja. Está pintada con sangre.
El loco bajo la cama
Esta es la historia de una joven de [. ], llamémosla Sara. De pequeña, Sara tenía miedo a la oscuridad, hasta que adoptó a un perro que le hacía compañía. Durante años, Sara dormía tranquila porque sabía que bajo la cama estaba su perro, y si tenía miedo solo tenía que extender la mano: entonces, el perro empezaba a lamerla hasta que se quedaba dormida.
Una noche, en la radio, escuchó que cerca de [. ] estaba en busca y captura un asesino muy peligroso. Sara, acompañada de su perro, no tenía miedo: se metió en la cama, extendió la mano hacia el borde y el perro, como todas las noches, empezó a lamerla.
Durmió del tirón y, al despertar, le sorprendió que el perro no se hubiera cansado de lamerle la mano en toda la noche. O eso creía: al abrir los ojos, encontró al perro muerto sobre el suelo de la habitación. Bajo la cama, un hombre seguía lamiéndole la mano.
El desafío del cementerio
Varias adolescentes habían ido a pasar la noche en casa de una amiga, aprovechando que sus padres estaban de viaje. Cuando apagaron las luces se pusieron a hablar de un viejo al que acababan de enterrar en un cementerio cercano. Se decía que lo habían enterrado vivo y que se le podía escuchar arañando el ataúd, intentando salir.
Una de las chicas se burló de aquella idea, así que las otras la desafiaron a que se levantara y fuera a visitar la tumba. Como prueba de que había ido, tenía que clavar una estaca de madera sobre la tierra de la tumba. La chica se fue y sus amigas apagaron la luz otra vez y esperaron a que volviera.
Pero pasó una hora, y otra más, sin que tuvieran noticias de su amiga. Se quedaron en la cama despiertas, cada vez más aterradas. Llegó la mañana y la chica no había aparecido.
Aquel mismo día, los padres de la chica regresaron a casa y, junto al resto de padres, acudieron al cementerio. Encontraron a la chica tirada sobre la tumba… Muerta. Al agacharse para clavar la estaca en el suelo, había pillado también el bajo de su falda. Cuando intentó levantarse y no pudo, creyó que el viejo muerto la había agarrado. Murió del susto en el acto.
¿Has subido a ver a los niños?
Una adolescente está cuidando por primera vez a unos niños en una casa enorme y lujosa. Acuesta a los niños en el piso de arriba, y, cuando apenas se ha sentado delante de la televisión, suena el teléfono. A juzgar por su voz, el que llama es un hombre. Jadea, ríe de forma amenazadora y pregunta: “¿Has subido a ver a los niños?”.
La canguro cuelga convencido de que sus amigos le están gastando una broma, pero el hombre vuelve a llamar y pregunta de nuevo: “¿Has subido a ver a los niños?”. Ella cuelga a toda prisa, pero el hombre llama por tercera vez, y esta vez dice: “¡Ya me he ocupado de los niños, ahora voy a por ti!”.
La canguro está verdaderamente asustada. Llama a la policía y denuncia las llamadas amenazadoras. La policía pide que, si vuelve a llamar, intente distraerle al teléfono para que les de tiempo a localizar la llamada.
De repente, el teléfono suena de nuevo, y a cada timbrazo el tono es más alto y más estridente. En esta ocasión, es la policía, que le da una orden urgente: “¡Salga de la casa inmediatamente! ¡Las llamadas vienen del piso de arriba!”.
Un cadáver en la cama
Un grupo de amigas había decidido ir a [. ] para pasar unos días. Se registraron en el hotel y subieron a su habitación a dejar el equipaje, pero notaron un olor peculiar, como si se les hubiera olvidado sacar la basura o no hubieran tirado de la cadena del váter.
Sin embargo, todo parecía estar en orden, así que se fueron y no volvieron hasta la última hora de la noche. El olor había empeorado notablemente a lo largo del día y ya era casi insoportable, de modo que llamaron a mantenimiento para que localizara su origen.
La persona que les mandaron miró debajo de las camas, dentro de los armarios, incluso olfateó los desagües y las ventilaciones, pero no pudo encontrar la fuente del olor. Al final, limpiaron la habitación con generosas cantidades de productos perfumados, pusieron la ventilación al máximo y desearon las buenas noches al grupo de amigas.
Una de ellas escondió la cartera debajo del colchón, como acostumbraba a hacer en los hoteles. Todas durmieron hasta bien entrada la mañana: grandes rayos de sol entraban ya en la habitación, caldeándola en extremo.
Recogieron sus cosas para bajar al vestíbulo, pero cuando la señora que había escondido la cartera hurgó debajo del colchón, tocó algo que parecía sospechosamente una mano humana. Quitaron el colchón de encima de la cama y ahí, en un hueco practicado entre los muelles del somier, había un hombre muerto.
La mano huesuda
Una niña de siete años se había quedado con su abuela en su pequeño piso porque sus padres se habían ido al cine. Todo fue normal, cenaron y se rieron un rato charlando juntas. A las diez de la noche, la abuela se puso a hacer labores de costura, y la niña se puso a ver la tele, pero de repente a la abuela le entró una sed increíble, y le dijo a su nieta si le podía traer un vaso de agua.
-Está oscuro -dijo la niña. -No temas, sigue el pasillo, que justo al lado de la puerta del baño hay un interruptor.
La niña se decidió, y al entrar al pasillo no veía nada porque estaba muy oscuro, por lo que se arrimó a una pared y fue palpando y tanteando a ciegas en busca de un interruptor. Al seguir andando y llegar al marco de la puerta del baño, se paró y siguió tanteando, y de repente notó como una mano huesuda intentaba arrastrarla a la oscuridad del baño.
La niña logró apartarse y fue llorando a su abuela. Desde entonces, la niña está en tratamiento psicológico. ¿Que pasó, si solo estaban ellas dos en la casa y la abuela estaba en el salón cosiendo?
¿Quién apagó las psicofonías?
Lo que me dispongo a relatar es absolutamente verídico y relativamente reciente, me ocurrió a mí hace aproximadamente seis meses. A mí el mundo del espiritismo, las psicofonías y demás me produce mucha curiosidad, pero a la vez me asusta.
Un compañero de clase me proporcionó un CD que tenía grabadas algunas psicofonías. Mi hermano me propuso llevarme un portátil para escuchar el CD mientras se duchaba, y así lo hicimos.
Antes de escuchar la primera psicofonía una voz presentaba el CD y hacía una advertencia: “Nunca lo escuchen a oscuras”. En ese momento, para asustar a mi hermano, apagué la luz del cuarto de baño y él gritó: “¡Enciende la luz!”.
Cuando la encendí, el disco ya no sonaba. Alguien le había dado al stop. Yo no fui, de eso estoy seguro porque tenía el dedo en el interruptor de la luz, y mi hermano tampoco, estaba dentro de la bañera y a más de dos metros del portátil.
¿Quién apagó las psicofonías? No lo sé, y no estoy seguro de querer saberlo.
Ven a jugar conmigo
Hace un tiempo, una amiga mía y yo decidimos hacer espiritismo por primera vez, ya que nunca antes nos habíamos atrevido a hacerlo. Llamamos a otras dos amigas para que nos acompañaran, ya que a mí me habían dicho que probablemente con solo dos personas sería más difícil que pasara algo.
Nos costó trabajo convencerlas, pero al final cedieron. Lo preparamos todo y, un poco asustadas, comenzamos a hacer la ouija. Durante la sesión, una de las compañeras a las que habíamos llamado dijo: “Yo me voy de aquí, menuda tontería esta de la ouija”. Nosotras nos asustamos un poco y decidimos dejarlo para otro momento.
Al cabo de unos días, la compañera que se había ido me llamó aterrorizada, diciéndome que, de camino a casa después de haber ido a estudiar a la biblioteca, al pasar por delante de una casa en ruinas que hay cerca de su hogar, una niña vestida de blanco le había pedido que jugara con ella.
Mi amiga le dijo que no podía ya que tenía prisa por llegar a su casa, y acto seguido, la niña comenzó a llorar con lágrimas de sangre. Mi amiga salió de allí corriendo y al llegar a casa fue cuando me llamó.
Testimonios paranormales contados en primera persona
El hospital del miedo
En el centro de salud de mi servicio social se escuchaba cómo se movía todo en la bodega y como si usaran el aparato con el que se revisa a las mujeres embarazadas. Además, una noche en que estaba de guardia, como a las 3:00 de la mañana me tocaron la pierna para despertarme, ¡pero no había nadie!
Entrevistando al fantasma
En una ocasión acudí a realizar una entrevista. Al finalizar y escuchar la grabación me di cuenta de que había quedado registrada la voz de una niña, pero en la habitación sólo estábamos 4 personas y ninguna era menor de edad. Claramente se puede escuchar la voz de una pequeña que dice «gato», es como si hubiera estado junto a la grabadora.
Visita inesperada
En el departamento donde vivía antes, en el piso de arriba se escuchaba como si varias canicas rodaran por el suelo, siempre en la madrugada. Una noche se descompuso mi computadora y subí con mi prima (que vivía en el piso superior) para trabajar en la suya.
Justo en la habitación en donde varias veces escuché las canicas, vi la sombra de un niño que corría y después se perdía entre las cortinas. La verdad me dio mucho miedo, cerré la habitación y me fui lo más rápido que pude.
Vacaciones de terror
Corría el año 2010, fui de excursión con algunos amigos a Real de Catorce. La idea era visitar las minas abandonadas y el pueblo fantasma. No contábamos con que en este lugar los negocios cierran muy temprano, así que la primera noche lo único que conseguimos para cenar fueron quesadillas.
Estábamos ocho personas cenando juntos en una habitación, cuando de repente la luz del cuarto se apagó y se encendió en un segundo. En cuanto se prendió vimos como el seguro de la puerta (de esos que son como de gancho) se caía, y la puerta se abrió de golpe.
Al día siguiente, otros compañeros nos dijeron que a ellos también les abrieron las puertas del balcón de su cuarto y que se escuchaban pasos en la azotea (donde obvio no había nadie). De esto pueden dar testimonio otras siete personas más que también se asustaron mucho con esta experiencia.
Tareas pendientes
Trabajo en SEMEFO (sí, sí, abro cadáveres y busco de qué murieron), ahí hacemos guardias de 24 horas, razón por la cual dormimos en el lugar. En una ocasión estaba dormida en el área de médicos donde hay dos computadoras y también hay un pequeño ropero en donde cabe un catre (es como dormir en Narnia), de repente escuché que alguien entró y encendió una de las computadoras, escuché los pasos, cómo movieron la silla y se sentaron.
Abrí la puerta del ropero y no había nadie, así que supuse que la persona había salido. Le llamé al prosector que nos ayuda con las necropsias y le pregunté si él había encendido la compu, pero me dijo que no.
Me encerré de nuevo en el ropero y como a los 10 minutos escuché otra vez cómo encendían las computadora. El prosector también lo escuchó (es inconfundible el ruidito de Windows y el no break) y cuando entró al cuarto y yo salí del ropero ambos sentimos un frío horrible.
Resulta que esa noche le hicimos la necropsia a un chico no identificado. Horas después su familia fue a reconocer el cuerpo y al llenar el certificado resulta que estudiaba ingeniería en sistemas.
¿Sueño o realidad?
Estaba tranquilamente dormida, acostada de lado hacia la pared. Era de madrugada y desperté de golpe, al abrir los ojos sentí que alguien estaba detrás de mí. Me volteo y veo a un tipo como de dos metros de altura (calculo esa estatura porque yo estaba acostada en la parte superior de una litera), un sombrero negro de ala grande, una gabardina negra, cabello lacio hasta el hombro, ojos amarillos y dientes de pico.
Estaba ahí de pie, mirándome y sonriéndome con sus feos dientes. Mi primera impresión fue pensar que estaba soñando, pero inmediatamente recordé que en realidad acababa de despertar y además todo en el cuarto se veía muy real.
Me giré de nuevo hacia la pared para no verlo y le pedí como mil veces que se fuera, porque no podría hacerme nada. De pronto ya no sentí su presencia, con mucho miedo me giré y efectivamente ya no estaba.
¿Quién está viendo la televisión?
Cuando tenía como 12 años, había dos televisores en la casa: uno en la sala y otro en mi cuarto. Una mañana desperté y escuché que la tv de la sala estaba encendida. Como a los cinco minutos se escuchó que alguien cambiaba de canal, pero muy rápido, como si nada más pasara los canales sin ver qué había.
Así como cuatro vueltas, hasta que por fin se detuvo en un canal. Pero la cosa no terminó ahí, pues entonces el volumen se subió hasta el máximo y así se quedó. Se escuchaba que era un programa como en otra lengua, no entendía de qué trataba.
Pensé que era mi papá el que había hecho, así que le grité que por favor bajara el volumen. Como la TV seguía igual, me dio curiosidad y encendí el televisor de mi cuarto para saber qué carambas estaba viendo.
Bajé para averiguar qué ocurría y resulta que no había nadie en casa, revisé todas las habitaciones y mi papá no estaba. ¡Salí corriendo de ahí!
Más relatos breves de apariciones y presencias
La mujer de la carretera
Cuando estábamos en la prepa, pasábamos el tiempo manejando por caminos rurales a altas horas de la noche. No tomábamos alcohol ni drogas ni nada, solo platicábamos y poníamos música mientras manejábamos.
Una vez, en la que solo habíamos salido una amiga y yo, íbamos manejando cuando de repente nos topamos con una mujer que estaba en medio de la carretera. Las dos gritamos al verla, estaba tan cerca de nosotras que no había manera de que pudiéramos evitar atropellarla.
Mi amiga dio un volantazo y frenó con tanta fuerza que nuestro coche quedó atravesado en la carretera, pero cuando salimos a ver, no había nadie. Silencio absoluto. No había nada sobre o al lado de la carretera en ningún lugar.
El naipe del cuatro de corazones
En uno de mis clósets hay una abertura en el techo que me imagino que te lleva a un espacio que funciona como aislante o algo así. Un día que estaba limpiando, decidí gritarle a esa abertura, más que nada como broma, para ver si había alguien arriba.
Dije cosas como: '¡Sé que estás ahí arriba!', '¡No me hagas subir a buscarte!' y '¡Voy a contar hasta cinco! ¡Uno! ¡Dos! ¡Tres! Cuatro. '. Pero me aburrí, paré y seguí limpiando.
Volví al pasillo por el que acababa de pasar y descubrí que había un naipe boca abajo en el piso. Lo levanté y le di vuelta; era un cuatro de corazones. Todavía no me explico cómo llegó ahí.
Era un mazo que llevaba meses, tal vez años, sin tocar y que estaba guardado adentro de una caja, la cual a su vez estaba abajo de otra caja, dentro de ese mismo clóset donde yo había estado gritándole al techo.
La mano en el asiento de atrás
Estaba manejando por una calle a mitad del día y vi por mi espejo retrovisor para saber si venían coches atrás de mí. Entonces descubrí que había una mano en el asiento de atrás.
Estuve a punto de irme sobre la banqueta pero alcancé a mover bruscamente el volante. Luego me volteé y el asiento estaba vacío. Me metí a un estacionamiento para confirmar que era imposible que hubiera visto algo.
El hombre del bosque
Crecí en Misisipi y cuando era adolescente iba mucho con mis amigos a jugar al bosque del Natchez Trace, una ruta comercial en donde en el siglo XIX pasaron muchas cosas malas.
No dejábamos de ver la figura de un hombre que nos veía desde atrás de diferentes árboles. Aparecía atrás de un árbol y luego atrás de otro a 15 metros de distancia, sin que lo viéramos moverse hasta ahí.
Algunos decidimos enfrentarlo y nos acercamos a él, pero no encontramos a nadie. Cuando ya no lo vimos, nos salimos corriendo de ese lugar.
La sombra negra
Mi papá y yo nos quedábamos varios días en la casa de mi tía durante las vacaciones. Una noche estaba durmiendo en el sótano y al despertarme vi una sombra negra inclinada sobre mí.
No tenía ojos ni rasgos ni nada, pero me acuerdo perfectamente que la vi y empecé a entrar en pánico antes de que se desvaneciera. También la vi otra vez cuando me levanté para ir al baño.
Se lo mencioné a mi tía después y dijo que ella ya la había visto antes, una vez que se despertó, en la esquina de su cuarto y en el pasillo. Mi papá también la había visto.
Los pasos en el ático
Hace muchos años, mi esposo y yo vivíamos en el piso de arriba de una casa vieja de Minneapolis que la habían convertido en un dúplex. Una noche me quedé leyendo hasta tarde y escuché que alguien subía por las escaleras de atrás.
Los pasos pasaron por nuestra puerta y siguieron hasta el ático. Pude escuchar que alguien movía la perilla de la puerta, luego los pasos bajaron por las escaleras y volvieron a subir.
Desperté a mi esposo y él también los había escuchado. La policía vino, revisó y no encontró nada. La puerta de atrás y la del ático estaban cerradas con llave, había nevado recientemente y no se veían huellas en la nieve.
El niño del jardín
Un día de agosto, estaba sentado en mi oficina. Por la ventana alcancé a ver lo que parecía ser la cabeza de un niño rubio que corría por el pasto.
Cuando me acerqué a abrir la ventana para investigar, ya se había ido. Mi esposa también ha visto a un niño chiquito en nuestra casa cuando se asomaba por una de las puertas, además grabó un video donde alguien golpea la puerta desde el otro lado, aunque ella estaba sola en la casa.
Trajimos a un médium y al parecer tenemos 'un niño de 5 años que se llama James al que le encanta correr por el pasto y ver los manzanos en el patio de atrás'. Nosotros no tenemos manzanos, pero en el terreno de antes sí había un huerto.
El abuelo en el espejo
Me quedaba en la casa de mi abuela y compartía cuarto con mi hermano. Los dos estábamos hablando de lo increíble que sería ver el fantasma del abuelo.
Más tarde, mi hermano se levantó a mitad de la noche para ir al baño y se espantó porque, según él, mi abuelo estaba en el reflejo del espejo. Pensé que era broma, pero vi el espejo y efectivamente el abuelo estaba ahí.
Transparente, como una proyección vívida de él. Llevaba puesto un traje y se acomodaba la corbata. Lo recuerdo muy bien. Eso nos espantó tanto que nos fuimos a dormir a otro cuarto.
La voz que dijo “mami”
Hace dos días, me desperté muy tarde en la noche. No supe qué me despertó, entonces me quedé ahí con los ojos cerrados.
Pasaron unos minutos y escuché claramente que alguien dijo '¡Mami!' junto a mi cabeza. Pensé que era mi hija, entonces me di la vuelta y respondí: '¿Qué?' No había nadie ahí.
Me levanté y vi que todos mis hijos dormían profundamente. No había manera de que uno de ellos hubiera salido corriendo del cuarto porque la puerta aún estaba cerrada cuando me di la vuelta.
Relatos de terror ambientados en casas y hoteles
El visitante nocturno
Leonor se mudaba de nuevo. A su madre le encantaba la restauración, así que su predilección por las casas antiguas empujaba a la familia a llevar una vida más bien nómada.
Era la primera noche que dormían allí y, como siempre, su madre le había dejado una pequeña bombilla encendida para espantar todos sus miedos. Cada vez que se cambiaban de casa le costaba conciliar el sueño.
Una semana después, en una noche fría, un fuerte estruendo la sobresaltó. Había tormenta y la ventana se había abierto de par en par por el fuerte vendaval. Presionó el interruptor de la luz, pero no se encendió.
El ruido volvió a sonar, esta vez, desde el otro extremo de la habitación. Se levantó corriendo y, con la palma de la mano extendida sobre la pared, empezó a caminar en busca de su madre. Estaba completamente a oscuras.
A los dos pasos, su mano chocó contra algo. Lo palpó y se estremeció al momento: era un mechón de pelo. Atemorizada, un relámpago iluminó la estancia y vio a un niño de su misma estatura frente a ella.
Arrancó a correr por el pasillo, gritando, hasta que se topó con su madre. “¿Tu también lo has visto?”, le preguntó. Sin ni siquiera preparar el equipaje, salieron pitando de la casa.
Se encontraron todo tal y como lo habían dejado. menos el espejo del habitación de la niña. Un mechón de pelo colgaba de una de las esquinas y la palabra “FUERA” estaba grabada en el vidrio.
El baño misterioso
Antes trabajaba en un hotel antiguo. En el momento en que esto pasó, estaba teniendo mucho estrés debido a problemas familiares. Trabajaba por las noches y esa vez que al empezar mi turno me di cuenta de que no me había lavado los dientes.
Agarré un cepillo y pasta de dientes y fui a un baño que estaba al lado del vestíbulo. Solo me iba a lavar los dientes rápido y ya me iba a poner a trabajar.
En el momento en el que entré al baño, hacía frío y parecía más oscuro de lo normal, como si hubieran cambiado los focos. Me acerqué al lavabo y me sentí muy incómoda. Podía sentir la presencia de alguien más, pero sabía que estaba sola.
Rápidamente empecé a cepillarme y luego me vi en el espejo para cepillar mi lengua. De repente, una herida apareció en medio de la lengua. Seguí escupiendo y enjuagando la sangre y luego sentí que el cuarto se hacía más chiquito.
Escupí en el lavabo por última vez y salí corriendo del baño hacia la oficina de atrás. La recepcionista se levantó preocupada en el instante que me vio. Pensé que igual y estaba sangrado mucho.
Había otro espejo al fondo de la oficina entonces corrí para ver cómo estaba mi lengua. Pero cuando abrí la boca. Nada. No había herida. Tampoco sangre.
Historias de terror basadas en leyendas urbanas
La autoestopista fantasma
Esta leyenda urbana lleva circulando siglos, adaptándose a los distintos medios de transporte. Consiste básicamente en que una mujer hace autostop al borde de una carretera: Un coche se detiene y se sube a la parte de atrás.
Al llegar a una peligrosa curva, la autoestopista advierte del peligro. Cuando el vehículo ha rebasado la curva, la mujer ha desaparecido misteriosamente.
Luego, el conductor, o conductor y copiloto, se entera de que en ese punto murió trágicamente una mujer. En algunas versiones, la pasajera no avisa del peligro y el coche sufre un accidente y mueren conductor o pasajeros, aunque siempre queda algún superviviente, claro, para poder contar la historia.
La chica de la curva
Existen diferentes versiones, pero todas ellas tienen un denominador común: una joven enfundada en un vestido blanco. Cuenta la leyenda que un padre de familia volvía del trabajo a casa por la carretera de las Costas del Garraf.
Era una noche lluviosa, el frío empañaba el parabrisas y el cansancio empujaba sus párpados hacia abajo. A medida que avanzaba por la carretera, las gotas golpeaban con más violencia los cristales de su coche, que perdía estabilidad en el serpenteante trazado del asfalto.
El hombre agudizó los sentidos y redujo la marcha. En ese mismo instante, los faros del vehículo iluminaron la figura de una chica que, empapada por la lluvia, esperaba inmóvil a que algún conductor se apiadara de ella y la llevara a su destino.
Sin dudarlo ni un momento, frenó en seco y la invitó a subir. Ella aceptó de inmediato, y mientras se sentaba en el lugar del copiloto, el chofer se fijó en su vestimenta.
Reanudó el viaje y empezaron una distendida conversación en la que la chica esquivó en varias ocasiones la historia de cómo había llegado hasta aquel lugar. Hasta que llegó el momento idóneo.
Con una voz fría y cortante, le pidió que redujera la velocidad hasta casi detener el vehículo. “Es una curva muy cerrada”, le advirtió.
El hombre siguió su consejo y, cuando vio lo peligroso que podría haber sido, le dio las gracias. Ella, con voz cortante y fría, le espetó: “No me lo agradezcas, es mi misión. En esa curva me maté yo hace más de 25 años. Era una noche como ésta.”
Cuando giró la vista hacia el copiloto, la joven ya no estaba. El asiento, sin embargo, seguía húmedo.
La dama de blanco
Es una leyenda urbana parecida a la anterior, y también está extendida por todo el mundo. En ella, una mujer vestida de blanco aparece durante un breve periodo de tiempo en alguna zona rural.
Su historia suele estar relacionada con alguna tragedia de carácter local. Son mujeres que han perdido a hijos, maridos o han sido víctimas de una traición y su espíritu vaga sin descanso clamando venganza.
En el medievo, cuando esta fantasmagórica figura aparecía, significaba que alguien cercano, de la familia o del vecindario, iba a morir.
La llamada viene de dentro de la casa
En general, esta es la historia de terror: una canguro se encuentra en una casa, cuidando a unos niños que duermen plácidamente desde hace horas. Empieza a recibir llamadas amenazantes que en realidad vienen de dentro de la casa.
Cuando va a comprobar cómo están los pequeños, se encuentra con que han sido asesinados. Luego suele ser ella la que muere.
Con los avances de la tecnología en telefonía móvil, se espera que la historia devenga en horror basado en WhatsApp o en asesinos que utilizan Tinder para localizar a sus víctimas.
El hombre del gancho
Otra historia indispensable en todo fuego de campamento que se tercie. Una pareja en coche busca un lugar oscuro y discreto donde dar rienda suelta a sus arrumacos.
Llegan a una zona apartada. El chico detiene el vehículo y pone la radio para que haya algo de música de ambiente. En mitad de sus actividades amatorias, la canción que suena se detiene y un locutor advierte de que un peligroso loco se ha escapado de una institución cercana.
Un hombre con una característica física muy llamativa: donde debería estar su mano, luce un gancho. La chica se asusta, el chico la tranquiliza para seguir con el cortejo, pero ella insiste, se quiere ir a casa.
Cuando llegan a su destino, la chica sale del coche y comienza a gritar histéricamente. Hay un garfio sanguinolento clavado en la parte posterior del vehículo.
No solo los perros lamen
La protagonista es una niña de 9 años, hija de un matrimonio de clase alta, bien relacionado en temas políticos y aristocráticos. Es por esto que los padres, con una vida social intensa, decidieron comprarle a la niña un perro para que la protegiera y le hiciera compañía durante sus ausencias a cenas, fiestas y demás.
El perro cogió como costumbre dormir bajo la cama de la pequeña y, cuando a esta le entraban los miedos nocturnos, dejaba caer su mano y entonces el perro se la lamía para tranquilizarla.
Una noche, después de escuchar algunos ruidos en su casa durante una de las ausencias de sus padres, la chica se asustó y, como de costumbre, dejó caer su mano y su fiel compañero comenzó a lamerla hasta que se tranquilizó.
Sin embargo, al levantarse de la cama horas después, descubrió a su mascota descuartizada en el salón y una pintada hecha con su sangre en la pared, en la que podía leerse: No solo los perros lamen.
Casos reales y relatos que parecen imposibles
El caso de Blanche Monnier
Blanche Monnier era una bella joven que pertenecía a una de las familias más ilustres de la ciudad francesa Poitiers. Era hija de Louise, una socialité de la época, y de Charles, decano de Letras de la universidad y profesor de Retórica
A los 26 años quiso dejar su hogar para casarse con un hombre que su familia consideraba inferior. Se trataba de un abogado protestante y republicano, lo que iba en contra de los valores de sus progenitores, quienes eran católicos y monárquicos.
Por ello, su madre la encerró en una buhardilla y la tuvo recluida allí durante 25 años. Al principio los vecinos y amigos preguntaban por la chica, pero la familia inventó varias excusas e incluso se lamentaron públicamente del abandono.
Cuando fue rescatada tras esta denuncia anónima, pesaba apenas 24 kilos y había estado sometida a condiciones paupérrimas. El 23 de mayo de 1901 la policía irrumpió en la casa y halló a la mujer encerrada con candado y cadenas en una habitación.
Se encontraba desnuda sobre un colchón mugriento, sobre sus propias heces, con el cabello enmarañado hasta los tobillos, rodeada de ratones y cucarachas.
Su madre y hermano fueron arrestados. Sin embargo, el 8 de junio de 1901 Louise Monnier murió debido a un infarto. En el juicio, Marcel Monnier se defendió arguyendo que el estaba en el extranjero cuando ocurrió el encierro y que cuando regresó su hermana ya no contaba con sus facultades mentales.
Por su parte, Blanche fue trasladada al Hospital Psiquiátrico de Blois donde vivió el resto de sus días. Aunque ahora estaba limpia y bien alimentada, nunca logró recuperarse. Murió el 13 de octubre de 1913.
El hombre lobo de Galicia
Manuel Blanco Romasanta (1809 - 1863) fue el primer asesino en serie de España y el primer caso registrado de licantropía clínica.
A pesar de esto, se casó, pero quedó viudo al poco tiempo. Así fue como decidió convertirse en vendedor ambulante y fue en este oficio como consiguió conocer a muchas personas y cometió sus crímenes.
El 2 de julio de 1852, Manuel fue detenido y acusado por el asesinato de 17 personas. En su juicio sólo reconoció 9 crímenes y aseguró que estaba maldito por una bruja.
Por ello, las noches de luna llena se transformaba en lobo y ahí era cuando sentía la necesidad de sangre. Fue condenado a pena capital, pero debido a la presión de un médico francés que quería estudiar su caso, la reina Isabel II conmutó la pena a cadena perpetua.
El verdadero caso tras El exorcista
En 1973 se estrenó la película El exorcista, dirigida por William Friedkin, que se convirtió en un enorme éxito. Aunque se realizaron varios cambios, la historia estaba basada en un caso real que ocurrió en 1949.
En Estados Unidos un niño de 14 años comenzó a mostrar un comportamiento muy extraño, al tener episodios irascibles, hablar en latín y mostrar marcas extrañas en el cuerpo.
El chico fue internado en el hospital, pero ninguno de los médicos llegó a un diagnóstico concluyente. Aunque la familia era protestante, se involucraron sacerdotes católicos que afirmaron que se trataba de una posesión.
Por ello, decidieron realizar el ritual de exorcismo, que duró bastante meses y en el que aseguran se movían muebles y el afectado demostraba una fuerza anormal.
Gusano parásito en el cerebro de una mujer
Esta historia despierta uno de los temores más grandes de los seres humanos: tener un insecto vivo dentro. En Australia, una mujer que vivía al sureste de Nueva Gales del Sur, ingresó a fines del 2021 en el hospital local por diversos malestares.
Llevaba tres semanas sufriendo de dolor abdominal y diarrea, que luego se extendió a tos y fiebre. Sus síntomas persistieron, además de que se sumó una depresión y episodios de olvido.
Por ello, fue trasladada a Canberra, donde una resonancia magnética indicó anomalías en el cerebro. Durante la operación, la neurocirujana Hari Priya Bandi se encontró un gusano parásito de 8 cm. de longitud.
Estaba vivo y se retorcía. Luego de varias investigaciones, se identificó que el parásito era Ophidascaris robertsi, un gusano que se encuentra normalmente en serpientes pitones. Este era el primer caso registrado en humanos.
La condesa Báthory
También denominada "la condesa sangrienta", Erzsébet Báthory (1560-1614) perteneció a la aristocracia húngara del siglo XVI. Es reconocida como una de las figuras más perversas de la historia.
Llegó a asesinar a más de 600 mujeres para sus "baños de sangre", que creía la mantendrían joven y hermosa para siempre. Sin embargo, no se trataba sólo de superstición.
Se cuenta que era cruel y sádica, por lo que disfrutaba de golpear y torturar a sus sirvientes de distintas formas para su diversión.
En 1610 su arrojo llegó demasiado lejos al asesinar jóvenes de la nobleza. Fue así como las autoridades comenzaron a investigar y descubrieron todas las historias que circulaban a su alrededor.
Cigarras zombie
Aunque parece salido de un relato de ficción, existe un hongo que ocupa a las cigarras y las controla, convirtiéndolas en máquinas de procrear que pueden seguir transmitiendo la infección.
El parásito Massospora cicadina se apodera del insecto por la parte trasera, llenando su abdomen de esporas. Poco a poco, va consumiendo a su huésped, mientras maneja sus movimientos y acciones.
Esto lo consigue, pues produce catinona, un tipo de anfetamina que funciona como un estimulante, algo parecido al speed. Así, hace que las cigarras adquieran un comportamiento sexual desenfrenado para poder propagar el hongo de manera rápida y efectiva.
Cuando ya ha logrado su cometido, el abdomen estalla y libera las esporas para un nuevo ciclo.
El terror de las psicofonías y las grabaciones
A mí el mundo del espiritismo, las psicofonías y demás me produce mucha curiosidad, pero a la vez me asusta. Una voz grabada, un ruido que aparece sin explicación o una imagen registrada por casualidad pueden convertir una escena ordinaria en una historia de terror en primera persona.
Las películas found footage utilizan un recurso parecido: presentan las imágenes como si fueran grabaciones encontradas, realizadas por las propias personas que vivieron los acontecimientos. A su llegada, las películas found footage llenaron de controversia al público. Se pensaba que se trataba de una cinta encontrada por un tercero que contenía una historia completamente real.
Aunque cayó en el cliché de lo predecible, las historias se han ido renovando, aunque manteniendo el mismo formato que logra desesperarnos y llenarnos de miedo.
- El proyecto de la bruja de Blair: tres jóvenes se adentran en un tenebroso bosque de Maryland para descubrir hasta qué punto era cierta la leyenda local que hablaba sobre una bruja.
- [•REC]: Ángela realiza un anodino reportaje para una televisión local sobre un grupo de bomberos y descubre que hay edificios en los que es mejor no entrar.
- Paranormal Activity: una pareja intenta descifrar los sucesos paranormales que han comenzado a sufrir a base de grabaciones caseras de su día a día y, claro, de sus noches.
- Grave Encounters: un grupo de televisivos cazadores de fantasmas se adentran en un hospital psiquiátrico abandonado con la intención de captar con sus cámaras pruebas de sucesos paranormales.
- Creep: Aaron acepta un extraño trabajo en el que, por ser cámara en un pequeño rodaje en un paraje aislado, ganará una decente suma de dinero.
- Holocausto caníbal: preocupados por la desaparición de un primer grupo de documentalistas, un nuevo grupo de aventureras se adentra en la selva amazónica para intentar descubrir qué ha ocurrido.
Cómo crear un relato de terror en primera persona
Una buena historia empieza con una situación cotidiana: una noche de guardia, una carretera vacía, una llamada telefónica, una habitación de hotel o una visita al baño. El miedo aparece cuando algo no encaja con normalidad, como una voz que nadie reconoce, una puerta que se abre sola o una persona que aparece donde no debería estar.
La primera persona funciona mejor cuando el narrador no conoce toda la verdad. El relato puede incluir dudas, recuerdos incompletos y detalles que solo adquieren sentido al final. Mi primera impresión fue pensar que estaba soñando, pero inmediatamente recordé que en realidad acababa de despertar y además todo en el cuarto se veía muy real.
El cierre debe ser breve y concreto. En las historias más eficaces, la última imagen responde a la pregunta principal y, al mismo tiempo, abre una inquietud nueva: el hombre debajo de la cama, el cadáver oculto bajo el colchón, la voz infantil de una grabación o la figura que desaparece del asiento del copiloto.
- Presenta una situación reconocible y un narrador concreto.
- Introduce un detalle pequeño que parezca fuera de lugar.
- Repite el elemento inquietante para aumentar la tensión.
- Evita explicar demasiado pronto qué está ocurriendo.
- Termina con una revelación visual, sonora o física.
