«¡Alirón, Alirón!» es el grito de guerra de los bilbaínos, el que más suena cuando el Athletic Club gana un título. Forma parte del himno del club y, en San Mamés, alcanza su máxima expresión cuando una voz lanza un poderoso «Athleeeeetic» y todo el estadio responde al unísono: «¡Eeeuuup!».
La historia de este cántico está vinculada al hierro, a la minería de Bizkaia, a la llegada del fútbol inglés y a la manera en que el Athletic construyó una identidad propia en Bilbao. El «Alirón» no es únicamente una celebración deportiva: también resume parte de la memoria industrial, social y cultural del territorio.
Qué significa «Alirón» y de dónde procede
Se dice que la palabra «Alirón» proviene del inglés All Iron, «todo hierro». A finales del siglo XIX, cuando los ingleses encontraban en Bilbao una mina repleta de este mineral, escribían en la puerta de la misma «All Iron» y todos los mineros comenzaban a cantar «¡Alirón, Alirón!».
Esta relación entre el fútbol, el hierro y la identidad vizcaína también aparece en la historia de los orígenes del Athletic. Bizkaia contaba con el mayor yacimiento de hierro de Europa a cielo abierto y muy cerca del mar, circunstancia que propició en 1865 la explotación masiva de los montes de Triano.
Durante cientos de años, las fraguas y herrerías se surtieron de estas piedras ferrosas para cubrir las necesidades locales y exteriores en aperos, armas y utensilios varios forjados en hierro. Primero, miles de hombres y luego mujeres y niños y niñas procedentes de otros lugares se adentraron en las entrañas de la tierra con la esperanza de encontrar un futuro mejor.
La prosperidad de Bizkaia y Euskadi se la debemos a este batallón olvidado de mineros y mineras y a los empresarios autóctonos y extranjeros que arriesgaron su capital para encontrar el filón de la riqueza: All Iron!

El hierro y la llegada del fútbol a Bilbao
La combinación de todo ello hizo que el vistoso y divertido deporte que practicaban los ingleses en los muelles y campas próximas a la ría no tardase mucho en fraguar en la población local gracias a los bigotudos atletas vizcaínos del Gimnasio Zamacois.
Al volver a la villa y viendo lo que ocurría en los muelles, campas y minas, sintieron la necesidad de agruparse para practicar también en Bilbao y Bizkaia el foot-ball. Y así fue como nació en el año 1898 el Athletic.
Un inglés vino a Bilbao hace más de un siglo a buscar en las entrañas de los montes vizcaínos el filón de la riqueza y encontró All Iron! Así nació el grito «¡Alirón! ¡Alirón!».
El «Alirón» como primer himno del Athletic
El primer cántico adoptado como himno no oficial del Athletic Club fue el «Alirón». Originariamente, se trataba de un cuplé compuesto en 1913 por Aquino y Retana.
La canción se convirtió con el tiempo en una expresión colectiva de apoyo al equipo. Su presencia en las celebraciones consolidó la relación entre el club, la afición y la ciudad de Bilbao, hasta convertir el «Alirón» en una de las manifestaciones más reconocibles de la cultura rojiblanca.
En 1982, Carmelo Bernaola recibió el encargo por parte del club de componer un himno nuevo. Bernaola, reconocido aficionado del Athletic, se basó en el estribillo del «Alirón» y en un pasacalles del maestro Feliciano Beobide de 1928 titulado «Altza gaztiak. Himno de los mendigoizales», dedicado al Athletic Club.
Bernaola introdujo arreglos musicales que incluyen dos instrumentos típicos del folclore vasco: el txistu y el tamboril. También propuso como letrista a Juan Antonio Zubikarai.
En la nueva letra, escrita en euskera, concretamente en su dialecto vizcaíno, se suprimen las menciones a España y se cita a Euskal Herria y al árbol de Guernica. Se mantiene la frase que da título a la obra de Beobide: Altza gaztiak, «arriba jóvenes».
El himno se grabó en 1983 y fue interpretado por los coros de la Asociación Bilbaína de Amigos de la Ópera (ABAO) y la Banda Municipal de Bilbao. Sonó por primera vez en el estadio de San Mamés el 30 de marzo de 1983, previo a un partido correspondiente a los cuartos de final de la Copa del Rey contra el F. C. Barcelona.
En 1998, con motivo del centenario, el diario El Correo editó un CD que contenía tres temas; el primero era una nueva y perfeccionada versión del himno del Athletic.
«Athleeeeetic» y la respuesta «¡Eeeuuup!»
El «Alirón» convive con otro cántico profundamente asociado al Athletic: el grito de ánimo que comenzó a realizar Gabriel Ortiz López a principios de la década de los sesenta durante los partidos que el conjunto bilbaíno disputaba en San Mamés.
Su potente vozarrón hacía atronador un «Athleeeeetic» que el resto del público respondía con un «eup». Hoy en día, es el grito de guerra de los leones, hasta tal punto que el himno del club comienza con el mismo.
Forma parte del himno del club un do de pecho que, al unísono, recibe la respuesta de todo San Mamés: «¡¡Eeeuuup!!».
Gabriel Ortiz López, «Rompecascos»
Si Benedetti decía que los estadios vacíos son esqueletos de multitudes, seguramente hay aficionados que suponen órganos casi vitales en el cuerpo de un club. Gabriel Ortiz López fue uno de ellos.
Nació en el bilbaíno barrio de Santa Cruz en 1920. Ya de bien pequeño se sintió atraído por el fútbol, no tanto como deportista sino como apasionado seguidor y, por supuesto, fue siempre fiel al equipo de su ciudad: el Athletic Club de Bilbao.
Lo demostró desde muy temprana edad. Con trece años se escapó de casa para viajar de polizón hasta Barcelona, colándose en un camión de transporte de pescado, para ver a su equipo del alma jugar la final de la Copa contra el Madrid de Zamora, Quincoces y los hermanos Regueiro.
El 25 de junio de 1933, en el mismo estadio de Les Corts, también jugaba el Erandio la final del Campeonato de España de aficionados contra un Sevilla en el que solo podían formar aquellos jugadores con ficha amateur. Gabriel Ortiz vio ambos encuentros y disfrutó la doble victoria de los equipos vizcaínos.
El Athletic Club de Bilbao venció por 2 a 1, con goles rojiblancos obra de Lafuente y Gorostiza. Regresó a Bilbao en el autobús del Erandio, celebrando con la plantilla la consecución del título de aficionados, después de que el equipo vizcaíno derrotara por 1 a 0 a los sevillistas.
Era el inicio de la «carrera» del que sería el seguidor más popular del Athletic, «Rompecascos». Su apodo lo decía todo.
El aficionado que rompía botellas
Era un tipo peculiar, amigo de frecuentar tascas, trabajaba en la mar y tenía como especialidad romperse botellas de cristal vacías en la cabeza, que cubría con una tradicional chapela, cada vez que su equipo marcaba un gol en los partidos que TVE televisaba y que el famoso aficionado veía en sus bares de cabecera.
Tras el gol, llegaban el golpe seco de la botella sobre su cabeza y un grito: «¡Pa los pollos!».
Al parecer, según él mismo contaba, «Rompecascos» se convirtió en un especialista del tema cuando, en una pelea tabernaria, un marinero noruego le rompió una botella en la cabeza. No sintió dolor alguno; según él, la chapela le protegía e inmunizaba, aunque la dureza de su cráneo seguramente ayudaba.
También contaba con otro tipo de habilidades que llevaban la risa a los parroquianos de los bares que frecuentaba, como abrir nueces con el trasero o beberse de un único trago botellas enteras de vino tinto.
El origen del grito de San Mamés
Pero si por algo pasó a la historia «Rompecascos» fue por su grito de ánimo durante los partidos que el conjunto bilbaíno disputaba en San Mamés. Su «Athleeeeetic» se hacía atronador en el estadio y el resto del público respondía con un «eup».
Si en Bilbao ya era ilustre, Ortiz logró fama a nivel nacional cuando empezaron a televisarse los primeros partidos.
Gabriel Ortiz nació en Bilbao en 1920 y desde muy joven se convirtió en un gran aficionado rojiblanco. Ya con 13 años se fugó a Barcelona en un camión de pescado sin permiso de sus padres para ver la final de Copa ante el Madrid. Por aquel entonces todavía no era conocido como «El Rompecascos».
El apodo surgiría años más tarde tras una riña con un marinero noruego que le estrelló un botellazo en la cabeza. Como la botella no le hizo ningún daño, el bueno de Ortiz empezó a mostrar su «superpoder» en público rompiéndose botellas en la cabeza cada vez que el Athletic marcaba un gol.
San Mamés, la Catedral del Athletic
El «Alirón» y el «Athleeeeetic» encuentran su escenario natural en San Mamés, conocido como «La Catedral», sede del Athletic Club de Bilbao. El estadio reúne más de 105 años de fútbol sobre el mismo solar y es, al mismo tiempo, uno de los campos más punteros de Europa.
El club buscaba disponer de un estadio propio en Bilbao, por lo que adquirió unos terrenos junto al asilo de San Mamés, del que tomó su nombre, para construir un nuevo campo.
Antes de establecerse allí, el Athletic disputaba sus partidos en las campas de Lamiaco, en Lejona. En 1900 también surgió el Bilbao Football Club y ambos equipos decidieron arrendar conjuntamente unos terrenos en las campas de Lamiaco para disputar sus partidos.
En 1911, al Athletic le correspondió organizar la siguiente edición de la Copa del Rey como vigente campeón. Al no reunir el terreno de Lamiaco las condiciones necesarias, la entidad decidió trasladarse al nuevo recinto de Jolaseta, situado en el barrio de Neguri, en Guecho, que contaba con una tribuna cubierta, una preferencia y una zona general.
Sin embargo, el club buscaba disponer de un estadio propio en Bilbao, por lo que adquirió los terrenos junto al asilo de San Mamés para construir un nuevo campo.
En 1922, la entidad bilbaína acometió la ampliación de San Mamés, que pasó de 3000 a 9500 localidades. En los años cincuenta se construyó la tribuna principal, con su característico arco.
Con motivo de la celebración de la Copa Mundial de Fútbol de 1982, tuvo lugar la última gran remodelación de San Mamés, en la que se modernizó por completo y su aforo aumentó hasta las 46 000 localidades.

El Athletic Club y la identidad rojiblanca
El Athletic Club, popularmente conocido como Athletic de Bilbao o simplemente Athletic, es un club de fútbol español de la villa de Bilbao, en Vizcaya, País Vasco, España.
Fue fundado el 18 de julio de 1898 y, junto al Real Madrid y al Barcelona, es uno de los tres únicos equipos que han disputado todas las ediciones de la Primera División de España desde su creación en 1928.
Ha conseguido todos sus títulos en las competiciones nacionales, donde está considerado un club histórico. Buena parte de su prestigio lo obtuvo en la Copa del Rey, que conquistó en veinticuatro ocasiones, la última en 2024.
Se ganó el apelativo de «rey de copas» por haber sido el club más laureado de la competición durante el siglo XX, hasta que en 1998 el F. C. Barcelona le superó. En 2026 mantiene el segundo lugar por delante del Real Madrid.
La fundación del club y los primeros títulos
En 1898, unos jóvenes deportistas del Gimnasio Zamacois de Bilbao tuvieron la idea de crear un equipo siguiendo el modelo de los clubes existentes en Inglaterra, al que bautizaron con el nombre de Athletic Club.
Sin embargo, la fundación legal del club no se produjo hasta el 5 de abril de 1901, cuando el presidente Luis Márquez y su junta directiva formalizaron su constitución.
En mayo de 1902, el Ayuntamiento de Madrid organizó el primer torneo nacional de fútbol para celebrar la mayoría de edad del rey Alfonso XIII, la Copa de la Coronación. Para disputar la competición, los dos clubes vizcaínos formaron un equipo combinado bajo el nombre de Bizcaya, que se proclamó campeón tras derrotar por 2-1 al F. C. Barcelona en el hipódromo de la Castellana, en Madrid.
En 1903, el Bilbao F. C. acordó en junta general disolver la sociedad y sus socios ingresaron en el Athletic Club.
En 1910, el club contrató al primer entrenador de su historia, el inglés Shepherd, aunque abandonó la entidad poco después y no fue sustituido hasta 1914 por otro técnico inglés, William Barnes.
El Athletic volvió a proclamarse campeón de copa en 1910 y 1911, después de varios años sin títulos. Durante este período, el equipo contaba con numerosos jugadores extranjeros, principalmente ingleses, lo que provocó críticas de otros clubes, especialmente de la Real Sociedad.
Como consecuencia, en 1911 la Real Federación Española de Fútbol estableció un reglamento que limitaba la participación a jugadores españoles. El Athletic decidió entonces prescindir de futbolistas extranjeros, una decisión que con el tiempo se relacionaría con la filosofía deportiva del club.
Pichichi y la primera época dorada
En aquellos años comenzó a destacar un joven jugador llamado Rafael Moreno Aranzadi, al que apodaban Pichichi, un extremo rápido, de disparo potente y con regate.
La repercusión del jugador bilbaíno era tal que varios equipos ingleses intentaron ficharle ofreciéndole contratos con muy buenas condiciones, pero el delantero prefirió quedarse en Bilbao.
Con Pichichi, el Athletic conquistó tres copas consecutivas, en 1914, 1915 y 1916. Luego, tras un periodo de crisis que impidió al club participar en este torneo, volvió a proclamarse campeón en 1921.
Ese año Pichichi se retiró y acabó dedicándose al arbitraje, pero su carrera como colegiado duró muy poco, ya que el 1 de marzo de 1922 falleció a causa del tifus a los 29 años de edad.
El Athletic puso un busto en su honor en San Mamés, con la promesa de que todo club que visitase por primera vez el estadio debería ofrecerle un ramo de flores.
Los años veinte y la creación de la Liga
En 1922, el Athletic contrató al técnico inglés Fred Pentland, procedente del Racing de Santander. En su primera etapa, entre 1922 y 1925, llevó al equipo a conquistar la copa de 1923, aunque sus mayores logros con el club no se darían hasta años después.
En la segunda mitad de los años veinte, el club estuvo reclutando a los mejores talentos del fútbol vizcaíno, quienes tendrían un papel muy importante en la siguiente década.
- Fichó a Gregorio Blasco del Acero en 1926.
- Victorio Unamuno llegó del Alavés en 1928.
- Del Barakaldo C. F. llegaron Lafuente en 1925 y Bata en 1929.
- Del Arenas Club recaló Guillermo Gorostiza en 1929.
La década de 1920 finalizó con la creación del campeonato de Liga en la temporada 1928-29. Este hecho coincidió con uno de los momentos más dulces de la historia del club.
La primera delantera histórica
En los años treinta, con Pentland de regreso al banquillo bilbaíno, el Athletic conquistó dos campeonatos de Liga en las temporadas 1929-30 y 1930-31, incluyendo una goleada histórica al F. C. Barcelona por 12-1, y cuatro copas consecutivas en los años 1930, 1931, 1932 y 1933.
Ya sin el técnico británico, que no llegó a un acuerdo para renovar su contrato, los bilbaínos ganaron la Liga en otras dos ocasiones: 1933-34 y 1935-36.
De este equipo destacó la conocida como «primera delantera histórica», formada por Lafuente, Iraragorri, Bata, Chirri II y Gorostiza.
Las andanzas de este equipo se cortaron de golpe en 1936, año en el que estalló la guerra civil española. Este hecho obligó a suspender la Liga durante tres temporadas, por lo que la plantilla del Athletic, al igual que la del resto de clubes, se disolvió.
La reconstrucción y la segunda delantera histórica
La guerra terminó en 1939 y se restauraron los campeonatos de Liga y Copa, pero el club se vio obligado a rehacer el equipo casi en su totalidad, ya que solo pudo contar con siete de los jugadores anteriores al conflicto: Oceja, Zabala, Gorostiza, Elices, Urra, Garate y Unamuno.
Gracias al trabajo de captación de jóvenes talentos realizado a finales de los años treinta, el club pudo contar con una plantilla competitiva que haría historia en los años venideros.
En la temporada 1942-43, el equipo conquistó su tercer doblete y volvió a alzarse con el título copero en 1944 y 1945.
La gran estrella del equipo fue Telmo Zarra, quien junto con sus compañeros Rafa Iriondo, Francisco Garate, José Luis Panizo y Agustín Gainza formó la «segunda delantera histórica» del club; más tarde, Venancio sustituyó al veterano Garate.
Otras figuras importantes del equipo fueron el mediocentro Nando y el portero Raimundo Lezama.
Los «once aldeanos» y la memoria de los títulos
En los años cincuenta brilló una nueva generación de jugadores, comandada por el técnico Ferdinand Daučík, cuya alineación era recitada de memoria por la afición bilbaína: Carmelo, Garay, Orue, Canito, Mauri, Maguregui, Artetxe, Marcaida, Arieta, Uribe y Gainza.
Este equipo se hizo con el doblete en la temporada 1955-56 y ganó otras dos copas en 1955 y 1958.
En 1958 consiguieron un hito histórico al vencer al Real Madrid de Di Stefano en la final, equipo que venía de proclamarse campeón de Liga y Copa de Europa.
Desde ese momento, pasaron a la historia como el equipo de los «once aldeanos», porque con once jugadores vascos lograron tumbar a la «locomotora blanca».
Iribar y los cánticos de la afición
Las décadas de 1960 y 1970 fueron bastante flojas para el Athletic, que tan solo consiguió ganar las copas de 1969 y 1973.
No obstante, en la temporada 1969-70 estuvo a punto de ganar la Liga con Ronnie Allen en el banquillo, pero finalmente quedó subcampeón.
La gran figura en aquellos años fue el guardameta José Ángel Iribar, ganador de un Trofeo Zamora en 1970, a quien la afición rojiblanca aclamaba al grito de «¡Iribar! ¡Iribar! ¡Iribar es cojonudo! ¡Como Iribar, no hay ninguno!».
Otros jugadores importantes fueron Iñaki Sáez, Txetxu Rojo y Fidel Uriarte.
Unos años más tarde, el Athletic alcanzó la final de la Copa de la UEFA de 1976-77 con un gran equipo formado por Iribar, Lasa, Guisasola, Alexanco, Escalza, Villar, Churruca, Irureta, Dani, Rojo I y Carlos.
Por el camino eliminó a equipos como el A. C. Milan o el F. C. Barcelona, entre otros, pero perdió la final a doble partido contra la Juventus, con un 2-2 en el global.
La época gloriosa de los años ochenta
Los años ochenta fueron una de las épocas más gloriosas y recordadas de la historia del club.
Bajo la dirección de Javier Clemente, el Athletic ganó la Liga de 1982-83 superando a su principal competidor, el Real Madrid de Juanito y Santillana, en la última jornada.
Al año siguiente, conquistó el doblete tras vencer al F. C. Barcelona de Maradona en la final de Copa, lo que a su vez le dio de forma automática la Supercopa de España.
En ambas temporadas, los títulos se celebraron con un paseo en gabarra por la ría de Bilbao.
La alineación de aquel equipo se quedó impregnada para siempre en la memoria de sus aficionados: Zubizarreta, Urkiaga, Goikoetxea, Liceranzu, De la Fuente, De Andrés, Sola, Urtubi, Dani, Sarabia y Argote.
Por otra parte, en la Copa de Europa de 1983-84 fue eliminado por el Liverpool F. C.
COPA DEL REY | Así fue la celebración del Athletic y el recorrido de la gabarra por Bilbao | EL PAÍS
De los años noventa a la actualidad
Entre finales de los ochenta y mediados de los noventa, el Athletic entró en una etapa de declive en la que cosechó algunas de las peores clasificaciones de su historia en Liga, especialmente el 15.º puesto del curso 1994-95.
En la segunda mitad de los noventa, el equipo mejoró notablemente con Luis Fernández en el banquillo y logró el subcampeonato de Liga en la temporada 1997-98.
Los años 2000 no fueron mucho mejores. El equipo mejoró con el regreso de Jupp Heynckes en 2001, pero en las dos campañas que estuvo no logró superar el 8.º puesto en Liga y perdió una semifinal de Copa frente al Real Madrid.
En 2003, Ernesto Valverde se hizo cargo del banquillo y clasificó al Athletic para disputar la Copa de la UEFA, después de seis temporadas fuera de Europa.
Aquel equipo contaba con jugadores como Andoni Iraola, Asier del Horno, Pablo Orbaiz, Carlos Gurpegi o Fran Yeste, además de Etxeberria y Urzaiz.
Sus mayores logros fueron una goleada histórica al Standard de Lieja, 1-7, y una semifinal perdida ante el Real Betis.
Valverde abandonó el club en 2005 y en las dos siguientes temporadas, 2005-06 y 2006-07, el equipo entró en una crisis en la que estuvo a punto de descender, llegando a cosechar la peor clasificación de su historia en Liga, el 17.º puesto.
Este periodo pasó a ser conocido por los aficionados rojiblancos como el «bienio negro».
En 2007, Fernando García Macua llegó a la presidencia del club y puso en el banquillo a Joaquín Caparrós, quien logró sacar al equipo de la crisis e incluso alcanzó la final de Copa en 2009, tras 24 años sin lograrlo, aunque finalmente cayó derrotado frente al F. C. Barcelona de Pep Guardiola.
Ese año, Josu Urrutia sustituyó a Macua en la presidencia y contrató a Marcelo Bielsa como entrenador, además de fichar a la perla del Real Zaragoza, Ander Herrera.
Aquella campaña, el Athletic pudo disfrutar de su mejor equipo en décadas, con un once formado por Iraizoz, Iraola, Javi Martínez, Amorebieta, Aurtenetxe, Iturraspe, De Marcos, Herrera, Susaeta, Muniain y Llorente.
La gran temporada del conjunto bilbaíno le llevó a alcanzar las finales de la Copa y de la Liga Europa por primera vez en 35 años.
En la competición europea eliminó a equipos como el Manchester United, el FC Schalke 04 o el Sporting de Portugal, aunque finalmente perdió las dos finales por sendas goleadas: 3-0 contra el Atlético de Madrid en la Liga Europa y el mismo desenlace en la final de Copa ante el F. C. Barcelona.
Entre 2014 y 2017, con Ernesto Valverde de vuelta en el banquillo, el Athletic se clasificó cuatro veces seguidas para disputar competiciones europeas.
Su mejor temporada fue la 2013-14, en la que se clasificó para la Liga de Campeones tras 16 años de ausencia y cosechó la mejor cifra de puntos en Liga de su historia: 70.
Sin embargo, la marcha de Ander Herrera al Manchester United en julio de 2014 lastró al equipo, que posteriormente cayó eliminado en la fase de grupos.
El mayor logro en este periodo fue la consecución de la Supercopa de España de 2015.
Después de unos años bastante flojos, el conjunto bilbaíno, dirigido por Gaizka Garitano, alcanzó la final de Copa dos veces consecutivas, en 2020 y 2021.
Debido a la pandemia de COVID-19, tuvo que aplazarse la de 2020, y ambas se disputaron en abril de 2021.
Ya con Marcelino en el banquillo, perdió las dos finales contra la Real Sociedad y el F. C. Barcelona. No obstante, ese año conquistó su tercera Supercopa de España, tras derrotar al Barça por 3-2 en la prórroga.
En 2022, Jon Uriarte llegó a la presidencia y trajo de vuelta a Ernesto Valverde.
El hierro, el Athletic y el Bilbao moderno
El hierro y el titanio llegaron igualmente a la ciudad en su máximo esplendor en 1997, con la apertura del Museo Guggenheim de Bilbao.
Esta relación se pone visualmente de manifiesto en el Palacio Olaso de Trapagaran, donde abrió sus puertas la exposición All Iron!, «un brindis por nuestros antepasados, por Bizkaia, por Euskadi y, por supuesto, por Trapagaran, por divulgar y poner en valor lo que ha significado y tiene que seguir significando el hierro para todos los vascos».
A partir de la goethita, un mineral de hierro de color negro extraído en los montes de Triano, Emilio Cobos desarrolló, con el apoyo de un grupo de artesanos locales, una colección de obras inéditas relacionadas con los orígenes del fútbol en Bizkaia y con la historia minera.
También se pueden contemplar herramientas y reproducciones de antiguas acciones de compañías mineras de Bizkaia, como las que explotaban la Mina Manuela.
Como vecino de Trapagaran, el escritor y periodista Luis de Castresana tiene reservado un rincón muy especial en el Palacio Olaso. El autor de El otro árbol de Guernica recibió en 1968, de las manos del mítico Gainza, la camiseta del Athletic con el número 12 en la espalda, junto con el abrazo cariñoso de sus compañeros de equipo y de la Junta Directiva.
Una experiencia rojiblanca en Bilbao
El vínculo entre el «Alirón», San Mamés y el paisaje industrial de Bilbao puede recorrerse a través de una visita que reúne los dos grandes iconos contemporáneos de la ciudad: el estadio del Athletic y el Museo Guggenheim.
Primero, se efectúa una visita autoguiada de 45 minutos al estadio San Mamés, conocido como «La Catedral», sede del Athletic Club de Bilbao, con más de 105 años de fútbol sobre el mismo solar y uno de los campos más punteros de Europa.
La experiencia permite imaginarse como futbolista, sentir la emoción de saltar al terreno de juego, recorrer la sala de prensa, conocer el vestuario local y salir por el túnel de vestuarios.
Después, hay tiempo libre para admirar el museo del estadio, con 1.400 m² llenos de historia.
Tras la finalización de la visita, un guía acompaña un agradable recorrido a pie por Abandoibarra, la zona moderna de la ciudad, hasta llegar al Museo Guggenheim.
Allí se realiza una visita privada de 1 hora y 30 minutos para conocer sus exposiciones permanentes y temporales.
El recorrido finaliza con un almuerzo en un restaurante prestigioso.

Así, el grito «¡Alirón!» conecta las minas de hierro, los muelles donde los ingleses practicaban el fútbol, el Gimnasio Zamacois, la fundación del Athletic, las celebraciones en San Mamés y la memoria de generaciones de aficionados. Cuando todo el estadio responde al «Athleeeeetic» con un «¡Eeeuuup!», la historia deportiva y social de Bilbao vuelve a escucharse en una sola voz.