La final de la Copa del Mundo de 1934: Italia, Checoslovaquia y el triunfo de Mussolini

La final de la Copa del Mundo de 1934 enfrentó a Italia y Checoslovaquia, y terminó con victoria italiana por 2-1 tras la prórroga. El gol decisivo fue marcado por Angelo Schiavio, que completó la remontada de la selección anfitriona después de que los checoslovacos se adelantaran en la segunda parte.

El torneo se disputó en un ambiente profundamente condicionado por el fascismo italiano. Mussolini convirtió el fútbol en un instrumento de propaganda internacional y utilizó el campeonato para presentar la superioridad de su régimen, mientras las polémicas arbitrales y la violencia de algunos partidos proyectaban una sombra sobre el triunfo de la selección italiana.

El Mundial de 1934 como instrumento del fascismo

Cuando Mussolini llegó al poder en 1922, tras la marcha sobre Roma, su régimen convirtió al deporte en uno de los focos de su sistema totalitario. La ideología fascista del dictador italiano convirtió así el ejercicio físico en uno de los pilares de la nueva sociedad superior que había de sustituir a la decadencia del pasado, con una nueva raza más sana física y moralmente, lo que se tradujo en la promoción de los deportes en las escuelas y la vida pública en general.

El fútbol se convirtió entonces en un elemento aglutinador de las diferentes corrientes que formaban la dictadura, con el mundial de 1934 como una ocasión excelente para demostrar la superioridad del fascismo en el ámbito internacional. Por ello, Mussolini se reunió con los directivos de la FIFA en Ginebra dos años antes, asegurando mediante el soborno que se concediera a su país la celebración de tan importante certamen.

Cartel fascista del Mundial de 1934

Un cartel promocional del mundial mostraba a un jugador italiano haciendo el saludo fascista. Mussolini quiso convertir a cualquier precio la competición en una glorificación de su régimen totalitario.

La formación de la selección italiana

Pero ser el país huésped no sería suficiente para conseguir la victoria y el Duce lo sabía, de modo que en los meses previos al mundial reclutó a los mejores jugadores de ascendencia italiana de todo el mundo, formando un equipo con europeos y sudamericanos nacionalizados a toda prisa bajo el entrenador Vittorio Pozzo.

La copa del mundo empezó pues el 27 de mayo de 1934 y ya desde los primeros partidos se empezó a notar que los árbitros favorecían sospechosamente a Italia, lo que unido a su dream team aseguró un paso sin fisuras hasta cuartos de final tras aplastar a Estados Unidos 7 a 1.

La polémica eliminatoria contra España

La eliminatoria, jugada curiosamente contra el equipo de la España republicana fue apodado por la prensa "la batalla de Florencia” por las incontables faltas perpetradas por la escuadra italiana.

El primer partido, librado el 1 de marzo bajo el corrupto arbitraje del belga Louis Baert supuso una retahíla de agresiones físicas contra jugadores de la talla de Ramón de la Fuente o el portero Ricardo Zamora, quienes pese a conseguir el empate quedaron tan malparados que no pudieron participar en la repetición.

La segunda ronda, jugada el 1 de julio bajo otro árbitro comprado, acabó en una ignominiosa victoria para los italianos, quienes no solo marcaron gracias a empujar al portero suplente, sino que además tuvieron dos legítimos goles en contra perdonados por el colegiado René Mercet, quien fue expulsado de la federación junto con Baert al terminar el campeonato.

La semifinal contra Austria

Idéntica situación se dio en la semifinal contra Austria, derrotada 0-1 por un gol de Angelo Schiavio marcado tras placar brutalmente al portero austríaco en el minuto 19, una clara tarjeta roja que el árbitro Ivan Eklind no quiso ver.

De manera harto sospechosa el sueco se había reunido unos días antes para cenar con Mussolini, y durante el encuentro llegó a actuar más como defensa italiano que como juez imparcial, desviando un pase austríaco de un cabezazo e ignorando las faltas del temible Luis “el ejecutor” Monti.

Pese a estas fraudulentas trampas la FIFA no canceló el resultado ni tomó medidas disciplinarias, sino que por contra cambió al árbitro de la final una semana antes por Eklind para agradar al dictador italiano.

La presión de Mussolini antes de la final

Para asegurarse el tanto Mussolini aterrorizó a sus jugadores con un telegrama titulado Victoria o Muerte además de dirigir un siniestro ultimátum a su entrenador: “señor Pozzo, usted es el único responsable del éxito, pero que Dios lo ayude si llega fracasar”.

La selección italiana celebra la victoria llevando en volandas al entrenador Vittorio Pozzi, quien no habría salido con vida del campo en caso de derrota.

Selección italiana celebra el Mundial 1934

La final Italia-Checoslovaquia

Por ello la final se libró en un ambiente enrarecido y violento en el que los italianos se enfrentaron a la selección de Checoslovaquia.

Pese a las abundantes faltas y placajes en contra los checos lograron anotar en la primera parte, solo para llegar al empata en la segunda y perder finalmente en el tiempo añadido por un último cañonazo de Schiavio.

ElementoDatos de la final
SeleccionesItalia y Checoslovaquia
ResultadoVictoria para Italia por 2-1 tras la prórroga
Jugador decisivoAngelo Schiavio
Momento decisivoTiempo añadido

Terminaba así la segunda copa mundial de fútbol con victoria para Italia, resultado que si bien polémico supuso la primera estrella en el escudo de los azzurri.

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