Enfermedades y lesiones en jugadores de rugby: qué muestran los estudios científicos

Los estudios científicos relacionan la práctica prolongada del rugby, especialmente cuando implica impactos repetidos en la cabeza, con un mayor riesgo de enfermedades neurodegenerativas y deterioro cognitivo en etapas posteriores de la vida. También muestran que las lesiones musculoesqueléticas son frecuentes, predominan en las extremidades inferiores y afectan especialmente al tobillo, la rodilla, los músculos y los ligamentos.

La evidencia disponible no indica que todos los jugadores desarrollen una enfermedad neurológica, pero sí señala que la cantidad acumulada de impactos, la duración de la carrera deportiva, el nivel de juego y otros factores pueden influir en el riesgo. En el plano neurológico, las investigaciones se han centrado en la encefalopatía traumática crónica, el deterioro cognitivo, la demencia, la enfermedad de Parkinson y las enfermedades de las motoneuronas.

Qué enfermedades neurológicas se han relacionado con el rugby

Los antiguos jugadores internacionales de rugby tienen dos veces y media más riesgo que la población general de desarrollar enfermedades neurodegenerativas, según un estudio publicado este miércoles por la Universidad de Glasgow. El riesgo de desarrollar Parkinson sería tres veces más elevado para los antiguos internacionales.

Una enfermedad de las motoneuronas, un tipo de dolencia degenerativa, sería quince veces más elevado, según los resultados publicados en el Journal of Neurology, Neurosurgery and Psychiatry. El estudio, realizado sobre 412 antiguos internacionales escoceses de rugby comparados con 1.200 personas procedentes de la población general, se añade a precedentes investigaciones sobre los vínculos entre las conmociones cerebrales sufridas por los jugadores y el riesgo de desarrollar enfermedades neurodegenerativas.

Problema estudiadoResultado descrito
Enfermedades neurodegenerativasDos veces y media más riesgo en antiguos internacionales que en la población general
Enfermedad de ParkinsonTres veces más riesgo en antiguos internacionales
Enfermedad de las motoneuronasQuince veces más riesgo en antiguos internacionales

Según el estudio de la Universidad de Glasgow, los riesgos no son los mismos para las diferentes enfermedades neurodegenerativas y el puesto de cada jugador no tiene influencia. Los investigadores subrayan que la mayor parte de jugadores estudiados eran amateurs porque el rugby no fue profesional hasta 1995.

“Nuestra preocupación es principalmente sobre el riesgo de enfermedad de las motoneuronas entre los jugadores de rugby, que es incluso más elevada que entre los antiguos futbolistas profesionales”, declaró el especialista en neuropatologías Willie Stewart, que dirigió el equipo de investigación.

Brian Dickie, director de investigación y desarrollo de la Asociación de Enfermedades de las motoneuronas, agradeció el estudio pero pidió que se hicieran más amplios.

Encefalopatía traumática crónica y golpes repetidos en la cabeza

La encefalopatía traumática crónica, conocida como CTE o ETC, es una enfermedad cerebral degenerativa que se cree que se desencadena por repetidos golpes en la cabeza que dañan los tejidos cerebrales. Aunque solo se puede diagnosticar después de la muerte, se manifiesta en etapas posteriores de la vida con síntomas como problemas de memoria, cambios de humor, depresión y demencia.

Durante décadas, la ciencia ha intentado explicar por qué quienes practicaron deportes de contacto, como el rugby o el boxeo, pueden desarrollar problemas neurológicos después de retirarse. Un reciente estudio ha arrojado nueva luz sobre los peligros que enfrentan los jugadores de rugby en lo que respecta a la encefalopatía traumática crónica (CTE).

El estudio impulsado por el Centro CTE de la Universidad de Boston reveló que el riesgo de desarrollar CTE se relaciona directamente con la duración de la carrera de rugby de un jugador. Cada año adicional en el deporte aumenta el riesgo en un 14%.

De los 31 exjugadores de rugby cuyos cerebros se donaron para la investigación, aproximadamente el 68 por ciento presentaba signos de CTE post mortem. Incluso aquellos que no informaron conmociones cerebrales tenían CTE, sugiriendo que la cantidad de golpes en la cabeza, incluso los considerados “leves”, a lo largo de una carrera deportiva, pueden tener un impacto significativo en la salud cerebral.

La CTE sigue siendo un desafío grave y se necesitan cambios en la forma en que se practican y juegan estos deportes para reducir el riesgo de desarrollar esta devastadora enfermedad.

Encefalopatía traumática crónica en jugadores rugby

La barrera hematoencefálica como posible mecanismo biológico

Publicada en Science Translational Medicine y difundida por la revista Nature, la investigación pone el foco en una estructura fundamental: la barrera hematoencefálica, una densa capa de células que recubre los vasos sanguíneos que irrigan el cerebro. Una especie de “filtro” que lo protege de sustancias dañinas.

Según los resultados, esa barrera puede dañarse y volverse permeable décadas después de que un atleta se retire, tras la exposición repetida a golpes en la cabeza. Este hallazgo resulta especialmente relevante para ex jugadores de rugby y boxeadores, dos grupos históricamente expuestos a impactos reiterados.

La barrera hematoencefálica cumple una función crítica: regula qué sustancias pasan de la sangre al cerebro. Cuando funciona bien, protege el tejido cerebral. Pero si se vuelve “permeable”, pueden filtrarse moléculas inflamatorias o células del sistema inmune.

La barrera hematoencefálica (BHE) cumple una función central: permite el paso de nutrientes esenciales al cerebro y bloquea toxinas y células inflamatorias que podrían desencadenar reacciones dañinas. Cuando esta barrera se vuelve permeable, pierde su capacidad de protección y se asocia al deterioro cognitivo y neurológico de los exdeportistas, facilitando procesos degenerativos como la encefalopatía traumática crónica (ETC), la enfermedad de Alzheimer y otras formas de demencia.

El equipo liderado por el doctor Matthew Campbell, catedrático de genética neurovascular del Trinity College, y el doctor Colin Doherty, director de la Facultad de Medicina del mismo centro, planteó un enfoque innovador: utilizar resonancias magnéticas avanzadas en vida para analizar la permeabilidad de la barrera hematoencefálica en 47 atletas retirados de deportes de contacto, comparando los resultados con un grupo control de personas no atletas y de deportistas de disciplinas sin contacto.

Las tomografías cerebrales mostraron que la barrera hematoencefálica de los atletas de deportes de contacto era significativamente más permeable que la de las personas del grupo de control, a pesar de que los atletas llevaban retirados un promedio de 12 años en el momento del estudio.

Los participantes con mayor grado de daño en la barrera hematoencefálica tuvieron peores resultados en pruebas de memoria y función ejecutiva. “Esta fue la primera evidencia en el cerebro humano vivo de que la barrera hematoencefálica se ve alterada en individuos propensos a padecer encefalopatía traumática crónica (CTE)”, afirmó Campbell en la entrevista.

El estudio incluyó también el análisis de tejido cerebral post mortem de atletas diagnosticados con ETC, confirmando la presencia de una “fuga” persistente que permitía la entrada de proteínas inflamatorias. Estas proteínas, entre ellas la p-Tau -tóxica y asociada al Alzheimer-, desencadenan una cascada de daños que agravan la degeneración cerebral.

“Incluso años después de su retiro, los atletas retirados mostraron una alteración significativa de la barrera hematoencefálica en comparación con los controles de la misma edad”, agregó Campbell. Esta observación llevó al equipo a concluir que el daño provocado por impactos repetidos en la cabeza constituye un proceso crónico y continuo, más que un evento aislado.

El papel de los impactos subconmocionales

Uno de los puntos clave es que el daño no depende únicamente de golpes severos. Incluso impactos repetidos de menor intensidad, los llamados “subconmocionales”, podrían contribuir a este deterioro progresivo. La acumulación de microtraumas también puede tener efectos a largo plazo.

Los investigadores señalan que los cambios en el sistema inmune del cerebro, favorecidos por esa “permeabilidad” de la barrera hematoencefálica, podrían desencadenar procesos inflamatorios que, con el tiempo, dañan las neuronas.

Lo que agrega el nuevo trabajo es una posible explicación biológica común: los impactos repetidos no solo provocan lesiones agudas, sino que podrían dejar una “puerta abierta” en el cerebro que nunca termina de mejorar.

La permeabilidad de la barrera abre paso a proteínas inflamatorias como la p-Tau, asociada al Alzheimer y la encefalopatía traumática crónica.

Inflamación y biomarcadores de daño cerebral

Otro punto es el cambio en la forma de detectar el daño. Los análisis de sangre utilizados para diagnosticar daño cerebral no fueron muy efectivos para identificar a quienes experimentaban deterioro cognitivo, según descubrieron en este estudio.

Las señales de alerta solo se vieron después de que el equipo examinara el sistema inmunológico de los atletas: la sangre de quienes tenían mayor daño en la barrera hematoencefálica y mayor deterioro cognitivo contenía una mayor proporción de glóbulos blancos inflamatorios y otros biomarcadores de activación inmunológica.

“Parecía que los atletas vivían en un estado de hiperinflamación sistémica”, afirmó Campbell. Entonces, las tomografías cerebrales que detectan vasos sanguíneos con fugas podrían servir algún día como herramienta para identificar a pacientes vivos con alto riesgo.

Pero advierten que el proceso es complejo y que no todos los ex atletas desarrollan patologías. Factores como la cantidad de impactos, la duración de la carrera o incluso hábitos de vida, también juegan un rol.

Síntomas neurológicos que pueden aparecer años después

“Sabemos que algunos jugadores pueden desarrollar trastornos neurológicos muchos años después de haber finalizado su práctica deportiva”, explicó la neuróloga María Julieta Russo, investigadora principal del proyecto ARG-SCARS y manager del estudio.

“A veces, los síntomas de los cambios neurobiológicos en el cerebro ocasionados por los golpes pueden aparecer 10, 15, 20 o 30 años después, y eso es lo que queremos estudiar”, aclaró.

Estos síntomas pueden ser cognitivos, conductuales y motores.

  • Alteraciones en la memoria, la concentración, la atención, la toma de decisiones, la planificación y la organización.
  • Trastornos del ánimo, cambios de conducta y de personalidad y conductas desinhibidas.
  • Temblores, rigidez, lentitud, alteraciones en la marcha, torpeza motora y caídas.

A nivel individual, una detección temprana de las consecuencias que pueden haber tenido estos golpes para la salud del cerebro permite diseñar un tratamiento a la medida de cada paciente y prevenir complicaciones a largo plazo.

Investigación argentina sobre exjugadores de rugby

Se trata del primer estudio de este tipo que se realiza en América latina. El objetivo es establecer la relación entre los impactos repetitivos en la cabeza en los deportes de contacto y los riesgos de problemas de salud cerebral en el futuro.

Los jugadores de deportes de contacto están expuestos a sufrir traumatismos de cráneo reiterados, lo que puede tener importantes consecuencias para su salud cerebral. Por eso, la Clínica de Conmoción Cerebral asociada al Deporte de Fleni está llevando a cabo una ambiciosa investigación, llamada Argentina- Sports Concussion Assessment & Research Study (ARG-SCARS), para responder preguntas importantes acerca de este fenómeno.

Para esta investigación, de la que no hay antecedentes en América latina, los investigadores de Fleni están reclutando a ex jugadores de rugby de más de 45 años que hayan jugado durante al menos cinco años consecutivos en cualquier nivel (amateur/profesional/élite). El objetivo es llegar a 100 voluntarios.

Cómo se realiza el seguimiento

El estudio ARG-SCARS de Fleni consiste en una serie de evaluaciones periódicas a las que se someterá cada uno de los ex jugadores de más de 45 años durante 12 años.

EvaluaciónFrecuencia
Evaluación neurocognitivaCada dos años
Resonancia y extracción de sangre para detectar biomarcadores de lesión cerebralCada cuatro años
Cuestionario familiar sobre funcionamiento motor y cerebralAnualmente

La evaluación neurocognitiva dura alrededor de una hora y media y está conformada por una batería detallada de preguntas estructuradas y ejercicios que el voluntario debe completar guiado por un neuropsicólogo especializado.

Esto permite medir y cuantificar el desempeño en ciertas funciones intelectuales como la memoria, el lenguaje, la atención y la velocidad de procesamiento de la información, entre otras.

“Por lo general, se piensa que la conmoción cerebral está asociada a pérdidas de conocimiento o formas neurológicas más serias y se desestima el impacto que puede tener un golpe en la cabeza en nuestro funcionamiento cognitivo”, señaló la doctora Russo.

“Por lo tanto, esta evaluación es la mejor herramienta con la que contamos para detectar las formas más sutiles de lesión cerebral, que de otra manera pasarían desapercibidas”, afirmó.

Prevención de los traumatismos craneales

Expertos en el campo subrayan la importancia de tomar medidas preventivas para reducir tanto la cantidad como la fuerza de los impactos en la cabeza en deportes de contacto, como el rugby.

“En lugar de hablar de extender las temporadas y añadir nuevas competiciones, hay que intentar reducirlas lo antes posible”, añadió Willie Stewart, poniendo el ejemplo del fútbol americano, que ha reducido los contactos en los entrenamientos.

El hallazgo de la alteración persistente en la barrera hematoencefálica tiene consecuencias inmediatas tanto para la medicina deportiva como para la salud pública. Chris Greene, primer autor del artículo y profesor en la Universidad de Medicina y Ciencias de la Salud RCSI, destacó: “El estudio destaca que las resonancias magnéticas centradas en la barrera hematoencefálica podrían servir como un sistema de alerta temprana, identificando a los atletas con mayor riesgo de padecer enfermedades cerebrales en el futuro mientras aún viven y [potencialmente] juegan”.

El trabajo sugiere que el monitoreo regular de la barrera hematoencefálica en deportistas de contacto podría anticipar el desarrollo de deterioro cognitivo, permitiendo intervenciones preventivas antes de que el daño sea irreversible.

Los autores plantean que los ensayos de intervención temprana podrían investigar si sellar la barrera “permeable” mediante fármacos nuevos o ya existentes podría ralentizar o incluso detener la progresión del daño cerebral en atletas en riesgo.

Además, un seguimiento a largo plazo de los jugadores profesionales desde el inicio de sus carreras podría ayudar a determinar el momento exacto en que comienza a fallar la barrera hematoencefálica, información útil para perfeccionar protocolos de regreso al juego y normas de seguridad.

El estudio también tiene implicancias en materia de regulación y protección de los deportistas aficionados y menores de edad, especialmente en disciplinas como el rugby, donde la responsabilidad recae en entrenadores y padres.

Colin Doherty planteó: “Nos encontramos en un momento crítico en cuanto a cómo, como sociedad, aceptamos lo que es permisible en el contexto de los traumatismos craneales relacionados con el deporte, especialmente para los aficionados y menores de 18 años que participan en deportes de contacto y combate como el rugby, donde la responsabilidad de velar por el bienestar recae en los profesores y entrenadores aficionados, que suelen ser padres de familia”.

Lesiones musculoesqueléticas más frecuentes

El rugby, uno de los deportes de contacto más populares que involucra colisión, presenta el mayor nivel de lesión dentro del grupo de los deportes de equipo. La literatura científica observa una tendencia en la aparición de lesiones musculoesqueléticas del miembro inferior.

Las principales lesiones deportivas de jugadores de rugby durante el entrenamiento se deben al trote de resistencia y a las actividades de contacto y durante el partido, al tacle, scrum y maul.

Los miembros inferiores son los sitios de lesión más frecuentes, seguidos de las extremidades superiores y la cabeza. Los diagnósticos más comunes son las lesiones de músculo y tendón y las lesiones articulares y ligamentarias.

SituaciónPrincipales mecanismos o elementos relacionados
PartidosTacle, scrum y maul
EntrenamientosTrote de resistencia y actividades de contacto
Regiones corporales más afectadasMiembros inferiores, cabeza y miembros superiores
Tipos de lesión más comunesLesiones musculotendinosas, articulares, ligamentarias y esguinces

Incidencia de lesiones según estudios epidemiológicos

Un estudio en 25 jugadores profesionales en Nueva Zelanda mostró una incidencia de 120 lesiones por 1 000 horas-jugador. Un estudio australiano sobre 91 partidos entre 1994 y 2000 reportó una incidencia de 69 lesiones por 1 000 horas-jugador.

Los autores realizaron un estudio para determinar la etiología, incidencia, gravedad y causas de lesiones sufridas por un equipo de rugby de Inglaterra durante su entrenamiento y participación en la Copa Mundial de Rugby de 2003 en Australia.

Para ello, utilizaron un diseño prospectivo de 63 semanas para evaluar las prácticas de entrenamiento y lesiones de jugadores de rugby ingleses. El médico del equipo reportó todas las lesiones del entrenamiento y del juego y aportó detalles sobre ubicación, diagnóstico, gravedad y mecanismo de producción de cada lesión.

Como resultado, la incidencia global de lesiones fue de 17 lesiones/1 000 horas de exposición; durante el juego fue de 218 lesiones/1 000 horas y durante el entrenamiento de 6.1 lesiones/1 000 horas.

Los principales sitios de lesión fueron los miembros inferiores (60%) y superiores (17%) y los diagnósticos más comunes fueron lesiones de músculo y tendón (50%) y articulares y ligamentarias (41%).

La mayor incidencia de lesiones de juego ocurrieron al ser tacleados (50 lesiones/1 000 hs) y en un scrum (35 lesiones/1 000 hs). La mayor incidencia de lesiones durante el entrenamiento ocurrieron durante el trote de resistencia (24 lesiones / 1 000 hs) y actividades de contacto (20 lesiones/ 1 000 hs).

Los autores concluyen que la incidencia de lesiones de juego a nivel internacional es superior que lo reportado con anterioridad. Ciertos elementos del juego como el tacle, el scrum y el maul; y del entrenamiento, como el trote de resistencia y actividades de contacto, presentan el mayor riesgo de lesión para todos los jugadores.

Resultados de una revisión sistemática hasta 2024

Una revisión sistemática y metanálisis informó tasas agrupadas de incidencia de lesiones estratificadas por formato de rugby, nivel de juego, resultado de las lesiones y sexo, e identificó los sitios y tipos de lesiones más comunes.

Se realizaron búsquedas en bases de datos electrónicas -PubMed/MEDLINE, Web of Science y Scopus- desde su inicio hasta octubre de 2024 después del registro en PROSPERO.

En 148 informes y 8.384.430 horas de jugador, se notificaron 96.506 lesiones en el rugby. Las lesiones relacionadas con los partidos fueron consistentemente más altas que las relacionadas con el entrenamiento en todos los formatos de rugby.

Formato de rugbyLesiones con pérdida de tiempoLesiones con atención médica
Rugby Sevens71,6 por 1.000 horas de jugador138,9 por 1.000 horas de jugador
Liga de Rugby24,3 por 1.000 horas de jugador61,9 por 1.000 horas de jugador
Rugby Union19,9 por 1.000 horas de jugador33,6 por 1.000 horas de jugador

Los jugadores profesionales demostraron una mayor incidencia de lesiones que los jugadores amateurs en Rugby Union y Rugby League, mientras que en Rugby Sevens se observó la tendencia opuesta.

Las lesiones de las extremidades inferiores fueron las más comunes, seguidas de las lesiones de la cabeza y las extremidades superiores. Los esguinces fueron el tipo de lesión más frecuente.

La incidencia de lesiones es alta en todos los formatos de rugby, particularmente en Seven, y la mayoría de las lesiones ocurren durante los partidos. Predominan las lesiones y esguinces de miembros inferiores.

Los hallazgos están limitados por la heterogeneidad en las definiciones de lesiones y la calidad de los estudios.

Lesiones de pie y tobillo en jugadores de rugby

Las lesiones a nivel de pie y tobillo son las más frecuentes en el rugby. El esguince lateral de tobillo fue la lesión más frecuente en jugadores y jugadoras de rugby de la Universidad de Málaga.

El estudio observacional y transversal se realizó en el equipo de rugby de la Universidad de Málaga desde febrero a abril de 2024. Participaron jugadores hombres y mujeres mayores de 18 años.

Los criterios de exclusión fueron padecer alguna enfermedad degenerativa; intervención quirúrgica a nivel de la articulación tibioperoneoastragalina o 1.ª articulación metatarsofalángica; tratamientos ortopodológicos o extrapédicos.

En total participaron 15 sujetos en el estudio, de los cuales 12 fueron hombres y 3 mujeres, con una media de edad de 25 años (DE = 4.94) en hombres y 21 años (DE = 2.08) en mujeres.

En cuanto al IMC, se encontró que el 46.7 % constituyente de la muestra tenía sobrepeso, representando los hombres el 40 % del total. Finalmente, la pierna derecha fue dominante en el 86.7 % de la muestra.

En cuanto al tiempo de entrenamiento, se obtuvo que la mayoría de los jugadores entrenaban más de 4 días a la semana, siendo este patrón más repetido en los hombres. Respecto al tiempo en años practicando rugby, se encontró que la mayoría de los participantes llevaban más de dos años de práctica.

Hiperpresiones plantares

Casi todos los jugadores presentaron zonas de hiperpresión (93.4 %). El 93.4 % de los jugadores que llevaban entre 1 y 2 años o más de dos años tenían zonas de hiperpresión en alguna zona de la planta del pie.

La zona de mayor prevalencia de aparición era el primer pulpejo y cabeza del primer metatarsiano bilateral (46.7 %), seguido del pulpejo del primer dedo bilateralmente (40 %).

Por último, y en menor medida, se encontraron zonas de hiperpresión en la cabeza del primer metatarsiano bilateralmente (6.7 %).

En relación con la posición de juego, se demostró que el 80 % de los hombres y todas las mujeres jugaban como delanteros. En cuanto a la asociación de la posición de juego con la presencia de zonas de hiperpresión, se obtuvo que la mayoría de los jugadores con posición de defensa eran propensos a padecer zonas de hiperpresión en el pulpejo del primer dedo bilateralmente y la cabeza del primer metatarsiano bilateralmente (66.7 %).

Además, en cuanto a los delanteros, la mayoría de las zonas de hiperpresión se presentaron en el pulpejo del primer dedo bilateralmente (50 %). El 33,3 % de defensas no presentaron zonas de hiperpresión.

Mapa de hiperpresiones plantares rugby

Movilidad de la primera articulación metatarsofalángica

En hombres, se obtuvieron valores de 50° (DS = 7.69) en el pie derecho y 54.6° (DE = 11) en el izquierdo. En cuanto a las mujeres, estos valores fueron de 66.7° (DE = 11.5) bilateralmente.

Se encontró mayor rango de flexión dorsal de la articulación metatarsofalángica en mujeres. No se encontró asociación estadísticamente significativa entre los grados de flexión dorsal de la 1AMTF en relación con los años de práctica deportiva.

Respecto al test de hallux limitus funcional, se encontró tanto en hombres como en mujeres la presencia mayoritaria de hallux limitus funcional bilateral (66.7 %).

Los resultados demostraron un mayor rango de flexión dorsal de la primera articulación metatarsofalángica en mujeres jugadoras, así como un predominio de hallux limitus bilateral, tanto en hombres como en mujeres.

Articulación del tobillo y prueba de Lunge

Respecto al estado funcional de la articulación tibiperoneoastragalina mediante la prueba de Lunge, se encontró una asociación estadísticamente significativa del miembro inferior derecho con el género en cuanto a la capacidad de realizar o no adecuadamente la prueba.

También se encontró una asociación significativa entre la capacidad de realizar la prueba de Lunge en el miembro inferior derecho en relación con los años de práctica.

La prueba de Lunge se realizó situando al sujeto en bipedestación a 10 cm de la pared, alineando el primer dedo con el centro del talón. La capacidad o incapacidad del participante para realizar la prueba en cada miembro fue calificada como “apto” o “no apto”.

Alineación y función del pie

En cuanto a la valoración del miembro inferior mediante el FPI en el pie derecho e izquierdo, el 73.3 % y el 53.4 % del total presentaban un pie neutro respectivamente.

En cuanto al género, el FPI del pie derecho en hombres fue de tipología mayoritariamente neutra (60 %), seguido de pronado (20 %). En las mujeres la tipología mayoritaria fue igualmente neutra (13.3 %), seguido de pronado (6.7 %).

En cuanto al miembro inferior izquierdo, la mayoría de los hombres presentaban un pie neutro (46.7 %), seguido de pie pronado (26.7 %). En las mujeres, el FPI fue pronado (13.3 %) seguido de la tipología neutra (6.7 %).

El FPI fue predominantemente neutro en el pie derecho (73.3 %) y en el pie izquierdo (53.4 %). En cuanto al estado funcional del pie y tobillo, se destacan variaciones atendiendo a las características del jugador.

Instrumentos de evaluación utilizados

Para cada paciente se recogieron datos específicos de la historia clínica, incluyendo datos sociodemográficos, antropométricos y morfológicos de pie y tobillo.

El rango de movilidad de la 1AMTF en descarga se valoró mediante goniómetro de dos ramas. Además, se realizó la prueba del hallux limitus con el participante en decúbito supino.

Con el FPI se evaluó el pie en los tres planos espaciales. Se tuvieron en cuenta seis elementos, cada uno de ellos obteniendo un posible valor desde el -2 al +2.

Los valores positivos fueron asociados a la pronación y los negativos a la supinación, representando el valor 0 la neutralidad.

Para la valoración perspectiva de la función física del complejo anatómico de pie y tobillo se administró el cuestionario Foot and Ankle Ability Measure (FAAM) dimensión “Deportes” en su versión española.

Por último, se administró el Cuestionario Internacional de la Actividad Física (IPAQ) en su versión corta y validado en español para determinar la cantidad de actividad física que se realiza, y si esta pudo relacionarse con lesiones a nivel del pie y tobillo.

Finalmente, no se encontraron asociaciones estadísticamente significativas entre la presencia de lesiones a nivel de pie y tobillo respecto a la pierna de juego dominante ni en relación con los resultados obtenidos en los cuestionarios FAAM e IPAQ.

Limitaciones de la evidencia científica

Los estudios disponibles utilizan diseños diferentes, poblaciones con edades y niveles deportivos distintos y definiciones no siempre idénticas de conmoción, lesión, pérdida de tiempo o atención médica.

La investigación de la Universidad de Málaga incluyó solo a 15 sujetos, de los cuales 12 fueron hombres y 3 mujeres. El estudio sobre antiguos internacionales escoceses comparó 412 exjugadores con 1.200 personas procedentes de la población general.

El estudio sobre la barrera hematoencefálica examinó a 47 atletas retirados de deportes de contacto y contó con un grupo de control formado por personas no atletas y atletas que habían practicado deportes sin contacto.

El científico aclaró que el estudio incluyó solo a siete mujeres entre los atletas y participantes del grupo de control, porque “por el momento, hay muchas menos atletas femeninas de élite retiradas que atletas masculinos”.

La CTE solo puede diagnosticarse después de la muerte, aunque la investigación sobre la barrera hematoencefálica y las evaluaciones neurocognitivas permiten estudiar señales asociadas en personas vivas.

Pero advierten que el proceso es complejo y que no todos los ex atletas desarrollan patologías.

Qué líneas de investigación se proponen

Los investigadores ahora pretenden ampliar el trabajo para incluir a una gama más amplia de atletas, incluidos los de deportes femeninos y deportes amateur, para explorar si estos hallazgos se aplican a todos los niveles de deportes de colisión y combate.

El seguimiento de los deportistas a lo largo de su trayectoria y la implementación de estrategias para sellar la barrera hematoencefálica podrían convertirse en piezas clave para reducir la incidencia de demencia y otras enfermedades neurodegenerativas en quienes practican deportes de contacto.

La capacidad de detectar en vida las alteraciones en la barrera hematoencefálica puede cambiar el paradigma de prevención, diagnóstico y tratamiento de los daños cerebrales en atletas expuestos a traumatismos repetidos.

La investigación también desafía a los organismos públicos y privados a replantear las políticas de salud y seguridad en el deporte, proponiendo un enfoque más proactivo que trascienda el ámbito de las federaciones y contemple la magnitud del problema como una cuestión de salud pública.

La seguridad de los deportistas es esencial para garantizar que el espíritu competitivo no deje secuelas irreparables en su salud.

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