La división encargada del exterminio de los judíos durante la Segunda Guerra Mundial

La deportación y el exterminio de los judíos europeos fueron dirigidos por el Departamento de Asuntos Judíos de las SS, a cargo de Adolf Eichmann, dentro de la estructura represiva de la Alemania nazi. Las SS organizaron la persecución, las deportaciones y el funcionamiento de los campos, mientras que otras autoridades alemanas, policías locales, administraciones civiles y colaboradores de los países ocupados participaron en distintas etapas.

La primera fase del asesinato masivo no comenzó en los campos, sino con la invasión alemana de la Unión Soviética en junio de 1941. Los Einsatzgruppen, escuadrones móviles de fusilamiento vinculados a las SS y a los cuerpos policiales alemanes, recibieron la misión de asesinar a los judíos encontrados en los territorios ocupados; se estima que estos comandos mataron aproximadamente a 1.300.000 judíos.

Desde fines de 1941 y comienzos de 1942, los alemanes ampliaron el sistema mediante deportaciones organizadas hacia centros de exterminio. En la primavera boreal de 1942 comenzaron a deportar a los campos de exterminio a los judíos de Europa central y occidental. Las operaciones se basaban habitualmente en el engaño: se hablaba de campos de trabajo, reasentamiento o duchas de desinfección, mientras las víctimas eran trasladadas a guetos, campos de tránsito y centros destinados al asesinato masivo.

Mapa de deportaciones judías hacia campos nazis

La estructura nazi de persecución y exterminio

En la Alemania nazi (1933-1945) se encarceló a personas a gran escala en una enorme red de campos y otros centros de detención. Había decenas de miles de campos nazis que pertenecían a diferentes sistemas de campos. Había muchas autoridades administrativas alemanas diferentes que operaban estos campos.

Los nazis crearon estos campos y sus sistemas en diferentes momentos y para diferentes propósitos. Los nazis establecieron campos casi desde el momento en que llegaron al poder en 1933. Sin embargo, durante la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), el alcance y la escala de los campos adquirieron proporciones nuevas y extraordinarias.

En particular, fue durante la guerra que los nazis establecieron campos específicamente para llevar a cabo el asesinato masivo de judíos. Los campos nazis siguieron siendo centros de tortura, sufrimiento, privaciones y asesinatos masivos hasta el final de la guerra.

Las principales autoridades implicadas

  • Las SS: dirigían el sistema de campos de concentración y exterminio, la seguridad, las deportaciones y numerosos cuerpos policiales.
  • El Departamento de Asuntos Judíos de las SS: coordinaba las deportaciones de judíos europeos bajo la dirección de Adolf Eichmann.
  • La Inspección de Campos de Concentración de las SS: desde 1934 administraba el sistema de campos de concentración.
  • La Oficina Principal de Administración Económica de las SS: posteriormente asumió la administración económica y organizativa de los campos.
  • Los Einsatzgruppen: ejecutaban asesinatos masivos mediante fusilamientos en los territorios ocupados, especialmente en Europa oriental.
  • La Wehrmacht: administraba los campos de prisioneros de guerra y participaba en la ocupación y represión.
  • Las policías locales y las administraciones colaboracionistas: detenían, registraban, concentraban y trasladaban a los judíos en numerosos países.

Los campos de concentración nazis (Konzentrationslager) eran un tipo específico de campo nazi administrado por las SS (Schutzstaffel, Escuadrón de Protección). Al principio, el régimen nazi utilizaba los campos de concentración para aterrorizar y encarcelar a sus opositores políticos.

Pero con el tiempo, los nazis también encarcelaron a otros grupos en el sistema de campos de concentración. Las SS explotaron brutalmente a estos prisioneros para hacer trabajos forzados.

Los campos de concentración eran lugares de detención extralegal. A diferencia de las prisiones, los campos de concentración eran independientes de cualquier revisión judicial. Los nazis encarcelaban a las personas en estos campos sin acusarlas de ningún delito.

Los prisioneros quedaban retenidos ahí indefinidamente y sin recursos legales. No había garantía de que alguna vez serían liberados. Las SS crearon un sistema estandarizado para sus campos de concentración.

De la persecución al asesinato sistemático

El Holocausto consistió en la persecución y el asesinato de seis millones de judíos en toda Europa y de medio millón de romaníes y sintis por parte de la Alemania nazi (1933-1945) y otros Estados racistas.

La ideología nazi se basó en el antisemitismo y el antigitanismo preexistentes. Parte de la población local colaboró de buen grado. Otros ayudaron a las víctimas. La mayoría fueron testigos.

No obstante, en el imaginario nazi, los judíos se perfilaban como la principal amenaza para su nuevo orden mundial. El gobierno nazi promulgó su programa racista antisemita y, a partir de 1941, emprendió el asesinato de todos los niños, mujeres y hombres judíos.

El racismo nazi exigía la esterilización forzosa de los alemanes de ascendencia africana, el asesinato de alemanes con discapacidad y prisioneros de guerra soviéticos, y la esclavización de las personas de etnia eslava. Los nazis criminalizaron a todos los que consideraban opositores al régimen, incluidos los homosexuales, los disidentes políticos y los testigos de Jehová.

Los primeros campos y la consolidación del sistema

Los campos de detención de la Alemania nazi se crearon poco después del nombramiento de Adolf Hitler como canciller en enero de 1933. Se crearon de forma ad hoc e improvisada como parte de la oleada de terror del régimen nazi contra los opositores políticos del Partido Nazi.

En 1933, decenas de miles de prisioneros fueron recluidos en estos primeros campos. La gran mayoría de los prisioneros de estos primeros campos eran hombres jóvenes que eran miembros del Partido Comunista Alemán o de sus afiliados. La mayoría nunca fueron acusados de ningún delito.

Había al menos 100 campos de este tipo repartidos por toda Alemania. Estos campos no eran todos iguales. Se diferenciaban por su ubicación, administración y propósito.

Muchos de los sitios estaban dirigidos por paramilitares nazis. Algunos ejemplos de los primeros campos incluyen, entre otros, Esterwegen, Börgermoor, Oranienburg, Hainewalde, Hainichen y Columbia-Haus.

La mayoría de los primeros campos solo existieron durante un breve periodo. A medida que el régimen se estabilizaba, estos primeros emplazamientos solían cerrarse, consolidarse o normalizarse como campos de concentración oficiales de las SS.

El primer campo de concentración oficial de las SS, Dachau, se creó en marzo de 1933. Este campo se convirtió en el modelo para la administración y la organización de los campos de concentración de las SS.

Además de Dachau, los nazis establecieron otros campos de concentración en Alemania antes de la Segunda Guerra Mundial, entre ellos Sachsenhausen, Buchenwald, Flossenbürg, Mauthausen, en la Austria anexionada, y Ravensbrück, un campo exclusivo para mujeres.

Durante la Segunda Guerra Mundial, los nazis siguieron ampliando el sistema de campos de concentración. Los nuevos campos de concentración incluían, entre otros, Neuengamme, Gross-Rosen y Bergen-Belsen.

Los nazis también crearon tres grandes campos de concentración durante la guerra en la Polonia ocupada por los alemanes: Stutthof, Lublin/Majdanek y Auschwitz, que finalmente incluyó el centro de exterminio de Auschwitz-Birkenau.

También hubo campos de concentración en otras partes de la Europa ocupada por Alemania, como Herzogenbusch (Vught) en los Países Bajos y Natzweiler en Francia. En total, más de dos millones de personas fueron encarceladas en campos de concentración nazis. Cientos de miles de estos prisioneros murieron ahí.

Los campos de exterminio

Los campos nazis de exterminio cumplieron la función exclusiva del asesinato en masa. A diferencia de los campos de concentración, que servían primariamente como centros de detención y trabajo, los campos de exterminio eran casi exclusivamente “fábricas de muerte”.

Los campos de exterminio se crearon con la única finalidad de llevar a cabo de la manera más eficaz posible el asesinato masivo de seres humanos. Estos campos representaron la industrialización de la muerte ocurrida entre mentiras y eufemismos.

Se crearon seis campos de exterminio generales: Auschwitz-Birkenau, Chelmno, Sobibor, Treblinka, Belzec y Majdanek; y uno para judíos y opositores de la Ustacha, en Croacia, llamado Jasenovac.

Campo o complejoFunción principal
Auschwitz-BirkenauCampo de concentración, centro de exterminio y complejo de trabajos forzados
ChelmnoExterminio mediante camiones de gas
BelzecCentro de exterminio de la Operación Reinhard
SobiborCentro de exterminio de la Operación Reinhard
TreblinkaCentro de exterminio de la Operación Reinhard
MajdanekCampo de prisioneros de guerra, concentración y exterminio
JasenovacCampo administrado en el Estado Independiente de Croacia

Mientras que en Auschwitz-Birkenau y Majdanek existían también plantas de trabajo forzado en las que algunos de los prisioneros, seleccionados a su llegada, podían sobrevivir durante algunos meses, en Treblinka, Sobibor, Chelmno y Belzec, lo único que se “fabricaba” era la muerte.

El primer campo de exterminio fue Chelmno, que abrió en el Warthegau, la parte de Polonia anexada a Alemania, en diciembre de 1941. Más que todo judíos, pero también Roma, fueron gaseados en camiones.

En 1942, en el Gobierno General, un territorio en el interior de Polonia ocupada, los nazis abrieron Belzec, Sobibor y Treblinka, como parte de la Operación Reinhard, para asesinar sistemáticamente a los judíos de Polonia.

Para octubre de 1943, más de 1,7 millones de judíos habían sido gaseados con monóxido de carbono en cámaras de gas en los campos de la Operación Reinhard. Hubo solo alrededor de 120 sobrevivientes.

Casi todos los deportados que llegaban a los campos eran mandados inmediatamente a las cámaras de gas, con la excepción de algunos elegidos para trabajar en equipos especiales llamados Sonderkommandos.

Más de tres millones de judíos fueron asesinados en los campos de exterminio, con gas y fusilamiento. Los nazis masacraron a más de 3.000.000 de personas en esos campos; la mayoría en las cámaras de gas; otros por hambruna, agotamiento, enfermedades, fusilamiento y golpes.

Entre las víctimas de los campos de exterminio no solo se encontraban judíos, se incluían prisioneros de guerra soviéticos, presos políticos, gitanos, homosexuales y testigos de Jehová.

Auschwitz-Birkenau

Auschwitz fue el más importante y el más altamente organizado de los campos de exterminio nazis. Más personas fueron asesinadas ahí que en ningún otro campo.

En realidad era tres campos en uno: un campo de concentración, un centro de exterminio y un complejo de campos de esclavos. Auschwitz-Birkenau comenzó a operar como campo de exterminio en marzo de 1942.

Al menos 1,3 millones de personas fueron enviadas a Auschwitz-Birkenau durante la guerra, el 90% de ellos eran judíos. El complejo Auschwitz-Birkenau es el sitio que albergó la mayor masacre en masa de la historia humana: se calcula que 1,1 millones de personas fueron asesinadas, de las cuales más del 90% eran judíos.

Para evitar la rebelión de las víctimas, los nazis los engañaban diciéndoles que tomarían una ducha de desinfección, asegurándoles que después podrían recoger sus pertenencias. Desnudos y vulnerables, eran conducidos a las cámaras de gas.

En la parte exterior de las “regaderas”, dos oficiales nazis depositaban un gas llamado Zyklon B, potente pesticida empleado como veneno para ratas, letal en cada una de sus formas y presentaciones. Luego de 15 minutos, todas las personas perdían la vida asfixiadas.

El Zyklon B llegaba a los campamentos en forma de bolitas de cristal. Tan pronto como los gránulos estaban expuestos al aire, se convertían en gas venenoso y comenzaban a matar personas.

“Cerraban las puertas. Luego, las SS lanzaban el Zyklon B desde las aberturas de arriba. Tardaban unos cuatro-cinco minutos en morir, excepto las personas en el lado de donde venía el gas. Allí tomaba un par de minutos”.

Recién implantada esta forma de exterminio, un aproximado de 4,000 personas eran asesinadas por día; al “perfeccionarse” la práctica, hasta 10,000 personas perdían la vida diariamente.

Al culminar las deportaciones, hasta ocho mil judíos eran gaseados cada día en Auschwitz-Birkenau. Para noviembre de 1944, más de un millón de judíos y decenas de miles de Roma, polacos y prisioneros de guerra soviéticos habían sido gaseados ahí.

La tasa de asesinatos superó por mucho la capacidad de los crematorios. Pero el militar alemán a cargo, Otto Moll, fue implacable y ordenó a los Sonderkommandos que desenterraran algunas fosas crematorias.

Los Sonderkommandos: prisioneros obligados a servir a la maquinaria de muerte

Para acelerar el ritmo de los asesinatos, los nazis establecieron campos de exterminio como Auschwitz-Birkenau y crearon una unidad especial llamada Sonderkommando, o comandos especiales.

Estaba formada por prisioneros judíos deportados a Auschwitz desde 16 países, cuyo trabajo alimentó la máquina de matar. Los miembros de los comandos especiales se vieron obligados a ayudar en los procesos de asesinato. Las SS cometieron realmente la matanza.

Este grupo de prisioneros tenía que buscar implantes como dientes de oro y objetos de valor ocultos en los cuerpos antes de deshacerse de los cadáveres. Los mismos prisioneros eran obligados a sacar los cadáveres y retirarles objetos de valor: aretes, lentes, incluso piezas dentales de oro; y cremar los cuerpos.

“Yo trabajé en los crematorios. Llevaba personas de las cámaras de gas a los hornos”, recordó Dario Gabbai. El exprisionero del campo de concentración de Auschwitz se refería a la tarea de retirar los cadáveres de las víctimas judías para llevarlos a ser incinerados.

La creación del Sonderkommando fue una decisión deliberada de los alemanes para utilizar a los prisioneros y borrar la diferencia entre criminal y víctima. También querían que los judíos compartieran la culpa.

Los miembros de los comandos especiales se encontraban bajo una presión extrema. Cuando alguien era un poco lento o ineficiente, era castigado brutalmente.

A veces, los guardias de las SS inspeccionaban los cadáveres de camino a las incineradoras. Si veían un implante de oro que los miembros de los comandos habían pasado por alto, la persona responsable podía ser arrojada viva a las llamas.

Otros castigos incluían ser disparado, torturado, golpeado o rodar desnudo sobre la grava. Estos castigos se realizaban en presencia de otros Sonderkommandos para intimidar a todo el grupo.

El trabajo ofrecía poca protección. Los nazis solían matar a los miembros de los comandos especiales cada seis meses y traían nuevos reclutas.

“Estaban en un estado de shock constante. Vieron a miles de judíos ser asesinados cada día. Era un gran desafío permanecer con vida”.

A quienes formaban parte de estos comandos se les daba normalmente más comida y mejores condiciones de vida que al resto de los prisioneros, a quienes se les daba sopa aguada. También podían quedarse con la ropa de las víctimas.

También tenían alojamientos separados y eran monitoreados todo el tiempo. Estos privilegios eran incentivos marginales dentro de un sistema de coerción absoluta y no convertían a los prisioneros en responsables de los asesinatos.

La preservación de la dignidad de las víctimas

“Para dar servicio a una fábrica de la muerte como aquella se convirtieron en personas sin emociones. Eso no significa que no fueran buenas o malas personas. Algunos de ellos me contaron lo que hicieron para ayudar a mantener la dignidad de las víctimas judías”.

Josef Sackar fue el primer Sonderkommando que Gideon Greif conoció en 1986. El hombre a menudo trabajaba en el lugar donde se pedía a las mujeres que se desnudaran.

“Movía mi cabeza hacia otra dirección y me aseguraba de que no se avergonzaran mucho”. Shaul Chasan tenía que sacar los cuerpos de los muertos de la cámara de gas y colocarlos en los ascensores que los llevarían a los crematorios.

Él le contó a Greif que siempre se esforzaba por asegurarse de que los cuerpos no fueran arrastrados sobre la tierra y los escombros del suelo de las cámaras de gas.

Gabbai tenía la tarea específica de cortar y recoger el cabello de las mujeres asesinadas. Décadas después, recordó cómo se sintió entonces conversando con una organización estadounidense dedicada a entrevistar a los sobrevivientes del Holocausto.

“Me dije a mí mismo: ‘¿cómo puedo sobrevivir? ¿Dónde está Dios?’”. Un hombre polaco le dijo entonces que se mantuviera fuerte, y él decidió seguir ese consejo.

“Me dije a mí mismo: ‘soy un robot. cierra los ojos y haz lo que sea que tengas que hacer sin preguntar demasiado’”.

La religión y las oraciones por los muertos

La mayoría de los miembros de estos comandos eran judíos ortodoxos. Muchos días lograban rezar tres veces al día, como lo estipula el judaísmo.

Podían orar juntos cada vez que obtenían el número mínimo de diez que requieren las leyes religiosas. Cuando los guardias del campo no estaban cerca, algunos incluso recitaban el kadish, una oración tradicionalmente dedicada en memoria de los muertos, durante el proceso de cremación.

La rebelión del Sonderkommando

Sin embargo, lograron protagonizar una lucha que se conoce como “la rebelión del Sonderkommando”. Dos hermanos estuvieron involucrados en la planificación del levantamiento del sábado 7 de octubre de 1944.

Ese día, algunos miembros de los comandos atacaron a sus guardias de las SS con piedras y prendieron fuego a un crematorio. Fue rápidamente sellado y 451 Sonderkommandos fueron asesinados a tiros.

La rebelión fue una revuelta judía y una expresión de coraje dentro de un sistema diseñado para impedir cualquier resistencia. Menos de 100 Sonderkommandos, reclutados durante la deportación de judíos húngaros a Auschwitz, lograron sobrevivir a la Segunda Guerra Mundial.

La destrucción de pruebas y los testimonios

Las SS consideraban a los campos de exterminio un secreto de Estado. La existencia de los campos de exterminio y sus operaciones estuvieron clasificadas como “secreto de Estado” del Tercer Reich.

La SS nazi coordinó y elaboró un sistema de desinformación, ocultamiento, confusión y engaños que evitara interferencias en el funcionamiento de estas “fábricas de la muerte”. Los nazis hicieron todo lo posible para destruir la evidencia de su crimen.

Para obliterar todo rastro de las cámaras de gas, equipos especiales de prisioneros, los Sonderkommandos, fueron forzados a retirar los cadáveres de las cámaras de gas y cremarlos.

Una foto tomada de manera clandestina por un Sonderkommando muestra claramente cuerpos incinerados en una fosa al aire libre, lo cual supondría años más tarde una valiosa evidencia.

Otros prisioneros como Marcel Nadjari registraron su ira en pedazos de papel. “No estoy triste porque voy a morir, estoy triste porque no podré vengarme como quisiera”, escribió en noviembre de 1944.

Las cenizas de cada víctima adulta pesaban unos 640 gramos, según sus notas. Este judío griego escondió luego su manuscrito de 13 páginas en un termo, que selló con una tapa de plástico.

Luego colocó el termo en una bolsa de cuero y lo enterró. Las notas dejadas por Nadjari y otras personas fueron recuperadas años después y descifradas minuciosamente.

Estos documentos son conocidos como “los rollos de Auschwitz” y proporcionan una valiosa información sobre la escala del crimen.

Los intentos alemanes de destruir todas las pruebas de sus crímenes llevaron a un vacío documental que solo puede ser llenado por los recuerdos de los sobrevivientes.

La participación de las autoridades locales en Europa occidental

Las operaciones de expulsión eran semejantes en casi todos los países y se basaban en el engaño de las víctimas. Por lo común, las expulsiones se realizaban a través de campos de tránsito y su ejecución hasta llegar a éstos estaba a cargo de las policías locales, por ejemplo la belga, holandesa o francesa.

En los países occidentales los alemanes actuaron con cautela cuando se abocaron a la ejecución de su política antijudía, utilizando ardides y subterfugios para ello. Allí no siempre era fácil descubrir quiénes eran judíos, que por lo común se parecían al resto de la población en su aspecto exterior y estilo de vida.

En algunos países se consideraba a la política nazi antijudía como parte de la política de ocupación del invasor, lo que provocaba rechazo, y en unos casos se evidenciaron sentimientos de identificación con los judíos perseguidos.

Francia

El gobierno de Vichy, establecido en el sur de Francia después de la derrota de junio de 1940, era de hecho un satélite de Alemania.

Sin que lo precediera una exigencia alemana, este gobierno decretó primero en octubre de 1940 y por segunda vez en junio de 1941 un “Estatuto de judíos”, que definía quién era considerado judío.

La consecuencia fue el aislamiento de los judíos de la sociedad francesa, perjuicios económicos graves hasta el punto de la privación del sustento, su registro en la policía y el encarcelamiento de muchos.

En julio de 1941, luego de ser decretado el segundo “Estatuto de judíos”, se dio comienzo a una confiscación masiva de bienes judíos, entre éstos negocios y propiedades.

Durante toda la guerra existió en Francia un gobierno cuyo aparato burocrático tenía jurisdicción sobre todo el territorio del país. Esta situación no se alteró después de que Alemania ocupó el resto del territorio en noviembre de 1942.

Cuando comenzaron las deportaciones a los campos de exterminio, las autoridades francesas colaboraron activamente con los alemanes.

En abril de 1942 fue designado primer ministro Pierre Laval, que abogaba por un acercamiento mayor aún a Alemania. En mayo de ese año fue nombrado Louis Pasquier de Pellepoix jefe del “Comisariado General de Asuntos Judíos”, que jugó un papel importante en la deportación de los judíos de Francia.

Entre 1942 y el verano de 1944 fueron expulsados a Auschwitz cerca de 76.000 judíos de los 330.000 que residían en Francia.

Bélgica

En julio de 1942 se inició la concentración de judíos en el campo de tránsito de Mechelen, también llamado Malines.

Al principio fueron enviados al campo aquellos que eran considerados “elementos asociales” y los judíos extranjeros, que fueron deportados en agosto a Auschwitz.

La deportación de judíos ciudadanos belgas fue interrumpida gracias a la intervención de la reina madre Elisabeth y el cardenal van Roey, pero esos eran una minoría entre los residentes en el país, y la petición dejaba librados a su suerte al resto.

Las deportaciones continuaron aún después de la invasión aliada a Europa occidental de junio de 1944. En el último transporte que partió en julio de 1944 se encontraba el pintor nacido en Alemania Felix Nussbaum.

29.000 judíos residentes en Bélgica fueron asesinados de un total de 65.000.

Países Bajos

A fines de 1941 las autoridades alemanas comunicaron al Consejo judío, Joodse Raad, el establecimiento de campos de trabajo para judíos. El propósito real de esta medida era preparar la deportación a los campos de exterminio.

Hasta la primavera de 1942 miles de judíos fueron encerrados en esos supuestos campos de trabajo. En enero de ese año ya había comenzado la expulsión de los judíos de sus lugares de residencia, en especial de la zona costera y Ámsterdam, al campo de tránsito de Westerbork y a un nuevo campo adyacente al poblado de Vught.

En junio de 1942 comenzó la deportación de Westerbork a Auschwitz con la excusa de que los trenes partían a campos de trabajo en Alemania.

La mayoría de los funcionarios municipales, obreros y empleados ferroviarios y la policía holandesa tomaron parte en la deportación de judíos.

El último tren de expulsados partió en septiembre de 1944 a Auschwitz con 1.019 judíos a bordo.

En total, de los 140.000 judíos residentes en Holanda al producirse la invasión alemana, 107.000 fueron asesinados, alrededor del 80%.

Dinamarca

Cuando los alemanes invadieron Dinamarca en abril de 1940 vivían en ese país alrededor de 8.000 judíos; unos 1.500 eran inmigrantes extranjeros que no poseían ciudadanía danesa.

Los alemanes postergaron la implementación de la Solución Final en Dinamarca, tanto para conservar sus relaciones con el gobierno danés, como debido al número pequeño de judíos que vivían en el país.

El 1 de octubre de 1943 los alemanes comenzaron a arrestar judíos. Numerosos daneses, de todos los sectores de la sociedad, comenzaron a ayudar a los judíos a esconderse y a escapar en barcos a Suecia.

Durante tres semanas cerca de 7.200 fueron transportados a este país. Alrededor de 500 fueron capturados y deportados a Theresienstadt.

Gracias a las presiones ejercidas por el gobierno danés, los judíos de Dinamarca no fueron deportados de Theresienstadt a Auschwitz, y fueron devueltos a su país antes del final de la guerra.

La resistencia de los daneses a la discriminación y el confinamiento de los judíos, su rescate por medio del contrabando a Suecia y la protección de los deportados a Theresienstadt, son todas expresiones de una responsabilidad moral y cívica excepcional durante el Holocausto.

Italia

Italia capituló en septiembre de 1943. Como consecuencia de ello, Alemania ocupó la parte norte del país y los judíos residentes en esa zona se vieron expuestos a la política de deportación y exterminio.

Entre septiembre de 1943 y enero de 1944, por lo menos 3.110 judíos fueron enviados a Auschwitz. 2.224 murieron en el campo.

4.056 más fueron deportados entre febrero y diciembre de 1944. Hasta el fin de la guerra, de los 44.500 judíos que se encontraban en Italia desde su comienzo, 12.000 fueron asesinados.

Alemania

Al comienzo de la Segunda Guerra Mundial, en septiembre de 1939, solo quedaba la mitad del medio millón de judíos que habitaban el país en 1933, la mayoría de ellos personas mayores.

La mayor parte de las organizaciones judías de Alemania habían sido clausuradas después de la Noche de los Cristales Rotos, de tal modo que la infraestructura comunitaria, social y cultural que contribuyó a la supervivencia de los judíos fue prácticamente liquidada.

Los judíos alemanes se vieron reducidos a la miseria y muchos tuvieron que abandonar sus hogares y concentrarse en “casas de judíos”. Ya en 1940 fueron expulsados miles de judíos alemanes a Polonia y Francia.

En septiembre de 1941 se impuso la obligación de usar el distintivo de la estrella de David amarilla, y comenzó la deportación a los guetos y los campos de muerte del este.

Al finalizar la guerra sobrevivieron 34.000 judíos alemanes en el ámbito del dominio nazi durante la guerra.

Los guetos, los campos de tránsito y las deportaciones

Durante la Segunda Guerra Mundial, las autoridades alemanas nazis crearon campos de tránsito (Durchgangslager) y campos de recolección (Sammellager) para encarcelar temporalmente a los judíos.

Los guetos cumplían funciones de aislamiento, explotación, concentración y control. También servían como puntos de partida para las deportaciones hacia campos de trabajo, campos de concentración y centros de exterminio.

Los trenes fueron fundamentales para facilitar la aplicación del plan nazi de aniquilación. La deportación convertía la persecución local en un proceso coordinado a escala continental.

Los nazis utilizaron engaños para ocultar el destino real de los deportados. En los Países Bajos, por ejemplo, se afirmaba que los trenes se dirigían a campos de trabajo en Alemania; en Auschwitz, las víctimas eran engañadas con la promesa de una ducha de desinfección y la recuperación posterior de sus pertenencias.

Otros tipos de campos y centros de detención

  • Primeros campos.
  • Campos de concentración.
  • Zigeunerlager, literalmente “campos para gitanos”.
  • Campos de trabajos forzados.
  • Campos de prisioneros de guerra.
  • Campos de tránsito y campos de recogida de judíos.
  • Centros de exterminio, también llamados “campos de la muerte” o “campos de exterminio”.
  • Guetos.
  • Prisiones de la Gestapo.
  • Campos de detención de jóvenes.
  • Cárceles y penitenciarías.
  • Instalaciones de germanización.

También había lugares de exterminio que no funcionaban como campos. Entre ellos se encontraban los centros de exterminio por “eutanasia” T4, donde los nazis asesinaban a las personas con discapacidades.

Trabajos forzados y explotación económica

Durante la Segunda Guerra Mundial, los nazis sometieron a millones de personas a trabajos forzados bajo condiciones brutales en muchos tipos diferentes de campos.

En estos campos, el régimen nazi y las empresas privadas explotaban el trabajo de los prisioneros para obtener beneficios económicos y hacer frente a la escasez de mano de obra.

Los principales tipos de campos de trabajos forzados incluían campos para trabajadores forzados extranjeros, campos de educación laboral y campos de trabajo para judíos en Alemania oriental, en la Polonia ocupada por los alemanes y en Europa oriental.

Los campos de concentración y los campos de trabajos forzados compartían algunas similitudes. Ambos eran lugares donde el régimen nazi y las empresas privadas explotaban a los prisioneros para trabajos forzados.

Pero también había diferencias importantes. Los campos de concentración estaban estandarizados y estaban administrados por la IKL y la WVHA. Sin embargo, los campos de trabajos forzados dependían de diversas autoridades administrativas y no estaban estandarizados.

En general, los prisioneros de los campos de trabajos forzados no usaban uniformes ni tenían un número de prisionero. La distinción entre estos tipos de campos se fue perdiendo cada vez más hacia el final de la guerra.

Algunos campos de trabajos forzados se convirtieron en subcampos de campos de concentración. Este fue el caso, por ejemplo, de Blechhammer, que se convirtió en un subcampo de Auschwitz en 1944.

La administración de los campos de concentración

A partir de 1934, la Inspección de Campos de Concentración de las SS se hizo cargo de la administración del sistema de campos de concentración.

Posteriormente, los campos de concentración pasaron a depender de la Oficina Principal de Administración Económica de las SS. El sistema nazi de campos de concentración se transformó paulatinamente.

Con el tiempo, se organizó en campos principales y campos satélite, a menudo llamados subcampos. Los campos estaban rodeados de cercas de alambre y torres de vigilancia. Estaban custodiados por unidades de las SS.

En todos los campos de concentración, las SS deshumanizaban a los prisioneros. En la mayoría de los casos, los rapaban al llegar. Los obligaban a vestir uniformes de prisión.

Les asignaban números de prisioneros que el personal del campo utilizaba en lugar de sus nombres. Las SS utilizaban insignias para marcar a los prisioneros como pertenecientes a diferentes grupos.

Los alimentaban con una dieta de hambre y les proporcionaban ropa y atención médica inadecuadas. Los guardias de las SS y los funcionarios de prisiones golpeaban, torturaban, abusaban y agredían sexualmente a los prisioneros casi sin represalias.

Los romaníes y otros grupos perseguidos

A partir de 1935, las autoridades alemanas comenzaron a establecer Zigeunerlager, literalmente “campos para gitanos”, donde internaron a romaníes y a sintis en Alemania y en algunos territorios anexionados.

Estos campos eran iniciativas locales, en las que solían participar las fuerzas policiales, los gobiernos o los ayuntamientos alemanes locales. Se encontraban en las afueras de muchos pueblos y ciudades.

En los campos, los romaníes estaban sujetos a toques de queda, vigilancia y malas condiciones. Muchos de los romaníes y los sintis de Alemania, pero no todos, se vieron obligados a trasladarse a estos campos.

Entre los Zigeunerlager más notables de la Alemania nazi se encontraban Berlín-Marzahn, Lackenbach y Köln-Bickendorf.

Durante la Segunda Guerra Mundial, los nazis deportaron a muchos romaníes de estos campos a la Europa oriental ocupada por los alemanes, donde muchos fueron asesinados.

Algunos fueron deportados al campo de concentración de Auschwitz-Birkenau. Ahí los encarcelaron en una subsección del campo que a menudo se denominaba “Zigeunerlager”, pero que formalmente se designaba como Sección BIIe.

Los campos de prisioneros de guerra

Durante la Segunda Guerra Mundial, el ejército alemán, la Wehrmacht, creó cientos de campos de prisioneros de guerra para alojar a los soldados enemigos capturados.

La organización y la administración de estos campos era compleja y variaba según la rama de servicio. El comandante, el personal del campo y los guardias procedían de la Wehrmacht.

Algunos campos de prisioneros de guerra estaban situados dentro de Alemania. Otros se establecieron en áreas ocupadas por los alemanes.

En algunos casos, Alemania trataba a los prisioneros de guerra capturados de conformidad con el derecho internacional, como los prisioneros de guerra de Europa occidental, Gran Bretaña y Estados Unidos.

Por el contrario, los militares alemanes trataban a los prisioneros de la Unión Soviética como enemigos raciales e ideológicos, y los sometían a condiciones penosas y a asesinatos masivos.

El tipo más grande e importante de campo de prisioneros de guerra se denominaba Stalag, abreviatura de Stammlager. Los Stalags albergaban a decenas de miles de soldados durante largos periodos.

Las deportaciones en Hungría y la saturación de los crematorios

Los asesinatos aumentaron después de que comenzara la deportación de judíos húngaros a Auschwitz en mayo de 1944. En solo ocho semanas, unos 424.000 judíos fueron deportados a Auschwitz-Birkenau.

La tasa de asesinatos superó por mucho la capacidad de los crematorios. Otto Moll ordenó a los Sonderkommandos que desenterraran algunas fosas crematorias.

Una foto tomada de manera clandestina por un Sonderkommando muestra claramente cuerpos incinerados en una fosa al aire libre, lo cual supondría años más tarde una valiosa evidencia.

Una unidad de Sonderkommando también tomó fotografías clandestinas de mujeres judías corriendo hacia la cámara de gas después de desnudarse. Existen muy pocas imágenes de Sonderkommandos trabajando en Auschwitz.

El final de Auschwitz y las marchas de la muerte

Temiendo la derrota, las SS comenzaron a evacuar el campamento desde mediados de enero de 1945.

Cerca de 60.000 reclusos hambrientos y semidesnudos se vieron obligados a caminar a través de la nieve a temperaturas de -20 °C hasta ciudades a más de 50 kilómetros de distancia.

Los que no podían seguir el ritmo fueron asesinados a tiros. Estas evacuaciones formaron parte de las marchas de la muerte organizadas por las SS cuando las fuerzas aliadas se aproximaban a los campos.

Después de la liberación de Auschwitz el 27 de enero de 1945 por las fuerzas soviéticas, muchos sobrevivientes expresaron en libros sus experiencias. Pero se escuchó muy poco de los pocos Sonderkommandos que lograron salir.

La liberación de los campos y la documentación de los crímenes

En el este, los campos fueron liberados por el Ejército Rojo. Liberó Majdanek en julio de 1944, Auschwitz el 27 de enero de 1945 y los campos de concentración de Gross-Rosen, Sachsenhausen, Ravensbrück, Stutthof y Theresienstadt en los meses siguientes.

En occidente, las tropas estadounidenses liberaron Buchenwald, Dachau, Dora-Mittelbau, Flossenbürg y Mauthausen, entre otros campos.

Cuando las fuerzas británicas entraron en Bergen-Belsen el 15 de abril de 1945, encontraron unos 60.000 reclusos, muchos de los cuales se encontraban en una situación crítica debido a la grave malnutrición y a una terrible epidemia de tifus, rodeados de miles de cadáveres sin sepultar.

Las transmisiones desde los campos liberados que realizaron el corresponsal de la BBC Richard Dimbleby y el corresponsal de la CBS Ed Murrow tuvieron un gran impacto en sus oyentes, al igual que las imágenes filmadas en los noticiarios.

El 12 de abril de 1945, junto con los generales estadounidenses George S. Patton y Omar Bradley, el general Dwight D. Eisenhower, Comandante Supremo de las Fuerzas Expedicionarias Aliadas en Europa, visitó las instalaciones del campo de concentración de Ohrdruf.

Inmediatamente después, Eisenhower envió un telegrama al general George C. Marshall, jefe del Estado Mayor Conjunto en Washington, D.C., en el que figuraba lo siguiente: “Las cosas que vi son indescriptibles… Hice la visita a propósito, para estar en condiciones de dar testimonio directo si alguna vez, en el futuro, se desarrolla la tendencia de afirmar que las acusaciones son simple ‘propaganda’”.

Responsabilidad, justicia y memoria

Tras la guerra, algunos miembros del Sonderkommando se enfrentaron a sus antiguos guardias en los tribunales. Henryk Tauber testificó contra el comandante de las SS Otto Moll.

“En varias ocasiones, Moll arrojaba a personas vivas a las fosas crematorias”, recordó durante el juicio ante un tribunal militar estadounidense.

Moll fue finalmente condenado y ahorcado por su papel en una “marcha de la muerte”. Otro excomandante del campo, Rudolf Hoss, fue capturado después de la guerra y ahorcado en 1947.

Sin embargo, muchos criminales nunca fueron castigados. De aproximadamente 7.000 empleados en Auschwitz, solo alrededor de 800 respondieron ante la ley.

En las últimas décadas ha habido proyectos de investigación, como la Enciclopedia de campos y ghettos del Museo Conmemorativo del Holocausto de Estados Unidos, gracias a los cuales se han descubierto, documentado y conmemorado miles de centros de detención.

Desde 1945, algunos campos nazis se han convertido en lugares conmemorativos, museos o archivos. Son lugares donde la gente puede conocer los horrores de los campos nazis, así como a las personas que fueron encarceladas y asesinadas en ellos.

El campo de concentración de Auschwitz-Birkenau es hoy un museo y memorial, y en 1979 fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.

Supervivientes regresan a Auschwitz

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