Diener E. (1994): El bienestar subjetivo, Paidós, Barcelona

El bienestar subjetivo se refiere a cómo las personas evalúan sus vidas, tanto mediante juicios cognitivos como a través de reacciones afectivas. Incluye la satisfacción con la vida, la presencia de emociones positivas y la ausencia o menor frecuencia de emociones negativas.

En la formulación de Diener (1994), el bienestar subjetivo se caracteriza por su carácter subjetivo, su dimensión global y la inclusión de medidas positivas. Por ello, no equivale únicamente a la ausencia de malestar, enfermedad o problemas, ni puede reducirse a condiciones objetivas como la riqueza, la salud o el confort.

Concepto y origen del bienestar subjetivo

La literatura sobre el bienestar subjetivo (BS), que incluye la felicidad, la satisfacción con la vida y el afecto positivo, es revisada en tres áreas: medición, factores causales y teoría. Se presentan datos psicométricas sobre escalas de bienestar subjetivo de ítem único y de múltiples ítems, y se comparan las medidas.

La literatura sobre el BS trata de cómo y por qué la gente experimenta su vida de forma positiva, incluyendo tanto juicios cognitivos como reacciones afectivas. De esta forma, incluye estudios que han utilizado términos tan diversos como felicidad, satisfacción, moral y afecto positivo.

El bienestar subjetivo es un área de investigación en ciernes. De acuerdo con Tagmat (2003), el concepto fue introducido por primera vez por Warner Wilson en 1967 cuando hubo un gran auge en el estudio de los estados negativos dentro de la psicología.

En los años setenta empieza más profundamente la exploración de este tema (Easterlin, 1974), no obstante, actualmente las teorías y modelos acerca del bienestar subjetivo se encuentran aún inconclusos. En años recientes ha sido la psicología positiva la que ha hecho grandes avances para el reconocimiento de cuestiones como la felicidad, las emociones y la satisfacción como componentes esenciales para el bienestar de las personas.

A través de la historia los filósofos han considerado la felicidad como el máximo bien y la motivación fundamental para las acciones humanas. A pesar de esto, los psicólogos en su mayoría han ignorado durante décadas el bienestar subjetivo positivo, aunque la infelicidad humana se exploraba en profundidad.

En la última década, los científicos sociales y del comportamiento han corregido esta situación y está apareciendo trabajo teórico y empírico a un ritmo cada vez más rápido. En 1973, Psychological Abstracts International comenzó a incluir la felicidad como un término de su índice y en 1974 se fundó la revista Social Indicators Research, con un gran número de artículos dedicados al bienestar subjetivo (BS).

La aportación de Diener (1994)

En opinión de Diener (1994), este área de estudio tiene tres elementos característicos, a saber: su carácter subjetivo, que descansa sobre la propia experiencia de la persona; su dimensión global, pues incluye una valoración o juicio de todos los aspectos de su vida; y la necesaria inclusión de medidas positivas, ya que su naturaleza va más allá de la mera ausencia de factores negativos.

El área del bienestar subjetivo tiene tres marcas distintivas. En primer lugar, es subjetivo. De acuerdo con Campbell (1976), reside en la experiencia del individuo.

Es notable la ausencia en las definiciones del BS de condiciones objetivas necesarias como la salud, el confort, la virtud o la riqueza (Kanimann, 1983). Aunque tales condiciones son vistas como influencias potenciales sobre el BS, no son vistas como una parte inherente y necesaria de éste.

En segundo lugar, el bienestar subjetivo incluye medidas positivas. No se trata solamente de la ausencia de factores negativos, como ocurre en la mayor parte de las medidas de salud mental.

En tercer lugar, las medidas de bienestar subjetivo incluyen corrientemente una evaluación global de todos los aspectos de la vida de una persona. Aunque el afecto o la satisfacción dentro de un cierto dominio pueden ser evaluadas, normalmente se pone el énfasis en un juicio integrador de la vida de la persona.

Las tres concepciones principales de la felicidad

Las definiciones del bienestar y la felicidad pueden agruparse dentro de tres categorías. En primer lugar, el bienestar ha sido definido por medio de criterios externos como la virtud o la santidad.

En las definiciones normativas la felicidad no es considerada como un estado subjetivo, sino más bien como la posesión de una cualidad deseable. Tales definiciones son normativas porque definen lo que es deseable.

De este modo, cuando Aristóteles escribió que la eudaemonia se gana principalmente llevando una vida virtuosa, no quería decir que la virtud conduce a sentimientos de alegría. Más bien, Aristóteles estaba prescribiendo la virtud como el estándar normativo con relación al cual se puede juzgar la vida de las personas.

Por tanto, la eudaemonia no es la felicidad en el sentido moderno de la palabra, sino un estado deseable juzgado desde un sistema de valores particular. El criterio para la felicidad de este tipo no es el juicio subjetivo del actante, sino el sistema de valores del observador.

En segundo lugar, los científicos sociales se han centrado en la cuestión de qué es lo que lleva a la gente a evaluar sus vidas en términos positivos. Esta definición del bienestar subjetivo ha sido etiquetada como satisfacción con la vida y cuenta con los estándares del informante para determinar qué es la buena vida.

Shin y Johnson (1978) han definido esta forma de felicidad como “una evaluación global de la calidad de vida de una persona de acuerdo con los criterios elegidos por ella misma” (pág. 478).

Una serie de definiciones de la felicidad relacionada es la de que ésta consiste en la satisfacción armoniosa de los deseos y metas de uno mismo (Chekola, 1975). Si uno se ocupa de la evaluación personal de este punto, entonces cae claramente dentro del ámbito del bienestar subjetivo y ésta es una idea relacionada con la satisfacción.

Un tercer significado de la felicidad está mucho más cercano al modo en que este término se usa en el discurso diario denotando una preponderancia del afecto positivo sobre el afecto negativo (Bradburn, 1969).

Esta definición del bienestar subjetivo pone énfasis, por tanto, en la experiencia emocional placentera. Esto puede significar bien que la persona está experimentando emociones placenteras en su mayor parte durante este período de su vida, o bien que la persona está predispuesta a dichas emociones, tanto si las está experimentando en la actualidad como si no.

La satisfacción con la vida y el afecto positivo son ambos estudiados por los investigadores del bienestar subjetivo. La forma en que estos dos componentes se relacionan mutuamente es una cuestión empírica, no de definición.

Componentes cognitivo y afectivo

De esta manera, se ha asumido que los dos componentes principales del bienestar subjetivo son: el afectivo (o emocional) y el cognitivo, por lo que se puede entender como el resultado de una valoración global de tal forma que el individuo evalúa tanto su satisfacción con la vida como su estado de ánimo respecto a la congruencia entre expectativas y logros alcanzados (Diener, 1984, 2009; Calleja y Mason, 2020).

Puede definirse como la evaluación que las personas hacen de sus vidas, e incluye una dimensión cognitiva (referida a la satisfacción con la vida en su totalidad o la satisfacción por áreas específicas como la matrimonial, laboral, etc.) y otra afectiva (relacionada con la frecuencia e intensidad de las emociones positivas y negativas), cuya interacción abarca un amplio espectro de vivencias (Cole, Peeke & Dolezal, 1999).

El componente cognitivo, la satisfacción con la vida, representa la discrepancia percibida entre sus aspiraciones y sus logros, cuyo amplio rango evaluativo va desde la sensación de realización personal hasta la experiencia vital de fracaso o frustración.

El elemento afectivo constituye el plano hedónico, es decir, el que contiene el agrado experimentado por la persona con sus sentimientos, emociones y estados de ánimo más frecuentes.

Estos componentes en cierta medida están relacionados. Una persona que tenga experiencias emocionales placenteras es más probable que perciba su vida como deseable y positiva.

Así mismo, los sujetos que tienen un mayor bienestar subjetivo son aquellos en los que predominan esta valoración positiva de sus circunstancias y eventos vitales; mientras que los “infelices” serían los que valoran la mayor parte de estos acontecimientos como perjudiciales.

En este sentido, la satisfacción con la vida y el componente afectivo del bienestar subjetivo tienden también a correlacionar porque ambos elementos se hallan influidos por la valoración que realiza el sujeto acerca de los sucesos, actividades y circunstancias en general en las que se desarrolla su vida.

No obstante, necesariamente también han de diferir, ya que así como la satisfacción con la vida representa un resumen o valoración global de la vida como un todo, el balance afectivo depende más de las reacciones puntuales a eventos concretos que acontecen en el curso de la vida.

La estructura del bienestar subjetivo

Siguiendo a Rodríguez et al., (2016), el constructo bienestar subjetivo mantiene una estructura tridimensional que incluye: la satisfacción con la vida, el afecto positivo y el afecto negativo.

Según revelan Diener et al., (2003), el bienestar subjetivo se refiere a cómo las personas evalúan sus vidas tanto en un momento determinado como por períodos más prolongados.

Más en detalle, el bienestar subjetivo expresa la calidad de vida de las personas, describe si las personas se sienten felices y refleja las condiciones de vida desde el punto de vista de los afectados (Spellerberg et al., 1992).

Mayring (1991) lo describe como la satisfacción con la vida, la cual se refiere a la evaluación individual de la propia situación de vida.

Se puede decir que una persona tiene un alto nivel de bienestar subjetivo cuando está contenta con su vida, cuando a menudo se siente feliz y cuando rara vez experimenta emociones negativas como tristeza o enojo.

En contraste, uno atribuiría poco bienestar subjetivo a una persona que no está satisfecha con su vida, que disfruta poco, y con frecuencia experimenta sentimientos negativos como ira o miedo2 (Diener et al., 1997, p. 25).

La literatura especializada también distingue entre satisfacción vital general y específica, por un lado, y estados emocionales positivos y negativos, por el otro.

De tal forma, según comenta Diener (2000), se puede distinguir entre la satisfacción de vida general y específica, por un lado, y los estados emocionales positivos y negativos, por el otro.

Al respecto, García (2002) afirma que la cantidad multifacética de componentes del bienestar subjetivo resaltada por Diener et al., (1999) refleja la dificultad de reducir este concepto complejo del bienestar subjetivo a algo más concreto.

Bienestar subjetivo, felicidad y calidad de vida

En la literatura se puede observar una estrecha relación entre felicidad y bienestar subjetivo. Así, según Veenhoven (2005), la felicidad se puede considerar como la medida en la que una persona valora la calidad de su vida.

De aquí, resulta que con frecuencia los dos conceptos sean considerados como intercambiables. Para Muñoz et al., (2018) “el bienestar subjetivo, está centrado en los aspectos afectivos-emocionales, haciendo referencia a los estados de ánimo del sujeto y a cómo y porqué las personas experimentan su vida de forma positiva” (p. 107).

La felicidad es el único valor final y suficiente en sí mismo. Final en tanto en cuanto todo lo demás no es más que un medio para alcanzarla, y suficiente porque, una vez conseguida, nada más es deseado.

Esta propiedad de drive o impulsor fue, entre otras cosas, lo que motivó el que en 1973 se introdujera un término tan vago como éste en el Psychological Abstracts International.

Posteriormente, debido a su carácter difuso y a sus connotaciones filosóficas, progresivamente ha ido dando paso en el vocabulario psicológico a los conceptos algo más operativos de “bien-estar personal” (well-being) o de “satisfacción con la vida” (Fierro, 2000).

La satisfacción con la vida es el grado en que una persona evalúa la calidad global de su vida en conjunto de forma positiva. En otras palabras, cuánto le gusta a una persona la vida que lleva (Veenhoven, 1994, p. 91).

Esta concepción justifica la introducción del bienestar subjetivo o personal como uno de los elementos relevantes en el estudio de la calidad de vida.

Según Veenhoven (1994), la “calidad de vida” denota dos significados. Por una parte la presencia de condiciones consideradas necesarias para una buena vida y, por otra, la práctica del vivir bien como tal.

Esta segunda acepción abre la puerta a la consideración de factores dependientes en mayor medida de la actuación y percepción del propio sujeto sobre su vida que de las condiciones objetivas en las que se desarrolla ésta.

Como afirma Argyle (1993), el bienestar subjetivo representa la principal aportación de la psicología al estudio de la calidad de vida.

La calidad de vida, de esta manera, ha sido identificada con el bienestar social y, debido a la equiparación de éste con el bienestar económico, no son pocos los que la han ligado con los indicadores socioeconómicos macrosociales desde la perspectiva de distribución política de los recursos o, como afirma Veenhoven (1994), desde la conocida como ingeniería social.

La Comisión para la Medición del Progreso de las Sociedades concluye que el Producto Interno Bruto (PIB) resulta insuficiente e inadecuado como único indicador de bienestar, por lo que se acuña un nuevo concepto: Progreso de las Sociedades, que comprende tres ejes: a) progreso material, b) sostenibilidad, y c) calidad de vida, este último contiene el desarrollo de capacidades y también el tema que nos ocupa en este trabajo: el bienestar subjetivo (Stiglitz et al., 2009).

De esta manera, los gobiernos realizan distintos esfuerzos con miras al mejoramiento de la calidad de vida de sus ciudadanos a través de planes y programas de desarrollo, sin embargo, hasta hace pocos años han prestado atención al testimonio vivencial de los individuos, sin lo que, de acuerdo con la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) y la Organización de Naciones Unidas (ONU), la identificación de su bienestar quedaría incompleta (OECD, 2011, 2013; UN, 2018).

Bienestar subjetivo y bienestar psicológico

El estudio del bienestar en el seno de la Psicología se remonta a la década de los sesenta, y en su transcurso ha dado lugar a dos grandes tradiciones (Keyes, Shmotkin y Ryff, 2002): la hedónica, representada por una sólida línea de investigación que se ha ocupado del estudio del bienestar subjetivo, y la tradición «eudaemónica», centrada en el bienestar psicológico.

El bienestar subjetivo se inscribe, pues, dentro de un marco fundamentalmente emocional que ha tomado diversas denominaciones: felicidad (Argyle, 1992; Fierro, 2000), satisfacción con la vida (Veenhoven, 1994), y afectos positivos o negativos (Bradburn, 1969) que se desprenden de las condiciones en las que se desenvuelve nuestra existencia.

El bienestar psicológico es una tradición más reciente, y ha centrado su interés en el desarrollo personal, en el estilo y manera de afrontar los retos vitales, en el esfuerzo y el afán por conseguir nuestras metas.

Seis han sido las dimensiones psicológicas propuestas originalmente por Ryff en 1989 y reiteradas con posterioridad (Ryff y Keyes, 1995): autonomía, objetivos vitales, autoaceptación, relaciones positivas con otros, dominio ambiental y crecimiento personal.

Ambas tradiciones representan dos concepciones teóricamente relacionadas pero empíricamente diferenciadas del bienestar; es decir, están interesadas en un mismo proceso psicológico, pero se sirven de distintos indicadores para medirlo.

Por su parte, Martín Selligman (2016), uno de los psicólogos más influyentes de la actualidad, afirma que el bienestar es algo más que la felicidad e implica: emociones positivas, compromiso, sentido, relaciones positivas y logros.

En inglés las iniciales de estas palabras forman el modelo PERMA (positive emotion, engagement, positive relationships, meaning, accomplishments).

Tal y como lo señala Sánchez (2020), el constructo de bienestar subjetivo comprende todo aquello que contribuye al bienestar físico y mental, la satisfacción social, el sentido de logro y la realización personal.

A partir de la psicología positiva, autores como Diener (2000) retoman la importancia de la relación de estos términos y se refieren a una ciencia de la felicidad, aunque aclaran que el bienestar subjetivo no es condición suficiente de la salud mental (Diener, 1984; Diener & Diener, 1996; Diener, Diener & Diener, 1995).

Por su parte, Ryan y Deci (2001) coinciden en anotar que la equivalencia entre los términos bienestar y felicidad genera confusiones por la dificultad para definirlos y para desarrollar técnicas de medición.

Bienestar hedónico y bienestar eudaimónico

Estos autores revisan las perspectivas hedónicas y eudomónicas y la derivación del concepto bienestar subjetivo a partir de las primeras, el cual implica satisfacción con la vida, presencia de estado de ánimo positivo y ausencia de estado de ánimo negativo (cuyo conjunto determina la felicidad); también incluye el valor asignado a las metas, el cual es individual y específico en cada cultura.

Por su parte, las perspectivas eudomónicas han diferenciado la felicidad del bienestar y proponen que lograr las cosas valoradas no siempre lleva a obtener bienestar, independientemente del placer que produzca ese logro.

Incluyen en su definición la realización del verdadero potencial individual y se enmarcan en la psicología del funcionamiento positivo.

En esa dirección, Inglehart (1997) propone que los individuos se preocupan por la autorrealización una vez que sus necesidades materiales básicas están satisfechas.

Ryff (1989) definió seis dimensiones del funcionamiento psicológico positivo y posteriomente Ryff y Keyes (1995) plantearon una distinción entre bienestar psicológico y bienestar subjetivo y establecieron que la satisfacción en la vida puede ser un indicador de bienestar psicológico.

El modelo multidimensional incluye componentes relacionados con el desarrollo humano: autonomía, auto aceptación, relaciones positivas con otros, dominio ambiental, propósito en la vida y crecimiento personal.

En este modelo, el bienestar psicológico se desarrolla a través del ciclo de vida, se conceptualiza como una meta en ese proceso de desarrollo dirigida a la perfección que representa el desarrollo del potencial verdadero de cada individuo (Ryff & Singer, 2001).

Factores relacionados con el bienestar subjetivo

La revisión de Wilson (1967) de este área en crecimiento tenía dos conclusiones importantes. En primer lugar, Wilson escribió que aquellos que disfrutaban de más ventajas eran más felices.

Concluía que “la persona feliz se muestra como una persona joven, saludable, con una buena educación, bien remunerada, extrovertida, optimista, libre de preocupaciones, religiosa, casada, con una alta autoestima, una gran moral de trabajo, aspiraciones modestas, perteneciente a cualquier sexo y con una inteligencia de amplio alcance” (p. 294).

La segunda conclusión principal de Wilson era que ha habido poco progreso teórico en la comprensión de la felicidad en los últimos dos milenios, desde la época de los filósofos griegos.

Se han publicado alrededor de 700 estudios desde la revisión de Wilson. ¿Son válidas aún sus conclusiones?

Las últimas investigaciones no indican una correlación substancial entre salud y felicidad o entre edad y felicidad. Más importante aún, la varianza justificada por los factores demográficos no es grande.

Esto ha conducido a un número creciente de estudios sobre las causas psicológicas de la felicidad. En la segunda parte de este trabajo se da una visión panorámica de la numerosa literatura sobre los correlatos de la felicidad.

Por otra parte, también varios autores han relacionado el bienestar psicológico o subjetivo con rasgos o características de personalidad (Avia & Vázquez, 1998; Costa & McCrae, 1980; DeNeve & Cooper, 1998; Fajn, 1999; Larsen & Ketelaar, 1991; Magnus & Diener, 1991; Peterson, 2000; Schmuttle & Ryff, 1994; Wrosch & Scheier, 2003).

Schimmack, Radhakrishnan, Oishi, Dzokoto y Ahadi (2002) relacionan la personalidad y factores culturales.

En las distintas perspectivas teóricas revisadas se evidencian los múltiples factores que inciden en el bienestar psicológico.

Respecto a la relación con el concepto de motivación y resiliencia. Varios investigadores han estudiado cómo la motivación puede ser factor predictor del bienestar psicológico y han encontrado que personas con alta motivación tienen más posibilidades de alcanzar metas que quienes tienen baja motivación (Cassidy, 2000; Griffith & Graham, 2004; Sheldon & Elliot 1999; Sheldon, Elliot, Kim & Passer, 2001).

No obstante, Wrosch, Scheier, Carver y Schulz (2003) resaltan la importancia que tiene para el bienestar psicológico el abandono de las metas cuando no se pueden alcanzar, lo cual se relaciona con la capacidad de auto-regulación y los cambios a lo largo del ciclo vital.

Por su parte, Lang y Heckhausen (2001) plantean una relación entre el establecimiento de metas realistas y su logro con la percepción de control, la cual es otra variable moderadora de bienestar y salud.

De igual manera, Lachman y Weaver (1998) encontraron que el control percibido es un factor crítico para la adaptación y la resiliencia.

El concepto de resiliencia (Carver, 1998; Kotliarenko, Cáceres & Fontecilla, s.f.) se ha relacionado con la capacidad para predecir y evitar resultados negativos a pesar de situaciones de riesgo, a mantener la competencia bajo situaciones de estrés y a la recuperación del trauma.

Relaciones sociales y bienestar

En los estudios realizados por Kevin, Hershberger, Russell y Market (2001) y Cutrona, Russell, Hessling, Brown y Murry (2000) se establece una relación entre integración social, salud, apoyo social y bienestar, con énfasis en la importancia de tener fuentes de apoyo social consistentes, incluyendo una relación íntima y de confianza, como el caso de las relaciones familiares.

Ambas tradiciones vinculan el bienestar con el contacto social y las relaciones interpersonales (Erikson, 1996), con el arraigo y los contactos comunitarios, con los patrones activos de amistad y la participación social (Allardt, 1996), con el matrimonio, la familia y el contacto social (Diener, 1994), con los recursos sociales (Veenhoven, 1994), con las relaciones positivas con los demás (Ryff y Keyes, 1995; Keyes, Shmotkin y Ryff, 2002), con experiencias como la paternidad (Ryff, Schmutte y Lee, 1996), con el funcionamiento social (Smith et al., 1999).

Ha sido posiblemente Eric Allardt quien con más énfasis ha defendido esta posición que permite una consideración más completa de las condiciones necesarias para el desarrollo humano.

Un enfoque sobre las necesidades básicas se concentra en las condiciones sin las cuales los seres humanos no pueden sobrevivir, evitar la miseria, relacionarse con otras personas y evitar el aislamiento (Allardt, 1996, p. 127): tener (condiciones necesarias para la supervivencia), amar (necesidad de relacionarse con otras personas y de formar identidades sociales), y ser (necesidad de integrarse en la sociedad y vivir en armonía con la naturaleza).

Bienestar social y contexto comunitario

Analizadas en su conjunto, estas dos tradiciones corren el riesgo de dibujar la imagen de un sujeto aislado del medio, un sujeto suspendido en el vacío cuya satisfacción general, cuya felicidad y cuyo crecimiento personal se produce al margen de las condiciones en las que se desenvuelve su existencia.

El bienestar social es sencillamente “la valoración que hacemos de las circunstancias y el funcionamiento dentro de la sociedad” (Keyes, 1998, p. 122), y está compuesto de las siguientes dimensiones:

  • Integración social. El propio Keyes la define como “la evaluación de la calidad de las relaciones que mantenemos con la sociedad y con la comunidad” (Keyes, 1998, p. 122).
  • Aceptación social. Es imprescindible estar y sentirse perteneciente a un grupo, a una comunidad, pero es necesario que dicha pertenencia disfrute, al menos, de dos cualidades: confianza, aceptación y actitudes positivas hacia los otros, y aceptación de los aspectos positivos y negativos de nuestra propia vida.
  • Contribución social. También lo es que esa confianza en los otros y en nosotros mismos vaya acompañada del sentimiento de utilidad, “de que se es un miembro vital de la sociedad, que se tiene algo útil que ofrecer al mundo” (Keyes, 1998, p. 122), y que lo que uno aporta es valorado.
  • Actualización social. Esta dimensión se centra en la concepción de que la sociedad y las instituciones que la conforman son entes dinámicos, se mueven en una determinada dirección a fin de conseguir metas y objetivos de los que podemos beneficiarnos.
  • Coherencia social. Es “la percepción de la cualidad, organización y funcionamiento del mundo social, e incluye la preocupación por enterarse de lo que ocurre en el mundo” (Keyes, 1998, p. 123).

La gente más saludable desde el punto de vista mental, advierte Keyes (1998, p. 123), confía en el futuro de la sociedad, en su potencial de crecimiento y de desarrollo, en su capacidad para producir bienestar.

La gente sana no sólo se preocupa por conocer el tipo de mundo en el que vive, sino que tiene la sensación de que es capaz de entender lo que acontece a su alrededor.

Medición del bienestar subjetivo

Se ha diseñado un gran número de escalas para medir los componentes de satisfacción afectiva y cognitiva del bienestar.

Esta revisión no cubre las escalas de estados de ánimo momentáneos, depresión u otros inventarios diseñados exclusivamente para medir la disfunción o la falta de bienestar.

Medidas de ítem único

Ya que el bienestar subjetivo ha sido de central importancia para aquellos interesados en medir la calidad de vida (Campbell, 1976), no es sorprendente que varias de las medidas usadas más frecuentemente sean preguntas de encuesta de ítem único.

A pesar de las obvias ventajas de la brevedad, las escalas de ítem único han sido criticadas basándose en varios motivos (por ejemplo, MacKennell, 1974).

Dependiendo de un solo ítem, no se puede calcular el término medio de la varianza debida a la expresión verbal específica del ítem.

Ya que es imposible conseguir cálculos de consistencia interna, normalmente el único cálculo de fiabilidad para estas escalas es la fiabilidad temporal, en la cual es difícil separar el cambio real del error de medición.

Las escalas de ítem único tienden a ser menos fiables con el tiempo que las escalas de múltiples ítems, aunque la fiabilidad temporal de las medidas de ítem único ha sido moderadamente alta (Stock, Okun, Haring y Witter, 1982).

Una fuente importante de evidencia para la validez de las escalas es su convergencia con otras medidas del BS (Andrews y Withey, 1976).

A pesar de la evidencia de una fiabilidad y validez moderadas, estas medidas adolecen de varios defectos. Las puntuaciones tienden a estar desviadas, con la mayoría de las respuestas inclinadas hacia las categorías de felicidad (Andrews y Withey, 1976).

La aquiescencia es un problema potencial porque el ítem está siempre marcado en una dirección. Finalmente, no se puede esperar que las escalas cubran todos los aspectos del BS, sino que se debe confiar en la integración de éstos por parte de los sujetos al llegar a una respuesta única.

Las escalas de ítem único no ofrecen una visión sutilmente diferenciada del bienestar subjetivo de una persona.

No obstante, la validez y fiabilidad de estas escalas sugieren que éstas son adecuadas si lo que se requiere es una medida muy breve del bienestar global.

Escalas de múltiples ítems

El bienestar subjetivo puede evaluarse mediante instrumentos que incorporen varios reactivos destinados a medir de manera diferenciada la satisfacción vital, los afectos positivos y los afectos negativos.

La utilidad de las escalas de múltiples ítems reside en que permiten cubrir diversos aspectos del bienestar subjetivo y reducen la dependencia de una formulación verbal única.

La investigación aplicada en beneficiarios de los Centros Impulso Social utilizó una encuesta de 76 reactivos, con cinco dimensiones de bienestar subjetivo: satisfacción vital, dominios de satisfacción, eudemonía, balance afectivo e índice de felicidad.

Se validó el índice de confiabilidad a través del Alfa de Cronbach que es un modelo de consistencia interna que analiza el promedio de las correlaciones de los ítems. El instrumento aplicado presenta un índice de confiabilidad con valor de .937.

Medición del bienestar subjetivo en México

En México, el Instituto Nacional de Geografía y Estadística (INEGI) fue de las primeras instituciones del mundo en sumarse al esfuerzo de la medición subjetiva del bienestar bajo los lineamientos de la OCDE.

El primer ejercicio se realizó a partir del diseño de los denominados módulos BIARE (siglas que significan Bienestar Autoreportado) que acompañaron al levantamiento de la Encuesta Nacional de Gastos de los Hogares (ENGASTO) durante el primer trimestre de 2012 (denominado Módulo BIARE Piloto).

Posteriormente, en 2013 se aplicó un módulo BIARE en la Encuesta Nacional Sobre la Confianza del Consumidor (ENCO).

En 2014 un complemento BIARE se añadió al Módulo de Condiciones Socioeconómicas (MCS) en el levantamiento que tuvo lugar en 2014 (Módulo BIARE Ampliado), lo cual ha permitido obtener un análisis más robusto y representativo del bienestar subjetivo de la población mexicana (INEGI, 2019).

Justamente esta investigación se basó en la encuesta del Módulo BIARE ampliado con el MCS. Las dimensiones que ha utilizado el INEGI (2019) son las mismas que se retomaron para esta investigación.

Aplicación empírica en beneficiarios de un programa social

El objetivo de esta investigación fue medir el bienestar subjetivo de los beneficiarios de los Centros Impulso Social en el estado de Guanajuato, México, a través de una metodología cuantitativa de alcance descriptivo.

Los CIS son espacios físicos situados en zonas de atención prioritaria del estado de Guanajuato en México, ideados para el desarrollo de las personas y sus familias.

Se trata de una estrategia operada mediante un Programa Social, que pretende generar capacidades para el crecimiento humano; propiciar el desarrollo comunitario integral; fomentar la participación, formación y organización de las personas; y encauzar la reconstrucción del tejido y la cohesión social (Secretaría de Desarrollo Social y Humano del estado de Guanajuato [SEDESHU], 2020).

Las actividades que se llevan a cabo en cada CIS dependen de la capacidad de atención, de la ubicación geográfica, y del diagnóstico realizado acerca del perfil sociodemográfico y de las necesidades de la población.

En general, las actividades que ofrecen los CIS tienen la siguiente clasificación: a) cursos o talleres de capacitación; b) actividades educativas; c) actividades deportivas o recreativas; d) servicios; y e) actividades de impacto.

Asimismo, los segmentos de la población los han clasificado en: a) niños, b) adolescentes, c) jóvenes, d) adultos, y e) adultos mayores.

Diseño metodológico

La investigación es de tipo cuantitativo y se utilizó como herramienta la encuesta, además de la revisión documental. Tuvo un alcance descriptivo y comprensivo.

La muestra fue incidental y estuvo compuesta por 419 beneficiarios distribuidos en 54 Centros ubicados en 32 de 46 municipios del estado de Guanajuato.

Las dimensiones analizadas en la encuesta fueron: 1) satisfacción vital, 2) dominios de satisfacción, 3) eudemonía, 4) balance afectivo y, finalmente, 5) índice de felicidad.

La encuesta estuvo compuesta de 76 ítems, divididos en primer lugar en datos sociodemográficos (seis ítems) y, posteriormente, las preguntas respecto a las cinco dimensiones de bienestar subjetivo (67 ítems), además de la incorporación de algunas preguntas referentes a la evaluación de los CIS (tres ítems).

En estas últimas preguntas se utilizaron tres tipos de escalas, Likert con 10 niveles (0-10), la dicotómica (Sí-No) y opción múltiple.

La encuesta fue suministrada en papel (física) y también en una plataforma digital (limequery). El periodo de aplicación fue durante el segundo semestre de 2019.

La información recabada se integró en una base de datos y fue analizada con el software Statistical Package for the Social Sciences (SPSS) versión 21.

Los datos se procesaron a través de estadística descriptiva, mediante distribución de frecuencias y porcentajes para la descripción de los resultados.

Resultados principales

En los resultados los beneficiarios perciben una satisfacción vital de 8.89 (escala 0-10); los dominios de satisfacción mejor valorados son vida familiar, vida afectiva y logros personales; el estado de ánimo se inclina hacia emociones positivas; el índice de felicidad es de 8.71 (escala 0-10).

IndicadorResultado
Satisfacción vital8.89 (escala 0-10)
Dominios mejor valoradosVida familiar, vida afectiva y logros personales
Estado de ánimoInclinación hacia emociones positivas
Índice de felicidad8.71 (escala 0-10)

Esta dimensión se midió en escala Likert del 0 al 10, encontrando que la mayoría de los beneficiarios de los CIS se encuentra muy satisfecha con su vida debido a que 42.96 % seleccionó el valor 10, en segundo lugar, el valor 9 (22.20 %) y, en tercer lugar, el valor 8 (17.66 %).

Si desglosamos estos resultados acorde al sexo, encontramos que las mujeres tienen una satisfacción vital mayor que los hombres, ya que el promedio obtenido en una escala del 0 al 10 fue de 8.86 para las mujeres y 8.48 para los hombres.

Este resultado dista del último reporte a nivel nacional en el que la satisfacción vital de los hombres es mayor que el de las mujeres con un promedio de 8.4 y 8.3, respectivamente (INEGI, 2018).

Los resultados apuntan hacia la percepción positiva del bienestar subjetivo de los beneficiarios del Programa Social, siendo esta, inclusive, mayor a la media nacional y estatal, lo que aporta información de primera mano para la evaluación progresiva del Programa.

Se concluye que el Programa Social sí ha cumplido su objetivo, puesto que el bienestar subjetivo percibido por los beneficiarios es superior a la media estatal y nacional.

Alcance del concepto

Se puede concluir que el concepto de bienestar psicológico se caracteriza por su dimensión subjetiva, evolutiva y multidimensional, incluidas las condiciones individuales y socioculturales que lo facilitan o lo dificultan.

De esta manera un alto bienestar depende de una apreciación positiva de la vida que perdura a lo largo del tiempo, mientras que el bajo nivel obedece el desajuste entre expectativas y logros que correspondería a un elemento cognitivo.

El componente afectivo constituye el plano hedónico, es decir, el que contiene el agrado experimentad por la persona con sus sentimientos, emociones y estados de ánimo más frecuentes.

En este punto cabe resaltar que en el término bienestar subjetivo, se considera la dimensión empíricamente medible de la felicidad, y difiere del concepto de calidad de vida, al incluir autoevaluaciones y no solo estándares explícitos, que son operacionalizados a través de componentes objetivos (Veenhoven, 2012).

Finalmente, es importante tener en cuenta la anotación de Compton (2001) sobre el reto para la psicología pues cualquier conceptualización de bienestar está atada a los valores, lo cual implica investigaciones no necesariamente empíricas, sino también históricas, hermenéuticas y fenomenológicas.

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