¿Cuál es la primera vacuna? Historia, antecedentes y el origen de la inmunización contra la viruela

La historia de la primera vacuna comienza con una enfermedad devastadora: la viruela. Antes de la vacuna contra la viruela, esta enfermedad se consideró como una de las enfermedades infecciosas más mortales.

El origen de las vacunas tal y como las conocemos se atribuye al médico inglés Edward Jenner a finales del siglo XVIII. Sin embargo, la historia es más amplia y está llena de antecedentes, observaciones, ensayos previos y prácticas que viajaron entre Asia, África, Europa y América mucho antes de 1796.

La viruela: una enfermedad mortal y universal

La viruela era una enfermedad altamente prevalente, causante de un gran problema epidemiológico, distribuida en casi todo el mundo, que no distinguía edades ni clases sociales, y además causaba alta mortalidad (30 a 60% en los no vacunados) y producía secuelas significativas no sólo estéticas (cicatrices, calvicie) y hasta un tercio de los sobrevivientes quedaban ciegos cuando se comprometía la córnea.

Entre muchas víctimas se incluyen faraones de Egipto según certifican sus momias, Isabel I de Inglaterra, músicos clásicos como Mozart y Beethoven, y presidentes de los Estados Unidos como Lincoln y Washington. Durante el siglo XVIII sufrieron la enfermedad el emperador José I de Austria, el rey Luis I de España, el zar Pedro II de Rusia, la reina Ulrika Eleonora de Suecia y el rey francés Luis XV. En América se cuenta al gobernante del Imperio Inca Huayna Capac y en Chile al Abate Molina y a la destacada cantautora Violeta Parra que se sentía acomplejada por las cicatrices faciales dejadas por la enfermedad.

Se estima que, a lo largo del siglo XVIII, la viruela acabó con la vida de 60 millones de personas en Europa, mientras que otras muchas quedaban ciegas debido a las lesiones que la infección dejaba en las córneas.

Edward Jenner y la primera vacuna del mundo

Edward Jenner (1749-1823) nació en Berkeley, Gloucestershire, Reino Unido. Era un naturalista, muy observador desde niño y a los 13 años empezó a trabajar con un cirujano.

El 14 de mayo de 1796, Edward Jenner tomó material de una lesión pustular de viruela de vacas causada por el cowpox virus, obtenido de la mano de la ordeñadora Sarah Nelmes y lo inoculó en el brazo de James Phipps, niño de 8 años, hijo del jardinero de la familia Jenner. Dos meses después inoculó material de una lesión proveniente de un enfermo con viruela y demostró que James no contrajo la enfermedad planteando que había quedado “inmune”.

El aporte de Jenner fue la demostración de la capacidad protectora de su ensayo, considerado como primera prueba de inmunidad conferida por una vacuna.

En 1796 (70 años después), Jenner supo de los trabajos de Lady Mary, perfeccionó la técnica y pasó a la historia como el descubridor de la vacuna contra la viruela.

Fue en 1796 cuando Edward Jenner, un médico compatriota de Montagu, confirmó las observaciones de la escritora sobre uno de los virus que más personas ha matado en el mundo. Jenner decidió inocular a James Phipps, un niño de 8 años hijo de su jardinero, las raspaduras del virus de una vaca llamada Blossom. El pequeño tuvo fiebre durante un par de días, pero no desarrolló ninguna infección grave ni mostró ningún síntoma de viruela.

Unos meses después, para terminar de asegurarse de que la vacuna funcionaba, Jenner volvió a inocular material de viruela humana en los brazos del niño, que tampoco enfermó.

El descubrimiento de Jenner generó numerosas incomprensiones y desprecios, sucediéndose las discusiones entre los detractores y los propugnadores de la vacunación. No obstante, poco a poco fue cosechando merecidos reconocimientos: Jenner fue premiado por el Parlamento inglés con 10.000 libras esterlinas en 1802 y 20.000 en 1807.

A principios del siglo XIX, en el contexto de las guerras napoleónicas, numerosos jóvenes ingleses eran prisioneros de guerra de los franceses. Jenner, conociendo esta realidad, escribió una carta a Napoleón sugiriéndole vacunar a sus tropas para evitar que la viruela se extendiese por todo el continente y que sus soldados murieran a causa de la infección. A cambio de este consejo, Jenner pidió al emperador francés que liberara a los prisioneros ingleses.

Antes de Jenner: variolación e inoculaciones previas

Si bien Jenner ha recibido todo el mérito de la comunidad científica por el descubrimiento de la vacuna antivariólica, existen antecedentes de inoculación antes de las investigaciones de Jenner.

Antes de desarrollar la primera vacuna, se recurría a un proceso denominado variolación, que consistía en colocar bajo la piel una pequeña cantidad de virus (contenido en las úlceras de la viruela) procedente de pacientes que se habían recuperado. La variolación llegó a Europa desde Asia y África, donde llevaba cientos de años utilizándose, pero se corría el riesgo de infectar a la persona con la enfermedad de la que se pretendía proteger.

Otros datos señalan que, con anterioridad, ya en el siglo VI a. C. en China practicaban la inoculación o aspiración vía nasal de costras de enfermos como prevención de la viruela, y en el siglo V a.C. el historiador griego Tucídides se refiere al tema.

La primera evidencia escrita relacionada con la inoculación como profilaxis se sitúa en el siglo XI. Una monja budista que vivió durante el reinado del emperador chino Jen Tsung (1022 a 1063) y a la cual se le atribuye el texto “El tratamiento adecuado de la viruela”, registra el procedimiento de soplar el polvo de costras secas, pulverizadas y mezcladas con plantas específicas mediante un tubo de plata en las fosas nasales.

Otro libro perteneciente a la literatura china “El espejo dorado de la Medicina” describía diferentes formas de inoculación antivariólica tales como: Introducir en los orificios de la nariz un pedazo de algodón empapado de pus extraído de pústulas de enfermos leves; pulverizar costras desecadas e introducirlas mediante un tubo de bambú por los orificios nasales (a los niños en la ventana nasal izquierda y a las niñas en la derecha) y poner a un niño sano las ropas usadas de un enfermo.

A comienzos del siglo XI murió víctima de viruela el primogénito del Primer Ministro chino Wang Tan de los emperadores Sung. Se convocó una junta de médicos, sabios y magos de todo el Imperio y un ermitaño proveniente de O-Mei Shan catalogado de “médico sagrado”, “inmortal” trajo la técnica de la inoculación. Monjes taoístas (religión ancestral china) y alquimistas vivían en cuevas en la famosa montaña de O-Mei Shan, y conocían el secreto de la variolización que, según la tradición, habían recibido por “dictado de los espíritus”.

En 1672 según otros datos históricos, una anciana circasiana en Constantinopla aplicaba exudado de viruela en una herida abierta en la piel del paciente.

Lady Mary Wortley Montagu y la difusión de la inoculación en Europa

En este relato histórico no puede ser omitida Lady Mary Wortley Montagu (1689-1762). Nació en Londres, y ha sido definida como aristócrata viajera y escritora. Hija mayor del Duque de Kingston y Marqués de Dorchester. Su madre, hija del conde de Denbigh, murió siendo ella aún niña. Mantuvo una estrecha amistad con Mary Astell, luchadora por los derechos de la mujer.

El padre de Lady Mary rechazó el matrimonio con Edward Wortley Montagu y cuando Lord Dorchester insistió en otro matrimonio para su hija, Edward y Mary se fugaron (1712). Edward Wortley era miembro del Parlamento Inglés desde 1715 y fue nombrado embajador ante el Imperio Turco. Lady Mary le acompañó en su viaje hasta Constantinopla.

La historia de este viaje y sus observaciones de la vida en Oriente se cuentan en sus “Cartas desde Estambul”, llenas de descripciones gráficas, inspiración de las siguientes viajeras/escritoras femeninas y de gran parte de la producción artística englobada en el concepto de orientalismo. Fue la primera mujer occidental en acceder a los harenes otomanos.

Escribió: “Las mujeres turcas tienen más libertad que las inglesas y… la religión musulmana no es muy distinta del cristianismo”. Aprendió el idioma y adoptó la vestimenta turca para identificarse con las mujeres de esa región.

Del Imperio otomano, Lady Mary que mostraba en su piel las cicatrices de la viruela, y había visto morir a su hermano por ese flagelo, trajo a su vuelta a Inglaterra la práctica de la inoculación como profilaxis contra la enfermedad. Hizo inocular a sus propios hijos, y se enfrentó a los poderosos prejuicios que había contra tal práctica.

En 1721, Lady Mary Wortley Montagu trajo la inoculación de la viruela a Europa, al pedir que sus dos hijas fueran inoculadas contra la viruela, como ella había observado la práctica en Turquía.

Esta mujer fue la primera que impregnó agujas con el pus de la viruela que tenían las vacas e inoculó el virus a su hijo, incluso a herederos de monarcas europeos, pero su técnica acabó siendo rechazada y muchos médicos en Inglaterra no confiaron en su método.

Otros antecedentes europeos y el papel de Benjamin Jesty

Es probable que en otros lugares de Europa se realizaran procedimientos similares no publicados. A modo de ejemplo, se cita la presentación de Fester en la Sociedad Médica de Londres en 1765 titulada “Cowpox y su capacidad de prevenir la viruela”. Jobst Bose de Göttingen, Alemania en 1769, Plett y Jensen de Holstein, Dinamarca inoculaban con viruela vacuna (cowpox) pero no existen publicaciones científicas de esos eventos.

En la lápida funeraria de Benjamin Jesty se puede leer “…partió de esta vida el 16 de abril 1816 a la edad de 79 años. Nació en Yetminster en este condado, y fue un destacado hombre honesto: particularmente destacó por haber sido la primera persona (conocida) que introdujo la inoculación con cowpox, y con su gran visión hizo el experimento en su esposa y dos hijos en el año 1774”.

Aún se conserva la granja Upbury en Yetminster, Inglaterra, hogar de la familia Jesty en el momento en que las inoculaciones pioneras tuvieron lugar y allí existe una placa conmemorativa de este suceso.

La ruta de la Seda y la transmisión de conocimientos

¿Cómo se trasmitió el conocimiento sobre prevención de la viruela desde el antiguo imperio chino hasta la región de Circasia y el Cáucaso en el Asia Central? Diferentes fuentes refieren que evitar la viruela entre las jóvenes era trascendente para su familia y su futuro ya que muchos padres pretendían que sus hijas llegaran a las cortes como esposas o concubinas de los emperadores, sultanes y reyes.

Alcanzar este honor requería de belleza física como principal virtud y, por lo tanto, tener un rostro y un cuerpo sin cicatrices de la viruela era fundamental. Se estima que las jóvenes eran sometidas a los procedimientos de prevención de la viruela para este logro y por lo tanto la prevención era una inversión vital y los elementos empleados fueron un producto de belleza.

Los relatos y algunos escritos revelan que fue a través de la Ruta de la Seda que se produjo esta transmisión de conocimientos.

Esta ruta se utilizó entre el siglo II a.C. hasta el siglo XVI, sirvió de nexo entre numerosas civilizaciones y propició intercambios comerciales, de creencias religiosas, conocimientos científicos, innovaciones técnicas, usos culturales y expresiones artísticas.

En 2014 la UNESCO declaró Patrimonio de la Humanidad un tramo de 5.000 kilómetros desde Chang’an/Luoyang, antigua capital principal de China durante el reinado de las dinastías Han y Tang, hasta la región de Zhetysu, en el Asia Central, corredor que une China, Kazajstán y Kirguistán. Los 33 componentes del tramo comprenden ciudades capitales, palacios de varios imperios y kanatos, asentamientos mercantiles, templos budistas, antiguos senderos, casas de postas, pasos entre montañas, torres de almenaras, tramos de la Gran Muralla, fortificaciones, tumbas y edificios religiosos.

La primera gran vacunación en masa: la Expedición Balmis

El rey Carlos IV de España programó y financió la Real Expedición Filantrópica de la Vacuna con especial motivación por cuanto una de sus hijas había sufrido la enfermedad, y comisionó al médico valenciano Francisco Xavier de Balmis para que llevara la vacunación contra la viruela a las colonias españolas en el Nuevo Mundo y Ultramar.

De Balmis partió con 22 niños abandonados de la Casa de Expósitos y un grupo de asistentes, vacunando a los niños brazo a brazo en grupos de dos a lo largo del viaje, para que hubiera pústulas frescas en todo momento.

El médico valenciano a cargo de la Expedición tenía una vasta experiencia en el tema de la vacuna y había traducido del francés en marzo de 1803 el libro de Jacques Louis Moreau de la Sarthe “Tratado histórico y práctico de la Vacuna”, material que sirvió de guía general de la vacunación y alrededor de 500 ejemplares fueron distribuidos en las distintas Juntas de Vacunación que fueron organizándose en las colonias.

Los objetivos de la Expedición fueron “Difundir la vacuna desde el Reino de España a todos los virreinatos ultramarinos, instruir a los sanitarios locales de las poblaciones visitadas para dar continuidad a la práctica de la vacunación a lo largo del tiempo, y crear en los virreinatos “Juntas de Vacunación” como centros para conservar, producir y abastecer de vacunas activas para mantener la campaña de forma permanente” (Figura 2).

El 30 de noviembre de 1803 zarparon de La Coruña en la corbeta “María Pita” acompañados por la enfermera y rectora de la Casa de Expósitos Doña Isabel Sendales, junto con otros tres médicos: José Salvany, Antonio Gutiérrez y Manuel Julián Grajales y 6 enfermeros. Luego de vacunar en Tenerife, en febrero de 1804 llegaron a Puerto Rico y el 19 de marzo de ese año desembarcaron en Puerto Cabello, Venezuela. Aquí la expedición se dividió, Balmis siguió a Cuba y México, y Salvany y Grajales se dirigieron a Colombia, Perú, Buenos Aires y Chile.

En México se establecieron numerosas juntas a lo largo de todo el Virreinato y Balmis con la fracción de la expedición a su cargo siguió hacia Manila en el navío Santa Bárbara con 26 niños mexicanos reclutados y que padecieron condiciones mucho peores de los embarcados en A Coruña (mareos, vómitos, fiebre, calor, tormentas y tifones durante la navegación). Desde Filipinas siguieron en otra embarcación a la colonia portuguesa de Macao desde donde se realizaron campañas de vacunación en territorio chino.

Por cansancio y enfermedad Balmis cedió la dirección de la expedición a su ayudante Antonio Gutiérrez y decidió regresar a Lisboa y luego a Madrid donde fue recibido con honores por el rey Carlos IV el 7 de septiembre de 1806.

Algunos niños murieron durante el viaje, en el largo recorrido se incorporaron otros niños de las colonias y se desconoce cuántos regresaron. La mayoría de los niños “vacuníferos” pertenecían a hogares de menores, habían sido abandonados por sus familias y las condiciones extremas a que fueron sometidos merecerían un análisis más profundo.

Chile y la historia de la vacunación

¿QUÉ DATOS TENEMOS DE CHILE?

El sacerdote jesuita y naturalista Juan Bautista Ignacio Molina González (1740-1829), más conocido como el Abate Molina, entre sus numerosas publicaciones científicas destaca su aporte a la medicina con la descripción clínica de la viruela en Chile en su obra escrita en versos y en latín De peste variolarum, año 1761 y De peste variolis vulgo dicta, testimonio vivido por cuanto fue afectado gravemente por esta enfermedad. Los textos junto con describir los síntomas y signos, critica los tratamientos médicos y métodos hospitalarios utilizados en esa época previa a la llegada de la inoculación, y constituye la primera descripción de esta y otras enfermedades en el país.

Pedro L. Ferrer escribió en la Historia General de la Medicina en Chile: “En 1765, el sistema de las inoculaciones fue inventado en Chile por el Padre Chaparro, sin que a esa fecha se conociera en el país que dicho tratamiento se hubiera practicado en Europa”.

Fray Pedro Manuel Chaparro, cuya fecha de nacimiento y datos sobres sus progenitores no son bien conocidos, el 8 de noviembre de 1767 profesó como fraile de la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios y el 16 de diciembre de 1767 ingresó en la Real Universidad de San Felipe para estudiar Medicina, donde fue el primer alumno que obtuvo su título de médico en Chile en 1772. Variolizando (vacunando) a miles de personas, su trabajo fue fundamental en detener la epidemia de viruela de fines del siglo XVIII y el siglo siguiente.

La variolización aplicada por fray Pedro Manuel Chaparro, provocaba la muerte de algunos variolizados, dejaba inmune al resto, logrando reducir la mortalidad drásticamente.

De la viruela a la era de las vacunas modernas

Tras el desarrollo de la vacuna contra la viruela, la ciencia empezó a explorar la posibilidad de utilizar la vacunación para proteger contra otras enfermedades.

A lo largo de los cien años que siguieron al descubrimiento de la vacuna, los científicos desarrollaron métodos para prevenir la rabia tras el contacto con el virus utilizando un procedimiento similar al empleado en la vacuna contra la viruela.

A finales del siglo XIX, se descubrió que las bacterias muertas por calor o por sustancias químicas en el laboratorio todavía podían hacer que el sistema inmunitario reaccionara. Se cree que la pandemia de gripe española de 1918 causó la muerte de hasta 50 millones de personas en todo el mundo. Durante la pandemia, se realizaron numerosas investigaciones para producir una vacuna contra la gripe. Sin embargo, debido a la falta de comprensión de la enfermedad (durante mucho tiempo se pensaba que estaba causada por bacterias), hasta 1945 no se aprobó para su uso la primera vacuna contra la gripe.

La vacuna utilizaba con éxito virus de la gripe inactivados que «enseñaban» al organismo a combatir el virus. Mientras que las vacunas inactivadas previas atacaban a las bacterias, la vacuna contra la gripe fue la primera vacuna inactivada que protegía contra un virus.

En la década de 1920, se descubrió que añadir determinadas sustancias a las vacunas podría reforzar la respuesta inmunitaria del organismo de forma segura. El descubrimiento de los adyuvantes supuso un gran avance y llevó a que la primera vacuna contra la tos ferina se reforzara con sales de aluminio en 1932.

Los avances que condujeron al éxito de la vacuna contra la gripe también llevaron a los científicos a descubrir una vacuna contra la polio, una enfermedad que se cree que mató a más de 2 millones de personas en Europa y causó discapacidades que alteraron la vida de varios millones más antes de que una vacuna condujera a su eliminación en Europa.

Esta vacuna inactivada se administró por primera vez de forma masiva en 1954 en los Estados Unidos. Hoy en día, la vacuna contra la poliomielitis está incluida en los calendarios de vacunación infantil en toda Europa y en todo el mundo para garantizar la protección de todos los niños.

En 1963 se desarrolló una vacuna contra el sarampión, otra de las principales causas de muerte y discapacidad permanente en Europa. Desde entonces, a medida que la vacuna se ha ido introduciendo en los calendarios nacionales de vacunación en toda Europa y en todo el mundo, el número de casos de sarampión ha disminuido drásticamente y el impacto de la enfermedad se ha reducido significativamente.

A medida que mejorábamos nuestro conocimiento del sistema inmunitario, las enfermedades y la genética durante la segunda mitad del siglo XX, el personal científico descubrió nuevas formas para protegernos de las enfermedades.

Se desarrolla una vacuna contra la tos ferina.

En la década de 1960 se descubrió por primera vez el ARNm (ácido ribonucleico mensajero). No fue hasta décadas más tarde cuando se descubrió un método eficaz para inocular ARNm en el cuerpo.

En 1972, las vacunas de vectores víricos demostraron por primera vez su éxito en laboratorio, aunque pasaron casi 50 años hasta que se aprobó una vacuna de vectores víricos para uso humano destinada a prevenir el ébola.

En la década de 1990 se pusieron a prueba las vacunas de ARNm contra la gripe, y en 2013 se probaron las potenciales vacunas contra la rabia.

En 2006 la primera vacuna para Human Papillomavirus (HPV) es aprobada.

Effective COVID-19 vaccines are developed, produced and distributed with unprecedented speed, some using new mRNA technology.

In December 2020, just 1 year after the first case of COVID-19 was detected, the first COVID-19 vaccine doses are administered.

Hito Dato
Primera vacuna del mundo viruela
Fecha del experimento de Jenner 14 de mayo de 1796
Niño inoculado por Jenner James Phipps
Edad de James Phipps 8 años
Expedición de la vacuna 30 de noviembre de 1803
Llegada a Puerto Cabello 19 de marzo de 1804
Primer vacuna contra la gripe aprobada 1945
Primera vacuna inactivada contra un virus vacuna contra la gripe
Primera vacuna contra el HPV 2006
Jenner y primera vacuna contra viruela

La primera campaña de vacunación contra la viruela - Bully Magnets - Historia Documental

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