Conquistando las olas: la historia de Sara Rivas

«Conquistando las olas» presenta a Sara Rivas a través de una relación con el mar en la que el desafío deportivo se une a la exploración, la memoria y la conciencia sobre los ecosistemas. La experiencia de enfrentarse al océano no se limita a dominar una ola: también implica comprender un entorno cambiante y reconocer la responsabilidad que existe frente a sus amenazas.

Es difícil construir un relato a partir de experiencias acuáticas, donde la memoria y la percepción funcionan distinto que en el medio terrestre. Sentir una avalancha detonarse bajo tu tabla es una de esas experiencias que tienen el poder de cambiarlo todo para Federico Mekis.

Surfista enfrentando una ola grande

El mar como territorio de experiencia

Ramón Navarro encontró su pasión cabalgando las olas más grandes del planeta. Cada cierto tiempo te cruzas con alguien cuyas acciones y conducta te inspiran, te maravillan.

La relación con el océano combina movimiento, riesgo y percepción. El cuerpo debe adaptarse a una superficie inestable, mientras la memoria registra sensaciones que no se organizan de la misma manera que en tierra firme.

«La energía no se crea ni se destruye, solo se transforma». La icónica frase de Antoine Lavoisier, uno de los padres de la química moderna, da vueltas por mi cabeza en estos días.

Aprender a leer las olas

Al lado norte del camino se encuentra el océano que ostenta con orgullo olas de altísima calidad, algunas ocultas a simple vista tras amplias dunas de arena. En el pueblo de Isabela, en la punta noroeste de Puerto Rico, hay un sinuoso malecón que se extiende por varios kilómetros de costa virgen.

El mar exige atención constante: cada ola modifica las condiciones y obliga a tomar decisiones en un instante. La experiencia no consiste únicamente en buscar la ola más grande, sino en interpretar el espacio, reconocer sus cambios y encontrar una forma de moverse dentro de él.

Sentir una avalancha detonarse bajo tu tabla es una de esas experiencias que tienen el poder de cambiarlo todo. La del 14 de julio de 2016, en La Parva, hizo exactamente eso para Federico Mekis.

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Entre la pasión y el riesgo

Ramón Navarro se une a Leticia y Reinaldo Caro en un viaje por la protección de las aguas ancestrales del pueblo Kawésqar en la Patagonia chilena. El día está frío a orillas del estrecho de Magallanes, en el extremo sur del continente americano.

Con los pies en la arena y sintiendo la brisa fresca que viene desde el mar, nos reunimos en torno a unos mates y bienvenidas, mientras la humedad salada que trae la rompiente nos moja la cara y activa el espíritu.

La cercanía con el agua también revela su vulnerabilidad. El futuro de nuestros ecosistemas depende de las acciones que tomemos hoy.

El océano bajo presión

Cada año, más de ocho millones de toneladas de basura plástica escurren hacia el mar. Se ha encontrado plástico en los estómagos de ballenas varadas y albatros en su ruta de migración.

Los ríos son más que solo agua que escurre por la superficie de la Tierra. Son fuentes de vida que transportan nutrientes y sedimentos sustentando la alta biodiversidad de los distintos ecosistemas que recorren durante su viaje.

En una nación conocida por su masiva extracción de recursos, la salmonicultura es más grande que todas las industrias de Chile, después del cobre.

Estas presiones afectan los mismos lugares que permiten la práctica del surf y las demás experiencias acuáticas. Proteger las olas significa proteger también las costas, los ríos, la fauna marina y las comunidades vinculadas al agua.

Contaminación plástica en el océano

Deporte, comunidad y conservación

6 de diciembre de 2022 la Legislatura de Tierra del Fuego sancionó por unanimidad la ley que crea el Área Natural Protegida Península Mitre, en el extremo austral del continente americano.

En diciembre de 2025, Conserva Puchegüín logró reunir con éxito los fondos necesarios. Una victoria de conservación que nace desde la comunidad.

La protección de los territorios costeros depende de decisiones colectivas y de la participación de quienes conocen esos lugares de manera cotidiana. El deporte puede acercar a las personas al mar, pero la conservación requiere convertir esa cercanía en compromiso.

El futuro de nuestros ecosistemas depende de las acciones que tomemos hoy.

Una mirada más amplia sobre el agua

En toda expedición a lugares remotos los meses previos están llenos de ilusión, expectativas, ansiedad y, sobre todo, mucha preparación. Y cuando se trata de salir a buscar hongos, a lo anterior se le suma una imponente incertidumbre que nos acompaña como una nube gris, densa y totalitaria.

Estoy preparando mi equipo para escalar el Cayambe, un volcán de 5.790 a un par de horas al noreste de Quito, en.

Avanzando por un sendero tipo trinchera de dos metros de altura, cubierto de musgo y barro, donde cabe solo un cuerpo a la vez. El aire huele a hojas. El bosque denso tapa el cielo.

Estas experiencias muestran que la aventura no pertenece a un solo paisaje. El mar, la montaña y el bosque exigen preparación, atención y respeto por las condiciones naturales.

La identidad de quienes viven junto al mar

Nacido y criado en Punta de Lobos, Ramón Navarro encontró su pasión cabalgando las olas más grandes del planeta. Cada cierto tiempo te cruzas con alguien cuyas acciones y conducta te inspiran, te maravillan.

El vínculo con la costa puede comenzar como una pasión personal y transformarse en una forma de comprender el territorio. En ese proceso, las olas dejan de ser únicamente un desafío y se convierten en parte de una identidad.

El día está frío a orillas del estrecho de Magallanes, en el extremo sur del continente americano. Con los pies en la arena y sintiendo la brisa fresca que viene desde el mar, nos reunimos en torno a unos mates y bienvenidas, mientras la humedad salada que trae la rompiente nos moja la cara y activa el espíritu.

Comunidad costera junto al mar

Conquistar sin poseer

El título «Conquistando las olas» puede entenderse como una imagen de esfuerzo y superación, pero también como una invitación a cambiar la relación con el océano. Una ola no se posee: se observa, se espera, se interpreta y se atraviesa.

Es difícil construir un relato a partir de experiencias acuáticas, donde la memoria y la percepción funcionan distinto que en el medio terrestre. La práctica sobre el agua modifica la percepción del tiempo, del equilibrio y del riesgo.

La historia de Sara Rivas se inscribe así en una mirada en la que el movimiento sobre las olas convive con la conciencia de que el mar es un ecosistema frágil. El desafío personal adquiere sentido cuando se conecta con la protección del lugar que lo hace posible.

El mar como responsabilidad compartida

Los ríos son más que solo agua que escurre por la superficie de la Tierra. Son fuentes de vida que transportan nutrientes y sedimentos sustentando la alta biodiversidad de los distintos ecosistemas que recorren durante su viaje.

Cada año, más de ocho millones de toneladas de basura plástica escurren hacia el mar. Se ha encontrado plástico en los estómagos de ballenas varadas y albatros en su ruta de migración.

La experiencia de las olas puede abrir una perspectiva más amplia: detrás de cada rompiente existe una red de aguas, especies, comunidades y territorios que necesitan protección. El futuro de nuestros ecosistemas depende de las acciones que tomemos hoy.

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