Puedes vivir en un país libre y aún así sentirte estancado. Atrapado por el miedo. Retenido por la rutina. Paralizado por lo que otros puedan pensar.
La libertad real no consiste únicamente en la ausencia de obstáculos externos, sino en la capacidad de elegir tu respuesta, asumir la responsabilidad de tus decisiones y actuar a pesar del miedo cuando algo importa de verdad. Sólo desde la confianza nos podremos sentir libres y sólo desde la libertad podemos sentirnos felices.
La libertad externa no garantiza la libertad interior
Estancado por la vacilación, esperando sentirte “listo” Diciéndote a ti mismo que actuarás cuando llegue la confianza. Pero la confianza no llega primero. El miedo no se hace a un lado cortésmente.
Persiste, tomando el control en silencio sin que nos demos cuenta. Y cuando el miedo dirige el espectáculo, la libertad se escapa. Justificamos ir a lo seguro. Llámalo sabio. Conservador.
Pero en el fondo, muchos de nosotros sabemos que podíamos hacer más. Y, sin embargo, no actuamos. No porque no podamos. Sino porque el miedo está al timón. ¿Es libertad si nosotros no estamos trazando nuestro propio rumbo?
Para el filósofo estoico Séneca, la libertad no era sobre las circunstancias, se trataba de la mentalidad. Él escribió: “El que es valiente es libre”. Séneca creía que la verdadera libertad no proviene de condiciones externas sino del autodominio.
De elegir el coraje por encima de la comodidad. Acción sobre evitación. La psicología moderna está de acuerdo: La libertad real no proviene de la ausencia de obstáculos, proviene de la decisión de actuar a pesar de ellos.
Por qué el miedo roba nuestra libertad
El miedo es una de las fuerzas internas más poderosas a las que nos enfrentamos: restringe sutilmente nuestras acciones. Nos convence de que entrar en incomodidad equivale a peligro, que los errores significan fracaso y que el juicio de los demás es algo que debemos evitar a toda costa.
Nos mantiene en silencio cuando queremos hablar. Aún cuando queremos actuar. Pequeños cuando queremos crecer. El modelo cognitivo del psicólogo Aaron Beck muestra cómo las creencias basadas en el miedo pueden distorsionar nuestro pensamiento, lo que lleva a patrones de evitación que limitan el crecimiento y reducen nuestro sentido de agencia.
Puede que queramos libertad. Pero el miedo hace que la seguridad se sienta más inteligente. Y así nos quedamos, estancados, cautelosos, convenciéndonos a nosotros mismos de que es la elección más sabia.
Y seguimos mirando mucho alrededor y poco a nuestro interior; y al mirar hacia afuera como si fuese lo que nos va a facilitar nuestro equilibrio vital, comenzamos a preocuparnos de lo que puedan pensar o decir los demás con los que les subimos desmedida e injustamente de categoría.
Ya no son sólo “legítimos otros” sino los que nos condicionan significativamente con sus críticas el rumbo de nuestra vida. Y eso, el marcar el rumbo nos corresponde a nosotros; el elegir cómo queremos que sea nuestra vida.
Qué significa tener confianza
La confianza puede entenderse como una esperanza firme que se tiene de alguien o algo. También es la seguridad que alguien tiene en sí mismo, el ánimo, aliento y vigor para obrar.
La confianza es como un juego de espejos, se trata de proyectar la confianza que tenemos en nosotros para ser capaces de ver a los demás como personas dignas de confianza.
Para confiar en nosotros tenemos que tomar decisiones, quizás una de las primeras es decidir si quieres ir por la vida víctima o de protagonista. Pero no busques excusas, disculpas o justificaciones.
Es cierto que a todos nos ha hecho daño la vida, todos hemos sufrido desgracias, pero no se trata de ponernos la medalla de ser los más desgraciados. ¿No te parece? Siente el dolor, no luches contra él, intégralo y mira hacia adelante.
La confianza ayuda a las personas a asumir el control de las circunstancias en vez de dejarse arrollar por ellas. Es cuestión de caminar la vida, confiando en nosotros; el camino y la meta son la misma cosa, es vivir del ser a cada instante, practiquemos nuestro ser consciente y nuestro disfrute de “ir siendo”.
Y nuestro “ir viviendo” y nuestro “ir siendo”, lo constituye nuestro “ir haciendo”. ¿Cómo? Posiciona la vida siempre en primer lugar. Procura siempre estar en tú mejor yo. Busca ir mejorando en todo lo que hagas.
Actúa siempre a partir de la verdad. Descubre lo positivo; sé constructivo. Y desde la confianza en nosotros mismos podemos ir caminando en nuestro “vector de libertad”.
La valentía como expresión de la libertad
La valentía no consiste en no sentir miedo. Cynthia Pury, investigadora de valentía de la Universidad de Clemson, la define como una acción voluntaria ante el riesgo o el miedo para lograr un objetivo moralmente digno.
No se trata de no tener miedo. Es sobre tener miedo y seguir adelante de todos modos, porque algo importa más. Así es como se ve la libertad interna. No es ausencia de miedo. Sino la capacidad de elegir tu respuesta.
Para reclamar la libertad, debemos actuar con valentía. En psicología, agencia se refiere a nuestra capacidad de actuar intencionalmente e influir en nuestras propias vidas. Es lo opuesto a la impotencia o la pasividad, y es fundamental para el bienestar y la motivación.
Y la valentía es lo que nos ayuda a construir esa agencia. Comienza con la autoeficacia: la creencia en tu capacidad para tener éxito en situaciones específicas.
El fallecido psicólogo de la Universidad de Stanford Albert Bandura descubrió que la autoeficacia se desarrolla a través de “experiencias de dominio”: momentos en los que actuamos, luchamos y crecemos.
Cada acción valiente se convierte en evidencia: puedo manejar esto. Así es como se construye la agencia, no solo a través de la inspiración o la información, sino a través de la acción. A través de la experiencia vivida. A través del hacer.
El ciclo de la confianza y la agencia
Con el tiempo, esto crea un poderoso ciclo de retroalimentación:
- La valentía lleva a la acción
- La acción genera confianza
- La confianza genera agencia
- La agencia conduce a una acción más valiente
Y a medida que repetimos ese ciclo, nuestros cerebros se adaptan. La investigación sobre neuroplasticidad confirma que el comportamiento repetido y valiente reconecta el cerebro para la resiliencia, la motivación y la determinación.
Así es como crecen la agencia, y la libertad real. La confianza no aparece necesariamente antes de actuar: muchas veces se desarrolla después de comprobar, mediante la experiencia, que somos capaces de afrontar lo que temíamos.

Tres verdades que pueden hacerte libre
1. Tienes más poder del que crees
Es fácil sentir que la vida te está sucediendo. Pero la ciencia es clara: tus acciones y creencias dan forma a tus resultados más de lo que podrías darte cuenta.
Martin Seligman, de la Universidad de Pensilvania, ha investigado la impotencia aprendida y su reversión a través del optimismo aprendido. Su trabajo muestra que cuando las personas creen que pueden influir en lo que les sucede, adquieren un mayor sentido de agencia.
Y esa creencia es uno de los predictores más fuertes de felicidad y resiliencia. Cuando te sientas atascado, pregunta: ¿Cuál es un pequeño paso que puedo dar para avanzar?
Incluso la acción más pequeña es una recuperación del albedrío.
2. Si importa, vale la pena el riesgo
La valentía no es sobre no tener miedo, es sobre actuar cuando lo que está en juego es significativo. Pury descubrió que es más probable que seamos valientes cuando el objetivo importa profundamente.
¿Lo que está realmente en riesgo no es solo el fracaso, es perder algo importante. Pregúntate a ti mismo: ¿qué es algo que quiero que realmente importe? ¿Qué me costará si no actúo?
Si importa, es hora de moverse. La libertad se fortalece cuando las decisiones se orientan por aquello que consideramos valioso, en lugar de quedar dominadas por la necesidad de evitar toda incomodidad.
3. La confianza viene después del primer paso
Tú no necesitas estar listo, necesitas comenzar. La investigación de Bandura mostró que la confianza se genera haciendo, no esperando.
No es algo que necesitas comenzar, es algo que ganas a través de pequeños pasos repetidos. Consejo: Elige algo pequeño. Hazlo asustado. Entonces haz lo siguiente.
Así se construyen la valentía y la libertad.
Autodeterminación y responsabilidad
Sentirse libre, eso sí, no es pensar que desde nuestra unicidad podemos hacer lo que queramos, podamos prescindir de todo el mundo, pasar por sobre los demás; esto suena a omnipotencia o estupidez.
Como seres humanos no somos autosuficientes, como dice Jorge Buscay “para ser quienes somos necesitamos la mirada ajena que nos completa, nos actualiza y nos significa”.
Además la auténtica libertad va ligada a la responsabilidad de cumplir nuestros compromisos que vamos contrayendo y es ahí dónde está el tema.
Puedes ser una persona muy ocupada , pero serlo desde tú libertad, o desde la exigencia que impulsa nuestro maletín de necesidades, modas, caprichos, ambiciones, expectativas desmedidas…
Y el compromiso comienza con el comprometerse con uno mismo desde la autenticidad. (¿Qué voy a poner en juego?) Y, no puede haber compromiso sin libertad, pero, asimismo, el comprometerse significa confianza en uno mismo.
La libertad, por tanto, no equivale a actuar sin límites ni a ignorar las consecuencias. Significa elegir conscientemente, responder por lo elegido y mantener una relación respetuosa con las personas que forman parte de nuestra vida.
Conocerse para elegir el propio rumbo
Es cuestión de autodeterminarnos desde el conocimiento que tenemos de nosotros mismos, conocimiento de nuestras capacidades, nuestros miedos, nuestras barreras mentales, de aquello que nos apasiona…
Este conocimiento permite distinguir entre una decisión propia y una respuesta dictada por el temor, la presión social, la costumbre o las expectativas desmedidas.
Y este camino, no es fácil, y cada uno tiene que decidir a quién pedir ayuda, apoyo, compañía; tenemos que practicar el “pedir”, lo cual no es sencillo para muchos de nosotros y aprender a practicar el “dar”.
Y ese pedir y ese dar, hacerlos desde la libertad pero también desde el respeto al otro y no desde la dependencia. Puede ser interesante el colocar una alerta en nuestras posibles dependencias.
Cualquier dependencia se puede ir convirtiendo en un sometimiento aunque sea aparentemente voluntario. La confianza real permite pedir apoyo sin renunciar a la autonomía y ofrecer ayuda sin convertirla en control.
Libertad de expresión, miedo y confianza social
Lo que resulta más interesante del actual debate sobre la libertad de expresión, desde mi punto de vista, es que traslada la atención del eje derecha-izquierda hacia el eje que confronta posiciones liberales e iliberales.
Es decir, pone el foco en el grado de libertad que estamos dispuestos a tolerar en una sociedad determinada. Y este debate señala cuestiones tan relevantes como las que van de la expansión autoritaria de la corrección política -una forma enmascarada de censura del pensamiento-, a las coacciones a la libertad de creación artística.
O los boicots a la expresión de ideas que quedan fuera de los estrechos márgenes de las ideologías radicales, hasta la persecución violenta de la libre manifestación de identidades sexuales LGBT.
Y es el miedo a la libertad lo que explica el particular ascenso simultáneo de los populismos tanto de derechas como de izquierdas.
En definitiva, es un eje de confrontación en la que se encuentran en el mismo bando la izquierda y la derecha extremas y sus totalitarismos reaccionarios y progresistas, en combate abierto contra todo tipo de radicalidad democrática.
La defensa de la libertad de expresión, pues, es la manifestación más directa de la confianza en las posibilidades de emancipación del individuo y la sociedad.
La radicalidad de la defensa de la libertad lleva implícita una visión esperanzada en la capacidad crítica y la autonomía moral de los individuos, y en la aptitud de las organizaciones sociales para autorregularse.
Por el contrario, los atentados a la libertad de expresión, las actitudes iliberales, denotan una profunda desconfianza en la capacidad de juicio de los individuos y presuponen la necesidad de una tutela moral para asegurar el recto camino de toda organización social.
Guiados por el miedo
En el fondo, la defensa radical de la libertad de expresión apela a la responsabilidad, mientras que la voluntad de control y de limitación del pensamiento está guiada por el miedo.
Es cierto que hay opiniones que son abierta y expresamente ofensivas e incluso peligrosas. Pero es improbable que se puedan combatir prohibiéndolas, o que así se reduzca el riesgo.
Todo lo contrario, los peores pensamientos crecen en la opacidad y se hacen tóxicos por la falta de aire. Y, además, también es un riesgo dejar que sea la administración pública quien acabe estableciendo los criterios de lo que se puede decir o no.
La madurez democrática, como la madurez moral, no avanzan con sobreprotección, sino enfrentándose a los dilemas graves, a las tomas de decisión difíciles, asumiendo riesgos y cometiendo errores.
La libertad de expresión cree en la fuerza de la razón y en el debate público. Su limitación es propia de espíritus acobardados.
Confianza y libertad en las organizaciones
En los últimos años, las nuevas prácticas de trabajo han ido en aumento. A medida que las organizaciones se debaten entre viejas y nuevas formas de trabajo, nos dirigimos a la pregunta: ¿En caso de manejar a los empleados mediante el control de ellos? O por confiar en ellos?
En las organizaciones donde el éxito ha sido entregadas el año tras año, vemos que los empleados se les da las herramientas que les permitan impactar positivamente la organización.
A los empleados se les dan la libertad para adoptar mejoras que ellos mismos han sugerido y se les da la libertad de actuar, con una dirección clara y dentro de un marco acordado.
Desde el trabajo con nuestros socios, hemos visto que tal libertad ha mejorado la motivación de los empleados, y ha ayudado a crear organizaciones que sean lo suficientemente flexibles para responder a los cambios.
Hemos visto que a pesar de que parece como una postura idealista, gestionar a los empleados sobre la base de la confianza se puede, y realmente lo hace.
Libertad con responsabilidad: un proceso gradual
Durante muchos años, las organizaciones internacionales han logrado empleados por el monitoreo . Inspirado por nuevas formas de trabajo, las posibles reducciones de costes y nuevas posibilidades técnicas, algunas organizaciones están cambiando repentinamente a un sistema de gestión basado en la confianza.
Y, sin embargo, muchas de estas organizaciones están experimentando exactamente lo contrario de las organizaciones mencionadas anteriormente. Gestión de los empleados basadas en la confianza no parece funcionar, o al menos, no lo suficiente como para justificar el cambio de los estilos de gestión.
El problema radica en que el cambio de repente a la gestión basada en la confianza es a menudo demasiado grande para implementarlo.
La gestión de los empleados basada en la confianza no es lo mismo que abandonar toda orientación, apoyo o responsabilidad. Las organizaciones funcionan mejor cuando sus empleados experimentan la combinación adecuada de la libertad y la responsabilidad.
Nuestra experiencia con encuestas a los empleados nos muestra que los empleados son más felices cuando tienen un buen equilibrio entre la libertad y la responsabilidad , y en el largo plazo, la gestión basada en la confianza es sin duda más sostenible.
Gestión por la confianza crea organizaciones exitosas, innovadoras y flexibles, donde los empleados quieren trabajar.
La bicicleta como metáfora de la confianza
Hoy es el gran día. Vas a enseñar a un niño pequeño a montar en bicicleta por primera vez. Usted pone la bicicleta en la calle, apoyado en un soporte, dar dos pasos atrás, y confiar en que todo va a ir sin problemas.
El pequeño niño en la bicicleta te mira de una manera perpleja, sin embargo, sólo tiene que mirar hacia atrás. Estás, después de todo, enseñándoles a andar en bicicleta sobre la base de que confía que sean capaces de hacerlo.
¿Cuáles son las posibilidades de que el niño simplemente se sube a la bicicleta, y de paseos por la calle con una sonrisa en su cara? Mientras se mantiene la situación anterior, lo que es probable que suceda a su voluntad y motivación para andar en bicicleta?
Primero me dio instrucciones, y luego practicaron juntos durante el tiempo que tomó para mí para conseguir la caída de las cosas.
Naturalmente, mientras estaba practicando, mis padres estaban allí para ofrecer una mano para que me quedé en la bicicleta. Después de estímulo gradual de mis padres, mi confianza creció y comenzó a exigir cada vez menos instrucciones.
Poco después, y sin darse cuenta, yo era capaz de andar en bicicleta, independientemente de mis padres. A pesar de mi progreso, todavía necesitaba tranquilidad de vez en cuando, ya sé que mis padres estaban todavía allí para mí hasta que finalmente pude montar mi bicicleta con seguridad sin ellos.
La metáfora muestra que la confianza se construye mediante orientación, práctica, apoyo gradual y autonomía creciente. Dar libertad sin preparación puede producir inseguridad, mientras que acompañar cada paso permite que la persona desarrolle capacidad real.
Cómo avanzar hacia un ambiente de confianza y libertad
Es fundamental para el éxito de la creación de una mayor libertad para los empleados, es mantenerse en contacto con ellos.
La gestión sobre la base de la confianza no es la misma para todos los empleados que tienen la misma rapidez y que otorgan absoluta libertad.
Es un proceso que las organizaciones necesitan para emprender con sus empleados, y requiere un conjunto diferente de creencias y la conducta de la organización, los gerentes y empleados.
Además, se requiere una formación y una asistencia adecuada. Es vital que todos dentro de la organización trabajan hacia el equilibrio adecuado entre libertad y responsabilidad.
Sólo por estar en contacto con los empleados las organizaciones saber lo que los empleados necesita para encontrar un buen equilibrio.
La misma lógica puede aplicarse a la vida personal: la autonomía no se construye mediante un salto repentino, sino a través de decisiones progresivas, experiencias de dominio y una relación honesta con los propios límites.
Prácticas para recuperar la confianza y el rumbo
Cuando el miedo te convenza de esperar, identifica la acción concreta que has estado evitando. No necesitas resolver toda tu vida en un solo movimiento.
- Posiciona la vida siempre en primer lugar.
- Procura siempre estar en tú mejor yo.
- Busca ir mejorando en todo lo que hagas.
- Actúa siempre a partir de la verdad.
- Descubre lo positivo; sé constructivo.
- Elige algo pequeño.
- Hazlo asustado.
- Entonces haz lo siguiente.
Cuando te sientas atascado, pregunta: ¿Cuál es un pequeño paso que puedo dar para avanzar? Incluso la acción más pequeña es una recuperación del albedrío.
Pregúntate a ti mismo: ¿qué es algo que quiero que realmente importe? ¿Qué me costará si no actúo? Si importa, es hora de moverse.
La confianza duradera no depende de sentirse invulnerable. Depende de aprender que podemos sentir miedo, pedir apoyo, asumir responsabilidades, corregir errores y continuar eligiendo nuestro propio rumbo.