La privación de libertad afecta profundamente la manera en que las personas ejercen la maternidad y la paternidad, así como la estructura, la dinámica y el bienestar del grupo familiar. La distancia, las restricciones institucionales, las dificultades económicas y el estigma social pueden limitar el contacto con los hijos e hijas y transformar las responsabilidades, los roles y los vínculos familiares.
En Chile, la población total de hombres y mujeres privados de libertad es de 45.413 (Gendarmería de Chile 2022). La tasa de prisionización es de 241 personas por cien mil habitantes, ocupando Chile el lugar 43 a nivel mundial de acuerdo con el World Prison Brief (2022). A pesar de lo significativo de estas cifras, los estudios sobre prisión son escasos. Esta situación se torna crítica cuando se busca conocer cómo mujeres y hombres privados de libertad asumen la maternidad y paternidad durante su reclusión.
La parentalidad en el contexto penitenciario
Las competencias parentales comprenden las capacidades, responsabilidades y prácticas mediante las cuales madres y padres participan en el cuidado, la protección, la crianza, la educación y el apoyo emocional de sus hijos e hijas. En contextos carcelarios, el ejercicio de este rol se ve condicionado por la separación física, la regulación de las visitas, la falta de recursos y las limitaciones propias de la vida penitenciaria.
Los estudios muestran que, tanto en padres como madres, la reclusión de ellos tiene un importante impacto en la estructura y dinámica familiar, particularmente en los hijos. Desde el rol clásico de los padres como “proveedores” y de las madres como “cuidadoras”, se observa que el no cumplimiento de estos roles vulnera a los hijos. Sin embargo, la incorporación y participación de las mujeres en el mercado laboral y su activo rol como jefas de hogar, motiva a indagar cómo las madres perciben su rol materno en la crianza de sus hijos y cómo los padres también lo hacen.
Para determinar las similitudes y diferencias entre hombres y mujeres, y cómo ellos visualizan su rol paterno y materno, en una primera etapa se describen las características propias de cada grupo. Después, se identifica su percepción de la vivencia de la maternidad y paternidad según el comportamiento de las mujeres madres y hombres padres privados de libertad. Finalmente, para poder obtener una mejor comprensión respecto a las vivencias de la maternidad y paternidad, se examinó cómo ellos ejercen la paternidad desde la prisión y la autopercepción de su rol como madres y padres privados de libertad.
Maternidad y permanencia de los hijos en prisión
En Chile la ley permite que los hijos de mujeres privadas de libertad puedan permanecer junto a sus madres hasta que cumplen 18 meses de vida, con el fin de mantener el vínculo materno. Sin embargo, viven esta primera etapa de sus vidas al interior de una cárcel, donde no siempre se dan las condiciones para el desarrollo pleno de los niños.
Una de ellas es la sala cuna Rayito de Sol, ubicada en el Centro Penitenciario Femenino de Santiago, en el mismo recinto en el que el Papa Francisco, durante su primera visita a Chile, se reunió con mujeres que cumplen sus condenas en ese lugar.
Con capacidad para 22 lactantes, niños y niñas participan de un programa educativo acorde a su etapa de desarrollo, donde además reciben una alimentación especialmente planificada para fomentar un crecimiento sano.
“Reforzamos el vínculo madre-hijo en lo cotidiano. Actualmente son 13 niños y niñas los que asisten a esta modalidad que funciona al interior de la sección donde residen las madres.
Según datos de Gendarmería de Chile (2016) en el año 2016, 166 mujeres privadas de libertad se encontraban embarazadas o contaban con hijos menores de dos años en alguna de las 30 secciones materno-infantil a nivel nacional, esta cifra corresponde al 4,8% del total de mujeres privadas de libertad en ese año (3.435 total de mujeres privadas de libertad).

En América Latina son escasas los recintos penitenciarios que permiten que las mujeres puedan vivir con sus hijos/as, debido a que la infraestructura y hacinamiento de estos recintos carcelarios no lo permite (Antony 2003).
Sin embargo, en aquellos centros de reclusión donde sí pueden permanecer con sus hijos, los funcionarios de las prisiones usan esto como un fuerte mecanismo de control social de las mujeres, ya que las internas se ven obligadas a tener una conducta sumisa, haciendo que la maternidad privada de libertad se torne dificultosa y angustiante (Malacalza 2015).
Desigualdades de género y ejercicio de la parentalidad
Los escasos estudios en población femenina privada de libertad han conllevado a que se infiera cómo deben abordarse las diversas problemáticas que las afectan, a partir de la información de los hombres, en ese sentido Marcela Araya (2014) propone que no se debe utilizar esta realidad como punto de comparación para mujeres que infringen la ley, sino que comparar entre diferentes tipos de mujeres, esto porque las mujeres en prisión tienen características distintas a la de los varones.
Más aún, ellas sufren una doble vulneración al vivenciar violencia de género y estar insertas en un contexto cultural donde persisten los patrones machistas (Cárdenas 2011).
Desde el derecho penal se construye una imagen no sólo de mujer como infractora de ley, sino que también refleja las estructuras patriarcales y los estereotipos que refieren a cada género (Larrauri 2008).
Es por eso, que las consecuencias sociales de la prisión se ven acentuadas en el caso de las mujeres privadas de libertad, dada la imposibilidad de desempeñar su rol de crianza y apoyo emocional de sus hijos (Tasca, Rodríguez y Zatz 2011).
Esta visión es propia de la construcción social de lo que debe hacer una mujer (del rol que tiene una mujer en la sociedad).
Indistintamente del sexo de las personas privadas de libertad, es necesario mencionar el efecto que el encarcelamiento tiene en la salud mental de ellos y ellas como resultados de la separación de sus hijos.
A pesar de las consecuencias negativas en los hijos/as resulta impensado que en las cárceles masculinas puedan vivir padres con sus hijos/as. Lo que reafirma que para la sociedad la crianza y cuidados de los NNA es una tarea exclusiva de las madres.
La experiencia de las mujeres privadas de libertad
Uno de los aspectos más dolorosos para las mujeres privadas de libertad lo constituye la pérdida o distanciamiento de sus hijos (Antony 2007).
La preocupación por ellos suele ser una permanente inquietud en un grupo importante de ellas (Reyes et al. 2019).
Las mujeres suelen ser significativamente más responsables del cuidado de los hijos antes del encarcelamiento en comparación con los hombres. Este aspecto podría explicar por qué las mujeres tienen más dificultades para adaptarse a la separación de sus hijos (Warren et al. 2004; Koban 1983).
Es por esto, que el contacto limitado con ellos durante su permanencia en prisión contribuye a la manifestación de estados de estrés (Warren et al. 2004; Houck y Loper 2002) y un comportamiento problemático con las demás internas (Thompson y Loper 2005).
En cambio, cuando mantienen contacto con sus hijos tienen mayores posibilidades de disminuir su comportamiento ofensivo, en contraste con aquellas madres que no tienen relación con ellos (Giordano et al.
La evidencia muestra que la ansiedad de las madres cuyos hijos no se encuentran en la cárcel es más elevada que aquellas madres con hijos en los centros penitenciarios, lo que se explica por la preocupación que tienen de la crianza de éstos.
Consecuencias familiares de la privación de libertad
La familia de las mujeres privadas de libertad sufre pérdidas de dos formas: por el deterioro de los lazos familiares debido al riesgo de perder el acceso físico y emocional con la mujer encarcelada, y porque esta última corre el riesgo de perder su estatus dentro de la familia, siendo un lugar complejo de recuperar una vez se egrese de la condena privativa de libertad (Shenique Shantelle 2011).
Esto fragiliza las relaciones de dependencia emocional, de crianza e incluso las relaciones económicas proveídas por la maternidad al interior del grupo familiar durante la separación (Ortúzar et al. 2017).
Asimismo, suelen producirse cambios de residencia en las familias de las personas privadas de libertad mientras ellos/ellas permanecen en prisión. Estos cambios traen consigo desajustes familiares y escolares en los hijos/as (Valenzuela et al. 2012).
El grupo familiar de pertenencia de las mujeres también sufre las consecuencias de la privación de libertad. Por eso el apoyo familiar y social, en especial la presencia de los hijos/as, es primordial en el bienestar y en los procesos de rehabilitación de las mujeres recluidas (Galván et al. 2006).
La separación del NNA de su familia extensa, es otro tipo de vulneración que les afecta estando en prisión junto a sus madres, ya que la familia extensa puede llegar a ser un agente fundamental en el desarrollo infantil. Sin embargo, los estrictos protocolos de las normas carcelarias limitan el contacto de los NNA con su familia extensa (Gea 2017).
El impacto en niños, niñas y adolescentes
La prisión parental es un factor de riesgo para los niños, niñas y adolescentes (NNA), pues la ausencia de los padres y, en particular, de la madre, puede exponer a los NNA a un ambiente más hostil, que incluye una disciplina más severa, castigo físico y, en ocasiones, una exposición mayor a riesgo de abuso sexual (Phillips et al.
La comunicación con los NNA ayuda a la adaptación de las madres al régimen de la prisión y reducen la tasa de reincidencia (Haverkate y Wright 2018; Wright et al. 2012; Bales y Mears 2008).
También las llamadas telefónicas con sus hijos reducen la probabilidad de violar las reglas dentro de la prisión (Jiang y Winfree 2006).
A pesar de la importancia de la cercanía con los hijos, muchas veces no ocurre, dada la falta de recursos económicos para financiar el traslado de los hijos/as a las visitas, lo que reduce aún más las oportunidades de interacción (Thompson y Loper 2005).
Las visitas en prisión funcionan como un portal directo para los miembros de la familia y reclusos/as para que continúen con su relación (Arditti 2003).
Paternidad durante el encarcelamiento
En los sectores más empobrecidos de la sociedad, los hombres ocupan el rol de proveedor dentro del hogar, por ende, el encarcelamiento impacta de manera negativa en la autoestima de los varones, en la relación con su pareja y con sus hijos, lo que también se traduce en sentimientos de culpa y responsabilización por no poder cumplir con el rol que la sociedad les impone (Oleastro 2017; Techera, Garibotto y Urreta, 2012).
Dentro del grupo de padres recluidos, hay padres que se dedicaban al cuidado de sus hijos, lo que repercute en la dinámica familiar existente (Turney y Wildeman 2013, en Akesson et al. 2012; Geller, Irwin y Western 2011; Arditti 2003).
El encarcelamiento de los padres no sólo tiene un impacto en los NNA, sino que también en toda la familia, dado a la experiencia de pérdida, se modifican los límites, reglas y roles familiares porque se generan discusiones matrimoniales o de pareja, y mala relación entre los padres (Turney 2015; Massoglia, Remster y King 2011; Comfort 2007; Western, Lopoo, y McLanahan 2004).
Una de las consecuencias de la privación de libertad de los padres tiene que ver con la alimentación de los NNA, ya que los padres se ocupan por el bienestar económico del grupo familiar, por eso suelen haber restituciones parentales dentro de la familia, cambios en la crianza materna y cambios en la salud materna (Turney 2015).
El bienestar económico se ve afectado por la capacidad de empleabilidad y salarios (Western 2006).
La privación de libertad en los hombres tiene un efecto relevante en la crianza de sus hijos. Es así, que se observa que los NNA deprivados económicamente suelen ser más vulnerables psicosocialmente y tienden a ser hijos de padres privados de libertad, lo que aumenta la desigualdad en este grupo social (Wakefield y Wildeman 2013).
Destaca la importancia que los padres otorgan al ejercicio de su rol parental puesto que ellos operarían como organizadores de la cotidianidad. Este rol es relevante para su identidad, ya que en torno de su paternidad vivencian responsabilidades, sufrimientos, y gratificaciones (Güida et al. 2007).
El rol paternal comienza en relación a un apego primario (Bowlby 1980), que no desaparece. Sin embargo, en padres privados de libertad se observa una restructuración en la forma de relación establecida entre padres e hijos/as (Techera, Garibotto y Urreta 2012).
El encarcelamiento paterno separa a los padres de sus hijos/as, repercutiendo negativamente en la conducta de los NNA.
Se asocia con más comportamiento agresivo en preescolares (Geller, Irwin y Western 2011; Western, y Wildeman 2009) e incluso resulta ser un factor de riesgo en los hijos al aumentar las posibilidades de que manifiesten comportamientos delictivos (Haskins 2014; Geller, Irwin y Western 2011).
También produce efectos psicosociales negativos en los NNA, como el debilitamiento de las relaciones con pares (Parke y Clarke-Stewart 2002, en Akesson et al. 2012).
El encarcelamiento paterno resulta ser ambiguo y estresante para los NNA, dado el estigma social que rodea a la privación de libertad (Geller et al. 2012).
Asimismo, favorece la manifestación de conductas agresivas en sus hijos, más que cuando sus padres están condenados, pero no encarcelados (Besemer et al.
Las visitas como espacio de vínculo y parentalidad
En contextos carcelarios, el ejercicio de este rol de padre se limita al contexto de visitas, lo que genera angustia frente a la imposibilidad de dar una respuesta coherente a sus hijos, lo que se traduce en roles parentales ineficaces y escasez de límites.
A pesar de esto, los padres valoran como especialmente importante las visitas, pues les permite ejercer su rol de padre como parte de su identidad (Techera, Garibotto y Urreta 2012).
Hay autores que señalan que las visitas generan frustración en los padres, debido a la falta de tiempo y constancia de estas (Zuckerman y Wright 2010).
Las visitas en prisión funcionan como un portal directo para los miembros de la familia y reclusos/as para que continúen con su relación (Arditti 2003).
A pesar de la importancia de la cercanía con los hijos, muchas veces no ocurre, dada la falta de recursos económicos para financiar el traslado de los hijos/as a las visitas, lo que reduce aún más las oportunidades de interacción (Thompson y Loper 2005).
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Funcionamiento y apoyo familiar
El apoyo familiar y social, en especial la presencia de los hijos/as, es primordial en el bienestar y en los procesos de rehabilitación de las mujeres recluidas (Galván et al. 2006).
La comunicación con los NNA ayuda a la adaptación de las madres al régimen de la prisión y reducen la tasa de reincidencia (Haverkate y Wright 2018; Wright et al. 2012; Bales y Mears 2008).
También las llamadas telefónicas con sus hijos reducen la probabilidad de violar las reglas dentro de la prisión (Jiang y Winfree 2006).
En Colombia, un estudio tuvo como objetivo evaluar la funcionalidad familiar en personas privadas de libertad (PPL), en las tres instituciones penitenciarias del departamento de Risaralda, Colombia.
Se realizó un estudio cuantitativo observacional de corte transversal, en PPL de tres establecimientos: uno de mujeres en Dosquebradas, dos de varones, en Santa Rosa y Pereira.
Se calculó una muestra aleatoria con un nivel de confianza de 95%, diferencia esperada de 5%, estratificada por género.
Previo consentimiento informado, se aplicó el instrumento FASES III.
Edad mínima, 18 años; máxima, 74. Promedio de edad, 36 años; escolaridad máxima, 15 años, con un promedio de 6.
Permanencia en la institución entre uno y 15 años, con un promedio de 8 años.
De acuerdo con el modelo de Olson, las 262 personas privadas de libertad pertenecían a los siguientes tipos de familias:
| Tipo de familia | Número de personas | Porcentaje |
|---|---|---|
| Familias balanceadas | 123 | 46,6% |
| Familias de rango medio | 96 | 36,6% |
| Familias extremas | 43 | 16,4% |
Al evaluar la cohesión, se encontró que el 37,8% de las familias fueron desligadas y/o amalgamadas; con respecto a la adaptabilidad, el 31,7% de las familias se consideraron rígidas o caóticas.
No hubo diferencias estadísticamente significativas por sexo.
Al igual que en las otras investigaciones, la población es joven, con bajo nivel académico, bajo estrato socioeconómico.
En el estudio en Calarcá (Quindío) se encontró mayor funcionalidad familiar, aunque el instrumento fue el Apgar familiar.
Es importante trabajar desde los entes gubernamentales el afianzamiento de las relaciones entre las PPL y sus familias.
Características de las personas participantes
Esta es una investigación descriptiva y exploratoria que utiliza metodologías mixtas, ya que busca levantar información que permita identificar cómo las mujeres y hombres privados de libertad perciben su rol parental.
El tipo de diseño es no experimental con grupo de control no equivalente (Brown et. al 1999), que identifica dos grupos de comparación: uno de internos y otro de internas padres/madres.
A partir de los N de cada centro (N 4476), se seleccionó una muestra con un criterio de proporcionalidad según el número de individuos de los centros de reclusión y sexo, conformando conglomerados.
Fue una muestra de 155 mujeres madres y 139 hombres padres privados de libertad.
El tamaño muestral se estimó con un nivel de confianza de 95% y margen de error de 5.5.
La muestra se caracteriza por tener un promedio de edad 34 años, en que el rango fluctúa entre 20 y 71 años (DS 9,4).
En relación al nivel educacional alcanzado por la muestra (N= 294), no se observan diferencias significativas entre grupos, dado que ambos alcanzan un nivel educacional básico incompleto.
Sin embargo, al revisar los datos se observa que, en el caso de las madres, un 24% no logra completar la educación básica y el 48.4% no alcanza a completar la enseñanza media.
Mientras que los padres, un 21% señala no haber terminado la educación básica, seguido por un 28,1% de los...
Metodologías para conocer las competencias parentales
Para el levantamiento de información se condujeron entrevistas semiestructuradas que incluyeron preguntas abiertas y cerradas, pues se busca recoger información que permita recoger nuevos hallazgos no presentes en la literatura, al mismo tiempo que se indaga por la presencia de variables observadas en estudios previos.
El uso de metodología mixta permite lograrlo (King, Keohane y Verba 2021; Putman 2000).
El análisis estadístico de los datos se realizó a través del programa computacional SPSS 22.
El resultado de este análisis descriptivo son variables unidimensionales que se encuentran estandarizadas.
Esto resulta ser una herramienta muy útil, puesto que permite comparar no sólo a los distintos grupos de interés (e.g.
Se empleó análisis de contenido para las preguntas abiertas, realizado en dos etapas diferentes, según las pautas generales de Creswell (2007).
Esto consistió en un análisis temático de aquellos conceptos comunes que emergieron entre los participantes.
Los datos se organizan realizando una lectura preliminar a través de la base de datos, codificando y organizando temas (Creswell y Poth 2018).
La segunda etapa consistió en el análisis de contenido, siguiendo las recomendaciones de Paillé (2006), que permitieron comparar y contrastar temas que surgieron de los participantes.
Las autoridades del penal femenino y masculino entregaron una nómina de los internos e internas.
A partir de esta lista se seleccionó al azar a los participantes.
Su participación fue voluntaria y anónima, se contó con la autorización del Comité Ético Científico en Artes y Ciencias Sociales.
Programas de parentalidad positiva
Los destinatarios del programa son padres y madres privados de libertad que se encuentran en los Centros Penitenciarios de las Islas Canarias (España) y sus familias.
En total, la población reclusa asciende a alrededor de 2.500 y de estos más de 1.500 son padres o madres.
Por lo tanto, el programa tiene un impacto indirecto sobre alrededor de 3.000 hijos e hijas que tienen un padre o madre en prisión.
El modo de implementación contempla reuniones y presentación del programa a la Dirección del Centro Penitenciario (CP) y al Equipo de Tratamiento.
La difusión del programa se realiza a todos/as los internos e internas a través de asambleas en los diferentes módulos del CP.
También se realizan entrevistas individuales con el objetivo de conocer la situación específica de cada padre y madre que ha solicitado participar: contacto con hijos/as, frecuencia, dificultad de comunicación con el otro padre o madre.
Se selecciona un máximo de veinte padres y madres para comenzar un programa específico que promueve la parentalidad positiva y las competencias personales.
El desarrollo del programa se extiende durante 6 meses.
Las visitas, las llamadas telefónicas, el apoyo familiar y la intervención especializada pueden contribuir a sostener el vínculo y a fortalecer las capacidades parentales durante el cumplimiento de la condena.
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