El Real Madrid de Zinedine Zidane no se identifica con un único sistema de juego, sino con una estructura flexible capaz de alternar entre el 4-3-3, el 4-3-1-2, el 4-4-2 y el 4-4-2 en rombo según los futbolistas disponibles, el rival y el momento del partido. Su modelo combina gestión del vestuario, calidad individual, circulación desde atrás, amplitud de los laterales, control de los espacios interiores y una organización defensiva basada en la solidaridad y el equilibrio.
La etapa más representativa de su propuesta se produjo entre 2016 y 2018, cuando el equipo pasó de apoyarse en la BBC -Bale, Benzema y Cristiano Ronaldo- dentro de un 4-3-3 a utilizar un 4-3-1-2 con Isco como mediapunta, Casemiro como eje defensivo y Kroos y Modric como principales impulsores de la circulación. El resultado fue un equipo menos dependiente de los extremos, más fuerte en el centro del campo y capaz de dominar los partidos mediante la posesión, los cambios de posición y las llegadas de los laterales.
La idea general de Zidane
En su currículo como entrenador apenas contaba con una temporada como segundo de Ancelotti y dos cursos discretos al frente del Real Madrid Castilla cuando fue elegido para ocupar el banquillo del primer equipo del Real Madrid ante el cese de Rafa Benítez. La primera decisión fue básica: recuperar lo que conocía, recuperar el plan de Ancelotti, la gestión de vestuario, el respeto por los roles del vestuario, el retorno a la 4-3-3 y el protagonismo «innegociable» de Benzema, Bale y Cristiano sobre el campo, la BBC.
Su estilo pronto dejó entrever aquellos entrenadores con quienes había compartido experiencias. De Vicente Del Bosque aprendió la importancia de la gestión de grupos, el respeto a la vieja guardia y las jerarquías. De Carlo Ancelotti aprendió la tranquilidad en la toma de decisiones y la gestión del balón desde atrás. Pero si hay un entrenador que se aprecia en Zidane es Marcelo Lippi, su entrenador en la Juventus: equilibrio y bloque defensivo, ayudas, compromiso defensivo y portería a cero.
Quizás no será nunca un «valiente tactician», como dicen los ingleses -un Guardiola, un Mourinho o un Nagelsmann, si se quiere-, pero Zinedine ha demostrado que también tiene un gran nivel en el aspecto táctico. Una de las claves sobre las que valorar el trabajo de Zidane es sin duda su capacidad de mejorar el juego de posición del Real Madrid, que con Rafa Benítez había dejado mucho que desear, con un equipo demasiado extendido y dividido en dos bloques entre defensas y atacantes.
La evolución de los sistemas de juego
El 4-3-3 como punto de partida
El punto de partida del Real Madrid de Zidane siempre fue la 4-3-3. Con Keylor Navas en portería, Carvajal ganó la partida en el lateral derecho a Danilo. Marcelo era indiscutible. Sergio Ramos fue cambiando de pareja, de Pepe a Varane. En el centro del campo Casemiro, Kroos y Modric no dejaban hueco a nadie. El ataque era para Cristiano, Benzema y Bale.
Zidane, como Ancelotti, arrancó su etapa en el Real Madrid con una 4-3-3, con la BBC -Bale, Benzema y Cristiano- como protagonista. La 4-3-3 funcionaba, pero Zidane se encontraba con los mismos problemas de Ancelotti: la delicada implicación de Cristiano, Benzema y Bale en tareas defensivas. El equipo se hacía demasiado largo y se partía.
El paso al 4-3-1-2
Las lesiones de Gareth Bale durante la temporada 2016-2017 llevaron a Zidane a plantearse un cambio en el dibujo. Entró Isco en el once y el equipo se redibujó sobre una táctica 4-3-1-2. A Casemiro, Kroos y Modric se sumó Isco en la mediapunta para añadir no solo posesión, sino también presencia, pases y participación en campo rival.
El Real Madrid 2016-2017 pasó de la 4-3-3 a la 4-3-1-2: de los extremos, la verticalidad y la velocidad a los centrocampistas, el dominio del balón y los pases. El equipo perdió un extremo sin Bale, pero no por ello perdió la verticalidad. Marcelo y Carvajal pasaron a ser dos carrileros, Casemiro, Kroos y Modric siguieron ocupando el centro del campo e Isco se convirtió en el nuevo compañero de la línea de medios.
El equipo mejoró su equilibrio, aumentó sus registros de juego y reforzó su compromiso defensivo. Su mejor versión se vivió en la final de la Champions League 2017 ante la Juventus, que el Real Madrid ganó por 1-4.
El 4-4-2 defensivo
En fase defensiva, Zidane acostumbró a sus jugadores a presionar. Se vio contra el Napoli, el Atlético y también contra la Juventus. El equipo podía ejercer una presión alta, pero también practicaba un gegenpressing que impedía el contragolpe rival y permitía breves contragolpes a los blancos.
En general, el 4-4-2 con dos líneas compactas de cuatro fue la principal característica defensiva de la trayectoria del Real Madrid hacia su duodécima Copa de Europa. El mediapunta se desplazaba a una de las dos bandas y permitía al equipo recolocarse en dos líneas claras de cuatro, reduciendo los espacios.
Contra la Juventus, Zidane pidió defender en 4-4-2, con Isco cayendo a banda y Kroos subiendo la presión, en lugar de mantener el 4-3-1-2 del primer tiempo. De este modo, el equipo defendió mejor, más compacto y más arriba, anulando los intentos de contragolpe de la Juventus.
| Momento del juego | Estructura principal | Función |
|---|---|---|
| Inicio de la etapa | 4-3-3 | Amplitud, extremos y protagonismo de la BBC |
| Fase ofensiva 2016-2017 | 4-3-1-2 | Superioridad interior, posesión y libertad para Isco |
| Fase defensiva | 4-4-2 | Dos líneas compactas y reducción de espacios |
| Final de la Champions 2017 | 4-4-2 dinámico | Movilidad de Isco y cambios de posición constantes |
| Segunda etapa | 4-3-3 flexible | Extremos, laterales profundos y llegada de los interiores |

Cómo inicia el juego el Real Madrid de Zidane
La jugada se inicia desde atrás. En la construcción, el Real Madrid parte de los dos defensas centrales para conectar con los tres centrocampistas, mientras los laterales avanzan más arriba que los volantes y quedan protegidos por los mediocentros. El balón puede avanzar de forma vertical, pero también horizontal, desplazándose hacia las bandas y hacia los espacios interiores.
El Real Madrid de Zinedine Zidane preparó una serie de movimientos tácticos que facilitaron la salida de balón desde la línea defensiva y que prácticamente le hicieron dominador del juego y de la final, sobre todo en la segunda parte. En la final de la Champions League 2017 destacaron cuatro aspectos básicos de la fase de iniciación:
- La «desaparición» de Casemiro en la salida del balón.
- La posición adelantada de Marcelo y Carvajal.
- La posición escorada de Modric y Toni Kroos.
- Las zonas de recepción de Isco Alarcón.
1. Casemiro sale de la primera línea
Durante la salida del balón del Real Madrid, Casemiro apenas participaba activamente en la primera fase. Adelantaba tanto su posición que desaparecía de la típica ubicación de pivote anclado entre los centrales y facilitaba que un jugador de la Juventus se responsabilizara de su marcaje.
Con esta posición adelantada, el Real Madrid conseguía que un jugador de la Juventus quedara fijado y ocupado con el marcaje del futbolista brasileño. La zona de iniciación y creación quedaba menos ocupada, dejando más espacio a jugadores con una gran calidad como Modric y Toni Kroos.
La función de Casemiro no consistía únicamente en recuperar el balón. También equilibraba al equipo, protegía las zonas centrales y permitía que sus compañeros asumieran posiciones más ofensivas. De hecho, especialmente en la segunda parte, la mayoría de los balones que tocaba Casemiro servían simplemente para jugar de cara con un compañero.
2. Marcelo y Carvajal actúan como extremos
Desde el inicio de las jugadas de iniciación del Real Madrid, Marcelo y Carvajal ocupaban posiciones muy adelantadas. Posicionalmente actuaban más como extremos que como laterales, lo que obligaba a dos defensores de la Juventus a responsabilizarse de sus marcajes.
Al fijar a esos defensores en zonas exteriores, se despejaba la zona central de inicio y se generaba más espacio para Modric y Toni Kroos. Sin extremos naturales en el 4-3-1-2, los laterales debían proporcionar la amplitud que el sistema necesitaba.
En ataque, Marcelo y Carvajal llegaban hasta la línea de fondo. En fase defensiva, el regreso era obligatorio. Su profundidad permitía abrir el campo, estirar al rival y crear líneas de pase para los centrocampistas y los delanteros.
3. Modric y Kroos ocupan posiciones exteriores
De forma coordinada con los movimientos de Marcelo y Carvajal, Modric, por la derecha, y Toni Kroos, por la izquierda, se desplazaban a posiciones cercanas a las de los laterales, permaneciendo por detrás de sus respectivos compañeros: Carvajal-Modric y Marcelo-Kroos.
Con este movimiento, la primera línea colectiva del Real Madrid quedaba formada por Modric, Varane, Sergio Ramos y Toni Kroos. En esas posiciones, ambos centrocampistas disponían de espacio para recibir, girarse e iniciar la jugada.
Además, en caso de pérdida de balón de Carvajal o Marcelo, las bandas permanecían momentáneamente ocupadas por Modric y Kroos. Esta estructura ofrecía una primera protección contra las transiciones y permitía que los laterales se proyectaran sin dejar completamente desprotegidas las zonas exteriores.
4. Isco recibe entre líneas
Isco proponía una gran movilidad y prácticamente siempre buscaba recibir en zonas intermedias. Se colocaba por detrás de los jugadores de la Juventus que presionaban al poseedor del balón, de modo que, si conseguía recibir, el Real Madrid superaba con un solo pase la primera línea de presión.
Otra zona de recepción de Isco era la banda. Este movimiento resultaba especialmente importante cuando ocupaba el costado en el que estaba el balón, creando una aparente superioridad numérica de tres contra dos.
Por la izquierda, la superioridad podía formarse con Toni Kroos en posición de lateral, Marcelo en posición de extremo e Isco. Por la derecha, la situación de tres contra dos podía producirse con Modric en posición de lateral, Carvajal en posición de extremo e Isco.

El papel de Casemiro, Kroos y Modric
Para comenzar, Zidane consiguió imponer a Casemiro. El centrocampista brasileño, con una técnica más noble de lo que se piensa, fue decisivo para equilibrar al equipo. Protegidos por el mediocentro brasileño, Luka Modric y Toni Kroos adquirieron una mayor libertad para ocupar los half-spaces y desde allí tuvieron más facilidad para hacer circular el balón.
El trío de Toni Kroos, Luka Modric y Casemiro brilló en los espacios centrales, proporcionando posesión de calidad y talento para superar líneas y encontrar a sus compañeros en los metros finales. Cada vez que había una pérdida de balón por las bandas, el trío actuaba como un amortiguador por dentro y detenía una gran proporción de los contragolpes.
Con Kroos desde la izquierda y Modric desde la derecha, el equipo dibujaba dos rombos diferentes, unidos ambos a través de Isco. Kroos y Modric actuaban como volantes, sostenidos por Casemiro, brillante en el perfil defensivo para anular los contragolpes cuando el rival superaba la primera línea de presión.
Esta estructura en rombo ayudaba a ambos laterales a presionar arriba y a recuperar la posesión, mientras el Real Madrid mantenía a los dos delanteros en posición de ataque a portería. El mediapunta también ofrecía ayuda para presionar en las bandas junto con Kroos o Modric en sus respectivos perfiles.
Isco como pieza táctica decisiva
La transformación del Real Madrid no consistía simplemente en sustituir a Bale por Isco. El malagueño modificaba la estructura completa del equipo. Si la posición adelantada de Casemiro, Carvajal y Marcelo se combinaba con la posición escorada de Kroos y Modric y con las zonas de recepción de Isco, el Real Madrid dejaba de parecerse a la propuesta inicial del 4-3-3.
Isco tenía libertad total. Podía retrasar su posición para acompañar la creación, recibir entre líneas, aparecer en la frontal para dar el último pase o desplazarse hacia una banda para crear superioridades. Su movilidad conectaba la línea de medios con los dos delanteros y permitía que el equipo atacara por dentro y por fuera.
Su presencia también ayudó a descargar a Cristiano Ronaldo de trabajo defensivo y a mantenerlo cerca de la portería. De esta decisión se benefició todo el equipo, ya que el delantero portugués había perdido parte de la capacidad para realizar sprints largos por las bandas y era notoriamente reticente al trabajo defensivo.
Los movimientos de Benzema y Cristiano Ronaldo
Karim Benzema y Cristiano Ronaldo aparecían como dos referencias en ataque, pero nunca permanecían completamente fijos. El portugués y el francés podían moverse hacia las bandas o hacia los espacios interiores, desmarcarse si la jugada pedía un pase o establecerse en el área cuando el balón volaba hacia el centro.
Benzema gozaba de libertad de movimientos por todo el frente de ataque y generaba espacios. El francés se alejaba de los defensores centrales rivales, conectaba los dos lados del ataque y permitía que Isco se moviera con libertad y combinara con sus compañeros en los pasillos más anchos.
Esta movilidad ayudaba a desmantelar las defensas centrales rivales y descongestionaba la zona central que Ronaldo atacaba en los pases finales. La amenaza de Ronaldo dentro del área era tan grande que el Real Madrid podía mantenerlo como referencia ofensiva, porque podía superar a cualquier defensa rival en los centros al área gracias a su potencia y velocidad.
El portugués dejó de ser extremo para convertirse en delantero. Se desmarcaba, buscaba espacios por dentro y por fuera y, si la jugada pedía un centro al área, se convertía en la referencia del remate.
Ronaldo fue el mejor rematador dentro del área durante ese período. Zidane adaptó su papel de extremo izquierdo con diagonal hacia dentro para buscar el disparo y lo situó cerca del área para aprovechar las llegadas y los centros de los laterales.
La amplitud de Marcelo y Carvajal
La ausencia de extremos naturales en el 4-3-1-2 obligaba a Marcelo y Carvajal a proporcionar la amplitud del equipo. Los dos laterales debían avanzar, ocupar posiciones profundas y ofrecer una salida exterior cuando el centro del campo se encontraba congestionado.
A lo largo de las tres temporadas exitosas en Europa, la presencia de los laterales proporcionó un apoyo ofensivo clave y permitió que jugadores como Cristiano Ronaldo, Gareth Bale, Isco y Marco Asensio cortaran por dentro desde posiciones abiertas. A medida que el equipo progresaba hacia un 4-4-2 en rombo, los desdoblamientos de los laterales se convirtieron más en una necesidad para atacar que en una simple variante ofensiva.
La falta de amplitud en el centro del campo debido al 4-4-2 compacto por dentro era compensada por los laterales. Carvajal y Marcelo proporcionaban apoyo y asistencias desde posiciones intermedias, y el Real Madrid construía buena parte de su juego ofensivo en amplitud a través de ellos.
El equipo promedió 17 centros, y el 68% de las asistencias en los metros finales llegaron desde las bandas. De las 50 asistencias en el último tercio de campo, 16 se originaron igualmente desde la izquierda y el centro, mientras que las 18 restantes procedieron de la derecha.
El juego de posición y los triángulos
Una de las claves del Real Madrid de Zidane fue la mejora del juego de posición. En el 4-3-3, los triángulos y las combinaciones entre Kroos, Modric y los jugadores de banda -extremos y laterales- producían situaciones de superioridad numérica que dificultaban la lectura de los sistemas defensivos rivales.
El control de los half-spaces fue fundamental para implementar un juego de posición capaz de aprovechar las cualidades de la plantilla. Usando la capacidad de circulación de Kroos y Modric, el Real Madrid podía mover el balón y superar la primera línea de presión rival, como ocurrió contra el Napoli, un equipo que hacía de la presión su principal arma defensiva.
El movimiento de los jugadores generaba una zona de creación y de juego en campo rival donde el Real Madrid acumulaba efectivos. Kroos, Modric, Carvajal, Isco, Marcelo, Cristiano, Benzema e incluso Casemiro participaban en el juego y formaban espacios de pase tanto interiores como exteriores.
El equipo no dependía de una única vía de ataque. Podía avanzar por dentro mediante los centrocampistas, buscar los pasillos interiores con Benzema e Isco, atacar las bandas con Marcelo y Carvajal o encontrar a Cristiano en el área mediante centros y pases finales.
La presión y el equilibrio defensivo
En fase defensiva, el Real Madrid 2016-2017 no insistía permanentemente en una presión alta. El equipo no tenía físico para sostenerla durante todo el partido. La faceta defensiva se ejecutaba principalmente en un 4-4-2 en bloque medio, una propuesta que Zidane aprendió de Ancelotti y Marcelo Lippi.
Las piezas se reposicionaban buscando el equilibrio. La clave era el mediapunta: su desplazamiento hacia una de las dos bandas permitía que el equipo se recolocara y formara dos líneas claras de cuatro. Así, el Real Madrid reducía los espacios entre defensas, centrocampistas y delanteros.
La estructura en rombo ayudaba a los laterales a saltar a la presión sin abandonar completamente la protección interior. Casemiro cubría la zona central, Kroos y Modric protegían sus respectivos perfiles y el mediapunta ofrecía ayuda en banda. Los dos delanteros quedaban preparados para atacar la portería una vez recuperado el balón.
La presión no era solo una acción colectiva para recuperar el balón. También servía para evitar que el rival iniciara transiciones limpias y para generar contragolpes breves cuando el Real Madrid recuperaba cerca del área contraria.
La final de la Champions League 2017 como ejemplo táctico
La final de la Champions League 2016-2017 tuvo como finalistas al Real Madrid de Zinedine Zidane y a la Juventus de Massimiliano Allegri. Ambos equipos propusieron inicialmente un sistema 1-4-4-2, aunque existieron variantes tácticas que incidieron en el desarrollo del partido.
Por parte de la Juventus parecía un 1-4-4-2 más clásico. Por parte del Real Madrid era un 1-4-4-2 más dinámico y flexible, sobre todo por la posición de Isco Alarcón, que de inicio mantenía una posición por detrás de Benzema y Cristiano Ronaldo, pero durante el partido podía aparecer prácticamente en cualquier zona del campo.
Allegri comprendió en la segunda parte que el Real Madrid había empezado a controlar el campo. Zidane subió la línea defensiva y adelantó a Kroos y Modric respecto al primer tiempo, cuando ambos volantes permanecían en línea y más cerca de Casemiro.
Esto permitió a los jugadores de Zidane aprovechar las combinaciones con Isco, que se movía por delante y se recolocaba ofensivamente como mediapunta entre las líneas de la Juventus en el 4-3-1-2 utilizado por los blancos con posesión.
Después de ocupar el centro del campo, el Real Madrid encontró espacio en las bandas con Marcelo en la izquierda y Carvajal en la derecha, consiguiendo llevar balones al área de la Juventus. La movilidad interior y la amplitud exterior terminaron desequilibrando el partido.
ZIDANE'S SECOND TRIUMPH: UCL 2017 FINAL HIGHLIGHTS
El fondo de armario como herramienta táctica
Ningún otro equipo poseía la misma capacidad de cambio. En Granada, Zidane utilizó durante una hora un esquema poblado de centrocampistas para pasar a los tres puntas en la media hora final. Esa variedad de sistemas definía su trabajo y estaba respaldada por la calidad del fondo de armario del Real Madrid.
La gestión de los futbolistas permitía mantener la competitividad sin depender siempre de los mismos once jugadores. James Rodríguez, Marco Asensio, Lucas Vázquez, Mateo Kovacic, Álvaro Morata, Isco y otros jugadores podían modificar el ritmo, la amplitud o la estructura ofensiva del equipo.
La profundidad de la plantilla también ayudaba a sostener la intensidad y a cambiar la naturaleza de los partidos. El Real Madrid podía iniciar con un sistema de control interior y terminar con tres delanteros, extremos abiertos o laterales todavía más profundos.
La segunda etapa y el regreso al 4-3-3
Tras su primera etapa, Zidane regresó al Real Madrid al final de la temporada 2018-2019 después de los pasos por el banquillo de Julen Lopetegui y Santiago Solari. En la temporada 2019-2020 ganó la Liga y la Supercopa de España.
En esta segunda etapa regresó progresivamente a un 4-3-3. La presencia de Eden Hazard, Vinícius Júnior y Rodrygo Goes proporcionaba una gran cantidad de extremos capaces de atacar por fuera o combinar por dentro para permitir las llegadas de los laterales Marcelo, Carvajal y Ferland Mendy.
Los roles de los centrocampistas interiores también se ajustaron ligeramente. Kroos, Casemiro y Modric podían formar juntos el centro del campo o actuar en un doble pivote con Casemiro junto a Kroos o Modric. La versatilidad emergente de Fede Valverde aportaba soporte central alrededor de Benzema y llegada desde la segunda línea.
Isco volvió predominantemente a un papel en amplitud que había desempeñado durante la primera etapa de Zidane. Desde ese 4-3-3, los centrocampistas centrales llegaban al área rival con más frecuencia, atacando a través de los pasillos interiores entre Benzema y los extremos.
Este modelo era más flexible que el anterior, pero sin un jugador como Ronaldo el equipo perdió parte de su capacidad de finalización. Benzema se colocó más arriba, aunque en ocasiones continuó vinculándose con los centrocampistas centrales. Los goles se repartieron entre más jugadores, ya que eran más los futbolistas que participaban en ataque.
La organización defensiva de la Liga 2020
Defensivamente, el Real Madrid permitió menos goles en aquella edición de La Liga: 0,70 por partido. El equipo mantuvo una estructura sólida pese a los cambios de plantilla y a la necesidad de combinar el control interior con la presencia de extremos.
El Real Madrid de la temporada 2019-2020 estuvo formado por Courtois, Areola, Carvajal, Mendy, Sergio Ramos, Varane, Nacho, Marcelo, Militão, Odriozola, Casemiro, Kroos, Modric, Isco, Lucas Vázquez, Asensio, James, Valverde, Vinícius, Rodrygo, Bale, Hazard, Jovic y Benzema.
La capacidad defensiva se apoyó en la experiencia de Sergio Ramos y Varane, la protección de Casemiro, la gestión de los espacios de Kroos y Modric y el trabajo de los laterales. El equipo podía defender en bloque medio, replegarse en 4-4-2 o presionar con los extremos y los centrocampistas según la situación.
Las claves del estilo de juego de Zidane
- Flexibilidad táctica: el equipo alternaba entre 4-3-3, 4-3-1-2, 4-4-2 y 4-4-2 en rombo.
- Casemiro como equilibrio: protegía a los centrales, sostenía las transiciones y liberaba a Kroos y Modric.
- Kroos y Modric como organizadores: impulsaban la circulación, superaban líneas y ocupaban los half-spaces.
- Isco como pieza libre: recibía entre líneas, se desplazaba a las bandas y conectaba el centro del campo con el ataque.
- Laterales muy profundos: Marcelo y Carvajal aportaban la amplitud que desaparecía al jugar sin extremos.
- Movilidad de los delanteros: Benzema conectaba el juego y Cristiano atacaba el área como referencia final.
- Presión organizada: el equipo podía presionar alto, practicar el gegenpressing o defender en bloque medio.
- Dos líneas defensivas compactas: el 4-4-2 permitía reducir espacios y proteger las zonas interiores.
- Gestión de los esfuerzos: las rotaciones y los cambios de sistema ayudaban a conservar el rendimiento durante la temporada.
- Calidad del banquillo: la profundidad de plantilla permitía cambiar el partido sin alterar la competitividad del equipo.
El legado táctico de Zidane en el Real Madrid
En sus dos etapas dirigió 263 partidos, de los cuales ganó 172, empató 55 y perdió 36, con 605 goles a favor y 267 en contra. Al frente del Real Madrid consiguió 11 títulos: tres Champions League, dos Mundiales de Clubes, dos Supercopas de Europa, dos Ligas y dos Supercopas de España.
Dos etapas vivió en el Real Madrid: dos Supercopas de España, dos Supercopas de Europa, dos Ligas, dos Mundiales de Club y tres Champions League -2016, 2017 y 2018- de manera consecutiva, algo que hasta entonces nadie había conseguido.
La Champions League de 2016 llegó ante el Atlético de Madrid y la de 2018 ante el Liverpool con una 4-3-3 y la BBC como protagonista. La temporada 2016-2017 fue diferente: las lesiones de Gareth Bale cambiaron el plan, Isco asumió el protagonismo y el equipo se reorganizó alrededor del 4-3-1-2.
El valor táctico de Zidane no se encuentra en la defensa de un sistema rígido, sino en la capacidad de adaptar el dibujo sin perder los principios fundamentales: equilibrio, circulación desde atrás, libertad para los centrocampistas talentosos, amplitud de los laterales, movilidad de los delanteros, presión coordinada y compromiso colectivo.