El Club Deportivo Nicomedes Guzmán se vincula con la memoria social, cultural y deportiva de los barrios populares de Santiago, especialmente con los espacios de Quinta Normal y la población El Polígono. Su nombre recuerda a uno de los escritores más destacados de la Generación del 38, cuya vida estuvo estrechamente relacionada con el trabajo, la organización comunitaria, la educación popular y la defensa de la justicia social.
Nicomedes Guzmán fue un escritor autodidacta, comprometido con la acción política y social. Los personajes de sus novelas son para él cercanos: trabajadores, limosneros, ladrones, lavanderas y prostitutas.

Nicomedes Guzmán y el origen de una memoria comunitaria
Nicomedes Guzmán, seudónimo de Óscar Vásquez Guzmán, nacido en Santiago el 25 de junio de 1914, fue uno de los miembros más destacados de la Generación de 1938.
Oscar Nicomedes Vásquez Guzmán nació el 25 de junio de 1914. Fue parte de la generación del 38, también integrada por Francisco Coloane, Carlos Droguett, Volodia Teitelboim y Fernando Alegría.
El narrador se quedaría con su segundo nombre y apellido para firmar sus libros, que se distanciaron del criollismo precedente, donde la identidad chilena solo se asociaba al mundo rural.
Nicomedes Guzmán utilizaba su segundo nombre y su segundo apellido como seudónimo artístico como forma de homenajear a su padre Nicomedes Vásquez y a su madre Rosa Guzmán.
Fue hijo de Nicomedes Vásquez Arzola y de Rosa Guzmán Acevedo. Su padre desempeñó varios oficios, entre los que se cuenta el de maquinista tranviario y ocasionalmente heladero ambulante; su madre, por otro lado, dueña de casa, suplementaba el ingreso familiar con eventuales trabajos como empleada doméstica.
Nació en 1914 en el barrio Club Hípico en la comuna de Santiago, pero luego en 1918 la familia debió cambiar su domicilio hasta el barrio Mapocho.
La experiencia de vivir en barrios obreros, conventillos y cités fue decisiva para su formación humana y literaria. Como escritor, creó una visión de la marginalidad que escapaba de la concepción estereotípica de los sujetos populares.
El deporte y la organización juvenil en Quinta Normal
La trayectoria de Nicomedes Guzmán no estuvo separada de la vida comunitaria. Antes de consolidarse como narrador, participó en actividades culturales y deportivas que reunían a niños, jóvenes y trabajadores.
Otro escritor quintanormalino y contemporáneo con Nicomedes -Marcial Tamayo- al recordar esta infancia escribió alguna vez: “Ambos ya habíamos empezado a escribir en “El Peneca”. Nicomedes firmaba Ovaguz y yo Juan Nesmy. Por esos días formamos un “Centro cultural y deportivo” para montar comedias, recitar y cantar acompañados de un par de guitarras.
Este centro cultural y deportivo reunía distintas expresiones de participación barrial: el deporte, las representaciones teatrales, la recitación, el canto y la escritura.
Diversos factores despertaron la inquietud de la juventud quintanormalina por la literatura y las artes: un proceso de desarrollo industrial que fomentó el aprendizaje formal de diversas artes y oficios, la gran masividad que la industria de la tipografía y la impresión alcanzaba en barrios populares, la inclusión de la literatura como eje central del desarrollo cultural del país y el auge de las publicaciones y los periódicos locales para fomentar la discusión política local, entre otros factores, ayudan a explicar porque en las calles quintanormalinas este muchacho despertó su inquietud por escribir.
La existencia de organizaciones deportivas y culturales expresaba una forma de vida colectiva en la que el barrio era también un espacio de aprendizaje, encuentro y creación.
En ese contexto, la referencia a un club deportivo dedicado a Nicomedes Guzmán puede entenderse como parte de una tradición comunitaria que relaciona el deporte con la identidad local, la educación popular y la memoria de los trabajadores.
La población El Polígono y el entorno del club
La población El Polígono fue construida el año 1939 a partir de las políticas públicas en el área de la vivienda fomentada por el gobierno del Frente Popular bajo la presidencia de Pedro Aguirre Cerda.
A través de la Caja de la Habitación Popular fueron comprados por parte del Estado los terrenos ubicados alrededor de las calles San Pablo y Barros Arana y que anteriormente hubieron de constituirse como parte de la “Chacra el Polígono”, cuyo nombre deriva del polígono de tiro que funcionaba sobre estos terrenos y que era utilizado con fines militares y deportivos, junto a este polígono se encontraban también algunos tomatales y una escuela.
Entre 1939 y 1942 se construyen 290 casas, algunas de ellas autónomas y con ante jardín propio y otras, la mayoría, compuestas tanto por una entrada como por un patio anterior común que luego se diversifica en 4 viviendas autónomas: dos ubicadas en el primer piso y dos en el segundo.
Nicomedes Guzmán llegó a vivir a las primeras casas que se construyeron durante la primera fase de creación de la población.
En la casa de la población El Polígono Nicomedes Guzmán escribirá durante las noches después de su trabajo y en su máquina de escribir, gran parte de su obra narrativa.
En esa vivienda han permanecido los recuerdos de los días en que Nicomedes construía su legado literario y gestaba este mundo lleno de personajes populares: curas, vagabundos, trabajadoras, dueñas de casas, estudiantes, ladrones y muchas otras semblanzas de la vida en el poniente de Santiago fueron construidos en dicha casa.
| Espacio | Relación con Nicomedes Guzmán |
|---|---|
| Barrio Club Hípico | Lugar de nacimiento en 1914 |
| Barrio Mapocho | Espacio de infancia y referencia autobiográfica |
| Quinta Normal | Entorno de formación cultural, laboral y comunitaria |
| Población El Polígono | Casa familiar y lugar de producción de gran parte de su obra |
| Club Social de la Población | Espacio de encuentro con vecinos y amigos |
Una infancia marcada por el trabajo y los barrios populares
Nicomedes Guzmán tuvo una escolaridad irregular y su formación fue en gran medida autodidacta, aunque estudió de adulto en el liceo nocturno Federico Hanssen.
“Trabajé desde pequeño. Y me alegro de ello. La vida en el trabajo precoz comúnmente para hombres mayores, me fue una escuela dura, pero maravillosa.
Los urgentes menesteres hogareños obligáronme a enfrentarme a la visión en mucho espantable, desconcertante y, sin embargo, ejemplarizador.
Fui acarreador de cajas en una fábrica de artículos de cartón, ayudante de chofer, mandadero, ayudante de tipógrafo y encuadernador y otros menesteres, hasta que pasé a ocupar el más humilde puesto en una modesta oficina de corretaje de propiedades.
Aquí comienza tal vez mi formación intelectual.
Más tarde se desempeñó como ayudante en una inmobiliaria en pleno centro de la capital chilena. También trabajó como carpintero en el barrio Matucana, secretario en una oficina de corredora de propiedades y fondista del club Deportivo Royal.
Ejerció diversos oficios para sobrevivir y de paso alimentar su literatura.
En sus horas libres corría en la Quinta Normal.
La relación entre trabajo, deporte y escritura muestra una trayectoria construida fuera de los circuitos tradicionales de formación intelectual. Su experiencia cotidiana en fábricas, calles, oficinas, talleres y espacios deportivos alimentó una literatura centrada en la vida de la clase trabajadora.
La literatura de un escritor autodidacta
Tras sus primeras colaboraciones en la revista infantil El Peneca, a los 24 años publica su primer libro de poemas La ceniza y el sueño (1938).
“En un país de grandes poetas como Chile… mis afanes líricos no iban a prosperar”, diría con los años.
No publicaría más poesía.
En 1939 Nicomedes Guzmán publica su primera novela, Los hombres obscuros, novela de convicción proletaria, en la que abundan alusiones de orden político e ideológico.
Esta, su primera novela, está dedicada a sus padres.
“A mi padre, heladero ambulante, y a mi madre, obrera doméstica”.
En 1943 Nicomedes Guzmán publica su obra más ambiciosa y lograda: La sangre y la esperanza, que constituye un friso social e histórico de su época.
La pobreza de los trabajadores de la ciudad, de sus familias, pensada como un espacio donde puede surgir lo hermoso. Ese es el proyecto de La sangre y la esperanza.
La novela en tres momentos logra retratar la vida y luchas de la familia Quilodrán, familia obrera trabajadora del mundo de los tranvías.
La familia Quilodrán vive en un cité ubicado en Mapocho 2480 esquina con García Reyes, lugar donde también la familia de Nicomedes Guzmán vivió aproximadamente entre 1918 y 1928.
La capacidad literaria que Nicomedes Guzmán tuvo para retratar la cruda realidad de las clases populares de comienzo del siglo XX lo llevó el año 1944 a ganar el premio municipal de Literatura de la Municipalidad de Santiago con La sangre y la esperanza.
A sus dos reconocidas novelas sumaría otras como La carne iluminada (1945) y los cuentos Una moneda al río (1954).
En 1951 publica su primera novela en la que aborda la temática de los conflictos sociales de los pescadores, La luz viene del mar, ambientada en Antofagasta, otro espacio privilegiado en su obra.
En 1960 publica su último libro, El pan bajo la bota, donde recoge relatos de los libros La carne iluminada y Una moneda al río y otros cuentos, en los que se mantiene fiel a su temática de denuncia del sufrimiento y a explotación de las clases más inferiores de la sociedad.
Obras principales
| Año | Obra o actividad |
|---|---|
| 1938 | La ceniza y el sueño |
| 1939 | Los hombres obscuros |
| 1943 | La sangre y la esperanza |
| 1944 | Premio Municipal de Novela con La sangre y la esperanza |
| 1944 | Donde nace el alba |
| 1945 | La carne iluminada |
| 1951 | La luz viene del mar |
| 1954 | Una moneda al río y otros cuentos |
| 1957 | Autorretrato de Chile |
| 1960 | El pan bajo la bota |
| 2008 | Estampas populares de Chile |
El deporte como espacio de convivencia barrial
Los fines de semana llevaba a sus hijos a los juegos Diana.
Tras las horas de diversión entraban a un bar, donde los niños tomaban leche con vainilla.
Nicomedes Guzmán, el padre, les hablaba a esos pequeños de sus años de infancia, de la pobreza en esquinas bravas y conventillos.
Nicomedes Guzmán les contaba, a la vez, a sus hijos de los libros que estaba escribiendo.
“¿Qué escritor en sus andanzas lleva a sus hijos? Viajamos a Concepción con Violeta Parra y también nos llevó al cumpleaños 50 de Pablo Neruda”, recuerda hoy Pablo Vásquez, hijo del escritor y uno de los organizadores de las actividades que conmemoraron los 100 años de su nacimiento.
Estas escenas familiares muestran que la diversión, el deporte, la conversación y la formación cultural podían convivir en la vida cotidiana. El contacto con los juegos y los espacios populares no era ajeno a la experiencia intelectual del escritor, sino una parte de ella.
La memoria de un club deportivo asociado a su nombre puede conservar precisamente esa dimensión: el encuentro entre generaciones, la participación de las familias y el reconocimiento de una identidad barrial vinculada a la cultura y al trabajo.
Clubes, bares y centros sociales de la población
En la Población El Polígono Nicomedes Guzmán tenía por boliche preferido el restaurant “Mi compadre” ubicado en la calle Catedral esquina El Polígono, allí el escritor tenía un lugar reservado para cada tarde de conversaciones y tragos.
Su hijo Oscar cuenta en su columna: “Él ya no es más. Pero de repente, cuando me voy Quinta Normal abajo, por los andurriales del Polígono y sus bares, creo que lo tengo a mi lado. El restaurante «Mi Compadre» me hace vivir algunos momentos con él.
En su rincón no hay nadie. Allí, solitario la mayoría de las veces, se bebía su caña de tinto.
Afirmaba sus manos sobre el borde de una vitrina de bambú en cuyo interior siempre había charqui y aceitunas.
También solía reunirse con la juventud en un centro cultural obrero.
La última de estas curiosas celebraciones ocurrió dos años antes de su muerte. Sin acuerdo previo, nos encontramos muy de mañana Claudio Solar y yo, buscando a Nicomedes por las “picadas” de su Población “El Polígono” a lo largo de la calle Pezoa Véliz.
Fuimos a las casas de Ester y de Lucía, a los bares de San Pablo y a un centro cultural obrero, donde solía reunirse con la juventud.
Cuando ya nos veníamos, perdidas las esperanzas de encontrarlo, pasamos a beber una copa al Club Social de la Población, siguiendo a un yerbatero que pregonaba su mercancía en pícaras versainas.
El Club Social de la Población, los centros culturales obreros, los bares y los espacios deportivos formaban una red de sociabilidad popular. En ella circulaban historias, opiniones, recuerdos, canciones, noticias y formas de organización vecinal.
El vínculo con la Generación del 38
Perteneció a la Generación del 38, que la crítica literaria ha reconocido como neorrealista, es decir, comprometida socialmente pero atenta a los descubrimientos estilísticos de las vanguardias literarias de comienzos de siglo.
El escritor Nicomedes Guzmán fue uno de los grandes referentes literarios de la generación del 38, generación literaria y editorial nacida al alero de los movimientos socio-políticos que el año 1938 fueron capaces de llevar de manera colectiva una organización política al poder, como fue el Frente Popular, bajo la figura del presidente Pedro Aguirre Cerda.
No es casual que justamente este mandatario, proponiendo un inédito método político de gobernar es educar, fuera quien liderara una coalición de izquierda, transformacional y con el gran apoyo de artistas y escritores.
Nicomedes Guzmán, Violeta Parra o Volodia Teitelboim, entre otros, trabajaron incansablemente por el Frente Popular y por la llegada de Pedro Aguirre Cerda a la presidencia.
Los principales libros de Nicomedes Guzmán son Los hombres obscuros de 1939 y La sangre y la esperanza de 1943, ambas novelas entraron fuerte al escenario literario de aquellos años en Chile por resultar ser las principales obras de realismo social proletario que se han escrito en nuestra historia literaria.
Su obra afianzó un imaginario del trabajo y la justicia social y ayudó a diversificar la concepción de la literatura como un conjunto de contenidos estéticos.
La dimensión social y política de su obra
Fue su origen social proletario, sin duda, lo que lo inspiró a escribir sobre la crueldad de la vida de los más pobres.
Nicomedes Guzmán al ser un hijo de la clase obrera y habitante de conventillos y cités capitalinos, supo describir la dura realidad de una clase social obrera santiaguina poco retratada en novelas y cuentos desde una pluma narrativa muy robusta, que se mueve entre lo fino de sus detalles estéticos hasta el peso de una realidad marginal que roza lo brutal.
Como dijo alguna vez Pablo Neruda en el prólogo de uno de sus libros: “Cuando Nicomedes Guzmán descargó sus libros tremendos, la balanza se vino abajo porque nunca recibió un saco tan verdadero.
No era un costal de joyas. La verdad pesaba como una piedra.”
Con 40 años el escritor consigue un trabajo en el Departamento de Cultura del Ministerio de Educación.
Recorre el país visitando colegios y repartiendo libros.
Además, prepararía antologías para difundir la obra de Marta Brunet, Carlos Pezoa Véliz y Baldomero Lillo.
En su vasta trayectoria como escritor y editor, Nicomedes Guzmán se preocupó de afianzar un imaginario del trabajo y la justicia social y de abrir nuevos surcos profesionales que ayudaron a diversificar la concepción de la literatura como un conjunto de contenidos estéticos.
Edición, educación y difusión cultural
De sus colaboraciones en diarios como El Siglo, El Rancagüino y La Nación saldrían las crónicas reunidas en el libro Estampas populares de Chile publicado en 2008 por el sello Ril.
Allí hay escritos dedicados a las lavanderas, al organillero, al cartero y a las fiestas típicas como la Noche de San Juan y La Tirana.
Como editor, concibió colecciones como La honda y Novelistas contemporáneos de América, ambas de Ediciones Cultura, de la cual fue director.
Con la llegada de la Unidad Popular, la editorial Quimantú publicó 50 mil ejemplares de La sangre y la esperanza.
Sus novelas y cuentos aparecen en los textos y programas del Ministerio de Educación.
Pero los libros de Guzmán saldrían de la primera fila de la literatura nacional con la llegada del golpe militar de 1973.
Bajo la dictadura fue eliminado de los programas escolares.
La persecución política que Nicomedes y su familia vivieron en su casa en la población El Polígono se relacionó con la promulgación de la Ley Maldita, que se implementó en los gobiernos de Gabriel González Videla y Carlos Ibáñez del Campo entre 1948 y 1958.
Esto provocó que Nicomedes Guzmán fuera vigilado policialmente en su casa de Carlos Pezoa Véliz por su militancia en el Partido Comunista, como durante el golpe de Estado y la posterior Dictadura civil.
La familia y la continuidad del legado
Casado, por primera vez con Lucía Del Cármen Salazar Vidal, sus hijos fueron Oscar Vásquez Salazar, Ximena Vásquez Salazar, Darío Vásquez Salazar, Florencia Adriana Vásquez Salazar y Pablo Lautaro Vásquez Salazar.
Su segundo matrimonio fue con Esther Josefina Panay Pérez, y sus hijos son Rodrigo Nicomedes Vásquez Panay y Olaya Esther Vásquez Panay.
El hijo mayor del matrimonio de Lucía Salazar y Nicomedes Guzmán, Oscar Vásquez, vivió su desarrollo intelectual y académico desde la misma población El Polígono de Quinta Normal.
Desde esta casa logró formarse en el periodismo e incluso escribir también algunos libros bajo la herencia literaria de su padre.
Darío Vásquez sigue hoy viviendo en la casa del escritor en la población El Polígono, manteniendo el legado respecto de su vida y obra.
Este hijo de Nicomedes Guzmán y profesor normalista de profesión ha sido también uno de los grandes referentes de la comuna de Quinta Normal en su historia.
La casa de Carlos Pezoa Véliz en la población El Polígono sigue resguardando los antiguos muebles, obras e historias de Nicomedes Guzmán.
Una de las principales obras que en la casa de Nicomedes Guzmán se encuentran hasta el día de hoy es un retrato de Nicomedes pintado por el destacado artista nacional Pedro Lobos.
Homero Bascuñán fue uno de los últimos amigos que compartió en vida con el escritor.
El escritor y la vida cotidiana del barrio
En esta casa Nicomedes Guzmán logrará producir sus mejores trabajos literarios y editoriales y consolidar una visión valórica respecto de la vida cotidiana de una población que, desde la diversidad social, compone ampliamente a la clase trabajadora chilena.
Esta visión lo posicionará como un referente y representante de la identidad valórica del pueblo de Chile.
La vida cotidiana que aparece en sus textos incluye a curas, vagabundos, trabajadoras, dueñas de casas, estudiantes, ladrones y muchas otras semblanzas de la vida en el poniente de Santiago.
El barrio no aparece únicamente como un escenario físico. También funciona como una comunidad de relaciones, conflictos, solidaridades y formas de aprendizaje.
Por esa razón, un club deportivo que lleva el nombre de Nicomedes Guzmán puede representar mucho más que una institución dedicada a la actividad física: puede conservar la memoria de una comunidad que encontró en el deporte, la cultura y la organización social herramientas para fortalecer su identidad.
La primera novela perdida y los recuerdos familiares
En la casa de la calle Germán Riesco el matrimonio tuvo a dos nuevas hijas, Ximena y Florencia.
En esa casa Nicomedes Guzmán comienza a escribir la que sería su primera novela, Un hombre, unos ojos negros y una perra lanuda, finalizada el año 1937.
Al día de hoy 2022 aún guarda su carácter de inédito, pues Nicomedes Guzmán al escuchar las críticas del escritor Jacobo Danke sobre su novela, decide esconder el manuscrito y declararlo quemado.
“Nicomedes compró un día, pese a las protestas de mi madre, porque estaba gestando el dinero de la comida, una jaula con una “pájara cantora”, según el pregón comercial del vendedor callejero.
Una vez que la transacción se concretó, Nicomedes liberó el avecilla ante la mirada atónita del comerciante y de algunos transeúntes de la vieja Alameda.
Y luego, dirigiéndose al negociante, le dijo con un dejo de dureza: “Parece que usted, mi amigo, no tiene idea de lo que es la libertad. Tome su jaula.”
Estos recuerdos familiares permiten observar al escritor fuera de la imagen exclusivamente literaria. En ellos aparece como padre, vecino, trabajador y participante de una vida social en la que la libertad, la dignidad y la solidaridad ocupaban un lugar central.
La muerte y la permanencia de su nombre
En la madrugada del 26 de junio de 1964, Nicomedes Guzmán murió a horas de haber cumplido 50 años.
En esos momentos y desde hace algunos años, su nombre era mencionado como candidato al premio nacional de Literatura.
En 1964 Nicomedes Guzmán fallece en Santiago.
“Fue un hombre en comisión de servicios, siempre. Se quemó por los demás, sin ahorros”, anotaría el escritor Enrique Lafourcade.
Su muerte interrumpió una trayectoria dedicada a la escritura, la edición, la educación y la difusión cultural, pero no eliminó la presencia de su nombre en los barrios que marcaron su vida.
La memoria de Nicomedes Guzmán permanece asociada a la población El Polígono, Quinta Normal, el barrio Mapocho, el trabajo popular, la organización comunitaria y las expresiones culturales que dieron forma a su generación.
Datos biográficos esenciales
| Dato | Información |
|---|---|
| Nombre completo | Óscar Nicomedes Vásquez Guzmán |
| Nacimiento | 25 de junio de 1914 |
| Lugar de nacimiento | Santiago de Chile |
| Fallecimiento | 26 de junio de 1964 |
| Ocupación | Narrador, poeta y novelista |
| Nacionalidad | Chileno |
| Generación | Generación del 38 |
| Primera novela publicada | Los hombres obscuros (1939) |
| Obra principal | La sangre y la esperanza |
| Premio | Premio Municipal de Novela, 1944 |
| Residencia emblemática | Población El Polígono |
El sentido actual del Club Deportivo Nicomedes Guzmán
El nombre del Club Deportivo Nicomedes Guzmán puede leerse como una expresión de reconocimiento a una historia local en la que el deporte formó parte de la construcción de comunidad.
La tradición deportiva de los barrios populares se relaciona con la organización vecinal, la participación familiar y el uso colectivo de plazas, canchas, clubes sociales y centros culturales.
En el caso de Nicomedes Guzmán, esa tradición se conecta además con una obra literaria que puso en el centro a la clase trabajadora chilena y a quienes durante mucho tiempo fueron poco representados en la literatura nacional.
La identidad del club puede comprenderse, por tanto, desde varias dimensiones: la actividad deportiva, la convivencia entre vecinos, la formación de niños y jóvenes, la memoria de Quinta Normal y la valoración de un escritor que convirtió las experiencias populares en materia literaria.
La continuidad de este legado depende de conservar los espacios de encuentro, transmitir la historia familiar y barrial, y reconocer que la cultura y el deporte pueden formar parte de una misma experiencia comunitaria.