Miles de personas pudieron despedir por fin en Chile al cantautor Víctor Jara, 36 años después de su muerte. Su viuda, Joan Turner, y la presidenta Michelle Bachelet velaron su féretro, mientras la reciente exhumación confirmaba que había sido torturado y asesinado por militares en 1973.
Víctor Jara fue detenido el 12 de septiembre de 1973 en la Universidad Técnica del Estado, trasladado al Estadio Chile y ejecutado después de sufrir torturas. Tras la exhumación de sus restos, Chile organizó un multitudinario velatorio y un funeral para ofrecerle el homenaje que no había recibido y mantener abierta la exigencia de verdad y justicia.
La despedida pública de Víctor Jara
Los restos del notable cantautor chileno Víctor Jara, exhumados por la justicia en busca de los responsables de su asesinato en 1973, fueron sepultados en el Cementerio General después de dos días de masivo velatorio en Santiago. Pasado el mediodía de aquel jueves se abrieron las puertas de la fundación que lleva el nombre de este multifacético artista, preparada especialmente para realizar el velatorio.
Hasta allí llegaron centenares de personas, entre autoridades, creadores y público en general, para ofrecerle a Jara el homenaje que nunca recibió. Su viuda y la presidenta Michelle Bachelet velaron su féretro. Después de la exhumación, Chile quiso despedir a Jara como se merecía.
“Esto no es un cierre de ciclo. Lo que vamos a hacer es acompañar a Víctor en su funeral, pero el trabajo de la justicia debe seguir haciéndose”, aclaró Gloria König, directora de la Fundación Víctor Jara, en referencia a la investigación que seguía el juez Juan Fuentes.
“Víctor va a ser sepultado y su crimen sigue impune. Nosotros reivindicamos la fuerza de la lucha para que en el caso de Víctor Jara, como en el de todos los detenidos desaparecidos y ejecutados políticos durante la dictadura de Augusto Pinochet, se establezca la verdad y se aplique la justicia”, enfatizó König.

El velatorio y el funeral
Jara fue sepultado en el mismo ataúd donde había sido depositado en 1973, tapado con una manta campesina. La casa que alberga a la Fundación Víctor Jara fue coloreada para la despedida por los muralistas del colectivo Brigada Ramona Parra.
El velatorio se extendió sin interrupciones hasta el sábado por la mañana. En la aledaña plaza Brasil se dispuso un escenario donde distintos artistas rindieron homenaje al cantautor de temas tan recordados como “Te recuerdo Amanda”, “Plegaria del labrador” y “El derecho de vivir en paz”.
Participaron músicos, actores, titiriteros, organilleros, cantores, payadores, diabladas y murgas. También acompañaron al cantautor los emblemáticos grupos Inti Illimani y Sol y Lluvia, entre otros.
Toda la despedida “va a ser muy popular”, resumió Gloria König, quien definió a Jara como un “extraordinario artista, un revolucionario en términos estéticos, políticos, un hombre comprometido con los procesos de su pueblo”.
La noche del jueves y durante el viernes se realizaron “velatones”, es decir, colocaciones masivas de velas, en distintas ciudades del país en su recuerdo. El gobierno de Michelle Bachelet llamó a la ciudadanía a asistir masivamente a la despedida, denominada por la fundación “Víctor ¡vive! en el corazón de su pueblo”.
“Mi principal llamado es que durante los próximos tres días todos los que, en Chile, sientan identidad y orgullo por Víctor Jara puedan participar de esta ceremonia”, dijo el intendente de la región metropolitana de Santiago, Igor Garafulic.
El sábado, el cuerpo fue trasladado en caravana hasta el Cementerio General, en la comuna de Recoleta. Cerca del camposanto se instaló otro escenario donde diversos artistas le dieron el último adiós.
La detención después del golpe de Estado
Víctor Jara acudió normalmente a su trabajo la mañana del 11 de septiembre de 1973, a sabiendas de la crítica situación que estaba viviendo el país en ese momento. Aquel día debía cantar en un acto donde, se suponía, iba a estar el presidente Salvador Allende, quien se iba a dirigir al país.
Nada de eso ocurrió. Los militares ingresaron al recinto con gran violencia el día 12 y tomaron detenido al artista, junto a decenas de funcionarios y alumnos de la Universidad Técnica del Estado.
Víctor Jara había ido a la Universidad Técnica del Estado, donde trabajaba como director teatral, tras escuchar un llamado del mandatario a defender el gobierno de la Unidad Popular. Fue detenido el 12 de septiembre, un día después del golpe de Estado liderado por el general de Ejército Augusto Pinochet junto a las Fuerzas Armadas.
El golpe derrocó al presidente socialista Salvador Allende y dio inicio a una dictadura de 17 años. Jara, militante comunista y miembro del Comité Central de las Juventudes Comunistas, fue conducido al Estadio Chile, que se convirtió en un improvisado campo de prisioneros.
El insigne representante de la Nueva Canción Chilena fue trasladado al Estadio Chile, rebautizado en 2003 con su nombre, donde fue brutalmente torturado. Allí fue separado de los demás arrestados y mantenido en los altos de una galería, junto a otras personas consideradas peligrosas.
El Estadio Chile como centro de detención
Entre el 12 y el 15 de septiembre, Víctor Jara fue interrogado por personal del Ejército. Numerosos testimonios de prisioneros describieron que fue brutalmente torturado y acribillado.
Según la demanda presentada por los abogados de la familia Jara, el 12 de septiembre de 1973 el general Sergio Arellano Stark envió a varios soldados al Estadio Chile, convertido en centro de detención y tortura después del golpe contra el presidente Salvador Allende.
Las unidades enviadas al lugar incluyeron al regimiento Tejas Verdes, en el que prestaba servicio el teniente Pedro Barrientos. Allí, él y sus subordinados mantuvieron a civiles detenidos de forma arbitraria, entre ellos Víctor Jara.
Tres días después, según la demanda, Jara fue llevado a uno de los vestidores del estadio, donde fue víctima de interrogatorios y torturas por su postura comunista y por haber sido funcionario del gobierno de Allende.
“Luego de este cruel tratamiento, el exteniente Barrientos mató, hizo que otros mataran o conspiró para matar a Víctor Jara al dispararle en la cabeza y luego al cuerpo al menos cuarenta veces”, señaló la demanda.

El asesinato y el hallazgo del cuerpo
El 15 de septiembre fue el último día en que se vio con vida a Víctor Jara. Durante la tarde fue sacado de una fila de prisioneros que serían trasladados al Estadio Nacional.
El 16 de septiembre, de madrugada, su cuerpo fue encontrado en las inmediaciones del Cementerio Metropolitano por unos pobladores, junto a otros cinco cadáveres, entre los que se hallaba el de Littré Quiroga Carvajal, director del Servicio Nacional de Prisiones.
Conforme expresó el informe de autopsia, Víctor Jara murió a consecuencia de heridas múltiples de bala, con 44 orificios de entrada de proyectil y 32 de salida. Su cadáver fue lanzado a la vía pública y fue reconocido por transeúntes, que avisaron a su esposa, Joan Jara.
Gracias al aviso de un anónimo, Joan pudo acudir a la morgue para reconocer, entre decenas de cadáveres, el cuerpo de su esposo. Un funcionario del Instituto Médico Legal le informó de que el cuerpo de Jara se encontraba apilado con otros muertos.
Joan Turner, bailarina británica y esposa de Víctor Jara, pudo sepultarlo de forma casi clandestina el 18 de septiembre de 1973, acompañada solamente por dos personas. Por aquel entonces depositó a escondidas sus restos mortales en un nicho del Cementerio General de Santiago.
| Dato | Información |
|---|---|
| Detención | 12 de septiembre de 1973 |
| Último día en que fue visto con vida | 15 de septiembre |
| Hallazgo del cuerpo | 16 de septiembre |
| Sepultura inicial | 18 de septiembre de 1973 |
| Heridas de bala | 44 orificios de entrada y 32 de salida |
| Edad | 40 años |
La investigación sobre la muerte
La versión oficial difundida en una comunicación del Ministerio de Relaciones Exteriores de fecha 27 de marzo de 1974 sostuvo que Víctor Jara había muerto por acción de francotiradores que disparaban indiscriminadamente contra las Fuerzas Armadas y contra la población civil.
La Comisión recibió múltiples testimonios verosímiles que desmintieron esa versión oficial y concluyeron que los hechos ocurrieron de otra forma. La Comisión se formó la convicción de que el afectado fue ejecutado al margen de todo proceso, constituyendo ello una violación de sus derechos fundamentales de responsabilidad de agentes del Estado.
La Comisión fundamentó esa convicción en que estaban acreditados el arresto y la presencia de Jara en el Estadio Chile, así como su muerte por una gran cantidad de heridas de bala. Esto demostraba que había sido ejecutado junto a los demás detenidos cuyos cuerpos aparecieron junto al suyo.
Las torturas a las que fue sometido Víctor Jara durante su detención fueron recogidas en la parte general dedicada a ese periodo. Su asesinato se convirtió en uno de los casos más conocidos de violaciones de derechos humanos cometidas durante la dictadura.
La exhumación de los restos
El 26 de mayo de aquel año, el juez Juan Fuentes sometió a proceso al exconscripto del Ejército de Chile José Paredes como autor material del asesinato del músico. Sin embargo, el abogado de la familia, Nelson Caucoto, declaró que buscaban identificar a los máximos responsables del asesinato, principalmente a quienes habían dado la orden.
El 4 de junio, los restos del cantautor, actor y director teatral fueron exhumados para ser sometidos a peritajes en el Instituto Genético de Innsbruck, en Austria. La exhumación confirmó que había sido torturado y asesinado por militares en 1973.
La nueva investigación permitió organizar una despedida pública 36 años después de la muerte. El funeral no fue presentado como el cierre del caso, sino como un homenaje colectivo acompañado por la exigencia de que continuara el trabajo judicial.
La trayectoria de Víctor Jara
Víctor Lidio Jara Martínez tenía 40 años, era cantante popular y director teatral, y formaba parte del Comité Central de las Juventudes Comunistas. Nació el 28 de septiembre de 1932 y su madre era una cantora popular.
Militó en las Juventudes Comunistas, estuvo dos años en un seminario católico, se inició en la música en el conjunto Cuncumén en 1958 y desarrolló con éxito su carrera como director de teatro y cantautor.
Se convirtió en uno de los artistas más populares de Chile, con gran proyección en América Latina y Europa. Su obra quedó vinculada a la cultura popular chilena, a la canción de protesta y a las luchas sociales de su tiempo.
Víctor Jara se transformó en un testimonio de la brutalidad del golpe de Estado, en un mártir de la causa política representada por la Unidad Popular y en una figura con la que generaciones se identificarían a través de la cultura popular chilena.
La causa judicial iniciada en 1978
La causa judicial por el crimen del cantautor comenzó en 1978, cuando su viuda presentó la primera querella por el homicidio de Víctor Jara en el Quinto Juzgado del Crimen de Santiago, patrocinada por el penalista Luis Ortiz Quiroga.
La querella fue presentada en plena dictadura, “en una época en que no se investigaba nada de nada”, según recordó Nelson Caucoto, el abogado que retomó el caso 24 años después y que representó a la familia ante la Corte Suprema.
A partir de 1979, la justicia chilena envió decenas de exhortos internacionales para interrogar a chilenos en el exilio que habían estado detenidos en el Estadio Chile. Era una búsqueda compleja, porque en ese recinto del centro de Santiago habían sido apresadas miles de personas por orden de la dictadura.
El abogado recordó que fue Joan Jara quien consiguió localizar a los testigos. Nelson Caucoto dedicó toda su carrera, desde 1973, a representar a víctimas de violaciones de derechos humanos de la dictadura y a sus familias.
La reapertura del proceso
En 1999, un año después de que Pinochet fuera detenido en Londres por orden del exjuez español Baltasar Garzón y acusado de crímenes de lesa humanidad, Joan Jara y su hija Amanda acudieron a la oficina de Caucoto para pedirle que reactivara el caso.
El proceso llevaba más de dos décadas cerrado y no tenía ningún procesado. Con el reimpulso judicial que vivía Chile tras la detención de Pinochet, el abogado pidió el desarchivo del expediente y presentó decenas de escritos.
“La gran interrogante era saber cuál era la estructura de mando del Estadio Chile, pero estuve más de cinco años sin saberlo”, recordó Caucoto. “Le preguntamos al Ejército, la Fuerza Aérea, la Armada, a Carabineros, a la Policía de Investigaciones y nadie sabía. Era manifiesto el interés de que no se investigara”.
El proceso volvió a ralentizarse. Frustrado a ratos, pero con audacia, Caucoto pensó en otra estrategia. En 2004 pidió que declarara la Junta Militar que encabezó la dictadura.
No todos sus miembros estaban vivos, pero sí Pinochet. “Ese fue un punto de inflexión”, dijo el abogado. Aunque el dictador no testificó porque su defensa lo excusó alegando que había sido sobreseído en otro caso por una demencia subcortical, la solicitud volvió a colocar el caso de Víctor Jara en la agenda pública.
Después aparecieron nuevos testigos en Chile, entre ellos un exconscripto que entregó información clave. “Debemos tener más de 200 declaraciones”, señaló Caucoto.
Las acusaciones contra exmilitares
Por el crimen había siete exmilitares condenados en segunda instancia después de una larga investigación del juez de la Corte de Apelaciones de Santiago Miguel Vásquez. Sus sentencias fueron confirmadas e incluso elevadas por los tribunales chilenos.
La Sala Penal de la Corte Suprema chilena revisó la causa después de que los imputados, que negaban haber participado en los asesinatos de Jara y de Quiroga, presentaran recursos de casación.
En otra fase de la investigación, un juez chileno acusó a diez exmilitares por el asesinato de Víctor Jara en 1973. La causa buscaba establecer no solamente la autoría material, sino también las responsabilidades dentro de la estructura de mando.
El juicio civil en Estados Unidos
En 2013, Joan Jara y sus dos hijas, Manuela y Amanda, presentaron en Estados Unidos una demanda civil contra el exteniente chileno Pedro Barrientos, quien había huido de Chile en 1989 y residía en Florida.
El juicio se realizó durante siete días en una corte federal de Orlando. El jurado estadounidense declaró a Barrientos responsable de la muerte de Víctor Jara y ordenó el pago de una compensación de 28 millones de dólares a la familia.
La demanda se amparó en el Acta de Protección a las Víctimas de Tortura, un estatuto estadounidense que permite presentar demandas civiles contra exfuncionarios que hayan cometido actos de tortura o ejecuciones extrajudiciales en el extranjero.
Los abogados de la familia investigaron a Barrientos a partir de un reportaje transmitido en 2012 por la cadena Chilevisión. El reportaje abordaba la conexión del exteniente con el asesinato y establecía que vivía en Estados Unidos.
Los testimonios sobre Pedro Barrientos
En sus declaraciones, Barrientos negó conocer en aquella época al popular cantautor y negó haber estado en el Estadio Chile en el momento de su asesinato.
Sin embargo, seis exsoldados del gobierno militar aseguraron en testimonios grabados en vídeo desde Chile que lo habían visto al menos veinte veces durante esos días. José Navarrete Barra afirmó que Barrientos incluso llegó a jactarse del crimen que había cometido.
“Él dijo muchas veces que había matado a Víctor Jara”, aseguró Navarrete en el vídeo.
Para los abogados de la familia Jara, el 12 de septiembre de 1973 el general Sergio Arellano Stark envió soldados al Estadio Chile, donde se encontraban detenidos civiles arrestados de forma arbitraria. Barrientos formaba parte de una de las unidades enviadas al lugar.
La defensa sostuvo que el destacamento llamado “Bronce” no había estado en el Estadio Chile. No obstante, uno de los exmilitares que testificó dijo que había estado cerca del estadio en esos días, cuando Barrientos había asegurado que ni siquiera había pasado por allí.
Barrientos no hizo declaraciones después del veredicto, pero su abogado, Luis Calderón, señaló que prepararían una apelación. A pesar de los procesos legales y las investigaciones desarrolladas durante años, la muerte del cantautor no había sido completamente esclarecida y todos los autores e implicados no habían sido condenados.
Detienen al último condenado por el asesinato de Víctor Jara: Se ocultaba en parcela | CNN Prime
La importancia del veredicto
El juicio en Estados Unidos contribuyó a aportar nuevas pistas sobre lo ocurrido entre el 12 y el 16 de septiembre de 1973. Para Joan Jara, el veredicto representó el inicio de la justicia para los familiares en Chile que seguían esperando conocer el destino de sus seres queridos.
Joan Jara había solicitado abrir una investigación criminal en Chile por el homicidio de Víctor Jara en 1978, pero fue en Estados Unidos donde pudo escuchar el veredicto que había esperado durante más de 40 años.
“Es el inicio de la justicia para toda esa gente, para los familiares en Chile que están esperando conocer el destino de sus seres queridos, y que por muchos, muchos años han querido justicia y conocimiento, como nosotras”, declaró Joan Jara.
La familia esperaba que el gobierno de Estados Unidos considerara el veredicto de la demanda civil para extraditar a Pedro Barrientos a Chile, donde un juez había ordenado su procesamiento y el de otros nueve exmilitares.
Memoria y justicia medio siglo después
La llegada de la causa judicial a su fase final coincidió con la conmemoración de los 50 años del golpe de Estado en Chile. Víctor Jara fue detenido el 12 de septiembre, un día después del golpe que derrocó a Salvador Allende e instauró la dictadura encabezada por Augusto Pinochet.
Para Nelson Caucoto, que también representó a la familia de Littré Quiroga, esa coincidencia tenía “de agraz y de dulce”. “Me da vergüenza que tuviéramos que esperar 50 años para conocer el resultado de un juicio de un crimen atroz”, afirmó.
El abogado recordó que los juicios por violaciones de derechos humanos comenzaron en Chile recién en el año 2000, cuando se designaron jueces de derechos humanos con dedicación exclusiva. “Antes no hubo justicia. No hubo nada”.
También destacó el valor de que el proceso hubiera avanzado a pesar de las dificultades. “El de Víctor era un crimen que estaba construido para que no se resolviera jamás, para quedar archivado en el cajón de algún tribunal. Por eso es tan valioso que se haya llegado hasta donde se llegó”.
“Porque, con todas las dificultades, si hay compromiso de los jueces, tú puedes aclarar todos los crímenes”, concluyó Caucoto.