La evolución de la sociedad todavía no llegó a las canchas. Si bien las iniciativas de los organismos de seguridad, el Estado y los clubes intentan calmar las provocaciones violentas entre las hinchadas, en las tribunas se siguen interpretando canciones xenófobas, homofóbicas y racistas.
El programa Tribunas Seguras, la prohibición del público visitante y la lucha constante contra las barras son elementos que contribuyen para evitar las agresiones, pero todavía no alcanza.
No deja de llamar la atención observar a familias, mujeres, niños y adolescentes sumarse a la onda masiva que surge desde el centro de la popular con temas denigrantes que deberían ser penalizados por las autoridades deportivas y jurídicas, ya sea con quita de puntos, suspensión de estadios o cancelación de partidos.

Qué son las canciones de cancha discriminatorias
Es errado pensar que todas las canciones de cancha son canciones de aliento. Las que intentan dar ánimo a sus equipos son mayoría, pero también hay canciones con otros objetivos: festejar, amenazar, insultar, celebrar a la propia hinchada (es decir, autocelebrarse), recordar a los jugadores que la camiseta es más importante que ellos, humillar.
Muchas veces se mezclan las cosas y entonces vemos a oficinistas con sus hijos cantando cosas como «aguantar los trapos» o matar gente.
Las canciones de cancha, nadie pretende que sean plegarias, pero cuando se pasan dejan de ser cantos para tornarse grito, imprecación, boludez que pretende tener alas.
Las letras discriminatorias pueden incluir referencias racistas, xenófobas, homofóbicas, misóginas, violentas o relacionadas con enfermedades. En todos esos casos, la rivalidad deportiva deja de expresarse mediante la competencia y se convierte en una forma de humillación dirigida contra grupos sociales, nacionalidades, identidades o características personales.
El racismo contra Boca en las tribunas
La muestra seleccionada es sólo eso: ejemplos de canciones que aún se escuchan en los estadios y deberían ser censuradas y eliminadas de la fiesta del fútbol.
Parcialidades como las de Independiente, Racing, River y San Lorenzo apelan al racismo para “burlarse” de los hinchas de Boca.
Independiente
“Cantemos todos, Avellaneda esta de fiesta. Cantemos todos, Avellaneda es carnaval. Cantemos todos que La Boca está de luto, que son todos negros putos de Bolivia y Paraguay”, suena en el Libertadores de América cada vez que el Rojo se enfrenta al Xeneize.
River
“Qué feo ser bostero y boliviano, y en una villa tener que vivir. La hermana revolea la cartera, la vieja chupa pijas por ahí. Bostero, bostero, bostero… bostero, no lo pienses más: andate a vivir a Bolivia, toda tu familia está allá”, es uno de los hits más polémicos del Millonario.
También se escucha el cántico que comparte con el resto de los equipos y que hace hincapié en la nacionalidad de su rival: “Son la mitad más uno, son de Bolivia y Paraguay. Yo a veces me pregunto, che negro sucio si te bañas. Boca que asco te tengo, lavate el culo con aguarrás”.
Racing
“En el barrio de La Boca viven todos bolivianos, que cagan en la vereda y se limpian con la mano. Los sábados en la bailanta se van a poner en pedo, y se van de vacaciones a la playa del riachuelo. Hay que matarlos a todos mama, que no quede ningún bostero”, suena seguido en el Cilindro.
San Lorenzo
En el Nuevo Gasómetro los que pertenecen a la Buteler suman a Huracán en la “cargada”: “Es mi situación dos hijos tengo yo. Uno basurero, el otro boliviano, de chicos los crié y lo vamos a coger, como todos los años”.

Antisemitismo y violencia en el ascenso
El caso más extremo se da en el ascenso. A la hinchada de Chacarita sólo le bastaron 11 palabras para hacer la canción más repudiable y nefasta de la historia del deporte más popular de la Argentina.
“Ahí viene Chaca por el callejón, matando judíos para hacer jabón”.
La referencia transforma una canción de tribuna en una expresión de antisemitismo y violencia explícita. Su contenido remite a una de las formas más brutales de persecución racial y religiosa de la historia contemporánea.
Discriminación por enfermedades, orientación sexual e identidad
Estudiantes contra Gimnasia
En La Plata, Estudiantes apela al virus del HIV para “reírse” de Gimnasia con unas estrofas que en una sociedad evolucionada no debería existir:
“Vamos vamos Estudiantes, vamos vamos a ganar, el Pincha es lo mas grande del fútbol nacional. El Lobo está caliente, el Lobo es comilón, el Lobo tiene Sida se lo cogió el Leon”.
Nueva Chicago contra Almirante Brown
El último caso de la muestra se remonta a Nueva Chicago, una hinchada que apeló a la homofobia, violencia de género y el derecho a la identidad para interpretar un hit que va en contra de su clásico rival, Almirante Brown.
“Escuchen, corran la bola: se hicieron putos los negros de Casanova. Que lindo es, vamos a cojer... allá en los ranchos cerca de la Ruta 3. Los negros llegan de noche y se visten de mujer, para hacer un par de pesos porque tienen que comer”.
La hinchada de Nueva Chicago apela a la violencia de género y el derecho de la identidad sexual de las personas para "burlarse" de Almirante Brown.
La normalización de los insultos en las tribunas
Si bien en el último tiempo las nuevas canciones cuentan con cargadas relacionadas a descensos, historial de clásicos y falta de títulos, todavía en las populares (y en las plateas) se siguen observando escenas lamentables de familias acompañando los hits más aberrantes y repudiables pertenecientes a una época en la que la sociedad todavía no era consciente del daño que causaban esas letras.
Muchas veces se mezclan las cosas y entonces vemos a oficinistas con sus hijos cantando cosas como «aguantar los trapos» o matar gente.
El problema no se limita a quienes crean o encabezan los cánticos. También alcanza a quienes los repiten de manera colectiva, incluso cuando no comparten necesariamente cada una de sus expresiones. La multitud puede convertir una agresión verbal en una práctica aparentemente normal, festiva y permitida.
Cuando una familia, una mujer, un niño o un adolescente se incorpora a la repetición de una letra racista, xenófoba u homofóbica, la canción deja de ser solamente una provocación entre barras y pasa a funcionar como una forma de aprendizaje social.
Cómo se construyen las canciones de cancha
Cuando iba a la cancha casi todos los domingos, a veces jugaba con mis amigos a descifrar de qué canción venía cada cantito. Estábamos en la era previa a Google. Nuestra búsqueda se limitaba a ese momento, o a lo sumo le silbábamos después los cantitos a algún amigo que «sabía de música».
Hace 12 o 13 años llevé a la cancha de Boca Juniors a unos escritores anglófonos que estaban en un festival literario. El partido fue un embole y se la pasaron mirando a la hinchada. Me preguntaban por los cantitos y yo hacía lo posible por traducirlos.
Me di cuenta de que los había llevado para que se maravillaran con la hinchada y con Juan Román Riquelme, pero al final no jugó.
En un momento especialmente chato del partido, sonó como contrapunto un cantito de ritmo alegre en las tribunas que repetía «Oh, dale, dale Bo». Uno de los escritores, que era un novelista de Belfast, me preguntó: «¿En serio están alentando con ‘Pop Goes the World’?».
Pero ¿cómo es, en la práctica, ese pasaje de la canción original a la canción alterada? ¿Aparece primero la letra o la melodía? ¿Qué se tiene en cuenta para elegir la canción original? ¿Se puede decir que la tendencia fue cambiando de la balada romántica al rock, y del rock a la cumbia?
¿Hay un solo encargado o es un trabajo grupal? ¿Cómo son las primeras pruebas? ¿Existe un momento en el que el creador, con el nerviosismo propio de un casting, presenta su obra ante el jefe de la barra, tal como lo hacían los juglares ante los reyes o los bateristas ante los cantantes?
¿Hay una especie de productor que diga cosas como «al estribillo le falta fuerza» o «este culo necesita sangrar»? ¿Hay letristas clásicos y letristas de vanguardia? ¿Pueden sentir en la boca del estómago cuando un cantito va a ser un éxito?
¿En qué momento las hinchadas se volvieron tan autorreferenciales? ¿A quiénes les cantan? ¿A los jugadores rivales? ¿A las cámaras de televisión?
Melodías populares y letras modificadas
Un día estaba en Port Talbot, un pueblo minero en Gales que por ese entonces se encontraba al borde de la quiebra. La playa, al igual que el resto del pueblo, estaba cubierta por un manto de polvo de carbón. Todo era frío, terrible y gris, pero al atardecer el sol se puso sobre el mar y creó un contraste hermoso.
La canción que menciona, la que produjo el chispazo en su cerebro, originalmente se llamó «Aquarela do Brasil» y fue escrita por el compositor mineiro Ary Barroso en 1938.
Debido a la exaltación de lo brasileño, esta canción fue acusada de servir como propaganda del gobierno de Getúlio Vargas. Tres años más tarde la usó Disney en su película Saludos, amigos, en la que un loro llamado José Carioca lleva al Pato Donald a conocer los lugares más emblemáticos de Brasil.
Luego se hizo una versión en inglés que cantaron Frank Sinatra, Bing Crosby y Geoff Muldaur; y luego la tocaron casi todos los grandes de la música brasileña.
La versión de Geoff Muldaur fue la que inspiró a Gilliam en 1983.
No sé qué versión inspiró a la hinchada de Boca, y si fue antes o después; es probable que haya sido una versión en portugués. Pero lo cierto es que la melodía superó la rivalidad entre Brasil y Argentina.
Esa letra que repite «Brasil, Brasil», y que nombra cosas exageradamente brasileñas como mulatos misteriosos, panderetas, morenas sensuales de mirada indiscreta o coqueros que dan cocos, se cambió por una letra que de tan simple no vale la pena transcribir.
La transformación de una melodía conocida en una canción de cancha permite que la hinchada se apropie de una estructura musical reconocible y la utilice para alentar, celebrar, provocar o insultar. La música facilita la repetición y la coordinación colectiva, mientras que la letra dirige el contenido emocional y agresivo del cántico.
De la canción romántica al canto de aliento
Los galeses dicen ser la gente más afinada del mundo. Dicen tener el percentil más alto del mundo de ciudadanos que pueden salir airosos de un karaoke.
Es algo difícil de comprobar, y los argumentos no son muy convincentes: tradiciones líricas, coros, iglesias, buena cerveza y alimentación.
Hace unos años, conocí a los escritores de los que hablé al principio en un festival en Buenos Aires, y terminamos en un bar. Uno de ellos era un poeta galés y, en un momento, ya bastante borracho, empezó a cantar «Let It Snow», y podía imitar a Dean Martin y a Frank Sinatra, y también al que canta la canción al final de Duro de matar.
No sé si alguna hinchada galesa canta afinadamente su adaptación de «It’s a Heartache», de la galesa Bonnie Tyler, pero el rugby es su deporte nacional.
En Inglaterra, Escocia y Alemania, por lo menos, hay hinchadas con su versión del cantito.
«Sixty seven / In the heat of Lisbon / The fans came in their thousands / To see the Bhoys become champions».
Se empezó a escribir bhoys con «h» para imitar la pronunciación de los inmigrantes irlandeses que fundaron el club, y después quedó.
Aunque no conozco la letra del resto de las versiones europeas, podría asegurar que son cantitos de aliento o, como en este caso, cantitos que recuerdan hazañas pasadas, pero no hay, no puede haber, una versión del cantito que recupere y redimensione la sensación de abandono y rencor de la canción original.
Querida Bonnie Tyler: supongo que conocerás las adaptaciones de las hinchadas europeas, pero en Argentina el proceso fue distinto: de la canción de desamor se pasó a un cantito de aliento, y del cantito de aliento se volvió otra vez a uno de desamor y frustración.
¿Por qué se dio ese movimiento pendular? ¿Hay algo en la canción original que llevó a las hinchadas a reconsiderar su adaptación festiva? ¿Algo que les decía: esto no es así, tenemos que volver al dolor? ¿Y si lo hay, qué es? ¿La letra? ¿La música?
El ejemplo de “Aquarius / Let the Sunshine In”
Galt MacDermot nació en Montreal, Canadá, en diciembre de 1928. De joven empezó a estudiar piano y viajó a Cape Town para especializarse en música africana. En 1964 se mudó a Nueva York para seguir más de cerca la escena del jazz.
Tres años más tarde, recibió una propuesta a través de su agente. Dos jóvenes actores, Gerome Ragni y James Rado, habían escrito una obra de teatro y necesitaban a alguien que la musicalizara; se habían inspirado en los cambios que estaban sucediendo a su alrededor: pelo largo, sexo, drogas y rocanrol.
MacDermot no sabía nada de eso. Vivía con su esposa e hijos en una zona suburbana, no consumía alcohol ni drogas, usaba camisa y corbata y el pelo bien corto.
«Ni siquiera había oído hablar de los hippies hasta ese momento», admitiría luego.
Su música, sin embargo, era al mismo tiempo clásica, funk y psicodélica, y se acopló perfectamente a la letra y espíritu de la obra.
El musical Hair se estrenó en una pequeña sala en abril de 1968. Tuvo denuncias por blasfemia, apología de la droga, maltrato de los símbolos patrios y exhibición de desnudos frontales.
Al poco tiempo se convirtió en un éxito a escala mundial. Algunas de sus canciones fueron grabadas por otros artistas, empezaron a sonar en las radios masivas y llegaron a los primeros puestos en los rankings.
El caso más notable de este fenómeno de ecos y repercusiones es sin dudas el de «Aquarius / Let the Sunshine In».
En 1969, el grupo The 5th Dimension grabó una versión que se mantuvo en el puesto número uno del Billboard durante seis semanas.
Luego la cantaron decenas de artistas, se hicieron versiones instrumentales, house, electrónicas, de rock progresivo alemán; hubo versiones chinas, suecas, australianas; la cantó el público en Woodstock; fue parodiada por Los Simpsons y Family Guy; aparece en Forrest Gump y en Sons of Anarchy, y en Virgen a los 40 cuando Steve Carrell por fin consigue coger y se larga a cantar de la emoción.
Al igual que en Argentina, los cantitos de la Selección uruguaya son bastante más inocentes que los de sus equipos.
Su cantito de cabecera es «Soy celeste», con el ritmo de «Let the Sunshine In».
En YouTube se pueden encontrar varias muestras: la hinchada en la tribuna, en la calle y en los bares; los propios jugadores en la cancha y en el vestuario.
Estimados descendientes: seguramente saben que Nina Simone y Diana Ross cantaron sus canciones, pero ¿sabían que un loro uruguayo canta a cambio de granos de choclo una canción que Galt compuso hace 50 años con la letra cambiada por «Soy celeste» para alentar al seleccionado de fútbol de su país?
En 1971, bajo el gobierno de facto de Alejandro Lanusse, se hizo una representación de Hair en Buenos Aires con Horacio Fontova, Mirta Busnelli, Valeria Lynch y Rubén Rada como parte del elenco.
¿No habrá sido durante una de esas funciones que alguien hizo el clic? Rada dice que lo fueron a buscar a Uruguay porque necesitaban a un negro.
¿Sabía que cuando cantaba «deja que entre el sol» estaba anticipando el cantito de cabecera de su selección? Por supuesto que no.
¿Habrá sido Rada quien, bajo el influjo de la obra, impuso el cantito en Uruguay? No creo.
El himno como canción de cancha
El himno nacional argentino es un cantito de fútbol. Más allá del legado histórico, esa es su principal función en la actualidad.
Es, además, el único cantito que realmente funciona para la Selección Nacional.
Sospecho que al menos la mitad de los himnos cantados por adultos argentinos durante el siglo XXI fueron cantados en la previa de un partido de fútbol o de otros deportes, en su correspondiente proporción.
Si agregamos la emoción como requisito, es decir, si sólo consideramos los himnos cantados con fervor patriótico, el porcentaje sería mucho mayor.
Aunque en el fondo sepamos que tiene mucho de farsa televisada, y que la idea de patria se limita a las circunstancias, ese minuto y medio de himno logra bajar a tierra conceptos tan inasibles como «nación» o «proyecto común», simplemente porque en ese momento la gente que lo canta quiere más o menos lo mismo.
Los himnos son tan apropiados como cantitos de cancha que ni siquiera hace falta cambiarles la letra. Ya fueron pensados desde el comienzo para generar coraje grupal y sentido de pertenencia.
En el caso argentino, el verso que se repite a los gritos al final del himno es inmejorable como compromiso: «¡O juremos con gloria morir!».
Solo hace falta tomar «morir» en sentido figurado para llevarlo al fútbol.
En el himno uruguayo, el ejemplo es todavía más claro y ni siquiera hace falta pasar de un plano del lenguaje a otro: «¡Sabremos cumplir!».
Se repite tres veces esa promesa perfecta.
Las palabras de las batallas sirven también para los partidos, y es por eso que las arengas de los capitanes en el túnel se pueden parecer, en tono y lenguaje, a la arenga de Mel Gibson para que sus soldados salgan como locos a luchar por la liberación de Escocia.
A pesar de su idoneidad, la letra del himno argentino se dejó de cantar en la previa de los partidos de fútbol.
Hace algunos años, la Federación Internacional de Fútbol Asociación decidió, a partir de un estudio de mercado, supongo, que un minuto y medio de himno es lo máximo que los televidentes están dispuestos a soportar.
La mayoría de los países ponen una parte del himno o una versión comprimida sobre la que se puede cantar.
En el Mundial de Rugby, donde el límite de extensión es el mismo, Los Pumas ponen el himno desde la frase «sean eternos los laureles» hasta el final y lo cantan con esa emoción que a cierto tipo de persona le gusta tanto destacar.
En el fútbol se podría haber hecho lo mismo, pero se eligió poner la introducción instrumental y la gente la empezó a corear con actitud de hinchada.
Esto se impuso de manera espontánea, creo, y en poco tiempo se consolidó como una marca registrada de los hinchas argentinos.
La dimensión emocional de los cantos colectivos
Muchos futbolistas dicen que apenas empieza a sonar el himno se les viene a la cabeza «la película de su carrera» y que el repaso de esa historia de sacrificios personales y familiares los ayuda a valorar la oportunidad que tienen por delante.
Opera como un simulacro de muerte en este sentido, y es algo que les sucede quieran o no, tironeado por cientos de cuerdas internas que no pasan por el razonamiento.
En un partido internacional que jugué con mi equipo presenior formamos en hilera y pusieron los himnos para darle un poco de color.
«Orientales, la patria o la tumba», así arranca el himno uruguayo, y es a esta premisa que se asocia la promesa final de «sabremos cumplir».
La música tiene capacidad para organizar emociones colectivas. Puede producir entusiasmo, pertenencia y solidaridad, pero también puede activar el desprecio, la hostilidad y la violencia cuando se la combina con letras que presentan al rival como inferior, sucio, extranjero, enfermo o indigno.
El caso de la selección argentina y los cánticos contra Francia
En estos días para mucha gente la Argentina es casi un paradigma de racismo, todo por una canción de cancha que algún aficionado tampoco demasiado talentoso se sacó del mate y que luego varios miembros de la selección nacional entonaron de manera tan festiva, como si la dichosa cancioncilla fuera un villancico inocente y no un ejemplo de homofobia, misoginia, xenofobia, racismo y patriotería barata.
Fue un episodio triste, la verdad, que demuestra que hay que tener cuidado con lo que se canta y que el bullying a estas alturas del siglo veintiuno no es muy recomendable porque además va a parar a las redes sociales y uno corre el riesgo de que se viralice y toda tu nación pase por racista.
La selección de fútbol de Argentina se encuentra en el centro de la polémica por los cánticos de algunos de sus jugadores durante la celebración del título de la Copa América conseguido en Miami.
En ellos, hacían referencia al origen africano de algunos de los jugadores de la selección francesa y usaban un insulto homófobo para referirse a Mbappé.
Estos cánticos, que algunos hinchas argentinos usaron durante el Mundial de Qatar 2022, fueron coreados por varios jugadores argentinos, entre ellos el mediocampista del Chelsea inglés Enzo Fernández, quien transmitía en vivo la celebración a través de su cuenta de Instagram.
El polémico cántico se hizo popular durante el Mundial de Qatar 2022, especialmente después de que Argentina venciera a Francia en la final para quedarse con el tercer título orbital de su historia.

La denuncia de la Federación Francesa de Fútbol
Este martes en la tarde la Federación Francesa de Fútbol anunció que demandará a la Asociación de Fútbol Argentino por los cánticos "racistas" de la selección.
“El presidente de la Federación Francesa de Fútbol, Philippe Diallo, condena en los términos más enérgicos los inaceptables comentarios racistas y discriminatorios realizados contra los jugadores de la selección francesa en el contexto de un cántico cantado por jugadores y aficionados de la selección argentina tras su victoria en la Copa América y retransmitido en un video en las redes sociales”, señaló la FFF en un comunicado.
Y agregaron: “Ante la gravedad de estos comentarios impactantes, contrarios a los valores del deporte y los derechos humanos, el presidente de la FFF decidió denunciar directamente a su par argentino y a la FIFA, y presentar una denuncia judicial por comentarios insultantes de carácter racial y discriminatorio”.
La reacción de los jugadores franceses
Los compañeros franceses de Fernández en el Chelsea mostraron su rechazo a la celebración de su compañero.
El jugador de 23 años Wesley Fofana publicó en su cuenta de Instagram una imagen de la celebración de Fernández con la frase “Fútbol en 2024: racismo sin complejos”.
Además de Fofana, de padre marfileño y madre francesa, se unieron a la protesta sus compañeros Disasi y Malo Gusto, quienes también tienen raíces africanas y dejaron de seguir a su compañero Fernández en las redes sociales.
Las disculpas de Enzo Fernández
Este miércoles, Fernández, quien fue comprado por el Chelsea inglés por más de US$100 millones hace dos temporadas, publicó un comunicado en el que pidió disculpas por los cánticos durante la celebración.
“Quiero pedir disculpas sinceramente por un vídeo publicado en mi canal de Instagram durante las celebraciones de la selección nacional. La canción incluye un lenguaje muy ofensivo y no hay absolutamente ninguna excusa para estas palabras”, señaló el jugador de 23 años.
“Me opongo a la discriminación en todas sus formas y me disculpo por quedar atrapado en la euforia de nuestras celebraciones de la Copa América. Ese vídeo, ese momento, esas palabras, no reflejan mis creencias ni mi carácter”, añadió.
La investigación del Chelsea y la FIFA
El Chelsea FC emitió un comunicado este miércoles señalando que iniciará una investigación disciplinaria dentro del club sobre la actuación de Enzo Fernández.
“El Chelsea considera inaceptable cualquier forma de comportamiento discriminatorio (...) Reconocemos y agradecemos la disculpa pública de nuestro jugador y utilizaremos esto como una oportunidad para educar. El Club ha iniciado un procedimiento disciplinario interno", dijeron.
Un portavoz de la FIFA le dijo a la BBC que "tienen conocimiento de un vídeo que circula en las redes sociales" y que "el incidente está siendo investigado".
Agregaron: "La FIFA condena enérgicamente cualquier forma de discriminación por parte de cualquier persona, incluidos jugadores, aficionados y funcionarios".
La defensa del Gobierno argentino
Pese a las reacciones de condena que han suscitado los cánticos, el gobierno del presidente Javier Milei salió en defensa de los jugadores.
La Casa Rosada anunció el despido del subsecretario de deportes Julio Garro después de que este le pidiera a Leo Messi, por su condición de capitán de la selección argentina, y al presidente de la AFA, que se disculparan por los hechos.
“La Oficina del Presidente informa que ningún gobierno puede decirle qué comentar, qué pensar o qué hacer a la Selección Argentina Campeona del Mundo y Bicampeona de América, ni a ningún otro ciudadano. Por esta razón, Julio Garro deja de ser Subsecretario de Deportes de la Nación”, comunicó esa dependencia en la red social X.
Por su parte, la vicepresidenta argentina, Victoria Villarruel, calificó a Francia de país colonialista y afirmó que no se dejarán amedrentar por una canción, ni por decirle a Francia las verdades que no quieren escuchar.
“Basta de simular indignación, hipócritas. Enzo yo te banco, Messi gracias por todo! ¡Argentinos siempre con la frente alta!”, dijo en un mensaje en X.
Racismo, identidad nacional y responsabilidad pública
¿Es Argentina un país racista? En estos días de clamor, frío, guerras y mucho deporte, ese interrogante parece permear la realidad y es raro que sea tan difícil responderlo si tenemos en cuenta que hablamos de una nación del cono sur, latinoamericana y ceñida por ese crisol de razas que caracteriza a nuestros países.
Aquí hay desde descendientes de pueblos originarios, árabes hasta japoneses, pasando por europeos, senegaleses, cubanos, bolivianos y muchos venezolanos.
Llegás de otras tierras y ves todo tipo de gente, mezclada en una sintonía fraternal que no es muy común en otras sociedades.
En el fondo el episodio me parece aleccionador: las cosas deben cambiar, no basta con decir “no somos racistas”, sino que es necesario llevar una vida acorde con ese planteamiento.
Entonces un día podremos ver en los clásicos de fútbol a las dos aficiones compartiendo juntas las gradas del estadio.
Para que suceda es necesaria una revisión acerca de lo que es el deporte, el fútbol en particular, y su capacidad de cambiar las cosas para bien, porque el deporte debe ser sobre todo armonía y fraternidad.
La pasión es algo de lo que se alardea mucho por estos lares y de verdad la pasión bien orientada es una hermosa virtud, pero cuando se convierte en paroxismo se vuelve vergonzosa si ese exceso de pasión nos lleva a ser intolerantes y despreciar al diferente.
Nada humano me es ajeno, esa frase que los renacentistas tomaron del arquitecto Vitruvio sigue teniendo mucha actualidad.
Un problema que trasciende a Argentina
Todo esto ocurre mientras la actual gran estrella de España, Lamine Yamal, es musulmán.
"La extrema derecha no va a dejar un espacio libre de su odio y quienes hoy callan, serán cómplices."
"Los violentos aprovechan el fútbol para tener su espacio. Hay que apartarlos de la sociedad, identificarlos y cuanto más lejos mejor", había dicho el seleccionador español, Luis de la Fuente, al llegar a la sala de prensa tras el encuentro.
"La gente violenta utiliza el fútbol para hacerse un hueco. El problema es que éste es el último de una serie de incidentes similares que han empañado el fútbol español en los últimos años, con el atacante brasileño del Real Madrid Vinícius Junior, en particular, siendo repetidamente víctima de insultos racistas, lo que demuestra que este tipo de comportamientos no son aislados en el fútbol español.
En enero de 2023, aficionados del Atlético colgaron un muñeco con la efigie de Vinícius Jr.
Los episodios muestran que el racismo en el fútbol no pertenece a una sola hinchada, país o competencia. Puede aparecer en canciones, insultos, pancartas, gestos, publicaciones digitales o actos intimidatorios dirigidos contra futbolistas y aficionados.
La mirada de un compositor de canciones de cancha
“Qué difícil es ser xenófobo y homofóbico en los tiempos que corren”.
La reflexión en tono de congoja parte de un barra brava de la Liga Profesional, el “Bardo” Rivarola, que como su apodo lo indica tiene como función la composición de cánticos despectivos, agresivos, humillantes y discriminatorios sobre los hinchas rivales.
Y surge a partir de las duras críticas y polémicas generadas por el estribillo entonado por jugadores del seleccionado argentino contra la selección francesa como parte de la celebración de la conquista de la Copa América.
Como es de público conocimiento, los jugadores se grabaron entonando un hit antigalo en el que se refiere de manera burlona y despreciativa a los jugadores franceses por su condición racial y que contiene unos versos discriminatorios hacia Mbappé, por su elección sexual y su ascendencia africana.
La canción maldita surgió en el Mundial de Qatar antes de la final con el objetivo de hostigar y desmoralizar a los blues, y que ya en ese momento fue censurada por medios europeos por la brutalidad de su letra.
El “Bardo” Rivarola recuerda cuándo surgió aquel cántico: “Estábamos muy conformes con el trabajo y confiábamos en que íbamos a ganar el Premio Grammy en el rubro ‘mejor canción de cancha’, pero nos mataron con las críticas diciendo que era un cántico racista y homofóbico”.
El poeta tribunero explicó que desde la barra se trató de justificar la composición diciendo que “era una obra descriptiva de la ‘realidad’ de la selección francesa, pero la explicación no cerró para nada, especialmente para los medios franceses”.
El poeta del tablón consideró que desde hace tiempo se siente condicionado por los nuevos paradigmas a la hora de realizar sus composiciones, lo cual es una seria limitación creativa.
“Están matando a un género musical con años de vigencia en las tribunas argentinas”, se quejó Rivarola, un compositor de relativo talento pero visiblemente encasillado en la xenofobia y la homofobia entre otros retrasos socioculturales.
Qué medidas pueden tomar clubes y autoridades
Sin dudas, es hora de tomar cartas en el asunto y hacerse cargo del contenido que tienen esos temas para evitar ser entonados en los estadios.
La muestra seleccionada es sólo eso: ejemplos de canciones que aún se escuchan en los estadios y deberían ser censuradas y eliminadas de la fiesta del fútbol.
Los organismos de seguridad, el Estado y los clubes intentan calmar las provocaciones violentas entre las hinchadas.
El programa Tribunas Seguras, la prohibición del público visitante y la lucha constante contra las barras son elementos que contribuyen para evitar las agresiones, pero todavía no alcanza.
Las respuestas posibles incluyen la identificación de quienes promueven cánticos discriminatorios, la aplicación de sanciones deportivas y jurídicas, la suspensión de estadios, la quita de puntos y la cancelación de partidos.
Sin embargo, la sanción no debería ser la única herramienta. También resulta necesario trabajar en la educación de jugadores, hinchas, clubes, dirigentes y cuerpos técnicos para que la rivalidad deportiva no se convierta en una autorización para humillar.
Sin embargo, y a pesar de haber sido censurada hace dos años, la selección argentina entonó la canción maldita, lo que indica que forma parte del repertorio de cánticos de celebración de torneos.
El repertorio indudablemente debería ser revisado desde el área respectiva de la AFA para evitar situaciones vergonzantes, críticas, polémicas y, como en este caso, hasta conflictos diplomáticos para el país.
La posibilidad de cambiar el repertorio
“No sabemos si en el primer mundo evolucionaron, la caretean o simplemente advirtieron que el racismo ya no tiene buena prensa, pero vale la pena tomar nota de que la mano viene de esa forma”, explicó un dirigente local.
“Por lo que vamos a convocar a los compositores de las barras para que se inscriban en un curso de composición de canciones de cancha, a cargo del reconocido profesor Carlos Semifusa”, añadió.
La intención es aggiornar a los poetas de las barras para que dejen de lado las temáticas tradicionales más turbias y retrógradas, y busquen en cambio por el lado de la épica y la deportividad.
Las canciones de cancha no tienen por qué desaparecer. Pueden alentar, celebrar una historia, recordar una hazaña, expresar pertenencia y construir una identidad colectiva sin recurrir al racismo, la xenofobia, la homofobia, la misoginia o las amenazas de muerte.
En el fondo, la cuestión no es eliminar la pasión, sino orientarla. El deporte debe ser sobre todo armonía y fraternidad, y la música puede contribuir a ese objetivo cuando deja de presentar al diferente como un enemigo inferior.