Campeón mundial de ajedrez de 1894: Emanuel Lasker

El campeón mundial de ajedrez de 1894 fue Emanuel Lasker, quien derrotó a Wilhelm Steinitz en un match disputado del 15 de marzo al 26 de mayo de 1894 en Nueva York, Filadelfia y Montreal. El vencedor debía conseguir 10 victorias y Lasker ganó la 19.ª partida, alcanzando la décima victoria y venciendo por 12 a 7, con un resultado de 10 victorias a 5.

A sus 25 años, Emanuel Lasker se convirtió en el segundo campeón mundial de la línea clásica y mantuvo el título hasta 1921. Lasker fue el campeón del mundo que más tiempo mantuvo la corona en la historia del ajedrez: 27 años sentado en el trono de los reyes del tablero, entre 1894 y 1920.

Retrato de Emanuel Lasker campeón mundial

El match por el título mundial de 1894

El duelo entre el campeón mundial Steinitz, de 57 años, contra el desafiante Lasker, de 25 años, se disputó del 15 de marzo al 26 de mayo de 1894 en Nueva York, Filadelfia y Montreal. Les separaba una diferencia de edad de 33 años.

Las condiciones eran que sería campeón del mundo el que consiguiera alcanzar primero las diez victorias. El límite de tiempo era de 15 jugadas por hora. El premio en metálico sumó para ambos jugadores 2.000 dólares.

DatoInformación
Campeón vigenteWilhelm Steinitz
DesafianteEmanuel Lasker
Edad de Steinitz57 años
Edad de Lasker25 años
CiudadesNueva York, Filadelfia y Montreal
Fechas15 de marzo al 26 de mayo de 1894
Condición de victoria10 victorias
Resultado final12 a 7, con 10 victorias a 5
Partida decisiva19.ª partida

El match comenzó equilibrado y se jugó sin compromiso alguno. Las primeras 4 partidas ganaron siempre las blancas. Después Lasker se impuso como líder en las dos últimas partidas en Nueva York y viajó a Filadelfia con el resultado de 4:2 puntos a favor suyo.

En las tres partidas jugadas allí, el joven alemán no dejó ninguna duda en el tablero, decidió las tres partidas a su favor y alcanzó una ventaja de 7:2. A la vista de esa ventaja pareció que la concentración de Lasker se debilitó en Montreal y permitió al campeón vigente todavía tres victorias más.

Sin embargo, Lasker pudo puntuar todavía tres veces y decidió con la partida 19 el Campeonato del Mundo para sí mismo. El 26 de mayo de 1894 Emanuel Lasker ganó la 19.ª partida y con ella la necesaria décima victoria.

Cómo se organizó el enfrentamiento

El 31 de agosto de 1893, avalado por sus éxitos en Inglaterra y en Estados Unidos, Emanuel Lasker desafió a William Steinitz por el título mundial. El primer campeón del mundo aceptó el desafío con rapidez, pero Lasker debía todavía superar algunos escollos.

Hasta 1948, en que la FIDE se hizo cargo de la organización, el desafiante era quien debía conseguir la bolsa de premios. Lasker debía obtener financiación bancaria para llegar a una cantidad entonces colosal, 5.000 dólares.

A pesar de sus esfuerzos, Lasker no iba a poder conseguir lo solicitado por Steinitz, por lo que este decidió rebajar las condiciones: de 5.000 dólares bajó a 3.000. La razón más probable era que Steinitz no estaba bien financieramente y necesitaba jugar el match.

Es posible que, aun sin estar en buena forma física, Steinitz confiara en ganar a su joven y comparativamente inexperto rival. Esa confianza tenía fundamento: Steinitz había ganado todos los matches que había disputado desde 1862 a 1894 contra los mejores jugadores del mundo.

La confianza de Lasker y Steinitz

Lasker también estaba confiado y en una entrevista al Chicago Herald habló de forma similar a lo que haría Muhammad Ali más de medio siglo después. Tras reconocer las habilidades de Steinitz y las dificultades que tendría, dijo:

“No obstante, tengo la suficiente confianza en mí mismo para superar esta prueba… Puedo decir algo que no había dicho y que sorprenderá no solo a Steinitz sino a todo el mundo… Poseo la suficiente autoestima para conseguir el título de campeón del mundo”.

Son palabras insólitas en Lasker. No dijo nada similar antes ni después; estaban destinadas básicamente a conseguir el interés del público, sabiendo que en Estados Unidos ese tipo de declaración era bien recibido y que aumentaría el interés en el match.

Steinitz también estaba confiado, aunque era consciente de la fuerza de su oponente: “Lasker tiene un gran talento ajedrecístico, más la ventaja de poder estudiar todas mis partidas, para derrotarme con mis propias armas”.

La partida clave del encuentro

El match tuvo un inicio equilibrado que, tras seis partidas, arrojaba un empate a tres entre el campeón y su retador. Pero en la 7.ª partida se dio una épica lucha que iba a resultar la clave del duelo.

Lasker, con blancas, se lanzó a un ataque afilado como el acero, pero que bordeaba el abismo jugada tras jugada. Si la ofensiva no surtía efecto, su posición se derrumbaría.

Steinitz resistió los embates sin desfallecer, pero siempre que parecía que se detenía el ataque, Lasker encontraba un nuevo recurso para seguir hostigando al campeón. Sacrificó dos peones y, a continuación, un alfil para desequilibrar la posición de su rival.

Lasker lo apostaba todo y, tras veinte jugadas de frialdad defensiva, Steinitz cayó en la trampa, se comió el alfil astutamente regalado y entró en una posición diabólica. Todavía resistió doce jugadas más hasta que su rey cayó en la lona en la jugada 46.

Esta derrota trastornó a Steinitz, que luego perdió nada menos que cuatro partidas consecutivas y acabó dejándose el match y el título.

Sacrificio de alfil en Lasker Steinitz 1894

El estilo de Emanuel Lasker

En aquel match, y concretamente en aquella partida, asomaron las grandes fortalezas de Lasker, en particular su capacidad para el juego psicológico, orientado a dificultar al máximo la tarea de su rival en función de sus características.

«No estoy jugando con peones blancos o negros, sin vida. Juego con seres humanos de carne y sangre», es una de sus frases famosas.

Aplicando esta máxima, Lasker preparaba cuidadosamente cada torneo y cada partida con antelación. Estudiaba a su rival para encontrar sus puntos débiles, de forma que adaptaba su estilo y su repertorio de aperturas a la ocasión.

Esto, que hoy es habitual entre muchos grandes jugadores, resultaba una rareza a finales del siglo XIX, cuando los maestros aspiraban sobre todo a la gloria de dejar su impronta personal.

Lasker fue el pionero del juego psicológico, centrado en explotar las debilidades de su rival. Tenía un estilo tenaz, de gran lucha y constantemente puso a prueba a sus rivales en el tablero.

Sostenía que el ajedrez debía jugarse con principios posicionales, pero adaptado al estilo del rival de turno. La universalidad de Lasker fue una de sus características más asombrosas.

La formación de Lasker

Emanuel Lasker fue el cuarto y último hijo de una humilde familia judía que vivía en Berlinchen, un pueblo por entonces perteneciente a Prusia pero cercano a la frontera rusa. Hoy se denomina Barlinek y forma parte de Polonia.

Desde pequeño destacó en las matemáticas, por lo que sus padres hicieron el esfuerzo de enviarlo a estudiar a Berlín, donde se encontraba su hermano Berthold. Este enseñó al joven Emanuel las reglas del ajedrez y le regaló un libro para que completara su aprendizaje.

Cuando estuvo preparado, lo llevó a un café donde se jugaban partidas apostando. Allí Lasker se aficionaría a ganar un dinero fácil para él, porque derrotaba a quien se le pusiera por delante.

Sin embargo, no dejó de lado nunca su trabajo académico: se graduó en el instituto y empezó a estudiar matemáticas y filosofía al tiempo que obtenía sus primeras invitaciones para torneos de élite.

Lasker como matemático y filósofo

Nunca dejó de ejercer como matemático y destacó en la especialidad: publicó dos artículos en Nature y formuló el importante teorema algebraico de Lasker-Noether, entre otros logros.

Su trayectoria intelectual distinguió a Lasker de muchos de sus contemporáneos. El ajedrez no fue para él una actividad aislada, sino una parte de una vida dedicada también a las matemáticas, la filosofía y los grandes problemas humanos.

Uno de sus admiradores en vida fue el mismísimo Albert Einstein, que fue su amigo y con el que dio incontables paseos en los que hablaban no sólo de matemáticas, sino de todo tipo de asuntos.

El creador de la teoría de la relatividad escribió sobre el campeón en el prefacio a la biografía de éste publicada póstumamente:

«Emanuel Lasker fue indudablemente una de las personas más interesantes que he llegado a conocer. Hay pocos hombres que tuvieran un interés tan genuino en todos los grandes problemas de la humanidad y que, al mismo tiempo, mantuvieran su personalidad tan intransferiblemente independiente».

Los primeros éxitos ajedrecísticos

En el campo del ajedrez destacó ya desde los 20 años cuando, jugando el importante torneo de Ámsterdam de 1889, derrotó a Johann Hermann Bauer en una antológica partida hoy recordada en todos los manuales por ser la mejor muestra del llamado «sacrificio de los dos alfiles».

Tras destacar en varias pruebas internacionales, Lasker lanzó un desafío al entonces vigente campeón del mundo, Wilhelm Steinitz. Este, que, como afirma Kaspárov, «nunca rehuía el combate», aceptó.

Después de sus primeros éxitos, Lasker se marchó a Londres en el año 1891, como también antes lo había hecho Steinitz como jugador profesional. En 1893 siguió el segundo paso paralelo y se trasladó a Nueva York.

La confirmación del título frente a Steinitz

Steinitz tenía derecho a un match de revancha. Aquel Campeonato comenzó el 7 de noviembre de 1896 y se convirtió para Steinitz, ya muy mermado a causa de su débil salud, en un fiasco.

Él perdió las primeras 4 partidas y después de once partidas se encontró con un 0:7 en contra. A continuación todavía ganó dos partidas, pero el 14 de enero y después de la partida 17 se derrumbó.

Con esta derrota Lasker fue reconocido definitivamente como el campeón del mundo de ajedrez de forma indiscutible. La era de Steinitz ya pertenecía al pasado.

Steinitz se pronunció finalizado el Campeonato en un tono despectivo: «En mi mejor forma, debería de haber ganado a Lasker con unos resultados de 10:2 o 10:3 con unas partidas de tablas».

La realidad del segundo enfrentamiento reforzó la autoridad de Lasker. Su triunfo de 1894 dejó de parecer un resultado condicionado por la edad de Steinitz y pasó a representar el comienzo de una nueva era del ajedrez mundial.

Los defensores del título durante el reinado de Lasker

Lasker no fue derrotado hasta 1921 por otra de las grandes leyendas del tablero, el cubano José Raúl Capablanca. Durante su reinado tampoco le pudieron apartar de la cima los brillantes representantes de la época dorada de la cultura centroeuropea de finales del siglo XIX y principios del XX, como su compatriota Siegbert Tarrasch.

Tampoco lograron hacerlo las estrellas fugaces que irrumpían de vez en cuando desde los pujantes Estados Unidos, como el breve Harry Nelson Pillsbury o el también mítico Frank Marshall.

Ni siquiera los primeros genios venidos del país de los zares, como Mijaíl Chigorin, consiguieron desplazarlo de la cima.

AñoResultadoOponente
1894VictoriaWilhelm Steinitz
1896VictoriaWilhelm Steinitz
1907VictoriaFrank Marshall
1908VictoriaSiegbert Tarrasch
1910VictoriaCarl Schlechter
1910VictoriaDavid Janowsky
1921DerrotaJosé Raúl Capablanca

El récord de 27 años

Emanuel Lasker posee el récord que nadie ha batido: 27 años como campeón del mundo. Lasker, un jugador muy práctico, fue el campeón del mundo que más tiempo mantuvo la corona en la historia del ajedrez.

Su reinado se extendió desde 1894 hasta 1921. El rejuvenecimiento constante de la actual élite del ajedrez lleva a pensar que la marca de Lasker tiene visos de durar mucho.

Lasker fue el gran pragmático: le importaba menos la jugada objetivamente mejor que la jugada más desagradable para ese rival concreto, y defendía posiciones inferiores con una tenacidad que quebraba a la gente.

Su victoria sobre Steinitz inauguró una sucesión histórica que continuaría con José Raúl Capablanca, Alexander Alekhine, Max Euwe y, posteriormente, con los campeones de la era soviética y moderna.

Lasker frente a Capablanca

Lasker no fue derrotado hasta 1921 por Capablanca. El cubano derrotó a Lasker 4-0 en 1921 y se convirtió en el nuevo campeón del mundo.

Capablanca fue un prodigio del ajedrez y uno de los mejores jugadores de finales de la historia. Entre 1916 y 1924, Capablanca puntuó +40 =23 -0 en partidas de torneo, un tiempo récord sin perder ninguna partida.

El reinado de Lasker terminó en La Habana, pero su carrera competitiva no concluyó con la pérdida del título. Aun así siguió jugando y ganando torneos al máximo nivel.

La actividad de Lasker después de perder el título

En 1924 ganó el torneo de Nueva York, por delante del nuevo campeón del mundo y, todavía en 1936, con 68 años, realizó una gran actuación en el torneo de Nottingham.

En Nottingham consiguió tablas con Capablanca y Botvinnik, futuro campeón, y derrotó a otro genio, Reuben Fine. A sus 67 años Lasker realizó obras maestras como esta.

Su longevidad competitiva mostró que el final de su reinado no significó el final de su fuerza ajedrecística. Lasker continuó siendo capaz de competir contra jugadores pertenecientes a generaciones mucho más jóvenes.

Los últimos años

En aquellos años finales tuvo que marcharse de Alemania, huyendo del antisemitismo de Hitler. Acabaría instalándose en Nueva York, con muy poco dinero por las dificultades de la emigración.

Allí, el 11 de enero de 1941, recibía la visita de Fine, el mismo al que había derrotado en Nottingham pero a quien le unía una buena amistad. Horas más tarde moriría.

Las últimas palabras que su mujer, Martha, le escuchó decir fueron: «Rey del ajedrez».

La importancia histórica de Emanuel Lasker

Lasker ocupa un lugar insustituible en el Olimpo de los grandes ajedrecistas de la historia. Emanuel II, como lo llama Kaspárov por haber sido el segundo en detentar el máximo título mundial desde que éste se oficializó, sigue detentando a día de hoy el récord como campeón del mundo con un reinado más largo.

La primera era del campeonato mundial puede resumirse a través de las aportaciones de sus protagonistas: Steinitz dio la teoría, Lasker la lucha, Capablanca la técnica y Alekhine la ética de trabajo.

La influencia de Lasker se reconoce especialmente en la idea de que el ajedrez no se juega únicamente contra una posición abstracta, sino contra una persona concreta. Su método combinaba principios posicionales, preparación práctica, resistencia defensiva y adaptación psicológica.

Por eso su legado no se limita al récord de 27 años. Lasker transformó la forma de entender la competición de élite y mostró que la fuerza de un campeón también depende de su capacidad para comprender al rival, crear problemas difíciles y luchar hasta el límite de cada posición.

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