Boleta de las colas de 1968: significado e historia en el contexto de Tlatelolco

La boleta de las colas de 1968 se relaciona con la memoria visual y política del Movimiento Estudiantil de 1968 en México, un movimiento que exigió libertad política, democracia, respeto a la Constitución, diálogo público y el fin de la represión gubernamental. Su significado se entiende dentro de una época marcada por las marchas, las pintas, las pancartas y otros símbolos con los que estudiantes y sectores populares expresaron sus demandas.

El movimiento estudiantil terminó marcado por la masacre del 2 de octubre en la Plaza de las Tres Culturas de Tlatelolco, pero también dejó una amplia cultura gráfica de protesta. Las consignas, los carteles y las imágenes creadas durante aquellas movilizaciones ayudaron a conservar la memoria de la represión y de la lucha por una sociedad más libre y democrática.

Qué significa la boleta de las colas de 1968

En 1968, los estudiantes utilizaron distintos recursos gráficos para comunicar sus exigencias en el espacio público. Las consignas y frases de protesta podían leerse en carteles, muros, instalaciones escolares y pancartas durante las manifestaciones.

La boleta de las colas de 1968 puede interpretarse dentro de ese conjunto de expresiones como un testimonio de la cultura política y visual del movimiento. Su importancia no depende únicamente del objeto material, sino de la memoria histórica que concentra: la movilización estudiantil, la crítica al autoritarismo, la denuncia de la violencia estatal y la exigencia de justicia.

El movimiento estudiantil de 1968 ha sido un parteaguas en la historia de México. Es uno de los movimientos sociales, políticos y culturales más importantes de los últimos 55 años.

Marcó el inicio del fin del Estado autoritario de partido único, represivo y antipopular. Al mismo tiempo, fue el punto de partida de la democratización del país, de la conquista de las libertades políticas y del reconocimiento de los derechos sociales.

El contexto histórico de 1968

En 1968 se desarrolló un importante movimiento estudiantil en México, en el que miles de jóvenes estudiantes de bachillerato y escuelas superiores, a los que se sumaron maestros y grupos populares, se manifestaron en las calles para expresar sus demandas de libertad política y democracia.

Ese movimiento popular surgió como una protesta ante la represión policiaca. Al exigir justicia y ejercer las libertades políticas garantizadas por la Constitución, se enfrentó a un sistema político autoritario y represivo, incapaz de entender y canalizar esas demandas.

El gobierno, encabezado por el presidente Gustavo Díaz Ordaz, pretendió ver en el desafío estudiantil una conjura comunista y reprimió brutalmente la protesta con una de las mayores masacres perpetradas por el Estado mexicano en las últimas décadas.

Aunque estaba integrado en su mayoría por jóvenes, a la causa se habían sumado también otros sectores de la población que antes ya se habían organizado para sus propias demandas, por lo que el movimiento adquirió gran fuerza y relevancia social.

Antecedentes: protestas obreras, campesinas y estudiantiles

Desde los años 50 y en la siguiente década, en el país se registró una serie de movimiento de médicos, ferrocarrileros, electricistas, campesinos y estudiantes. En todos los casos, las protestas fueron disueltas por policías y militares.

Las movilizaciones estudiantiles de 1968 fueron consecuencia de ese largo proceso. “El movimiento de 68 no se comprendería si no se considera que en esa época existía un régimen autoritario y represivo”.

Sobre todo en los años 60 hubo una sucesión de intervenciones militares en las universidades, que fue creando un ambiente de descontento y de malestar entre la juventud.

En 1942 un primer movimiento estudiantil que buscó detener las reformas que vulneraban y ponían en riesgo de supresión el Instituto Politécnico Nacional (IPN) terminó en una fuerte represión y desprestigio.

Sin embargo, en los años 1949, 1952 y 1956, se registraron nuevos movimientos de continuidad a la protección de los derechos estudiantiles. En el último año, el gobierno decidió encarcelar a los líderes estudiantiles bajo acusaciones de agitación y disolución social.

Ese 1956, por ejemplo, los estudiantes del IPN protagonizaron una huelga que terminó con la ocupación militar de sus instalaciones. La vigilancia de los soldados permaneció durante un año.

Para 1958, las protestas se extendieron a los sindicatos obreros, electricistas, de maestros, petroleros, campesinos, etcétera. Durante el sexenio del presidente Adolfo López Mateos (1958-1964) el estallido social alcanzó las zonas agrícolas del país.

Ante ello, el estado no dudó en implementar la represión policial como medio de canalizar las fuerzas políticas opositaras al gobierno que provenían, principalmente, de sectores de la izquierda.

El primer combate encarnizado en la capital mexicana sucedió en 1958 con la represión del movimiento magisterial que había ocupado el Zócalo de la Ciudad de México.

Posteriormente, al estallido popular se unieron los trabajadores de Ferrocarriles de México, quienes demandaban mejoras salariales y democratización del sindicato. Finalmente, el líder de los ferrocarrileros, César Vallejo, fue detenido y encarcelado en el Palacio de Lecumberri.

Otro caso fue la huelga de 1963 en la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, también disuelta por el Ejército.

Dos años más tarde, hubo una serie de paros y marchas de médicos y enfermeras en demanda de mejor salario. A las protestas se sumaron también estudiantes de la carrera de medicina.

Esos acontecimientos estaban muy presentes en el ánimo de los estudiantes en 1968. “Antes de nosotros hubo otros mexicanos que habían reclamado más o menos lo mismo: cumplimiento de la ley, respeto a los derechos y la Constitución”.

La influencia internacional y la nueva cultura de protesta

La década de 1960 marcó el inicio de una transformación de los paradigmas sociales, estos cambios los encabezaban las generaciones jóvenes, sobre todo, de universitarios.

1968 trajo consigo grandes movimientos sociales en distintas partes del mundo. Entre los nuevas luchas se encontraba la revolución sexual, el feminismo, la liberación de las minorías sexuales y el ecologismo.

En los jóvenes aún estaba presente el espíritu del Festival de Woodstock en Estados Unidos, existía una gran presencia estudiantil crítica en todos los sectores de la sociedad y emergía un movimiento comunista en Europa crítico e independiente de la Unión Soviética.

Ese año en Europa ocurrió una serie de protestas estudiantiles, sobre todo en Francia. Un elemento que influyó en México, pero su impacto fue menor a lo que sucedía en Estados Unidos.

En ese país había una intensa oleada de protestas contra la guerra en Vietnam, la lucha por los derechos civiles de algunas minorías así como un creciente proceso de liberalización sexual y feminismo.

“Coincidieron muchos factores”. “A través de la televisión sabíamos lo que ocurría en Estados Unidos y con los jóvenes de Francia”.

“Los estudiantes de México vivíamos en un mar de estímulos que jugaron un papel decisivo para explicar la revuelta estudiantil”.

“Los estudiantes del 68 en México se unieron a un reclamo internacional frente al orden existente en aquel tiempo”. “En el caso nuestro era un orden muy autoritario, que no respetaba las movilizaciones de reclamo social”.

El inicio del movimiento estudiantil

El movimiento estudiantil detonó por un enfrentamiento entre estudiantes de la Vocacional 5 del Instituto Politécnico Nacional y de la preparatoria Isaac Ochoterena en la Ciudadela, el 22 de julio de 1968, que fue reprimido por los granaderos.

El cuerpo de granaderos, que se caracterizó por el uso excesivo de la fuerza, irrumpió en las vocacionales 2 y 5, donde dejaron lesionados a académicos y estudiantes, por lo que tres días después estalló una huelga en la UNAM.

La historia que derivó en una masacre empezó con una pelea de estudiantes en el centro de Ciudad de México. El grupo antimotines de la policía capitalina, conocido como Cuerpo de Granaderos, intervino para calmar la riña.

Pero lo hizo de manera brutal. Golpeó a decenas de estudiantes y testigos de la pelea. Persiguió a los jóvenes hasta las escuelas donde buscaron refugio y también allí agredió a alumnos y profesores que impartían clase.

Era el 23 de julio de 1968. En esa época la policía mexicana tenía fama de cometer abusos, pero la agresión a los estudiantes fue excesiva.

Cuatro días después, estudiantes de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y del Instituto Politécnico Nacional (IPN) organizaron una marcha contra la violencia policial.

Pero la caminata, a la que se sumaron miembros del Partido Comunista Mexicano, fue reprimida por los granaderos. A partir de ese momento empezó un movimiento estudiantil que en pocas semanas creció rápidamente.

El 26 de julio, al confluir dos manifestaciones, una de protesta estudiantil por la represión y otra conmemorando la Revolución Cubana, se dio el primer enfrentamiento con las fuerzas del orden en el centro de la ciudad de México.

En los siguientes días, el movimiento estudiantil escaló. Las escuelas universitarias y politécnicas se fueron a paro en protesta por la represión.

Las autoridades reportaron autobuses quemados y el estallido de artefactos explosivos. Decenas de jóvenes fueron detenidos y en el Zócalo, la plaza central del país, se desplegaron tanquetas y decenas de militares.

La intervención del Ejército y la creación del CNH

El 29 de julio, los estudiantes realizaron un mitin en el Zócalo. Al ser desalojados, se enfrentaron a la policía.

Muchos se refugiaron en las preparatorias de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) en el centro. En la madrugada del 30, el ejército intervino.

Destruyó la puerta de la Prepa 1 y tomó las preparatorias 2, 3 y 5 de la UNAM y la Vocacional 5 del Politécnico.

El 30 de julio, el Ejército dio un golpe de nuevo cuando derribó con una bazuca la puerta de la preparatoria número 1 de la UNAM, con sede en el Antiguo Colegio de San Ildefonso.

En dicha coyuntura se dan los primeros enfrentamientos del año entre estudiantes y el cuerpo de granaderos de la Ciudad de México.

El 22 y 23 de julio un conflicto entre las vocacionales 2 y 5 contra la preparatoria Isaac Ochoterena terminó en la detención de estudiantes y la entrada de policías a las escuelas del IPN.

Como consecuencia, del 26 al 29 de julio varias escuelas de nivel medio superior y superior comenzaron un paro de labores, lo cual fue respondido con una violenta reprimenda gubernamental.

El 26 de julio distintas facciones estudiantiles realizaron una marcha en apoyo a los estudiantes de la vocacional 5. A dicha marcha se le denominó «Marcha Juvenil por el 26 de Julio».

Cuando los contingentes se encontraron para ingresar al Zócalo, fueron violentamente atacados por el cuerpo de granaderos. El saldo fue de 500 heridos y decenas de detenidos.

Asimismo se aprehendieron a varios miembros del Partido Comunista Mexicano, pese a no existir acusaciones formales, y el 30 de julio el gobierno atacó las escuelas preparatorias 1 y 3 de la UNAM.

El Ejército ocupó las instalaciones de la UNAM y el IPN, pero no logró contener el movimiento agrupado en el Consejo Nacional de Huelga (CNH).

El rector de la Universidad Nacional, Javier Barros Sierra, renunció en protesta por la invasión a la autonomía universitaria.

El rector de la UNAM, Javier Barros Sierra, tuvo una actitud ejemplar. Defendió con dignidad la autonomía universitaria; condenó la represión y promovió una solución negociada al conflicto.

El 1 de agosto, encabezó una gigantesca marcha de duelo por los estudiantes caídos y contra la violación a la autonomía universitaria.

Ante la situación, el rector de la UNAM, Javier Barros Sierra, condenó los hechos el 1ro de agosto e izó la bandera mexicana a media hasta y exigió la liberación de los presos políticos.

Esa misma tarde encabezó una marcha en defensa de la autonomía universitaria bajo la consigna «¡Únete pueblo!».

Un día después, el movimiento estudiantil califica de farsa oficialista las acciones del rector, quien se negó a suscribirse al pliego petitorio.

Como consecuencia se constituye el Consejo Nacional de Huelga (CNH), que buscaba un representación de huelguistas activos y que no incluyera representación de instituciones vinculadas al gobierno.

En los primeros días de agosto, las escuelas universitarias y politécnicas en paro formaron el Consejo Nacional de Huelga (CNH), que sería la dirección del movimiento.

Formado por representantes electos en las asambleas de las escuelas, se convirtió en la voz oficial y en la dirección del movimiento.

Las demandas del movimiento

El 4 de agosto se dio a conocer el pliego petitorio que incluía: libertad a los presos políticos; derogación del delito de disolución social del artículo 145 del Código Penal, e indemnización para los familiares de los muertos y heridos.

Al inicio era la disolución del cuerpo de granaderos, eliminar de las leyes el delito de disolución social y castigo a los responsables de agredir estudiantes.

Luego el pliego petitorio incluyó la liberación de todos los presos políticos, y un diálogo público y abierto del Consejo Nacional con el gobierno federal.

En 1968, el autoritarismo y represión ejercidos por el gobierno desencadenaron una serie de marchas organizadas por estudiantes de universidades como la UNAM y el Politécnico, en las que se exigía, entre otras cosas, el respeto al reclamo y movilización social, la disolución del cuerpo de granaderos y el respeto a los derechos.

El movimiento estudiantil de 1968 tuvo como demandas centrales el cumplimiento de la Constitución, el fin de la represión gubernamental, el castigo a sus responsables, la indemnización a las familias de los muertos y heridos, la libertad a presos políticos y la exigencia de diálogo.

El crecimiento de la movilización

Las brigadas estudiantiles tomaron las calles; la movilización fue en aumento. El 13 de agosto se realizó una manifestación con más de 150 mil personas.

Los estudiantes demandaron diálogo público; el gobierno aceptó. Los estudiantes estaban ganando la batalla por la opinión pública, a pesar de tener a todo el aparato de Estado y a los medios de comunicación en contra.

A las primeras manifestaciones, en julio de ese año, acudieron cientos de jóvenes. Al paso de los meses aumentó el número de asistentes.

En la llamada Marcha del Silencio, el 13 de septiembre, participaron más de 150.000 personas. No todos eran estudiantes.

El movimiento logró el respaldo de sindicatos, grupos de vecinos y hasta amas de casa. Las protestas se extendieron por varias ciudades del país.

El 27 de agosto ocurrió la mayor manifestación, con más de 500 mil personas marchando de Chapultepec al Zócalo.

Un grupo de estudiantes se quedó en el Zócalo, donde izó una bandera de huelga. El 1 de septiembre, el presidente Díaz Ordaz señaló que detrás del movimiento estaban fuerzas no estudiantiles, y anunció que tomaría las medidas necesarias para regresar al orden.

El Senado lo respaldó. El 13 de septiembre, ante la falta de respuesta del gobierno al diálogo público y al pliego petitorio, el movimiento estudiantil decidió realizar una gran movilización silenciosa.

Asistieron 250 mil personas. El gobierno canceló toda negociación y decidió terminar por la fuerza y pronto con el desafío estudiantil.

La Marcha del Silencio y los símbolos de protesta

En estos movimientos de lucha y resistencia que marcan la historia del país, algo muy característico son las consignas o frases de protesta que se pueden leer en los carteles que se utilizaron en las diversas manifestaciones y el espacio público.

Los medios de comunicación fueron criticados por parte de los estudiantes y las organizaciones que se encontraban en lucha, pues aseguraban que estos se encontraban a favor del gobierno.

Entre las frases y pintas del movimiento se encontraban “Prensa vendida”, “Poli-Unam venceremos, revolución”, “Libertad, esto no es diálogo” y “No soy agitador, pero hay mucha corrupción”.

También se utilizaron consignas como “Mamá nos vemos en la procu” y “Prohibido prohibir”. Esta última proviene de la cadena de protestas estudiantiles que se llevaron a cabo en Francia, especialmente en París durante los meses de mayo y junio de 1968.

Una estudiante sostiene un cartel con un símbolo que marcó el movimiento estudiantil de 1968: la paloma de la paz.

Originalmente, fue diseñada por el estadounidense Lance Wyman para los Juegos Olímpicos en México, pero el movimiento se apropió de la imagen agregándole una bayoneta hiriendo a la paloma.

“D. Ordaz ¿Emulando a Hitler no?”. Esta pinta por parte de estudiantes emitía una fuerte crítica al gobierno del entonces presidente mexicano Gustavo Díaz Ordaz, a quien comparaban con Adolfo Hitler, dictador fascista de Alemania.

“La lucha nunca termina” se lee en las instalaciones del campus de Ciudad Universitaria, que estuvo en huelga.

“Lesbianas Oikabeth en la lucha” se puede leer en una pancarta donde un pequeño contingente de personas LGBT+ formó parte de la manifestación en conmemoración a 10 años de la Masacre de Tlatelolco.

Esta participación fue un precedente importante para las personas de la diversidad sexual.

Carteles y pintas del movimiento estudiantil de 1968

La ocupación militar de las universidades

El 18 de septiembre, el ejército ocupó la Ciudad Universitaria y 500 estudiantes fueron arrestados.

El 23 de septiembre el ejército tomó el Casco de Santo Tomás y la Vocacional 7 de Tlatelolco, venciendo la tenaz resistencia estudiantil.

Mientras tanto, en 1967 los estudiantes de Hermosillo, Sonora, se unieron a las protestas por la imposición de candidatos a la gubernatura del estado.

El movimiento tenía una fuerte influencia del Partido Acción Nacional, que históricamente fungía como oposición al gobierno priísta. El 17 de mayo 1967, José Hernández Toledo atacó la Universidad de Sonora en conjunto con el ejército.

Por otra parte, la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, se había convertido en bastión intelectual que apoyaba a los sectores más desfavorecidos.

Debido a la alza de precios del transporte público, la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo organizó una manifestación el 1 de octubre de 1966.

Como respuesta, el gobierno envió pistoleros para que robaran el aparato de sonido con el que se emitían las consignas. Durante el enfrentamiento falleció un estudiante y el gobierno envió al ejército para patrullar las calles.

Como protesta, el 4 de la octubre la universidad decidió empezar una huelga, la cual fue reprimida con la detención de decenas de estudiantes que permanecieron presos por más de tres años.

La cercanía de los Juegos Olímpicos

El gobierno federal buscaba a toda costa frenar las protestas, pues el 12 de octubre México se convertiría en la sede de los Juegos Olímpicos.

Ese 1968 México era sede de los Juegos de la XIX Olimpiada, programada para empezar el 12 de octubre de ese año.

Semanas antes del evento llegaron periodistas enviados por medios internacionales. Además sería la primera vez que los Juegos Olímpicos se transmitirían por satélite a todo el mundo.

Para ese momento, las protestas estudiantiles eran más intensas. Muchos periodistas empezaron a cubrir las movilizaciones. No era la imagen de país que pretendía enviar el gobierno de Díaz Ordaz.

Además, el presidente estaba convencido que los estudiantes formaban parte de una especie de conjura comunista en contra de los juegos.

La decisión fue enviar un mensaje contundente para terminar con la rebeldía de varios años. “Lo que se quería era destruir de un solo golpe el movimiento estudiantil para dar paso a las Olimpiadas”.

La represión tuvo lugar diez días antes de que empezaran, estaban obligados a sofocar las protestas, pero lo hicieron de una manera brutal.

Qué ocurrió el 2 de octubre de 1968

El movimiento sólo fue contenido hasta la tarde del 2 de octubre. Ese día se había convocado una nueva marcha de protesta que partiría de la Plaza de las Tres Culturas en Tlatelolco.

El 2 de octubre el mitin estudiantil en la Plaza de las Tres Culturas en Tlatelolco fue disuelto violentamente con un número indeterminado de muertos.

Aquel 2 de octubre, se congregaron en la Plaza de las Tres Culturas de Tlatelolco, en la Ciudad de México, miles de personas que simpatizaban con el movimiento estudiantil.

Sin embargo, hacia la tarde comenzó la violenta represión por parte del Estado, la cual continuó durante la noche y terminó con la vida de muchas de las personas que se encontraban en el mitin.

El 2 de octubre una nueva manifestación reunió cerca de 10 mil estudiantes en la Plaza de la Tres Culturas en Tlatelolco.

El ejército vigilaba de la Torres de la Secretaría de Relaciones Exteriores e hizo uso de dos helicópteros.

Por otra parte, miembros del grupo paramilitar Olimpia se infiltraron en la marcha y accedieron a los pisos altos del edificio Chihuahua.

El batallón vestía ropa civil, pero portaban un guante blanco en la mano izquierda para diferenciarse de los ciudadanos.

Cerca de las 18:00 horas, se vieron bengalas en el cielo, mismas que se arrojaron desde los helicópteros.

En ese momento, los paramilitares ya se ubicaban en los edificios 2 de Abril, 15 de Septiembre, I.S.S.S.T.E. 11, Revolución de 1910 y la Iglesia de Santiago.

Con la señal, el batallón abrió fuego contra estudiantes y militares, a fin de generar confusión. Inmediatamente el ejército comenzó a disparar contra la multitud.

Cuando los estudiantes anunciaban que se cancelaba la caminata para evitar violencia, inició una balacera contra la multitud.

Cincuenta años después, aún no está claro dónde empezaron los disparos. Tampoco se sabe realmente cuántas personas murieron o fueron heridas.

Plaza de las Tres Culturas durante 1968

La masacre de Tlatelolco

Horas después la plaza yacía llena de cadáveres y heridos. Aunque muchos de los estudiantes se ocultaron en los departamento de la Unidad Habitacional Tlatelolco, el ejército irrumpió en las casas sin órdenes de aprensión.

A los manifestantes capturados se les golpeó y fueron obligados a quitarse la ropa. Cifras oficiales hablan de 3,000 detenidos, entre ellos importantes líderes del Movimiento Estudiantil de 1968.

El ejército permaneció en el lugar hasta el 9 de octubre. Hasta la actualidad se desconoce el verdadero número de muertos y heridos.

El gobierno mexicano declaró entonces que la cifra había sido de tan sólo 20 muertos, pero las asociaciones civiles estiman de 200 a 1,500.

La masacre de Tlatelolco, donde integrantes del Batallón Olimpia, grupo paramilitar creado para la seguridad de los Juegos Olímpico disparo hacia cientos de estudiantes, dejó 20 muertos, según cifras oficiales.

Sin embargo, se habla de más de 300 muertos y cerca de 2 mil detenidos.

Algunas de estas víctimas han podido ser identificadas, sin embargo, el vedo informativo frente a este hecho ha imposibilitado un conteo real de los fallecidos, así como su identificación.

Algunos testigos afirman haber visto grúas recogiendo cuerpos de forma masiva.

Los líderes fueron apresados, llevados al Campo Militar Número 1 y recluidos en la penitenciaría de Lecumberri.

Tlatelolco como lugar de memoria

El concepto “lugar de memoria” fue acuñado en la década de 1980 por el historiador francés Pierre Nora, en el libro Les Lieux de mémoire, dividido originalmente en siete volúmenes, que aparecieron por primera vez entre 1984 y 1992.

En el primer capítulo del volumen 1, Nora define al lugar de memoria como aquél donde “se cristaliza y se refugia la memoria”; son aquellos lugares donde se ancla, se condensa y se expresa el capital agotado de la memoria colectiva.

Un lugar de memoria siempre debería incluir los tres sentidos de la palabra otorgados por Nora: material, simbólico y funcional.

Si bien cada uno de ellos tendrá siempre grados diferentes, los tres deben estar siempre presentes.

Por otra parte, lo que convierte a los lugares en lugares de memoria es un juego de la memoria y la historia, una interacción de ambos factores que permite su sobredeterminación recíproca.

Para empezar es necesario que exista la voluntad de memoria: si ésta falta, los lugares de memoria serán lugares de historia.

Si el movimiento estudiantil de 1968 se ha convertido en uno de los principales acontecimientos históricos recordados por distintos sectores de la sociedad mexicana, luego de la Independencia y la Revolución, Tlatelolco se ha transformado en el epicentro de los recuerdos.

Tlatelolco, el Zócalo de la Ciudad de México, Pedro Páramo de Juan Rulfo, la Virgen de Guadalupe, la frontera con Estados Unidos, el tequila, las chinampas de Xochimilco, el Ángel de la Independencia, el Castillo de Chapultepec, serían con seguridad algunos de los lugares seleccionados para entender cómo funciona la memoria nacional en México.

La Plaza de las Tres Culturas

En la arqueología mexicana es reconocido el papel que jugó Tlatelolco en la historia prehispánica, el cual continuó tanto en la época colonial como en el periodo independiente, y que puede observarse aún hoy en la composición arquitectónica del lugar.

La década de 1960 le confirió un lugar privilegiado: se construyeron tanto el mayor proyecto habitacional de la administración pública mexicana (el Conjunto Habitacional Nonoalco-Tlatelolco), como la sede de la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE).

Conviene aclarar que Tlatelolco hace referencia a dos cuestiones. Por un lado, es el barrio prehispánico; por el otro, es el Conjunto Habitacional Nonoalco-Tlatelolco.

La Plaza de las Tres Culturas es el espacio central del segundo: ahí donde conviven la Iglesia de Santiago Tlatelolco al sur, el Edificio Chihuahua al oriente, el Edificio 15 de Septiembre al norte, la zona arqueológica al poniente y, atrás de la Iglesia, la antigua sede de la Secretaria de Relaciones Exteriores.

A finales de la década de 1960, la Unidad Habitacional fue uno de los bastiones más importantes del movimiento estudiantil, tras las universidades y centros educativos; además, la Plaza de las Tres Culturas fue también el escenario de la mayor represión militar en contra de la manifestación pacífica organizada por los estudiantes el 2 de octubre.

Si la Plaza de las Tres Culturas tiene su historia en tanto sitio histórico, también lo tiene como lugar de memoria.

El mensaje original de la Plaza de las Tres Culturas, modernidad y tradición, ha sido prácticamente borrado por la masacre del 2 de octubre y por el terremoto de 1985.

Este sitio simboliza actualmente esas dos tragedias ligadas inevitablemente al régimen político del PRI.

En síntesis, Tlatelolco significa dos fechas históricas: 2 de octubre de 1968 y 19 de septiembre de 1985, dos tragedias, dos heridas en la sociedad de la Ciudad de México.

Cabe señalar que las memorias de 1985 ahora se han ligado a las del sismo de 2017 que, por una coincidencia trágica, ocurrió también un 19 de septiembre.

La memoria de la represión

De Alba descubrió que las emociones expresadas frente a una foto de la Plaza son la tristeza, indignación y enojo contra un gobierno autoritario y rígido, que prefirió la represión al diálogo.

Enfáticamente asegura que el resto de las significaciones dadas a ese sitio ocupan un lugar menor en comparación con esos dos acontecimientos recientes.

Si otras cuestiones ligadas con el movimiento estudiantil pueden ser relativamente nebulosas para la ciudadanía, la masacre del 2 de octubre y Tlatelolco tienen sentidos diáfanos.

El 2 de octubre de 2008, el periódico Reforma publicó una encuesta sobre el 68, intitulada “Persisten heridas”.

En síntesis, se señalaba que 7 de cada 10 encuestados consideraban que la masacre de Tlatelolco seguía siendo una herida abierta, aunque 58% no tenía claro qué se conmemoraba el 2 de octubre y sólo 5% conocía el nombre de algún dirigente de la época.

En cualquier caso, lo cierto es que esta representación ligada a la tragedia no parece ser exclusiva del imaginario de los entrevistados por Martha de Alba.

Para los habitantes de la Ciudad de México, Tlatelolco también evoca la masacre por parte del ejército de estudiantes que se manifestaban, justo antes de los Juegos Olímpicos de 1968.

El número de víctimas no oficial se elevaría a varias centenas. Un monumento simple, sobre el costado norte del templo, recuerda la tragedia.

Esta explanada posee un valor simbólico porque presenta en el mismo lugar las tres grandes culturas de México: azteca, colonial y moderna.

Para muchos otros la plaza simboliza ahora la represión del régimen autoritario en la época del PRI: fue en efecto en esta plaza donde tuvo lugar la “masacre de Tlatelolco”, cuando en 1968, en la época de las grandes revueltas estudiantiles, una gran manifestación acabó en carnicería.

La Estela de Tlatelolco

A principios de 2018, el paseante podía observar diversos murales alusivos a la masacre y al 68 en los costados del Edificio Chihuahua.

Además, se encuentra la “Estela de Tlatelolco”, una piedra tallada con el nombre de los muertos conocidos del 2 de octubre.

La Estela tiene una historia. Como parte de la denuncia por el 2 de octubre, antiguos líderes del CNH comenzaron a planear un monumento en homenaje a los estudiantes y ciudadanos que perdieron la vida en Tlatelolco.

La idea surgió como parte de las conmemoraciones de 1988. Entonces se conformó un comité para homenajear a los caídos.

Compuesto por Heberto Castillo, Cuauhtémoc Cárdenas, Rosario Ibarra de Piedra, Roberto Escudero, Raúl Álvarez Garín, Luis González de Alba, David Huerta y otras personalidades, el comité convocó a un concurso internacional para erigir un monumento que dejara testimonio de las personas asesinadas en Tlatelolco.

El concurso fue ganado por el proyecto de Carlos Finck, Lourdes Grobet, Víctor Muñoz, Sergio Palleroni y Carlos Santamaría.

El proyecto original se llamaba “La Grieta”, y sería una grieta sobre un cuadrángulo de 29 por 29 metros, ubicado en medio de la Plaza de las Tres Culturas.

La grieta, a la que se descendería por una rampa, tendría en sus muros los nombres de los caídos el 2 de octubre.

Su eje estaría orientado de tal modo que exactamente cada 2 de octubre, pasadas las 17 horas -justo cuando en el 68 se inició el mitin estudiantil- el sol la alumbre completamente y ponga en relieve los nombres ahí inscritos.

Sin embargo, el proyecto era incosteable. Su elevado precio y la inexistencia aún de apoyo gubernamental unánime a la relevancia del movimiento en el ámbito público, condujeron al cambio de proyecto.

Por ello, luego de cuatro años, en 1992, ante la imposibilidad de juntar los recursos para la construcción de “La Grieta”, Álvarez Garín propuso la construcción de una placa de bronce.

El proyecto fue redactado en julio de 1993, eligiendo una placa de 240 cm x 120 cm que se anexaría a la iglesia de Santiago Tlatelolco y costaría 27 millones de pesos.

Se consultó con el escultor Salvador Pizarro la posibilidad de hacer la placa en piedra, quien determinó que tendría que ser una estela independiente de cualquier muro y que el costo de realización sería mayor que la placa de bronce.

El 11 de agosto se acordó que Pizarro fuera el ejecutor de la estela en piedra. Una vez tomada la decisión, el proyecto fue llevado ante el Instituto de Antropología e Historia, pues debía dar su aprobación al tratarse de una zona patrimonial.

El final del movimiento estudiantil

El movimiento estudiantil fue perdiendo fuerza. Las movilizaciones y asambleas fueron disminuyendo.

El 2 de octubre de 1968 fue el final del movimiento estudiantil. El 21 de noviembre, el CNH decidió levantar la huelga.

La matanza del 2 de octubre, una de las represiones más brutales, descarnadas y cínicas ejercidas por el Estado mexicano, es una herida abierta en la historia de México.

Al igual que la represión del 10 de junio de 1971, fue un crimen de Estado cuyos autores, materiales e intelectuales, nunca fueron castigados. Prevaleció la impunidad.

El 2 de octubre no se olvida. Pero además de mantener la memoria, exigir justicia y la reparación del daño, el movimiento estudiantil de 1968 debe recordarse como una explosión de energía, creatividad y compromiso de miles de jóvenes, hombres y mujeres, para crear una sociedad más libre y democrática.

Las mujeres han estado prácticamente ausentes en todas esas historias. Ha sido en años recientes cuando la voz de algunas de ellas ha comenzado a hacerse oír.

A través de ellas conocemos la otra parte de esta historia, la de las mujeres que estuvieron ahí, en el CNH, que fueron parte fundamental de esa experiencia, que contribuyeron a través de múltiples formas de participación a que el movimiento alcanzara esa dimensión.

Es, además de un homenaje a estas mujeres luchadoras, un acto de justicia, el de darles voz, rostro y nombre a todas ellas, hasta ahora, casi invisibles en esa gran gesta fundacional del México de hoy.

MOVIMIENTO ESTUDIANTIL DE 1968 - HISTORIA

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