La salud de la población mundial ha mejorado de manera notable durante las últimas décadas gracias a la vacunación, los antibióticos, la prevención, la ampliación de los servicios esenciales y el desarrollo de tratamientos más eficaces. Desde el cambio de siglo, las tasas de mortalidad infantil se han reducido a la mitad, las de mortalidad materna a un tercio y la esperanza de vida mundial al nacer ha aumentado de 67 años en 2000 a 73,3 años en 2024.
Sin embargo, el progreso es desigual, se ha desacelerado y en algunas zonas ha retrocedido. El informe sobre estadísticas mundiales de salud de 2026 señala que el mundo sigue sin estar en camino de alcanzar en 2030 los Objetivos de Desarrollo Sostenible relacionados con la salud, debido a las brechas de acceso, la crisis de financiación, los riesgos ambientales, las enfermedades no transmisibles, la falta de datos y las consecuencias todavía incompletas de la pandemia de COVID-19.
Principales avances en la salud mundial
Desde la fundación de la Organización Mundial de la Salud (OMS) en 1948, el mundo ha experimentado innumerables problemas de salud pública que amenazan nuestra salud y bienestar. Pero también se han superado numerosos obstáculos y se han logrado avances notables en la ciencia médica, la atención sanitaria y la salud general de la población.
Como resultado de estos logros, la esperanza de vida mundial al nacer ha aumentado de 67 años en 2000 a 73,3 años en 2024. Estos resultados positivos se atribuyen a varios factores, como un mayor acceso a los servicios sanitarios básicos y una menor exposición a riesgos para la salud como el tabaquismo, el consumo de alcohol y la desnutrición infantil.
En los últimos años se han logrado grandes avances en la mejora de la salud de las personas. 146 de 200 países o regiones ya han cumplido o están en camino de alcanzar la meta de los ODS sobre mortalidad en menores de 5 años. El tratamiento eficaz contra el VIH ha reducido las muertes relacionadas con el sida en un 52 % desde 2010 y se ha eliminado al menos una enfermedad tropical desatendida en 47 países.
Las nuevas infecciones por el VIH disminuyeron un 40 % entre 2010 y 2024; el consumo de tabaco y de alcohol ha descendido desde 2010; y el número de personas que precisan intervenciones por enfermedades tropicales desatendidas disminuyó un 36 % entre 2010 y 2024.
La inmunización como uno de los mayores logros sanitarios
La inmunización constituye uno de los mayores logros médicos de la historia moderna. Desde la implementación del Programa Ampliado de Inmunización en 1974, las vacunas han contribuido a salvar al menos 154 millones de vidas, lo que equivale a seis vidas por minuto durante los últimos 50 años.
Este impacto ha sido especialmente significativo en la reducción de la mortalidad infantil, con mejoras sustanciales en la supervivencia durante el primer año de vida. Se estima que los programas de vacunación evitan entre dos y tres millones de muertes cada año a nivel mundial.
Desde el punto de vista biológico, las inoculaciones actúan estimulando el sistema inmunitario para generar memoria inmunológica frente a patógenos específicos, reduciendo la incidencia de enfermedades infecciosas, sus complicaciones y la mortalidad asociada.
Esta estrategia ha permitido controlar o erradicar patologías como la viruela y disminuir drásticamente otras como la poliomielitis, el sarampión o la difteria, además de prevenir patologías no transmisibles asociadas a infecciones como el cáncer cervicouterino por virus del papiloma humano.

La erradicación de la viruela y el retroceso de la poliomielitis
Tras una ambiciosa campaña mundial de inmunización de 12 años de duración, se erradica la viruela. En 1988, varios países de todo el mundo hacen un llamamiento a erradicar la poliomielitis en la Asamblea Mundial de la Salud, en un momento en que la enfermedad paraliza a más de 350 000 niños al año en más de 125 países endémicos.
Se pone en marcha la Iniciativa de Erradicación Mundial de la Poliomielitis. Desde entonces, la incidencia de esta enfermedad se ha reducido en más de un 99% y solo quedan dos países en los que los poliovirus salvajes siguen siendo endémicos.
Gracias a ello se han evitado 20 millones de casos de poliomielitis y más de 1,5 millones de defunciones infantiles. Jonas Salk desarrolla la vacuna antipoliomielítica inyectable de virus inactivados y allana el camino para las campañas masivas mundiales emprendidas por los países, la OMS y otros asociados.
Albert Sabin desarrolla la vacuna antipoliomielítica oral con virus vivos atenuados y prepara el terreno para que los países, la OMS y otros asociados lleven a cabo campañas mundiales masivas que han erradicado prácticamente la enfermedad.
La Semana Mundial de la Inmunización
Entre el 24 y el 30 de abril se celebra la Semana Mundial de la Inmunización, una iniciativa impulsada por la Organización Mundial de la Salud (OMS) desde 2012 con el objetivo de promover la vacunación a lo largo del curso de vida y reforzar su rol como pilar de la salud pública global.
La campaña busca sensibilizar tanto a la población como a los sistemas sanitarios sobre la necesidad de mantener y ampliar las coberturas frente a enfermedades prevenibles. La transición desde campañas focalizadas hacia esquemas integrales a lo largo del ciclo vital refleja un cambio en el paradigma de la salud pública, donde la inmunización se concibe como un derecho y una herramienta esencial para la equidad sanitaria.
Sin embargo, este progreso enfrenta desafíos relevantes. Según datos recientes, cerca de 20 millones de niños no recibieron al menos una dosis de vacunas básicas en 2024, incluyendo aproximadamente 14,3 millones de ‘zero-dose children’ que no han recibido ninguna inmunización, lo que mantiene el riesgo de brotes de enfermedades prevenibles.
La disminución de las coberturas, sumada a factores como la desinformación, las brechas de acceso y las interrupciones derivadas de la pandemia de COVID-19, ha generado retrocesos en indicadores que se consideraban controlados en varias regiones.
La cobertura de cuatro vacunas infantiles, difteria, tétanos, tosferina y sarampión todavía está por bajo del objetivo mundial del 90%. Particularmente para la segunda dosis de la vacuna contra el sarampión, lo que impulsa los brotes.
Actualmente, el desafío no radica únicamente en el desarrollo de nuevas vacunas, sino en garantizar su acceso oportuno y equitativo. Esto implica fortalecer los sistemas de salud, mejorar la confianza pública y abordar activamente la reticencia vacunal, un fenómeno reconocido por la OMS como una de las principales amenazas para la salud global.
En el marco de esta conmemoración, el mensaje es claro: las vacunas funcionan. No obstante, su efectividad depende de la cobertura. En un escenario global interconectado, mantener altas tasas de inmunización no solo protege a las personas, sino también a las comunidades, reafirmando el principio de inmunidad colectiva como una barrera clave frente a futuras amenazas sanitarias.
Reducción de la mortalidad infantil y materna
En los últimos 25 años, la mortalidad infantil se ha reducido en más de la mitad, y pasó de 93 a 38 muertes por cada 1000 nacidos vivos entre 1990 y 2021. En 2006, el número de niños que fallecen antes de cumplir los cinco años cae por debajo de los 10 millones por primera vez en la historia reciente.
Sin embargo, se estima que en 2021 murieron cinco millones de niños antes de cumplir los cinco años, la mayoría por enfermedades fácilmente prevenibles o tratables mediante intervenciones costoeficaces de reconocida eficacia.
La OMS y el UNICEF pusieron en marcha en 1995 la Estrategia de Atención Integral de las Enfermedades Prevalentes en la Infancia (AIEPI) con el fin de promover la salud y prestar servicios preventivos y curativos a los niños menores de cinco años en países donde se registran más de 40 muertes por cada 1000 nacidos vivos.
En 2016, la estrategia se aplicaba en más de 100 países, lo que contribuyó a reducir la mortalidad infantil mundial en un 15%, según las estimaciones.
Aunque la mortalidad materna mundial ha descendido un 40 % desde 2000, sigue siendo casi tres veces superior a la meta prevista para 2030. La mortalidad de niños menores de cinco años ha disminuido un 51 %, pero muchos países no están avanzando lo suficiente.
Las muertes maternas e infantiles no están disminuyendo lo suficientemente rápido como para alcanzar las metas mundiales. Los avances se han estancado, hecho que pone en peligro millones de vidas.
Si no se corrige urgentemente el rumbo para cumplir los metas de 2030, el mundo corre el riesgo de perder la oportunidad de evitar un incremento de 700 000 muertes maternas y 8 millones de muertes de menores en 5 años entre 2024 y 2030.
Agua, saneamiento, higiene y soluciones limpias para cocinar
El acceso a servicios que configuran los efectos en la salud se amplió rápidamente entre 2015 y 2024. Durante ese periodo, 961 millones de personas lograron tener acceso a agua potable gestionada de forma segura, 1200 millones a saneamiento, 1600 millones a condiciones básicas de higiene y 1400 millones a soluciones limpias para cocinar.
La mejora del saneamiento también ha respaldado las mejoras en esta cobertura. Sin embargo, las instalaciones de agua, saneamiento e higiene inadecuadas contribuyeron a 1,4 millones de muertes en 2019.
En 1978, la OMS pone en marcha un programa de control de las enfermedades diarreicas, en el que las sales de rehidratación oral son un componente fundamental.
En 2019, el número de defunciones anuales de niños menores de cinco años causadas por estas enfermedades se había reducido a 365 000 muertes evitables, frente a los 4,6 millones que se calcula que se produjeron en 1980, a pesar del aumento del 70% de la población mundial entre ambas fechas.
Aunque son varios los factores que explican esta reducción, se calcula que, gracias solamente a la terapia de rehidratación oral, en 2007 se habían evitado 54 millones de defunciones. Además, con este tratamiento se ayudó a reducir las consecuencias nutricionales de la diarrea.
Avances frente al VIH, la tuberculosis, la malaria y las enfermedades tropicales
El reporte publicado este miércoles reconoce que hay avances en los descensos globales a largo plazo para las enfermedades infecciosas. Entre ellas, destaca que entre 2010 y 2024 los nuevos casos por el virus de la inmunodeficiencia humana disminuyeron un 40%.
La tasa de incidencia de la tuberculosis ha bajado un 12 % desde 2015 y el número de personas que necesitaban intervenciones para enfermedades tropicales disminuyó un 36 % desde 2010.
Resulta alentador que la Región de África de la OMS haya logrado reducciones más rápidas que la media mundial en relación con el VIH (-70 %) y la tuberculosis (-28 %), y que la Región de Asia Sudoriental esté en camino de alcanzar su meta para 2025 de reducción del paludismo (o malaria).
Con todo, siguen existiendo dificultades importantes. Por ejemplo, la incidencia del paludismo aumentó un 8,5 % desde 2015, alejando al mundo aún más de las metas mundiales, mientras que los avances en general siguen presentando grandes disparidades de una región a otra.
La incidencia mundial de malaria ha aumentado un 8% desde 2015, alejándose aún más del objetivo de 2030. La pandemia del COVID-19 y las crisis actuales han impedido avanzar hacia el Objetivo 3, y las muertes por tuberculosis y malaria han aumentado en comparación con los niveles previos a la pandemia.
En 1983 se descubre el virus de la inmunodeficiencia humana, causante del síndrome de inmunodeficiencia adquirida (SIDA). En 1987 se autoriza el primer fármaco antirretrovírico para combatir la infección por VIH y evitar que se convierta en sida, lo cual da lugar a un cambio en las prioridades de la OMS.
En 2003, la OMS pone en marcha la iniciativa «3 millones para 2005» con el objetivo de ofrecer tratamientos a tres+ millones de personas con infección por el VIH para 2005, y sienta las bases para tratar con antirretrovíricos a 13 millones de personas infectadas por este virus en 2013.
En 2001 se establece el Fondo Mundial de Lucha contra el Sida, la Tuberculosis y la Malaria, una alianza y un mecanismo de financiación nuevos que acoge inicialmente la Organización.
La terapia de rehidratación y otros tratamientos esenciales
En la década de 1950, la OMS empezó a asesorar a los países sobre la producción de antibióticos y la ampliación del acceso a ellos y de su uso responsable. La gran era del descubrimiento de antibióticos arranca con el descubrimiento de la penicilina en 1928 y su primer uso clínico en 1941.
La innovación terapéutica se amplió posteriormente a tratamientos contra el VIH, medicamentos esenciales, intervenciones obstétricas, terapias de rehidratación y herramientas para tratar enfermedades tropicales desatendidas.
En 1977 se publica la primera lista de medicamentos esenciales, que incluye los fármacos que, como mínimo, los sistemas de salud deben adquirir para prestar servicios. Cada medicamento se selecciona en función de la evidencia disponible sobre su inocuidad, su eficacia y su costoeficacia.
La cobertura sanitaria universal: avances y límites
El acceso universal a la salud y la cobertura universal de salud implican que todas las personas y las comunidades tengan acceso, sin discriminación alguna, a servicios integrales de salud, adecuados, oportunos, de calidad, determinados a nivel nacional, de acuerdo con las necesidades, así como a medicamentos de calidad, seguros, eficaces y asequibles.
Al mismo tiempo, se asegura que el uso de esos servicios no expone a los usuarios a dificultades financieras, en particular los grupos en situación de vulnerabilidad. El acceso universal a la salud y la cobertura universal de salud requieren la definición e implementación de políticas y acciones con un enfoque multisectorial para abordar los determinantes sociales de la salud y fomentar el compromiso de toda la sociedad para promover la salud y el bienestar.
La cobertura universal se construye a partir del acceso universal, oportuno, y efectivo, a los servicios. Sin acceso universal, oportuno y efectivo, la cobertura universal se convierte en una meta inalcanzable. Ambos constituyen condiciones necesarias para lograr la salud y el bienestar.
El índice mundial de cobertura de los servicios de CUS aumentó muy poco, pasando de 68 a 71 entre 2015 y 2023. Una cuarta parte de la población mundial se enfrentó a dificultades financieras derivadas de los gastos de salud, y 1600 millones de personas vivían en la pobreza o se vieron empujadas a ella debido a los gastos directos en atención de salud en 2022.
El 'Informe de Seguimiento Mundial de la Cobertura Sanitaria Universal 2025' muestra que el índice de cobertura de servicios aumentó de 54 a 71 puntos porcentuales a nivel mundial. Mientras tanto, la proporción de personas que experimentan dificultades económicas disminuyó del 34 al 26 por ciento en el mismo periodo.
A pesar de los avances conseguidos para que todas las personas puedan tener acceso a atención médica sin dificultades económicas para 2030, los autores del texto han advertido sobre grandes retos pendientes, y es que la población más pobre sigue soportando la mayor carga de costos de salud inasequibles.
El informe estima que 4.600 millones de personas en todo el mundo aún carecen de acceso a servicios de salud esenciales, y que 2.100 millones de personas experimentan dificultades económicas para acceder a la atención médica, incluyendo a los 1.600 millones de personas que viven en la pobreza o se ven sumidas en ella aún más debido a los gastos de salud.
El peso de los medicamentos y los pagos directos
Los costes de los medicamentos son uno de los factores más relacionados con estas dificultades, y es que los medicamentos representan al menos el 55 por ciento de los gastos de salud de bolsillo de las personas en tres de cada cuatro países con datos disponibles.
Esta carga es aún mayor entre las personas que viven en la pobreza, quienes destinan una mediana del 60 por ciento de sus gastos de salud de bolsillo a medicamentos, desviando así sus "escasos recursos" de otras necesidades esenciales.
Una cuarta parte de la población mundial enfrenta dificultades financieras debido a los gastos de salud. Las personas más pobres siguen soportando la mayor carga de costos de salud inasequibles.
De hecho, las brechas y las desigualdades se encuentran al alza, y el 75 por ciento de las personas del segmento más pobre se enfrentaron en 2022 a dificultades financieras precisamente por los costes de la salud, en comparación con el 0,04 por ciento de la población más rica.
Desigualdades en el acceso a los servicios
En promedio, alrededor de una tercera parte de las personas en los países de las Américas (29,3%) reportaron no buscar atención en salud cuando lo necesitaron debido a múltiples barreras de acceso.
| Barrera de acceso | Porcentaje de casos |
|---|---|
| Barreras organizativas | 17,2% |
| Barreras financieras | 15,1% |
| Disponibilidad inadecuada de recursos | 8,4% |
| Barreras de aceptabilidad | 8,0% |
| Barreras geográficas | 5,4% |
Entre los que reportaron no buscar atención, el 17,2% atribuyó su decisión a barreras organizativas (ej. largos tiempos de espera, horas de atención inadecuadas, requisitos administrativos engorrosos).
Las barreras financieras fueron reportadas en el 15,1% de los casos, la disponibilidad inadecuada de recursos (ej. falta personal de salud, medicamentos e insumos) en el 8,4% de los casos y las barreras geográficas en el 5,4% de los casos.
Es importante destacar que el 8,0% atribuyó su decisión a barreras de aceptabilidad (ej. barreras lingüísticas, falta de confianza en el personal de salud o maltrato por parte del personal, preferencia por la medicina tradicional e indígena).
Las personas en el quintil de riqueza más pobre fueron más propensas a experimentar barreras de aceptabilidad, financieras, geográficas y de falta de disponibilidad de recursos.
Las mujeres, las personas que viven en la pobreza, en zonas rurales o con menor educación han registrado mayores dificultades para acceder a servicios de salud esenciales. La cobertura de servicios de salud reproductiva, materna, infantil y adolescente tiende a ser mayor entre quienes son más ricos, tienen una mejor formación y viven en áreas urbanas, especialmente en países de bajos ingresos.
Hasta en las regiones con un alto rendimiento como Europa, los grupos vulnerables, incluidos los más pobres y las personas con discapacidad, continúan notificando grandes necesidades de salud insatisfechas.
Los determinantes sociales, ambientales y económicos de la salud
Los riesgos prevenibles continúan socavando la salud y desacelerando el logro de avances. La anemia afecta al 30,7 % de las mujeres en edad de procrear, y no se ha registrado mejora alguna en el último decenio.
La prevalencia del sobrepeso en la población infantil menor de cinco años alcanzó el 5,5 % en 2024. La violencia contra las mujeres sigue siendo generalizada, y la violencia de pareja afecta a una de cada cuatro mujeres en todo el mundo.
Estos riesgos persistentes ponen de manifiesto la urgente necesidad de contar con políticas más sólidas de prevención y protección social. Muchos de los determinantes de la falta de salud -riesgos nutricionales, conductuales y ambientales- no están mejorando al ritmo necesario.
Se calcula que la contaminación del aire contribuyó a que se produjeran unos 6,6 millones de muertes en todo el mundo en 2021, mientras que las instalaciones de agua, saneamiento e higiene inadecuadas contribuyeron a 1,4 millones de muertes en 2019.
Los riesgos ambientales como la contaminación del aire causan millones de muertes prevenibles cada año. 6.6 millones de muertes en 2021 fueron atribuibles a la exposición a la contaminación del aire doméstico y ambiental por partículas.
La carga de las enfermedades no transmisibles está aumentando en el contexto del envejecimiento de la población y de los cambios en los estilos de vida. En la actualidad, dichas enfermedades provocan el 70 % de las muertes a nivel mundial, la mayoría de las cuales se registra en países de ingreso bajo y mediano.
Al mismo tiempo, y a pesar de los avances en la reducción de la carga de estas enfermedades, en muchos sitios las tasas de malnutrición siguen siendo elevadas, y los servicios de salud sexual y reproductiva y las medidas para luchar contra la mortalidad materna son insuficientes.
La pandemia de COVID-19 y la pérdida de avances
La pandemia de COVID-19 puso de manifiesto más vulnerabilidades en los sistemas mundiales de salud. Entre 2020 y 2023, se vinculó a un exceso de mortalidad cifrado en unos 22,1 millones de muertes, incluidas las indirectas.
Esa cifra es más de tres veces superior al número de muertes por COVID-19 notificadas oficialmente. Ello revela la magnitud del impacto mundial de la pandemia, que revirtió diez años de avances en cuanto a esperanza de vida, y cuya recuperación sigue siendo incompleta y desigual en las diferentes regiones.
El informe concluye que la pandemia de COVID-19 eliminó casi una década de progreso en la salud global y agrega que la recuperación ha sido desigual entre las regiones, en especial en las Américas.
El exceso de mortalidad fue más alto en 2021 con 10.4 millones de muertes a medida que surgieron variantes más letales y los sistemas de salud enfrentaron una presión severa antes de disminuir a 3.3 millones de muertes en 2023.
En ese sentido, la Organización Mundial de la Salud plantea que los patrones de exceso de mortalidad asociados con la pandemia han moldeado la esperanza de vida mundial. La vacunación infantil ha experimentado el mayor descenso en tres décadas y las muertes por tuberculosis y malaria han aumentado en comparación con los niveles previos a la pandemia.
Innovación tecnológica y transformación de la atención sanitaria
La innovación en el servicios de salud se está acelerando a una escala sin precedentes, sobre todo en el ámbito digital, afirma la Organización Mundial de la Salud (OMS). Avances como la inteligencia artificial y la edición de genes están transformando la forma de detectar y tratar las enfermedades.
A lo largo de la historia se han producido innovaciones médicas que han hecho avanzar continuamente nuestra capacidad para tratar enfermedades complejas. Entre ellas figuran la primera vacuna contra la viruela en el siglo XVIII, el desarrollo de los antibióticos en los años veinte y el primer trasplante de órganos del mundo tres décadas después.
Inteligencia artificial
El uso de algoritmos y aprendizaje automático para detectar, diagnosticar y tratar enfermedades se ha convertido en un área importante de las ciencias de la vida. Algunos creen que es la mayor revolución sanitaria del siglo XXI.
La IA puede detectar enfermedades precozmente y realizar diagnósticos más precisos con mayor rapidez que los medios convencionales. En el cáncer de mama, la IA está permitiendo revisar las mamografías 30 veces más rápido con una precisión de casi el 100%, lo que reduce la necesidad de biopsias.
Mientras tanto, un algoritmo de aprendizaje profundo desarrollado por la empresa de tecnología sanitaria Qure.ai está permitiendo la detección precoz del cáncer de pulmón. La empresa afirma que un estudio demostró una mejora del 17% en la interpretación de radiografías de tórax con IA en comparación con las lecturas radiológicas convencionales.
Impresión 3D
El uso de técnicas de impresión 3D en la atención sanitaria está creciendo rápidamente. Esta tecnología se utiliza para crear implantes dentales, prótesis articulares y prótesis a medida.
También se está investigando el uso de impresoras 3D para fabricar tejidos cutáneos, órganos e incluso medicamentos. Una de las principales ventajas de la impresión 3D es que acelera enormemente los procesos de producción y, por tanto, reduce también el coste de los productos fabricados tradicionalmente.
Esta tecnología ha reducido el tiempo necesario para fabricar audífonos de más de una semana a tan solo un día, según la Asociación Americana de Hospitales.
Edición genética CRISPR
La tecnología funciona "aprovechando los mecanismos naturales" de los virus invasores y "cortando" las cadenas de ADN infectadas.
Al alterar las mutaciones celulares, CRISPR también puede transformar el tratamiento de enfermedades raras como la fibrosis quística y la anemia falciforme.
Realidad virtual
La tecnología de RV se está utilizando ampliamente en el sector de salud. Los cirujanos también pueden utilizar un casco de RV para ensayar intervenciones, así como para tener una visión completa del interior del cuerpo de un paciente.
La tecnología puede ayudar a las personas a "desaprender" el dolor crónico reentrenando el cerebro. La RV también puede ayudar a las personas con trastornos mentales a superar sus miedos, proporcionándoles un entorno controlado para las interacciones sociales.
Dos horas de exposición a un tratamiento para el miedo a las alturas reducen la ansiedad de los pacientes en un 68% de media, según Forbes.
Vendajes inteligentes
Investigadores estadounidenses han desarrollado un vendaje que utiliza sensores para controlar la cicatrización de las heridas. Según el equipo de la Universidad de Stanford que lo ha creado, "favorece un cierre más rápido de las heridas, aumenta el flujo sanguíneo al tejido lesionado y mejora la recuperación de la piel al reducir significativamente la formación de cicatrices".
Una fina capa electrónica en el vendaje tiene sensores de temperatura que vigilan la herida. Si es necesario, pueden activar más estimulación eléctrica para acelerar el cierre del tejido.
El vendaje inteligente inalámbrico puede monitorizar la cicatrización de una herida. "Con la estimulación y la detección en un solo dispositivo, el vendaje inteligente acelera la cicatrización, pero también hace un seguimiento de cómo va mejorando la herida", afirma Artem Trotsyuk, coautor de un estudio sobre esa tecnología.
El dispositivo tiene que superar problemas de coste y almacenamiento de datos antes de pasar a la producción en serie. Sin embargo, con el tiempo podría ser de gran ayuda para personas con sistemas inmunitarios deprimidos y enfermedades como la diabetes, que a menudo sufren heridas de cicatrización lenta.
La OMS y la cooperación internacional en salud
Desde su creación, las Naciones Unidas participan activamente en la promoción y en la protección de la salud a nivel mundial. La Organización Mundial de la Salud (OMS), es el organismo al frente de esta acción dentro de la ONU.
Su Constitución entró en vigor el 7 de abril de 1948, fecha que ahora celebramos cada año en el Día Mundial de la Salud. En un primer momento, se decidió que las prioridades de la OMS serían la malaria, la salud de las mujeres y los niños, la tuberculosis, las enfermedades venéreas, la nutrición y la contaminación.
Hoy, la OMS continua trabajando en estos temas, junto con otras enfermedades relativamente nuevas como el VIH/SIDA, la diabetes, el cáncer y enfermedades emergentes tales como el SRAS (síndrome respiratorio agudo severo), el ébola, el virus del Zika y el coronavirus (COVID-19).
En 1948, la OMS asumió la responsabilidad de la Clasificación Internacional de Enfermedades, que se ha convertido en el estándar internacional para definir y registrar enfermedades y otros problemas de salud.
El uso de la CIE garantiza que la información sanitaria pueda recopilarse, documentarse y analizarse en todos los países, lo que permite definir con mayor precisión las tendencias observadas en materia de salud pública, utilizar los recursos de forma más eficaz y mejorar la salud.
Vigilancia, alertas y respuesta ante emergencias
En 1947, la OMS establece el primer servicio mundial de vigilancia de la enfermedades, cuya información se transmite por télex. En 1969, la Asamblea Mundial de la Salud establece el primer Reglamento Sanitario Internacional.
El Reglamento Sanitario Internacional es un acuerdo entre los Estados Miembros de la OMS para trabajar juntos a fin de prevenir los riesgos agudos para la salud pública que pueden atravesar las fronteras y afectar a la salud las personas en todo el mundo y para actuar frente a ellos.
En 2000 se establece la Red Mundial de Alerta y Respuesta ante Brotes Epidémicos de la OMS para detectar brotes y evitar su propagación internacional.
En 2004 se utiliza por primera vez el Centro Estratégico de Operaciones Sanitarias, a fin de ayudar a coordinar las medidas urgentes adoptadas tras los estragos causados por el tsunami que afectó al Océano Índico.
El Centro es el centro neurálgico de la alerta y respuesta mundial frente a las emergencias sanitarias. En 2005 se revisa el Reglamento Sanitario Internacional, que brinda a los países directrices claras y contrastadas sobre el modo de notificar brotes y otras emergencias de salud pública a la OMS.
Colaboración con otros organismos
La OMS trabaja en colaboración con otras organizaciones del sistema de las Naciones Unidas para proteger la salud pública global. Muchos asuntos relacionados con la salud son abordados por la Asamblea General y el Consejo Económico y Social (ECOSOC).
También participan el Programa Conjunto de las Naciones Unidas sobre el VIH/SIDA (ONUSIDA); el trabajo del Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA) en apoyo a la salud reproductiva, la de los adolescentes y la materna; y las actividades relacionadas con la salud del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF).
La importancia de los datos de salud
En el informe se destaca una importante falta de datos que impide la evaluación completa de los avances realizados. A finales de 2025, solo el 18 % de los países comunicaba datos sobre mortalidad a la OMS en el plazo de un año, y casi un tercio no había comunicado nunca datos sobre causas de fallecimiento.
Tan solo un tercio de los países cumple las normas de la OMS sobre datos de alta calidad acerca de la mortalidad, y aproximadamente la mitad tiene datos de baja o muy baja calidad o no dispone de datos.
De los aproximadamente 61 millones de muertes estimadas en 2023 en todo el mundo, solo alrededor de un tercio se notificó con información sobre la causa de muerte, y solo en torno a una quinta parte contaba con datos significativos codificados según la Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE).
La falta de datos limita gravemente la capacidad para hacer un seguimiento de las tendencias en materia de salud en tiempo real, comparar los resultados de los diferentes países y diseñar respuestas de salud pública eficaces.
Los esfuerzos desplegados por los países para invertir en sistemas más sólidos, digitalización y la mejora de las normas para la presentación de información son alentadores y deberían ser sostenidos; resultan fundamentales para que los países puedan recopilar, integrar, analizar y utilizar los datos sobre salud con el objeto de tomar mejores decisiones.
Prioridades para acelerar el progreso hasta 2030
El informe sobre estadísticas mundiales de salud de 2026 envía un mensaje claro: aunque los esfuerzos mundiales en materia de salud están dando sus frutos, los avances son frágiles e insuficientes.
Urge acelerar la adopción de medidas, fortalecer los sistemas de salud y aplicar mejoras con relación a los datos para dar un nuevo impulso al logro de avances hacia la consecución de las metas de salud fijadas para 2030.
- Ampliar el acceso equitativo a servicios de salud integrales, de calidad, centrados en las personas y en la comunidad.
- Fortalecer la administración y la gobernanza.
- Aumentar y mejorar la financiación, con equidad y eficiencia, y avanzar hacia la eliminación de los pagos directos que constituyen una barrera para el acceso en el punto de servicio.
- Fortalecer la coordinación multisectorial para abordar los determinantes sociales de la salud que aseguran la sostenibilidad de la cobertura universal.
- Fortalecer la atención primaria de salud, invertir en prevención y obtener financiación sostenible para establecer sistemas de salud resilientes y regresar al rumbo previsto.
- Garantizar que la atención médica esencial sea gratuita en el punto de atención para las personas que viven en la pobreza y en situaciones vulnerables.
- Abordar el elevado gasto de bolsillo en medicamentos.
- Acelerar el acceso a los servicios esenciales para las enfermedades no transmisibles, especialmente a medida que aumenta la carga de morbilidad.
- Adoptar enfoques multisectoriales, reconociendo que los determinantes de la salud y los impulsores de la cobertura sanitaria universal se extienden más allá del sector salud.
El cambio climático, las pandemias, los cambios demográficos y la dramática escasez de trabajadores sanitarios en todo el mundo ejercen presión sobre los sistemas de salud y exacerban las tendencias negativas en el sector.
Estos desafíos se ven agravados por el rápido envejecimiento de la población, lo que ha provocado un fuerte aumento de las enfermedades no transmisibles y de los costos de la atención de la salud en todo el mundo.
Para garantizar una mejor protección frente a brotes importantes de enfermedades, es crucial prepararse para posibles casos de pandemia y abordar la vigilancia de las enfermedades sobre la base de sistemas de salud sólidos y resilientes que abarquen a toda la población, en especial a los grupos más vulnerables.
La inversión en salud es fundamental para la productividad y el crecimiento inclusivo. Las personas sanas son la base de unas economías sanas.
Garantizar una vida saludable para todos requiere un fuerte compromiso, pero los beneficios superan los costes. Se insta a los países de todo el mundo a tomar medidas inmediatas y decisivas para predecir y contrarrestar los desafíos en la salud.