Aportes de George Berkeley al conocimiento mundial

George Berkeley fue un filósofo irlandés de la temprana modernidad que, junto con John Locke y David Hume, forma parte de los tres grandes empiristas británicos. Su principal aporte al conocimiento mundial fue el desarrollo de un idealismo inmaterialista que replanteó la relación entre percepción, realidad, mente, lenguaje, ciencia y existencia.

La tesis central de Berkeley sostiene que esse est percipi, es decir, que ser es ser percibido. Según su filosofía, solo existen las ideas, que son pasivas y dependientes, y los espíritus, que son activos; Dios es el espíritu infinito que origina y ordena las percepciones del mundo. Esta propuesta influyó en la epistemología, la metafísica, la filosofía de la ciencia, la teoría de la visión, las matemáticas, la filosofía del lenguaje, la ética y la reflexión política.

Quién fue George Berkeley

George Berkeley, hijo del inglés William Berkeley y de la irlandesa Elisabeth Southerne, nació el 12 de marzo de 1685 en el condado de Kilkenny, Irlanda. En 1700 ingresó a la universidad de Dublín, conocida como Trinity College, de la que se graduó en 1704. Tres años más tarde llevó a la imprenta sus primeros textos, Miscellanea Mathematica y Arithmetica absque Algebra aut Euclide demonstrata, y leyó su artículo Of Infinites en la Dublin Philosophical Society, donde expuso de manera sintetizada su crítica a los infinitesimales.

En 1709 fue ordenado diácono anglicano y publicó An Essay towards a New Theory of Vision. Un año más tarde, ordenado sacerdote, vio la luz su famoso A Treatise concerning the Principles of Human Knowledge. En 1713 publicó Three Dialogues between Hylas and Philonous, una versión más accesible y polémica de su tratado filosófico.

Berkeley enseñó griego, hebreo y teología. Su preocupación constante fue el estudio de Francis Bacon, René Descartes, Nicolás Malebranche, Isaac Newton y John Locke. Para esa época, las propuestas filosóficas de esos pensadores agitaban la Europa.

En 1716 viajó a Italia como tutor y acompañante de St. George Ashe, hijo del rector del Trinity College y obispo de Clogher, y permaneció allí cinco años. Estando en ese país pudo observar la erupción del volcán Vesubio, de la que dio cuenta en las Philosophical Transactions de la Royal Society, y entrar en contacto con la comunidad católica del sur de Europa, de la que dio cuenta en A Letter to Sir John James.

Al regresar a Inglaterra pasó por Lyon, Francia, donde escribió su ensayo De Motu, que presentó en 1721 al gran premio de la Academia de Ciencias de París. En 1721 se doctoró en teología y publicó un tratado titulado Motu, argumentación dirigida contra las doctrinas físicas de Newton.

En 1731 escribió contra el pensamiento de Anthony Ashley Cooper, conde de Shaftesbury, y Bernard Mandeville, publicando el libro Alciphron: or the Minute Philosopher, in Seven Dialogues, containing an Apology for Christian Religion, against those who are called free-thinkers. En 1734 fue nombrado obispo de Cloyne, Irlanda.

En 1744 publicó Siris: a Chain of Philosophical Reflexions and Inquiries Concerning the Virtues of Tar Water, libro de reflexiones filosóficas y de investigaciones sobre el agua de alquitrán. En 1752 renunció a su obispado y se trasladó a Oxford, Inglaterra, donde murió el 14 de enero de 1753. Fue enterrado en la iglesia de Cristo de Oxford, donde permanecen sus restos.

Principales aportes de Berkeley al conocimiento mundial

  • Radicalización del empirismo: afirmó que el conocimiento comienza y se limita a la experiencia perceptiva.
  • Desarrollo del inmaterialismo: negó que la materia exista como sustancia independiente de la percepción.
  • Defensa del idealismo: sostuvo que la realidad conocida está constituida por ideas y espíritus.
  • Principio esse est percipi: formuló una de las tesis más influyentes de la filosofía moderna sobre la relación entre existencia y percepción.
  • Crítica a las ideas abstractas: cuestionó la posibilidad de formar ideas generales abstractas separadas de las experiencias particulares.
  • Nueva teoría de la visión: explicó la percepción visual como un sistema de signos y no como una copia directa de objetos materiales.
  • Crítica de la distinción entre cualidades primarias y secundarias: sostuvo que extensión, forma, tamaño, color, temperatura y sonido son igualmente dependientes de la percepción.
  • Replanteamiento de la relación entre mente y mundo: eliminó la necesidad de postular una sustancia material situada detrás de las percepciones.
  • Influencia en la filosofía de la ciencia y las matemáticas: discutió los infinitesimales, la geometría, el espacio, el movimiento y los fundamentos de la física.
  • Influencia posterior: su pensamiento hizo mella en filósofos como Hume, Reid, Kant y Schopenhauer, y también en científicos y escritores como Ernst Mach, Pessoa y Borges.

El empirismo sin metafísica material

George Berkeley propuso un sistema filosófico para eliminar la creencia de que la realidad es una sustancia material. Si lograba suprimir tal evidencia, quedaban al descubierto todas las objeciones de los científicos, materialistas y ateos de la época en relación con esa categoría.

Los cuatro hilos racionales encontrados en la teoría del conocimiento de Berkeley son nominalismo, inmaterialismo, espiritualismo y teísmo. Estas fuentes de pensamiento aparecen en su tratado filosófico, llevan su sistema al empirismo extremo y afirman que únicamente se puede conocer un objeto si este es percibido por la mente.

El inmaterialismo de Berkeley es una ontología que sólo admite dos especies de existencias: la de las ideas, que son pasivas y dependientes, y la de los espíritus, que son activos, siendo Dios el espíritu supremamente activo, que ha creado todo lo demás. Berkeley niega, pues, la realidad de los corpúsculos materiales.

El inmaterialismo niega la realidad de las sustancias materiales cualesquiera que sean. Berkeley estaba convencido de que al exponer esa teoría minaba los argumentos básicos de los materialismos. También creía que el inmaterialismo permitía establecer una prueba nueva e irrecusable de la existencia de Dios.

El mundo no es trascendente, no es separado, no es independiente; solamente existe “en el acto en que”, desde el lado divino, la mente infinita lo crea o, desde el lado humano, la mente finita lo percibe. Esse est percipi: ser es ser percibido.

Lo físico se identifica con lo sensible, lo sentido. Berkeley elimina así la dificultad cartesiana de conseguir certeza a propósito del mundo corpóreo, que sencillamente no existe como sustancia independiente, y elimina el problema de la relación entre la mente y lo extenso. Todo es mental.

El principio «ser es ser percibido»

La tesis central de Berkeley aparece expresada en el principio esse est percipi. Para él, los objetos sensibles no poseen una existencia natural distinta de la que tienen al ser percibidos por un entendimiento.

Es evidente, para quien haga un examen de los objetos del conocimiento humano, que éstos son las ideas. Además de esta innumerable variedad de ideas u objetos de conocimiento, existe igualmente algo que las conoce o percibe y ejecuta diversas operaciones con ellas, un ser activo al que llamamos mente, alma, espíritu o yo.

Es ciertamente extraño que haya prevalecido entre los hombres la opinión de que casas, montes, ríos, en una palabra, cualesquiera objetos sensibles, tengan existencia real o natural distinta de la de ser percibidos por el entendimiento.

¿Qué son los objetos mencionados sino las cosas que nosotros percibimos por nuestros sentidos, y qué otra cosa percibimos aparte de nuestras propias ideas o sensaciones? Todo el conjunto de los cielos y la innumerable muchedumbre de seres que pueblan la tierra, en una palabra, todos los cuerpos que componen la maravillosa estructura del Universo, sólo tienen substancia en una mente; su ser consiste en que sean percibidos o conocidos.

Berkeley sostiene que sólo hay dos maneras de existir verdaderamente: percipere o percipi, y fuera de la percepción consciente no hay realidad ni existencia. La experiencia, entendida como aquello que yo experimento en mí, es la que ha de fijar los hechos.

No hay realidad, pues, sino sólo contenidos de conciencia fundados en el Espíritu Infinito. La teoría de Berkeley es que no podría existir un mundo sensible sin un espíritu activo, y que, puesto que el mundo sensible no procede del espíritu de los hombres, es preciso sin duda que proceda del de Dios.

Nominalismo y crítica de las ideas abstractas

El nominalismo explica que todo lo que existe es particular y, por lo tanto, los universales no existen. Esta premisa le sirve como fundamento para sustentar la tesis del inmaterialismo, ya que la materia, según este filósofo, es una idea abstracta.

La principal innovación que Berkeley hace a Locke en la línea gnoseológica del empirismo es la radicalización del nominalismo. El gran error es pensar que la mente puede elaborar ideas abstractas. Berkeley defiende un nominalismo absoluto.

En su discurso filosófico, Berkeley rebate directamente el concepto de ideas abstractas expuesto por John Locke. Locke considera que los seres humanos pueden representar tan solo las cosas particulares que han percibido, y dividirlas y unirlas de diversos modos.

Locke distingue entre ideas generales e ideas generales abstractas. Además, niega la existencia de estas últimas y admite las primeras en tanto expresadas por nombres generales que denotan a cualquiera de un número indefinido de objetos individuales.

Las ideas son en sí mismas particulares; no adquieren generalidad por abstracción, sino por el sentido y significado que se les da a las ideas. Berkeley sostiene que las supuestas ideas generales de Locke no son más que nombres comunes con los cuales hacemos referencia, de manera más o menos indistinta o confusa, a diversas ideas particulares.

“Me es imposible formar ideas abstractas”, dice Filonús a Hilas en el primer diálogo. Uno de los falsos universales, un mero nombre al que no corresponde realidad alguna, es la materia.

La crítica de Berkeley a las ideas abstractas se relaciona también con las matemáticas. Los Philosophical Commentaries contienen discusiones sobre las líneas y los puntos, las curvas, los números irracionales, los arcos, las abscisas, la longitud sin ancho de una línea, el problema de los infinitesimales y la determinación visual de los objetos a distancia.

El inmaterialismo y la negación de la sustancia material

El nominalismo de Berkeley conduce a la segunda faceta del pensamiento de este filósofo: el inmaterialismo. Al rechazar las ideas abstractas, Berkeley trata de demostrar su tesis acerca de la materia, entendida esta última como una substancia corporal de combinaciones de cualidades sensibles y no como la base de accidentes o cualidades fuera de la mente.

Berkeley reconoce solamente dos concepciones posibles acerca de lo que es una cosa material. Una es la concepción filosófica, según la cual la cosa está compuesta de algo invisible e intangible y las sustenta; la otra es la que concibe la cosa simplemente como una combinación de cualidades sensibles.

Puesto que piensa que estas dos concepciones son las únicas posibles, piensa también que rechazar la primera equivale a adherir a la segunda. Hacer esto, rechazar la concepción filosófica e identificar las cosas materiales con combinaciones de cosas sensibles, es dar el primer paso hacia el inmaterialismo.

En sus Tres diálogos entre Hilas y Filonús, Berkeley señala: “De que no existen esos que los filósofos llaman substancia material estoy firmemente persuadido; pero si se me hiciera ver que había algo absurdo o escéptico en eso, renunciaría a ello por la misma razón por la que yo creo que en la actualidad tengo que rechazar la opinión contraria”.

Berkeley sostiene que conocemos por la experiencia el mundo corpóreo como el conjunto de los objetos corpóreos que en la experiencia se nos dan. Sin embargo, lo que directamente aprehendemos son las ideas, los contenidos de la mente, como los colores y los olores, y no unas supuestas cosas reales de las que fueran efecto los objetos-ideas.

No hay que pensar, pues, que el mundo corpóreo sea otra cosa que lo que nos es presente en la percepción. No se puede encontrar ninguna razón suficiente para suponer que hay dos mundos que exhiben cualidades corpóreas: el percibido y no realmente corpóreo, y el no percibido, supuestamente existente en sí para que podamos pensarlo como causa de nuestras sensaciones.

Una sustancia puramente material e inerte existiendo en sí misma es, para Berkeley, un mundo vacío de pensamiento. Afirmar que existe un mundo material es caer en las falacias de la abstracción, es decir, considerar el ser de las cosas como independiente de su ser percibidas.

Crítica a Locke y a la distinción entre cualidades primarias y secundarias

Berkeley suprime de golpe el polo objetivo y realista de la conciencia que Locke había respetado. Sostiene la inmanencia de la experiencia y la reducción de ésta a contenidos de conciencia, expresada en la ecuación ser igual a ser percibido.

Ni la experiencia de las sensaciones visuales ni la de las sensaciones de contacto, siempre e igualmente sensaciones, nos da derecho a inferir que esas sensaciones tengan una y la misma causa real. Tampoco nos permite afirmar que una u otra, ni por separado ni juntas, tengan causas materiales en absoluto.

Desde Galileo, los cartesianos y Locke, además de los físicos, habían aceptado que las ideas que tenemos de las cualidades secundarias, como el calor, el color, los sonidos y el gusto, no se asemejan a nada de lo que existe en el mundo material.

Según la opinión general, tales sensaciones dependen del sujeto que las perciba. Los colores varían si tenemos ictericia o si llevamos lentes de color, y las cosas no tienen color en la oscuridad. Las cosas nos parecen calientes y tibias según la temperatura de nuestras manos cuando las tocamos.

Un calor intenso puede convertirse en dolor, y si el dolor no tiene existencia en el mundo exterior a nosotros, es absurdo suponer que el calor la tenga. Nada existe en el mundo exterior que pueda compararse con la experiencia que tenemos del color, del calor y de otras cualidades sensibles.

Según Locke, nuestras ideas acerca de las cualidades primarias, como la extensión, la solidez, la forma y la dimensión, se asemejan a cosas que existen en el mundo material. Berkeley, no obstante, sostenía que los argumentos derivados de la relatividad de nuestras ideas acerca de las cualidades secundarias se aplican igualmente a nuestras ideas acerca de las cualidades primarias.

Para Berkeley, la distinción entre cualidades primarias y secundarias es una distinción abstracta e insostenible. Además, es un supuesto arbitrario que contradice toda evidencia empírica.

En la experiencia aparecen cualidades primarias y secundarias inseparablemente entretejidas y todas al mismo tiempo. La forma y la dimensión de los objetos, así como la velocidad de sus movimientos, parecen cambiar según la posición que ocupamos e incluso según nuestro estado de espíritu.

Berkeley explica también que no podemos concebir la extensión fuera del color o del tacto, y que, en general, las ideas relativas a las cualidades primarias son inimaginables e inconcebibles si no van acompañadas por las ideas relativas a las cualidades secundarias.

Lleva asimismo su teoría hasta el punto extremo al decir que es inconcebible que una cualidad sensible cualquiera, ya sea primaria o secundaria, pueda existir fuera del espíritu. Respecto de todos los objetos sensibles, esse est percipi, y no es posible que existan fuera del espíritu o del sujeto pensante que los percibe.

Las cosas como colecciones de ideas

Las cualidades sensibles parecen necesitar una sustancia material a la que pertenecer. El mundo natural no consiste seguramente en una flotante fantasmagoría de colores, olores, sonidos, gustos y perfumes. Todas esas cualidades parecen estar ancladas en cosas.

Berkeley responde que las cosas no son sino colecciones de ideas. Habiendo aceptado la teoría de Locke sobre las esencias nominales, es decir, que conocemos las colecciones de ideas más bien que las esencias reales, no es necesario concebir la idea de una sustancia subyacente a la que se vincularían las cualidades.

Algunas de nuestras ideas, sobre todo las que nacen de la imaginación, son evidentemente producidas en cada individuo por efecto de su propia elección. Las ideas de sensación, por otra parte, se nos presentan independientemente de nuestra voluntad, en sucesiones regulares y persistentes.

Dado que las ideas de sensación no proceden de los individuos que las perciben y que deben proceder forzosamente de un espíritu cualquiera, como es de rigor respecto de todas las cualidades sensibles, es necesario que procedan del espíritu de Dios, que es responsable del orden de la naturaleza.

Espiritualismo y teísmo

El tercer momento de la filosofía berkeliana es su espiritualismo. El ser es ser percibido, lo único que percibimos son ideas, y sólo existen los espíritus y las ideas que ellos perciben.

La afirmación de esta tesis es el resultado de la posición gnoseológica sobre el origen de nuestras ideas. La materia no puede ser su origen, puesto que la materia no existe; quedan sólo dos alternativas.

Por un lado, las ideas podrían ser provocadas por otras ideas o tener su origen en una substancia, pero ya no material, sino incorpórea y activa. Berkeley afirma que tiene ideas de las cuales sabe que no es la causa.

Puedo formar imágenes, pensar en algo y luego dejar de pensar, a mi elección. Que estas ideas obedezcan a mi voluntad revela que mi voluntad es una causa y una explicación suficiente de ellas; la causa, pues, debe ser un espíritu.

Ahora bien, sólo un espíritu muy poderoso puede darme todas las ideas de sensación que tengo, y sólo un espíritu sabio y benevolente podría brindármelas en secuencias tan legítimas y regulares. Por ende, debo suponer que existe tal espíritu. Puesto que tiene algunos de los atributos asignados a Dios por la teología cristiana, lo llamo con este nombre.

Berkeley concede a Dios el poder de toda causa puesto que es un espíritu infinito. Las ideas producidas por la imaginación dependen de la voluntad humana, pero las ideas sensibles aparecen con independencia de nuestra voluntad y se presentan en un orden estable.

Berkeley afirma que Dios conoce o comprende las cosas y que conoce, entre otras cosas, qué es el dolor, incluso cada especie de sensación dolorosa y qué es para sus criaturas experimentar el dolor. Sin embargo, niega que Dios, aunque conoce y algunas veces causa sensaciones dolorosas en nosotros, pueda experimentar él mismo dolor.

Los seres humanos son espíritus limitados y dependientes, sometidos a impresiones de los sentidos y a los efectos de un agente externo que, al producirse contra su voluntad, son a veces penosos y molestos. Dios, que es causa de todas las cosas y no está sometido a ninguna resistencia ni contrariedad, no puede sufrir ni ser afectado por ninguna sensación dolorosa.

La percepción, la realidad y el problema del escepticismo

La filosofía de Berkeley no pretende afirmar que la vida sea un sueño ni que no se pueda distinguir el sueño de la vigilia. Las sensaciones constituyen la base para relacionar unas experiencias con otras y para prever nuevas sensaciones futuras, reales y no soñadas, en nosotros o en los demás.

Ahora bien, no hay nada en las sensaciones que autorice el supuesto de un mundo independiente, ni podrían las sensaciones decirnos nada acerca de tal mundo. La realidad que conocemos está formada por las percepciones ordenadas que experimentamos.

La concepción errónea de Kant sobre la teoría de Berkeley prevaleció desde la publicación de los Principios. Berkeley no pensaba en realidad que las ideas fueran cosas imaginarias, salvo las ideas de la imaginación.

Por el contrario, las cualidades y las cosas sensibles son el mundo real que percibimos sin intermediario alguno que pueda sembrar dudas sobre lo que está más allá. Fueron las ideas de Locke las que engendraron el escepticismo, en tanto que Berkeley sostuvo que las cosas que percibimos son exactamente lo que nos parecen ser.

La teoría de la percepción de Berkeley era realista y estaba destinada a eliminar todas las causas del escepticismo. Sólo conocemos ideas y, además de las ideas, no existe sino la mente que las percibe y Dios, que las hace percibir.

La nueva teoría de la visión

Las primeras obras de Berkeley fueron dos ensayos matemáticos: Arithmetica absque Algebra aut Euclide demonstrata, de 1707, y An Essay towards a New Theory of Vision, de 1709. Esta última obra introdujo una teoría de la visión influida por Barrow, Malebranche, Briggs, Molyneaux y Newton.

La Nueva teoría de la visión fue publicada dos veces en 1709 y otras dos en 1732 como anexo a la primera y segunda edición de Alciphron, lo que muestra que Berkeley consideraba ambos textos interconectados.

No es sólo un ensayo de óptica geométrica ni se limita a estudiar la luz, los colores o el ojo como órgano. Es más bien un estudio científico de óptica y una filosofía de la visión, que reflexiona sobre los límites de la aproximación puramente matemática a los problemas de la óptica y analiza los juicios visuales en función del incipiente inmaterialismo.

La obra pone en marcha grandes temas de la filosofía berkeleyana: la heterogeneidad de las series sensoriales, la cuestión de la representación, la naturaleza del objeto y de la idea, la crítica de las ideas abstractas, el objeto de la geometría y la visión semiótica del mundo.

La Nueva teoría de la visión trata principalmente tres temas: la distancia, la magnitud y la situación de los objetos, junto con ejemplos de problemas prácticos no solucionados por la teoría geométrica imperante.

En esa época, instrumentos ópticos como lentes, microscopios y telescopios se habían convertido en artefactos de uso general. La demanda por nuevos instrumentos exigía una nueva teoría óptica, dado que la prevaleciente, esencialmente geométrica, no satisfacía a muchos, incluido Berkeley.

Las teorías tradicionales sostenían que el ojo veía los objetos a distancia a través de líneas que formaban ángulos o mediante rayos divergentes que caían sobre la pupila desde el punto observado. Berkeley cuestionó que la distancia pudiera explicarse únicamente mediante relaciones geométricas entre ángulos, rayos y objetos.

Para Berkeley, la experiencia desempeña un papel decisivo en la percepción visual. La visión no es una copia pasiva de una realidad material exterior, sino un sistema de signos mediante el cual aprendemos a interpretar las sensaciones visuales y a relacionarlas con otras experiencias sensibles.

La visión como sistema de signos

La propuesta de Berkeley anticipa una comprensión semiótica de la percepción. Las sensaciones visuales no contienen por sí mismas la distancia, la magnitud o la situación de los objetos; funcionan como signos que la experiencia nos enseña a interpretar.

La heterogeneidad de los objetos de la vista y del tacto significa que no existe una idea común e idéntica que sea percibida de la misma manera por ambos sentidos. La vista ofrece determinadas sensaciones y el tacto ofrece otras, aunque la experiencia aprende a relacionarlas.

Esta perspectiva permite comprender por qué una percepción visual puede conducir a juicios sobre objetos que no están contenidos directamente en la sensación visual. La distancia, por ejemplo, no se ve como una cualidad simple, sino que se interpreta mediante signos visuales asociados a experiencias anteriores.

La teoría de la visión de Berkeley contribuyó a desplazar el estudio de la percepción desde la simple geometría del ojo hacia la actividad interpretativa de la mente. Por este motivo, su obra fue relevante tanto para la filosofía como para la óptica y la psicología de la percepción.

Berkeley y las matemáticas

Las matemáticas estuvieron presentes en muchas de las obras berkeleyanas a través de ejemplos y referencias. Gracias a ellas se explica, en parte, la crítica de Berkeley a las ideas abstractas de Locke.

A diferencia de otros empiristas, como Locke, Hume o Reid, Berkeley contó con una sólida educación matemática que le permitió tener un acercamiento distinto a problemas geométricos y aritméticos aplicados a asuntos perceptuales.

En 1734 salió a la luz The Analyst, su obra matemática más importante. En ella cuestionó los fundamentos conceptuales de los procedimientos infinitesimales empleados en el cálculo.

Su crítica se relacionaba con la dificultad de utilizar entidades matemáticas cuya naturaleza no estaba claramente definida. Berkeley consideraba problemático que los matemáticos trataran los infinitesimales como cantidades determinadas en algunos momentos y como cantidades menores que cualquier cantidad asignable en otros.

La discusión berkeleyana sobre los infinitesimales anticipó debates posteriores sobre el rigor de los fundamentos del cálculo. Su intervención no produjo una teoría matemática alternativa completa, pero contribuyó a exigir mayor precisión conceptual en el uso de los métodos infinitesimales.

Los Philosophical Commentaries y la formación de su sistema

En el verano de 1707 Berkeley comenzó a redactar una serie de notas personales sobre temas diversos que concluyó al iniciar el otoño de 1708. Un siglo después, Alexander C. Fraser descubrió los cuadernos que contenían esas notas y los llamó Commonplace Book of Occasional Metaphysical Thoughts.

Tras varias revisiones y nuevas ediciones hechas por Theodor Lorenz, G. A. Johnston y John Wild, apareció la edición que predomina actualmente de A. A. Luce, quien renombró los cuadernos como Philosophical Commentaries.

La importancia de los Philosophical Commentaries radica en que constituyen el esbozo de la futura propuesta inmaterialista o “hipótesis inmaterial”, como la denominó el autor. También muestran preocupaciones filosóficas, matemáticas, éticas y religiosas que Berkeley tenía en esos años y que, en algunos casos, siguió teniendo a lo largo de su vida.

Entre los temas que destacan están la construcción del principio esse-percipi, el lenguaje como conjunto de signos, el tiempo, la eternidad, el espacio, el movimiento, las ideas, el espíritu, Dios, la materia, la libertad, el determinismo, el bien y el placer.

Los cuadernos también tratan temas óptico-matemáticos relativos a lo cóncavo y lo convexo, las líneas y los puntos, las curvas y los números irracionales, los arcos y las abscisas.

El orden actual de los cuadernos evidencia el interés juvenil de Berkeley por las matemáticas. El cuaderno “B” está destinado mayoritariamente a temas de esa área, aunque no por ello dejan de aparecer diversas cuestiones filosóficas.

El cuaderno “A” contiene un mayor número de notas referentes a temas propiamente filosóficos, como la materia, la moral, el espíritu, Dios, la naturaleza, la existencia y nuevamente el principio esse-percipi.

El orden de los Commentaries muestra también cómo los intereses del irlandés fueron cambiando. Los temas científico-matemáticos relacionados con la física, la óptica y la dióptrica cedieron terreno a otros de corte más filosófico y epistémico, hasta desembocar en notas que remitían a Dios, a la moral y a la religión cristiana.

Lenguaje, ideas y conocimiento

Berkeley entendía el lenguaje como un conjunto de signos. Las palabras no necesitan corresponder a ideas abstractas universales para tener significado; pueden funcionar como signos que remiten a diversas ideas particulares dentro de una práctica común.

Esta concepción se relaciona con su crítica al universal abstracto. El significado de una palabra depende del sentido y del uso que se le da a las ideas particulares a las que puede referirse.

La teoría de la visión también presenta un modelo lingüístico de la percepción. Las sensaciones visuales actúan como signos que permiten anticipar experiencias táctiles y organizar la relación práctica con el entorno.

De esta manera, Berkeley contribuyó a una concepción del conocimiento en la que percibir no significa copiar pasivamente una realidad material, sino interpretar signos sensibles dentro de un orden regular de experiencias.

Filosofía moral, política y social

A la par de sus intereses filosóficos, Berkeley se mostró preocupado por los problemas sociales y políticos del momento. Esta preocupación derivó en los tres sermones que pronunció en 1712 y que se conocen como Passive Obedience.

En su escrito sobre la obediencia pasiva argumenta que el pueblo puede rebelarse contra cualquier forma de tiranía. Su filosofía no se limitó, por tanto, a la metafísica y a la teoría del conocimiento.

En 1721 escribió An Essay Towards Preventing the Ruin of Great Britain, en el que propuso ampliar las leyes suntuarias, fomentar las artes y volver a una vida más simple.

Fruto de su labor como obispo de Cloyne fue la publicación de The Querist, una serie de comentarios en los que criticó a la metrópoli y pugnó por el desarrollo económico de Irlanda. Berkeley intentó mejorar las condiciones de vida de todos los irlandeses sin distinción de credo.

Su filosofía, más engarzada de lo que se cree, estuvo marcada de principio a fin por las condiciones sociales, políticas y religiosas de la época. De ahí que su pensamiento filosófico, incluso el más abstracto, tuviera siempre en la mira una finalidad práctica.

La dimensión religiosa de su filosofía

Berkeley elaboró una nueva versión metafísica del empirismo al servicio del teísmo cristiano creacionista. Utilizó la epistemología empirista, considerada por él como la mejor para acabar con el materialismo y enaltecer la infinita y gloriosa potencia divina.

El inmaterialismo le permitía sostener que la existencia del mundo sensible exige una mente activa. Como las ideas de sensación no dependen de la voluntad humana, deben proceder de un espíritu superior, que Berkeley identifica con Dios.

La filosofía de Berkeley pretendía demostrar que el mundo no puede existir como una realidad material independiente de toda mente. Las ideas son pasivas y dependientes, mientras que los espíritus son activos y capaces de percibir, producir o coordinar ideas.

En esta estructura, Dios garantiza la continuidad y regularidad del mundo sensible. Aunque una persona deje de percibir un objeto, el orden de la realidad no desaparece porque las ideas permanecen presentes para el espíritu infinito.

Berkeley, colonialidad y expansión del conocimiento europeo

La colonialidad debe entenderse como un proceso que representa una complejidad de fenómenos que engloban todas las relaciones sociales existentes y que tiene en común la dominación de uno sobre el otro, la imposición de una cultura, de una espiritualidad, de religiosidades, de filosofías, entre otras epistemes.

En este contexto, estudiar la postura filosófica de Berkeley es trascendental porque sus tesis desconfiguran el sujeto, es decir, eliminan la subjetividad de todo cuerpo y espacio geográfico y con ello crean universalismos abstractos.

Precisamente Berkeley, al exponer en su pensamiento filosófico que el ser es ser percibido, elimina de raíz la posibilidad de que el sujeto pueda tener conciencia de sí y para sí y con esto transformar la realidad. El espacio común y el bien común dejan de ser un problema para el eurocentrismo y permiten instaurar un sistema de mundo colonial.

En el ambiente filosófico que transitaba Europa coincide la llegada de los españoles y portugueses al Nuevo Mundo, en el caso de América. Este proceso tuvo relación directa con la primera modernidad y la subjetividad que se comenzó a gestar en el siglo XV.

Al implantarse el eurocentrismo y posicionarse durante más de cinco siglos, cambia el significado mundial, lo que Dussel llama “paradigma planetario”, en el sentido de que todos los fenómenos que atravesó Europa se visualizan como eventos mundiales en los cuales Europa es concebida como centro en el sistema-mundo moderno colonial.

En este contexto, Berkeley viajó a Estados Unidos a la edad de 43 años y se instaló en Newport, Rhode Island; transcurría el año de 1728. Vivió casi tres años y escribió Alciphron, or The Minute Philosopher, en cuyas tesis defiende el anglicanismo y argumenta contra Mandeville y Shaftesbury.

La importancia del viaje de Berkeley a Estados Unidos se enmarca dentro de la lógica del sistema-mundo colonial, en la cual los europeos como poseedores del enunciado cognitivo necesitaban incorporar el conocimiento hegemónico a las nuevas tierras y, con esto, universalizar el humanismo.

Una de las formas adquiridas por esta nueva visión de mundo fue la fundación de colegios o centros de enseñanza para legitimar, entre otras cosas, la limpieza de sangre, la clasificación de la población y la prolongación del ideario humanista.

Desde esta perspectiva crítica, los aportes intelectuales de Berkeley no pueden separarse completamente de las condiciones históricas, religiosas y coloniales en las que se formularon y difundieron. Su filosofía contribuyó a la historia mundial del conocimiento, pero también debe estudiarse en relación con las estructuras de poder que acompañaron la expansión europea.

El viaje a Estados Unidos y el proyecto educativo

En 1725 Berkeley publicó A Proposal for the Better Supplying of Churches in Our Foreign Plantations, and for Converting the Savage Americans to Christianity, obra en la que anunciaba ya su interés en América.

Desde entonces comenzó a planear la construcción de un colegio en las islas Bermudas para educar a los hijos de los colonos y enseñar la religión anglicana a los nativos americanos. Tras conseguir de la corona la promesa de fondos suficientes para su proyecto, zarpó a América en 1728.

Se estableció en Newport, Rhode Island, y permaneció allí casi tres años esperando los fondos prometidos, pero al no recibirlos volvió a Londres a mediados de 1731. Durante su estancia en América redactó Alciphron: or the Minute Philosopher, que publicó en 1732.

En su estadía por los Estados Unidos, Berkeley sentó las bases normativas y filosóficas, a través de su amigo Samuel Johnson, para la fundación en 1754 del King’s College. Esta institución pasó a ser en 1784 la Universidad de Columbia.

El lema de la institución fue In lumine tuo videbimus lumen, “En tu luz veremos la luz”. Su visión desde la fundación consistía en ampliar la mente, mejorar la comprensión, pulir todo el hombre y calificarlos para apoyar a los personajes más brillantes en todas las estaciones elevadas en la vida.

Alciphron y la defensa del cristianismo

En 1731 Berkeley publicó Alciphron: or the Minute Philosopher, in Seven Dialogues, containing an Apology for Christian Religion, against those who are called free-thinkers. La obra estaba dirigida contra los librepensadores y defendía el cristianismo anglicano.

En sus tesis, Berkeley argumenta contra Mandeville y Shaftesbury. La obra combina discusiones religiosas, morales, políticas y filosóficas, y muestra que su pensamiento abstracto siempre estuvo vinculado a preocupaciones prácticas y sociales.

Durante su estancia en América, Berkeley explicó en sus sermones que el cristianismo permitía la esclavitud y justificó que era mejor tener un negro esclavo bautizado, argumentando que el bautismo les permitía ser mejores esclavos.

Este aspecto constituye una dimensión problemática de su legado. El estudio de sus aportes al conocimiento mundial exige reconocer tanto la importancia de sus innovaciones filosóficas como la relación de algunas de sus posiciones con la esclavitud, la evangelización colonial y las jerarquías sociales de su tiempo.

Obras principales y contribuciones específicas

ObraAñoContribución
Miscellanea Mathematica1707Primeros trabajos matemáticos de Berkeley.
Arithmetica absque Algebra aut Euclide demonstrata1707Estudio matemático relacionado con la aritmética y la demostración.
Of Infinites1707Crítica inicial de los infinitesimales.
An Essay towards a New Theory of Vision1709Nueva interpretación filosófica y científica de la visión.
A Treatise concerning the Principles of Human Knowledge1710Formulación sistemática del inmaterialismo y del principio esse est percipi.
Passive Obedience1712Reflexión moral y política sobre la obediencia y la tiranía.
Three Dialogues between Hylas and Philonous1713Defensa dialogada del idealismo y crítica de la sustancia material.
De Motu1721Argumentación contra determinadas doctrinas físicas de Newton.
A Proposal for the Better Supplying of Churches in Our Foreign Plantations1725Proyecto educativo y religioso dirigido a las colonias americanas.
Alciphron1732Defensa del cristianismo contra los librepensadores.
The Analyst1734Crítica de los fundamentos conceptuales del cálculo infinitesimal.
The Querist1735-1737Reflexión sobre el desarrollo económico y las condiciones sociales de Irlanda.
Siris1744Obra metafísica y neoplatónica relacionada con el agua de alquitrán.

Influencia histórica y recepción posterior

El idealismo de Berkeley influyó en la discusión filosófica de su tiempo y posteriormente hizo mella en filósofos como Hume, Reid, Kant y Schopenhauer. También influyó en hombres de ciencia como Ernst Mach y en escritores como Pessoa y Borges.

No siempre fue bien entendido, y eso ocasionó en parte que, salvo los Principles y los Dialogues, el resto de su obra no fuera tan estudiada como lo amerita. Sin embargo, Berkeley fue un filósofo polifacético que abordó temas variados.

Su obra abarca la metafísica, la filosofía del lenguaje y de las matemáticas, la filosofía moral y política, y aproximaciones a la economía. Su filosofía está más articulada de lo que parece, porque sus investigaciones sobre percepción, lenguaje, materia, mente, visión y religión forman parte de un mismo proyecto.

La influencia de Berkeley también se observa en las discusiones modernas sobre el realismo, el idealismo, la percepción y la naturaleza de los objetos científicos. Su pensamiento obliga a preguntar qué significa que algo exista, qué relación hay entre una experiencia y aquello que llamamos objeto, y qué papel desempeñan los signos en la construcción del conocimiento.

Importancia de Berkeley para la epistemología

El aporte epistemológico fundamental de Berkeley consiste en mostrar que el conocimiento humano no accede directamente a una sustancia material situada detrás de las percepciones. Lo que conocemos son ideas, sensaciones y relaciones ordenadas entre ellas.

Esta postura radicaliza el empirismo al rechazar cualquier afirmación que vaya más allá de la experiencia posible. La mente no recibe una copia de una realidad material independiente, sino que organiza y relaciona contenidos perceptivos.

Berkeley también mostró que muchas dificultades filosóficas nacen de aceptar términos cuyo significado no puede determinarse mediante la experiencia. La materia, entendida como sustrato invisible e independiente de toda percepción, sería uno de esos conceptos.

Su filosofía convierte la percepción en el centro de la teoría del conocimiento. La pregunta ya no consiste únicamente en saber qué objetos existen fuera de la mente, sino en establecer qué puede afirmarse legítimamente a partir de lo percibido.

Importancia para la metafísica

En el campo metafísico, Berkeley propuso una alternativa al dualismo entre mente y materia. No aceptó que la realidad estuviera compuesta por dos sustancias fundamentales, una material y otra espiritual.

Él era monista en un sentido radical: solo creía en la existencia de lo espiritual. Las ideas son contenidos pasivos de la percepción, mientras que los espíritus son agentes activos que perciben y producen acciones.

Esta posición transforma el problema tradicional de la relación entre mente y cuerpo. Si no existe una sustancia material independiente, tampoco es necesario explicar cómo una mente inmaterial entra en contacto con una materia extensa.

Berkeley convierte el mundo sensible en un orden de ideas percibidas y coordinadas por espíritus. La existencia de las cosas no consiste en poseer una base material oculta, sino en aparecer dentro de una experiencia organizada.

Alcances y límites de su propuesta

La teoría de Berkeley muestra hasta qué punto podemos caer en absurdos si solamente nos fijamos en nuestras propias ideas y rechazamos la posibilidad de que exista una realidad material allí fuera. Esto es algo en lo que se puede caer independientemente de si se cree en alguna religión o no.

Su propuesta puede interpretarse como un relativismo extremo cuando se afirma que todo lo percibido es exactamente tal y como se percibe. Si se siguiese esta posición en cualquier situación, podría llevar a negar toda estabilidad del mundo compartido.

Sin embargo, Berkeley no pretendía reducir la experiencia a una sucesión caótica de impresiones privadas. La regularidad de las sensaciones, su independencia de la voluntad individual y su coordinación general dependen, en su sistema, de la actividad de Dios.

Por eso, su filosofía no equivale simplemente a afirmar que cada persona inventa su propio mundo. El orden común de las percepciones se mantiene porque las ideas sensibles están garantizadas por un espíritu infinito.

La vigencia de Berkeley reside en que su sistema obliga a examinar las condiciones del conocimiento, los límites del lenguaje, la función de la percepción y los supuestos que intervienen cuando se afirma que existe una realidad independiente de toda experiencia.

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