Apertura del comercio mundial durante la dictadura militar chilena: ejemplos y consecuencias

Tras el golpe de Estado de 1973, la economía chilena inició un proceso de profunda apertura comercial, desregulación financiera, privatización de empresas estatales y retiro del Estado de la producción directa. La apertura se concretó mediante una liberalización unilateral de las importaciones, una fuerte promoción de las exportaciones, la reducción arancelaria, la eliminación de barreras no aduaneras y un régimen más favorable para la inversión extranjera.

El proceso tuvo ejemplos concretos desde mediados de los años setenta: la promulgación del Decreto-Ley 600 en 1974 liberalizó el régimen de inversiones extranjeras; en 1975 se acordó establecer un arancel nominal uniforme del 10 por ciento para todas las importaciones, salvo los automóviles; y en 1976 Chile se retiró del Pacto Andino para aplicar con mayor libertad su estrategia de apertura exterior. Entre 1976 y 1981 aumentaron tanto las importaciones como las exportaciones, aunque el auge importador generó déficits comerciales, un fuerte endeudamiento externo y una creciente vulnerabilidad frente a la crisis de 1982.

Qué significó la apertura comercial chilena después de 1973

Las reformas neoliberales implementadas en Chile durante las décadas de 1970 y 1980, significaron en términos económicos y sociales la proyección de una nueva manera de afrontar el desarrollo de la sociedad, constituyéndose en una revisión radical de la política económica del país durante los últimos tres cuartos del siglo XX.

Atrás quedó el control que en dichas materias ejerció el Estado, situación que se agudizó aún más durante el mandato de Salvador Allende Gossens. Finalmente, el golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973 conllevó la puesta en marcha de una nueva política económica, hasta el momento no aplicada en el país.

Las bases teóricas de la política económica implementada desde 1974 por la dictadura, encabezado por Augusto Pinochet Ugarte, se pueden encontrar en El ladrillo. Este documento fue elaborado, desde agosto de 1972, por los economistas Andrés Sanfuentes, Juan Villarzú y José Luis Zabala Ponce; su propósito fue elaborar un programa económico alternativo al implementado por la Unidad Popular entre 1970 y 1973.

Como consecuencia del pesimista diagnóstico que realizaron de la economía nacional, llegaron a la conclusión de la necesidad de liberalizar la hasta entonces cerrada economía chilena, que adolecía de una férrea regulación del Estado, actuando éste como empresario, promotor de la inversión y la industrialización, y anulando la participación de agentes privados en dichas áreas.

Además, durante este período se produjo un desequilibrio en la balanza de pagos y una hiperinflación que por mucho tiempo se ubicó en tres dígitos, situación que persistió por algunos años y que se convirtió en uno de los principales objetivos a regularizar por este nuevo modelo económico.

La liberalización unilateral de las importaciones

En materia económica, se adoptó una política de "shock", destinada a forzar la recuperación de los equilibrios macroeconómicos, empujando al mismo tiempo al comercio exterior hacia una apertura unilateral de importaciones y fuerte promoción de exportaciones.

La primera etapa del modelo neoliberal chileno, que comprendió los años 1974 a 1982, se caracterizó por una férrea ortodoxia de los postulados liberales suscritos por los Chicago boys. Esto se tradujo en una extrema liberalización de las importaciones, sello distintivo de las principales áreas estratégicas: la política anti-inflacionaria, las reformas del sistema financiero y la apertura comercial hacia el exterior.

El programa de recuperación económica del gobierno incluye la eliminación de gravámenes sobre las riquezas y las ganancias de capital y una reducción notable de la carga tributaria sobre las utilidades. Además, se adopta un impuesto al valor agregado (IVA), suprimiéndose las exenciones existentes para los bienes de consumo y se acuerda establecer un arancel nominal uniforme del 10 diez por ciento para todas las importaciones, salvo los automóviles.

La promulgación e inmediata ejecución del Decreto-Ley 600 en 1974 liberalizó el régimen de inversiones extranjeras, lo cual contrariaba la filosofía nacional-estatista del Pacto Andino, institución en la que Chile jugó un rol importante en los años de los Presidentes Frei Montalva y Allende.

Por otro lado, se inició una política de desregulaciones y privatizaciones en diversos ámbitos y sectores productivos de la economía nacional, originándose una singular división de posiciones frente a la situación chilena al interior de los países desarrollados.

MedidaAñoEjemplo de apertura
Decreto-Ley 6001974Liberalización del régimen de inversiones extranjeras
Arancel uniforme1975Arancel nominal uniforme del 10 por ciento para todas las importaciones, salvo los automóviles
Retiro del Pacto Andino1976Mayor libertad para aplicar la apertura exterior y un trato más favorable a la inversión extranjera
Nuevo Plan Laboral1979Implementación mediante el Decreto-Ley Nº 2950

El Decreto-Ley 600 y la inversión extranjera

La promulgación e inmediata ejecución del Decreto-Ley 600 en 1974 liberalizó el régimen de inversiones extranjeras, lo cual contrariaba la filosofía nacional-estatista del Pacto Andino, institución en la que Chile jugó un rol importante en los años de los Presidentes Frei Montalva y Allende.

El régimen militar buscó crear condiciones para atraer capitales y facilitar la participación de empresas privadas en sectores anteriormente controlados o regulados por el Estado. La liberalización de la inversión extranjera fue, por tanto, una de las dimensiones financieras de la apertura comercial.

En los últimos 30 años, la ley chilena ha garantizado a los inversionistas extranjeros un trato claro, coherente y no discriminatorio.

En el plano externo, la liberalización de las inversiones también generó conflictos con los compromisos regionales existentes. Dichas discrepancias obligaron al retiro de Chile de esa entidad en 1976.

El retiro del Pacto Andino como ejemplo de apertura unilateral

En 1976, los Chicago boys retiraron a Chile del Pacto Andino. Este acuerdo (integrado también por Bolivia, Colombia, Ecuador, Perú y Venezuela) ofrecía un mercado seis veces mayor que el local.

El motivo de la salida chilena fue la apertura al exterior y el trato más ventajoso a la inversión extranjera. La decisión mostró que el gobierno militar privilegiaba la liberalización unilateral y la autonomía para definir sus políticas comerciales por encima de la coordinación económica regional.

Las exportaciones chilenas, un tercio de las cuales llegaban a países del Pacto Andino entre 1970 y 1976, buscaron otros rumbos: Estados Unidos, Europa y los países asiáticos (Japón en especial).

Parte del afán exportador se volcó en la búsqueda de nuevos mercados. La estrategia dejó de concentrarse en el espacio regional inmediato y procuró ampliar los vínculos comerciales con economías desarrolladas y con los mercados asiáticos.

La apertura y el crecimiento de las importaciones

Por su parte, las importaciones aumentaron sostenidamente en todas sus categorías hasta 1981, favorecidas por el financiamiento de bancos internacionales a economías emergentes como la chilena, la eliminación de barreras no aduaneras, la reducción arancelaria y el establecimiento de un tipo de cambio fijo.

Los efectos negativos de la rápida apertura al exterior se hicieron visibles con el acelerado aumento de las importaciones que dejó convaleciente a la industria nacional. También hubo un incremento de las exportaciones, aunque comparativamente más moderado.

Al mismo tiempo, la economía chilena pasó a tener una vinculación mucho más estrecha con la economía internacional. Si en 1970 un 35,5 por ciento del PGB dependía de las exportaciones e importaciones, en 1988 esta relación había subido a 52 por ciento.

La cascada de importaciones era notoria en las vitrinas de cualquier tienda y en los anaqueles de los supermercados. La apertura al exterior fue el comienzo de un nuevo mundo de consumo.

Era frecuente ver hasta 20 marcas diferentes de whisky, detergentes norteamericanos, bicicletas europeas, textiles coreanos, juguetes taiwaneses, radios y autos japoneses.

Producto importadoCantidad o gasto registradoPeríodo
Televisores2.112.0001976-1981
Cocinas154.0001976-1981
Refrigeradores332.0001976-1981
Lavadoras132.6001976-1981
Automóviles1.074 millones de dólares en 226.700 automóviles1975-1981

Chile gastó en importar entre los años 1980 y 1981, entre otros artículos de consumo suntuario: 18,7 millones de dólares en golosinas; 26,5 millones de dólares en prendas de cuero y peletería; 33,3 millones de dólares en perfumes y productos de tocador; 50,3 millones de dólares en bebidas alcohólicas y cigarrillos; 67,3 millones de dólares en calzado, sombreros y paraguas; 74,4 millones de dólares en juguetes y artículos de recreo.

Respecto de 1970, las importaciones que más aumentaron en 1981 fueron: perfumes y productos de tocador (19.500 por ciento); televisores (9.357 por ciento); golosinas (5.150 por ciento) y bebidas alcohólicas y cigarrillos (2.400 por ciento).

Este flujo actuó durante el "milagro" en desmedro de la producción nacional, menos eficiente, pero con mayor capacidad para generar empleos en Chile que las importaciones.

El aumento y la diversificación de las exportaciones

Paralelamente, la apertura al exterior pretendió promover las exportaciones chilenas, en especial aquellas no tradicionales.

Entre 1976 y 1981, de acuerdo con datos del Banco Central, las exportaciones aumentaron 82,6 por ciento, de 2.115,6 millones de dólares a 3.836,5 millones de dólares.

Un mayor éxito relativo se logró con la diversificación exportadora. La importancia de las exportaciones mineras dentro del total bajó en esos mismos años de 67 a 57 por ciento.

Esto se debió a dos factores: al aumento de los embarques al exterior de productos agrícolas, celulosa, madera y harina de pescado, como también al bajo precio internacional que registró la libra de cobre en el período.

En ese contexto, se diversificó gradualmente la canasta exportable, aun cuando se mantuvo el liderazgo del cobre, el cual presentó incrementos importantes al principio del período y a finales de los setenta.

Indicador19761981
Exportaciones2.115,6 millones de dólares3.836,5 millones de dólares
Participación de las exportaciones mineras67 por ciento57 por ciento

La economía de Chile ha pasado en los últimos decenios de ser una economía monoexportadora de productos primarios, a un país semi industrial, fruto de un crecimiento económico continuado a un ritmo del 7 por ciento en los años 90.

La economía de Chile se caracteriza por estar orientada a la exportación y su estructura exportadora está conformada por un 45 por ciento de productos industriales, 45 por ciento de producción minera y un 10 por ciento de productos agrícolas.

Dentro de los productos industriales destaca la exportación de celulosa, metanol, productos químicos y agroalimentarios. La industria forestal, del salmón y el vino -de reconocido prestigio internacional- han adquirido importancia en la última década.

En el apartado agrícola adquiere importancia gradual la exportación de frutas y hortalizas. Cabe destacar que la producción chilena industrial abarca todos los rubros productivos (alimentaria, siderúrgica, maquinaria, etc.).

El cobre y la diversificación exportadora

Aunque Chile ha reducido su dependencia de las exportaciones del cobre del 60 por ciento (durante la década de los setenta), al 35 por ciento de la actualidad, todavía es muy alto, y gran parte del crecimiento chileno está relacionado con los altos precios de éste y otros minerales.

El cobre continuó siendo el principal bien exportado, con una participación creciente a lo largo del período, la cual resultó igual a 46% en 1990 y a 50% en 2024.

La apertura iniciada durante la dictadura no eliminó la dependencia del cobre, pero sí favoreció el crecimiento relativo de otras actividades exportadoras. Entre ellas se encontraban los productos agrícolas, la celulosa, la madera, la harina de pescado, la pesca y los bienes industriales.

En cuanto a la producción no minera, la política de promoción exportadora se apoyó en sectores capaces de aprovechar recursos naturales y venderlos en mercados externos. Esta estructura contribuyó a ampliar la canasta exportable, aunque mantuvo una importante exposición a los ciclos internacionales de los precios de las materias primas.

La transformación de la estructura productiva

El resultado concreto de estos cambios modificó, a lo largo del tiempo, la estructura productiva del país.

Las transformaciones más cruciales fueron el aumento de la importancia de los servicios, en contraste con la disminución del peso específico de la industria manufacturera y el incremento de la significación en la economía de los llamados sectores transables, o sea, los que venden sus productos en el exterior.

En 1970 el sector terciario de la economía, representado por los servicios (sector financiero, propiedad de vivienda, educación, salud, turismo y otros), el comercio y el transporte y comunicaciones, representaban el 47,6 por ciento del PGB.

Dieciocho años después, en 1988, los servicios y el comercio representaban el 53,5 por ciento del PGB. Entre ambas fechas, paralelamente, la significación de la industria manufacturera decreció desde 24,7 al 21 por ciento.

En total, la brecha de la importancia relativa entre los servicios y la industria aumentó de 22,9 por ciento en 1970 a 32,5 por ciento en 1988.

Sector o relación19701988
Servicios, comercio, transporte y comunicaciones47,6 por ciento del PGB53,5 por ciento del PGB
Industria manufacturera24,7 por ciento21 por ciento
Dependencia del PGB respecto de exportaciones e importaciones35,5 por ciento52 por ciento
Brecha entre servicios e industria22,9 por ciento32,5 por ciento

El financiamiento externo del auge importador

La balanza comercial, que mide la relación entre exportaciones e importaciones de un país, registró un saldo negativo durante todos los años del llamado "milagro", con la excepción de 1976.

Las cifras en rojo subieron desde 230 millones de dólares en 1977, hasta 3.480 millones de dólares en 1981. En promedio, por cada dólar que se exportó entre 1976 y 1981, el país importó 1,33 dólares.

La diferencia corresponde al déficit comercial generado por la apertura al exterior. El crecimiento de las importaciones fue, por tanto, más rápido que el de las exportaciones durante buena parte de la primera etapa de liberalización.

Si las exportaciones no alcanzaron para pagar todos los bienes importados en el período del "milagro", ¿cómo se financió entonces el déficit comercial?

La respuesta se encuentra en el aumento de la deuda externa. El boom importador fue financiado mediante los créditos externos concedidos por la banca internacional a los grupos económicos, en su mayor parte.

La deuda externa fue contraída por el sector privado, pero sus intereses han sido pagados por todos los chilenos, por el aval estatal que el régimen concedió en las renegociaciones con los acreedores.

Debido a esto, la deuda externa contraída por los grupos económicos y por los estratos de mayores ingresos, ha sido endosada a la sociedad en su conjunto.

La deuda externa chilena, que en 1975 era de 9.301 millones de dólares, se elevó a 16.343 millones de dólares en 1981. Tuvo en este período una tasa de incremento del doce por ciento anual.

Cinco años más tarde, en 1986, la deuda externa chilena ascendió a su record de 20.716 millones de dólares, cifra superior al PGB y casi cinco veces las exportaciones de ese año.

AñoDato
1975Deuda externa de 9.301 millones de dólares
1977Saldo comercial negativo de 230 millones de dólares
1981Deuda externa de 16.343 millones de dólares
1981Saldo comercial negativo de 3.480 millones de dólares
1986Deuda externa de 20.716 millones de dólares

El crecimiento económico y sus límites

El crecimiento del PGB chileno alcanzó entre 1976 y 1981 un promedio anual de 7,2 por ciento.

Durante cuatro años consecutivos las tasas de aumento del PGB superaron el siete por ciento. El record fue el 9,9 por ciento de 1977.

Si se evalúa sólo el período entre 1977 y 1981, el PGB creció a un 8,5 por ciento anual.

El comercio, la pesca, el transporte y las comunicaciones fueron los sectores que tuvieron el mayor crecimiento en el período. El dinamismo de estas actividades fue notable.

En 1978 el comercio se expandió un 24,8 por ciento. La pesca, después de crecer un 33,6 por ciento en 1976, tuvo tasas sobre 14 por ciento en los cinco años siguientes, salvo uno.

Estos datos fueron la base empírica usada por la prensa financiera internacional y por los Chicago boys para hablar de un crecimiento "milagroso" en la economía chilena.

Como respuesta a las políticas contractivas adoptadas durante esos años, se experimentó un elevado índice del desempleo, disminución de los salarios, numerosas quiebras de empresas y desaliento en la formación de capital de inversión, principal motor de crecimiento y progreso.

La crisis de 1982 y el quiebre de la apertura inicial

La crisis de la deuda bancaria de 1982 quebró la tendencia del comercio exterior. Se contrajeron las exportaciones y, especialmente, las importaciones, como resultado de la crisis de liquidez financiera y el alza del tipo de cambio que provocaron una fuerte contracción de la demanda interna.

La crisis cambiaria de 1982-1983, originada por la devaluación del tipo de cambio real, por la duplicación de la deuda externa y por un retroceso de las exportaciones, significó un giro en las decisiones económicas adoptadas hasta ese momento por Pinochet y su equipo asesor.

La crisis económica que se desencadena como consecuencia de la devaluación del tipo de cambio real, origina constantes protestas y disturbios callejeros que reclaman por las altas tasas de desempleo.

Éste sube al 19,6% en 1982 y al 26,4% al año siguiente debido, en parte, a la drástica reducción del crédito externo lo que produce la quiebra de cerca de 1.200 empresas.

La quiebra generalizada del sistema financiero chileno culmina con la intervención de cinco bancos y la liquidación de tres instituciones financieras.

En 1982 se promulga la Ley Nº 18.045 con el objetivo de regular la emisión de valores y operaciones bursátiles. Ese mismo año se inicia una aguda recesión de la economía chilena, lo que significa que la tasa de desempleo llega hasta un 21,4%, es decir, 758.000 personas sin trabajo regular.

La recuperación de los niveles previos a la crisis llegó, en el caso de las exportaciones, en 1987, de la mano de una nueva espiral positiva de los precios del cobre, mientras que, en el caso de las importaciones, sucedió a fines de la década, impulsada por mayores compras de bienes de capital e intermedios.

El giro pragmático desde 1985

A partir de 1985, con la incorporación de Hernán Büchi como Ministro de Hacienda, se inició una etapa de flexibilización de las políticas económicas, más elástica y pragmática.

Asume como Ministro de Hacienda el ingeniero civil Hernán Büchi Buc, quien le da un nuevo giro a la política económica de los últimos años del Gobierno Militar, privilegiando el pragmatismo y la flexibilidad de las reformas sociales, fiscales y financieras.

De este modo se aceleró e intensificó la privatización de las empresas estatales y de los servicios sociales con el objetivo de reactivar la alicaída economía nacional.

Asimismo, se redefinieron algunas funciones del Estado, con atribuciones subsidiarias y fiscalizadoras de los desequilibrios macroeconómicos.

Esto sumado a un notable mejoramiento de los términos de intercambio como consecuencia del precio favorable del cobre y de la reestructuración sustancial realizada en la política fiscal, en las reformas comerciales y financieras y en las reformas sociales, conformaron la totalidad del conjunto de transformaciones económicas propiciadas por el régimen militar y por los gobiernos de la Concertación durante los últimos treinta años.

Ejemplos de apertura financiera y económica complementaria

Tras el golpe de Estado de 1973, se llevaron a cabo diversas reformas estructurales, y la economía chilena inició un proceso de profunda apertura comercial, desregulación financiera, privatización de empresas estatales y retiro del Estado de la producción directa.

En los últimos años, son varios los procesos de innovación que han permitido una mayor competencia en el campo del sector financiero. Esto se ha traducido en una sofisticada y efectiva red financiera que destaca dentro de la región.

Además, la consolidación de un moderno sistema bancario (donde cada vez aparecen nuevos actores como las Fintech y financieras) han permitido el desarrollo en áreas como las de las compañías de seguros, leasing, las bolsas de valores, clasificadoras de riesgo y los fondos de inversión y capital extranjeros.

Una de las buenas decisiones del país, y que le ha permitido enfrentar los escenarios no favorables en el contexto internacional, lo constituyó el consolidar un moderno y competitivo sistema bancario, y también haber desarrollado áreas como las compañías de seguros, las empresas de leasing, las bolsas de valores, las clasificadoras de riesgo y los fondos de capital extranjero.

Los efectos sociales y culturales de la apertura

La apertura a las importaciones provocó cambios sociológicos y culturales en la sociedad. La aparición del consumismo, como un valor y símbolo de status social, y del lucro como medio de desarrollo personal, son quizá los aspectos más relevantes.

Paralelamente, se intensificó la polarización social en las ciudades chilenas. La segmentación era clara entre quienes podían acceder de lleno al consumo suntuario y quienes lo hacían sólo marginalmente.

La división social quedó incluso con límites geográficos, marcados por la opinión pública. En Santiago el límite es de Plaza Italia hacia arriba o hacia abajo y, en Valparaíso, entre el plan y los cerros.

Un recorrido por Santiago a mediados de 1989 permitía observar dos tipos de contrastes, surgidos en la época del "milagro" consumista.

Uno entre los barrios muy lujosos, varios de ellos nuevos como La Dehesa, San Damián y Lo Curro, con la miseria de las comunas populares al sur de la capital: La Pintana, San Ramón, La Cisterna, que acogieron las "erradicaciones" de pobladores pobres del barrio alto.

El otro contraste se daba dentro de estas mismas comunas populares: hogares de extrema pobreza, hacinados y con carencias nutricionales, viviendo de allegados en casas de familiares o amigos, esperando una solución habitacional.

Sin embargo, muchos de estos hogares disponían de radio cassette o televisor en color.

La justificación ideológica de la liberalización

Para los Chicago boys, esta apertura fue económica y éticamente imprescindible:

La libertad económica y de consumo, en especial, es un motor del desarrollo e implica, además, un respeto por la capacidad de decisión de las personas y sus derechos más elementales.

En un país como Chile, sin embargo, donde el grueso de la población no contaba con estos bienes, el televisor o un radiorreceptor son una inversión que constantemente está rindiendo un flujo de cultura y educación, conocimiento del mundo, un buen lenguaje y, en fin, un conjunto de novedades que capitalizan, por decirlo así, al poseedor de estos aparatos.

Ello, además de la entretención a bajísimo costo que significa para mucha gente.

El paso del tiempo no hizo variar de opinión a los promotores de estas transformaciones.

La política exterior y las condiciones internacionales

La política exterior del régimen militar inauguró un deliberado estilo de confrontación ideológica con el bloque soviético y sus aliados, haciendo del anticomunismo el eje central de su postura internacional.

La militancia ideológica del gobierno, sus prácticas represivas y su rápido alejamiento del objetivo inicialmente declarado de restaurar la institucionalidad democrática quebrantada, generó importantes tensiones con las principales democracias occidentales, sumiendo al régimen en una crisis de falta de legitimidad externa, rasgo que sería una constante de la política exterior de dicho período presidencial.

En materia económica, se adoptó una política de "shock", destinada a forzar la recuperación de los equilibrios macroeconómicos, empujando al mismo tiempo al comercio exterior hacia una apertura unilateral de importaciones y fuerte promoción de exportaciones.

En esta perspectiva, la cooperación y la integración regional, así como el multilateralismo mundial eran instancias que giraban al tenor de opciones ideológicas, casi todas contrapuestas con los principios de la política externa del sistema.

De esta forma, para el gobierno militar el multilateralismo trasuntaba una visión utópica de las relaciones internacionales, característica que convertía a los organismos multilaterales en instancias sensibles a ideologías, la mayoría de éstas del todo incompatibles con la opción "occidentalista" del nuevo gobierno chileno.

De la apertura durante la dictadura a la integración comercial posterior

El modelo neoliberal de la década de 1990 se mantuvo consolidado durante las administraciones de los presidentes Patricio Aylwin Azócar, Eduardo Frei Ruiz-Tagle y Ricardo Lagos Escobar.

En sus gobiernos se puso énfasis en el gasto público social, privilegiando el crecimiento con equidad, dirigido a reducir la pobreza, disminuir la cesantía y, por sobre todo, resguardar la estabilidad macroeconómica.

Durante este último período destaca el impacto de la apertura comercial chilena y global. En este lapso, se firmaron numerosos tratados de comercio con las principales economías del mundo.

Con ello, el país alcanzó un crecimiento económico sostenido, atrajo inversión extranjera y continuó diversificando su canasta exportadora.

Chile es un país abierto al mundo que promueve el libre comercio y busca activamente acuerdos con otros países y bloques comerciales.

En los últimos años ha desarrollado una creciente red de acuerdos comerciales con Bolivia, Brunei, Canadá, Centroamérica, China, Colombia, Corea del Sur, Cuba, Ecuador, Estados Unidos, India, Islandia, Liechtenstein, MERCOSUR, México, Noruega, Nueva Zelanda, Panamá, Perú, Singapur, Suiza, Unión Europea y Venezuela.

Además, en marzo del 2007, Chile firmó un Tratado de Libre Comercio con Japón.

Más del 76% de los envíos chilenos se dirigen a estos mercados, los que representan el 87% del PIB mundial.

El valor de los envíos al exterior pasó de US$8.373 millones en 1990 a US$99.165 millones en el año 2024.

Por su parte, las importaciones crecieron desde un valor de US$7.742 millones en 1990 a US$84.262 millones en 2024.

Indicador19902024
ExportacionesUS$8.373 millonesUS$99.165 millones
ImportacionesUS$7.742 millonesUS$84.262 millones
Participación del cobre en las exportaciones46%50%

El significado histórico de la apertura comercial

En los últimos cien años, la evolución del comercio exterior de Chile estuvo marcada por las crisis económicas internacionales, políticas de proteccionismo, fases de industrialización y, finalmente, por una creciente apertura al mercado global.

Desde la consolidación del cobre como exportación predominante, el país ha transitado en las últimas décadas hacia una mayor apertura comercial, medida en relación con el PIB, diversificando su canasta exportadora, en complemento al dominio que aún tiene el metal rojo.

La firma de tratados comerciales y la integración con el mundo fueron clave para su posicionamiento como actor relevante en el comercio internacional, enfrentar desafíos globales y aprovechar nuevas oportunidades económicas.

Chile ha sido un país pionero en la liberalización económica e impulsor decidido del libre comercio.

En el rubro de mercados libres es una de las economías más globalizadas y competitivas del planeta.

A objeto de enfrentar en mejor forma las crisis económicas internacionales, y dada el alto grado de vinculación del país en el comercio internacional, es que se debe insistir en la diversificación de sus exportaciones de bienes y servicios y de su creciente dinamismo.

noimgs

tags: #apertura #del #comercio #mundial #en #la