El apalancamiento financiero de hombres y mujeres no depende únicamente de la posibilidad de solicitar un préstamo, sino también del acceso a cuentas, ahorro, seguros, pagos, educación financiera, garantías y recursos productivos. A escala mundial, las mujeres siguen teniendo menos acceso a las instituciones financieras, poseen menos activos que puedan utilizar como garantía y obtienen menos financiamiento para iniciar o ampliar negocios.
La inclusión financiera proporciona a las mujeres herramientas para acumular activos, generar ingresos, gestionar riesgos financieros y participar plenamente en la economía. Sin embargo, solo con un acceso equitativo a la gama completa de servicios financieros basados en necesidades -ahorro, crédito, seguro, pagos- y la educación financiera que lo acompaña, las mujeres tienen una oportunidad de empoderamiento social y económico.
Qué significa el apalancamiento financiero con perspectiva de género
El empoderamiento económico de las mujeres es esencial para garantizar sus derechos y lograr la igualdad de género. El empoderamiento económico de las mujeres significa asegurar que las mujeres participan en igualdad de condiciones en el trabajo decente y la protección social y se benefician de ellos; acceden a los mercados y tienen control sobre los recursos, sobre su propio tiempo, su vida y su cuerpo; y gozan de más representación, capacidad de acción y una participación real en la toma de decisiones económicas a todos los niveles, desde los hogares a las instituciones internacionales.
La inclusión financiera es un elemento facilitador clave para reducir la pobreza y promover la prosperidad. La inclusión financiera se refiere al acceso que tienen las personas y las empresas a diversos productos y servicios financieros útiles y asequibles que atienden sus necesidades -transacciones, pagos, ahorro, crédito y seguros- y que se prestan de manera responsable y sostenible.
Ya sea que trabajen en el hogar o fuera de él, ya sea que trabajen en empleo formal o por cuenta propia, la inclusión financiera proporciona a las mujeres las herramientas para acumular activos, generar ingresos, gestionar riesgos financieros y participar plenamente en la economía. Por sí solo, la inclusión financiera no dará como resultado la igualdad de género.
Principales brechas financieras entre hombres y mujeres
| Indicador | Hombres | Mujeres | Brecha o diferencia |
|---|---|---|---|
| Titularidad mundial de una cuenta financiera | 78 % | 74 % | 4 puntos porcentuales |
| Titularidad de una cuenta en países en desarrollo, 2014 | 65 % | 58 % | 7 puntos porcentuales |
| Respuestas correctas a preguntas financieras básicas en España | 58 % | 48 % | 10 puntos porcentuales |
| Creación de empresas en 2022 | 12,6 % | 10,1 % | La tasa femenina equivale al 80 % de la masculina |
| Empresas ya establecidas en 2022 | 8,1 % | 5,5 % | La tasa femenina equivale al 68 % de la masculina |
| Deuda promedio en proveedores financieros de menor tamaño en Chile | $3,79 millones | $2,99 millones | La deuda femenina equivale al 79 % de la masculina |
Las mujeres tienen menos probabilidades que los hombres de acceder a las instituciones financieras o de disponer de una cuenta bancaria. La brecha de género en la titularidad de cuentas bancarias se redujo en 2021 después de años de estancamiento, aunque los porcentajes varían según las economías.
En los países en desarrollo, la brecha de género se sitúa en el 6 por ciento, mientras que la cifra a escala mundial es del 4 por ciento, con un 78 por ciento de hombres que aseguran tener una cuenta en una institución financiera oficial frente al 74 por ciento de las mujeres.
La inclusión financiera de las mujeres está experimentando una transformación extraordinaria. Según el informe Global Findex 2025 (i), el 73 % de las mujeres de las economías de ingreso bajo y mediano tenía una cuenta financiera en 2024, esto es un aumento de 7 puntos porcentuales en comparación con 2021.
Pero detrás de estos avances hay un problema persistente: alrededor de 700 millones de mujeres en todo el mundo aún no tienen una cuenta, lo que les impide utilizar los servicios financieros y aprovecharlos para lograr una mayor solidez y resiliencia en el ámbito de las finanzas.

Acceso a cuentas, ahorro y pagos digitales
Tener una cuenta puede desbloquear el acceso a productos financieros. De acuerdo con la última edición de Global Findex, en todos los países de ingreso bajo y mediano aumentó la cantidad de mujeres que utilizan cuentas para ahorrar formalmente (el 36 % en 2024, frente al 22 % en 2021) y realizar o recibir pagos digitales (del 50 % al 58 %), incluidos los pagos digitales en comercios (del 32 % al 38 %).
En promedio, en los países en desarrollo, el obstáculo citado con más frecuencia entre las mujeres que no poseían una cuenta era no tener suficiente dinero para abrir una, seguido del costo de las comisiones por servicios financieros y el hecho de que un miembro de la familia ya tuviera una cuenta.
El uso de la cuenta de un familiar es particularmente habitual en América Latina y el Caribe, donde las comisiones son altas, lo que hace menos asequible tener más de una cuenta por hogar. La distancia a una sucursal o agente de dinero móvil es otro impedimento común.
La conectividad móvil y las cuentas digitales pueden ayudar a superar los obstáculos relacionados con el costo y la distancia, ya que los titulares de cuentas digitales pueden utilizarlas cuando y donde lo necesiten. En la actualidad, más de la mitad de las mujeres que tienen cuentas en los países de ingreso bajo y mediano son titulares de una cuenta digital, lo que significa que pueden acceder a ellas mediante una tarjeta o un teléfono.
Dado que alrededor del 80 % de las mujeres en las economías en desarrollo posee un teléfono móvil, es más fácil y conveniente que utilicen sus cuentas digitales. Las cuentas de dinero móvil son un tipo muy popular en África subsahariana y Bangladesh: para utilizarlas se necesita un teléfono móvil básico, y a menudo tienen comisiones más bajas que las cuentas bancarias tradicionales.
En África subsahariana, las mujeres tienen 12 puntos porcentuales menos de probabilidades que los hombres de poseer algún tipo de cuenta, pero es igualmente probable que sean las únicas titulares de una cuenta de dinero móvil, lo que sugiere que la tecnología puede ofrecer beneficios específicos para las mujeres.
Sin embargo, entre el 48 % de las mujeres que aún no están bancarizadas en África subsahariana, solo la mitad posee un teléfono móvil, lo que sugiere que los esfuerzos para promover la titularidad de cuentas deben coincidir con los destinados a mejorar la conectividad móvil.
Los pagos digitales también desempeñan un papel importante en el acceso a las cuentas, ya que crean incentivos para que los receptores tengan y utilicen dichas cuentas. Alrededor del 60 % de las mujeres que poseían una cuenta bancaria o similar en los países de ingreso bajo y mediano abrieron su primera cuenta para recibir un pago directo (es decir, digital) del Gobierno o de un empleador del sector privado.
En la actualidad, el 10 % de las mujeres no bancarizadas en los países de ingreso bajo y mediano recibe un salario o un pago gubernamental, lo que indica que existe una oportunidad de incorporar a estas mujeres al sistema financiero formal.
Del acceso a la cuenta al uso efectivo del crédito
La inclusión financiera solo comienza con la titularidad de una cuenta: las mujeres deben usar esas cuentas para experimentar los beneficios y conseguir solidez financiera. Es posible que los servicios disponibles no satisfagan las necesidades de las mujeres, causando un retraso en el uso de dichos servicios.
Por ejemplo, entre los adultos que poseen cuentas, las mujeres tienen menos probabilidades que los hombres de ahorrar y pedir préstamos formalmente, y realizar pagos digitales. Aunque no hay diferencias significativas en la proporción de hombres y mujeres que solicitan préstamos para crear o gestionar una empresa, son muy pocas las que lo hacen.
Solo el 9 % de las mujeres obtienen financiamiento para iniciar u operar un negocio y, entre ellas, solo la mitad puede acceder a fuentes formales de crédito. En general, en los países de ingreso bajo y mediano, las mujeres son menos propensas que los hombres a decir que podrían acceder fácilmente a dinero adicional para enfrentar un evento financiero inesperado, como la pérdida de ingresos o los daños a un activo, y es más probable que recurran a fuentes de dinero menos confiables como familiares y amigos.
Tener una cuenta y usarla podría mejorar la resiliencia, especialmente en el área del ahorro: las mujeres que tienen cuentas de ahorro pueden estar seguras de que su dinero estará disponible cuando lo necesiten.
El acceso a servicios financieros facilita la vida diaria y ayuda a las familias y las empresas a planificar desde objetivos a largo plazo hasta emergencias inesperadas. Como titulares de cuentas, es más probable que las personas usen otros servicios financieros, como el crédito y los seguros, para iniciar y ampliar negocios, invertir en educación o salud, administrar riesgos y superar conmociones financieras, lo que puede mejorar la calidad general de sus vidas.
Crédito empresarial y obstáculos para las emprendedoras
Las empresas de propiedad de mujeres representan más del 30 % de los negocios formales y registrados en todo el mundo. Sin embargo, el 70 % de las pequeñas y medianas empresas en los países en desarrollo que son propiedad de mujeres son rechazadas por las instituciones financieras o no consiguen el capital que necesitan.
Las mujeres tienen menos probabilidades de ser empresarias y se enfrentan a más obstáculos para poner en marcha su negocio. En 2022, la actividad de creación de empresas por parte de mujeres se situó en el 10,1 por ciento, una cifra que equivale al 80 por ciento de la tasa masculina, que fue del 12,6 por ciento.
Sin embargo, en el caso de las empresas ya establecidas, la tasa del 5,5 por ciento de las mujeres suponía el 68 por ciento de la tasa de los hombres, que fue del 8,1 por ciento. Eso significa que la brecha de género es mayor cuanto más avanza el ciclo empresarial, lo que demuestra que las mujeres no sólo se enfrentan a múltiples obstáculos para iniciar un negocio, sino que también les resulta más difícil mantenerlo debido a la desigualdad.
Con frecuencia se observan altas tasas de emprendimiento entre las mujeres en los países de ingresos medianos y bajos en los que escasean las opciones de trabajo decente, lo que pone de relieve el importante vínculo que une el empleo con el emprendimiento.
El acceso a financiamiento es una de las principales razones de que esto sea verdad. Si las mujeres tuvieran las mismas oportunidades que los hombres en los mercados laborales, algunas economías podrían crecer hasta en un 34 %.
Garantías, activos y propiedad de la tierra
Las agricultoras tienen un nivel significativamente inferior que los agricultores de acceso, control y propiedad de la tierra y otros activos productivos. Por ejemplo, a escala mundial, menos del 15 por ciento de las personas que poseen tierras son mujeres, aunque hay importantes variaciones entre países.
Las garantías se basan en general en activos de bienes raíces y para las mujeres resulta particularmente difícil proveerlas, ya que con demasiada frecuencia sus nombres no aparecen en los títulos de propiedad.
Las diferencias en la propiedad de activos limitan la capacidad de las mujeres para demostrar solvencia, ofrecer garantías y obtener préstamos de mayor tamaño. Las mujeres enfrentan diversas dificultades, tales como diferencias en el acceso a las redes y el desarrollo de aptitudes, normas culturales restrictivas, y la falta de tiempo para dedicarse a la actividad empresarial.
Las nuevas tecnologías ayudan a solucionar un problema de larga data que enfrentan muchas mujeres: presentar una garantía cuando solicitan un préstamo. En China, junto con Ant Financial, pusimos en marcha el primer programa que ofrece financiamiento para la mujer a través de Internet, y mediante el cual se analizan datos sobre el comportamiento y las transacciones de las mujeres para evaluar su capacidad crediticia en lugar de recaudar valores y activos (por ejemplo, bienes inmuebles o inventarios) como garantías para recibir préstamos.
En Etiopía, experimentamos con tecnologías en el ámbito financiero, usando pruebas escritas en tabletas que pueden predecir la probabilidad que un prestatario pague un préstamo. Si estos tipos de innovaciones pueden funcionar en lugares tan distintos como China y Etiopía, no hay ninguna razón para que no den resultado en otros lugares.
El apalancamiento financiero en el ciclo empresarial
La brecha de género aumenta cuanto más complejas son las necesidades de financiamiento y cuanto más avanza una empresa desde la creación hacia la consolidación. Las emprendedoras pueden encontrar crédito inicial, pero tener mayores dificultades para obtener capital de trabajo, financiar activos, contratar personal o expandir sus operaciones.
También averiguamos que en Etiopía muchas emprendedoras estaban atascadas en el “segmento intermedio no atendido”. Necesitaban préstamos que eran de montos muy elevados para las entidades de microfinanciamiento o de montos muy bajos para los bancos tradicionales.
Por lo que prestamos asistencia para que las instituciones de microfinanzas ampliaran sus servicios, y los bancos comerciales redujeran sus requisitos. En la actualidad, estas entidades otorgan mensualmente préstamos de entre USD 2 millones y USD 4 millones a mujeres empresarias que no tenían acceso a crédito en el pasado.
Fue tal el éxito que las enseñanzas aprendidas en Etiopía las estamos aplicando en Indonesia, donde junto al Gobierno ayudamos a las emprendedoras a tener acceso al capital que necesitan para iniciar un negocio o expandir los ya existentes.
Solucionar el problema de las garantías y ajustar el tamaño de los préstamos para ofrecer mejores servicios a las emprendedoras son acciones esenciales, pero no suficientes. Constatamos que la capacitación en iniciativa personal ayudó a aumentar hasta en un 40 % los ingresos de las empresas de propiedad de mujeres; mucho más que los programas tradicionales de capacitación en gestión.
Comparación de endeudamiento entre hombres y mujeres: evidencia de Chile
El Servicio Nacional del Consumidor (SERNAC) dio a conocer las principales conclusiones del "Informe de Endeudamiento y Género en Proveedores Financieros de Menor Tamaño", el cual permitió establecer que las mujeres tienen un mejor comportamiento de pago que los hombres.
El análisis consideró información sobre el endeudamiento, morosidad y brechas de género en la cartera de créditos asociados a consumidores financieros (personas naturales) en 66 proveedores financieros de menor tamaño, cuyos datos fueron recabados durante diciembre de 2023.
- 16 Empresas Financieras Automotrices (EFA).
- 29 Cooperativas de Ahorro y Crédito (CAC).
- 4 Cajas de Compensación de Asignación Familiar (CCAF).
- 17 Pequeños Proveedores Financieros (PPF).
Al momento de realizarse el levantamiento de los datos, existía un universo de 1,97 millones de deudores de créditos, cuyos montos adeudados ascendían a $6,7 millones de millones. La deuda promedio para las EFA fue de $6,73 millones; mientras que las CAC y CCAF mostraron niveles de deuda promedio de $2,63 millones y $2,24 millones, respectivamente.
Los PPF, en tanto, presentaron una deuda promedio en torno a $3.6 millones. De cada 10 deudas asociadas a hombres, sólo existen 8 asociadas a mujeres.
| Indicador | Resultado |
|---|---|
| Deudas adquiridas por mujeres | 84 % del total de deudas adquiridas por hombres |
| Deuda total asociada a mujeres | 66 % de la asociada a los hombres |
| Deuda promedio de las mujeres | $2,99 millones |
| Deuda promedio de los hombres | $3,79 millones |
| Morosidades superiores a 30 días | 13 % de los deudores |
| Morosidad superior a 90 días | 7 % de los deudores |
| Operaciones morosas repactadas | 8 % del stock total de créditos vigentes al 31 de diciembre de 2023 |
Los montos objeto de cobranza judicial ascendieron a $350 mil millones, lo que representó el 30% de los montos adeudados en condición de morosidad. Al comparar con el año anterior, el porcentaje de la cartera morosa disminuyó, a excepción de las EFA, que aumentó marginalmente.
Las mujeres tienen un mejor comportamiento de pago que los hombres, considerando sus más bajos niveles de morosidad. Sin embargo, también se apreció que las mujeres exhibieron mayores tasas de operaciones refinanciadas.
Las brechas relacionadas con el número de deudores, los montos adeudados y la deuda promedio se redujeron en casi todos los tipos de proveedores financieros en comparación con el año anterior. Este análisis no detectó evidencia de que a las mujeres se les exija mayores garantías en forma de avales para el otorgamiento de créditos que a los hombres.
Ingresos, empleo y capacidad de endeudamiento
Las mujeres reciben salarios inferiores a los de los hombres. La brecha salarial de género es de alrededor del 20 por ciento. Eso significa que las mujeres ganan un 80 por ciento de lo que perciben los hombres, aunque esta cifra subestima la extensión real de la desigualdad salarial, sobre todo en los países en desarrollo, en los que predomina el empleo informal por cuenta propia.
Las mujeres también se enfrentan a una penalización salarial por ser madres, que aumenta cuanto mayor es el número de hijas e hijos que tiene una mujer. Las mujeres tienen menos probabilidades de participar en el mercado laboral que los hombres en todo el mundo.
La brecha de género mundial en materia de participación en la fuerza laboral se mantiene en el 30 por ciento desde 1990, con un 80 por ciento de los hombres frente al 50 por ciento de las mujeres. La tasa de participación en la fuerza laboral de las mujeres de entre 25 y 54 años en 2022 fue del 61,4 por ciento en comparación con el 90,6 por ciento de los hombres.
Las mujeres de ese grupo de edad con al menos una hija o un hijo de menos de seis años sufren una "penalización por maternidad" ya que la brecha crece del 29,2 por ciento al 42,6 por ciento, con una participación femenina del 53,1 por ciento y una participación masculina del 95,7 por ciento.
Las mujeres tienen una probabilidad ligeramente inferior que los hombres de estar desempleadas, pero sufren un déficit de empleo muy superior. En 2022, la tasa de desempleo mundial de las mujeres y los hombres se situó en el 5,7 por ciento y el 5,8 por ciento, respectivamente.
Sin embargo, la tasa de incidencia de déficit de empleo de las mujeres en 2022 fue del 15,0 por ciento y la de los hombres, del 10,5 por ciento, lo que significa que hubo 153 millones más de mujeres con una necesidad de empleo insatisfecha, frente a 115 millones de hombres.
Casi el 60 por ciento del empleo de las mujeres en todo el mundo se enmarca en la economía informal y, en los países de ingresos bajos, la cifra supera el 90 por ciento, según el último estudio disponible, que data de 2018.
La informalidad, los salarios más bajos y las interrupciones laborales reducen la capacidad de ahorro y la estabilidad de los ingresos, factores que suelen influir en la evaluación de riesgo de las entidades financieras.
Trabajo de cuidados y autonomía económica
El trabajo de cuidados no remunerado es esencial para el funcionamiento de la economía, pero a menudo no se contabiliza ni se reconoce. Las mujeres asumen una carga desproporcionada de trabajo doméstico y de cuidados no remunerado.
En todo el mundo, las mujeres -en especial, las pertenecientes a grupos racializados, migrantes y de bajos ingresos- realizan más de tres cuartas partes del trabajo doméstico y de cuidados no remunerado. En 2050, a escala mundial, las mujeres seguirán dedicándole casi 2,5 horas diarias más que los hombres al trabajo de cuidados no remunerado, si continúa la tendencia actual.
Si al trabajo no remunerado realizado por las mujeres se le asignara un valor monetario, este sería superior al 40 por ciento del PIB en algunos países según estimaciones conservadoras. La falta de tiempo limita la posibilidad de trabajar más horas, capacitarse, administrar un negocio o acudir a una institución financiera.
Las mujeres constituyen la mayoría de las personas dedicadas al trabajo de cuidados remunerado, incluidos el ámbito sanitario, la educación y el trabajo doméstico remunerado. A pesar de ser esencial, este trabajo está mal pagado, se considera no cualificado y, a menudo, es inseguro.
Alrededor del 80 por ciento de las personas trabajadoras del hogar en todo el mundo son mujeres; el 90 por ciento no tiene acceso a prestaciones de la seguridad social y la jornada laboral semanal de más de la mitad carece de límite de horas.
Cerrar las brechas existentes en las políticas de cuidados y ampliar los servicios de cuidados mediante trabajo decente puede crear casi 300 millones de empleos para 2035, lo que contribuiría a reducir las desigualdades de género en el empleo y generaría importantes beneficios sociales y económicos.
Entre el 70 y el 90 por ciento de los empleos creados mediante la inversión en la infraestructura del cuidado beneficiará a las mujeres. Los estudios indican que la inversión en el sector del cuidado podría crear casi tres veces más puestos de trabajo que la misma inversión en la construcción y generar un 30 por ciento menos de emisiones de gases de efecto invernadero.
Educación financiera y capacidad para utilizar el crédito
En el BCE estamos comprometidos con abordar la brecha de género en conocimientos financieros y mejorar la educación financiera en general. Entender tus finanzas personales te permite adoptar mejores decisiones en el día a día, como planificar tu presupuesto, ahorrar, comprar o invertir.
Uno de cada cinco europeos tiene un nivel elevado de educación financiera. Solo un 15 % de las mujeres entra en esa categoría, frente al 27 % de los hombres, lo que pone de relieve la brecha de género en conocimientos financieros y comprensión de las finanzas personales.
La brecha de género en conocimiento financieros entre hombres y mujeres se sitúa en 10 puntos porcentuales. Un 58% de los hombres responde correctamente a preguntas financieras básicas, mientras que dicho porcentaje sólo llega al 48% en el caso de las mujeres.
Un examen más detallado de las respuestas permite conocer que la diferencia entre el porcentaje de respuestas correctas está asociada principalmente a respuestas «no sabe» más que a respuestas incorrectas. Un 9% de las respuestas de los hombres es «no sabe», mientras que para las mujeres dicho porcentaje alcanza el 16% para las mujeres.
La Encuesta de Competencias Financieras del Banco de España también muestra que los hombres tienen una percepción de sus conocimientos financieros más alta que las mujeres. El 42% de los hombres considera que sus conocimientos son muy bajos o bastante bajos y el 10% declara que son bastante o muy altos.
En el caso de las mujeres, el 52% de las mujeres declara que son muy bajos o bastante bajos y solamente el 6% los considera bastante o muy altos. Estas diferencias pueden afectar la disposición a solicitar crédito, comparar productos, negociar condiciones o invertir.
La educación financiera proporciona habilidades básicas relacionadas con los ingresos, gastos, presupuestos, préstamos, ahorros y el uso de otros servicios financieros como seguros y transferencias de dinero. Es esencial para aumentar la educación financiera y ayuda a las mujeres a lograr mejores resultados comerciales, mejor igualdad y más empoderamiento.
Estos resultados ponen de manifiesto que es crucial implementar programas inclusivos y accesibles que aborden específicamente estas diferencias y que promuevan una mayor igualdad de género en la educación financiera.
Entre algunas de las medidas que se contemplan se incluyen desarrollar programas de educación financiera que estén diseñados específicamente para abordar las necesidades y desafíos particulares que enfrentan las mujeres. Además, puede ser clave desarrollar programas y recursos que fomenten la confianza financiera en las mujeres, incluida la educación sobre la importancia del ahorro, la inversión y la toma de decisiones financieras informadas.
Protección social, pobreza y vulnerabilidad financiera
Una de cada 10 mujeres vive en la pobreza extrema (10,3 por ciento). De continuar las tendencias actuales, se estima que en 2030 el 8 por ciento de la población mundial de mujeres -342,4 millones de mujeres y niñas- todavía vivirá con menos de 2,15 dólares estadounidenses al día.
La mayoría (220,9 millones) residirá en el África Subsahariana. Estudios recientes han demostrado que a las mujeres y las niñas les va peor que a los hombres y los niños en una variedad de factores que las predisponen a la pobreza.
Las mujeres tienen menos probabilidades de tener acceso a la protección social. Las desigualdades de género en el mundo laboral y en el trabajo de calidad se traducen en una brecha de acceso a los beneficios de protección social que se adquieren mediante el empleo, como las pensiones, las compensaciones por desempleo o la protección por maternidad.
La cobertura de las mujeres va a la zaga de la de los hombres en 8 puntos porcentuales (34,3 por ciento y 26,5 por ciento respectivamente). Se calcula que, en todo el mundo, un 73,5 por ciento de las mujeres trabajadoras asalariadas carece de acceso a la protección social.
El divorcio, la separación y la viudez afectan más negativamente a las mujeres que a los hombres. En el grupo de edad de 18 a 49 años, las mujeres divorciadas tienen más del doble de probabilidades de ser pobres que los hombres divorciados.
Las mujeres padecen una mayor inseguridad alimentaria que los hombres. La brecha de género en relación con la inseguridad alimentaria ha pasado del 1,7 por ciento en 2019 a más del 4 por ciento en 2021, con un 31,9 por ciento de las mujeres en situación de inseguridad alimentaria moderada o grave en comparación con el 27,6 por ciento de los hombres.
La vulnerabilidad económica reduce la capacidad de las mujeres para asumir deuda, afrontar pagos inesperados y negociar condiciones financieras. También puede hacer que recurran a fuentes informales de financiamiento con mayores riesgos o menor protección.
Digitalización, datos alternativos y nuevos modelos de crédito
La brecha digital sigue siendo una brecha de género, con un 37 por ciento de mujeres en todo el mundo que no usan Internet, lo que significa que hay 259 millones menos de mujeres que hombres que tienen acceso a Internet.
La inclusión financiera digital implica el uso de medios digitales que reducen los costos para proporcionar a las poblaciones actualmente excluidas del sector financiero y desatendidas diversos servicios financieros formales adaptados a sus necesidades.
Los servicios financieros digitales -incluidos aquellos en que se utilizan teléfonos móviles- ya se han puesto en marcha en más de 80 países, y algunos han alcanzado una escala considerable. Como resultado, millones de clientes pobres anteriormente excluidos y desatendidos están dejando de realizar exclusivamente transacciones en efectivo y han empezado a acceder a servicios financieros formales a través de un teléfono móvil u otras tecnologías digitales.
La utilización de datos de transacciones, pagos digitales y comportamiento financiero puede ampliar la evaluación de solvencia más allá de la propiedad inmobiliaria. No obstante, estos sistemas requieren servicios responsables, protección del consumidor y capacidad financiera para promover servicios financieros responsables y sostenibles.
La actual crisis de la COVID-19 también ha reforzado la necesidad de aumentar la inclusión financiera digital. Avanzar del acceso a la utilización de cuentas es el siguiente paso en los países donde el 80 % o más de la población tiene cuentas (China, Kenya, India, Tailandia).
Trabajo informal, agricultura y activos productivos
En el sector agrícola, las mujeres están sobrerrepresentadas en el trabajo estacional, informal, a tiempo parcial y de salario bajo, que ofrece un acceso limitado a la protección social. El 36 por ciento de las mujeres trabajadoras y el 38 por ciento de los hombres trabajadores de todo el mundo trabajaban en sistemas agroalimentarios en 2019, aunque esas cifras podrían excluir a quienes trabajan por cuenta propia y a las trabajadoras y trabajadores familiares no remunerados.
En el África Subsahariana, el 66 por ciento del empleo femenino se concentra en los sistemas agroalimentarios, frente al 60 por ciento en el caso de los hombres. En Asia Meridional, el 71 por ciento de las mujeres ocupadas trabajan en el sector agroalimentario, en comparación con el 47 por ciento de los hombres.
Cerrar la brecha de género en materia de productividad agrícola y la brecha salarial en el empleo del sector agroalimentario podría incrementar el producto interno bruto mundial en un 1 por ciento, es decir, casi 1 billón de dólares estadounidenses.
La falta de acceso, control y propiedad de la tierra y otros activos productivos reduce las garantías disponibles y limita la posibilidad de invertir en herramientas, tecnología, inventarios o instalaciones. La desigualdad de activos, por tanto, afecta simultáneamente el tamaño del préstamo, el costo del financiamiento y la capacidad de ampliar una actividad económica.
Normas legales, discriminación y riesgos en el trabajo
Las diferencias de género en la legislación afectan tanto a las economías en desarrollo como a las desarrolladas y a las mujeres de todas las regiones. En todo el mundo, más de 2.700 millones de mujeres están sujetas a restricciones legales que les impiden gozar de la misma libertad de elección de trabajo que los hombres.
De las 190 economías evaluadas en 2023, más de un tercio (69 economías) tienen leyes que limitan la decisión de las mujeres de trabajar y 43 carecen de legislación sobre acoso sexual en el lugar de trabajo.
La violencia y acoso en el lugar de trabajo afectan a las mujeres con independencia de la edad, el lugar, los ingresos o el estatus social. Se calcula que el costo económico para la economía mundial de las instituciones sociales discriminatorias y la violencia contra las mujeres asciende a unos 6 billones de dólares estadounidenses anuales.
En muchas sociedades, las mujeres enfrentan discriminación y son desproporcionadamente vulnerables. Los roles de género desiguales tienen implicaciones para los aspectos más básicos de la autodeterminación, la dignidad y la libertad, que a su vez influyen en la inclusión financiera, o la falta de ella.
Clima, medio ambiente y seguridad económica
La degradación medioambiental y el cambio climático tienen una repercusión desproporcionada en las mujeres y en la infancia. Por norma general, las mujeres padecen las peores consecuencias de las alteraciones climáticas y de los problemas de salud derivados de la contaminación doméstica y urbana, que incrementan el tiempo que dedican a cuidar a las personas y el planeta.
Dado que los recursos de la tierra, forestales e hídricos están cada vez más amenazados, privatizados o "secuestrados" por inversiones comerciales, las comunidades locales y las poblaciones indígenas, sobre todo las mujeres, cuya subsistencia depende de esos recursos, se ven marginadas y desplazadas.
Más de 1.200 millones de empleos -es decir, el 40 por ciento de la fuerza laboral mundial- que dependen directamente o en buena medida del medio ambiente y los ecosistemas están en grave peligro. Las mujeres se enfrentarán a un grave riesgo de perder su empleo debido a su alta participación en sectores sensibles a los efectos del cambio climático, como la agricultura.
La exposición a riesgos ambientales puede reducir ingresos, deteriorar activos productivos y aumentar las necesidades de crédito. La inversión en cuidados y servicios sostenibles puede generar empleo, reducir emisiones y mejorar las condiciones que permiten a las mujeres participar en actividades económicas remuneradas.
Políticas para cerrar la brecha de apalancamiento financiero
Necesitamos esfuerzos coordinados de los Gobiernos, el sector privado y las instituciones multilaterales -incluido el Grupo Banco Mundial- para subsanar la brecha de género en materia de financiamiento y acelerar el crecimiento económico sostenible.
La Iniciativa de Financiamiento para Mujeres Emprendedoras es un servicio mundial para aumentar el acceso al capital, y que permitirá invertir en proyectos y programas que apoyen a las pequeñas y medianas empresas lideradas por mujeres en todo el mundo.
Al mismo tiempo, la iniciativa denominada We-Fi posibilitará la colaboración con los Gobiernos para mejorar las leyes los reglamentos que obstaculizan las actividades empresariales de las mujeres. We-Fi sirve de complemento a algunos de los esfuerzos que ya estamos realizando, y se basará en lo que hemos aprendido durante nuestra labor con asociados de los sectores público y privado.
Para avanzar de manera efectiva, los países pueden combinar cuentas de bajo costo, pagos digitales, educación financiera, productos de crédito adecuados, seguros, protección del consumidor, servicios de cuidados y reformas sobre propiedad y garantías.
- Aplicar políticas a escala, como la identificación digital universal (India y las cuentas Aadhaar/JDY), beneficiando a más de 1200 millones de personas.
- Aprovechar los pagos del Gobierno.
- Promover el crecimiento de los servicios financieros móviles.
- Recibir con beneplácito los nuevos modelos de negocios, como la utilización de los datos del comercio electrónico para fines de inclusión financiera.
- Adoptar un enfoque estratégico formulando una estrategia nacional de inclusión financiera que reúne a diversas partes interesadas, como los entes reguladores financieros, las empresas de telecomunicaciones, los órganos que regulan la competencia y los ministerios de educación.
- Prestar atención a la protección del consumidor y la capacidad financiera para promover servicios financieros responsables y sostenibles.
Las investigaciones indican que los países aumentan el ritmo y el impacto de las reformas cuando adoptan un enfoque estratégico y elaboran estrategias nacionales de inclusión financiera que reúnen a los entes reguladores financieros, las empresas de telecomunicaciones, los órganos que regulan la competencia y los ministerios de educación.
La Iniciativa de Financiamiento para Mujeres Emprendedoras es un servicio mundial para aumentar el acceso al capital, y que permitirá invertir en proyectos y programas que apoyen a las pequeñas y medianas empresas lideradas por mujeres en todo el mundo.
Cada día estamos aprendiendo más sobre las medidas que funcionan para ampliar el acceso al financiamiento, redistribuir el trabajo doméstico, acelerar los avances en materia de inclusión financiera, capacitar a las emprendedoras y ayudarlas a acceder a mercados de alto valor.
El empoderamiento económico de las mujeres es una cuestión moral, pero también es una cuestión económica crucial. Sabemos que el acceso al capital y los mercados permiten a las mujeres iniciar negocios y hacerlos crecer, y contribuir al crecimiento de la economía en general.
Cuando el número de mujeres ocupadas aumenta, las economías crecen. El empoderamiento económico de las mujeres incrementa la diversificación económica y la igualdad de ingresos en pos de una prosperidad compartida.
Se calcula que cerrar la brecha de género podría suponer un impulso de 7 billones de dólares estadounidenses para la economía mundial. Ningún país, organización o economía puede desarrollar todo su potencial y hacer frente a los desafíos del siglo XXI sin la participación plena e igualitaria de mujeres y hombres.
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