La historia del antiguo estadio de Independiente no se limita a una única cancha, sino que comprende una sucesión de terrenos, mudanzas y obras levantadas con enorme esfuerzo por sus fundadores, dirigentes y socios.
Desde los baldíos de Flores hasta la monumental “Doble Visera de cemento”, el Club Atlético Independiente fue consolidando su identidad deportiva en escenarios que reflejaron tanto el crecimiento institucional como la transformación urbana de Buenos Aires y Avellaneda.
Los orígenes del club y los primeros terrenos
Corren los días con que agoniza el año 1904.
El viril juego de la pelota apasiona a todo Buenos Aires.
En los terrenos baldíos, grupos de jovencitos de todas las barriadas imitan a los empleados de los ferrocarriles, dándole de puntapiés a pelotas de goma, y va desarrollándose la afición a este llamado por algunos “juego de la pelota con los pies”, deporte del que en realidad fueron introductores entre nosotros “los gringos de las estaciones”.
Una tarde, varios empleados de esa tienda, que concurrían a presenciar “las partidas de balompié” que jugaban en el bajo los ingleses de los ferrocarriles, resolvieron fundar un club.
Tras una larga deliberación, aquel grupo de empleados, determinan agruparse y formar un club de fútbol que, para distinguirse de los que ya existían y en los que dominaban los ingleses, se resuelve se llame “Independiente Football Club”.
Eran aquellos entusiastas muchachos, Rosendo A. y Marcelo Deggiorgi, Luis y Antonio Basson, Antonio y Nicolás Cavanna, Fernando Aizpuru y Ángel Espart.
Los ocho intrépidos jovencitos se dieron a la tarea de hacerle propaganda a la idea entre los empleados de algunas tiendas y encontraron en seguida tan franca y entusiasta acogida que, el Club de los Tenderos, como se le llamaba en los primeros tiempos, fue una realidad a los pocos días con brillantes perspectivas.
Aprovechando el feriado del primer día del año, y deseando además vincular esa fecha a la organización definitiva de su club, aquellos ocho jovencitos convocaron al centenar de socios que ya tenían en lista, para que fuese proclamada la constitución del club de fútbol por ellos ideado, pensado y llevado a la práctica.
En un centro recreativo ya desaparecido, en el que se realizaban baile y representaciones teatrales, a las que tan afectos fueron siempre los empleados de tienda, se realizó el 1º de enero de 1905 la magna asamblea.
Abierta la sesión se resolvió por unanimidad cambiarte el nombre al club.
Una voz anónima en la asamblea lanza un nombre “Club Atlético Independiente”, y el nombre se aprueba, y se vota por unanimidad que el club, desde ese día, inicie su verdadera vida deportiva.
Apenas los organizadores se dieron a la tarea de recolectar firmas de adherentes, y de reunir fondos con la modesta cuota inicial de veinte centavos papel moneda nacional, de entonces, se emplearon esos primeros fondos en adquirir una pelota, y organizar los primeros “teams” que los domingos jugaban en un terreno baldío de la que hoy se llama calle Donato Álvarez, más o menos a la altura del 900.
En aquella cancha, diminuta y primitiva, llena de altos y bajos, desnivelada y sucia, se formaron los primeros jugadores del Club Atlético Independiente, que poco tiempo después pasaron a otro terreno de la calle Boyacá, junto a las vías del Ferrocarril del Oeste Argentino, para seguir pateando la pelota, y practicando el juego que más tarde había de hacer famosos a sus jugadores.
El field de Boyacá y Camarones
En estos primeros años del siglo XX, la urbanización del pueblo de Flores anexado a la Capital Federal no mucho tiempo atrás, apenas llegaba hasta el Camino de Gauna, (Gaona), comenzando a partir de aquí, grandes descampados hasta el Maldonado, el cual se salvaba a través del puente de madera de Boyacá, ingresando a la naciente Villa Santa Rita, creada a partir del loteo de la chacra de la Familia Garmendia.
Esta zona iba mutando gradualmente su aspecto rural de extensos alfalfares, tambos, quintas y hornos de ladrillo, en los cuales comenzaban a levantarse modestas barriadas obreras alrededor de industrias insalubres que eliminaban sus desechos en el cercano arroyo Maldonado.
Una de estas industrias precisamente era la Tintorería y Lavadero de Flores S.A. ubicado en Terrero 1640 (Flores) con Casa Central en Esmeralda 345 y Sucursales en Florida 599 y Rivadavia 6890, que desechaba sus enjuagues en el arroyo, muchos chicos de la zona, en verano se costeaban hasta allí para remojarse bajo los chorros de agua fresca y a veces limpia, que el lavadero derramaba en el arroyo.
Las calles no tenían veredas y los días de lluvia se convertían en fangales intransitables.
Era necesario dar al club una cancha que reuniera las medidas reglamentarias, y se resolvió buscar un terreno adecuado.
Orgullosos, los fundadores, dedicaron agotadores esfuerzos al acondicionamiento del terreno, el cual fue arrendado por 12 pesos mensuales, cortando con las guadañas los cardales y cicutas, delimitando los límites del campo de juego con la zapa de cardar, realizando la pequeña zanjita en forma de V, la cual era rellenada a continuación por la regadera con la suspensión de cal apagada, quedando así marcado el perímetro del “ground” de 107 x 56 metros con esas líneas blancas de cal, armando los arcos con postes de ñandubay, clavando los ganchos para colocar la red.
Para guiar a los visitantes se había clavado en la pared del Almacén Del Chiodo, también conocida como “Almacén del antiguo clavo” una chapa con la leyenda “Al field del Independiente Foot-Ball Club” y una mano con el índice extendido señalando la dirección, al noroeste de la esquina de Gaona y Boyacá, donde estaba ubicado dicho almacén.
Esa chapa subsistió hasta el año 1935 oxidándose gradualmente hasta que alguien la tiró o la guardó convirtiéndola en una de las más preciadas piezas de museo de la mitología independentista.
Para llegar al field los equipos del centro tomaban el tranvía “eléctrico” hacia Flores en Callao y Córdoba, por esta última se dirigía al oeste desviando en Chaco (hoy Ángel Gallardo) y siguiendo por el Boulevard de Gauna o Gaona, hasta la esquina de Boyacá donde el cartel de lo Del Chiodo los orientaría.
Era usual que uno o más integrantes del equipo local los esperasen en un sitio a convenir a fin de llevarlos hasta el field caminando las diez cuadras que los separaban de la parada del tranvía.

Los primeros partidos
El primer partido registrado en esta cancha fue el domingo 19 de marzo de 1905 ante el Club Almirante Togo, siendo suspendido el partido por incidentes cuando Independiente ganaba por 1 a 0.
Ese día Independiente formó con Arístides Langone; Víctor Camino y Andrés Ferrier; Cristóbal García, E.
Entre los partidos ganados se destaca el del 27 de agosto ante Boca Juniors 4 a 1 por la Copa Villalobos.
A mediados de septiembre de 1905 la apertura de la calle Camarones y sus aledañas, provocaron la fractura del lote de Piana, obligando a abandonar imprevistamente el terreno de Boyacá y Camarones, que ya por ese entonces no se encontraba en muy buenas condiciones (“un bañado con dos zanjas” a decir de los rivales).
El traslado a Bella Vista
Decidieron trasladarse a solo cinco cuadras de allí: a Bella Vista (hoy Donato Álvarez) al 2000, en la intersección con el Camino a San Martín (hoy Avenida San Martín).
Frente al antiguo lote triangular de Jorge Klein coexistían varios hornos de ladrillos por ejemplo los de Arzani y Equitanti, allí se establecieron durante la segunda mitad del año.
Se nombra de inmediato una subcomisión para que consiga un nuevo field que cumplimente los requisitos de la Asociación.
Durante el verano Independiente disputó 12 encuentros por la Liga Central de Verano, perdiendo la mayoría de ellos.
Hubo trámites para actuar como local en el field del Colegio Nacional Sud (hoy Colegio Nacional B.
El field de Manuel Ocantos
Conocedores los dirigentes de la institución del ambiente propicio al fútbol, no trepidaron en elegir Avellaneda, la ciudad del trabajo, como sede futura de la institución.
Había un gran terreno en la que hoy se llama calle Ocantos.
Era un terreno baldío en medio de un inmenso despoblado.
Los medios de comunicación dejaban a una gran distancia del campo; la ubicación era a todas luces incómoda, pero dominaba en dirigentes, socios y jugadores el espíritu de sacrificio propio de la pobreza, y allí se instalaron y levantaron su primera casilla modestísima, de tablones y chapas de cinc; alambraron el terreno y después de nivelarlo trazaron el primer campo de deportes del club, de acuerdo con las medidas reglamentarias del caso.
La Comisión compuesta por Arístides Langone, Antonio Diez, Juan Darnay, Severo Rodríguez y Carlos Degiorgi, fue la encargada de recorrer locaciones buscando alguna apropiada para instalar el nuevo field del Independiente F.
Como el club no contaba con los recursos necesarios, los miembros de la Comisión Directiva aportaron de su bolsillo 20 pesos cada uno destinados a financiar los trabajos que debían realizarse: una casilla de 4 x 3 metros construida con chapas usadas; un cuarto de baño de 3 x 1 metro el cual tenía como depósito de agua un medio barril con una flor.
El agua la traían del cercano arroyo de la Crucesita en un carro tirado por un caballo.
El 27 de mayo inauguran el nuevo field de La Paternal con una victoria ante el Mariano Moreno A por 3 a 0.
El 3 de abril de 1907, exactamente a las 16 horas, se apersonó al field de la calle Ocantos la Subcomisión de Inspección de Fields de la Argentine Football Association, encabezada nada menos que por el implacable Doctor Reyna.
Luego de revisar hasta el último resquicio del terreno, el burócrata le manifestó a Langone y a Degiorgi que el field no estaba en condiciones aptas para ser aceptado en la liga oficial.
Viendo derrumbado en un instante todo el esfuerzo de meses, Carlos Degiorgi, apartó a Reyna y le dijo: “¿ve usted Dr. todo eso?, eso es una obra de patriotismo y amor al deporte, de no haber sido por eso ni yo ni mis compañeros nos hubiésemos puesto a emprender esta gran obra, porque para nosotros que no entendemos nada de construcción es una gran obra, tuvimos el valor de sacrificarnos física y monetariamente en esta empresa solo por el amor que sentimos por este viril juego que es el football. Sería una falta de consideración de parte de ustedes rechazar e inhabilitar a los aficionados que se agrupan bajo la bandera de nuestro club para practicar este deporte. Le ruego quiera UD aceptarlo, que para el próximo año trataremos de ponerlo en mejores condiciones”.
Reyna dirigiéndose a su colaborador le dijo “seríamos muy poco sportsmen si a estos sacrificados muchachos le rechazáramos el field”.
El primer triunfo en esta cancha llegó el 19 de mayo de 1907 y fue ante Nacional (ex Gath & Chaves) por 2 a 0.
El 10 de mayo de 1908, Independiente estrenó su camiseta roja ante Banfield derrotándolo por 9 a 2.
| Dato | Registro |
|---|---|
| Primer triunfo en la cancha | 19 de mayo de 1907 |
| Rival del primer triunfo | Nacional (ex Gath & Chaves) |
| Resultado | 2 a 0 |
| Estreno de la camiseta roja | 10 de mayo de 1908 |
| Rival | Banfield |
| Resultado | 9 a 2 |
Independiente en Manuel Ocantos disputó por partidos oficiales entre 1907 y 1911 36 partidos, ganando en 24 ocasiones, empatando en 4 y perdiendo solamente en 8.
Convirtió 83 goles y le señalaron 37.
La etapa de Mitre y Lacarra
La nueva ubicación trajo al Club Atlético Independiente graves trastornos.
Racing Club dominaba el ambiente en la localidad, absorbía materialmente a los entusiastas, y cundió el desaliento en las filas de Independiente.
Su equipo no era eficaz.
Sus jugadores, si bien entusiastas, carecían de poderío y les faltaba, sobre todo, un guardavalla.
Tanto Independiente como sus rivales Atlanta y Racing, y otros clubs de la época que hoy forman la primera A, luchaban en aquel tiempo por ascender de tercera división a segunda.
Encabezaban las posiciones de vanguardia, Atlanta y Racing.
En esos momentos Independiente no era adversario de consideración, y servía de blanco a los punteros de Atlanta y Racing que, a más de ambicionar el ascenso, deseaban también el récord de goles.
El encuentro entre Independiente y Atlanta fue para el primero un verdadero desastre.
El guardavalla de Independiente, que jamás había jugado, intervino en la lucha tan lamentablemente, que cuentan los que recuerdan el célebre partido, que cuando los de Atlanta no hacían el gol directamente, el guardavalla se encargaba, con su torpe intervención, de sancionar el tanto para los adversarios.
En resumen, que terminó aquel partido de triste recordación para Independiente, con una verdadera “goleada”, pues se cerró el score con la cifra exorbitante de 21 goles a 0.
De imaginar es la “cachada” a los entusiastas muchachos de Independiente y la fruición con que Racing esperaba el encuentro con aquellos “pajaritos caídos del nido”, como irónicamente les llamaron durante unos pocos días, muy pocos por cierto, pues, como dice “Martín Fierro”, “se les dio vuelta la taba en lo mejor del partido...”
En efecto, Independiente, temeroso, por la inseguridad que tenía de su cuadro, y sobre todo de su guardavalla, trató de evitar el encuentro, ofreciéndole puntos a Racing y proponiéndole realizar el partido con carácter amistoso.
Los dirigentes de Racing rechazaron el ofrecimiento de pleno, manifestando que no era el caso de perder la oportunidad de aventajar a Atlanta, en score.
El encuentro tuvo que efectuarse de acuerdo con los reglamentos del fútbol, y los muchachos de Independiente entraron en el field dispuestos a no omitir esfuerzo para abatir el orgullo de sus adversarios.
Los de Racing, en cambio, penetraron en la cancha “sobrando” a los adversarios, ante la expectativa general de los numerosos espectadores que se habían congregado para presenciar la derrota inevitable de Independiente a quien Atlanta le había metido 21 goles... al hilo.
A poco de iniciado el juego, las caras sonrientes de los “cachadores”, del público y de los “sobradores” del field comenzaron a desdibujar la sonrisa y a ponerse serios.
Aquel cuadro de Independiente no parecía el mismo, y tan no parecía el mismo que, no sin verdadera sorpresa general, Independiente abrió el “score” con un gol tan imprevisto que sobrecogió a los jugadores de Racing en tal forma que nuevamente vieron cruzar la pelota por su arco en un segundo tanto apuntado por los rojos, sin que sus defensas pudieran evitarlo.
Fue para el deporte una tarde de imborrables recuerdos.
La lucha cobró imprevisto interés, pues los rojos se acababan de revelar, y fue difícil para Racing modificar el “score”.
Tras larga lucha y cuando sólo faltaba un cuarto de hora para terminar el tiempo reglamentario, Racing logró su primer gol y faltando tan sólo dos minutos, logró el gol del empate, lo que fue festejado por sus parciales con una verdadera ovación.
Pero el match reservaba en aquel último minuto la gran sorpresa de la tarde.
Rápidos, impetuosos, y poniendo en las acciones del juego todo el entusiasmo y corazón, los muchachos de Independiente metieron el tercer gol que les daba la victoria, haciendo perder a Racing ese año su ascenso a segunda.
Fue aquella la jornada que determinó una de las mayores satisfacciones al Club Atlético Independiente, que ya en la nueva categoría comenzó a cobrar fama y formar su “hinchada”.
Pero fue también aquella jornada la que determinó para siempre la rivalidad deportiva que existe entre estos dos clubs, y que si bien se ha mantenido siempre dentro de los límites de la caballerosidad entre sus dirigentes y sus jugadores, mantiene siempre alerta a los hinchas de ambos clubs, más rivales y adversarios entre sí que los componentes de los cuadros de Independiente y Racing, como lo han demostrado siempre en los encuentros.
El último partido fue ante el mismo rival el 22 de enero de 1928 por 4 a 0.
El último gol en esta cancha lo convirtió Raimundo Orsi a los 40 minutos del segundo tiempo.
Sus triunfos más memorables en este estadio fueron un 2 a 0 a San Lorenzo el 27 de mayo de 1923 cuando se consagró por primera vez campeón (perteneciente a la temporada 1922).
Un 7 a 4 ante Racing el 18 de diciembre de 1927 y el recordado triunfo ante el poderoso F. C.
Este estadio sufrió un calamitoso incendio la madrugada del 4 de agosto de 1923 que destruyó completamente sus instalaciones de madera, las cuales en pocos meses fueron reconstruidas.
La construcción del estadio de cemento
En 1925 ante la inminencia de la venta del terreno de Mitre y Lacarra, la CD decide de manera urgente abocarse a la búsqueda de un nuevo terreno para erigir un nuevo estadio.
Se priorizó la compra definitiva de este lote para permanecer en el mismo sitio que los acogía desde 1911.
Se barajaron terrenos en Wilde y en Villa Domínico, pero la idea era quedarse en el casco urbano de Avellaneda.
Fue así que la inmobiliaria de los hermanos Lavista le ofreció a Pedro Canaveri y demás miembros de la Comisión, el terreno situado en el Cuartel I°, detrás de la cancha de Racing en la zona conocida como “el pantano de Ohaco” y delimitado por la calle Alsina, los fondos del terreno de la academia y las vías del FCS y FCO.
Cuando los directivos se apersonaron al predio que en realidad era un bañado inundable en el cual se decían que “los días de lluvia hasta las vacas nadaban”, tomaron el desafío de adquirirlo, ponerlo en condiciones y erigir en él el más impresionante estadio de football de toda América.
Se comenzaron a trazar los planos y se nombró una Sub comisión de Obras formada por Joaquín Cézar, Carlos Ferrari y Germán Seoane.
El domingo 20 de diciembre de 1925 a las 9 hs, se tomó posesión del terreno.
Se presentaron las siguientes ofertas: Mauricio Kinbau; Federico Garófalo; Christian & Nielsen; Compañía General de Obras Públicas; Wayss & Freytag; Negroni y Ferrari; Otto Gottschalk; Mancini Hnos.; Dickeroff & Widman; Arienti y Maisterra; R. Galli y E. M.
Características proyectadas
La tribuna a construirse tendrá una extensión de 157 m de largo, abarcando una extensión de 117 m por el costado del field que da a la calle Alsina y 20 m por cada lado de la cancha que dan al terraplén del F.C. del Sud y los fields de divisiones inferiores del Racing Club, respectivamente.
Contará con 35 escalones lo que le dará una capacidad aproximada de 30.000 espectadores.
Su construcción será análoga a la existente en el nuevo Hipódromo de Río de Janeiro.
Será techada en toda su extensión, también a base de cemento armado y en forma que ha de constituir un bello trabajo de arquitectura.
En cuanto a la tribuna que actualmente el club posee en Crucesita, será colocada en el costado de las populares.

La inauguración de la antigua Doble Visera
Finalmente y luego de sortear innumerables contratiempos se inauguró el Estadio el 4 de marzo de 1928.
Los que llegaron a presenciar este match inaugural ante Peñarol de Montevideo, se encontraron con una maravillosa tribuna techada completamente de cemento armado y visera en voladizo, sin columnas que la sostengan ni dificulten la visual, 31 escalones a lo largo de 157 metros y una inclinación de 28º.
Entre ésta y el field se extiende un terraplén embaldosado de 120 m de ancho por 12 de ancho.
En ambas cabeceras se alzan dos tribunas también de concreto de 81,10 m por 35 escalones (sin techar) y en el sector opuesto a la tribuna visera, se instaló la vieja estructura de hierro que servía como tribuna oficial en el field de Mitre y Lacarra hasta enero de este año.
El field ha sido elevado varios metros por encima del nivel del suelo empleando para ello decenas de miles de carros de tierra, ha sido nivelado y sembrado con los mejores pastos para field.
Todo el predio ha sido cerrado por muros de cemento armado habilitándose boleterías, baños y confitería.
Debajo de la tribuna oficial se encuentran los vestuarios, ambos: locales y visitantes con los mismos servicios (múltiples lluvias con agua fría y caliente, lavabos, w.c., roperos de acero con su respectivo candado, perchas plegadizas).
De cada vestuario sale el camino al túnel subterráneo por el cual se sale al field.
Se inaugura la visera lateral oeste sobre la tribuna que da espaldas a las vías del Ferrocarril Gral. Roca.
A partir de este momento la cancha de Independiente comenzó a ser llamada popularmente como “La doble visera de cemento”.
| Elemento | Descripción |
|---|---|
| Inauguración | 4 de marzo de 1928 |
| Partido inaugural | Peñarol de Montevideo |
| Tribuna principal | 157 metros |
| Escalones | 31 escalones |
| Inclinación | 28º |
| Cabeceras | 81,10 m por 35 escalones |
| Capacidad proyectada | 30.000 espectadores |
El valor histórico de la Doble Visera
A fines de 1934, la redacción de la revista Caras y Caretas encomendó a Emilio Dudeló una serie de artículos sobre los orígenes de los 14 equipos de fútbol que ese año completaron el torneo de la Liga Argentina.
Cabe notar que, en aquel tiempo, la mayoría de los clubes tenía menos de 30 años de antigüedad y varios de sus fundadores fueron entrevistados.
No fue una tarea de investigación (hay datos errados), sino de compilación de lo que hasta ese momento sólo eran anécdotas que se transmitían por tradición oral.
Con el tiempo, estos artículos se convirtieron en documentos esenciales que ayudaron a preservar la rica historia del fútbol en la Argentina.
El club de ayer a hoy muestra una evolución marcada por el sacrificio de sus primeros dirigentes, la precariedad de sus campos iniciales y la construcción de un magnífico estadio, amplio, y lleno de comodidades.
El último partido en la antigua Doble Visera
Último partido jugado en la antigua “Doble Visera” previo a su demolición: perdió 2 a 1 con Gimnasia y Esgrima de Jujuy.
Último partido (en la Doble Visera): 8 de diciembre de 2006.
Con la asunción de Hugo Moyano y su Comisión Directiva en julio de 2014, una de los objetivos era la terminación de la cancha.
Después, en mayo de 2015, arrancó la construcción de la Garganta 3 y también se fue completando la platea Bochini Baja, más los palcos y también el sector de Prensa.
El 16 de diciembre de 2016 al enfrentar a Banfield, Independiente inauguró por completo el Libertadores de América.
Hoy luce brillante.
Es otro Orgullo Nacional que tiene Independiente.
Independiente - Recuerdos de la “Doble Visera”
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