Anorexia: estadísticas mundiales, prevalencia, grupos afectados y brecha de tratamiento

La anorexia nerviosa es un trastorno de la conducta alimentaria grave cuya prevalencia varía según el país, la edad, el sexo, los criterios diagnósticos y el método de investigación. Las estimaciones internacionales consideran que la frecuencia de la anorexia y la bulimia oscila entre 0.5% y 3.5% de la población general, mientras que la prevalencia de la anorexia en mujeres adolescentes de países occidentales se sitúa alrededor del 1%.

Los datos disponibles muestran que la anorexia aparece principalmente durante la adolescencia y afecta con mayor frecuencia a mujeres, aunque también se presenta en hombres, en personas adultas y en distintos contextos culturales y económicos. A escala mundial, el número de casos de trastornos de la conducta alimentaria se ha duplicado en los últimos 18 años: la prevalencia pasó de 3,4% de la población a 7,8% entre 2000 y 2018.

Qué muestran las estadísticas mundiales sobre la anorexia

Es muy difícil tener acceso a datos exactos del número de personas que están luchando contra un trastorno de la conducta alimentaria (TCA) para poder estimar el verdadero alcance de esta enfermedad; hay muchas personas que no buscan tratamiento o que nunca han recibido un diagnóstico, tanto por desconocimiento o no aceptación de su enfermedad, como por dificultad de accesibilidad al sistema público, o por no poderse costear un tratamiento privado.

Las cifras de prevalencia no representan necesariamente todos los casos existentes, porque los estudios suelen incluir a personas que cumplen criterios diagnósticos concretos, mientras que otras presentan síntomas importantes, pero no reciben un diagnóstico formal. Debido a la gran proporción de trastornos alimentarios que se clasifican como TANES (trastornos alimentarios no especificados), se pretende incluir un nuevo trastorno de conducta alimentaria en el DSM-V denominado trastorno por atracón, el cual fue previamente descrito en el apéndice del DSM-IV.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha ubicado a los TCA entre las enfermedades mentales de prioridad para niños y adolescentes, dado el riesgo para la salud que implican. Si solo se manejan datos de ingresos o de atención en unidades específicas de TCA en centros públicos puede parecer que es un problema minoritario.

Principales cifras de prevalencia

IndicadorEstimaciónContexto
Prevalencia internacional de anorexia y bulimia0.5% a 3.5%Población general
Prevalencia de anorexiaAlrededor del 1%Mujeres adolescentes de países occidentales
Prevalencia de bulimia2% a 4%Mujeres adolescentes de países occidentales
Prevalencia de TCA atípico5% a 10%Estimación en población adolescente
Prevalencia mundial de TCA3,4% a 7,8%Incremento entre 2000 y 2018
Prevalencia de vida de anorexia0.5%Adolescentes de 12 a 17 años del Distrito Federal y área conurbada

La prevalencia de la anorexia en mujeres adolescentes de países occidentales es del 1% y del 2-4% para la bulimia. La prevalencia del TCA atípico (TCANE) puede situarse en torno al 5-10%.

En algunos estudios recientes, la prevalencia reportada en adolescentes para anorexia y bulimia se encuentra entre un 1 y 3%, y en Chile se ha descrito una prevalencia de 3,8% en adolescentes de nivel socioeconómico bajo de Santiago.

A escala mundial el número de casos de TCA se ha duplicado en los últimos 18 años: La prevalencia se ha duplicado y ha pasado de 3,4% de la población a 7,8% entre 2000 y 2018.

Datos de una encuesta representativa en adolescentes

La Encuesta Mexicana de Salud Mental Adolescente analizó a 3005 adolescentes seleccionados con un diseño probabilístico, multietápico y estratificado para que sean representativos de la población de entre 12 a 17 años de edad, residentes de hogares fijos del Distrito Federal y 16 municipios conurbados (DFMC).

Se entrevistó a 3005 adolescentes en sus hogares utilizando como instrumento diagnóstico la Entrevista Internacional Diagnóstica Compuesta (WMH-CIDI-A), aplicada cara a cara, por medio de una computadora portátil, por encuestadores capacitados. La tasa de respuesta fue de 71%.

La prevalencia alguna vez de anorexia, bulimia y el trastorno por atracones se estima en 0.5%, 1.0% y 1.4%, respectivamente. Entre 83 y 100% reportan discapacidad y todos aquellos con anorexia y casi la mitad de aquellos con bulimia y atracones reportan discapacidad grave.

TrastornoPrevalencia alguna vezDiscapacidad descrita
Anorexia0.5%Todos aquellos con anorexia reportan discapacidad grave
Bulimia1.0%Casi la mitad reporta discapacidad grave
Trastorno por atracones1.4%Casi la mitad reporta discapacidad grave

Sin embargo, ni una cuarta parte con uno de estos trastornos ha recibido tratamiento a pesar de la discapacidad que generan. Hay mayor prevalencia de trastornos comórbidos, conducta suicida y adversidades psicosociales en jóvenes con trastornos alimentarios que en aquellos sin ellos.

Entre 83% y 100% reportan cualquier discapacidad y todos aquellos con anorexia y casi la mitad de aquellos con bulimia y trastorno por atracones reportan discapacidad grave. Sin embargo, sólo 14% a 24% de aquellos con un trastorno alimentario en los últimos 12 meses han buscado tratamiento.

Por qué las cifras mundiales pueden estar subestimadas

Es muy difícil tener acceso a datos exactos del número de personas que están luchando contra un trastorno de la conducta alimentaria (TCA) para poder estimar el verdadero alcance de esta enfermedad. Hay muchas personas que no buscan tratamiento o que nunca han recibido un diagnóstico, tanto por desconocimiento o no aceptación de su enfermedad, como por dificultad de accesibilidad al sistema público, o por no poderse costear un tratamiento privado.

La mayoría de las personas con estos trastornos busca apoyo médico hasta diez años después de presentar los primeros cambios en su alimentación, y es poco frecuente que soliciten atención de su salud mental por este tipo de problemas; acuden a servicios especializados cuando tienen un intento suicida o conductas autolesivas graves.

Esto ocasiona que las personas lleguen a los servicios médicos con graves daños, tanto en su salud física como mental. A nivel nacional e internacional, menos de 10 por ciento de adolescentes afectados está en tratamiento.

La anorexia es la enfermedad mental con mayor tasa de mortalidad de cualquier enfermedad psiquiátrica. A pesar de ser infrecuentes estos trastornos tienen un impacto importante en la salud pública por su interferencia en el funcionamiento cotidiano, su comorbilidad psiquiátrica, las consecuencias sumamente nocivas para la salud física y su elevado riesgo de mortalidad.

Distribución por sexo y edad

Los TCA son más frecuentes en mujeres, siendo su prevalencia en España de 4,1 a 6,4 por ciento en mujeres entre 12 y 21 años, y de 0,3 por ciento para los hombres. El 94% de los afectados son mujeres de 12 a 36 años, aunque cada vez hay más casos entre varones y gente mayor.

El 90-95% de las personas afectadas son mujeres y la edad suele estar entre los 12 y los 25 años, y es más frecuente entre los 12 y los 17. La OMS (Organización Mundial de la Salud) ha clasificado la anorexia y la bulimia como trastornos mentales y de comportamiento.

La anorexia a menudo comienza durante los años anteriores a la adolescencia o la adolescencia, o a principios de la edad adulta y es más común en mujeres, aunque también se puede ver en hombres. Los TCA aparecen cada vez a edades más tempranas: en los últimos cuatro años se ha constatado un incremento de un 15% en menores de 12 años.

Asimismo, estos cuadros predominan en mujeres adolescentes y jóvenes; sin embargo, en los últimos años se ha visto un aumento en la incidencia en hombres y aumento generalizado en todos los grupos etáreos, apareciendo a edades cada vez más tempranas.

Prevalencia y conductas de riesgo en adolescentes

Los estudios realizados en la comunidad y en las escuelas sugieren que las conductas alimentarias riesgosas como someterse a dietas, preocuparse por la delgadez o la provocación de vómitos son comunes, particularmente en los adolescentes.

Además hay indicios de que estas conductas están en aumento ya que se ha detectado entre jóvenes estudiantes del Distrito Federal un incremento de las conductas alimentarias de riesgo entre 1997 y 2003. Un 11% de los adolescentes está realizando conductas de riesgo susceptibles de acabar cumpliendo criterios para el diagnóstico de un trastorno de la conducta alimentaria.

El 70% de los adolescentes no se siente a gusto con su cuerpo y 6 de cada 10 chicas creen que serían más felices si estuvieran más delgadas y alrededor del 30% de ellas revela conductas patológicas. En España se estima que un 21% de las mujeres y un 15% de los varones universitarios está en riesgo de sufrir un TCA.

En la población adolescente escolar se ha estimado 2.8% de mujeres y 0.9% de varones como posibles casos de algún trastorno alimentario aunque no provean diagnósticos. Debido a que la adolescencia es la etapa en la que se inician estos trastornos, es necesario contar con datos fidedignos en la población adolescente para guiar la planeación de servicios y las políticas públicas de salud.

Qué es la anorexia nerviosa

La anorexia es un trastorno de alimentación que hace que las personas pesen menos de lo que se considera saludable para su edad y estatura, generalmente por una pérdida excesiva de peso. Las personas con este trastorno pueden tener un miedo intenso a aumentar de peso, incluso cuando están con peso insuficiente.

Las personas con este trastorno se niegan a mantener su cuerpo con un peso situado dentro de los límites de la normalidad, tienen mucho miedo de aumentar peso o de llegar a ser obesas y están exageradamente preocupadas por su figura. Además, la valoración que hacen de sí mismas como personas viene determinada por la opinión sobre su cuerpo.

En la anorexia nervosa hay un rechazo de mantener el peso corporal, un miedo intenso a ganar peso y una alteración de la imagen corporal. Una persona con anorexia por lo general tiene un miedo intenso de aumentar de peso o engordar, incluso cuando su peso es insuficiente.

Se niega a mantener su peso en lo que se considera normal para su edad y estatura (15% o más por debajo del peso normal). Tiene una imagen corporal que está muy distorsionada, está muy concentrada en el peso corporal o la figura y se niega a admitir el peligro de la pérdida de peso.

Conductas y signos asociados

Las personas con anorexia pueden limitar mucho la cantidad de alimento que comen, o comen y luego se provocan el vómito, un síntoma que comparte con la bulimia. Es posible que hagan dietas o ejercicio en forma excesiva o que utilicen otros métodos para bajar de peso.

  • Negación a mantener un peso igual o superior al valor mínimo que corresponde a su edad y altura.
  • Pérdida importante de peso, y afirmar que se está gordo aunque se esté delgado.
  • Reducir el consumo de alimentos, especialmente los que contienen más grasa o calorías.
  • Aumento del ejercicio físico desmesurado.
  • Consumo de diuréticos y laxantes.
  • Irregularidades y pérdida de la menstruación.
  • Comer sola.
  • Ir al baño inmediatamente después de las comidas.
  • Negarse a comer con otras personas.
  • Mostrar un interés exagerado por la publicidad sobre productos adelgazantes.
  • Pesarse con frecuencia.
  • Preocuparse de forma excesiva y frecuente por el cuerpo o la figura.

Otros comportamientos incluyen cortar el alimento en pedazos pequeños o cambiarlos de lugar en el plato en lugar de comérselos, hacer ejercicio a toda hora, incluso cuando hace mal tiempo, hay lesiones o existe mucha actividad, ir al baño inmediatamente después de las comidas, negarse a comer con otras personas y usar diuréticos, enemas, laxantes o pastillas para adelgazar.

Otros síntomas de anorexia pueden incluir piel amarillenta o manchada que está reseca y cubierta con un fino vello, pensamiento confuso o lento junto con mala memoria o capacidad de discernimiento, depresión, boca seca, sensibilidad extrema al frío, adelgazamiento de los huesos, atrofia muscular y pérdida de grasa corporal.

Entre los signos fisiológicos se encuentran la pérdida de peso en un periodo breve, la pérdida o irregularidades en la menstruación, la palidez, la caída de cabello, la sensación de frío, los dedos azules, la debilidad y los mareos. También pueden producirse cambios de carácter, irritabilidad, ira, sentimientos depresivos, inseguridad respecto a la propia capacidad, sentimientos de culpa por haber comido o haberlo dejado de hacer, aislamiento social y abandono de las amistades.

Consecuencias para la salud

A pesar de ser infrecuentes estos trastornos tienen un impacto importante en la salud pública por su interferencia en el funcionamiento cotidiano, su comorbilidad psiquiátrica, las consecuencias sumamente nocivas para la salud física, tales como complicaciones gastrointestinales, endocrinológicas, dermatológicas, cardiovasculares y pulmonares, y su elevado riesgo de mortalidad.

La anorexia puede ser peligrosa. Puede llevar a serios problemas de salud con el tiempo, por ejemplo debilitamiento óseo, disminución en los glóbulos blancos que lleva al aumento del riesgo de infección, niveles bajos de potasio en la sangre, falta grave de agua y líquidos en el cuerpo, desnutrición, convulsiones, problemas de la glándula tiroides, caries dental y pensamientos o conducta suicida.

En ocasiones se requiere internar al paciente para que se recupere y no presente consecuencias fisiológicas posteriores, como problemas de huesos o gastrointestinales. En el peor de los casos, las consecuencias de algunos de esos padecimientos puede ser la muerte, si el organismo no adquiere los requerimientos nutrimentales mínimos necesarios para mantenerse funcional.

Comorbilidad y conducta suicida

Hay mayor prevalencia de trastornos comórbidos, conducta suicida y adversidades psicosociales en jóvenes con trastornos alimentarios que en aquellos sin ellos. Además del trastorno de alimentación presentan por lo menos tres padecimientos más: depresión, ansiedad generalizada o social y estrés postraumático, y hasta 25 por ciento de pacientes consume sustancias psicoactivas.

Existe una mayor prevalencia de trastornos psiquiátricos comórbidos en las personas con un trastorno alimentario que en quienes no presentan estos problemas. La conducta suicida y las adversidades psicosociales también aparecen con mayor frecuencia en jóvenes afectados.

La persona puede requerir una hospitalización más prolongada si presenta una depresión grave o piensa cometer suicidio. Los medicamentos, como antidepresivos, antipsicóticos y estabilizadores del estado de ánimo, pueden ayudar a algunas personas cuando se administran como parte de un programa de tratamiento completo.

Factores de riesgo

No se conocen las causas exactas de la anorexia. Muchos factores probablemente estén involucrados. Los genes y las hormonas pueden jugar un papel. Las actitudes sociales que promueven tipos de cuerpos muy delgados también pueden contribuir.

Los TCA son multifactoriales; sus causas pueden ser de índole neurobiológica, es decir, alteraciones en el proceso de saciedad; socioculturales, ciertos ideales de belleza y de “cuerpos perfectos”, o familiares, por estilos de crianza extremos, estrictos y limitantes, o laxos y con poca supervisión.

  • Estar más preocupado o prestarle más atención al peso y la figura del cuerpo.
  • Tener un trastorno de ansiedad en la niñez.
  • Tener una imagen negativa de sí mismo.
  • Tener problemas alimentarios durante la lactancia o la primera infancia.
  • Tener ciertas ideas culturales o sociales respecto de la salud y la belleza.
  • Tratar de ser perfeccionista o demasiado centrado en reglas.
  • La insatisfacción corporal.
  • El antecedente de hacer dietas.
  • La disfunción familiar.
  • El abuso sexual durante la infancia.

Se suman eventos psicológicos, incluso traumáticos, que pueden generar aversión a ciertos alimentos o comorbilidades, como depresión o ansiedad, y baja autoestima. El conjunto de variables que refuerza a los TCA es complejo.

Factores socioculturales e individuales

Hay una presión importante de la sociedad que induce a los jóvenes a estar delgados y esbeltos. Los medios de comunicación, especialmente la televisión, venden la idea que estar delgado va asociado a felicidad, éxito laboral, éxito en las relaciones sociales y una mejor calidad de vida.

La imagen que dan los anuncios publicitarios y las series irreales de televisión sobre la mujer es de “superwoman”: tiene que tener un cuerpo perfecto, una carrera profesional perfecta, un matrimonio perfecto y ser la madre ideal. Esto, sumado a la asociación de este “éxito” si se está delgado, lleva a algunas mujeres a iniciar dietas restrictivas que pueden derivar en una enfermedad de carácter alimentario.

Entre los factores individuales se describen los problemas para ser autónomo, el miedo a madurar, el déficit de autoestima, el perfeccionismo y el autocontrol. La mayoría de personas desarrollan estos trastornos durante la adolescencia, una época de numerosos cambios sexuales, físicos, emocionales y de maduración.

Las mujeres presentan con más frecuencia niveles bajos de autoestima, que acostumbran a ir asociados a la aprobación de los otros y la apariencia externa. Esto va unido al peso y a la figura, es decir, a la alimentación.

Conductas que pueden preceder a la anorexia

Las conductas de riesgo son las que si se realizan con cierta regularidad pueden acabar con la aparición de una anorexia o bulimia nerviosa. Si se observan algunas de estas conductas en algún familiar o compañero es necesario advertirle del riesgo de sufrir anorexia o bulimia.

  • Modificar las costumbres alimentarias.
  • Seguir dietas restrictivas.
  • Reducir la cantidad de comida.
  • Saltarse las comidas.
  • Evitar de forma continuada tomar ciertos alimentos.
  • Consumir productos bajos en calorías o ricos en fibra.
  • Usar diuréticos y abusar de laxantes.
  • Realizar ejercicio físico para perder peso.
  • Vomitar.
  • Presentar atracones en las últimas semanas.
  • Preocuparse de forma excesiva y frecuente por el cuerpo o la figura.
  • Pesarse con frecuencia.
  • Mostrar un interés exagerado por la publicidad sobre productos adelgazantes.

Las conductas alimentarias riesgosas como someterse a dietas, preocuparse por la delgadez o la provocación de vómitos son comunes, particularmente en los adolescentes. Un 13,87% de los escolares ha empleado medidas como la actividad física, el vómito o el ayuno para compensar una ingesta excesiva.

El trastorno por atracones y otros TCA

El trastorno por atracones se caracteriza por episodios recurrentes de atracones en los que no existe conducta compensatoria típica de la bulimia como el vómito y no aparece exclusivamente en el transcurso de la anorexia o la bulimia.

Un atracón se caracteriza por comer cantidades grandes de comida en un periodo discreto acompañado de la sensación de pérdida de control sobre la ingesta. Los episodios de atracones deberían de estar asociados con tres o más de los siguientes síntomas: comer más rápido de lo habitual, comer hasta sentirse demasiado lleno, continuar comiendo a pesar de no tener hambre, comer a solas por sentir vergüenza por todo lo que se come; sentir disgusto con uno mismo, culpabilidad o depresión después de los atracones y un marcado malestar por tal conducta.

Según los criterios señalados en el apéndice del DSM-IV los atracones deberían de ocurrir por lo menos dos veces a la semana durante seis meses, aunque para el DSM-V la propuesta actual es una vez a la semana durante tres meses.

En un estudio realizado en niños y adolescentes obesos entre 9 y 16 años, el 6% fue diagnosticado de trastorno por atracón, y un 14% manifestaban formas subclínicas de dicho diagnóstico. En un reporte reciente de la Encuesta Nacional de Epidemiología Psiquiátrica que utiliza los criterios propuestos en el apéndice del DSM-IV se estima que 1.6% de los adultos mexicanos ha cumplido criterios para el trastorno de atracón alguna vez en su vida.

Los TCA más frecuentes en la adolescencia son Anorexia Nerviosa (AN), Bulimia Nerviosa (BN), Trastorno por Atracón y Otros Trastornos Alimentarios y de la Ingestión de Alimentos Especificados, entre ellos los trastornos por purgas, la bulimia nerviosa de frecuencia baja y/o tiempo limitado y el trastorno por atracón de frecuencia baja y/o tiempo limitado.

Diferencias entre síntomas y diagnóstico

Los TCA tienen características específicas, mientras que algunos comparten sintomatología psicológica. En la anorexia, por ejemplo, se observa alteración en la percepción de la autoimagen corporal; si la apariencia del paciente es promedio, se ve al espejo y podría percibirse con sobrepeso, aunque su índice de masa corporal esté por debajo de lo recomendado.

En la bulimia se presentan conductas compensatorias, como tomar diuréticos o pastillas para “bajar de peso”; en los atracones se registra ingesta superior a lo que una persona debería comer en un periodo de tiempo limitado, ante lo cual se generan sentimientos de culpa y descontrol.

Hay una variedad de síntomas que puede detectarse en cada trastorno; el problema es que no son compartidos, lo cual dificulta su detección por parte de los familiares. En numerosas ocasiones se requiere la intervención de un experto.

Brecha mundial de tratamiento

Sin embargo, sólo 14% a 24% de los jóvenes con un trastorno alimentario en los últimos 12 meses han buscado tratamiento, a pesar de la discapacidad asociada. A nivel nacional e internacional, menos de 10 por ciento de adolescentes afectados está en tratamiento.

Los hallazgos muestran una brecha entre las necesidades de atención y el tratamiento para estos trastornos en nuestra población adolescente. Señalan la importancia de programas para la prevención de conductas alimentarias riesgosas, la detección temprana con un enfoque en grupos vulnerables, por ejemplo quienes han sufrido alguna adversidad como abuso sexual, y la reducción de barreras para la búsqueda y utilización de servicios.

Rara vez el paciente está consciente de su padecimiento, y pocos toman la iniciativa de pedir ayuda de especialistas. Hay que acudir a ellos cuando esas conductas causan algún tipo de alteración en otras esferas, como la convivencia social, al punto de que las personas empiezan a aislarse, dejan de salir con amigos y se encierran para evitar comer o hacerlo en exceso.

Un factor más que influye en esta problemática es la falta de atención. “En otros países hay seguros de salud que cubren los trastornos del comportamiento alimentario; en México esto se ve sumamente lejano”.

Tratamiento y recuperación

El mayor desafío en el tratamiento de la anorexia nerviosa es ayudarle a la persona a reconocer que tiene una enfermedad. La mayoría de las personas que sufre este tipo de anorexia niega tener un trastorno alimentario y, con frecuencia, busca tratamiento sólo cuando su afección es grave.

Los objetivos del tratamiento son primero restaurar el peso corporal normal y los hábitos alimentarios. Se han diseñado diferentes programas para tratar la anorexia, que pueden incluir aumento de la actividad social, disminución de la cantidad de actividad física y uso de horarios para comer.

El tratamiento más eficaz es el denominado cognitivo-conductual por parte de un equipo médico multidisciplinar, con el apoyo de la familia. Los profesionales que se tienen que ocupar de estos enfermos son psiquiatras especialistas que tienen un equipo multidisciplinar.

La terapia individual cognitiva conductista, la terapia de grupo y la terapia de familia han sido todas efectivas. El objetivo de la terapia es cambiar los pensamientos o comportamientos de una persona con el fin de estimularla a comer de un modo más sano.

La solución debe ser multi, inter o transdisciplinaria, con la participación de médicos, psicólogos, psiquiatras, nutriólogos y, en caso necesario, gastroenterólogos o nefrólogos para ayudar a evitar recaídas y sanar.

El tratamiento es individualizado de acuerdo con el tipo de trastorno y estado físico y psiquiátrico de la persona; contempla rehabilitación nutricional y terapia de psicoeducación para pacientes y familiares. El tiempo del tratamiento depende del tipo de trastorno y lo avanzado del daño, por lo que puede tardar meses o ser permanente.

Los últimos estudios indican que la proporción de pacientes totalmente curados aumenta del 68 al 84% si se amplían los años de seguimiento. La recuperación es posible con un adecuado tratamiento, siendo el pronóstico mejor cuanto más precoz es el diagnóstico y el tratamiento.

Impacto de la pandemia y las redes sociales

El aumento del estrés y la angustia, el aislamiento, la hiperconectividad a redes sociales y el contacto con influencers nocivos en etapas en que se define la identidad son solo algunos de los factores que han contribuido a elevar en un 30% las consultas asociadas a trastornos alimentarios en adolescentes chilenos durante la pandemia.

Durante la pandemia, se ha evidenciado un aumento importante de estos trastornos, alrededor de un 30%. Lo anterior, según expertos, se debe a una disminución de los factores protectores como interrupción de rutinas, limitación de actividades al aire libre, lo que afecta los patrones de alimentación, sueño y actividad física y bienestar mental.

Durante el confinamiento por la pandemia de COVID-19 aumentaron los trastornos alimentarios como resultado del cambio en las conductas de alimentación. En este comportamiento, las redes sociales facilitaron el acceso a la información poco confiable para bajar de peso con métodos perjudiciales desde el punto de vista médico.

Con el teletrabajo y el telestudio fue más fácil consumir alimentos ultraprocesados, como galletas, papitas o refrescos; es decir, ingerir lo primero que se tenía a la mano sin importar su calidad. Y en el caso opuesto, dejar de comer hasta terminar las clases o el trabajo.

Además, todos estuvimos más expuestos a pantallas y a una gran cantidad de información que antes estaba presente, pero no todo el tiempo. En especial, los jóvenes tuvieron con más facilidad acceso a redes sociales como Instagram y TikTok, en las que personas sin preparación difunden contenidos de cómo bajar de peso, por ejemplo.

Prevención y detección temprana

La herramienta fundamental de prevención es la educación. Con el propósito de prevenir los trastornos, es útil identificar cómo es nuestro patrón de alimentación y reconocer cuándo no es el adecuado.

Los programas de prevención deben centrarse en la detección temprana, la educación sobre los riesgos de las dietas restrictivas, la identificación de conductas alimentarias peligrosas y la reducción de las barreras para acceder a servicios especializados.

  • Promover conversaciones positivas sobre la imagen corporal.
  • Neutralizar, cuestionar o rechazar los patrones y prototipos de belleza impuestos por la sociedad.
  • Aceptar y no enjuiciar la apariencia, principalmente de los hijos.
  • Enfatizar la importancia del cuerpo como un instrumento privilegiado que nos permite hacer, sentir y disfrutar.
  • Ampliar el concepto de belleza y no centrarlo en el aspecto físico.
  • Evitar el uso de redes sociales relacionadas con la relevancia de la imagen corporal.
  • Estar atentos a las necesidades alimentarias de los niños.
  • Proporcionar estructuras durante el día, sin ser inflexibles.
  • No premiar o presionar con los alimentos.
  • Evitar etiquetar los alimentos como “saludables y no saludables”.
  • Promover la ingesta de todo tipo de alimentos en su adecuada proporción.
  • Procurar ciertos momentos en que la familia coma unida en la misma mesa.
  • Evitar el hábito de que los integrantes de la familia coman solos en sus cuartos.
  • Estar atentos a cambios de conductas atípicos, alza o baja de peso importante.

Es muy relevante estar atentos a lo que sucede con nuestros hijos o familiares cercanos. Comer en familia es un buen momento para pesquisar y prevenir trastornos de la conducta alimentaria, así como los padres ser un modelo en relación a la alimentación, comentarios positivos relativos a la imagen corporal, neutralidad en relación al peso corporal, tener acceso a alimentos diversos, participar todos en la preparación de alimentos y centrar la belleza y los valores personales más allá de las apariencias.

Recuerde que los TCA tienen consecuencias físicas, mentales, sociales y funcionales y requieren el abordaje de equipos clínicos interdisciplinarios. Consulte precozmente con un equipo de especialistas.

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