La selección chilena atraviesa un momento complicado y se encuentra en una posición difícil en la tabla. La ‘Roja’ está al borde de la eliminación y una derrota la dejaría prácticamente sin opciones de clasificar al Mundial.
El combinado chileno busca equilibrar la solidez defensiva con transiciones rápidas al ataque, pero su falta de efectividad ofensiva, la vulnerabilidad en los laterales, la dificultad para mantener el ritmo durante los 90 minutos y la falta de recambio generacional condicionan su rendimiento.
El contexto actual de la selección chilena
La Selección de Chile enfrentará a Ecuador este martes 25 de marzo por la fecha 14 de las Eliminatorias Sudamericanas, en el último partido de la doble jornada FIFA. Chile llega al partido contra Ecuador con la necesidad imperiosa de sumar puntos, pero su falta de renovación y su inconsistencia táctica lo convierten en un rival al que la ‘Tri’ puede hacerle daño si aprovecha sus puntos débiles.
Su proceso ha sido irregular, con un cambio de entrenador en el camino. Ricardo Gareca asumió la dirección técnica, pero aún no ha logrado generar un impacto positivo en el rendimiento del equipo.
Uno de los principales problemas de Chile es la falta de recambio generacional. Desde aquella generación dorada que brilló en 2015 y 2016, varios de sus referentes siguen como titulares debido a la escasez de jugadores de nivel similar. Esto ha dificultado la evolución del equipo y ha afectado su competitividad en la eliminatoria.
El modelo de Ricardo Gareca
La selección chilena de Ricardo Gareca se organiza bajo un esquema 4-2-3-1, un sistema que el técnico ha utilizado con éxito en su carrera y que busca equilibrar la solidez defensiva con transiciones rápidas al ataque. Este planteamiento permite que Chile tenga una estructura ordenada en la salida con balón y, a la vez, sea agresivo en la recuperación.
Gareca ha intentado recuperar la intensidad y la presión alta que caracterizó a la generación dorada. Sin embargo, a diferencia de aquella selección que dominaba la posesión y apostaba por la construcción desde el fondo, este equipo prioriza un juego más vertical, con transiciones rápidas y el aprovechamiento de la velocidad por las bandas.
Gareca pareció un entrenador eficaz para enfrentar la clasificatoria para el mundial de 2026, en la medida que se trata nuevamente de un entrenador ducho que planifica el juego en función del rival y que busca maximizar el potencial de cada jugador en la posición que más le acomode. De estilo, nada.
Estructura defensiva y salida de balón
La estructura táctica organizada es una de las fortalezas de Chile, con líneas bien ordenadas que evitan descompensaciones. El trabajo defensivo sólido en bloque medio permite replegarse con orden para recuperar el balón y salir con velocidad.
El equipo busca protegerse mediante una organización compacta y aprovechar los espacios que aparecen después de la recuperación. Esta conducta contrasta con la presión alta y la posesión dominante que definieron a la selección durante otras etapas de su historia reciente.
La vulnerabilidad aparece cuando los laterales se proyectan demasiado, porque dejan espacios que pueden ser aprovechados por el rival. En ese escenario, los centrocampistas deben cubrir las bandas y evitar que la salida ofensiva se transforme en una exposición defensiva.
Transiciones y juego vertical
Chile aprovecha bien las transiciones rápidas, lo que lo hace peligroso en contragolpes. El equipo intenta recuperar en bloque medio, acelerar la circulación y atacar las zonas amplias mediante la velocidad de sus extremos y laterales.
Este enfoque busca reducir la dependencia de una posesión larga y prioriza el avance directo hacia el último tercio. El objetivo es que los jugadores ofensivos reciban con espacio y que los mediocampistas acompañen la jugada para generar alternativas de pase.
La principal dificultad está en sostener la intensidad durante todo el partido. Chile ha tenido problemas para mantener el ritmo, lo que ha llevado a errores en los tramos finales de los partidos.

Fortalezas y debilidades
Fortalezas
- Estructura táctica organizada, con líneas bien ordenadas que evitan descompensaciones.
- Buen aprovechamiento de las transiciones rápidas, lo que lo hace peligroso en contragolpes.
- Trabajo defensivo sólido en bloque medio, replegándose con orden para recuperar el balón y salir con velocidad.
Debilidades
- Falta de efectividad ofensiva: el equipo genera opciones de gol, pero carece de un delantero confiable para definirlas.
- Vulnerabilidad en los laterales: cuando los laterales se proyectan demasiado, dejan espacios que pueden ser aprovechados por el rival.
- Dificultad para mantener el ritmo: Chile ha tenido problemas para sostener la intensidad durante los 90 minutos, lo que ha llevado a errores en los tramos finales de los partidos.
La falta de finiquito continúa siendo uno de los problemas más visibles del equipo. La selección chilena se vio desordenada, sin ideas y lo más importante: sin finiquito.
La falta de finiquito marcó esta gira por Europa, sí Sánchez y Vargas no andan en sus días, prácticamente el gol no llega.
La experiencia de Chile con el 3-5-2
Chile está acostumbrado a jugar con su clásico 3-5-2. La selección de Chile en este encuentro se paró con algo más similar a lo que venía mostrando: 3-5-2 y de inmediato se notó la diferencia.
Un encuentro donde Chile dominó en posesión del balón, pero no hizo efectivo ese dominio en goles. En pasajes del partido Chile jugó bonito, pero la única desconcentración defensiva que tuvo Chile, los brasileños la transformaron en gol.
El 3-5-2 permite aumentar el número de jugadores en el mediocampo, mejorar las líneas de pase y ofrecer mayor presencia durante las transiciones defensivas. También facilita que los carrileros participen en la progresión ofensiva sin abandonar completamente la estructura de tres centrales.
El antecedente de Chile-Irán
El partido más bajo de los dos. Chile trató de “innovar” en su formación y fue al campo con una línea de cuatro en defensa -juego que no está acostumbrado la selección chilena- de ahí se paró con dos contenciones y creación neto, para dejar arriba a tres delanteros.
¿Por qué nos sorprende? Ya lo menciónanos, la línea de cuatro en el fondo, jugar con sólo tres hombres en el medio campo y también jugar con tres arriba. Esta formación fue una especie de prueba, pero definitivamente no funcionó, Chile está acostumbrado a jugar con su clásico 3-5-2.
Si nos ponemos a analizar la formación (FOTO) es un oncena bastante alternativa. De los once que entraron al campo, tres son titulares en la era Sampaoli: Bravo, Jara, Vargas. Los demás fue probar nuevas alternativas y también formación.
Pero, ¿qué pasó con Irán? Definitivamente Chile no hizo mucho en este partido, salvo por un par de llegadas escasas. La línea de cuatro no anduvo bien, desconcentraciones y el no conocimiento entre ellos jugaron una mala pasada.
Los laterales al momento de subir producían un hueco en la defensa que tenía que ser cubierto por Pulgar o Millar, pero son más volantes mixtos que de contención, entonces al momento de atacar su ambición por subir les ganaba.
El antecedente de Chile-Brasil
Chile-Brasil fue un encuentro donde Chile dominó en posesión del balón, pero no hizo efectivo ese dominio en goles. En pasajes del partido Chile jugó bonito, pero la única desconcentración defensiva que tuvo Chile, los brasileños la transformaron en gol.
Ese infortunio fue el mismo que ocurrió en el partido ante Irán: Los pases en profundidad. En imágenes podemos verificar y demostrar que los pases en profundidad fueron el gran problema de Sampaoli en esta gira por Europa.
La experiencia muestra una diferencia importante entre dominar la posesión y controlar realmente el partido. Chile puede circular el balón y avanzar con varios jugadores, pero una pérdida de concentración o una mala protección de los espacios puede dejarlo expuesto ante ataques verticales.
La presión y el modelo de Marcelo Bielsa
Marcelo Bielsa aprovechó a los cracks de la Generación Dorada para imponer un estilo ofensivo, muy trabajado en lo táctico, veloz y con mucha pizarra.
La preferencia por una presión agresiva y la recuperación temprana definió buena parte de aquella identidad. Los equipos de Bielsa y Sampaoli intentaban defender lejos de su propia portería, recuperar rápidamente y lanzar otro ataque antes de que el rival pudiera organizarse.
También existe una distancia similar entre los centrocampistas de Bielsa.
La etapa de Jorge Sampaoli
La selección de Chile siempre se ha caracterizado por ser una de las buenas selección a nivel mundial, de la mano de Bielsa y Sampaoli se han ganado un cierto prestigio en el mundo del fútbol.
Sampaoli es otro discípulo de Marcelo Bielsa, quien también dirigió al Olympique durante la temporada 2014/15.
Sampaoli es un entrenador netamente ofensivo, cuyos equipos han competido con diversas estructuras en las que principalmente busca atacar con regularidad y defender lo más arriba posible. También sus equipos ofrecen un número importante de intercambios de posiciones y movimientos, buscando actuar el mayor tiempo posible en campo contrario.
En el planteamiento de Sampaoli existe tanto la voluntad de adaptación como la de generar un modelo de juego a largo plazo, siempre que sea posible, en una organización de 4-3-3.
Ese reconocimiento de la necesidad de adaptarse, a las circunstancias y el partido, también ha contribuido a que juegue con tres defensas centrales, como en el 3-5-2 que Chile utilizó en el Mundial de 2014, cuando había identificado los beneficios que suponía aumentar el número de jugadores en mediocampo, tanto para sus intentos de construir ataques como para contribuir en las transiciones defensivas.
Posesión, superioridades y progresión
Estos principios están dirigidos por un enfoque basado en la posesión, lo que significa que los equipos de Sampaoli están construidos para dominar el balón y cuentan con jugadores que se comprometen en posiciones avanzadas y, por extensión, fomentan una constante progresión.
Ante una presión alta del rival, sus equipos forman en distintas alturas y posiciones para tener diferentes líneas de pase abiertas y generar superioridades numéricas, buscando siempre salir con el balón controlado.
A través de la creación de una estructura en rombo (arriba) en una situación de 4 contra 1 -muy trabajado este concepto durante los entrenamientos-, intenta superar la línea de presión rival configurada por un delantero y dos extremos posicionados más retrasados.
El posicionamiento de ese centrocampista defensivo significaba que se convertía en el enlace clave con sus interiores, que a menudo permanecían avanzados, lo que aumentaba su tiempo y espacio, y, potencialmente asegurándole estar libre de marca.
El 3-4-3 utilizado por Chile
Chile lo hizo de forma particularmente brillante a partir de un 3-4-3 (abajo) en el que Gary Medel, Marcelo Díaz y Francisco Silva formaban su zaga, dando a los jugadores del centro del campo una mayor libertad para abrirse haciendo constantes carreras al espacio.
Ante una presión agresiva, la posesión circulaba por la defensa a gran velocidad para atraer a los rivales hacia un lado del campo y, por tanto, crear la posibilidad de cambiar el juego.
Charles Aránguiz y Arturo Vidal se encargaron de las progresiones desde el centro del campo, con Mauricio Isla y Jean Beausejour haciendo este mismo papel por bandas para apoyar a los tres delanteros chilenos.
Además, Aránguiz operó más como un un pivote defensivo en mediocampo para proporcionar el enlace desde los que estaban en la defensa, mientras Vidal se movía a posiciones más avanzadas para ofrecer amenazas a la espalda del mediocampo rival.

Presión tras pérdida y defensa en campo rival
La preferencia de Sampaoli por un fútbol basado en la posesión significa que sus estrategias defensivas se centran en una presión agresiva y en la recuperación temprana.
Sus equipos presionan regularmente en territorio avanzado y, por extensión, ceden terreno a regañadientes. Mientras que durante los periodos sin balón otro entrenador puede centrarse en no concederlo, la prioridad de Sampaoli es recuperar el balón lo más rápido posible para lanzar otro ataque, aunque la realidad de que no siempre puedan presionar también implique el uso ocasional de un bloqueo medio.
Uno de los principios que aplica es la orientación de la presión para llevar la posesión de balón del equipo contrario por fuera, donde el espacio se reduce y es complejo para el rival generar continuidades en su juego. Una acción que facilita la recuperación.
Similar conducta encontramos en la selección de Chile, también desde una estructura de 3-4-3 y con una presión coordinada. Primero de los jugadores avanzados para complicar la salida de balón del rival, mientras en segunda línea se activaban los de medios avanzados, con Isla desde el lateral, Aránguiz por dentro y Vidal en zonas interiores, atentos estos para ganar la segunda jugada.
La evolución histórica de la identidad chilena
El jogo bonito brasileño, el catenaccio italiano, el fútbol total holandés, el tiquitaca español, el juego directo de los alemanes; son filosofías sobre cómo entender el balompié que, además, expresan la idiosincrasia de los habitantes de una nación.
En algunos casos, la mera disposición mental a enfrentar el juego, identifica a ciertos cuadros, como es el caso de la “garra charrúa” o la “casta guaraní”.
Sin embargo, existen también equipos veleta que no han logrado consolidar su personalidad y se conforman con alinear once jugadores que busquen el triunfo o evitar la derrota.
Lamentablemente, ese es el caso de la Roja.
De los primeros procesos a la década de 1960
Si buscamos los escasos antecedentes existentes sobre los primeros pasos de la selección nacional, dentro de los cuales cabe destacar sin duda la magnífica obra de Sebastián Núñez, ‘Duelos del Centenario. Selección chilena de 1910’, podríamos aventurar a modo de conclusión que lo más distintivo de dichos cuadros era la derrota, tal vez inevitable en la medida que los rivales de la época eran muy superiores.
Pero, si tratamos de leer entre líneas, de varios artículos de prensa de la época podría desprenderse que la selección -cuya camiseta en aquellos tiempos era mitad blanca y mitad roja- era fiel al valor del juego limpio.
Con el correr de los años, en particular en los años cincuenta del siglo pasado, el desempeño de nuestros combinados nacionales mejoró, básicamente sobre la base de la calidad individual de ciertas figuras como Sergio Livingstone o “Cuacuá” Hormazábal, Así, logramos el segundo lugar de los Campeonatos Sudamericanos de 1955 y 1956.
Podríamos destacar el cambio de esquema y mentalidad, impuesto fundamentalmente por el seleccionador Luis Tirado, quien buscó mayor equilibrio en el juego, enfatizando la marca y el dinamismo de las posiciones.
Suele mencionarse a Jaime Riera como el artífice del éxito de la selección chilena en el Mundial de 1962, quién impuso un fútbol sobrio, limpio y centrado en el buen trato del balón.
Si bien es cierto el enfoque profesional del “Tata” caló hondo en sus discípulos, en particular en Manuel Pellegrini y Arturo Salah, para nuestro medio no se trató de un sello distintivo que valiera la pena cuidar o reforzar.
Pragmatismo y ausencia de continuidad
Por lo mismo, no hubo un mayor cuestionamiento cuando el Zorro Álamos, astuto como su apodo lo insinuaba, y sobre todo pragmático, prefiriera variar constantemente sus estrategias en función de los rivales de turno, construyendo sus selecciones en base a los jugadores y estructura de poderosos equipos locales que él mismo había dirigido (el Ballet Azul de la “U” y el Colo-Colo 73).
Sin jugar mal, la Roja fracasó en los mundiales de 1966 y 1974.
No pareció sorpresivo que Luis Santibáñez le diera un giro radical a la conducción del equipo de todos, intentando convencer al hincha criollo, hastiado de “jugar como nunca y perder como siempre”, centrándose exclusivamente en los resultados.
¿La manera? Irrelevante. Creo que es lo más cerca que hemos estado de tener un estilo de juego que nos identifique como país. No por algo muy lindo, pero por lo menos verdadero.
Los procesos de 1979 y 1987
La historia, en todo caso, es conocida y pese a usar todo tipo de mañas y pillerías y de abusar de la “táctica del murciélago” (todos colgados del palo) cuando jugaba en calidad de forastero, los resultados no lo avalaron.
Fuimos una vez más vicecampeones de América en 1979, no lo desconocemos. También jugamos un proceso clasificatorio impecable previo al mundial de España.
Pero en el torneo propiamente tal, perdimos los tres partidos que jugamos; lo que se podría calificar como un desastre absoluto; sobre todo considerando que lo importante no era competir, sino ganar.
La selección del “Cabezón” Aravena es tal vez la máxima expresión de la falta de convicción en nuestros talentos y ausencia de estilo.
Y para muestra, dos botones: el desempeño en la Copa América 1987, en la cual, tras derrotar con buen fútbol a selecciones que siempre han profesado el dogma del buen trato del balón, como Brasil y Colombia, perdimos la final con Uruguay en un partido en que pretendimos ganarles a las patadas.
Creyendo que de un día para otro seríamos los catedráticos de la guapeza.
Pero más patético aún parece que Chile, teniendo, insistimos, jugadores hábiles y efectivos, decidiera jugar un partido amistoso en Wembley contra Inglaterra en 1989, con un planteamiento inexplicablemente ultradefensivo.
Se empató, es cierto, pero nuestra imagen país quedó por el suelo.
Nelson Acosta y la generación de Salas y Zamorano
En los noventa, Nelson Acosta nos llevó después de 16 años de vuelta a una copa del mundo, con Salas y Zamorano como referentes.
No los desperdició e hizo buenas presentaciones, una vez más con argumentos muy distintos dependiendo si nos presentábamos en casa o fuera de Chile.
Para muchos un entrenador defensivo. Ratón. En realidad, fue un buen estratega que supo sacar partido a los jugadores que tenía.
Pero no construyó un estilo novedoso, ni intentó recoger cierto inexistente espíritu del fútbol chileno.
Juvenal Ólmos, a cargo de buena parte del proceso en que quedamos fuera del mundial de 2006, por su parte, tampoco dejó huella ni formó escuela.
La generación dorada
Pero llegó entonces Marcelo Bielsa y aprovechó a los cracks de la Generación Dorada para imponer un estilo ofensivo, muy trabajado en lo táctico, veloz y con mucha pizarra.
Y, por fin, la Copa América se quedó en casa.
Todo muy bello, pero estaremos de acuerdo que los entrenadores argentinos que introdujeron a la Generación Dorada (Bielsa 2007-2011), que la llevaron a la cúspide (Sampaoli 2012-2015) y que estrujaron la última gota de nectar que quedaba (Pizzi 2016 -2017) no pudieron dejarnos un legado que permaneciera con nosotros.
La generación dorada logró combinar presión, intensidad, circulación rápida, amplitud y agresividad ofensiva. Sin embargo, su identidad dependía en buena medida de la calidad, el ritmo y la experiencia de jugadores que no fueron sustituidos con la misma capacidad.
El problema de la identidad futbolística
Hablar de estilos de juego en el fútbol es echar a volar la imaginación, revisando referentes históricos, esquemas, tácticas y disposiciones anímicas de los distintos clubes y selecciones.
Parte de la hermosura propia del fútbol, es que permite el desarrollo de infinidades de estilos que pueden enfrentarse y contrarrestarse, sin que alguno de ellos tenga el éxito garantizado por su sola definición.
Sin embargo, existen también equipos veleta que no han logrado consolidar su personalidad y se conforman con alinear once jugadores que busquen el triunfo o evitar la derrota, sin que les importe configurar una identidad permanente que los represente.
Lamentablemente es el caso de la Roja.
Hoy, en nuestro momento más oscuro, podríamos apostar a mediano plazo por un proceso que busque construir algo hermoso que nos identifique y represente, para que en todo el mundo se sepa que Chile juega de una manera determinada y sostener con convicción nuestra versión del fútbol en cada campeonato.
En la victoria y en la derrota.
Posible alineación de Chile
| Línea | Jugadores |
|---|---|
| Arquero | Brayan Cortés |
| Defensas | Felipe Loyola, Guillermo Maripán, Paulo Díaz y Gabriel Suazo |
| Volantes | Rodrigo Echeverría, Vicente Pizarro y Arturo Vidal |
| Delanteros | Lucas Cepeda, Diego Valdés y Eduardo Vargas |
Ficha del partido Chile vs. Ecuador
| Dato | Información |
|---|---|
| Fecha | Martes 25 de marzo |
| Hora | 19:00 (hora Ecuador) |
| Estadio | Estadio Nacional de Santiago |
La posible alineación muestra una estructura con cuatro defensas, una línea de mediocampistas destinada a equilibrar el equipo y tres jugadores ofensivos. La capacidad de Chile para competir dependerá de que esa organización no pierda distancias entre líneas, de que los laterales reciban cobertura y de que los atacantes conviertan las oportunidades generadas.