La Segunda Guerra Mundial fue el conflicto militar global más devastador de la historia de la humanidad, desarrollado entre 1939 y 1945, en el que participaron la mayoría de las naciones del mundo agrupadas en dos alianzas militares opuestas: los Aliados y el Eje. Durante seis años, más de cien millones de militares fueron movilizados y entre 50 y 70 millones de personas murieron, como consecuencia de los combates, el Holocausto, los bombardeos masivos sobre ciudades y el uso de armas nucleares.
En ese escenario de guerra total, los actos heroicos no se limitaron a los grandes generales ni a las operaciones decisivas. También fueron protagonizados por soldados que defendieron edificios aislados, pilotos que combatieron pese a sus heridas, marinos que se ofrecieron voluntariamente para acudir al frente, espías que engañaron al enemigo y unidades enteras que mantuvieron sus posiciones en condiciones extremas.
El contexto de los actos heroicos
La Segunda Guerra Mundial comenzó en Europa el 1 de septiembre de 1939 con la invasión alemana de Polonia, seguida por la declaración de guerra de Reino Unido y Francia a Alemania el 3 de septiembre. En Asia, la guerra había comenzado antes con la invasión japonesa de Manchuria en 1931 y la invasión de China en 1937.
La Alemania nazi y el Imperio del Japón desataron la Segunda Guerra Mundial con la intención de establecer, por medio de la conquista militar, un dominio permanente sobre Europa y Asia, respectivamente. Estas dos naciones fueron los miembros más importantes de la sociedad del Eje, que se basó en el anticomunismo y en la insatisfacción con el orden mundial después de la Primera Guerra Mundial.
El conflicto se extendió por todos los continentes y océanos, especialmente por Europa, el norte de África, el océano Pacífico, el océano Atlántico, Oriente Medio y el sudeste asiático. La velocidad de las operaciones alemanas, el poder destructivo de la aviación y los carros de combate, los combates urbanos y la resistencia de poblaciones enteras crearon situaciones en las que la iniciativa individual podía decidir la supervivencia de numerosos compañeros.
| Elemento | Información |
|---|---|
| Duración | 1 de septiembre de 1939-2 de septiembre de 1945 |
| Alianzas | Aliados y Potencias del Eje |
| Principales escenarios | Europa, norte de África, océanos Pacífico y Atlántico, Oriente Medio y sudeste asiático |
| Resultado | Victoria aliada |
| Consecuencias | Colapso de la Alemania nazi, caída de los imperios japonés e italiano, creación de las Naciones Unidas y comienzo de la Guerra Fría |

Qué caracterizó al heroísmo durante la guerra
Los actos heroicos de la Segunda Guerra Mundial estuvieron relacionados con la defensa de posiciones estratégicas, el sacrificio personal, el liderazgo bajo fuego, la capacidad de actuar detrás de las líneas enemigas y la protección de civiles o compañeros. Muchos de estos episodios tuvieron lugar en batallas conocidas, pero otros ocurrieron en pequeños sectores cuya importancia militar solo se comprendió con el tiempo.
La Blitzkrieg, o “guerra relámpago”, se basaba en desarrollar campañas rápidas y contundentes mediante una gran concentración de tanques, aviones y artillería pesada. Tras el bombardeo inicial de la aviación, los carros de combate atacaban el objetivo rápidamente y de manera autónoma, provocando una gran desorganización en las líneas defensivas enemigas.
Frente a ese tipo de guerra, la resistencia podía consistir en mantener una casa, una fábrica, una trinchera o un puente durante horas o semanas. En otras ocasiones, el heroísmo se manifestó al avanzar contra un tanque, dirigir un ataque con pocos hombres, realizar una misión de reconocimiento o sostener una operación aérea cuando las probabilidades de supervivencia eran mínimas.
La Casa de Pávlov: una fortaleza en Stalingrado
A mediados de septiembre de 1942, unidades del 6º Ejército Alemán irrumpieron en el centro de Stalingrado. Se libraron feroces batallas por cada edificio con el fin de obstaculizar el avance de los nazis hacia el Volga.
El 27 de septiembre, el sargento mayor Yakov Pávlov recibió la orden de entrar en un edificio de apartamentos de cuatro pisos situado en la Plaza 9 de Enero y eliminar una pequeña guarnición alemana que allí se encontraba. Este edificio ha pasado a la historia como la Casa de Pávlov, una fortaleza en la que 31 soldados del Ejército Rojo lucharon contra los ataques del enemigo durante dos meses.
Aunque se conoce con el nombre de Pávlov, la defensa del edificio durante todo el asedio la dirigió el teniente Iván Afanásiev, que se había unido al pelotón de Pávlov. La guarnición convirtió un edificio parcialmente destruido en un punto de resistencia que impedía a las tropas alemanas avanzar hacia el Volga.
“Los nazis no dejaron nuestra casa sola ni un solo día. Para ellos, nuestra guarnición, que no les permitió dar un paso más, fue peor que una monstruosidad. Intensificaban los bombardeos cada día y parecía que habían decidido reducir la casa a cenizas. En una ocasión la artillería alemana estuvo disparando durante 24 horas seguidas, sin descanso, contra la casa”, recuerda Pavlov en sus memorias.
Los soldados soviéticos respondían desde el tejado, las ventanas y el sótano del edificio, donde se escondían los civiles que había. La comida, el agua y las provisiones se transportaban desde el Volga por la noche, bajo un constante bombardeo.
A veces, la Casa de Pávlov tenía líneas de comunicación con el resto de las tropas soviéticas, pero en otras ocasiones estaba completamente aislada, convirtiéndose en una solitaria isla de resistencia. El 19 de noviembre, el Ejército Rojo lanzó la Operación Urano para rodear al 6º Ejército, que estaba encerrado en Stalingrado gracias a la feroz resistencia de los soldados soviéticos.
Una semana después, los defensores de la Casa de Pávlov se unieron a la contraofensiva junto con las otras unidades del 62º Ejército. A lo largo de todo el asedio, la hábil guarnición de la famosa casa perdió solo tres personas. No hay forma de calcular hoy en día las pérdidas que infligieron a los alemanes, pero se cree que fueron cientos de personas.
La actuación de Pávlov y de sus compañeros fue heroica porque una pequeña guarnición sostuvo una posición urbana bajo bombardeos constantes, protegió a civiles y obligó al enemigo a emplear una cantidad considerable de recursos para intentar desalojarla.

El sacrificio de Mijaíl Panikaja
En marzo de 1942, el marino Mijaíl Panikaja, que estaba sirviendo en la Flota del Pacífico, se ofreció como voluntario para ir al frente soviético-alemán. En el otoño del mismo año, su 883º Regimiento de Fusileros estaba en medio de la batalla de Stalingrado, luchando por la fábrica Octubre Rojo, situada a orillas del Volga.
El 2 de octubre, durante un ataque alemán a las posiciones del regimiento, siete tanques rompieron las líneas de defensa y se acercaron a las trincheras soviéticas. El soldado Panikaja, armado con dos cócteles molotov, comenzó a arrastrarse hacia el primer tanque del enemigo.
Cuando estaba a 40 metros del objetivo, se balanceó para hacer un lanzamiento. En ese momento, una bala golpeó el cóctel molotov que sostenía en su mano levantada y el líquido ardiente le quemó la cara y el uniforme.
En un segundo, Mijaíl Panikaja se convirtió en una antorcha ardiente, pero no dio un paso atrás para volver a las posiciones de su regimiento. Al contrario, corrió hacia el tanque y aplastó su otro cóctel molotov en la escotilla del motor.
“Un enorme destello de fuego y humo envolvió al héroe junto con el tanque nazi que había incendiado”, escribió el comandante del 62º Ejército, el teniente general Vasili Chuikov.
El acto de Panikaja representa el sacrificio extremo de un combatiente que, aun después de sufrir quemaduras mortales, continuó avanzando contra el tanque para impedir que rompiera las líneas defensivas.
La isla Liudnikov: resistencia junto al Volga
La isla de Liudnikov no es una isla en el Volga, como se podría pensar. Se trata del nombre que recibió una pequeña sección de la planta Barrikadni por la heroica defensa que hizo la 138 División de Fusileros, comandada por el coronel Iván Liúdnikov.
Desde mediados de octubre, unidades del 62º Ejército intentaron retener bajo su control el territorio de la planta con el objetivo de impedir que las tropas alemanas llegaran hasta la orilla del Volga. Sin embargo, a partir del 11 de noviembre, todos los edificios de los talleres de Barrikad habían caído en manos del enemigo.
Solo una pequeña sección estaba controlada por los restos de una maltrecha 138 División de Fusileros. Empujados hacia el Volga y rodeados por el enemigo por tres lados, los soldados se atrincheraron en una pequeña parcela de tierra de 700 por 400 metros.
Los suministros les llegaban por barcos asediados por el fuego enemigo desde la orilla izquierda del Volga y solo cuando era posible. El suministro por aire también era problemático.
“Los pilotos, maestros de los vuelos nocturnos en lentos Po-2, también trataban de ayudar a los defensores de Barrikadni. Dejaban caer sacos con cartuchos y galletas del ejército desde arriba. Pero nuestra ‘isla’ era tan pequeña que los sacos caían o bien detrás de la línea enemiga o bien en el Volga”, recuerda Liudnikov.
A veces los soldados tenían que luchar todo el día con una sola galleta del ejército en el bolsillo. “Estábamos infestados de piojos y hambrientos, pero en algún momento llegaba un sentimiento de furia y ya no sentí ninguna lástima ni por mí ni por los alemanes. Luchamos ferozmente por cada trozo del muro, y por la noche nosotros y los alemanes nos arrastrábamos o tratábamos de abrirnos camino por los pasillos y los túneles de la planta”, recuerda el soldado Milya Rosenberg.
“Nosotros, para conseguir algo de comida y munición, y los alemanes para empujarnos al Volga. Hubo constantes enfrentamientos entre pequeños grupos en combates cuerpo a cuerpo”, añadió Rosenberg.
El 21 de diciembre, las unidades del Ejército Rojo terminaron el bloqueo de la 138 División. Hoy en día, hay tres fosas comunes de soldados soviéticos en el territorio de la “isla”. En una de ellas hay más de 1.000 soldados enterrados, mientras que se desconoce el número de personas enterradas en las otras dos.
Vasili Zaitsev y la guerra desde las sombras
Vasili Zaitsev fue uno de los símbolos de la resistencia soviética en Stalingrado. Entre la leyenda y la realidad, el francotirador más famoso del mundo alentó a sus camaradas ejecutando desde las sombras a entre 150 y 250 alemanes.
Uno de sus adversarios fue Heinz Thorwald, director de la escuela de francotiradores de Zossen, enviado para abatir a Zaitsev. El duelo definitivo tuvo lugar en una fábrica cercana a la colina del Mamaev Kurgan.
Escondido, Thorwald delató su posición con un certero disparo cuando el ayudante de Zaitsev levantó su casco. Al levantar su cabeza, fue abatido por el galardonado Héroe de la URSS.
El heroísmo de Zaitsev no consistió únicamente en el número de enemigos abatidos, sino también en su capacidad para convertir la observación, la paciencia y el conocimiento del terreno en una forma de resistencia que afectaba a la moral y a la seguridad de las tropas alemanas.
Richard Winters y el asalto a Brécourt Manor
Richard Winters, miembro de la compañía Easy, tomó el mando de sus hombres el primer día de la batalla de Normandía por la muerte de su superior en la ofensiva aerotransportada de la 101.
Una de sus primeras acciones fue la conocida como “Asalto a Brécourt Manor”, donde tomó varios cañones de 105 mm en un ataque que aún se estudia en las academias estadounidenses.
Después combatió en la operación Market Garden y en la defensa de Las Ardenas. No recibió la Medalla de Honor pese a su fama.
Su actuación en Normandía fue heroica porque asumió el mando en plena ofensiva, organizó un ataque contra posiciones de artillería y permitió neutralizar piezas que podían amenazar a las tropas aliadas que desembarcaban en Francia.

John Baskeyfield en Oosterbeek
La operación Market Garden fue un sonoro fracaso de Montgomery para intentar alcanzar Alemania antes de Navidad de 1944 mediante la toma de un corredor con tropas aerotransportadas. Uno de sus héroes fue John Baskeyfield, quien recibió la Cruz de la Victoria por su desesperada acción en Oosterbeek.
Allí, herido gravemente, operó solo un cañón antitanque, dejando acercarse a menos de 100 metros a dos Tiger y un cañón autopropulsado para destruirlos. Después fue abatido.
Baskeyfield actuó en una situación en la que la retirada o la espera habrían permitido a los tanques alemanes avanzar contra las posiciones aliadas. Su decisión de mantener el cañón y atacar a corta distancia convirtió una posición vulnerable en un obstáculo para una fuerza blindada superior.
Douglas Bader: combatir con prótesis
Douglas Bader, conocido como “Piernas de hojalata”, consiguió una treintena de victorias en la batalla de Inglaterra combatiendo con piernas ortopédicas.
El piloto perdió sus dos miembros al estrellarse durante unas acrobacias en 1931, hecho que no le impidió superar una prueba para volver al Ejército en 1939.
En 1940 sufrió otro accidente que hubiera supuesto amputarle las piernas, pues sus prótesis quedaron desfiguradas bajo los mandos del avión. Cuando fue capturado por los alemanes en 1941, el as alemán Adolf Galland permitió que un avión británico les lanzase en paracaídas unas prótesis nuevas.
La trayectoria de Bader muestra que el heroísmo también podía expresarse en la superación de una discapacidad y en el regreso voluntario al combate después de una lesión que habría apartado a muchos pilotos del servicio activo.
Erich Hartmann, el “Diablo Negro”
Erich Hartmann abatió 352 aviones durante la Segunda Guerra Mundial, cifra que le encumbró como el mayor as de la contienda. Todos sus derribos tuvieron lugar en el frente del Este, donde lideró la Jagdgeschwader 52, una de las unidades más célebres de la guerra.
Su apodo, puesto por los rusos por la pintura negra del morro de su Bf 109, hizo de él una celebridad y un chivo expiatorio de Moscú al acabar la guerra.
Entregado por los aliados, pasó diez años en el Gulag antes de ser liberado. Muerto en 1993, cuatro años después Rusia reconoció que su juicio fue ilegal.
Su caso refleja la dimensión individual de la guerra aérea: cada misión exigía localizar al enemigo, atacar en segundos y regresar a la base en un entorno donde cualquier error podía resultar fatal.
Michael Wittmann y los combates de carros
El joven Michael Wittmann luchó prácticamente en todos los frentes abiertos por Alemania al mando de distintos carros de combate, desde Polonia hasta Francia, en 1944.
Fue en Rusia donde cobró protagonismo al enfrentarse en varias ocasiones a escuadras de tanques que superaban ampliamente su número, destruyendo en alguna escaramuza media docena de T-34.
Murió cerca de Caen sin haber cumplido los 30. La torreta de su Tiger saltó por los aires, no se sabe si por un ataque aéreo o por el disparo de otro tanque.
Su Cruz de Caballero con Espadas coronó una lista de cientos de carros y cañones destruidos. Sus acciones muestran la importancia que tuvieron los enfrentamientos blindados en el frente oriental y durante la batalla de Normandía.
Günther Prien y la incursión en Scapa Flow
La batalla del Atlántico se libró entre las “manadas de lobos” de los submarinos alemanes y los destructores británicos que protegían los convoyes llegados desde ultramar. Pero algunas acciones aisladas pasarían a la historia por su osadía.
Al mando del U-47, Günther Prien se adentró bajo el manto de la noche en la base de Scapa Flow, Escocia, principal enclave de la flota británica gracias a su lejanía del continente.
Allí hundió por sorpresa el acorazado HMS Royal Oak, logro por el que recibió la Cruz de Hierro de manos de Hitler. En 1941 moriría junto a los 45 hombres de su tripulación en una patrulla.
La operación exigió navegar de noche, penetrar en una base protegida y atacar a corta distancia antes de retirarse. Su audacia convirtió una incursión submarina en uno de los episodios más recordados de la guerra naval.
El Bismarck y la misión de Günther Lütjens
“Hundid el Bismarck”. El acorazado de 42.000 toneladas logró en 1941 lo que no había hecho una flota entera antes: poner en jaque a la Royal Navy.
Su misión era realizar una correría de tres meses por el Atlántico Norte. Su primer combate fue contra el HMS Hood, la joya de la corona del enemigo. En tres minutos lo partió en dos, aunque ello le hizo morir de éxito.
Herido por tres impactos y con poco combustible, su capitán Lindemann se mostró a favor de volver a Alemania, pero el almirante Lütjens obedeció a las presiones de Berlín y continuó la patrulla.
Solo sobrevivieron 115 de los 2.200 hombres al ser interceptados. La misión del Bismarck demuestra cómo el valor y la potencia de una unidad podían producir un impacto inmediato, aunque también revela el coste de mantener una operación cuando la situación estratégica ya se había vuelto desfavorable.
La inteligencia y el engaño de Juan Pujol García
Juan Pujol García, un barcelonés harto de los autoritarismos, fue vital para el éxito del desembarco de Normandía. Combatiente republicano, desertó al bando de Franco y poco tardó en repudiar también a los “nacionales”.
Pujol se ofreció entonces a la embajada británica de Lisboa para espiar a los alemanes, convirtiéndose en el agente doble que convenció a Hitler de que los Aliados desembarcarían por Calais, a 250 kilómetros de Normandía.
Lo hizo gracias a una red de 27 agentes imaginarios. La operación Fortaleza fue la mayor mentira de la guerra.
La operación fue decisiva porque llevó al mando alemán a mantener fuerzas importantes alejadas de Normandía, convencido de que el desembarco principal tendría lugar en Calais. El heroísmo de Pujol se desarrolló sin una trinchera ni un tanque: consistió en asumir el riesgo de ser descubierto mientras fabricaba una realidad falsa para el enemigo.
Otto Skorzeny y las operaciones de comandos
Otto Skorzeny fue uno de los miembros más notorios de las SS, y no solo por las cicatrices de su cara, provocadas por la afición a la esgrima del austriaco.
Experto en acciones de comandos, en 1943 Hitler lo eligió para liberar a Mussolini. Ante la peligrosidad de la misión, Skorzeny ideó un asalto con paracaidistas. Fue todo un éxito.
Después fue elegido para otras operaciones, como asesinar al líder de los partisanos yugoslavos, Tito, en la que sí fracasó, e infiltrar cientos de soldados falsos entre los Aliados.
Pasó el resto de su vida contando sus hazañas exiliado en Mallorca. Murió en Madrid en 1975.
Sus operaciones muestran una modalidad de combate basada en la sorpresa, la infiltración y el engaño. Sin embargo, la eficacia militar de una acción no elimina la naturaleza política y criminal de los objetivos de las SS ni convierte todas sus operaciones en ejemplos éticos de heroísmo.
David Niven y la unidad fantasma
David Niven, el “gentleman” y memorable actor británico, sirvió a su país como comando durante la Segunda Guerra Mundial. Nunca habló mucho del tema por respeto a las decenas de miles de compañeros suyos que murieron en Normandía y Las Ardenas.
Su papel en la guerra fue crucial: introdujo a sir Robert Edward Laycock en los comandos, siendo este uno de los grandes líderes de este cuerpo, con importantísimas misiones en el Mediterráneo, como el intento de asesinato de Rommel.
Niven, por su parte, fue miembro de la Unidad Fantasma organizada por Eisenhower para conocer el despliegue alemán en Francia.
La experiencia de Niven recuerda que el heroísmo también podía consistir en misiones de reconocimiento, engaño y obtención de información, tareas menos visibles que una carga de infantería pero esenciales para preparar las operaciones aliadas.
El Escuadrón 201 mexicano en Filipinas
El 8 de mayo de 1944 se anunció que el gobierno mexicano enviaría tropas de la Fuerza Aérea Mexicana a participar en los frentes de batalla durante la Segunda Guerra Mundial. Al lado de Estados Unidos, los pilotos combatirían contra las fuerzas japonesas en Filipinas.
La Fuerza Aérea Expedicionaria Mexicana, más conocida como Escuadrón 201, se conformó por al menos 300 hombres, en su mayoría militares, así como 62 civiles voluntarios de la Fábrica de Materiales de Guerra.
Antes de viajar al campo de batalla, los aviadores mexicanos se trasladaron en tren desde la estación Buenavista a Texas, en julio de 1944, para recibir entrenamiento durante siete meses. Fue a partir de febrero de 1945 cuando se unieron al Grupo 58 de la Fuerza Aérea estadounidense.
En abril del mismo año llegaron a Filipinas para ayudar en el combate contra los japoneses, desde el pueblo de Pórac, una hora y media al norte de la capital, Manila. En ese entonces, gran parte del territorio filipino estaba controlado por Japón, pero Manila había sido tomada poco antes por Estados Unidos.
Sus misiones consistieron en el avistamiento de posiciones enemigas, la destrucción de puestos de artillería y el apoyo a las tropas aliadas de tierra. Sumaron 1.966 horas de vuelo en zonas de combate.
Los filipinos recibieron con flores a la FAEM cuando llegó a Pórac. La participación mexicana fue integrada en las operaciones aliadas del Pacífico en una fase en la que las fuerzas estadounidenses avanzaban contra las posiciones japonesas y necesitaban apoyo aéreo para localizar y atacar objetivos terrestres.
El general estadounidense Douglas MacArthur reconoció la importancia de las misiones de las “águilas aztecas”, que salvaron vidas y causaron más de 30.000 bajas entre los japoneses.
En el regreso a México tras la rendición japonesa, centenares de personas abarrotaron Buenavista y la presidencia otorgó condecoraciones a “los aguiluchos”. En 2012, la presidenta filipina Gloria Macapagal-Arroyo otorgó la mayor condecoración de su país al Escuadrón 201, la medalla de la Legión de Honor de Filipinas.
En 2015, por el 70 aniversario del regreso a México, el presidente Peña Nieto entregó condecoraciones y ascensos a pilotos retirados de la histórica FAEM. En 2017, el embajador de Filipinas en México, Eduardo José de Vega, comentó que en su patria los ancianos aún recuerdan a los mexicanos que llegaron en 1945.

La resistencia aérea durante la batalla de Inglaterra
Del 10 de julio al 31 de octubre de 1940, los alemanes libraron, y al final perdieron, una guerra aérea sobre Inglaterra, conocida como la batalla de Gran Bretaña. Fue la primera batalla completamente aérea de la historia.
La batalla mantuvo durante ese periodo la presión sobre el nuevo gobierno de Winston Churchill, decidido a la resistencia. La defensa británica venció, entre otras cosas, gracias a una innovación tecnológica: el radar, y al decisivo apoyo estadounidense.
Los pilotos que participaron en la batalla debían despegar repetidamente, interceptar formaciones enemigas y combatir sobre las islas británicas. La resistencia aérea impidió que Alemania obtuviera el dominio necesario para lanzar una invasión de Gran Bretaña.
El caso de Douglas Bader fue especialmente simbólico porque combatió con piernas ortopédicas, pero formó parte de un esfuerzo colectivo en el que también fueron fundamentales los operadores de radar, los mecánicos, los observadores y las tripulaciones de tierra.
El desembarco de Normandía y los actos de valor colectivo
El 6 de junio de 1944, más de 150.000 soldados aliados desembarcaron en las costas de Normandía en Francia. Después de estar atrapados en la costa de Normandía durante seis semanas, los británicos y los estadounidenses lograron romper el cerco el 25 de julio y liberaron París el 25 de agosto.
El 11 de septiembre de 1944, las primeras tropas estadounidenses cruzaron hacia Alemania. Para diciembre, toda Francia, la mayor parte de Bélgica y parte del sur de los Países Bajos habían sido liberados.
Las tropas que desembarcaron tuvieron que avanzar bajo el fuego de las defensas alemanas, abrir caminos entre obstáculos, evacuar heridos y mantener las líneas de suministro. El heroísmo de Normandía fue, por tanto, individual y colectivo: dependió de soldados que avanzaron bajo fuego, de oficiales que reorganizaron unidades y de tripulaciones que mantuvieron operativas las rutas marítimas y aéreas.
El desembarco también estuvo precedido por una compleja campaña de engaño, en la que Juan Pujol García y otros agentes contribuyeron a mantener la creencia de que el ataque principal tendría lugar en Calais.
El desembarco de Normandía. El dia D | Documental HD
La guerra naval y el valor de las tripulaciones
La batalla del Atlántico enfrentó a los submarinos alemanes con los destructores británicos que protegían los convoyes procedentes de ultramar. Las tripulaciones combatían durante largos periodos en espacios reducidos, con escasa información sobre la posición del enemigo y bajo la amenaza constante de torpedos, cargas de profundidad y ataques aéreos.
La incursión de Günther Prien en Scapa Flow fue una acción excepcional dentro de esa campaña, pero la supervivencia de los convoyes dependió también de miles de marinos que escoltaron barcos mercantes, rescataron náufragos y mantuvieron abiertas las rutas de abastecimiento.
En el Pacífico se libraron algunas de las mayores batallas navales de la historia, como el mar del Coral, Midway y el golfo de Leyte. En esas operaciones, el valor de las tripulaciones fue inseparable de la coordinación entre portaaviones, aviación, submarinos y unidades de superficie.
Los actos heroicos en la guerra del Pacífico
El 7 de diciembre de 1941, Japón lanzó un ataque aéreo sorpresa contra Pearl Harbor, en Hawái. De inmediato, Estados Unidos declaró la guerra a Japón. El 11 de diciembre, Alemania e Italia declararon la guerra a Estados Unidos.
Durante el invierno de 1941 a 1942, los japoneses atacaron y conquistaron las Filipinas, la Indochina francesa y el Singapur británico. A finales de la primavera y principios del verano de 1942, los británicos lograron frenar el avance japonés en Birmania y Estados Unidos derrotó decisivamente a la armada japonesa en Midway.
En agosto de 1942, las fuerzas estadounidenses detuvieron en Guadalcanal, en las islas Salomón, el avance japonés por las islas del Pacífico en dirección a Australia. Después, los estadounidenses tuvieron que desalojar isla a isla a los japoneses, tanto en el sur del Pacífico como en Filipinas.
Las campañas de Guadalcanal, Filipinas, Iwo Jima y Okinawa exigieron desembarcos bajo fuego, combates prolongados y operaciones de evacuación y abastecimiento. El Escuadrón 201 participó en ese escenario mediante vuelos de reconocimiento, ataques contra posiciones de artillería y apoyo a las tropas de tierra.
Hiroo Onoda y la guerra prolongada en Lubang
Hiroo Onoda fue un personaje representativo del síndrome Kachigani, igual que Shoichi Yokoi. Onoda luchó en la isla filipina de Lubang, donde se internó en la selva al ser ocupada por los estadounidenses.
Desaparecido en combate, fue hallado por un turista japonés en 1974, quien intentó convencerle de que la guerra había acabado. Cabezón y sensible al sentido del honor, dijo que solo un superior podía ordenarle volver a casa.
Su antiguo jefe, convertido en librero, tuvo que volver a la isla para que Onoda se incorporase a la vida civil.
La historia de Onoda muestra cómo la obediencia militar, el aislamiento geográfico y la falta de información podían prolongar la experiencia de la guerra mucho después de que hubieran terminado las operaciones principales.
El liderazgo soviético en Stalingrado
Yakov Pávlov no fue el único protagonista de la defensa soviética en Stalingrado. El coronel Iván Liúdnikov dirigió la 138 División de Fusileros durante la defensa de la llamada isla Liudnikov, mientras que Vasili Zaitsev se convirtió en uno de los francotiradores más conocidos del conflicto.
La batalla de Stalingrado estuvo marcada por el combate casa por casa, la escasez de alimentos y munición, los bombardeos continuos y la dificultad de transportar suministros desde la otra orilla del Volga.
La contraofensiva soviética culminó con el cerco del 6º Ejército alemán. El 2 de febrero de 1943, el sexto ejército alemán se rindió ante los soviéticos.
La resistencia de pequeñas unidades y combatientes individuales contribuyó a impedir que Alemania consolidara su avance hacia el Volga y el Cáucaso. Stalingrado se convirtió así en uno de los principales puntos de inflexión de la guerra.
La contraofensiva soviética y la batalla de Kursk
En junio de 1942, los alemanes y sus socios del Eje reanudaron su ofensiva en la Unión Soviética y llegaron a Stalingrado, aseguraron la península de Crimea y penetraron en las profundidades de la región del Cáucaso.
En noviembre, las tropas soviéticas lanzaron una contraofensiva al noroeste y suroeste de Stalingrado, que aisló a las fuerzas alemanas en la ciudad. El 2 de febrero de 1943, el sexto ejército alemán se rindió ante los soviéticos.
Los alemanes organizaron otra ofensiva en Kursk en julio de 1943, la mayor batalla de tanques de la historia, pero las tropas y los tanques soviéticos desafiaron el ataque y asumieron una iniciativa militar que no volverían a abandonar.
Para finales de 1943, los alemanes se vieron obligados a evacuar el Cáucaso y a abandonar Kiev. En estos combates, el heroísmo se expresó en la capacidad de tripulaciones de tanques, artilleros, pilotos y soldados de infantería para resistir ataques masivos y lanzar contraofensivas en un frente de enormes dimensiones.
Otros ejemplos de valor en la guerra
La guerra produjo numerosos episodios en los que el valor personal se combinó con la experiencia técnica y la responsabilidad de mando. Algunos combatientes pasaron a la historia por su habilidad con un arma concreta, mientras que otros destacaron por dirigir a sus hombres en situaciones de desorganización o aislamiento.
- Yakov Pávlov: dirigió la defensa de una posición urbana en Stalingrado durante dos meses.
- Mijaíl Panikaja: se lanzó contra un tanque después de quedar envuelto en llamas.
- Iván Liúdnikov: mantuvo la defensa de una pequeña sección industrial rodeada por tres lados.
- Vasili Zaitsev: combatió como francotirador y desafió a especialistas alemanes enviados para abatirlo.
- Richard Winters: asumió el mando en Normandía y tomó posiciones de artillería.
- John Baskeyfield: destruyó tanques alemanes con un cañón antitanque mientras estaba gravemente herido.
- Douglas Bader: volvió a pilotar y combatió con prótesis.
- Günther Prien: penetró en Scapa Flow y hundió el HMS Royal Oak.
- Juan Pujol García: creó una red ficticia para engañar al alto mando alemán antes del Día D.
- Miembros del Escuadrón 201: realizaron misiones de reconocimiento, ataque y apoyo a las tropas aliadas en Filipinas.
El valor de las unidades mexicanas en Filipinas
La actuación del Escuadrón 201 tuvo una dimensión colectiva especialmente importante. Sus integrantes tuvieron que trasladarse a otro continente, recibir entrenamiento especializado y adaptarse a las condiciones de una guerra aérea en el Pacífico.
Las misiones de avistamiento permitían localizar posiciones enemigas, mientras que la destrucción de puestos de artillería reducía la presión sobre las fuerzas aliadas de tierra. El apoyo aéreo también ayudaba a las tropas a avanzar en zonas donde las posiciones japonesas estaban ocultas o fortificadas.
El reconocimiento de Douglas MacArthur y las condecoraciones posteriores reflejaron la importancia concedida a sus operaciones. La memoria del Escuadrón 201 quedó vinculada tanto a la historia militar mexicana como a la liberación de Filipinas.
El heroísmo y sus límites históricos
Los actos heroicos de la Segunda Guerra Mundial deben analizarse dentro de un conflicto iniciado por políticas de conquista, ocupación y exterminio. La valentía de una persona puede ser real aunque la causa política de su gobierno sea injusta o criminal.
La Alemania nazi utilizó la guerra para conquistar un vasto imperio de “espacio vital” en Europa Oriental y en la Unión Soviética. Japón siguió una política de conquista militar con el apoyo de su emperador, la jerarquía militar y numerosos miembros de la élite culta que buscaban el dominio y la influencia en el este de Asia y el océano Pacífico.
Por esa razón, distinguir entre valor individual, objetivos políticos y consecuencias de las operaciones resulta esencial. La defensa de civiles, el rescate de compañeros, la resistencia ante una fuerza superior o el sacrificio para impedir una masacre pueden considerarse actos heroicos, mientras que una acción militarmente audaz no queda automáticamente justificada por pertenecer al bando vencedor o por haber sido técnicamente eficaz.
La guerra terminó con la derrota incondicional de Alemania y Japón. Después de la conflagración se fundó la Organización de las Naciones Unidas, la Unión Soviética y Estados Unidos se erigieron como superpotencias rivales, comenzó la Guerra Fría y se inició la descolonización de Asia y África.