La Academia de Alta Costura de Laura Rivas Vial: oficio, elegancia y legado

“Después de coser, lo único que quiero es coser”. Esa frase define categóricamente a Laura Rivas, costurera chilena -no le gustaba que le dijeran diseñadora, lo encontraba siútico-, quien el pasado 2 de julio de 2013 falleció a los 93 años.

Conocida por diseñar para la alta clase chilena, entre ellas Nina Ricci y Lucía Hiriart, esta artista de la costura con su partida dejó un legado entre los diseñadores jóvenes de Chile, quienes tocaron su puerta para aprender el oficio de crear ropa.

Laura Rivas Vial costurera chilena

Una maestra de la Alta Costura chilena

Murió Laura Rivas Vial, costurera de profesión y maestra de Alta Costura.

Había escuchado que ella era un personaje importante de la moda chilena.

Durante toda su vida se ha dedicado a la alta costura.

En los ‘70 se hizo conocida por ser la representante de Nina Ricci en Chile y ser la modista personal de Lucía Hiriart en plena dictadura.

Su trayectoria estuvo vinculada a la creación de prendas para figuras pertenecientes a la alta clase chilena y a la formación de nuevas generaciones interesadas en dominar la técnica de la confección.

Para honrar su partida, hablamos con dos diseñadoras que la conocieron muy bien, una de ellas es Pola Thomson, quien desde Nueva York accedió a hablar con Paula.

La Academia de Alta Costura en el departamento de Laura Rivas

Laura recién había cerrado su famoso taller de La Portada de Vitacura y había trasladado su Academia de Alta Costura a su departamento en el 5to piso del mismo edificio.

Hasta allí llegaron alumnas y alumnos que buscaban ampliar sus horizontes profesionales y aprender directamente de una mujer que había dedicado su vida a la costura.

Siempre tuve facilidad e interés por la costura y un día me decidí a estudiar el oficio para ampliar mis horizontes profesionales.

Kika Neumann tenía 30 años cuando decidió ingresar a las clases de Laura Rivas.

Pensó que podía ser tarde y veía difícil dejar de lado su carrera de actriz y empezar una nueva vida dedicada a la costura.

Hasta que un día entré a su departamento y me di cuenta que ahí habitaba una mujer original, que vivía con sus propias reglas.

Un mundo propio y vital de una señora de más de noventa años.

No había hijos ni nietos que giraran en torno.

Solo existía su propia pasión.

Academia de Alta Costura departamento

Una metodología basada en la experiencia

Ella tenía una metodología especial.

Como de un tiempo pasado.

Todas las terminaciones a mano ignorando los avances de la modernidad;

Horas dedicadas a vaporizar y planchar las telas antes de cortar.

Su didáctica tenía que ver con defenderse y salir adelante de los obstáculos que uno iba encontrando en la construcción de los patrones o en la confección de una determinada pieza.

Había unidades de aprendizaje algo insólitas, como la Falda Pantalón: pieza del vestuario femenino ideal para hacer deporte o para salir de caza un fin de semana, según explicaba.

Se hablaba mucho de las diferentes telas, sus usos y funciones, como enfrentarlas y trabajarlas para realzarlas.

Rivas enseñaba que una prenda no podía reducirse a una idea visual: debía construirse con paciencia, conocimiento de los materiales, dominio de los patrones, pruebas y terminaciones precisas.

Otra de las máximas de Rivas era que “el diseño no se enseña, sino que es un asunto personal”.

La técnica ocupaba un lugar central en su enseñanza, pero no anulaba la intuición individual de cada estudiante.

Primero la técnica después el vuelo personal, decía ella.

La exigencia de las clases

Estudiar con Rivas -maestra de Pola Thomson, Paula Undurraga y Ricardo Lavín- no fue fácil.

“Tenía su genio, entonces te enseñaba lo que quería. No era una pedagoga. Muchos de sus alumnos salían llorando después de la primera clase. Había que ser fuerte para perseverar. Su saber era de la experiencia, de la vejez, de la sabiduría”.

Pola Thomson recuerda que en el tiempo que ella iba a clases vio como varios compañeros desertaban, porque no encajaban con ella ni con su sistema de hacer las cosas.

“La Laura te ponía a prueba. Era directa, para nada complaciente, siempre sabías que te iba a decir la verdad, frontal y sin anestesia, pero a la vez de manera encantadora, incluso a veces divertida. Ese humor que habla de lo inteligente que era”.

Su manera de enseñar se apoyaba en la observación directa, la corrección inmediata y la responsabilidad de terminar aquello que se había comenzado.

Una vez me pidió hacer una falda pantalón y mientras yo la armaba me di cuenta de que estaba pésimamente mal hecha, pero la Laura no me pescaba.

Concentrada haciendo solitarios me decía que siguiera.

La armé entera y cuando terminé le dije: Laura, esto está mal, no funciona.

Ella me respondió: “bueno, entonces ¿por qué lo terminaste si sabías que estaba mal armado?”.

Fue súper bonito porque me enseñó que no importa tanto lo que diga el maestro, sino que hay que seguir la propia intuición.

Aprender entre cafés, patrones y costuras

Estuve casi dos años yendo a clases con ella -con algunas interrupciones y un horario apretado entre la marca y tienda que tenía en ese tiempo, más las pegas de producción de moda- por lo mismo acordé con ella que una de mis clases a la semana fuera los días sábados, día en que no recibía a nadie más y que de alguna manera me lo aguantó excepcionalmente, tenía 93 años en ese tiempo.

Compartí mucho con ella, en otro nivel.

Entre cafés y costura se fueron conociendo, Laura le contaba sus historias a Pola.

Un día, después de tres intentos fallidos del pegado de una manga en la chaqueta de sastre, le pedí que mejor me dijera cómo se hacía, ella detectando el descontento en mi tono me dijo “no nos vamos a pelear por una manga, si somos amigas”.

Y el día que terminó el curso y Pola le presentó sus vestido, ella lo vio y me dijo “te van a aplaudir”.

La relación entre maestra y alumna podía ser exigente, directa y áspera, pero también estaba marcada por el afecto, la complicidad y el reconocimiento mutuo.

Los principios técnicos de Laura Rivas

En los dos años que estuve viéndola tres veces por semana, aprendí a distinguir y valorar las telas de materiales nobles, la sobriedad y elegancia en la creación de una pieza, la exigencia de una manufactura impecable, dedicarle las horas de trabajo necesaria para un buen resultado.

La importancia de la prueba y el calce adecuado para cada cuerpo.

Kika Neumann aprendió de Laura Rivas a eliminar el overlock y, lo que determina su trabajo, a que el resultado de una prenda depende, además de la calidad de la tela, de su planchado antes de cortarla y después de coser el más mínimo pliegue.

La preparación del material comenzaba antes del corte.

Las horas dedicadas a vaporizar y planchar las telas antes de cortar formaban parte del proceso esencial para obtener una prenda correctamente construida.

El planchado posterior permitía controlar cada pliegue y contribuir a la forma final de la pieza.

El trabajo manual, las terminaciones impecables y el calce adecuado eran elementos inseparables de una prenda de Alta Costura.

Principio de trabajoAplicación en la confección
Telas de materiales noblesDistinguir, valorar, enfrentar y trabajar cada tela para realzarla
Preparación del materialVaporizar y planchar las telas antes de cortar
TerminacionesRealizar todas las terminaciones a mano y eliminar el overlock
ConstrucciónResolver los obstáculos de los patrones y de la confección
CalceRealizar pruebas y adaptar la prenda a cada cuerpo
Resultado finalExigir una manufactura impecable y dedicarle las horas de trabajo necesaria

La idea de lujo en la costura

“Lujo” es una de las palabras más manoseadas del vocabulario de la moda, tanto, que cualquier vestido largo con un par de brillos es, por estos días, calificado livianamente de lujoso.

Pero, en estricto rigor, en moda lo lujoso es solo aquello hecho a mano con materiales nobles por un experto al que le ha sido traspasada una tradición.

La visión de Laura Rivas sobre el lujo se alejaba de la ostentación y se acercaba al conocimiento profundo del oficio.

Su legado a la moda nacional, creo yo, es el valor de las piezas bien hechas, de buen gusto, sin estridencias ni rebuscamientos.

La elegancia para ella, era saber elegir el vestuario correcto para cada ocasión.

La moda siempre ha sido linda.

Lo que pasa es que las mujeres que la llevan, no la saben ocupar.

Todo el asunto pasa por saber combinarla bien.

No sacas nada con tener un vestuario sensacional, si tú no sabes ocuparlo.

Porque al tiro te pones fuera de foco.

A la moda le falta sencillez.

Y a las personas, saber vestirse en el momento oportuno y a la hora adecuada.

No sacai nada con tener un tremendo vestuario si no te lo sabes poner.

Hay que ser ubicado y tener un buen sentido de la estética.

No sé por qué a la gente le da con seguir la moda.

No son capaces de buscar su propio estilo.

La tela como soporte de una prenda de lujo

La tela es, para Neumann, el soporte fundamental de una prenda de lujo.

Hace unos días lanzó su nueva colección primavera-verano 2014 -la séptima de su trayectoria- inspirada en las terrazas latinoamericanas, esas con baldosas coloridas, enredaderas, en las que durante el atardecer corre un aire refrescante.

El punto de partida para llegar a esa idea fue un algodón italiano que mezcla índigo con negro y blanco.

Con ese material confeccionó la primera pieza de la colección: un vestido entallado y hasta la rodilla.

Luego nacieron otras 25 prendas: vestidos, polleras, blusas, shorts y chaquetas hechos con otros algodones, seda, lino, broderie, encaje francés, modal y gamuza, todas telas italianas o brasileñas que desde sus inicios como diseñadora compra en Brasil.

“La tela de este vestido es una de las que usé de referencia estética para mi nueva colección primavera-verano. El estampado evoca los azulejos de las terrazas de México, Lima, Bogotá y las que en Chile se pueden encontrar en el Barrio Italia. La paleta de color es fresca, femenina y elegante; púrpura, negro y mantequilla. Es ciento por ciento algodón italiano, aunque parece seda. La espalda está hecha con una viscosa que traje de São Paulo. Todas las terminaciones están hechas a mano”, dice Neumann.

El top y la falda son de crepé de seda azul con encaje francés, este último empastado, nombre que se usa cuando un género se trabaja sobre otro y se unen a mano mediante un hilván que se saca al terminar el vestido, logrando un calce y caída perfectos.

El encaje también es de seda, de Solstiss, una de las firmas más prestigiosas del mundo donde la casa inglesa Alexander McQueen compró el encaje para hacer el vestido de novia de Kate Middleton.

“Vestido en georgette de seda púrpura. Tiene aproximadamente 4 metros de género solo en la falda. El volumen aparece con el movimiento al caminar, de esta forma se logra en un vestido de fiesta una sensación etérea, femenina y chic. Tiene mangas dolmán, un sello de mi marca, que incorporo porque estilizan la silueta y los brazos se ven muy elegantes. El falso es una enagua de charmeuse de seda separado del vestido transparente que va sobrepuesto. La idea es que tengan un movimiento independiente”, describe Neumann.

Alta costura telas nobles terminaciones mano

El taller de tejidos y la sobriedad moderna

El taller de tejidos de Laura Rivas, ganador del Festival de Moda, presentó su desfile de invierno en el Hotel Carrera.

En la línea de sus vestidos muy sobria y a la vez moderna llaman la atención los fabulosos tweeds y telas escocesas que puede fabricar con su máquina de tejer.

Revista Paula 1969

La sobriedad no significaba ausencia de carácter, sino una manera de construir prendas modernas sin estridencias ni rebuscamientos.

La elección de materiales, la caída de la tela, el volumen y la calidad de las terminaciones contribuían a definir la personalidad de cada vestido.

La personalidad de una maestra del oficio

Laura era joven y vieja, liberal y consevadora, inteligente, informada, opinante, visionaria.

Tenía mucho sentido del humor y también mal genio.

Decía las cosas de frente.

Empresaria del buen gusto y la sensatez en el vestir.

Una mujer símbolo de la emancipación femenina del siglo XX.

Clasista y demócrata.

Deslenguada y fina.

Le cargaba la palabra glamour; el chao como despedida...lo correcto era hasta luego; el diseño y a los diseñadores de vestuario; el escocés mal calzado; la tijera zig-zag; la máquina overlock; salir a la calle; descansar y tener vacaciones.

Le encantaba la costura y el oficio de costurera, primero la técnica después el vuelo personal, decía ella; jugar Solitario; los chismes de personajes políticos y famosos; que le leyeran el diario; la revista Hola; corregir las frases y los conceptos de quienes la rodeaban; tomar una tacita de nescafé a mediodía.

Tenía frases hechas: “La Pepita Poto y la Juanita Moco” “Un vestido de Gran Tralalá” o bien “Este vestido es de una pobreza Franciscana”.

En fin, un personaje de la Moda Chilena.

La manera en que sus alumnas recuerdan a Laura muestra que su enseñanza no se limitaba a los patrones o a las técnicas de costura.

También transmitía una forma de mirar el mundo, de juzgar la ropa, de entender la elegancia y de defender la independencia personal.

Una mujer independiente

“Es que yo me casé vieja, a los 28 años, y tenía mis ahorros cuando lo hice. No entiendo para qué apurarse tanto con casarse”.

Siempre me dio lo mismo lo que pensara la gente.

Nunca he sido beata ni tampoco suelta de cuerpo.

Sólo que no pintaba para estar casada obligadamente.

Siempre te van a estar criticando por cualquier lesera.

A mí nadie, por supuesto, me aplaudió cuando me separé.

Me criticaban, era una niñita ubicada, supuestamente formando una familia, entonces tenía que estar casada para toda la vida.

¿Y si no quería eso?

No sacaba nada con sacar todo a la fuerza.

Así que terminé haciendo lo que me dio la real gana.

Tuve varios pretendientes porque era una mujer bien entretenida e independiente.

Ningún hombre me mantenía y conmigo no tenían el cuidado de andar escondiendo su billetera.

Su independencia también formaba parte del legado que sus alumnas reconocían en ella.

La fuerza de su carácter, su manera de defender sus decisiones y su rechazo a las expectativas ajenas se integraban a una identidad profesional construida alrededor del trabajo.

La influencia sobre Kika Neumann

Otra diseñadora que admiraba mucho a Laura, es Kika Neumann, quien fue al igual que Pola, alumna de la fallecida costurera.

Kika Neumann estudió Teatro en la Universidad Católica (es de la generación de su amiga Javiera Contador).

A los 21 años egresó y formó parte de las teleseries Aquelarre (TVN) y Sabor a ti (Canal 13).

Después se dedicó a la producción teatral y de danza, pero al poco andar, dedicarse por completo a la costura se le instaló en la cabeza como una obsesión.

En su casa creció viendo coser a su madre.

De hecho, fue ella quien a los ocho años le regaló su primera máquina de coser, una de juguetes con la que Neumann hacía vestidos de papel.

Cuando cumplió los 15 años su mamá y su papá le regalaron la primera máquina de coser de verdad, con la que años después en la Escuela de Teatro hacía el vestuario de los egresos.

El punto de inflexión se produjo cuando un familiar le encargó su vestido de novia.

“De ahí me largué intuitivamente a hacer otras cosas como un vestido de madrina y abrigos que se vendieron de inmediato, y concluí que realmente me quería dedicar a esto. Tenía 30 años y no estaba para entrar nuevamente a una carrera universitaria. No necesitaba la teoría, sino aprender la técnica. Me inscribí en las clases de Laura Rivas”, recuerda Neumann.

Rivas, quien murió el 2 de julio de 2013, fue determinante en la visión de Neumann respecto de la moda y el lujo.

Con ella estudió dos años.

De ella fue que escuchó una y otra vez que “después de coser lo único que quiero es coser”.

De Rivas heredó la convicción de que era costurera y no diseñadora.

“La Laura se definía a sí misma como una costurera, porque consideraba siútico el término diseñador”.

De Laura Rivas heredó la convicción de que es costurera y no diseñadora.

“La Laura se definía a sí misma como una costurera, porque consideraba siútico el término diseñador”, dice Neumann.

De la formación artesanal a una marca contemporánea

Bajo esas reglas, en Chile destaca el nombre de Kika Neumann (38 años), que, además de hacedora de prendas de factura impecable, desarrolla en torno a su marca -Kika Neumann- un modo exclusivo de aproximarse a la compra.

Lo suyo no es una tienda, es un taller.

Se autodefine como costurera, no como diseñadora.

Neumann abre su tienda-taller del Barrio Italia seis veces al año: solo tres ventas abiertas a público por colección, una de verano y una de invierno.

El resto del tiempo solo recibe a quienes piden hora.

Su objetivo es ofrecer una experiencia totalmente distinta a la que se vive en el mall o en un espacio de tránsito rápido.

También, Neumann llama por teléfono a sus clientas cuando durante el proceso de confección de un vestido o de una blusa se da cuenta de que es perfecto para alguna de ellas debido a su silueta, actividad profesional e intereses.

Es más, Neumann reserva una hora y recibe con champaña.

Juntas -costurera y clienta- miran, tocan y prueban la prenda.

Resuelven detalles.

Se produce un diálogo frente a esa pieza como si se tratase de una obra de arte.

Sus colecciones no superan las 25 prendas.

A público abre su tienda-taller solo seis veces al año, el resto del tiempo hay que pedir hora.

Para 2014 espera lanzar por primera vez una colección para novias y madrinas.

El taller de Kika Neumann está emplazado en una casa de líneas simples y mucho blanco en Girardi 1703.

Un espacio pulcro que contrasta con los talleres mecánicos vecinos y casas particulares sencillas propias del sector.

En su interior cuelgan tres grandes lámparas verde agua que van en perfecta armonía con las baldosas del mismo color del piso.

A este lugar llegó en 2010, mucho antes de que el barrio se pusiera de moda y se transformara en un polo de nuevas propuestas de diseño y decoración.

“Mi clienta, mujer mayor de 30 años, vive en el barrio alto, pero se traslada hasta acá y sabe que va a entrar como a una casa. A muchas les encanta no toparse con nadie mientras miran la ropa y se prueban. Yo no me siento muy parte de lo que ocurre hoy en el Barrio Italia. Estoy, pero no estoy. Igual me sirve el boom que se está viviendo aquí porque es un lugar cada vez más ubicable y con más gente”, dice.

Una concepción artesanal del consumo

El modelo de Neumann conserva uno de los principios esenciales que Laura Rivas transmitía en su academia: la prenda se construye mediante un proceso lento, atento y personalizado.

La clienta no entra en un espacio de tránsito rápido.

Observa, toca, prueba y resuelve detalles junto con la costurera.

La experiencia de compra se convierte en una conversación sobre el cuerpo, la tela, el calce y la ocasión de uso.

El resultado depende de la calidad de la tela, de la manufactura y de la relación directa entre quien confecciona y quien usará la prenda.

La producción limitada también permite conservar el control sobre cada pieza.

Partió tarde respecto de un buen número de diseñadores chilenos.

No se ha lanzado a hacer colecciones que superen 25 prendas.

No ha querido agrandar su taller ni trasladarlo a Las Condes o Vitacura.

Kika Neumann prefiere dar pasos pequeños que aseguren la calidad de sus prendas, pero también una trayectoria de largo aliento, impulsada también por su experiencia junto a Laura Rivas, quien siguió cosiendo y enseñando hasta que no pudo más.

Desde que lanzó su primera colección en enero de 2011, sin nombre como todas, Kika ha evolucionado.

Hoy es capaz de producir más modelos por temporada y de crear mejores looks.

Para armar cada colección mira desfiles, revisa revistas y se empapa de las tendencias mundiales.

Después busca su propia inspiración.

“No me interesa lo que está de moda, sino hacer una buena prenda”, aclara.

Costurera y clienta prueba vestido taller

La continuidad del legado

La influencia de Laura Rivas se reconoce en la manera en que sus alumnas entienden la costura, el lujo y la creación de prendas.

“La Kika siempre fue aplicada y con buen gusto, y eso se ve reflejado en lo que ha construido colección a colección. Es muy consistente en su trabajo”, dice desde Nueva York Pola Thomson.

“La Kika es una diseñadora seria y con muy buen gusto. De líneas simples, construye un estilo minimalista que potencia con la búsqueda de telas de la mejor calidad. Me llama la atención la buena confección de sus trabajos y lo perfectas de sus terminaciones”, dice Magdalena Jiménez, productora de moda que este año estuvo a cargo del concurso Feria Pyme de Falabella, cuyo objetivo fue seleccionar a los 10 mejores diseñadores nacionales.

Fundamental también en su formación ha sido su pareja, el diseñador Pablo Núñez, con quien comparte taller en el Barrio Italia y es el responsable de la imagen de la marca Kika Neumann.

“Su mamá tenía talleres de costura en San Fernando, entonces creció rodeado de ese mundo, y posteriormente estuvo a cargo de la carrera de Diseño Integral y de Vestuario en la Universidad Vicente Pérez Rosales y estudió en la Domus Academy de Milán, una de las más importantes del mundo con énfasis en vestuario. Con ese ojo experto me dijo que yo tenía talento y me alentó a dedicarme a esto”, dice.

En 2014 espero lanzar mi primera colección de novias y madrinas y estoy pensando en abrir un taller para enseñar.

Ahora que la Laura murió me siento un poco como su heredera.

Compartíamos esa pasión por la costura.

Me interesa transmitir su legado.

Kika Neumann actualmente es docente de la Escuela de Diseño de Imagen, Mención Moda en Uniacc.

La transmisión del legado ocurre así en varios niveles: mediante la práctica de la costura, la enseñanza, la defensa de las terminaciones manuales, la elección de telas nobles y la construcción de un estilo propio.

Una herencia basada en la precisión

En los dos años que estuve viéndola tres veces por semana, aprendí a distinguir y valorar las telas de materiales nobles, la sobriedad y elegancia en la creación de una pieza, la exigencia de una manufactura impecable, dedicarle las horas de trabajo necesaria para un buen resultado.

La importancia de la prueba y el calce adecuado para cada cuerpo.

También me enseñó: a distinguir lo importante de los superfluo; de la fuerza que puede llegar a tener una mujer apasionada por su trabajo; dejé de tenerle miedo a la vejez y a la soledad.

La formación recibida en la Academia de Alta Costura no consistía únicamente en aprender a confeccionar una falda, una chaqueta o un vestido.

Consistía en aprender a observar la materia, reconocer los problemas de construcción, sostener el esfuerzo y asumir la responsabilidad del resultado.

La precisión técnica se relacionaba con una actitud ante el trabajo: perseverar, probar, corregir y dedicar el tiempo necesario a una prenda bien hecha.

Laura siguió cosiendo y enseñando hasta que no pudo más.

Su frase “Después de coser, lo único que quiero es coser” resume una vida dedicada al oficio y una concepción de la costura como práctica, disciplina, pasión y forma de independencia.

tags: #academia #alta #costura #laura #rivas #vial