70 años de la Segunda Guerra Mundial: memoria, derrota del fascismo y debates históricos

Setenta años después del final de la Segunda Guerra Mundial, la conmemoración seguía marcada por el recuerdo de entre 50 y 60 millones de vidas humanas perdidas, por el sufrimiento del Holocausto y por las discusiones sobre las responsabilidades que condujeron al conflicto.

El aniversario también reabrió el debate sobre el papel desempeñado por la Unión Soviética, Estados Unidos, Gran Bretaña, China y los demás países aliados en la derrota de la Alemania nazi, así como sobre la necesidad de preservar la memoria histórica para impedir el resurgimiento del fascismo y otra guerra mundial.

El inicio de la Segunda Guerra Mundial y el aniversario de 1939

En la ciudad polaca de Gdansk se dieron cita ayer la canciller alemana, Angela Merkel, y el premier ruso Putin, junto a otros 20 jefes de Estado y gobierno del resto de Europa.

La ciudad fue el objetivo inicial de la ofensiva nazi lanzada el 1º de septiembre de 1939, que dio comienzo a la Segunda Guerra Mundial.

Bajo el empuje de las fuerzas alemanas y sin apoyo aliado, Polonia sucumbió en pocas semanas.

Antes del acto en Gdansk, hubo un homenaje en el puerto de Westerplatte, para recordar el momento exacto en que un buque de guerra nazi disparó sus primeros proyectiles contra la guarnición, el 1º de septiembre de 1939.

La guarnición no se rindió y fue arrasada sólo después de cinco semanas de increíble resistencia.

Merkel consideró que si bien "las cicatrices de la guerra estarán siempre allí", hay que forjar un futuro sin olvido: "ésa es nuestra misión. Hoy hace 70 años, con la invasión de Alemania a Polonia, comenzó el capítulo más trágico en la historia de Europa", señaló Merkel.

"Recuerdo a los 60 millones de personas que perdieron la vida en esta guerra desencadenada por Alemania. No hay palabras que puedan describir siquiera aproximadamente el sufrimiento de esta guerra y del Holocausto. Me inclino ante las víctimas", añadió.

El pacto nazi-soviético y las interpretaciones sobre las causas de la guerra

Mientras los líderes de Rusia y Alemania conmemoraron en Polonia el 70 aniversario del inicio de la Segunda Guerra Mundial, Moscú insistió con sus tesis revisionistas, al divulgar un informe que culpa parcialmente del conflicto al gobierno polaco de la época.

Esto se sumó a un artículo publicado la víspera por el premier Vladimir Putin, en el que condenó como "innoble" el pacto nazi-soviético de 1939, pero a la vez lo consideró "casi inevitable" por culpa de la conducta previa de las naciones occidentales, que el año anterior habían firmado con Hitler el acuerdo de Munich.

Así, a siete décadas de iniciada la peor guerra de la Historia, las partes siguen enfrentadas sobre las causas que generaron el terrible conflicto, que costó entre 50 y 60 millones de vidas humanas.

Pero Putin volvió a criticar los pactos de no agresión firmados por diversos países con la Alemania nazi entre 1934 y 1939 y pidió su condena explícita.

Recordó que Rusia ya aceptó su culpa y condenó en su Parlamento como "inmoral" el pacto entre Hitler y Stalin firmado el 23 de agosto de 1939 en Moscú (conocido como pacto Ribbentrop-Molotov).

"Cabe esperar que los otros países que firmaron acuerdos con los nazis hagan lo mismo", remarcó.

Aunque no mencionó ningún país en particular, el mandatario ya había criticado en un artículo de prensa publicado el 31 de agosto a Francia y Reino Unido por firmar el Tratado de Munich en 1938 con Hitler y Mussolini.

Este acuerdo, que los mandatarios de entonces vieron como un freno al avance de Hitler, es considerado por los historiadores como el guiño que esperaba el líder nazi para lanzar su expansión por Europa.

Claro que el acuerdo firmado en Moscú entre los cancilleres Ribbentrop y Molotov apenas una semana antes de la invasión de Polonia también colaboró, al garantizarle a los nazis que no tendrían oposición de parte rusa.

Además, el ejército ruso invadió Polonia pocos días después de que lo hicieran los alemanes, y se apropió de la mitad oriental del país.

Esto era parte de la cláusula secreta del pacto.

Los soldados comunistas se abrazaron con los nazis al encontrarse en el centro de Polonia, en una imagen que aún hoy es recordada con amargura por los polacos y los otros pueblos europeos que padecieron el nazismo.

El informe ruso y la disputa por la responsabilidad histórica

Los servicios secretos rusos publicaron en coincidencia con el aniversario de ayer un informe que atribuye a Polonia parte de la responsabilidad del estallido de la guerra, basándose en documentos procedentes del gobierno polaco de la época.

Lew Sozkow, general de los servicios secretos rusos, explicó que Polonia apoyó la anexión de Austria al Tercer Reich, durante una visita a Varsovia del enviado de Hitler, Hermann Goering.

Según Sozkow, Polonia hizo así imposible la creación de un frente de unidad contra Hitler.

"La destrucción de Polonia como Estado soberano por parte de los nazis fue el precio por la falta de visión de los políticos polacos", acusó el general ruso.

"Hoy se intenta tergiversar los hechos para que parezca que la Unión Soviética fue tan responsable del comienzo de la guerra como la Alemania fascista" agregó Sozkow, en línea con lo argumentado por Putin.

La derrota del fascismo y el papel del Ejército Rojo

Cuando escribo estas líneas, en Moscú se hacen los aprestos finales para conmemorar el 70 aniversario de la derrota del fascismo en la segunda guerra mundial.

El pueblo soviético la denominó Gran Guerra Patria y aunque el acto principal se realiza en la capital rusa, esta fecha debería ser celebrada como una victoria de toda la humanidad contra la expresión más despiadada que el capitalismo haya adquirido en toda su existencia.

La mitología occidental ha pretendido dejar para la historia la idea de que los ejércitos aliados (de manera principal los de Estados Unidos y Gran Bretaña) jugaron el papel decisivo en la derrota de la infernal maquinaria nazi.

Así como perdieron la guerra en Vietnam y construyeron toda una alegoría mediática para mostrar su victoria a través del cine y la televisión, el imaginario construido posterior a la conflagración -finalizada el 9 de mayo con la rendición incondicional del alto mando alemán ante el Mariscal de la Unión Soviética Georgui K. Zhukov-, ha querido revelar una falsa visión de los acontecimientos.

No se trata de minimizar la contribución de los aliados en la contienda, pero la realización tardía e interesada del desembarco de Normandía persiguió objetivos políticos vinculados a la situación que habría de crearse en la posguerra.

Después de la batalla de Stalingrado, finalizada el 2 de febrero de 1943, dio inicio la contraofensiva soviética en el este.

El sostenido avance del Ejército Rojo, a partir de ese momento despertó la inquietud de la alianza atlántica en la carrera por llegar primero a Berlín y, en primera instancia a París, en una Francia que resistía a través de sus partisanos comunistas mientras el General De Gaulle vivía en Londres y refunfuñaba con imprecaciones de toda índole por la demora estadounidense-británica en ejecutar el ansiado desembarco en el continente, cuyo retraso amenazaba con poner en entredicho su propia capacidad de liderar el proceso de liberación de Francia.

Desde mediados de junio del año 1944, la inteligencia soviética había logrado desinformar a Alemania acerca de sus planes en el frente oriental, por lo cual Alemania concentraba grandes cantidades de unidades en el este que jamás pudo desplazar hacia el oeste.

Esto facilitó las condiciones para el desembarco en Normandía, toda vez que el ejército nazi mostraba su faceta más débil en su flanco occidental.

Además, sus tropas se encontraban diseminadas en un amplio frente de combate que iba desde el Báltico hasta el Mediterráneo, donde además de las tropas soviéticas combatían heroicamente fuerzas guerrilleras rurales y urbanas mayoritariamente comunistas, en Italia, Yugoslavia, Eslovaquia, Polonia y Grecia.

Si se pudiera comparar en términos militares, el desembarco en Normandía con las batallas en Stalingrado, Leningrado, Smolensk, Kursk o el Dniéper habría que decir que la primera fue una simple escaramuza, no tanto por la magnitud de las fuerzas militares y el armamento terrestre, aéreo y naval ocupado en las operaciones, sino sobre todo porque a diferencia de los soviéticos que combatían por liberar territorio patrio y su pueblo sufría en carne propia los desmanes y la represión indiscriminada del aparato de guerra y represión nazi, Estados Unidos y Gran Bretaña luchaban fuera de su ámbito, ocupados en una batalla geopolítica para impedir que el país de los soviets fuera el primero en llegar a Berlín y lograra la gloria de derrotar al Tercer Reich en su propia madriguera.

Era parte de la guerra fría y el mundo bipolar.

Mapa del frente europeo 1941-1945

El coste humano de la guerra

Tras setenta años los cambios históricos no debieran empañar la memoria de las victimas y la contribución de quienes dieron su vida por derrotar al fascismo, una memoria que está escrita con datos objetivos de las victimas de la guerra, que suman más de cincuenta y cinco millones de muertos entre civiles y militares.

Los países con más victimas civiles fueron Rusia con siete millones; China 5,4 millones, Polonia 4,2 millones, y Alemania con 3,8 millones.

Los soldados estimados muertos en combate fueron: 13,6 millones de rusos; 6,4 millones de chinos; 4 millones de alemanes; 1,2 millones de japoneses; 400.000 británicos; 400.000 italianos, y 300.000 estadounidenses*.

PaísVíctimas civilesSoldados muertos en combate
Rusiasiete millones13,6 millones de rusos
China5,4 millones6,4 millones de chinos
Polonia4,2 millones
Alemania3,8 millones4 millones de alemanes
Japón1,2 millones de japoneses
Reino Unido400.000 británicos
Italia400.000 italianos
Estados Unidos300.000 estadounidenses*

En la conflagración militar Rusia tuvo casi tantas bajas militares como las del resto de países juntos.

Este acontecimiento marco para siempre la conciencia del pueblo ruso, pues prácticamente todas las familias rusas tienen antepasados muertos en la lucha contra el nazismo.

La percepción del papel soviético en la victoria

No obstante, a pesar de la contundencia de los datos, en Occidente, en setenta años de desinformación, ha ido cambiando la percepción que de la Segunda Guerra Mundial tiene la mayoría de su ciudadanía.

Según un estudio realizado por el Instituto Francés de Opinión Pública (IFOP), en Francia en mayo de 1945, el 57% de la población francesa consideraba a la URSS como la principal fuerza que contribuyó a la derrota del nazismo, y el 20% lo atribuía a EEUU, mientras que en el sondeo realizado en junio de 2004, el 58% consideraba a EEUU como la principal fuerza en la derrota del nazismo y solo el 20% consideraba que había sido la URSS.

Esta contradicción entre los datos de las victimas y soldados que contribuyeron con su vida a la derrota nazi y la actual percepción occidental sobre las naciones que soportaron el peso de la guerra es fruto de un calculado esfuerzo mediático por rescribir la historia.

El final de la guerra en Europa y la capitulación de Japón

Setenta años después de que la Wehrmacht firmara la capitulación incondicional ante el Ejército Rojo -un día antes ya lo había hecho en la ciudad francesa de Reims ante británicos y estadounidenses-, el Parlamento alemán ha recordado el día en el que se vino abajo el régimen creado por Adolf Hitler.

“En la historia de Alemania no hay una ruptura tan grande como la del día que hoy recordamos, el 8 de mayo de 1945”, comenzó el historiador Heinrich August Winkler, el encargado del discurso principal de la jornada en el Bundestag, la Cámara Baja del Parlamento.

La conmemoración de los 70 años del fin de la guerra en Europa -ya que la contienda continuó hasta la capitulación de Japón del 2 de septiembre- ha servido no solo para que los alemanes recuerden el capítulo más oscuro de su historia.

Rusia conmemora el fin de la guerra el 9 de mayo, porque la capitulación se firmó de madrugada y en Moscú ya había comenzado el nuevo día.

Alemania: de la derrota a la liberación

Ha sido un largo camino el que ha recorrido Alemania hasta aceptar que lo que ocurrió hace 70 años fue una “liberación”, más que una derrota.

Un paso importante lo dio en el 40 aniversario del fin en Europa de la Segunda Guerra Mundial el entonces presidente federal, Richard von Weizsäcker.

En un famosísimo discurso, el antiguo presidente, fallecido el pasado el pasado mes de febrero, dijo que el 8 de mayo fue “el día en el que se nos liberó a todos de la tiranía nazi”.

En el Bundestag se han vuelto a recordar el viernes las palabras de Von Weizsäcker, que en ese mismo discurso dijo también: “El 8 de mayo no es para nosotros los alemanes un día para celebrar”.

El presidente del Bundestag, Norbert Lambert, se refirió también a la frase del expresidente, pero la reformuló para matizar que la liberación de la que hoy se conmemoran los 70 años fue “para todo el continente, pero no fue un día de la autoliberación alemana”.

Ante toda la élite política del país -incluidos el presidente Joachim Gauck y la canciller Angela Merkel-, Winkler hizo un recorrido por las atrocidades cometidas por el régimen nazi.

“Ante estos acontecimientos no se puede poner un punto final”, dijo entre los aplausos de los diputados y de los supervivientes invitados en la ceremonia.

El historiador estableció cuál debe de ser la responsabilidad de las nuevas generaciones de alemanes ante su historia.

“Nadie espera que los nacidos después de la guerra se sientan culpables por hechos cometidos por los alemanes en nombre de Alemania mucho antes de su nacimiento”, aseguró.

Pero el autor de El largo camino hacia el oeste considera que las nuevas generaciones deben mantener el deseo de conocer lo que pasó como acto de responsabilidad frente a su país.

Y esta regla vale tanto para aquellos con padres y abuelos alemanes como para los recién llegados al país.

La conmemoración de 2015 y las diferencias entre los gobiernos

El 27/02/2015, la Asamblea General de la ONU, en la 69ª sesión, acordó la conmemoración del 70º aniversario de la finalización de la II Guerra Mundial.

La resolución fue adoptada de forma unánime por los 193 miembros de la ONU.

En la resolución se incorpora el compromiso de realizar una conferencia en la segunda semana de mayo de 2015 en recuerdo de las víctimas de la guerra, y se insta a todos los países a que exploren medidas eficientes para mantener la paz y la seguridad internacionales.

El año 2015 se cumplen setenta años del final de la Segunda Guerra Mundial y de la fundación de la Organización de las Naciones Unidas.

La conmemoración de estos acontecimientos históricos en el año 2015 se realiza en un contexto en la que algunos países pretenden ofrecer una reinterpretación de los hechos que ocasionaron la mayor tragedia conocida en la historia de la humanidad y de los principios que inspiraron la fundación de la ONU para asegurar que el género humano nunca más pueda sufrir el horror de otra guerra mundial.

China y Rusia, las dos naciones que más sufrieron las consecuencias de la guerra de agresión del eje fascista formado por Alemania, Japón e Italia, se han puesto de acuerdo en realizar una solemne conmemoración que tendrá lugar en la fechas en las que el ejército alemán y japonés capitularon ante las naciones vencedoras: el 7 -8 de-9 mayo en las que se rendiría el ejército alemán, y el 2 de septiembre el ejército japonés.

Esta conmemoración cobra especial relevancia en estas naciones para mantener viva la memoria de todas las victimas y reafirmar los principios fundacionales de la ONU frente al revisionismo histórico que dirigentes de Japón y de países del este europeo, principalmente de Polonia y Ucrania, pretenden realizar de los hechos históricos.

Revisionismo histórico en Asia y Europa oriental

El revisionismo histórico por parte de Japón, tiene que ver con su nueva interpretación de la agresión que el ejército de Japón realizó contra las naciones del Oriente Asiático: modificando sus libros de texto educativos para la ocultación o negación histórica de su cruel pasado de agresión imperialista en Asia; con las visitas del primer ministro japonés, Shinzo Abe, al tristemente famoso santuario de Yasukuni en el cual se honra a 14 criminales de guerra de “Clase A” de la Segunda Guerra Mundial condenados en los denominados juicios de Tokio equivalentes a los de Nuremberg en Alemania, y la revisión emprendida de su constitución pacifista para cambiar el estatus de sus fuerzas armadas de autodefensa para rearmarse de nuevo.

El negacionismo de las atrocidades cometidas por el ejército imperial japonés en China tuvo su más claro exponente en la reciente publicación en el diario derechista el Sankei Shimbun de varios reportajes con el titulo "Una ciudad vacía sin ejército o residentes", "Ni personas, ni masacre”, en los que se negaba la masacre de Nanking del 13 de diciembre de 1937 en la que fueron asesinados más de 300.000 civiles por las fuerzas de ocupación japonesas.

En Europa del Este, los actuales dirigentes políticos de Polonia y Ucrania están empeñados también en el revisionismo histórico para devaluar la contribución decisiva del Ejército Rojo Soviético en la victoria sobre la Alemania Nazi.

Recientemente, en la conmemoración del 70º aniversario de la liberación del campo de exterminio de Auschwitz, el ministro polaco de Exteriores, Grzegorz Schetyna manipuló la liberación del mismo atribuyéndolo a las tropas ucranianas, cuando fue el esfuerzo mancomunado del Ejército Rojo que incluía a rusos, ucranianos, chechenos, tártatos, georgianos. , quien liberó Auschwitz.

En el mismo mes de enero, el primer ministro de Ucrania, Arseni Yatseniuk, durante una visita a Berlín en una entrevista con la cadena ARD, afirmó que “fue la URSS la que invadió Alemania en su ofensiva por derrotar al ejército alemán”.

Con estas afirmaciones tanto Schetyna como Yatseniuk, presentan la lucha de la URSS contra el ejército nazi con la lógica de que Rusia atacó a la "pacífica" Alemania a Polonia y Ucrania sin importar por quien estaban ocupadas.

Aunque paradójicamente, ambas declaraciones de estos políticos ultraderechistas son contradictorias pues, por ejemplo, quienes pusieron la bandera soviética sobre el Reichstag fueron: Melitón Kantaria, Mijaíl Yegórov y Alexéi Berest de nacionalidad georgiana y ucraniana, así que toda la responsabilidad de la “ocupación de Alemania”(según Yatseniuk) la debe asumir no solamente Rusia, sino también Georgia y Ucrania.

Estos políticos no tienen reparos en manipular el recuerdo de los soldados del Ejército Rojo, compuesto por personas de diferentes nacionalidades, cuando, para la memoria de las víctimas no hay nada más ignominioso que estos macabros juegos sobre los huesos de la historia, para alimentar una visión histórica que se degrada hasta volverse en ultranacionalismo con rasgos filofascistas, una ideología que ha pasado a ser el soporte de los actuales dirigentes ucranianos tras el golpe constitucional en febrero del 2014.

La ONU y las lecciones políticas de la guerra

Los principios de fundación de la ONU basados en el respeto entre naciones y el derecho a su autodeterminación se instauraron como dramático resultado de la guerra.

Con posterioridad parecían que iban a regir los destinos de la humanidad, pero la Guerra Fría los convertiría en gran medida en papel mojado al predominar la lucha interimperialista por la hegemonía mundial entre los principales triunfadores sobre el fascismo: EEUU y la URSS.

La guerra de ocupación de Vietnam por EEUU y la guerra de ocupación de Afganistán por la URSS constituirían la mayor vulneración de la carta de la ONU en ese periodo, en el caso de EEUU en nombre de la "democracia" y en el de la URSS del "socialismo".

Tras la desaparición de la URSS, las ambiciones hegemónicas de EEUU han continuado y son la principal causa de vulneración de los principios fundacionales de la ONU, habiendo sido en el presente siglo la invasión de Irak por esta potencia el mayor ataque a los principios de la ONU.

En la actualidad, aunque la ONU requiere una reforma organizativa que tenga en cuenta a las nuevas naciones como la India surgidas tras los procesos de descolonización, los principios fundacionales son un logro de la humanidad que deben prevalecer.

La naturaleza imperialista de las naciones es la antítesis del valor de la paz.

En el pasado el Nazismo fue un régimen detestable no solamente por su naturaleza racista y genocida, sino por su naturaleza imperialista que al igual que al imperio japonés les llevó a desatar las guerras de agresión contra otros países.

Los regímenes del eje fascista (Alemania, Italia, Japón) no hubieran sido tan dañinos si se hubieran circunscrito al ámbito de sus fronteras nacionales, lo que les hizo particularmente crueles fue su naturaleza imperialista.

Cuando se desató la Primera Guerra Mundial no existía el fascismo, sin embargo, las ambiciones imperialistas de dominio de unas naciones sobre otras les llevó a la confrontación y a una cruenta guerra.

El imperialismo revestido bajo diferentes formas es el principal enemigo de la paz, y frente a los valores de la hegemonía justificados actualmente en base a una supuesta excepcionalidad estadounidense para regir los destinos del mundo, solo cabe oponer con fuerza los valores fundacionales de la ONU de respeto y autodeterminación de las naciones.

La memoria de las víctimas y el riesgo del olvido

Este aniversario debe perpetuarse en la memoria de todos los luchadores anti fascistas y de aquellos que no aceptan imposiciones y amenazas como forma de relacionarse en el escenario internacional.

El heroísmo sin límites de los que cayeron, en primer lugar de los pueblos de la Unión Soviética debe ser recordado siempre como un gran ejemplo de solidaridad internacional en la búsqueda de la paz.

Un grupo de ancianos homenajeó en la catedral de Londres a su salvador, sir Nicholas Winton.

Este organizó, días antes del estallido de la guerra, un viaje en tren de 669 niños checos judíos, salvándolos de la muerte.

Winton aún vive y tiene 100 años.

Otros 27 ex "niños de Winton" partieron ayer a bordo de un tren desde Praga para repetir aquel viaje hacia la salvación.

"BURLÉ A LOS NAZIS Y SOBREVIVÍ" TESTIMONIO

La reconciliación entre Alemania y Rusia

A la conmemoración militar que mañana se celebrará en la Plaza Roja de Moscú -Rusia conmemora el fin de la guerra el 9 de mayo, porque la capitulación se firmó de madrugada y en Moscú ya había comenzado el nuevo día- no asistirán ni los líderes de las potencias aliadas que con la Unión Soviética ganaron la guerra ni la canciller alemana.

Merkel rechazó acudir a la marcha militar en Moscú para que no se interpretara como un gesto de apoyo al presidente Vladímir Putin y una falta de tacto frente al Gobierno de Ucrania.

Pero, en un fino gesto diplomático, la líder alemana sí estará el 9 en Moscú para colocar flores junto a Putín ante el monumento al soldado soviético caído.

Quiere demostrar así su respeto ante el sufrimiento de los soviéticos durante la guerra y la responsabilidad alemana en la tragedia bélica.

Aunque la mayoría de los líderes occidentales se negaron a participar en la magna cita, la víspera de la fecha, el ministro alemán de Asuntos Exteriores, Frank-Walter Steinmeier, visitó la antigua Stalingrado, actual Volgogrado, para rendir homenaje a los caídos en la guerra.

“Los sufrimientos que la Alemania nazi hizo pasar tanto a la población como a los soldados en Volgogrado, antigua Stalingrado, son incomparables.

Por eso, estoy muy contento y agradecido que hoy hayamos podido rendirles memoria”, dijo.

Horas antes de partir con destino a Rusia, Steinmeier ya había destacado la importancia de recordar “los horrores de la Segunda Guerra Mundial”, a pesar de la “difícil relación con Moscú a causa de la crisis en Ucrania”.

Stalingrado “simboliza como ninguna otra la amarga y decidida batalla contra la Alemania nazi y un horrible enfrentamiento inimaginable hoy para nosotros”.

Por su parte, el ministro ruso de Asuntos Exteriores, Serguéi Lavrov, aseguró que “el que hoy estemos aquí juntos el ministro de Exteriores de Alemania y yo es la mejor garantía de la firmeza de nuestros países de impedir el renacimiento del nazismo y de reforzar la reconciliación histórica ruso-alemana”.

Seguidamente, ambos ministros se reunieron para abordar diversos asuntos de la agenda bilateral e internacional, con especial atención a Ucrania.

“Hoy no sólo recordamos a las víctimas y homenajeamos a los caídos.

Yo también veo este encuentro como una advertencia sobre quién debe asumir hoy la responsabilidad”, comentó Steinmeier y llamó a ambos países a contribuir, “pese a las discrepancias existentes”, a garantizar la paz en Europa.

Según la opinión de los analistas, el principal objetivo del breve viaje de Steinmeier es preparar la visita de la canciller alemana, Angela Merkel, quien se reunirá el 10 de mayo con el presidente ruso, Vladímir Putin.

Merkel destacó hace unos días la importancia, a pesar de que las diferencias con Rusia son “muy profundas”, de recordar en Moscú “a los millones de muertos en la Segunda Guerra Mundial por los que debe responder Alemania”.

Este ambiente de respeto y cooperación, al rendir homenaje conjunto a los que en uno y otro bando cayeron víctimas de la barbarie fascista, debería ser una muestra de las relaciones internacionales del futuro, encaminadas a la amistad y el cese de los conflictos, para evitar otra conflagración de ésta o de cualquier dimensión.

China, Rusia y la dimensión internacional de la conmemoración

En términos de la relevancia global del acontecimiento, tal vez el hecho más destacado de la celebración de este septuagésimo aniversario sea la presencia del presidente chino Xi Jinping.

Con él, un contingente de tropas del Ejército Popular de Liberación (Fuerzas Armadas de la República Popular China) participarán del desfile conmemorativo.

En opinión de Fidel Castro, es destacable que se constate “…la sólida alianza entre los pueblos de la Federación Rusa y el Estado de más rápido avance económico del mundo: la República Popular China”, toda vez que “ambos países con su estrecha cooperación, su avanzada ciencia y sus poderosos ejércitos y valientes soldados constituyen un escudo poderoso de la paz y la seguridad mundial, a fin de que la vida de nuestra especie pueda preservarse”.

Para Rusia, este 70 aniversario cobra especial significado.

Por primera vez desde la desaparición de la Unión Soviética, la conmemoración que marca una década más, se realiza en un país enhiesto, recuperado económicamente a pesar de las recientes sanciones occidentales, que vuelve a ocupar un papel relevante como potencia mundial.

El 50 aniversario ocurrió cuando el país sufría la ignominiosa humillación occidental a la que la condujo el gobierno entreguista de Boris Yeltsin.

Una década después, el proceso de recuperación se había iniciado, pero el país no había logrado despegar a fin de ocupar un espacio que le permitiera una celebración de las dimensiones que se preparan para este 9 de mayo en la Plaza Roja ante el mausoleo que recuerda al fundador de la nueva Rusia, de la Rusia republicana, Vladimir Ilich Lenin.

Las ambiciones hegemónicas deben ser combatidas desde la defensa de los valores fundacionales de la ONU y el apego, sin revisionismos, a los hechos históricos que los inspiraron.

Una defensa que debe ser genuina en las ideas y en la práctica.

En el 70º aniversario del final de la Segunda Guerra Mundial, las dos naciones que más padecieron la agresión de las fuerzas fascistas: China y Rusia, son ahora las más comprometidas con los valores del multilateralismo, con lo que su influencia en las naciones en desarrollo que precisan de la paz y la no injerencia para construir su prosperidad, seguirá aumentando.

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