Refugiados de la Segunda Guerra Mundial: causas, desplazamiento y consecuencias

Los refugiados de la Segunda Guerra Mundial fueron consecuencia de una combinación de invasiones, ocupaciones militares, persecuciones raciales, deportaciones, expulsiones, genocidio y destrucción generalizada. Durante los primeros cuatro años de guerra, Alemania y la URSS desarraigaron, trasplantaron, expulsaron, deportaron y dispersaron a unos 30 millones de personas.

En mayo de 1945 había más de 40 millones de refugiados en Europa, sin techo, desarraigados y huyendo. La magnitud de esta crisis impulsó la creación de organismos internacionales de asistencia, los campos para personas desplazadas, nuevos mecanismos de reasentamiento y un marco jurídico que desembocaría en la creación del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR).

El contexto histórico que originó la crisis de refugiados

La Segunda Guerra Mundial fue un conflicto militar a escala global que tuvo lugar entre 1939 y 1945. En ella se vieron involucrados la mayoría de los países del mundo. Representa uno de los hitos históricos más significativos del siglo XX, dado el estado de guerra total asumido por los dos bandos enfrentados, es decir, su absoluto compromiso económico, político, social y militar con la guerra.

Las pérdidas en vidas fueron tremendas. Se calcula que entre 55 y 60 millones de personas murieron durante los seis años que duraron los enfrentamientos armados que se extendieron por todo el mundo, desde Europa hasta Asia y desde África hasta Oceanía.

El conflicto costó la vida de entre 40 y 60 millones de personas, tanto civiles como militares. El mayor número de bajas correspondió a la Unión Soviética (URSS), con un total de aproximadamente 26 millones de muertos, de los cuales apenas 11 millones eran militares. Estos hechos pueden elevar el saldo total de fallecidos a 75 millones de personas.

Los dos bandos enfrentados durante la guerra fueron: los Aliados, encabezados por Francia, el Reino Unido, Estados Unidos y la Unión Soviética; y las Potencias del Eje, encabezadas por Alemania, Italia y Japón.

Causas políticas e ideológicas del desplazamiento

Para entender los orígenes de la Segunda Guerra Mundial debemos retroceder a finales de la Primera Guerra Mundial, también conocida como Gran Guerra, que culminó con la firma del Tratado de Versalles el 28 de junio de 1919.

La firma del tratado era un duro golpe de encajar para la delegación alemana. Tanto los representantes del país vencido, así como los periódicos y la población general, entendían que se trataba de un acto de imposición más que de una negociación.

Así pues el artículo 231 reconocía la responsabilidad moral de Alemania por la guerra y su imputabilidad legal por los daños ocasionados. Pero por otra parte, el artículo 232 reconocía implícitamente su incapacidad económica para satisfacerlos.

De hecho, lo que provocó el ascenso del nazismo (y del comunismo) en Alemania fueron las consecuencias de la crisis de 1929, que llegó después que un período de estabilidad política, económica y social.

En Alemania, en aquel contexto tan sumamente complicado, los militares y la derecha conservadora empezaron a soliviantar a la población con un claro mensaje: "Los demócratas nos han traicionado en Versalles".

Fue entonces cuando empezó a surgir una lectura geopolítica y en clave racial del desarrollo de los pueblos y la necesidad de espacio vital para expandirse. Conocido como Lebensraum (espacio vital), fue una expresión acuñada por el geógrafo alemán Friedrich Ratzel.

Así, el este de Europa y el mundo eslavo se veían como el Lebensraum propio de una Alemania a la que el tratado de Versalles había impuesto unos límites que hacían inviable el desarrollo del pueblo alemán.

El ascenso del nazismo y el comienzo de las persecuciones

A finales de la década de 1920, los países del centro de Europa empezaron a experimentar una gran inestabilidad política provocada por la inestabilidad económica, especialmente devastadora para Alemania.

Esta inestabilidad acabó convirtiéndose en un terreno fértil para que movimientos políticos de índole extremista y con ánimo de revancha lograran un importante eco entre la población.

Entre todos aquellos grupos sobresalió el Partido Nacional Socialista Obrero Alemán, dirigido por Adolf Hitler, que poco a poco iba sumando simpatizantes y seguidores deseosos de revertir lo firmado en Versalles y situar a Alemania en el sitio que consideraban que le correspondía.

Hitler fue nombrado canciller de Alemania el 30 de enero de 1933 por el presidente Paul von Hindenburg. Una vez en el poder, Hitler contravino lo pactado en el Tratado de Versalles y ordenó de inmediato el rearme del país.

Se restringió la libertad de expresión, de prensa, de asociación, de reunión y se estableció el secreto de las comunicaciones.

La ideología nazi convirtió la expansión territorial y la persecución racial en instrumentos centrales de su proyecto político. El segundo grupo de países constituía el llamado “eje Berlín-Roma-Tokio”, cuyos respectivos regímenes de gobierno tendían en diversa medida al fascismo, el militarismo y ciertas ideologías socialdarwinistas que creían en la supremacía de las razas “puras” o “superiores” por encima de las designadas como “mestizas” o “inferiores”.

La expansión alemana y las primeras oleadas de desplazados

Hitler empezó su política expansionista con la anexión de Austria en marzo de 1938, el episodio conocido como Anschluss. A Austria le siguieron los Sudetes, una zona fronteriza de Checoslovaquia habitada por tres millones de alemanes.

Hitler decidió invadir Checoslovaquia en marzo de 1939. Una vez ocupada aquella región, Hitler exigió también el corredor de Danzig, un territorio creado tras el Tratado de Versalles que se extendía por la desembocadura del río Vístula, y que servía para que Polonia tuviera acceso al mar Báltico.

Tras la negativa del gobierno polaco a ceder su soberanía, y después de que Alemania y Rusia firmasen un pacto de no agresión el 23 de agosto de 1939, Alemania invadiría Polonia una semana después.

La invasión de Polonia que daría comienzo a la Segunda Guerra Mundial ya había sido anunciada días antes por Adolf Hitler. Finalmente, la mañana del 1 de septiembre de 1939, y con la justificación de lo que había ocurrido el día anterior, el poderoso ejército alemán avanzó hacia Polonia a través de distintos puntos fronterizos.

Esta incapacidad de defenderse fue todavía mayor cuando el 17 de septiembre la URSS invadió Polonia, lo que hizo imposible toda resistencia, repartiéndose el país entre la URSS y Alemania.

La invasión de Polonia provocó la declaración formal de guerra de Francia y el Reino Unido a Alemania y dio inicio al conflicto mundial.

Mapa de Europa y desplazamientos de 1939

La guerra relámpago y el aumento de las expulsiones

Durante la primera fase de la Segunda Guerra Mundial en el continente europeo, Alemania buscaba por todos los medios evitar un conflicto que se alargara en el tiempo. Su estrategia era derrotar por la vía rápida a todos sus oponentes en una serie de campañas cortas.

Gracias a aquella táctica denominada Blitzkrieg, el ejército alemán invadió gran parte de Europa y salió victorioso durante varios años. El término Blitzkrieg es un vocablo alemán que literalmente se traduce como "guerra relámpago" y se usa para referirse a una táctica militar que está basada en desarrollar una campaña rápida y contundente.

Tras el bombardeo inicial de la aviación, los carros de combate atacaban el objetivo rápidamente y de manera autónoma, lo que acababa causando una gran desorganización en las líneas defensivas enemigas.

Las invasiones alteraron las fronteras, destruyeron comunidades y obligaron a millones de civiles a abandonar sus hogares. A las personas que huían de los combates se sumaron quienes fueron expulsados por razones étnicas, trasladados por la fuerza, deportados para realizar trabajos forzados o perseguidos por su identidad política, religiosa o racial.

Persecución, genocidio y huida de la población judía

En menos de cuatro semanas, Polonia cayó y se estableció el llamado “Nuevo Orden” con el que comienza la persecución de judíos y eslavos, limitando sus derechos.

Durante más de 5 años, los judíos fueron perseguidos y encerrados en guetos y desde 1941 en campos de exterminio. Un caso particular lo constituyen los millones de personas ejecutadas en campos de concentración y exterminio, sometidas a condiciones infrahumanas o incluso a experimentos médicos y químicos.

Entre ellas, se contaron los casi 6 millones de judíos exterminados de manera sistemática por el régimen nacionalsocialista alemán, hecho al que se conoce como el Holocausto.

"Sería un error peligroso pensar en el Holocausto como simplemente el resultado de la locura de un grupo de criminales nazis. Por el contrario, el Holocausto fue la culminación de milenios de odio, chivos expiatorios y discriminación contra los judíos, lo que ahora llamar antisemitismo ". - Secretario General de la ONU, António Guterres.

Después de que Alemania se anexó a Austria en marzo de 1938, y en particular después de los pogroms de la Kristallnacht del 9 y 10 de noviembre de 1938, las naciones de la Europa occidental y del continente americano comenzaron a temer la llegada de los refugiados.

Aproximadamente 85.000 refugiados judíos (de entre unos 120.000 que emigraron) llegaron a los Estados Unidos entre marzo de 1938 y septiembre de 1939, pero este nivel de migración estaba muy por debajo de la cantidad de personas que buscaban refugio.

A finales de 1938, 125.000 solicitantes hicieron filas afuera de los consulados de los EE. UU. con la esperanza de obtener 27.000 visas que estaban disponibles de conformidad con la cuota migratoria existente. Para junio de 1939, la cantidad de solicitantes había aumentado a más de 300.000.

Las restricciones para encontrar refugio

La mayoría de los solicitantes de visas no lograron obtenerlas. En la Conferencia de Evian que se llevó a cabo en julio de 1938, solo la República Dominicana declaró que estaba preparada para admitir cantidades importantes de refugiados, aunque Bolivia admitiría a unos 30.000 inmigrantes judíos entre 1938 y 1941.

En un evento muy difundido que tuvo lugar entre mayo y junio de 1939, los Estados Unidos se rehusaron a admitir a más de 900 refugiados judíos que habían zarpado del puerto de Hamburgo, Alemania, a bordo del St. Louis.

El St. Louis apareció frente a las costas de Florida poco después de que las autoridades cubanas cancelaran las visas de tránsito de esos refugiados y le negaran la entrada a la mayoría de los pasajeros, que todavía estaban esperando recibir visas para entrar a los Estados Unidos.

Al negársele el permiso para atracar en ese país, el navío se vio obligado a regresar a Europa. Los gobiernos de Gran Bretaña, Francia, los Países Bajos y Bélgica aceptaron a algunos de los pasajeros como refugiados.

De los 908 pasajeros del St. Louis que regresaron a Europa, se sabe que 254 (casi el 28 por ciento) murieron en el Holocausto. 288 pasajeros encontraron refugio en Gran Bretaña. De los 620 que regresaron al continente, se sabe que solo 366 (un poco más del 59 por ciento) sobrevivieron la guerra.

Destinos de los refugiados antes y durante la guerra

Palestina

Más de 60.000 judíos alemanes emigraron a Palestina durante la década de 1930, la mayoría bajo las condiciones del Acuerdo de Transferencia de La Habana.

Este acuerdo entre Alemania y las autoridades judías de Palestina facilitó la migración de los judíos hacia ese territorio. El principal obstáculo de la emigración de los judíos de Alemania fue la legislación alemana que prohibía la exportación de divisas extranjeras.

El Informe Oficial Británico de mayo de 1939, una declaración de políticas aprobada por el Parlamento británico, contenía medidas que limitaban severamente la entrada de los judíos a Palestina.

Shanghai

A medida que disminuía la cantidad de destinos hospitalarios, decenas de miles de judíos alemanes, austriacos y polacos emigraron a Shanghai, un destino que no requería visas.

El barrio de los asentamientos internacionales de Shanghai, que se encontraba de hecho bajo el control japonés, admitió a 17.000 judíos.

Gran Bretaña y Estados Unidos

A pesar de las restricciones británicas, cantidades limitadas de judíos entraron a Palestina durante la guerra por medio de migración “ilegal” (Aliyah Bet).

La misma Gran Bretaña limitó la cantidad de inmigrantes que aceptó entre 1938 y 1939, aunque el gobierno británico permitió la entrada de unos 10.000 niños judíos en un programa especial llamado Kindertransport (transporte infantil).

Durante la Conferencia de las Bermudas que se llevó a cabo en abril de 1943, los aliados no ofrecieron ninguna propuesta concreta de rescate.

Suiza, España y Portugal

Suiza aceptó aproximadamente a 30.000 judíos, pero también rechazó una cantidad similar en la frontera.

Aproximadamente 100.000 judíos lograron llegar a la Península Ibérica. España aceptó una cantidad limitada de refugiados y rápidamente los envió al puerto de Lisboa, Portugal.

Desde ahí, miles lograron zarpar hacia los Estados Unidos en 1940 y 1941, aunque hubo miles más que no lograron obtener visas de entrada a ese país.

La magnitud del desplazamiento durante la Segunda Guerra Mundial

La eclosión de los refugiados en el mundo tiene lugar en el siglo XX, especialmente tras la Primera Guerra Mundial y la Revolución Rusa de 1917. Ambos acontecimientos históricos dejaron tras de sí un éxodo de unos cinco millones de personas que se convirtieron en refugiados entre 1914 y 1922.

Este giro se vio acelerado por la I Guerra Mundial y la revolución rusa de 1917. Estos dos acontecimientos históricos dieron lugar a las primeras crisis de refugiados de Europa.

En 1923 la segregación de pueblos entre Grecia y Turquía obligó a traslados en ambas direcciones de 1,7 millones de personas.

La Segunda Guerra Mundial superó ampliamente esas cifras. Durante los primeros cuatro años de guerra, Alemania y la URSS desarraigaron, trasplantaron, expulsaron, deportaron y dispersaron a unos 30 millones de personas.

Momento históricoPersonas desplazadas o refugiadas
1914-1922Unos cinco millones de refugiados
19231,7 millones de personas trasladadas entre Grecia y Turquía
Primeros cuatro años de la Segunda Guerra MundialUnos 30 millones de personas desarraigadas, expulsadas, deportadas o dispersadas
Mayo de 1945Más de 40 millones de refugiados en Europa
1947Casi 800 campos de reasentamiento y siete millones de personas alojadas
1951177.000 personas desplazadas permanecían en los campos

Campos de personas desplazadas y asistencia humanitaria

Después de la guerra, cientos de miles de sobrevivientes encontraron refugio como personas desplazadas en campamentos administrados por los aliados occidentales en Alemania, Austria e Italia.

Los aliados establecieron dichos campos en la Alemania ocupada por ellos, Austria e Italia para los refugiados a la espera de abandonar Europa. La mayoría de los desplazados judíos preferían emigrar a Palestina, pero muchos también buscaban entrar en los Estados Unidos.

Decidieron permanecer en los campos de personas desplazadas hasta que pudieran irse de Europa. A fines de 1946, la cantidad de judíos desplazados se calculaba en 250.000, de los cuales 185.000 estaban en Alemania, 45.000 en Austria y 20.000 en Italia.

La mayoría de los desplazados judíos eran refugiados de Polonia, muchos de los cuales habían escapado de los alemanes hacia el interior de la Unión Soviética durante la guerra. Otros desplazados judíos provenían de Checoslovaquia, Hungría y Rumania.

Fue entonces cuando se creó el Comando Aliado y la Administración de Socorro y Rehabilitación de las Naciones Unidas (UNRRA, por sus siglas en inglés).

En 1947, la UNRRA gestionaba casi 800 campos de reasentamiento que albergaban a siete millones de personas. Tan solo cuatro años después sólo quedaban 177.000 personas desplazadas en los campos.

El resto habían sido reasentadas o repatriadas en muchos casos, mientras que un importante número de personas había emigrado.

Campo de personas desplazadas en Alemania

La vida cotidiana en los campos

Los campos de personas desplazadas no fueron únicamente espacios de alojamiento temporal. En ellos se organizaron actividades educativas, religiosas, culturales y deportivas, además de iniciativas para reconstruir la vida familiar y comunitaria.

Entre los materiales documentados sobre estos campos aparecen la familia, la educación, la cultura y prensa, los deportes, la religión, el sionismo, el recuerdo y la conmemoración y los kibutz.

Los Tannenbaum habían sobrevivido al Holocausto y vivían en un campo de refugiados administrado por la UNRRA en Grugliasco, Italia, donde Peter acababa de nacer.

También se documentaron un partido de fútbol en un campo de desplazados en Alemania después de la guerra, el profesor William Haber en una yeshivá y el regreso a la vida de los sobrevivientes.

El retorno, el reasentamiento y la emigración

El final de la guerra no significó el regreso inmediato a una vida normal. Muchas ciudades habían sido destruidas, las fronteras habían cambiado, las familias habían sido separadas y numerosos supervivientes no podían volver a sus lugares de origen por la persecución, la pérdida de sus viviendas o la transformación política de sus países.

La Organización Internacional de los Refugiados asistió a un millón de refugiados europeos a reasentarse en otros países y daría paso al Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados, ACNUR.

La migración a Palestina (Aliyah) siguió estando severamente limitada, hasta que se estableció el Estado de Israel en mayo de 1948.

Miles de judíos desplazados trataron de entrar ilegalmente a Palestina. Entre 1945 y 1948, las autoridades británicas internaron a muchos de estos aspirantes a inmigrantes a Palestina en campos de detención que se encontraban en Chipre.

Con el establecimiento de Israel en mayo de 1948, los refugiados judíos comenzaron a llegar a ese nuevo estado soberano. Unos 140.000 sobrevivientes del Holocausto entraron a Israel en los siguientes años.

Los Estados Unidos admitieron a 400.000 personas desplazadas entre 1945 y 1952. Aproximadamente 96.000 (un 24 por ciento) de ellos eran judíos que habían sobrevivido al Holocausto.

La Directiva Truman de 1945, que autorizaba que se diera prioridad dentro del sistema de cuotas a las personas desplazadas, permitió que 16.000 judíos desplazados entraran al país.

La creación de un sistema internacional para los refugiados

En 1921 la Liga de las Naciones, precursora de las Naciones Unidas, había nombrado a este científico y explorador noruego, Fridtjof Nansen, primer Alto Comisionado.

Los años de entreguerras también presenciaron el desarrollo de las primeras normativas e instituciones para gestionar el fenómeno de los migrantes apátridas: un Alto Comisionado para los Refugiados y la expedición de los pasaportes Nansen.

En enero de 1945 termina el horror de la Segunda Guerra Mundial con más de 70 millones de personas víctimas del conflicto y genocidios.

Se crean las Naciones Unidas con el objetivo de mantener la paz y la seguridad internacional como objetivo principal de la organización. En la Conferencia de San Francisco, 50 países se comprometen con la Carta de las Naciones Unidas a “preservar a las generaciones venideras del flagelo de la guerra que ha infligido a la Humanidad sufrimientos indecibles y a practicar la tolerancia y a convivir en paz como buenos vecinos".

En 1946 se crea la Organización Internacional de los Refugiados. Esta sería la primera Agencia de la ONU encargada de asistir a los refugiados.

En 1951 se creó un nuevo marco legal e institucional para responder al fenómeno de los refugiados. Fue entonces cuando vio la luz el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) que reemplazaría a la UNRRA.

También se aprobó la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados. En el momento de su creación, ACNUR recibió un mandato limitado a 3 años para reasentar a 1,2 millones de europeos que se habían quedado sin hogar a causa de la guerra.

Firma de la Convención de Refugiados de 1951

Consecuencias demográficas, sociales y políticas

El desplazamiento de la población transformó la composición demográfica de amplias regiones de Europa. Millones de personas tuvieron que reconstruir su vida lejos de sus ciudades, comunidades y países de origen.

La devastación casi total de Europa y ciudades japonesas fue una de las consecuencias más visibles de la guerra. Los extensos y devastadores bombardeos de las ciudades europeas por parte de los dos bandos, mediante la blitzkrieg alemana primero y el avance aliado después, significaron la destrucción casi total de muchas de las principales ciudades europeas.

La destrucción de viviendas, infraestructuras, escuelas, hospitales y redes de transporte dificultó el retorno y convirtió el reasentamiento en una necesidad para millones de personas.

La división de Alemania también condicionó el futuro de muchos desplazados. El control de los países aliados sobre el territorio alemán estuvo marcado por la separación ideológica entre Estados Unidos y sus aliados europeos, por un lado, y la Unión Soviética, por el otro.

Así, luego de una primera etapa con cuatro zonas de ocupación, el país quedó paulatinamente dividido en dos naciones distintas: la República Federal Alemana, capitalista y bajo la hegemonía de las potencias occidentales, y la República Democrática Alemana, comunista y bajo administración soviética.

La división de Alemania duró hasta el día de la reunificación alemana en 1990.

Consecuencias internacionales de la crisis de refugiados

La Segunda Guerra Mundial dejó tan debilitadas a las potencias europeas, tanto aliadas como del Eje, que la hegemonía política mundial pasó a corresponder a las dos nuevas superpotencias enfrentadas: Estados Unidos y la Unión Soviética.

Ambas empezaron a competir por la influencia de sus sistemas económicos y de gobierno sobre el resto de los países del mundo, lo que dio origen a la Guerra Fría entre el bloque capitalista (encabezado por Estados Unidos) y el bloque comunista (liderado por la Unión Soviética).

El bombardeo atómico de Hiroshima y Nagasaki por parte de las fuerzas estadounidenses, que ocasionó la rendición incondicional de Japón pocos días después, desencadenó también el terror a la guerra atómica que caracterizó a la Guerra Fría.

Luego del fin de la guerra, se creó la Organización de las Naciones Unidas (ONU) como reemplazo de la Sociedad de Naciones, que se había mostrado ineficiente en prevenir una nueva guerra mundial.

A la nueva organización, se le encargó la tarea de evitar futuros conflictos de semejante envergadura, apostar por la vía diplomática y la justicia internacional, y promover la paz y la seguridad a escala mundial.

La pérdida de influencia y poder político de las antiguas potencias europeas condujo a la pérdida de control sobre sus colonias en el Tercer Mundo. Junto con la presión de la ONU y las luchas independentistas locales, esto dio inicio a numerosos procesos de descolonización e independencia de países de Asia y África que habían sido colonias, y provocó el fin del dominio mundial europeo.

La herencia institucional de los refugiados de la guerra

Desde los años 50 hasta mediada la década de los 70 la mayoría de las naciones occidentales y del norte de Europa acogieron a trabajadores extranjeros y se convirtieron en países de inmigración y asentamiento.

De este modo, su población inmigrante crecía al mismo nivel que en Estados Unidos durante los años en los que fue una nación típicamente de inmigración.

En 1952 nace ACNUR, la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados. Desgraciadamente, y en contra de lo que se creía en un primer momento, ACNUR lleva ya más de 60 años de trabajo ininterrumpido asistiendo a víctimas de guerras y conflictos activos, persecuciones o violaciones de derechos humanos, en todo el mundo.

En este tiempo, ACNUR ha recibido dos Premios Nobel de la Paz y 65,6 millones de personas han tenido que huir de sus casas para salvar su vida a día de hoy.

La búsqueda de refugio abarca tanto los años anteriores al Holocausto como el período que le siguió.

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