Campeonas profesionales de rally femenino: pioneras, victorias y legado

Las campeonas profesionales de rally femenino han demostrado que las mujeres pueden competir y ganar al máximo nivel en un deporte históricamente dominado por los hombres. La figura más destacada es Michèle Mouton, la primera y, hasta ahora, única mujer en ganar una prueba del Campeonato Mundial de Rally, con cuatro victorias y un segundo puesto en el campeonato de 1982.

Su trayectoria resume la evolución del rally femenino: comenzó conduciendo el 2CV de su padre por los caminos de la Riviera Francesa, se convirtió en vencedora de pruebas mundiales con el Audi Quattro y terminó abriendo el camino para nuevas campeonas como Javiera Román, la primera mujer campeona del Rally Mobil en su categoría.

Michèle Mouton, la gran pionera del rally mundial

Michèle Mouton, nacida el 23 de junio de 1951 en Grasse, Francia, es una auténtica leyenda del automovilismo. Fue la primera, y hasta ahora la única, mujer en ganar una prueba del Campeonato Mundial de Rally, un logro que consiguió en cuatro ocasiones. En una era en la que el mundo del motor estaba reservado casi exclusivamente para los hombres, Mouton rompió esquemas, desafiando estereotipos y demostrando que el talento y la determinación no entienden de géneros.

Esta piloto francesa fue la primera mujer en la historia en ganar un gran rally del Campeonato Mundial, un hito que ninguna otra piloto femenina ha conseguido igualar más de cuatro décadas después. En concreto, sus grandes victorias fueron cuatro: la primera, en el rally de San Remo en 1981; la segunda, en el de Portugal en el 82, año en el que también ganó los rallies del Acrópolis, en Grecia, y de Brasil. Además, logró hasta nueve podios mundiales.

La llamaban “la hermosa volcán negro” por su Quattro negro y su temperamento fogoso. Un apodo perfecto para una mujer que dedicó su carrera a romper prejuicios y demostrar que el talento no tiene género.

Michèle Mouton con Audi Quattro

Los primeros años y el descubrimiento de la velocidad

Todo empezó en Grasse en 1951. Michèle Mouton nació en una familia de horticultores, rodeada de campos de rosas y jazmines en la Riviera Francesa. Su padre cultivaba flores, su madre se encargaba de la casa, y nada predestinaba a esta pequeña a convertirse en una leyenda del automovilismo.

Desde pequeña, Michèle mostró una pasión por los coches. A los 14 años ya conducía el Citroën 2CV de su padre por la Riviera francesa, lo que presagiaba un futuro ligado a la velocidad.

Michèle tenía 14 años cuando empezó a conducir este 2CV por los pequeños caminos de tierra de la propiedad. Y entonces, algo pasó. El padre notó que su hija tenía algo especial. Una facilidad natural, una forma de tomar las curvas, una sensación inconfundible del coche.

Pero en aquel momento, no nos dijimos: «Mi hija va a ser piloto de rally». No, simplemente nos dijimos: «Conduce bien, y punto».

La entrada de Mouton en los rallies fue casi por casualidad. En 1972, acompañó al piloto Jean Taibi al Rallye de Córcega como espectadora, pero quedó tan fascinada que decidió subirse al asiento de copiloto.

Conoció a Jean Taibi, un entusiasta del rally que la invitó al Tour de Córcega como espectadora. Y eso fue todo. El ambiente, los coches atacando las curvas cerradas de Córcega, la adrenalina pura. Michèle quedó prendada.

Taibi le ofreció ser su copiloto en el Montecarlo de 1973. Ella aceptó, pero su padre no estaba nada entusiasmado. Taibi le parecía arrogante y, sobre todo, le disgustaba el estado de su coche.

Antes de pilotar ella misma su propio coche, ejerció como copiloto. Se estrenó en el rally de Montecarlo. Fue en 1973, cuando tenía apenas 21 años y precisamente en la primera edición del Campeonato Mundial. Hasta en eso fue pionera.

Acompañó a su amigo Jean Taibi, que pensó en ella para iniciar aquella aventura de los mundiales. «Sentí una gran responsabilidad. Un buen copiloto no puede ganar un rally, pero se puede perder un rally por culpa del copiloto», rememora Michèle en el documental.

La decisión de convertirse en piloto

Su padre tomó una decisión que cambiaría la historia del automovilismo. Le dijo a su hija: «Si quieres seguir en los rallies, tienes que ser piloto. Te compraré un coche y te pagaré una temporada para que demuestres lo que vales».

Movido, al principio, por la preocupación por su seguridad -el coche en el que copilotaba estaba en muy malas condiciones-, le dijo: «Eres capaz de estar al volante, te gusta conducir».

La apuesta era importante: Pierre Mouton le compró a su hija Michèle un coche de carreras y le costeó un año de competición. «Si eres lo suficientemente buena, sigues. Si no, lo dejas».

Y así fue como, en 1973, Michèle Mouton se encontró al volante de su primer coche de carreras: un Alpine A110. El coche legendario de la época, el que gana rallies, el que hace soñar a todos los aficionados.

Y fue buena, porque siguió. A Michèle no se le escapa, décadas después, que su padre apostó por ella porque, en parte, es lo que siempre había deseado para él: «Estoy segura de que le hubiese encantado conducir en competición», dice.

«Pienso que mi padre, a través de mí, experimentó algo que le hubiese encantado y que nunca pudo hacer».

La II Guerra Mundial fue la piedra en el camino de Pierre Mouton, pero su hija Michèle estaba lista para recoger el testigo. Terminó haciendo historia.

Las primeras victorias y la llegada a las grandes competiciones

1974, 1975. Michèle Mouton triunfa en el Campeonato Francés de Rally Femenino. Dos títulos consecutivos con su Alpine, y ya está causando sensación.

Mouton empezó a destacar en competencias europeas entre 1974 y 1976, conduciendo un Alpine A110 y luego un A310. En 1977, consiguió su primera victoria importante en el Rally RACE de España al volante de un Porsche 911 RS, un hito que la posicionó como una promesa en el mundo de los rallies.

Pero lo mejor es que no se conforma solo con las pruebas “solo para mujeres”. No, quiere competir con los hombres en su propio terreno.

Muy pronto Michèle se convirtió en la rival a batir. Primero, porque era mujer. Empezó a competir de tú a tú contra hombres en un entorno muy masculino.

Lo hizo en un momento álgido del movimiento de la liberación de la mujer, y eso hirió muchos orgullos masculinos. En aquel momento no se veía a muchas mujeres conduciendo, no ya en competiciones, sino en las autopistas.

«Era un mundo sexista», rememora la piloto en el documental. Era un mundo de hombres. «Todavía hoy lo es», matiza.

Y esto le acarreó no pocos problemas en el desempeño de su afición, primero, y de su profesión, después. «Las mujeres no eran tomadas en serio», dice, aunque la confianza que depositó en ella su padre fue la clave del éxito.

Al principio era la rival a batir porque era mujer y ningún hombre quería perder contra ella, pero con el tiempo se convirtió en la rival a batir simplemente porque era una de las mejores pilotos del circuito.

El triunfo en las 24 Horas de Le Mans

En 1975, hizo algo absolutamente revolucionario. Participó en las 24 Horas de Le Mans con una tripulación exclusivamente femenina.

Michèle, Christine Dacremont y Marianne Hoepfner estuvieron al volante de un Moynet LM75. Los comentaristas se rieron, y también las competidoras. ¿Un coche de carreras conducido por tres mujeres en Le Mans?

Excepto cuando empieza a llover, es un desastre. Michèle, con neumáticos lisos, empieza a adelantar a todos.

En boxes, le ruegan que pare a cambiar neumáticos, pero ella se niega. «Estaba adelantando a todos, ¿por qué debería haberme parado?».

¿Y al final? Victoria en su categoría. Primer éxito para una tripulación femenina en Le Mans.

La llegada a Audi y la revolución del Quattro

Después del Alpine A110 que le proporcionó su padre, se pasó al Lancia Stratos, primero, y al Fiat 131 Abarth, después, compitiendo en un par de pruebas mundiales al año. Finalmente, recaló en Audi en 1981.

1981. Audi entra en el mundo de los rallies con un coche completamente revolucionario: el Quattro. El primer coche de rallies con tracción total cambiará para siempre el panorama del automovilismo.

Y para conducirlo, Audi busca pilotos capaces de domar esta bestia de 300 caballos. Michèle Mouton firmó con Audi, y todo se aceleró.

El Quattro fue una revolución técnica. Donde otros coches perdían agarre en las curvas, él se pegaba a la carretera. Donde los pilotos tenían que levantar el pie del acelerador, Michèle podía seguir empujando.

Era un arma de guerra camuflada en un coche de rally.

Fue entonces cuando empezaron los éxitos de la mano de Fabrizia Pons. Todo un hito ya que tuvo que ponerse a los mandos del Audi quattro, un coche con tracción a las cuatro ruedas nada común en la época.

Audi las contrató a ambas por una razón puramente marketiniana, ya que debía dar a conocer su nuevo coche, y qué mejor que una extravagancia como una mujer al volante -y otra en el asiento de al lado- para publicitarlo.

Sin embargo, Michèle sorprendió a todos ganando carreras y compitiendo en igualdad con sus rivales hombres.

Fabrizia Pons y Michèle Mouton

Fabrizia Pons, la copiloto decisiva

En octubre de 1981, en el Rally de San Remo, ocurrió lo impensable. Michèle Mouton ganó. La primera mujer en la historia en ganar una prueba del Campeonato Mundial de Rally.

Y no una prueba cualquiera: San Remo, una prueba legendaria, en carreteras italianas que conocía de memoria gracias a su copiloto Fabrizia Pons.

Fabrizia Pons, precisamente. La italiana que se convertiría en su compañera de toda la vida. Juntas, formaron la primera tripulación femenina en ganar un campeonato mundial.

Una dupla perfecta: Michèle al volante, Fabrizia al volante, y una confianza absoluta entre ambas.

La de Michèle Mouton es una figura bien conocida entre los aficionados al motor, por lo menos en Francia y en Italia, país de origen de su copiloto, Fabrizia Pons, pieza clave en todas aquellas victorias. Y también en las derrotas.

Michèle Mouton con Fabrizia Pons. | Foto: Archivo

1982: la lucha por el título mundial

1982 fue el año de su consagración. Michèle acumuló una serie de victorias: Portugal, Grecia, Brasil.

En 1982, junto a su copiloto Fabrizia Pons, Mouton llevó su conducción al límite. Ganó tres rallies más: Portugal, Acrópolis y Brasil.

Estaba en plena forma, luchando codo a codo con los mejores pilotos del mundo, y era la gran favorita para llevarse el Campeonato del Mundo.

Lideró la carrera por el título mundial contra Walter Röhrl, el maestro alemán que declaró que jamás aceptaría ser vencido por una mujer. Una frase que dice mucho de la época.

Pero a Michèle no le importa. Conduce con furia, aprovecha al máximo el potencial de su Quattro y, poco a poco, se acerca al título.

Con algunos rallies restantes en la temporada, está en posición de convertirse en la primera campeona mundial de rallies.

El drama del Rally de Costa de Marfil

Diciembre de 1982, Rally de Costa de Marfil. La prueba decisiva. Michèle sigue en la lucha por el título, pero es absolutamente necesario que tenga una buena actuación para aspirar a adelantar a Walter Röhrl.

La mañana de la salida, a las 7:00, suena su teléfono. Es su pareja. Le cuenta sobre la muerte de su padre.

La conmoción. ¿Su primera reacción? «Enseguida vuelvo a casa».

Pero su madre contesta el teléfono y dice algo increíble: «No, tu padre nunca hubiera querido que volvieras. Haz tus compras y te esperamos».

Imagina la escena. Tu padre acaba de morir, estás a miles de kilómetros de casa y tienes que empezar un rally en África, donde el más mínimo tropiezo podría costarte la vida.

Y, sin embargo, Michèle toma la salida. Con una enorme carga emocional sobre sus hombros.

No ganará el rally. Tampoco ganará el título mundial. Walter Röhrl ganó el campeonato, pero Michèle terminó segunda. Segunda del mundo.

La primera mujer en la historia en alcanzar el podio final del Campeonato Mundial de Rally.

AñoLogro
1981Victoria en el Rally de San Remo
1982Victorias en Portugal, Acrópolis y Brasil
1982Subcampeona del Campeonato Mundial de Rally
1985Victoria y récord en Pikes Peak
1986Campeona del Campeonato Alemán de Rally

Pikes Peak y el desafío a los especialistas estadounidenses

1985, Colorado, EE. UU. Una francesa al volante de un Audi Sport Quattro S1 se prepara para desafiar la montaña más legendaria del automovilismo estadounidense.

Frente a ella se encuentra Pikes Peak, sus 156 curvas, sus 1440 metros de desnivel positivo y, sobre todo, Bobby Unser, la leyenda local que dominó esta carrera durante años.

Nadie se preocupa demasiado por esta europea que se atreve a desafiar a los maestros estadounidenses en su propio terreno.

Pero cuando el reloj se acaba, es una sorpresa. Michèle Mouton acaba de pulverizar el récord de la montaña, dejando a Bobby Unser y a todos los especialistas estadounidenses en la estacada.

1985, Pikes Peak. Michèle Mouton llega a Estados Unidos con su Quattro S1, la versión definitiva del coche alemán. 500 caballos de potencia, un alerón gigantesco y una línea que te pondrá la piel de gallina.

Los estadounidenses ríen. ¿Qué hace un europeo en su montaña sagrada?

Pero cuando Michèle ataca, se hace un silencio absoluto. Conoce la montaña al dedillo tras unos pocos reconocimientos, controla su coche como nadie y, sobre todo, es intrépida.

El resultado: un récord destrozado, los estadounidenses humillados y Bobby Unser perdiendo los estribos.

¿Y la reacción de Unser? Quiere salir del retiro para reclamar “su” récord.

¿La respuesta de Michèle? «¡Si tienes agallas, podemos correr de arriba abajo si quieres!»

La frase de Michèle se ha vuelto legendaria. Así se respondía a los hombres machistas de la época.

En 1985, compitió en la mítica carrera de Pikes Peak en Estados Unidos, donde se convirtió en la primera mujer y la primera no estadounidense en ganar, rompiendo además el récord de velocidad.

1986: el final de una era

1986. Michèle Mouton se convierte en la primera mujer en ganar un campeonato importante al ganar el Campeonato Alemán de Rally con Peugeot. Esto añade otra hazaña a su ya impresionante palmarés.

En 1986, Mouton ganó el Campeonato de Alemania de Rally con un Peugeot 205 T16, pero tras la prohibición de los automóviles del Grupo B, decidió poner fin a su carrera deportiva a nivel profesional.

Pero ese mismo año, la tragedia golpeó. Henri Toivonen, el piloto finlandés con quien Michèle mantenía una amistad y una respetable rivalidad, falleció en el Tour de Córcega junto con su copiloto.

El accidente fue tan violento que la FIA decidió prohibir los coches del Grupo B, esos monstruos de potencia que se habían vuelto demasiado peligrosos.

Es el fin de una era. El fin de la época dorada del rally, cuando los coches desarrollaban 500 caballos o más, cuando los pilotos arriesgaban sus vidas en cada etapa.

Michèle, conmocionada por la muerte de su amiga, se retira del deporte. Tiene 35 años y una trayectoria extraordinaria.

El legado de Michèle Mouton

Pero la historia de Michèle Mouton no termina ahí. En 1988, cofundó la Carrera de Campeones en memoria de Henri Toivonen.

Una carrera que aún existe y que reúne a los mejores pilotos del mundo de todas las disciplinas.

Además, cofundó la “Carrera de Campeones”, un evento anual que reúne a los mejores pilotos del mundo, en memoria de su amigo Henri Toivonen.

En 2010, se convirtió en la primera mujer presidenta de la Comisión de Mujeres y Deporte Motor de la FIA.

En 2009, fue nombrada presidenta de la Comisión de Mujeres y Deporte de Motor de la FIA, desde donde ha trabajado por la igualdad de oportunidades en este ámbito.

Esto supuso un reconocimiento a su condición de pionera, quien allanó el camino para todas las mujeres que sueñan con competir al máximo nivel.

Mouton siempre ha rechazado la idea de crear una categoría exclusivamente femenina en el automovilismo, defendiendo que, con el entrenamiento adecuado, hombres y mujeres pueden competir en igualdad de condiciones.

Su récord sigue vigente. Ninguna mujer ha igualado sus logros en el rally mundial.

Cuatro victorias en el campeonato mundial, un segundo puesto en el campeonato en 1982 y, sobre todo, una trayectoria que ha demostrado que con talento, determinación y mucho coraje, se pueden desafiar todas las reglas.

Javiera Román, campeona del Rally Mobil

En octubre de 2018, luego de seis fechas y media de competencia, en la historia del Rally Mobil se consagraba por primera vez una mujer como campeona: Javiera Román.

La navegante, junto al piloto chileno-argentino Martín Scuncio, lograron gritar campeón en la categoría R2 luego de sacar una ventaja imposible de alcanzar para sus más cercanos perseguidores.

Román recuerda así su 2018, el que, para ella, es el mejor año de su vida: «La temporada pasada fue soñada para mí, porque los resultados se dieron espectaculares desde la primera carrera, salimos campeones con una fecha y media de ventaja. Fue un diez para mí, como deportista y como profesional, como equipo, como tripulación, fue un año súper exitoso».

«Personalmente crecí harto como persona, aprendí a darme cuenta de mis logros, de en lo que quiero enfocar mi vida y de las cosas de las que soy capaz de llegar a ser. El 2018 me dio fortaleza para enfrentar los desafíos nuevos que tengo este año y los años que vienen», añadió la oriunda de Concepción.

Las barreras para las mujeres en el rally

Pero, por supuesto, llegar hasta el sitial en que se encuentra actualmente, no estuvo exento de trabas. Javiera señala que, especialmente cuando recién inició su aventura en el mundo tuerca, por el simple hecho de ser mujer se sintió disminuida.

«Me miraban en menos, como que yo no tenía rendimiento, que iba a ser penca solo por ser mujer. Fue súper difícil, pero creo que supe demostrarme a mí misma primero que todo, y después al resto, que todo lo que decían de mí era mentira», detalló la navegante de ruta.

«Todo lo que comentaban en forma negativa yo le daba un vuelco positivo. Logré demostrarme a mí misma que yo podía hacer ciertas cosas y eso generó que me ganara el respeto del resto. Pero, en un deporte machista, es muy difícil ganarse un espacio y la admiración», agregó Román.

Sin embargo, celebra la navegante de 28 años, esa mirada indiferente y reparos que sintió en un comienzo, han quedado atrás: «Hoy ya no es un tema dentro de mis pares, ellos me tienen respeto por ser una colega y por lo que he logrado como deportista. Yo lo siento de esa forma, y siento el cariño también que me he ganado de ellos de a poco».

«Hoy en día no influye en nada para mí el ser mujer. Está más que demostrado de que se puede y no hay motivos que pudieran limitar o impedir que nosotras podamos hacer lo que queremos», sumó la penquista.

Nuevos desafíos y participación en el Mundial de Rally

Si bien el 2018 fue uno de los mejores años para Javiera, ella espera que este 2019 sea más de adquirir conocimientos que de sumar logros.

Junto a su equipo ascendieron a la categoría R5 y eso implica, según ella, emprender de cero nuevos desafíos.

«Las expectativas para el 2019 son netamente aprender. Obviamente, si los resultados se dan, será genial, pero vamos a una categoría superior, a la más competitiva del rally. Es un desafío nuevo, hay que conocer al auto, hay que conocer la estructura, cómo funciona. Es un trabajo mucho más difícil y más delicado el que se nos viene este año», sostuvo Román al respecto.

Otro punto que mantiene expectante a la navegante de ruta es que, en mayo, los caminos de la región del BíoBío albergarán la sexta fecha del Mundial de Rally.

Un sueño para la deportista de 28 años quien, no sólo disfrutará la presencia de los más destacados corredores del mundo, sino que competirá en igual condición que varios de ellos.

«Para mí va a ser algo más que una carrera, es algo más para mí como persona, es un desafío importante. Solo con saber que el Mundial del deporte que más amo viene a Chile me alegra la vida, y saber que es en Concepción, en mi casa, no puedo estar más feliz, ¡y además lo voy a correr! No podría estar más feliz, yo creo que es lo máximo que me pudo pasar», indicó Román.

Consultada por cómo se llegó a gestar su participación en la cita planetaria, la navegante detalló que «tienes derecho a cupo en el Rally Mundial si cuentas con las capacidades y te apoyan los auspiciadores, porque involucra harta parte económica. Por suerte se da que este año vamos a estar en una categoría que es competitiva dentro del Mundial, por lo que vamos a poder formar parte de la WRC».

Finalmente, Javiera enfatiza en que espera que muchas más mujeres puedan seguir sus pasos para que, al igual que ella, logren destacar en un ambiente deportivo marcado por la poca presencia femenina.

«Falta más pasión y, obviamente, oportunidades. Están, pero son escasas, y eso hace todo más difícil. Por otro lado también faltan mujeres apasionadas, que no se dejen llevar por el qué dirán o por lo que esté preestablecido por la sociedad. Hay que hacer las cosas que a uno la apasionan y que son los sueños de cada una», sentenció la campeona nacional.

Una inspiración para las nuevas generaciones

Michèle Mouton no solo dejó una huella imborrable en las pistas, sino que también se convirtió en una defensora incansable del papel de la mujer en el deporte motor.

Hoy en día, Michèle Mouton sigue siendo recordada no solo por su audacia y velocidad, sino también por su carácter inquebrantable.

En un mundo donde muchos decían que las mujeres no podían competir, ella demostró que no solo podían competir, sino que podían ganar, y ganar a lo grande.

Su famosa frase «Prefiero un pie derecho perfecto a una cara bonita» resume su actitud hacia el automovilismo: lo que importa es el talento, no el género.

Con una carrera llena de éxitos, desafíos y barreras rotas, Michèle Mouton ha inspirado a generaciones de mujeres a seguir sus pasos y desafiar los límites, tanto en el automovilismo como en la vida.

La Reina de la Velocidad continúa siendo un icono del deporte motor, una pionera que abrió el camino para todas aquellas que sueñan con conquistar las pistas a máxima velocidad.

Y si hoy las mujeres pueden soñar con pilotar en F1, rallies o cualquier otra disciplina automovilística, es en parte gracias a ella.

Gracias a esta chica de Grasse que empezó robando el 2CV de su padre y terminó como reina del rally.

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