La primera etapa de la Independencia de México se desarrolló entre 1810 y 1811 y comenzó con el Grito de Dolores, proclamado por Miguel Hidalgo y Costilla el 16 de septiembre de 1810. Fue el inicio de una guerra que enfrentó a insurgentes y realistas y que, después de varias etapas, culminó con la entrada del Ejército Trigarante a la Ciudad de México el 27 de septiembre de 1821.
Este primer periodo se caracterizó por la rápida expansión de un levantamiento inicialmente reducido, la participación conjunta de criollos, mestizos e indígenas, la falta de una estructura militar formal y la ausencia de objetivos políticos completamente unificados. La derrota insurgente en la batalla de Puente de Calderón, el 17 de enero de 1811, marcó el final militar de esta etapa, aunque la lucha continuó durante una década.
Contexto general de la independencia
La independencia de México fue el proceso por el que el antiguo territorio de Nueva España, que formaba parte del Imperio español, se convirtió en un Estado independiente. Formó parte de las guerras de independencia hispanoamericanas que siguieron a la invasión napoleónica de España en 1808.
El proceso de la independencia se inició en 1808, como en todas las colonias hispanoamericanas, ante el vacío de poder en España por la invasión napoleónica. Los criollos buscaron primero la autonomía pacíficamente, pero el movimiento fue reprimido. La guerra insurgente estalló en 1810, unió a criollos con mestizos e indígenas.
La independencia de México no fue un hecho aislado, fue producto de una serie de factores tanto internos -acontecimientos que se desarrollan en la Nueva España-, como externos -lo sucedido en otras regiones o lugares pero que tiene repercusión en la Nueva España-.
| Aspecto | Periodo o fecha | Importancia |
|---|---|---|
| Invasión napoleónica a España | 1808 | Generó un vacío de poder en el imperio español. |
| Conjura de Valladolid | 21 de diciembre de 1809 | Fue desmantelada y sus miembros fueron encarcelados. |
| Conspiración de Querétaro | 1810 | Preparó el levantamiento armado contra el dominio español. |
| Grito de Dolores | 16 de septiembre de 1810 | Inició la lucha armada de la primera etapa. |
| Batalla de Puente de Calderón | 17 de enero de 1811 | La derrota insurgente marcó el final de la primera etapa militar. |
| Acta de Independencia | 28 de septiembre de 1821 | Declaró a la nación mexicana libre e independiente de España. |
Causas externas de la primera etapa
La Ilustración y el liberalismo
Las ideas del liberalismo incentivaron el deseo de los criollos por independizarse. Los liberales americanos unieron la idea de la independencia a la de libertad, siendo la Independencia de Estados Unidos y Revolución Francesa un referente obligado en el proceso independentista mexicano.
Las influencias del liberalismo llegaron a la Nueva España por diversas vías. Los liberales mexicanos se nutrieron tanto del liberalismo europeo como del norteamericano. Del liberalismo español, matizado de los ataques a la religión, del liberalismo francés, más teórico y político; y del liberalismo pragmático inglés, más preocupado por aspectos económicos.
La Ilustración es un movimiento intelectual que se funda en la razón del hombre, desarrollado principalmente en Inglaterra y Francia en el siglo XVIII, cuestionó el “derecho divino de los reyes”, señalando que “todos los hombres son iguales a la luz de la razón y por tanto tienen los mismos derechos”.
Los principales representantes de la Ilustración fueron el inglés John Locke y los franceses François Marie Arouet, más conocido como Voltaire; Charles Louis de Secondat, Señor de la Brède y Barón de Montesquieu; y Juan Jacobo Rousseau.
Las ideas ilustradas influyeron en los criollos y su mentalidad acerca del gobierno y la política. Estos conocieron cuestionamientos al poder monárquico, teorías de soberanía popular y de la división de poderes en los escritos de Voltaire, Rousseau y Montesquieu.
La crítica de la Ilustración al absolutismo monárquico promovió la defensa de conceptos como la libertad e igualdad en los movimientos independentistas, incluido el mexicano.
La independencia de las Trece Colonias
Las colonias de Norteamérica se independizaron de Inglaterra en 1776. Así, asentaron un precedente que demostró cómo una revuelta armada llevó a la creación de una república.
La declaración de independencia de trece colonias del actual territorio de Estados Unidos respecto al Imperio británico en 1776, que se formalizó tras la victoria en la guerra de Independencia en 1783, fue un modelo a seguir para los criollos de Nueva España.
Estos vieron en el conflicto vecino un ejemplo cercano de que se podía vencer a una potencia colonial europea, en su caso a España. La autonomía lograda y su crecimiento como país fue admirado por quienes estuvieron a favor de la independencia en las colonias hispanoamericanas.
La Revolución francesa
La Revolución Francesa de 1789 demostró que era posible acabar con el abuso de poder de los reyes. En los virreinatos hispanos, muchos quisieron terminar con la soberanía que residía en un solo hombre, el monarca.
Ese poder soberano debía estar distribuido entre todo el pueblo mediante la justicia, la igualdad y la libertad. La Revolución Francesa es considerada la revolución más radical e importante por la ejecución del rey Luis XVI y la Declaración de Derechos del Hombre y del Ciudadano.
Este documento proclamó que los hombres nacen y permanecen libres e iguales en derechos y consagró como derechos naturales e imprescindibles la libertad, la propiedad, la seguridad y la resistencia a la opresión.
La invasión francesa a España
El motivo detonante externo fue la invasión que sufrió España por parte del ejército francés, dirigido por el emperador Napoleón Bonaparte en 1808. La invasión provocó inestabilidad política, la renuncia de Carlos IV como rey y el secuestro de su sucesor Fernando VII.
Napoleón nombró a su hermano, José Bonaparte, rey de España y de las Indias. Pero en España y América se formaron juntas de gobierno que lucharon por el restablecimiento del mando y pidieron soberanía popular.
En 1808, las tropas francesas invadieron España y el rey Fernando VII, que había accedido al trono tras la abdicación de Carlos IV, fue obligado a abdicar y aprisionado en un castillo de Francia.
Napoleón Bonaparte colocó en el trono de España a su hermano, José Bonaparte, pero muchos españoles de la península y de América desconocieron la autoridad de este nuevo rey de origen francés. Esto generó un vacío de poder que motivó la formación de juntas de gobierno en la península y en las colonias que reconocieron la legitimidad de Fernando VII pero se presentaron como depositarias de la soberanía popular.
La crisis política de 1808 en Nueva España
Ante la noticia de la abdicación de Fernando VII al trono de España, recibida el 6 de julio de 1808, el cabildo de la Ciudad de México con mayoría criolla pidió al virrey, José de Iturrigaray, asumir el control directo del gobierno; de esta manera se pedía reconocer la soberanía de la nación.
Un grupo de españoles encabezados por Gabriel de Yermo impidió esta acción y destituyó del cargo a Iturrigaray, encarcelando a los principales instigadores: José Primo de Verdad, Juan Francisco Azcárate, Melchor de Talamantes y Jacobo de Villaurrutia, entre otros.
Causas internas de la independencia
La desigualdad social y el sistema de castas
La sociedad de la Nueva España estaba dividida en estratos. La Corona daba privilegios a los aristócratas españoles, por lo que no todas las personas tenían igualdad de derechos.
Los cargos públicos, la posesión de tierras y las concesiones para la explotación minera eran otorgadas a estos antes que a los criollos. Tal situación generó gran descontento en la población local y lentamente propició un sentido distinto de identidad y aspiraciones de independencia.
Por otra parte, mestizos e indígenas eran los más desfavorecidos. La frecuente confrontación entre españoles, criollos y mestizos en Nueva España, así como la miseria a la que eran sometidos los indígenas y los campesinos por el sistema de castas, favorecieron el descontento social.
Los mestizos no compartían los privilegios de los “blancos” -criollos y españoles- y apoyaron las aspiraciones de cambio social.
Para inicio del siglo XIX en la Nueva España, igual que en las otras colonias americanas, existían importantes diferencias socioeconómicas y culturales. El poder económico y político estaba en manos de una minoría de españoles peninsulares y criollos que representaban aproximadamente el 17% de la población.
El resto estaba conformado por mestizos, indígenas, castas y negros quienes eran explotados en las minas, haciendas y obrajes o como sirvientes y jornaleros, sin derechos y con todas las obligaciones.
El patriotismo criollo
Los criollos habían logrado apoderarse del Ayuntamiento, por lo que se volvió el centro crítico del gobierno virreinal, pues demandaban una mayor participación en la toma de decisiones de la tierra donde habían nacido, confrontándose con los peninsulares.
Desde el siglo XVII se gestó entre los criollos americanos un sentimiento de nacionalidad, de pertenencia a la tierra en la que habían nacido, de arraigo al suelo mexicano que desde el siglo XVII ya llamaban “patria”, con un claro deseo de distinguirse de los nacidos en España.
El criollismo debe entenderse como un movimiento sociocultural que consiste en la toma de conciencia de los españoles nacidos en América sobre su propia identidad. Para afianzar ese sentimiento rescataron las huellas de un pasado glorioso y la devoción hacia la Virgen de Guadalupe.
Si bien solían tener un alto poder económico gracias al ejercicio del comercio, los criollos fueron desarrollando un sentimiento de pertenencia al virreinato por sobre la península ibérica.
Además, sus intereses fueron muchas veces perjudicados por las decisiones económicas tomadas por la Corona española, que imponía limitaciones al libre comercio.
Las reformas borbónicas
Las reformas borbónicas que culminó Carlos III tuvieron por objeto fortalecer al imperio mediante el control de sus colonias. El establecimiento del sistema centralizado de intendencias acabó con la autonomía regional y causó gran descontento en la Nueva España.
Carlos III, rey perteneciente a la casa de los Borbones, llevó a cabo importantes reformas en sus dominios entre 1759 y 1788. Con estas quiso modernizar a España y obtener más recursos de sus provincias americanas.
Las reformas implementadas modificaron el orden administrativo, político, militar y económico del virreinato. La centralización de instituciones tributarias tuvo como fin la recaudación de más impuestos.
Esto despojó a ciertos criollos de gozos y beneficios comerciales, lo que produjo en ellos disconformidad. Las reformas también implicaron un mayor control de las autoridades de la península sobre las instituciones del Virreinato de Nueva España, la exclusión de los criollos de los cargos administrativos y un aumento de los impuestos.
- La llegada de españoles de la península que ocuparon altos cargos en el ejército y en la burocracia, desplazando a muchos criollos.
- La disminución del poder del virrey frente a los intendentes.
- El privilegio concedido a una minoría de ricos mineros y comerciantes.
- El aumento de los impuestos y la creación de nuevos impuestos que empobrecieron aún más al pueblo y generaron descontento en los criollos.
- La gran inconformidad de los criollos por la expulsión de los jesuitas en 1767.
- El empobrecimiento de hacendados y mineros endeudados con la Iglesia católica por la promulgación de la Real Cédula de Consolidación de Vales Reales de 1804.
- La expansión de la cultura, las artes y el pensamiento ilustrado que influyeron en las ideas de independencia de los criollos ilustrados.
La explotación y miseria del pueblo
La población indígena vivía en la pobreza y era sometida a una dura explotación económica, por lo que a partir del siglo XVII tuvieron lugar diversas rebeliones indígenas.
Los indígenas formaban la base del sistema de castas junto a otros grupos que también sufrían la explotación, como los africanos o afrodescendientes, y quienes descendían de grupos étnicos diferentes.
La situación se hacía más grave en periodos de hambrunas por las sequías y malas cosechas como las padecidas en 1785-1787 y 1808-1810.
Las conspiraciones previas al levantamiento
La conspiración de los machetes de 1799
Pedro de la Portilla, un mexicano de escasos recursos, logró conformar un pequeño grupo con ideales liberales en común. El grupo fue desmantelado, pero se considera una de las primeras insurrecciones en la Nueva España.
La conjura de Valladolid de 1809
Luego de la invasión de las tropas de Napoleón, se generó una importante serie de cambios que, a su vez, transformaron las tertulias literarias en escenarios de encuentro y disertación política.
En ese contexto surgieron asambleas informales en las casas de personas letradas en las cuales, más allá de intercambiar nociones científicas, culturales o literarias, surgían las ideas liberales a la orden del día.
Este movimiento estuvo liderado por los criollos Mariano Michelena y José María García Obeso -ambos de carrera militar-, y Nicolás Michelena, hermano de Mariano y abogado de profesión.
Este movimiento clandestino tuvo lugar en la actual ciudad de Morelia. Tenía como finalidad derrocar a las autoridades españolas y entablar una junta nacional gubernativa que liderara el territorio mexicano de manera autónoma.
Esta conspiración reunió a más de 30 involucrados, directos e indirectos, incluyendo a los indígenas, quienes estaban representados a través del indio Pedro Rosales.
La conjura de Valladolid fue desmantelada el 21 de diciembre de 1809 y terminó con el encarcelamiento de sus miembros. No obstante, las ideas de libertad se propagaron a lo largo y ancho del territorio mexicano.
La conspiración de Querétaro
La Conspiración de Querétaro fue el nombre del movimiento clandestino nacido en la ciudad de Santiago de Querétaro en 1810. Esta conspiración fue liderada por Miguel Hidalgo, Ignacio Allende, José Mariano Jiménez y Juan Aldama, y buscaba el levantamiento armado para lograr la independencia de México.
El grupo estaba muy bien organizado y resguardaba bajo su cuidado una importante cantidad de municiones y armas blancas. En un principio, la insurrección estaba prevista para el 1 de octubre de 1810, pero el movimiento fue descubierto un mes antes por la intervención de una carta.
La conspiración de Querétaro fue denunciada el 12 de septiembre por el empleado de correos José Mariano Galván. Al día siguiente de esta denuncia, un miembro de los conspiradores, el capitán Joaquín Arias, al creer que todo estaba perdido, se autodenunció ante el alcalde Juan Ochoa, lo que provocó el encarcelamiento de algunos de los miembros.
La Conspiración de Querétaro fue descubierta el 13 de septiembre de 1810 y fueron apresados los conspiradores Epigmenio y Emeterio González.
Josefa Ortiz de Domínguez, miembro de la conspiración de Querétaro, dio aviso a los otros miembros para adelantar sus planes. Su casa sirvió como centro de reunión para los conspiradores, y fue ella quien avisó a Miguel Hidalgo de la inminente detención de los insurgentes.
Josefa Ortiz dio aviso al alcalde Ignacio Pérez; todos los planes habían sido descubiertos, y había órdenes de encarcelamiento para cada miembro. Luego de este aviso, tanto “La Corregidora” como su esposo fueron arrestados.
Ignacio Pérez cabalgó la noche del 15 de septiembre de 1810 hasta San Miguel y pudo avisar a Aldama de la situación crítica; luego este se trasladó al pueblo de Dolores, donde se encontraba el cura Hidalgo.
El Grito de Dolores: inicio de la lucha armada
La madrugada del 16 de septiembre de 1810, el cura Don Miguel Hidalgo y Costilla convocó al pueblo de Dolores Hidalgo, a través del repique de las campanas de su iglesia, a levantarse en armas contra el dominio de los españoles.
El acto que dio inicio a la guerra de independencia de México fue el Grito de Dolores, que tuvo lugar la mañana del 16 de septiembre de 1810. Fue el aviso que dio el sacerdote Miguel Hidalgo y Costilla a sus feligreses para iniciar la insurrección contra el dominio español a través del toque de campanas de su parroquia, en el pueblo de Dolores.
El cura Miguel Hidalgo y Costilla, al saberse descubierto, convocó a su pueblo a levantarse en armas contra la opresión. “¡Viva la independencia! ¡Viva México!”.
La conspiración de Querétaro fue descubierta y Hidalgo decidió iniciar la lucha la madrugada del 16 de septiembre de 1810 con una docena de hombres. Desde la iglesia de Dolores llamó al pueblo a las armas.
Lo que en principio parecía sólo una gavilla fue creciendo hasta movilizar poblaciones enteras: una población de 300 se convirtió en un frente de veinte mil hombres. El movimiento de los criollos ilustrados se había transformado en una revolución social.
Esta primera etapa del proceso de independencia se caracterizó por la falta de organización. Algunos sectores exigían el retorno de Fernando VII, otros buscaban la independencia y algunos más sumaban a estos reclamos demandas sociales, como la abolición de la esclavitud o una redistribución de tierras.
El ejército insurgente de Hidalgo
Hidalgo organizó este ejército improvisado, compuesto principalmente por campesinos y mestizos, conocido como el “Ejército Insurgente”. La voz se corrió y cada vez más personas se unieron al ejército insurgente, cuyo propósito era liberar a la Nueva España del yugo peninsular.
El ejército insurgente de 1810 se caracterizó por su naturaleza heterogénea y su falta de estructura militar formal. En sus inicios, estuvo compuesto principalmente por civiles de diversas ocupaciones y estratos sociales, motivados por un profundo sentimiento de descontento hacia el régimen colonial español.
A pesar de sus limitaciones, el Ejército Insurgente logró movilizar a un gran número de personas y obtener victorias significativas en las primeras etapas de la guerra.
Su principal fortaleza radicaba en el fervor patriótico de sus integrantes y su conocimiento del terreno, lo que les permitía emplear tácticas de guerrilla y aprovechar las debilidades del enemigo.
Las primeras etapas de la lucha armada favorecieron a las tropas revolucionarias a cargo de Hidalgo y Allende. Tomaron San Miguel y Celaya.
Principales acontecimientos de la primera etapa
Toma de la Alhóndiga de Granaditas
La toma de la Alhóndiga de Granaditas tuvo lugar el 28 de septiembre de 1810 en Guanajuato y fue una de las primeras grandes victorias de los insurgentes.
Liderados por Miguel Hidalgo, tomaron el edificio de la Alhóndiga, donde se resguardaban españoles y criollos leales a la Corona. Aunque la batalla fue sangrienta, representó un importante triunfo simbólico para la causa insurgente.
Toma de Valladolid
Durante septiembre y octubre de 1810, los insurgentes tomaron la ciudad de Guanajuato, Valladolid y avanzaron hacia la Ciudad de México.
El 17 de octubre de 1810, las fuerzas insurgentes lideradas por José María Morelos tomaron la ciudad de Valladolid, actualmente conocida como Morelia.
Batalla del Monte de las Cruces
La batalla del Monte de las Cruces tuvo lugar el 30 de octubre de 1810. Cerca de la Ciudad de México, el ejército insurgente, a pesar de su inferioridad numérica y de armamento, logró derrotar a las fuerzas realistas.
Fue una victoria que demostró la capacidad de lucha de los insurgentes y les abrió el camino hacia la capital. Sin embargo, Hidalgo decidió no tomar la ciudad por cuestiones estratégicas; esto generó controversia y debilitó su liderazgo.
Derrota en Aculco
La batalla de Aculco, ocurrida el 7 de noviembre de 1810, fue un duro revés para el ejército insurgente.
Tras la victoria en el Monte de las Cruces, las fuerzas de Hidalgo se encontraban desorganizadas y exhaustas. El ejército realista, bajo el mando de Félix María Calleja, aprovechó esta situación para lanzar un ataque sorpresa en Aculco.
La batalla fue breve pero devastadora para los insurgentes. Esta derrota inició el declive de las fuerzas reunidas por Hidalgo y Allende.
Batalla de Puente de Calderón
La batalla de Puente de Calderón tuvo lugar el 17 de enero de 1811 en Jalisco y fue un punto de inflexión en la primera etapa de la guerra.
A pesar de contar con un mayor número de combatientes, los insurgentes fueron derrotados por el ejército realista, lo que marcó el inicio de su declive.
La primera etapa de la independencia concluyó con la derrota de las fuerzas insurgentes en la batalla de Puente de Calderón en enero de 1811.
Captura y muerte de los primeros líderes insurgentes
Después de la batalla en Puente de Calderón, las fuerzas de Hidalgo estaban devastadas. El ejército insurgente fue derrotado a manos de los hombres de Calleja.
Las fuerzas de las tropas insurgentes capitaneadas por Hidalgo o Allende se habían visto muy mermadas a causa de las últimas batallas y otros líderes revolucionarios se vieron forzados a huir a Aguascalientes y Zacatecas, pero no todos lograron escapar.
Los líderes revolucionarios fueron traicionados y apresados por las tropas realistas para ser llevados hasta Chihuahua. Allí, los líderes fueron interrogados y los que tenían rango religioso, como Hidalgo, fueron desposeídos de su rango como sacerdotes.
Tras escasos días hechos prisioneros, Hidalgo, Allende y el resto de líderes fueron juzgados por un tribunal y sometidos a un Consejo de Guerra y considerados culpables de traición al régimen y de levantamiento armado. Fueron condenados a muerte.
Miguel Hidalgo y Costilla fue capturado y fusilado por soldados realistas en 1811. Su ejecución tuvo lugar el 30 de julio de 1811.
Ignacio Allende fue capturado y ejecutado por los realistas en 1811. Participó en la toma de la Alhóndiga de Granaditas, la batalla del Monte de las Cruces, la toma de Valladolid y la batalla del Puente de Calderón, entre otras.
Ideales y objetivos de la primera etapa
Los ideales de Hidalgo se basaban en la igualdad, la justicia y la defensa de los derechos de los indígenas. Buscaba un México más justo y equitativo, libre de la opresión española.
Campesinos e indígenas acompañaron a Hidalgo para derrocar el sistema político que los defraudaba. Así, se proclamaron como defensores del rey Fernando VII, pero también como contrarios al mal gobierno impuesto en Nueva España.
Estas multitudes buscaron apoderarse de bienes españoles y distribuirlos entre los pobres. El movimiento creció por varios meses, pero su final llegó sin poder tomar el control de la capital del virreinato.
En esta primera etapa coexistieron varias aspiraciones: algunos insurgentes defendían el regreso de Fernando VII, otros reclamaban autonomía para los dirigentes americanos y otros exigían una independencia completa.
Los sectores populares reclamaban mejoras en el reparto de las tierras u otros recursos. A estos reclamos se añadieron la abolición de la esclavitud, el fin de los privilegios de las castas y una mayor igualdad social.
Consecuencias de la primera etapa
La transformación de una protesta en una revolución social
El levantamiento que comenzó con una docena de hombres se convirtió en un movimiento capaz de movilizar poblaciones enteras. Una población de 300 se convirtió en un frente de veinte mil hombres.
La rebelión de los criollos ilustrados se transformó en una revolución social en la que participaron campesinos, mestizos, indígenas, criollos y otros sectores desfavorecidos de la sociedad novohispana.
Aunque las tropas insurgentes fueron derrotadas en Puente de Calderón, la insurrección no desapareció. En 1811, los rebeldes se reorganizaron con un claro objetivo independentista, liderados por figuras como José María Morelos.
La reorganización del movimiento insurgente
Tras la muerte de Hidalgo, José María Morelos pasó a ser uno de los principales líderes de la causa independentista. A partir de 1811, las fuerzas insurgentes se reorganizaron y se concentraron en un fin claro: la independencia de México.
En 1813, Morelos pronunció el discurso Sentimientos de la Nación, que se convirtió en el ideario de esta etapa. Además de plantear el objetivo de la independencia, apuntaba a poner fin a la desigualdad y a organizar un gobierno en el que la soberanía residiera en el pueblo.
La continuidad de las demandas sociales
Desde 1810, el cura Miguel Hidalgo promulgó un bando que ordenaba a los dueños de esclavos que los pusieran en libertad. De lo contrario, podrían sufrir penas y la confiscación de sus bienes.
Fue difícil hacer cumplir estas disposiciones en medio del proceso de independencia, pero la intención siempre estuvo presente. En los Sentimientos de la Nación de 1813, Morelos declaraba: “que la esclavitud se prescriba, lo mismo que el sistema de castas”.
La Constitución de Apatzingán de 1814 declaró que todos los nacidos en América eran ciudadanos en igualdad ante la ley. Una vez concretada la independencia en 1821, se manifestó que todo ciudadano, con base en sus virtudes, podría ocupar cualquier cargo.
La prolongación de la guerra
En 1810 se dio inicio a un gran movimiento social, movimiento que tuvo una duración de 10 años, toda una década, con bajas en el proceso que buscaron y obtuvieron una independencia y crear su propio sistema.
La independencia de México fue el proceso político que posibilitó que la nación mexicana se separase de España, consiguiendo así su libertad y autonomía. El proceso de la independencia se prolongó por 11 años.
Luego de varias etapas de lucha, la independencia se concretó con la firma de los Tratados de Córdoba y la entrada del Ejército Trigarante a la ciudad de México el 27 de septiembre de 1821.
De la primera etapa a la consumación de la independencia
Segunda etapa: organización
La segunda etapa se desarrolló entre 1811 y 1815. José María Morelos tomó las riendas del movimiento. Bajo su liderazgo se llevó a cabo el Congreso de Chilpancingo de 1813 y se sancionó el Decreto Constitucional para la libertad de la América Mexicana de 1814.
La intención del movimiento insurgente era declarar la soberanía del pueblo mexicano, eliminar el sistema de castas y tener un gobierno con división de poderes.
Tercera etapa: resistencia
La tercera etapa se desarrolló entre 1816 y 1820. En este periodo, la lucha independentista estuvo fracturada. Los rebeldes formaron guerrillas de resistencia.
Los líderes inquebrantables de esos años fueron Vicente Guerrero, Guadalupe Victoria y Nicolás Bravo. Los enfrentamientos continuaron principalmente en el sur.
Cuarta etapa: consolidación
En 1820, la formación de un gobierno liberal en España restableció la Constitución de Cádiz y determinó que debía aplicarse en la península y en América.
Las élites aristocráticas y eclesiásticas de Nueva España, que consideraban que la nueva constitución perjudicaba sus intereses, apoyaron entonces la causa independentista.
Así, dirigidos por el insurgente Vicente Guerrero y el antiguo realista Agustín de Iturbide, los rebeldes y algunos antiguos combatientes realistas se unificaron en el Ejército Trigarante, con el objetivo de hacer cumplir el Plan de Iguala de 1821.
En febrero de 1821, se aprobó el Plan de Iguala, los combatientes se reunieron en el Ejército Trigarante y tomaron el control del gobierno. Bajo el estandarte del Ejército Trigarante se acordaba defender la independencia, la religión católica y la unión.
El Acta de Independencia
A medida que el Ejército Trigarante ganaba terreno y adhesiones, el jefe político superior de Nueva España, Juan O’Donojú, aceptó firmar con Iturbide los Tratados de Córdoba, por los que se acordaba el retiro de las tropas españolas y el reconocimiento de la independencia de México.
El 27 de septiembre de 1821 el Ejército Trigarante entró en la Ciudad de México sin encontrar resistencia, por lo que la independencia de México quedó consumada.
El 28 de septiembre de 1821 se firmó el Acta de Independencia del Imperio Mexicano, mediante la cual se declaraba a la nación mexicana “libre e independiente de la antigua España”.
Consecuencias generales de la independencia
Creación del Primer Imperio mexicano
Con la ratificación de los Tratados de Córdoba desapareció el virreinato de Nueva España y se fundó el Primer Imperio mexicano, que existió entre 1821 y 1823.
Este imperio que se conformó como monarquía parlamentaria apenas se logró sostener por dos años. Agustín de Iturbide, el emperador proclamado, perdió apoyo popular y político por sus acciones autoritarias.
En marzo de 1823 Iturbide se vio obligado a abdicar y en 1824 se aprobó una Constitución federal que instauró una república, llamada Estados Unidos Mexicanos.
Inestabilidad política
La separación de España dio lugar a un largo proceso de organización política con el fin de dar estabilidad a la nueva nación. Esto no fue fácil debido a las diferencias ideológicas de los líderes mexicanos.
Por eso fue difícil alcanzar acuerdos y provocó que en el siglo XIX existieran distintos tipos de gobierno. Nada más en los 50 años posteriores a la independencia hubo imperios, repúblicas federales y repúblicas centralistas.
Además, la fragilidad institucional causó que el poder cambiara de manos con frecuencia.
Abolición progresiva del sistema de castas
El proceso independentista condujo al desmantelamiento del régimen estamental de la colonia, conocido como sistema de castas, que distinguía a las personas por su nacimiento, color de piel y origen étnico.
Este cambio instauró la igualdad ante la ley y favoreció las luchas reivindicativas, especialmente entre los sectores más desfavorecidos, que reclamaban una sociedad más justa basada en la igualdad de oportunidades.
No obstante, esta fue una lucha que se prolongó en el tiempo, pues convertir los decretos legales en realidad fue complicado.
Abolición de la esclavitud
La insurgencia independentista se manifestó en contra de la esclavitud que se practicaba en Nueva España. En 1810, Miguel Hidalgo expidió el Decreto contra la esclavitud, las gabelas y el papel sellado, con el propósito de poner fin al régimen social esclavista y a los tributos impuestos a mestizos e indígenas.
En 1813, José María Morelos proclamó en su discurso Sentimientos de la Nación la proscripción de la esclavitud. Sin embargo, esta práctica siguió existiendo hasta que se declaró la independencia y, en 1829, el presidente Vicente Guerrero decretó oficialmente su abolición.
Problemas económicos y sociales
El desorden institucional afectó el crecimiento potencial del país. Por un lado, hubo campos abandonados y faltaron trabajadores para las faenas agrícolas y mineras.
Además, ante la falta de seguridad, la inversión de dinero disminuyó. Esas son razones apuntadas por los economistas para explicar por qué la renta per cápita de México, es decir, la riqueza distribuida entre todos los pobladores, se estancó.
La promesa del reparto económico equitativo y de la igualdad de oportunidades se vio frustrada por el enriquecimiento de las élites locales, que dejaron de rendir cuentas a España pero mantuvieron su posición de poder como dirigentes de la nueva sociedad poscolonial o como grandes propietarios de tierras.
Intentos españoles de reconquista
A pesar de la firma de los Tratados de Córdoba, tanto el rey Fernando VII como las tropas españolas apostadas en San Juan de Ulúa no reconocieron la independencia.
Por eso entre 1821 y 1829 sucedieron varios episodios en los que grupos del ejército español intentaron reconquistar México. El reconocimiento oficial, por parte de la monarquía española, de la independencia de México llegó finalmente con la firma del Tratado Santa María-Calatrava en 1836.

✅La INDEPENDENCIA de MÉXICO en 10 minutos | ¿Cómo se independizó del IMPERIO ESPAÑOL?
tags: #primera #etapa #de #la #independencia