Películas sobre tanques de la Segunda Guerra Mundial

Entre las películas sobre tanques de la Segunda Guerra Mundial destaca Tiger: Tanque de guerra, un drama bélico de Dennis Gansel que sigue a cinco soldados alemanes dentro de un tanque Tigre durante el Frente Oriental en 1943. La película convierte el blindado en un espacio cerrado, sofocante y psicológicamente devastador, donde la supervivencia depende tanto del funcionamiento de la máquina como de la relación entre sus tripulantes.

El cine de tanques no se limita a mostrar enfrentamientos entre vehículos blindados: también explora la obediencia, el miedo, la camaradería, la responsabilidad y la deshumanización de la guerra. Junto a Tiger: Tanque de guerra, otras películas sobre la Segunda Guerra Mundial permiten acercarse al conflicto desde las trincheras, los submarinos, la resistencia, los campos de batalla y las decisiones políticas que determinaron el curso de la historia.

Tiger: Tanque de guerra

TIGER: TANQUE DE GUERRA sigue a la tripulación de cinco hombres de un tanque Tigre alemán en el Frente Oriental en 1943. Dirigida por el teniente Philip Gerkens (David Schütter), la tripulación es enviada a una misión tras las líneas enemigas, arrastrando a Christian Weller (Laurence Rupp), Helmut (Leonard Kunz), Michel (Yoran Leicher) y Keilig (Sebastian Urzendowsky) al combate a medida que las fuerzas soviéticas se acercan.

Es otoño de 1943. Alemania ha perdido importantes batallas en Stalingrado y Kursk, mientras el Ejército Rojo avanza por Ucrania y aumentan los bombardeos sobre las ciudades alemanas. Es en ese momento, en el que la balanza comienza a inclinarse claramente del bando de los Aliados, cuando una tripulación de cinco soldados nazis es enviada a bordo de un tanque Tiger para una misión secreta tras las líneas enemigas.

Dirigida por Dennis Gansel, responsable de la perturbadora La ola, esta producción se sumerge en la realidad de los soldados alemanes dentro de uno de los vehículos blindados más temidos (Era capaz de destruir cualquier tanque aliado a larga distancia) de la Segunda Guerra Mundial. El espectador entra en un universo cerrado y sofocante, donde el interior del tanque se convierte en un mundo propio.

Tripulación dentro de un tanque Tigre alemán

Allí, los cinco protagonistas -interpretados por David Schütter, Sebastian Urzendowsky, Leonard Kurz, Yoran Leicher y Laurecen Rupp- experimentan no solo la amenaza constante del enemigo externo, sino también el peso de sus propios miedos y las secuelas de una guerra que los consume por dentro. La misión, que implica cruzar la línea del frente en el este de Europa para cumplir un objetivo que nadie conoce, ofrece mucho más que escenas de combate.

Pronto, la película muestra cómo el combate más feroz ocurre en el interior de ese carro en el que están obligados a convivir y donde los silencios se vuelven tan ensordecedores como el estruendo de los disparos. El director Dennis Gansel, con experiencia previa en las historias militares gracias a Napola, escuela de élite nazi y la magistral serie Das Boot, construye una atmósfera opresiva en la que la ansiedad y la tensión sustituyen cualquier atisbo de heroísmo.

Los soldados, enfrentados a la brutalidad del frente oriental, se ven empujados al límite, apoyados únicamente por dosis de metanfetaminas que los mantienen en marcha. Una adicción que, poco a poco, los arrastra cada vez más hacia la oscuridad.

La historia sigue la dinámica cambiante de la tripulación y la tensión psicológica de la supervivencia a medida que aumenta la violencia a su alrededor. La película es moralmente compleja de un modo que la hace realmente difícil de ver, en gran parte porque se compromete plenamente a contar una historia de la Segunda Guerra Mundial desde el punto de vista alemán.

Pero Tiger: Tanque de guerra lanza al público directamente al combate desde sus primeros momentos, un inteligente movimiento de dirección de Dennis Gansel que deja poco tiempo para procesar el dilema ético de lo que significa seguir a los soldados nazis como seres humanos. De repente, estás dentro del tanque con ellos, atrapado en el ruido, el miedo y el caos de la supervivencia, y solo más tarde (alrededor del momento en que aparecen los créditos) empiezas a cuestionarte lo que sentías al ver a estos hombres quejarse, bromear, establecer vínculos y mostrar vulnerabilidad.

La película resulta silenciosamente devastadora en la forma en que enmarca la guerra como una lenta erosión del alma, en la que cada día que se sobrevive es solo otro día más cerca de convertirse en un objetivo. Lo que da a la película gran parte de su fuerza es cómo trata al propio tanque Tigre (el título alemán es Der Tiger), una máquina construida para la guerra y el dominio tecnológico, con una sensación de fría fascinación más que de triunfo.

Hay momentos visualmente impactantes, como el tanque moviéndose bajo el agua, que parecen casi sacados de la ciencia ficción por su ingenuidad, especialmente para los espectadores no familiarizados con la historia militar. En sus mejores momentos, la película es tensa, claustrofóbica y psicológicamente rica, anclada en la imponente interpretación de David Schütter como el teniente Philip Gerkens.

La química del conjunto es fuerte, y las escenas cargadas de diálogo en el interior del tanque parecen a menudo una obra de teatro sobre la obediencia y la masculinidad bajo presión. Pero al final la película se debilita a sí misma con un giro final dolorosamente obvio que convierte lo que podría haber sido una profunda metáfora en algo tonto y desinflado.

Es una película antibelicista fascinante, a menudo potente, que coquetea con la grandeza, solo para traicionar su propia seriedad al final. El fenómeno de Der Tiger ha ido creciendo desde su llegada a Prime Video, hasta alcanzar el número uno en España en enero y liderar el ranking global de películas.

Lejos de los tópicos del género, la cinta propone una visión cruda y extremadamente próxima de lo que significaba sobrevivir dentro de un tanque nazi. La propuesta de Gansel no deja indiferente: al final de la película, queda la sensación de haber atravesado, junto a la tripulación, esa frontera difusa entre el deber militar y la lucha interna, donde cada kilómetro recorrido es también un paso más hacia la autodestrucción.

“Una película visceral y escalofriante, imprescindible tanto para los amantes de la tensión histórica como del thriller psicológico”, describe un usuario en la web especializada en series y películas, Rotten Tomatoes. “Transforma la historia de una cruda misión de supervivencia en algo mucho más inquietante y profundo”.

“Esta podría ser la mejor película sobre tanques jamás realizada”, celebra una crítica del periódico británico The Telegraph, donde se destaca tanto la labor de documentación e investigación para reflejar fielmente la vida en el interior de los blindados como para reproducir el propio vehículo en sí.

Datos de Tiger: Tanque de guerra

AspectoInformación
DirectorDennis Gansel
RepartoDavid Schütter, Laurence Rupp, Leonard Kunz, Yoran Leicher, Sebastian Urzendowsky
Duración116 minutes
GéneroDrama bélico
ContextoGuerra: Segunda Guerra Mundial
Valores positivosComunicación, Valentía, Trabajo en equipo
ClasificaciónR

Otras películas imprescindibles sobre la Segunda Guerra Mundial

Enemigo a las puertas

Enemigo a las puertas (Jean-Jacques Annaud, 2001) nos traslada al corazón de la batalla de Stalingrado, el punto de inflexión más sangriento de la Segunda Guerra Mundial, para narrar un conflicto que trasciende de lo internacional. A través de la figura de Vasili Záitsev, el mejor de entre los francotiradores soviéticos, la cinta explora cómo la propaganda es capaz de fabricar héroes para alimentar la moral de un ejército al borde del colapso.

Más allá de la pirotecnia bélica y de sus icónicas secuencias de desembarco en el Volga, la película se sumerge en las sombras de la traición y los celos, recordándonos que en la guerra las personas son, a menudo, meras piezas de un tablero diseñado para no morir antes que el enemigo.

El submarino

El submarino (Das Boot) (Wolfgang Petersen, 1981) es la obra definitiva sobre la guerra submarina y uno de los ejercicios cinematográficos más claustrofóbicos de la historia. A través de la mirada de un joven e ingenuo corresponsal, la cinta nos encierra en el vientre de acero del U-96, transformando el heroísmo épico en una cruda lucha contra el hacinamiento, el moho y el terror invisible de las cargas de profundidad.

Con una puesta en escena que privilegia el sonido sobre la imagen exterior, Petersen logra que el espectador sienta la presión del océano y el crujido del casco como si fueran propios.

Interior claustrofóbico de un submarino U-96

Salvar al soldado Ryan

Salvar al soldado Ryan (Steven Spielberg, 1998) es una de las mejores películas de Steven Spielberg. El director nos traslada a la Francia en guerra, tras el desembarco de Normandía por parte de los Aliados.

Un grupo de militares estadounidenses tendrán la misión de poner a salvo al soldado de nombre James Ryan. Debido a esto, tendrán que poner sus vidas en juego para encontrar dicho hombre, del que únicamente se conoce que ha perdido a tres hermanos en combate y que se lanzó con otro escuadrón de paracaidistas en territorio enemigo.

Esta, ya mítica, película bélica se sitúa entre uno de los grandes imprescindibles de su género, encontrándose también entre las mejores películas de la historia del cine.

Dunkerque

Dunkerque (Christopher Nolan, 2017) se adentra en uno de los escenarios bélicos más trascendentes de la Segunda Guerra Mundial. Aquel acontecido en la costa francesa de Dunkerque.

La cinta sigue desde tierra, mar y aire, el desarrollo de la conocida como Operación Dínamo, mediante la cual se pretendía rescatar a las tropas aliadas que habían quedado atrapadas por el avance de la Alemania Nazi.

La película acerca al espectador a un estado de primerísima primera personal, y le embarca en la asfixiante cadena de sucesos, acompañado por un reducido diálogo y una banda sonora extraordinaria.

La delgada línea roja

La delgada línea roja (Terrence Malik, 1998) nos lleva a las costas del Pacífico, en la Isla de Guadalcanal, en 1942. En pleno desarrollo de la Segunda Guerra Mundial, un grupo de soldados estadounidenses se encuentra en combate con el ejercito japonés por la conquista de una codiciada colina.

La misión de estos hombres es la de sustituir a las fuerzas de la marina ya debilitadas por el combate. Sean Penn encabeza al grupo "C de Charlie" en una misión que terminó por enmarcarse como uno de los mejores títulos de su cinematografía.

Cartas desde Iwo-Jima

Cartas desde Iwo-Jima (Clint Eastwood, 2006) es la cara B complementaria a la también de Clint Eastwood Banderas de nuestros padres. Su visión desde el lado japonés llena de grises sí que sabe ahondar en la dualidad y la crueldad de la guerra.

Llena de escenas poseedoras de una gran poesía en su dureza y violencia, aquí sí que el veterano Eastwood sabe reconocerse en el otro, en el enemigo, manufacturando un alegato antibelicista mucho mejor entendido que el de El francotirador.

El puente sobre el río Kwai

El puente sobre el río Kwai (David Lean, 1957) eleva el cine bélico a la categoría de tragedia shakesperiana en esta monumental obra sobre el honor, el deber y la delgada línea que separa la disciplina de la locura.

Ambientada en la sofocante selva de Tailandia, El puente sobre el río Kwai presenta un duelo psicológico fascinante entre el coronel Saito y el coronel Nicholson. Al transformar la construcción de un puente ferroviario en un símbolo de orgullo y superioridad moral para sus hombres, Nicholson cae en una ironía trágica: colaborar con el enemigo para alcanzar la perfección técnica.

Gracias a ella obtuvo hasta siete Premios Oscar y para muchos es la mejor película de aventuras de la historia del cine.

La gran evasión

La gran evasión (John Sturges, 1963) forma parte de las grandes películas bélicas ambientadas en la Segunda Guerra Mundial y se centra en la resistencia y la supervivencia de los prisioneros de guerra.

Doce del patíbulo

Doce del patíbulo (Robert Aldrich, 1967) rompe con la imagen del soldado impoluto para entregarnos una de las cintas más gamberras, cínicas y electrizantes del género.

Con el mayor Reisman a la cabeza -un Lee Marvin que personifica la insubordinación con una autoridad indiscutible-, la película nos plantea un dilema moral tan turbio como fascinante: ¿pueden los peores desechos de la sociedad convertirse en el arma más eficaz del ejército?

El instante más oscuro

El instante más oscuro (Joe Wright, 2017) introduce al espectador en los acontecimientos políticos que tuvieron lugar tras la llegada como Primer Ministro de Inglaterra a Winston Churchil. La posibilidad de un tratado de paz con las fuerzas imparables que se disponían a asediar casi la totalidad de Europa, el conflicto entre la supervivencia y los ideales se sitúa como eje central de este relato.

Joe Wright pone al mando de la historia a un Gary Oldman brillante, transformado hasta dejarlo prácticamente irreconocible, y que le valió el premio Óscar a mejor interpretación masculina.

El hundimiento

El hundimiento (Oliver Hirschbiegel, 2004) ofrece un enfoque claustrofóbico que nos sumerge al interior del búnker de la Cancillería en el que pasó refugiado Adolf Hitler los últimos días de su vida.

El director Oliver Hirschbiegel tomó su inspiración en dos novelas: El hundimiento de Joachim Fest y Hasta el último momento, las memorias de Traudl Junger, la secretaria de Hitler. De este modo, se mantiene fiel dentro de un marco de hiperrealismo expositivo, acercándose casi a lo que podría considerarse documental sin separarse de su esencia puramente cinematográfica.

Bruno Ganz, protagonista del relato, logra el imponente reto de darle vida al dictador, y sale exitoso realizando una virtuosa mimetización de una de las figuras más conocidas de nuestro tiempo.

Roma, ciudad abierta

Roma, ciudad abierta (Roberto Rossellini, 1945) captura el dolor y la dignidad de un pueblo con la urgencia y la crudeza de una obra fundamental del neorrealismo italiano. Rodada entre las ruinas de la ocupación nazi en Roma, la cinta entrelaza las vidas de ciudadanos comunes -un sacerdote comprometido, un ingeniero comunista y una madre desesperada- que eligen la resistencia frente a la barbarie.

Pese a que se grabó solo unos días después de su liberación, la película fue considerada una fabulación en la que la Historia supera el estadio de la anécdota para convertirse en categoría.

Un condenado a muerte se ha escapado

Un condenado a muerte se ha escapado (Robert Bresson, 1956) muestra que la resistencia francesa no se mide con grandes explosiones, sino con el rascado meticuloso de una cuchara contra la madera.

Basada en las memorias de André Devigny, esta joya del cine despoja al género bélico de todo artificio para centrarse en la pura mecánica de la libertad. El teniente Fontaine, condenado a muerte por el ejército nazi, permanece recluido bajo una rara y profunda intensidad.

Ser o no ser

Ser o no ser (Ernst Lubitsch, 1942) demuestra que la risa puede ser el arma de resistencia más afilada en esta joya de la comedia sofisticada, donde el teatro y la realidad se confunden en una Varsovia asediada.

En lugar de optar por el drama solemne, la película utiliza el enredo y la sátira para ridiculizar la pompa nazi, convirtiendo a una compañía de actores mediocres y egocéntricos en los inesperados salvadores de la inteligencia polaca.

Entre bigotes postizos, declamaciones de Shakespeare y los celos de un Josef Tura más preocupado por sus críticas que por la invasión, la película mantiene un ingenio que no desfallece en ningún momento de su desarrollo.

La vida es bella

La vida es bella (Roberto Benigni, 1997) ofrece un acercamiento sensible a los horrores acontecidos en el Holocausto a manos del régimen nacional-socialista en la Europa en guerra. Es una historia de amor y familia atormentada por la destrucción del odio más atroz.

El relato parte desde 1939, cuando Guido llega a la pequeña población de Arezzo, en la Toscana italiana. Allí enamora a Dora con quien posteriormente tendrá un hijo.

Cuando la invasión se produce, y los tres son enviados a un campo de exterminio, Guido hará todo lo que está en sus manos para conseguir que su hijo crea que se encuentra dentro de un juego.

El optimismo y la sonrisa de Benigni, que también protagoniza la cinta, es el objeto más conmovedor del relato trágico, que marcó historia y le concedió tres premios Oscar.

Masacre: Ven y mira

Masacre. Ven y mira (Elen Klimov, 1985) es un relato incómodo y de carácter antibelicista realizado en la por aquel entonces URSS. La cinta relata los horrores vividos en las hasta 628 aldeas bielorrusas durante la invasión alemana en la Segunda Guerra Mundial.

La crudeza de sus imágenes, narradas a través de la mirada de un niño de 14 años que protagoniza esta historia, pone de manifiesto la verdadera masacre que durante tanto tiempo fue silenciada. Aldeas arrasadas y vidas descompuestas aparecen en uno de los conflictos bélicos más trascendentes del pasado siglo XX.

La tumba de las luciérnagas

La tumba de las luciérnagas (Isao Takahata, 1988) es una película de animación realizada por el reconocido Studio Ghibli que sitúa su acción en Japón, en 1945.

Tras la finalización de la Segunda Guerra Mundial, un niño y su hermana fallecen y se reencuentran transformados en espíritus. De este modo, realizarán un viaje en retrospectiva hacia los eventos sucedidos en el pasado reciente y en cómo los horrores de la guerra marcaron su vida.

La cinta, en la que confluyen la belleza de la animación característica del estudio y la crudeza de las imágenes relatadas, crea un relato conmovedor y que apela directamente al corazón de aquellos que miran.

Ha llegado el águila

Ha llegado el águila (John Sturges, 1976) juega bastante con la ficción, pues estamos ante la adaptación de un best seller de ficción, a pesar de que se conocen y están documentados varios planes nazis para secuestrar o asesinar al primer ministro británico Winston Churchill.

Testamento de John Sturges, Ha llegado el águila es una excelente película con su comando alemán infiltrado en un pueblecito inglés a la espera de dar caza al orondo Winston.

Hasta el último hombre

Hasta el último hombre (Mel Gibson, 2016) es una película llena de rabia, de emotividad, de dolor, de sangre y de heroísmo íntimo.

Un film en el que está hablando de sí mismo: ¿o no es ese objetor de conciencia, vilipendiado y maltratado por sus convicciones religiosas, un alter ego del propio director?

El almirante

El almirante (Andrei Kravchuk, 2008) presenta un biopic del militar Aleksandr Vasilevich, de su ostracismo durante el comunismo y de sus gestas en las diversas guerras mundiales.

En los tiempos del estalinismo más de plomo y sangriento, los films bélicos soviéticos no tuvieron nada que envidiar a los que realizaron los nazis unos pocos años antes para exaltar su régimen y su supremacía sobre los demás ejércitos habidos y por haber.

Cómo elegir una película de guerra

  • Para una experiencia centrada en un tanque: Tiger: Tanque de guerra convierte el blindado en el escenario principal de la acción y del conflicto psicológico.
  • Para una mirada claustrofóbica: El submarino (Das Boot) utiliza el espacio cerrado, el sonido y la presión física para transmitir el terror de la guerra.
  • Para conocer el desembarco aliado: Salvar al soldado Ryan y Dunkerque presentan dos aproximaciones distintas a las operaciones aliadas en Francia.
  • Para una visión antibelicista: Cartas desde Iwo-Jima, La delgada línea roja y Masacre. Ven y mira examinan la crueldad del conflicto desde perspectivas alejadas del heroísmo convencional.
  • Para acercarse a la resistencia: Roma, ciudad abierta, Un condenado a muerte se ha escapado y Ser o no ser muestran distintas formas de oposición a la ocupación nazi.
  • Para comprender el poder y la responsabilidad: El instante más oscuro y El hundimiento sitúan la política y el liderazgo en el centro del relato.

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