Organización Panamericana de la Salud: prevención del suicidio en las Américas

El suicidio es un importante problema de salud pública que aún está rodeado de estigma, mitos y tabúes. En 2021, se estima que 727.000 personas en todo el mundo perdieron la vida por suicidio. Aunque el suicidio es un fenómeno complejo, en gran medida es prevenible.

La Organización Panamericana de la Salud (OPS) trabaja en estrecha colaboración con gobiernos, sociedad civil, sistemas de salud y comunidades de toda la Región de las Américas para prevenir los suicidios. La organización impulsa planes nacionales integrales, intervenciones basadas en evidencia, mejores sistemas de información, atención de salud mental accesible y acciones para reducir el estigma.

Prevención del suicidio en las Américas

Magnitud del problema en la Región de las Américas

Aproximadamente 100.760 personas en la Región de las Américas murieron por suicidio en 2021, con una tasa de mortalidad estandarizada por edad de 9,2 muertes por cada 100.000 habitantes. La Región de las Américas es la única Región de la OMS donde las tasas de suicidio han aumentado.

Norteamérica tuvo la tasa de mortalidad por suicidio más alta en 2021 (13,5 por 100.000 habitantes), mientras que la Región Andina registró la más baja (5,1 por 100.000 habitantes). Existen variaciones significativas en la carga de suicidio entre subregiones y países.

IndicadorDato
Muertes por suicidio en el mundo en 2021727.000 personas
Muertes por suicidio en las Américas en 2021Aproximadamente 100.760 personas
Tasa regional estandarizada por edad9,2 muertes por cada 100.000 habitantes
Tasa más alta entre las subregionesNorteamérica: 13,5 por 100.000 habitantes
Tasa más baja entre las subregionesRegión Andina: 5,1 por 100.000 habitantes
Relación aproximada entre intentos y muertesOcho intentos por cada muerte por suicidio

Por cada muerte por suicidio, se producen aproximadamente ocho intentos de suicidio. Esta proporción es 4,8 veces mayor entre las mujeres que entre los hombres.

Las tasas de mortalidad por suicidio son notablemente más altas en los hombres, con aproximadamente 3,7 muertes masculinas por cada muerte femenina en 2021. De 2000 a 2021, la tasa de mortalidad por suicidio aumentó más bruscamente entre las mujeres (23,1%) que entre los hombres (14,4%).

Las personas de 50 años o más representan la mayor proporción de suicidios en la Región. Cada suicidio es una tragedia que afecta no solo a las personas, sino también a sus familias y comunidades.

Factores relacionados con el suicidio

El suicidio en la Región de las Américas surge de una serie de factores de riesgo interconectados. Los problemas de salud mental -en particular la depresión y el consumo de sustancias- desempeñan un papel central, mientras que el aislamiento social, la discriminación, la violencia y las desigualdades de género aumentan la vulnerabilidad.

Las dificultades económicas, el acceso limitado a servicios de salud mental de calidad y la disponibilidad de medios letales, como armas de fuego o sustancias tóxicas, también agravan el riesgo. Abordar estos factores es esencial para diseñar respuestas que satisfagan tanto las necesidades individuales de salud mental como los determinantes sociales más amplios del suicidio.

El suicidio puede estar vinculado a factores y desafíos sociales, económicos, culturales y psicológicos múltiples, complejos e interrelacionados, incluida la negación de los derechos humanos básicos y el acceso a los recursos, así como acontecimientos vitales estresantes como la pérdida de los medios de vida, las presiones laborales o académicas, ruptura de relaciones y discriminación, entre otros.

En los países de ingresos altos se ha demostrado la relación entre el suicidio y los trastornos mentales, en particular, la depresión y los trastornos por consumo de alcohol, si bien el principal factor de riesgo es, con diferencia, un intento previo de suicidio.

Sin embargo, muchos casos ocurren de forma impulsiva en situaciones de crisis, cuando la persona no se siente capaz de enfrentar factores muy estresantes, como problemas económicos, conflictos de pareja y enfermedades o dolores crónicos.

Además, es un hecho probado que vivir bajo guerras, desastres naturales, sufrir violencia, abusos o la pérdida de un ser querido, o sentirse aislado también son factores que pueden inducir conductas suicidas.

Las tasas de suicidio también son elevadas entre los grupos vulnerables y discriminados, como los refugiados y migrantes, los pueblos indígenas, el colectivo LGTBI y los reclusos.

Intervenciones de la OPS y la OMS

En junio de 2021, la OMS lanzó VIVIR LA VIDA, una guía de implementación con cuatro intervenciones clave para prevenir el suicidio en todo el mundo:

  • Limitar el acceso a los medios para el suicidio.
  • Interactuar con los medios de comunicación para una cobertura responsable del suicidio.
  • Fomentar habilidades socioemocionales en los adolescentes.
  • Identificar, evaluar, manejar y dar seguimiento de manera temprana a cualquier persona afectada por pensamientos y conductas suicidas.

La OMS ha elaborado una guía para prevenir el suicidio denominada Vivir la vida en la que se recomiendan las siguientes intervenciones de eficacia demostrada que se basan en la evidencia: restringir el acceso a los medios utilizados para suicidarse (por ejemplo, plaguicidas, armas de fuego y ciertos medicamentos); educar a los medios de comunicación para que informen con responsabilidad sobre el suicidio; fomentar aptitudes socioemocionales en los adolescentes; y detectar a tiempo, evaluar y tratar a las personas con conductas suicidas, además de hacerles un seguimiento.

Estas medidas se deben acompañar de intervenciones básicas como el análisis de la situación, la colaboración multisectorial, la sensibilización, la creación de capacidad, la financiación, la vigilancia, y el seguimiento y la evaluación.

Limitar el acceso a medios letales

La iniciativa regional comprende trabajar con los gobiernos para restringir el acceso a plaguicidas altamente peligrosos y otros medios letales, un paso demostrado como uno de los más eficaces para prevenir suicidios por autoenvenenamiento.

La prevención del suicidio incluye restringir el acceso a los medios utilizados para suicidarse, como plaguicidas, armas de fuego y ciertos medicamentos. Las medidas de este tipo forman parte de las intervenciones basadas en evidencia promovidas por la OMS y la OPS.

Fortalecer la atención de salud mental

La iniciativa regional busca ampliar el acceso a la atención y proporcionar servicios de salud mental de alta calidad y centrados en la persona, incluidas soluciones digitales, para apoyar a las personas en riesgo y a sus familias.

En el sector de la salud, el suicidio y las autolesiones son también problemas que aborda prioritariamente el Programa de Acción de la OMS para Superar las Brechas en Salud Mental (mhGAP), que proporciona orientaciones técnicas basadas en la evidencia a fin de ampliar la prestación de servicios y la atención en los países para los trastornos mentales, neurológicos y por consumo de sustancias.

La Guía de Intervención para el mhGAP incluye un módulo específico para el suicidio y las autolesiones para ayudar a detectar, evaluar y atender a tiempo a las personas con conductas suicidas, y para hacerles un seguimiento.

Desarrollar habilidades socioemocionales

La promoción de habilidades socioemocionales en adolescentes es una de las cuatro intervenciones centrales de VIVIR LA VIDA. El objetivo es fortalecer recursos personales que permitan afrontar dificultades y buscar apoyo ante situaciones de crisis.

Las iniciativas comunitarias y escolares -como los programas de apoyo entre pares, las campañas de sensibilización y la capacitación de “guardianes” (gatekeepers)- fortalecen los esfuerzos de prevención.

Identificar y acompañar a las personas en riesgo

La identificación, evaluación, manejo y seguimiento tempranos de cualquier persona afectada por pensamientos y conductas suicidas constituyen una intervención esencial de prevención.

Integrar la prevención del suicidio en la atención primaria de salud y aprovechar sistemas sólidos de datos y vigilancia también es fundamental para hacer seguimiento al progreso y orientar eficazmente los recursos.

Iniciativa Regional de Prevención del Suicidio de la OPS

Aprovechando este impulso, la OPS ha lanzado una iniciativa regional de prevención del suicidio de tres años centrada en reducir la mortalidad por suicidio en las Américas, con especial atención a los países que presentan las tasas más altas y en aumento.

La Iniciativa Regional de Prevención del Suicidio, liderada por la OPS, busca reducir la mortalidad por suicidio en las Américas, con especial atención a los países con las tasas más altas.

Basándose en la Guía de Implementación de VIVIR la VIDA de la OMS, la iniciativa promueve intervenciones basadas en la evidencia, como limitar el acceso a los medios de suicidio, fomentar las habilidades socioemocionales en los adolescentes, garantizar una cobertura mediática responsable y fortalecer la identificación temprana, la gestión y el seguimiento de las personas en riesgo.

Mediante la coordinación de esfuerzos entre los sectores de la salud, la educación, el bienestar social, el empleo y la justicia, la iniciativa busca proteger vidas, apoyar a las comunidades y abordar el suicidio como una prioridad urgente de salud pública en la Región.

Cinco áreas estratégicas de trabajo

  1. Fortalecer los planes de prevención del suicidio. Desarrollar y coordinar estrategias y planes de acción multisectoriales basados en evidencia, usando un enfoque de toda la sociedad y garantizando la participación de los sectores de salud, educación, trabajo, medios de comunicación, justicia y comunidad.
  2. Mejorar la vigilancia y el monitoreo. Fortalecer los sistemas de datos sobre autolesiones y suicidio para orientar las intervenciones y seguir los progresos.
  3. Ampliar el acceso a la atención. Proporcionar servicios de salud mental de alta calidad y centrados en la persona, incluidas soluciones digitales, para apoyar a las personas en riesgo y a sus familias.
  4. Abordar los factores de riesgo subyacentes. Enfrentar los determinantes sociales y ambientales de la mala salud mental para reducir la vulnerabilidad y promover el bienestar a lo largo del curso de vida.
  5. Sensibilizar y reducir el estigma. Promover la comprensión pública de la salud mental, la autolesión y el suicidio para mejorar la búsqueda de ayuda y la identificación temprana de personas en riesgo, así como alentar la cobertura responsable de los medios de comunicación para reducir daños y prevenir el contagio.

Planes nacionales y colaboración multisectorial

Se alienta a los países de las Américas a adoptar planes nacionales integrales de prevención del suicidio. Las estrategias basadas en evidencia incluyen restringir el acceso a medios letales, ampliar la atención de salud mental y los servicios de crisis, promover la cobertura responsable de los medios de comunicación y reducir el estigma en torno a la búsqueda de ayuda.

La prevención del suicidio es más eficaz cuando colaboran varios sectores de la sociedad, como los de la salud, la educación, el empleo, la agricultura y la ganadería, la empresa, la justicia, el derecho, las fuerzas del orden, la política y los medios de comunicación.

Estas actividades deben ser amplias e integrales, ya que ningún enfoque puede atajar por sí solo un problema en el que influyen tantos factores.

Reducir la tasa mundial de suicidio en un tercio para 2030 es una meta tanto de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de las Naciones Unidas como del Plan de Acción Mundial de Salud Mental de la OMS.

En el marco de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), la Meta 3.4 busca reducir en un tercio la mortalidad prematura por enfermedades no transmisibles para 2030, al tiempo que promueve la salud mental y el bienestar. La mortalidad por suicidio (indicador 3.4.2) sigue siendo una medida clave de los resultados.

Sobre la base del Plan Estratégico 2020-2025, la OPS ha adoptado la “Estrategia para Mejorar la Salud Mental y la Prevención del Suicidio en la Región de las Américas (2024-2030)” para ayudar a los Estados Miembros a ampliar los esfuerzos de prevención.

Despenalización del suicidio y de los intentos de suicidio

El suicidio y los intentos de suicidio están tipificados como delito en las leyes de al menos 23 países de todo el mundo y los intentos de suicidio siguen siendo castigados activamente en algunos de ellos.

La criminalización del suicidio perpetúa un entorno que fomenta la culpa hacia las personas que intentan suicidarse y disuade a las personas de buscar ayuda oportuna por temor a las repercusiones legales y al estigma.

Basándose en las experiencias de países que recientemente han despenalizado el suicidio y los intentos de suicidio, incluidos Guyana, Pakistán y Singapur, el informe de políticas de la OMS sobre los aspectos sanitarios de la despenalización del suicidio y los intentos de suicidio establece recomendaciones para los responsables de formulación de políticas, legisladores y otros tomadores de decisiones que están considerando reformas en esta área.

Las recomendaciones clave se centran en el desarrollo de estrategias nacionales de prevención del suicidio; presupuestar la capacitación “posterior a la despenalización” para los socorristas de primera línea; establecer servicios de salud mental comunitarios y orientados a los derechos; formular nuevas leyes y políticas relacionadas con la salud mental que promuevan la atención de calidad y los derechos de las personas con problemas de salud mental y discapacidades psicosociales.

El informe de políticas también establece cómo la despenalización salva vidas al reducir el estigma y la vergüenza asociados con el suicidio y promover un entorno donde las personas se sienten capaces de buscar ayuda; permitir una mejor recopilación de datos sobre suicidio e intentos de suicidio que puedan informar mejor las intervenciones apropiadas; y aumentando las oportunidades de sensibilización y promoción en torno a la prevención del suicidio.

Información responsable sobre el suicidio

La cuarta edición de Prevención del suicidio: un recurso para profesionales de los medios, elaborado en colaboración con la Asociación Internacional para la Prevención del Suicidio, resume la evidencia actual sobre el impacto de la información sobre el suicidio en los medios y proporciona orientación práctica para los profesionales de los medios sobre cómo informar sobre el suicidio de manera responsable.

Existe evidencia abrumadora de que los medios de comunicación pueden desempeñar un papel importante ya sea para fortalecer o socavar los esfuerzos de prevención del suicidio.

Por ejemplo, la evidencia muestra que las personas vulnerables -como aquellas con antecedentes de intentos o pensamientos suicidas, o aquellas expuestas al suicidio- tienen un mayor riesgo de involucrarse en comportamientos imitativos después de informes de suicidio en los medios, particularmente si la cobertura es extensa, prominente, sensacionalista, describe explícitamente el método del suicidio, hace que el suicidio parezca normal o perpetúa mitos muy difundidos sobre el suicidio.

El recurso ofrece orientación sobre cómo garantizar que los informes sobre el suicidio sean precisos, responsables y apropiados. También destaca la creciente evidencia de que los informes centrados en la supervivencia y la resiliencia pueden conducir a conductas imitativas positivas y contribuir a la prevención del suicidio.

También proporciona orientación sobre cómo informar historias sobre recuperación y bienestar mental y emocional.

Estigma, tabúes y búsqueda de ayuda

La estigmatización, especialmente en torno a los trastornos mentales y el suicidio, disuade de buscar ayuda a muchas personas que piensan en quitarse la vida o tratan de hacerlo y, por lo tanto, les impide recibir la ayuda que necesitan.

La prevención del suicidio no se ha abordado debidamente a causa de la falta de sensibilización sobre su importancia para la salud pública y del tabú existente en muchas sociedades que impide hablar abiertamente sobre este tema.

Hasta la fecha, solo unos pocos países han incluido la prevención del suicidio entre las prioridades de sus políticas de salud y solo 38 han notificado que cuentan con una estrategia nacional específica de prevención.

Es importante aumentar la sensibilidad de la sociedad y superar los tabús para que los países avancen en la prevención del suicidio.

Datos, vigilancia y evaluación

La disponibilidad y la calidad de los datos sobre el suicidio y las conductas autolesivas son insuficientes en todo el mundo. Solo unos 80 Estados Miembros de la OMS disponen de datos del registro civil de calidad que se pueden utilizar directamente para estimar las tasas de suicidio.

Aunque la escasa calidad de los datos sobre mortalidad no es exclusiva del suicidio, la notificación insuficiente y la clasificación errónea de los casos de suicidio son, probablemente, más comunes que con otras causas de defunción debido a la estigmatización e incluso a la ilegalidad del suicidio en algunos países.

Para prevenir eficazmente el suicidio es preciso intensificar la vigilancia y el seguimiento de los casos tanto de suicidio como de los actos autolesivos.

Las diferencias entre los países en cuanto a los patrones, la evolución de las tasas y las características de los suicidios, así como a los métodos utilizados, ponen de relieve la necesidad de que cada país mejore la integridad y la calidad de sus datos y la rapidez con que se obtienen.

Con ese fin, se deben hacer constar los suicidios en los registros civiles y las conductas autolesivas en los registros hospitalarios, y se han de realizar estudios nacionales representativos que recopilen información sobre esas conductas notificadas por la propia persona.

Respuesta internacional y recursos técnicos

La urgencia de actuar para prevenir los suicidios ha sido reconocida y priorizada al más alto nivel. La reducción de la tasa de suicidios es un indicador de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas -el único relativo a la salud mental-, el Programa General de Trabajo de la OMS y el Plan de Acción Integral sobre Salud Mental 2013-2030 de la OMS.

En 2014, la OMS publicó su primer informe mundial sobre esta cuestión, titulado Prevención del suicidio: un imperativo global, con objeto de aumentar la sensibilización respecto de la relevancia del suicidio y los intentos de suicidio como problemas de salud pública, así como de priorizar al máximo su prevención en los programas mundiales de salud pública.

Además, con este informe se procuró alentar y ayudar a los países a elaborar o reforzar estrategias integrales de prevención del suicidio en el marco de un enfoque multisectorial de la salud pública.

En 2021, la OMS publicó el documento Vivir la vida. Guía de aplicación para la prevención del suicidio en los países.

También se han publicado los siguientes recursos complementarios para ayudar a aplicar las cuatro intervenciones clave de la guía Vivir la vida: el folleto de 2024 sobre Prevención del suicidio mediante la eliminación progresiva de los plaguicidas altamente peligrosos para contribuir a limitar el acceso a uno de los medios empleados; la actualización publicada en 2023 del documento Prevención del suicidio: un recurso para profesionales de los medios de comunicación para informar con responsabilidad sobre el suicidio, y un conjunto de instrumentos para ayudar a los adolescentes a prosperar, que fomenta las habilidades socioemocionales para la vida entre los jóvenes.

Día Mundial para la Prevención del Suicidio

El Día Mundial para la Prevención del Suicidio fue establecido en 2003 por la Asociación Internacional para la Prevención del Suicidio junto con la Organización Mundial de la Salud (OMS).

La jornada, que se celebra el 10 de septiembre de cada año, tiene como objetivo centrar la atención en el problema, reducir el estigma asociado a él y crear conciencia entre las organizaciones, gobiernos y el público, dando el mensaje singular de que el suicidio puede prevenirse.

«Creando esperanza a través de la acción» es el tema trienal del Día Mundial para la Prevención del Suicidio de 2021-2023. Este tema sirve como una poderosa llamada a la acción y como recordatorio de que hay una alternativa al suicidio y de que a través de nuestras acciones podemos alentar la esperanza y fortalecer la prevención.

Creando esperanza a través de la acción podemos decir a las personas con pensamientos suicidas que hay esperanza y que nos preocupamos por ellos y queremos apoyarlos.

El lema también indica que nuestras acciones, sin importar su escala, pueden brindar esperanza a aquellos que lo están pasando mal. Por último, sirve como recordatorio de que la prevención del suicidio es una prioridad de salud pública y de que se requieren medidas urgentes para reducir las tasas de mortalidad por esta causa.

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La OMS seguirá trabajando con sus asociados para ayudar a los países a adoptar medidas concretas en este sentido.

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