Tras la Segunda Guerra Mundial, Europa quedó devastada, con millones de muertos, ciudades destruidas, economías paralizadas y grandes desplazamientos de población. El continente fue reorganizado bajo la influencia de dos nuevas superpotencias, Estados Unidos y la Unión Soviética, que dividieron Europa en dos grandes bloques ideológicos enfrentados.
Las conferencias de Yalta y Potsdam decidieron el reparto de Alemania, las nuevas fronteras del continente y los primeros pasos hacia la paz. Sin embargo, aquellos acuerdos también sembraron las semillas de nuevas tensiones que conducirían a la Guerra Fría y a la división política de Europa durante varias décadas.

Europa en 1945: destrucción y nuevo equilibrio internacional
La Segunda Guerra Mundial (1939-1945) supuso uno de los mayores desastres de la historia de la humanidad. Europa, que fue el escenario principal del conflicto, quedó arrasada a nivel material y humano. Ciudades enteras fueron destruidas por los bombardeos, todas las fábricas, la red de transporte e infraestructuras quedaron inutilizadas.
A ello se sumó la pérdida de decenas de millones de vidas humanas, tanto militares como civiles, incluidos los millones de víctimas que dejó el Holocausto. Al terminar la Segunda Guerra Mundial en el año 1945, Europa se encontraba completamente destruida, con millones de muertos, ciudades completamente arrasadas y economías paralizadas.
Fue un momento de crisis total, pero también de reflexión profunda sobre lo que estaba sucediendo y sobre cómo se iba a afrontar el futuro. Las potencias vencedoras se reunieron para reorganizar el continente y evitar futuros conflictos y, en ese contexto, surgieron las primeras ideas de cooperación entre países.
Bombardeos aéreos, invasiones por tierra, mar y aire, batallas campales, asedios, enfrentamientos cuerpo a cuerpo, el hundimiento de flotas enteras provocado por potentes torpedos -sobre todo los lanzados por los temibles submarinos alemanes U-Boot- fueron algunos de los escenarios bélicos de una contienda que cambiaría para siempre el orden mundial.
El final de la guerra y la rendición de Alemania
El 8 de mayo de 1945, tras meses de intensos combates y el avance imparable de las tropas aliadas desde el oeste y del Ejército Rojo desde el este, Alemania firmaba su rendición incondicional, poniendo fin a la Segunda Guerra Mundial en Europa.
La sangrienta Batalla de Berlín fue la última gran batalla que tuvo lugar en Europa durante la Segunda Guerra Mundial. Comenzó el 16 de abril de 1945, tras el inicio de una gran ofensiva de la Unión Soviética sobre la ciudad que era la capital del Tercer Reich, y finalizó el 2 de mayo de 1945, cuando los defensores alemanes se vieron obligados a rendir la ciudad al Ejército Rojo.
El 30 de abril de ese mismo año, Adolf Hitler se suicidó en su búnker junto con su esposa Eva Braun y algunos de sus altos cargos y seguidores más incondicionales.
Yalta y Potsdam: la reorganización de Europa
En este contexto se celebraron dos conferencias fundamentales para el futuro inmediato de Europa: la Conferencia de Yalta en febrero de 1945 y la Conferencia de Potsdam en julio-agosto de 1945. En ellas los líderes de las potencias vencedoras -Roosevelt, Churchill o Attlee y Stalin- decidieron el reparto de Alemania, las nuevas fronteras del continente y los primeros pasos que había que dar hacia la paz.
La partición de Alemania, inicialmente concebida en la conferencia de Yalta como una solución temporal para evitar una recuperación rápida del poder militar y político alemán, acabaría sentando las bases de la división política de Europa durante la Guerra Fría, por las tensiones en aumento entre los Aliados en la posguerra.
Aunque estos acuerdos intentaron ordenar toda la etapa de la posguerra, también sembraron las semillas de nuevas tensiones que conducirían a la Guerra Fría. A nivel político el viejo equilibrio europeo desapareció y las grandes potencias europeas que eran, entre otras, Francia y Reino Unido, salieron debilitadas, mientras que dos nuevas potencias, Estados Unidos y la Unión Soviética, empezaron a dominar el panorama.
La división de Alemania en cuatro zonas de ocupación
Se iniciaba así una nueva etapa en la historia de Alemania, marcada por una difícil posguerra y una división de su territorio -revertido a las fronteras de 1937- entre las potencias victoriosas: la zona este bajo control soviético; Estados Unidos en el sur y sureste, entre el río Meno y los Alpes bávaros; Reino Unido al noroeste, desde el Elba y a lo largo del bajo Rin; y la zona francesa del suroeste, en la región fronteriza con Alsacia y Lorena.
| Zona de ocupación | Potencia administradora | Área principal |
|---|---|---|
| Zona oriental | Unión Soviética | Este de Alemania |
| Zona meridional y suroriental | Estados Unidos | Entre el río Meno y los Alpes bávaros |
| Zona noroccidental | Reino Unido | Desde el Elba y a lo largo del bajo Rin |
| Zona suroccidental | Francia | Región fronteriza con Alsacia y Lorena |
Además, dos pequeños enclaves dentro de la zona británica quedaron bajo control estadounidense: la ciudad de Bremen y su puerto marítimo, Bremerhaven, tras la petición de Estados Unidos de contar con un acceso propio al mar.
A su vez, la capital, Berlín, que caía en la zona soviética, quedaba también dividida en cuatro zonas de control. La división de Alemania y de Berlín reflejaba la creciente desconfianza entre las potencias vencedoras, aunque inicialmente se presentó como una fórmula temporal de administración.
El Sarre y los cambios territoriales en Alemania
En el sector francés, el protectorado de Sarre era un enclave diferente al resto. Este pequeño territorio tuvo, desde el Tratado de Versalles y el fin de la I Guerra Mundial, un estatus especial como territorio administrado por la Sociedad de Naciones.
Se encontraba separado temporalmente de Alemania debido a su importancia estratégica y económica, principalmente por sus minas de carbón. En 1935, tras un plebiscito, el Sarre se reincorporó a Alemania, lo que se convirtió en una de las primeras operaciones territoriales del Tercer Reich.
Sin embargo, tras la Segunda Guerra Mundial, y bajo la ocupación de las fuerzas aliadas, la zona pasó a estar bajo control francés. En 1947 se estableció el protectorado del Sarre, con una administración autónoma pero dependiente de Francia.
Fue solo en 1957, tras un acuerdo entre Francia y la República Federal Alemana, cuando el Sarre se reincorporó definitivamente a Alemania, poniendo fin a su estatus especial.
De las zonas de ocupación a los dos Estados alemanes
La división inicial de Alemania en cuatro zonas de ocupación no duró demasiado. En 1947, Estados Unidos y el Reino Unido integraron sus territorios en la llamada Bizona, a la que poco después se sumó Francia -aunque con reservas ante una posible reunificación alemana-.
A partir de ese momento comenzaron a sentarse las bases de un nuevo Estado liberal en el oeste de Alemania, con reformas políticas y económicas que contradecían las aspiraciones soviéticas. La fractura entre las potencias vencedoras reflejaba ya las dos visiones opuestas que se imponían en Europa.
| Estado | Zona política | Territorios principales | Centro de poder |
|---|---|---|---|
| República Democrática Alemana | Socialista, bajo influencia soviética | Brandeburgo, Sajonia, Sajonia-Anhalt, Turingia, Mecklemburgo-Pomerania Occidental | Berlín oriental |
| República Federal Alemana | Occidental, liberal y capitalista | Renania del Norte-Westfalia, Hesse, Renania-Palatinado, Baden, Württemberg, Baviera, Schleswig-Holstein, Baja Sajonia, Bremen y Hamburgo | Bonn |
En 1949 se crearon dos Estados alemanes: la República Democrática Alemana (RDA), un ente socialista bajo influencia soviética que se extendía por los estados de Brandeburgo, Sajonia, Sajonia-Anhalt, Turingia, Mecklemburgo-Pomerania Occidental y con el centro de mando en Berlín oriental; y la República Federal Alemana (RFA) del oeste, que abarcaba los estados de Renania del Norte-Westfalia, Hesse, Renania-Palatinado, Baden, Württemberg, Baviera, Schleswig-Holstein, Baja Sajonia, Bremen y Hamburgo y con capital provisional en Bonn.
El bloqueo de Berlín y el puente aéreo
Esta tensión terminó desembocando en el bloqueo soviético de Berlín en junio de 1948: la URSS, contraria a los planes occidentales, clausuró todos los accesos terrestres a Berlín occidental.
Sin embargo, durante casi un año los Aliados lograron mantener la conexión con la ciudad gracias a un puente aéreo que abasteció a la población mediante miles de vuelos, operados a través de tres aeropuertos: Tempelhof, situado en el sector estadounidense; Gatow, en el sector británico; y Tegel, construido durante el bloqueo en el sector francés para aumentar la capacidad de suministro.
Tras la creación de los dos Estados, Berlín mantuvo su división, aunque era posible pasar de un sector a otro a través de distintos puntos de control. Sin embargo, esta situación causó un grave problema para la RDA: miles de personas emigraban desde el este al oeste aprovechando que Berlín occidental era una «isla» capitalista dentro del bloque socialista.
Para frenar estos flujos, en agosto de 1961 se ordenó finalmente la construcción del famoso Muro de Berlín, el gran símbolo de la división de Alemania y de la Guerra Fría. Solo era posible cruzar con permiso por limitados pasos fronterizos, el más famoso de ellos el Checkpoint Charlie.

La formación de los bloques europeo occidental y oriental
Ambas potencias impusieron su influencia sobre Europa occidental y oriental respectivamente, dividiendo al continente en dos grandes bloques ideológicos enfrentados. Por un lado, el bloque capitalista occidental, que estaba liderado por EE. UU., y el bloque comunista oriental, que estaba liderado por la URSS.
La reconstrucción capitalista impulsada por el Plan Marshall se enfrentó al afán de Stalin por asegurar su influencia mediante la creación de estados socialistas en Europa del Este. Frente a la amenaza soviética, el presidente de los Estados Unidos, Truman, puso en práctica una política de contención del comunismo y propuso, en junio de 1947, una ayuda financiera para acelerar la reconstrucción y la estabilización de Europa.
Dieciséis países aceptaron la ayuda del Plan Marshall, mientras que la URSS obligó a sus países satélites a rechazarla. La ilusión de un mundo democrático y pacífico se vio rápidamente defraudada.
La guerra fría que atenazaba Europa no tardó en oponer a dos bloques antagonistas encabezados por la URSS y los Estados Unidos. La parte occidental de Europa, democrática y capitalista, se integró en el bando atlantista representado militarmente por la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), y la parte oriental, totalitaria y socialista, lo hizo en el bando soviético, militarmente estructurado por el Pacto de Varsovia.
Del Báltico al Mediterráneo se yergue una «cortina de hierro». Esta línea de división no fue únicamente militar, sino también política, económica e ideológica.
La expansión de los gobiernos comunistas en Europa oriental
Terminado el conflicto, el Ejército Rojo estaba presente en los países de Europa central. Stalin, en una posición inmejorable, llevó a cabo una política expansionista y sostuvo a los partidos comunistas que no tardaron en adueñarse del poder.
| Año | País o territorio |
|---|---|
| 1945 | Yugoslavia |
| 1946 | Bulgaria y Albania |
| 1947 | Polonia y Rumanía |
| 1948 | Checoslovaquia |
| 1949 | Hungría y República Democrática Alemana |
En Grecia, por el contrario, la guerra civil que enfrentó a la rebelión comunista con el poder monárquico terminó con la victoria de este último. El caso griego mostró que la división política de Europa no fue completamente uniforme y que el resultado de la posguerra dependió también de las guerras civiles y de las decisiones de las potencias vencedoras.
Las consecuencias humanas: refugiados y personas desplazadas
Las consecuencias sociales también fueron significativas. Millones de personas se desplazaron forzosamente a través de las fronteras para huir de la guerra, por ser expulsados o por ser soldados y prisioneros.
A esto se añadieron otros problemas como la escasez de alimentos, el racionamiento, la pobreza y la desmoralización general de la población europea. La reorganización territorial del continente estuvo acompañada por una crisis humanitaria de enormes dimensiones.
Mientras las tropas aliadas atravesaban Europa en una serie de ofensivas contra la Alemania nazi, se encontraron con y liberaron prisioneros de los campos de concentración. Muchos de los prisioneros habían sobrevivido las marchas de la muerte hacia el interior de Alemania.
Después de ser liberados, la mayoría de los judíos no podían o no querían volver a la Europa oriental por el antisemitismo y la destrucción de sus comunidades durante el Holocausto. Muchos de los que volvieron temían por sus vidas.
Muchos de los sobrevivientes del Holocausto que no tenían a dónde ir emigraron hacia el oeste, a territorios liberados por los aliados. Eran alojados en campos de refugiados mientras esperaban irse de Europa.
Los campos para personas desplazadas
Tras la Segunda Guerra Mundial, varios cientos de miles de sobrevivientes judíos permanecían en campos para personas desplazadas. Los aliados establecieron dichos campos en la Alemania ocupada por ellos, Austria e Italia para los refugiados a la espera de abandonar Europa.
| Territorio | Cantidad de judíos desplazados a fines de 1946 |
|---|---|
| Alemania | 185.000 |
| Austria | 45.000 |
| Italia | 20.000 |
| Total | 250.000 |
A fines de 1946, la cantidad de judíos desplazados se calculaba en 250.000, de los cuales 185.000 estaban en Alemania, 45.000 en Austria y 20.000 en Italia.
La mayoría de los desplazados judíos preferían emigrar a Palestina, pero muchos también buscaban entrar en los Estados Unidos. Decidieron permanecer en los campos de personas desplazadas hasta que pudieran irse de Europa.
La mayoría de los desplazados judíos eran refugiados de Polonia, muchos de los cuales habían escapado de los alemanes hacia el interior de la Unión Soviética durante la guerra. Otros desplazados judíos provenían de Checoslovaquia, Hungría y Rumania.

Las fronteras de Europa oriental después de 1945
La Segunda Guerra Mundial modificó especialmente las fronteras alemanas, polacas y soviéticas. La presencia del Ejército Rojo y la instalación de gobiernos comunistas alteraron tanto el mapa político como la orientación internacional de los países de Europa central y oriental.
El mapa europeo de la posguerra no puede entenderse únicamente como una sucesión de cambios territoriales. La influencia soviética creó una zona política relativamente homogénea en el este, mientras que los países occidentales quedaron vinculados a la reconstrucción económica y a la cooperación política impulsadas por Estados Unidos.
La nueva división se superpuso a los cambios fronterizos producidos después de la Primera Guerra Mundial. En aquel momento, el Imperio otomano y el austrohúngaro habían sido desmantelados, el Imperio ruso había entrado en guerra civil y habían nacido muchas democracias inestables en pequeños Estados jóvenes, con importantes minorías turcas, rusas y alemanas.
Los cambios fronterizos respecto a la Europa de 1914 fueron importantes: Francia recuperó Alsacia y Lorena; Italia se hizo con el Tirol meridional; Polonia renació a costa de territorio austriaco, ruso y alemán; Rumanía se anexionó buena parte del territorio húngaro; Serbia se hizo con una parte importante del territorio austrohúngaro, además de Montenegro, lo que daría lugar a Yugoslavia.
Grecia tomó el sur de Bulgaria y partes de Turquía, aunque después perdió estas últimas; Austria y Hungría se separaron; nació Checoslovaquia, además de una serie de breves repúblicas en el antiguo Imperio ruso que acabarían siendo anexionadas por la URSS, con la excepción de Finlandia.
La Segunda Guerra Mundial volvió a modificar aquel mapa y consolidó una nueva relación de fuerzas. Otros dos eventos cambiarían de nuevo el mapa europeo: la Segunda Guerra Mundial, que modificó las fronteras alemanas, polacas y soviéticas, y el fin del bloque soviético con la caída del Muro de Berlín, al que siguió la descomposición de la URSS, Yugoslavia y Checoslovaquia, y la reunificación de Alemania.
La reconstrucción y el nacimiento de la cooperación europea
Pero no todo fue ruina, ya que también surgió una nueva conciencia política basada en la necesidad de evitar que algo así volviera a suceder. Muchos líderes entendieron que los nacionalismos y el aislamiento de los países habían sido las raíces del conflicto.
Por ello, se empezó a plantear una nueva forma de organizar Europa, basada en la cooperación, la reconstrucción económica común y el respeto mutuo. Al oeste, con el fin de evitar cualquier veleidad de retorno a la guerra entre sí y para hacer frente al peligro comunista, seis países -República Federal Alemana, Francia, Italia, Bélgica, Luxemburgo y Países Bajos- fundaron en 1951 la Comunidad Europea del Carbón y del Acero (CECA).
Más tarde, en 1957, firmaron en Roma un tratado que creó un mercado común, la Comunidad Económica Europea (CEE). La integración económica occidental fue una respuesta a la destrucción de la guerra y una forma de reducir la posibilidad de nuevos enfrentamientos entre los Estados europeos.
En 1973 tuvo lugar la primera ampliación de esta Comunidad Económica, a la cual se unieron el Reino Unido, Irlanda y Dinamarca. El fin del régimen de los coroneles en Grecia en 1974, la «Revolución de los claveles» en Portugal el mismo año y la muerte de Franco en España el año siguiente marcaron la desaparición de las dictaduras de extrema derecha del continente y la democratización de la Europa meridional.
La CEE fue integrando gradualmente a estas nuevas democracias del sur: Grecia se adhirió en 1981, España y Portugal en 1986.
La Europa del Telón de Acero y el final de la división
Durante el periodo de la Guerra Fría, el deseo de las democracias populares de emanciparse de la tutela de la URSS se tradujo en una serie de crisis que sacudieron fuertemente el bloque de países del este.
Tras un rebrote de tensión entre los dos bloques a partir de 1975, el bando soviético quedó bastante debilitado a causa de sus fracasos económicos. Mijaíl Gorbachov llegó al poder en la URSS en 1985 y trató entonces de reformar el sistema comunista, pero las reformas aceleraron su descomposición y estimularon la voluntad de emancipación de los pueblos de Europa del este.
Los regímenes comunistas fueron derrocados, la mayor parte de las veces de manera pacífica entre 1989 y 1990: en Polonia, en Alemania del este -donde el Muro de Berlín cayó el 9 de noviembre de 1989-, en Hungría, en Checoslovaquia, y de forma un poco más confusa en Rumanía y Bulgaria.
En noviembre de 1990 tuvo lugar la reunificación de Alemania. Finalmente, la caída del comunismo en la URSS en diciembre de 1991 ratificó el fin de la Guerra Fría y de la división de Europa.
La historia del Muro de Berlín (un mundo dividido)
Transformaciones posteriores del mapa europeo
La caída del Muro de Berlín modificó profundamente el equilibrio creado después de 1945. A la reunificación alemana siguieron la descomposición de la Unión Soviética, Yugoslavia y Checoslovaquia, con la aparición de nuevos Estados y la transformación de las fronteras políticas del continente.
La Europa que había quedado dividida en dos grandes bloques después de la Segunda Guerra Mundial comenzó a reorganizarse mediante procesos de democratización, independencia y cooperación regional. La desaparición del bloque soviético puso fin a la estructura política que había definido el mapa europeo durante la Guerra Fría.
El mapa de Europa tras la Segunda Guerra Mundial fue, por tanto, el resultado de tres procesos relacionados: la ocupación y división de Alemania, la expansión de la influencia soviética en Europa oriental y la reconstrucción política y económica de Europa occidental. La crisis humanitaria, los desplazamientos de población y la destrucción material completaron la transformación del continente.