Maíz en la champiñón de exposición: hongos, aflatoxinas y control de la contaminación

La presencia de hongos en el maíz expuesto a condiciones de humedad, calor, sequía, daños por insectos o almacenamiento deficiente puede reducir la calidad del grano y favorecer la producción de micotoxinas. Entre los principales hongos asociados se encuentran Aspergillus, Fusarium y Penicillium, aunque la observación visible del moho no confirma por sí sola la presencia de toxinas.

Las aflatoxinas son metabolitos secundarios producidos principalmente por Aspergillus flavus y Aspergillus parasiticus. Son sustancias mutágenas y cancerígenas que pueden afectar a las personas y a los animales, por lo que el maíz con sospecha de contaminación debe muestrearse correctamente, analizarse en laboratorio y mantenerse separado hasta conocer los resultados.

Hongos asociados al maíz y riesgo de micotoxinas

Las micotoxinas son compuestos químicos producidos de forma natural por una serie de hongos, especialmente Aspergillus, Penicillium, Fusarium y Alternaria. Dichos hongos atacan forrajes o pastos, cereales, leguminosas, frutos secos, frutas y hortalizas.

Por tratarse de metabolitos secundarios, su producción depende de la temperatura y la humedad, por lo que en estas zonas se forman tanto en el cultivo en campo como durante la recolección, el transporte y almacenamiento. Hasta el momento se han identificado más de 400 micotoxinas en diversos cereales, semillas oleaginosas, granos de café y frutos secos, entre otros alimentos.

Las detectadas con mayor frecuencia son las aflatoxinas, deoxinivalenol, fumonisinas y zearalenona. En el caso del maíz destacan los géneros Aspergillus, Fusarium y Penicillium, mismos que ocasionan efectos nocivos en el cultivo y en los consumidores del grano.

Los tres géneros presentan especies productoras de micotoxinas: en Aspergillus son comunes las aflatoxinas, principalmente las B1, M1 y G1; en Fusarium son importantes las fumonisinas, zearalenona y los tricotecenos, entre otras; mientras que en Penicillium destacan la síntesis de la patulina, la citrina y la ocratoxina A.

Granos de maíz con crecimiento de Aspergillus

Qué son las aflatoxinas

Las aflatoxinas son un grupo de sustancias químicas, específicamente metabolitos secundarios del grupo Bis-furano-isocumarina, producidas por ciertos mohos como son Aspergillus flavus y Aspergillus parasiticus; estos hongos pueden reconocerse por su color verde olivo o gris verdoso, respectivamente, se presentan sobre los granos de maíz, ya sea en campo o en el almacenamiento.

Las Aflatoxinas (AF) se ligan al ADN, ARN y proteínas formando aductos AFB1-ADN que se acumulan por años y dañan desde los virus hasta el hombre. A pesar de que las aflatoxinas no son producidas de manera automática, cada vez que se presenta el moho en el grano de maíz, el riesgo de contaminación por estas toxinas es superior en granos de maíz con una mayor presencia de moho comparado con los granos que tienen menor presencia.

Las aflatoxinas son producidas principalmente por Aspergillus flavus y A. parasiticus; son unas de las toxinas más peligrosas, habiéndose demostrado que el consumo repetido de dosis bajas tiene efecto mutagénico, teratogénico y cancerígeno en animales, además de ser letales a dosis altas.

La aflatoxina más abundante, es decir la Aflatoxina B1, es un carcinógeno. Lo anterior plantea un problema de salud humana, debido a que esta aflatoxina puede aparecer en la leche de las vacas lecheras alimentadas con maíz contaminado.

Condiciones que favorecen la contaminación

Las aflatoxinas son perjudiciales e incluso mortales para el ganado, además de considerarse sustancias cancerígenas tanto para animales como humanos. En el Medio Oeste, los niveles de aflatoxinas son más altos durante los veranos cálidos y secos, debido a que las condiciones principales para la producción de las aflatoxinas son noches cálidas (> 21 ° C) durante las últimas etapas de llenado del grano (agosto/ septiembre) en un período de sequía.

En Iowa, los problemas asociados con Aspergillus y aflatoxinas son más comunes en los años cálidos y secos. El hongo puede sobrevivir en residuos de cultivos y en el suelo, produciendo abundante cantidad de esporas durante la temporada de crecimiento del cultivo.

La infección del maíz por A. flavus y el consiguiente desarrollo de la enfermedad son favorecidos por las condiciones ambientales secas y cálidas (> 30°C) en la etapa de polinización y durante el llenado de grano. Los estigmas de maíz que presentan un color amarillo-marrón son los más susceptibles a la infección.

Los daños por insectos, granizo, sequía y heladas tempranas exponen a los granos de maíz a una infección. Los insectos actúan como vectores, ayudando a propagar el hongo dentro de las mazorcas.

La aflatoxina es un metabolito secundario que es producido por A. flavus bajo ciertas condiciones de sequía y altas temperaturas (26.5 a 40.5 °C), durante el llenado del grano son los factores más comunes asociados a la producción de aflatoxinas antes de la cosecha.

Así mismo, noches cálidas (>21°C) pueden también incrementar el riesgo de contaminación por aflatoxinas. De igual manera la producción de toxinas depende de la humedad y temperatura del grano.

CondiciónRelación con el riesgo
Noches cálidas> 21°C; incrementan el riesgo durante el llenado del grano.
Temperatura favorable25 a 35 ° C; la producción puede ocurrir entre 11°C y 40° C.
Sequía y calorFavorecen la infección y la producción de aflatoxinas.
Humedad del granoLa producción es más alta entre 20 y 18 % de humedad y se detiene alrededor de 15 %.

La producción de aflatoxinas es más alta cuando el grano tiene de 20 a 18 % de humedad y se detiene cuando alcanza alrededor de 15 % de humedad. El rango de temperatura óptima para favorecer la producción de aflatoxinas es 25 a 35 ° C, aunque la producción puede ocurrir en rango más amplio de temperaturas (11°C a 40° C).

Daños visibles en la mazorca y el grano

La pudrición de la mazorca puede aparecer en el campo o durante el almacenamiento. El color verde olivo del moho polvoriento es característico de la pudrición de la mazorca asociada con Aspergillus.

La clave para prevenir la pudrición de mazorca y problemas de moho en el almacenamiento, es detectarlos en etapas tempranas, en el campo y en el almacén.

Los granos dañados son más susceptibles a la infección por hongos presentes en el almacenamiento que aquellos que están intactos. Los restos de granos y polvo que se acumulan desde el almacenamiento de grano de la temporada anterior son frecuentemente una fuente de contaminación.

Podredumbre de mazorca causada por Aspergillus

Otros hongos toxigénicos del maíz

Además de Aspergillus, el maíz puede presentar especies de Fusarium y Penicillium capaces de producir otras micotoxinas. Los efectos en el corto y largo plazo después del consumo de micotoxinas se traducen en desórdenes fisiológicos, citotóxicos e inmunosupresivos; así como por sus efectos teratogénicos, mutágenos y cancerígenos.

En el norte de Tamaulipas, en maíz blanco y amarillo almacenado, el género Aspergillus presentó la mayor incidencia, mientras que Fusarium fue el más frecuente en campo.

SituaciónGénero con mayor incidencia
Maíz almacenado en el norte de TamaulipasAspergillus
Maíz cultivado en campo en el norte de TamaulipasFusarium

Fusarium verticillioides y fumonisina B1

Fusarium verticillioides es un hongo muy común en los suelos agrícolas y especialmente en los cultivos de maíz. Puede comportarse como un inofensivo habitante interno de la planta (endófito), pero también puede volverse patógeno y provocar enfermedades como la podredumbre del tallo y de las espigas.

Además, produce fumonisina B1 (FB1), una toxina que contamina los granos y representa un riesgo para la salud humana y animal. De hecho, se calcula que las pérdidas por este hongo pueden llegar al 30% o incluso más en zonas severamente afectadas.

Investigadores descubren que una proteína epigenética regula el crecimiento, la capacidad de infección y la producción de toxinas del hongo Fusarium verticillioides, una amenaza silenciosa para los cultivos de maíz.

La epigenética es el conjunto de mecanismos que regulan la actividad de los genes sin modificar la secuencia del ADN. Es decir, no cambia la «letra» del genoma, pero sí decide qué genes se activan y cuáles se mantienen apagados.

En una investigación reciente, un equipo de científicas y científicos de Argentina y España, del cual participaron especialistas del IMBIV, CONICET-UNC, identificó en Fusarium verticillioides una proteína de la familia HP1 (proteína heterocromatina 1), a la que llamaron FvHP1.

Sin FvHP1, el hongo creció más lentamente, produjo menos esporas y perdió gran parte de su capacidad para infectar plantas de maíz. Las semillas tratadas con el hongo mutante crecieron igual que las no infectadas, y las lesiones en las hojas fueron mucho menores.

Además, el hongo sin FvHP1 produjo mucha menos FB1, lo que demostraría que la proteína es un regulador positivo de la producción de esta toxina: cuando está presente, los genes responsables de fabricar fumonisina están activos; cuando falta, esos genes se silencian o se expresan menos.

Resultados observados en Tamaulipas

Cincuenta y cuatro muestras de maíz amarillo y 43 con grano blanco se colectaron en 2005 en seis almacenes de Díaz Ordaz, Reynosa y Río Bravo, Tamaulipas, México.

En almacén, en maíz amarillo se observó 50.3% de incidencia de Aspergillus, 5.5 de Fusarium y 15.9 de Penicillium; mientras que en maíz blanco fue 44.6, 6 y 10.4%, respectivamente.

En campo, los maíces amarillos mostraron mayor presencia de Aspergillus (3.1%), Fusarium (76.9%) y Penicillium (11.6%) que los maíces blancos (2.4, 63.6 y 7.9%, respectivamente).

Origen del granoTipo de maízAspergillusFusariumPenicillium
AlmacénAmarillo50.3%5.5%15.9%
AlmacénBlanco44.6%6%10.4%
CampoAmarillo3.1%76.9%11.6%
CampoBlanco2.4%63.6%7.9%

Consecuencias para la salud humana y animal

Las aflatoxinas son compuestos muy potentes que causan una variedad de problemas en la salud humana y animal. En raras ocasiones el ganado puede morir a causa de la ingesta de alimento contaminado con aflatoxinas.

También se ha registrado la muerte en distintas ocasiones de mascotas relacionadas con la ingesta de aflatoxinas en los últimos 20 años. Comúnmente, la aflatoxina reduce la eficiencia en la conversión alimenticia y reproducción del ganado, además de suprimir el sistema inmune de los animales, lo que lleva a la aparición más frecuente de enfermedades infecciosas.

En humanos y animales, el riesgo de contaminación radica en que pueden causar intoxicaciones agudas. En el caso menos grave provocan náuseas o diarrea, y en el peor causan hepatitis aguda, disfunción renal e incluso la muerte.

También genera intoxicaciones crónicas que pueden afectar el hígado, los riñones, el sistema nervioso y el sistema inmune. La expresión y gravedad de los efectos tóxicos depende de la dosis ingerida, del grado de exposición, del tipo de micotoxina, y de la edad y el estado nutricional del individuo que consume alimentos contaminados.

La preocupación también alcanza a los productos derivados, porque las micotoxinas pueden mantenerse en la cadena alimentaria. Como son resistentes al calor, una vez producidas por el hongo no se pueden eliminar de la mazorca ni de los productos derivados del maíz.

Importancia del estado nutricional del cultivo

Un buen estado nutricional y sanitario, altos niveles de nitrógeno y la ausencia de patógenos son condiciones clave para su producción y comercialización.

De una manera similar a lo que ocurre en las personas, el buen estado nutricional de un cultivo le brinda menor susceptibilidad ante las enfermedades. Con este fin, se evalúan diversas prácticas agronómicas, mejoradoras de la nutrición de las plantas y su estatus sanitario.

El nitrógeno en maíz es considerado un macronutriente, ya que su déficit provoca una menor tasa de crecimiento y expansión foliar reduciendo la captación de la radiación y el rendimiento final. Además, una planta con buenos niveles de este nutriente permite una buena condición sanitaria, con baja presencia de patógenos.

La investigación llevada a cabo por el INTA y la UNSL evaluó la presencia del hongo en plantas de maíz, con diferentes dosis de nitrógeno. El estudio se realizó en un ensayo de respuesta del cultivo de maíz ante dosis variables de un fertilizante nitrogenado (urea) aplicado al voleo en estado fenológico V6, con 3 tratamientos (0, 46 y 92 kg N/ha) y 3 repeticiones.

Tratamiento nitrogenadoColonias de Fusarium
0 kg N/ha66.6%
46 kg N/ha26.6%
92 kg N/ha6.6%

Los resultados obtenidos indican que aún en semillas asintomáticas existe un alto nivel de infección con Fusarium sp., lo que implica un riesgo considerable de contaminación con micotoxinas, tanto en el grano como en productos derivados.

Por otra parte, la presencia del patógeno es mayor en plantas de maíz sin fertilización nitrogenada y el aumento de dosis de N en el cultivo favorece la sanidad de las plantas.

De manera indirecta, se podría mejorar la oferta nutricional que cada planta del cultivo puede disponer, disminuyendo la densidad de siembra y así bajar el efecto de competencia intra-específica.

Cómo tomar una muestra para determinar aflatoxinas

Las aflatoxinas se producen de manera desuniforme a través de una gran cantidad de granos, localizándolas usualmente en un área reducida. Por lo anterior, la mejor manera de determinar dichas toxinas es mediante la formación de una muestra compuesta, la cual consiste en sub-muestras tomadas en cada parte de la carga, compartimento o unidad de maíz.

El número de granos contaminados en una muestra, así como el nivel de contaminación de los mismos puede variar ampliamente; por tanto, se presentará una variabilidad considerable en las muestras, haciendo necesario utilizar métodos que minimicen dicha variabilidad.

El procedimiento recomendado consiste en tomar varias sub-muestras durante el flujo de grano o muestra en tránsito, posteriormente se combinan las muestras simples para obtener una muestra compuesta de al menos 5 kg.

Lugar o situaciónProcedimiento de muestreo
Flujo de granoTomar varias sub-muestras y combinarlas en una muestra compuesta de al menos 5 kg.
Contenedores almacenadosTomar 5 muestras del perímetro y una muestra del centro por cada 2 m de altura del contenedor.
CamionesSondear el grano en el trayecto de transporte y colectar al menos 2.5 kg por camión.
CampoTomar de 10 a 30 muestras dentro de cada campo.
Superficie agrícolaColectar una muestra de 2.5 a 5 kg por cada 2 hectáreas.

Una alternativa es tomar la muestra por medio de una sonda de profundidad en contenedores de granos almacenados (5 muestras del perímetro y una muestra del centro por cada 2 m de altura del contenedor).

El grano de maíz en camiones puede ser sondeado en el mismo trayecto de transporte para colectar muestras de al menos 2.5 kg por camión. En campo, se puede hacer una muestra compuesta de un terreno o tomar a cada terreno como una sub-muestra.

Los campos varían con respecto a su historial de cultivos, prácticas culturales, fechas de siembra, tipo de suelo o el híbrido que se emplea, llegando a diferir enormemente en la vulnerabilidad a las aflatoxinas, por lo que se necesita de 10 a 30 muestras dentro de cada campo.

Para llegar a la misma frecuencia que la prueba realizada en los granos transportados en camiones, se debe colectar una muestra (2.5 a 5 kg) por cada 2 hectáreas.

Conservación y transporte de las muestras

Las muestras deben ser secadas hasta que tengan 12 o 14 % de humedad para prevenir el desarrollo de aflatoxinas durante el transporte o almacenamiento; sin embargo, muestras con alta humedad deben ser congeladas y enviadas al laboratorio en ese estado.

Las muestras secas mantienen mejor su calidad si son transportadas en recipientes con tela o bolsas de papel. La división de las muestras de 2.5 a 5 kg antes de la molienda es una importante fuente error, encontrando que los niveles de aflatoxinas detectadas en sub muestras tomadas antes de moler la muestra resultan frecuentemente con bajos niveles, aunque pueden existir ocasionalmente detecciones con niveles muy elevados.

Métodos para detectar aflatoxinas

Inspección con luz ultravioleta

La luz negra, también llamada luz ultravioleta, es una prueba preliminar rápida, que consiste en una inspección visual captando la presencia de fluorescencia oro verdoso bajo la luz con longitud de onda de 365 nm (nanómetros), dicho color se observa igual que una luciérnaga e indica la presencia de un ácido que se produce por crecimiento activo de A. flavus en el grano.

Sin embargo, recordemos que esto es una prueba de detección inicial para determinar la presencia del hongo y NO de la toxina, además los resultados deben ser verificados por un análisis de laboratorio.

Si hay menos de ocho partículas fluorescentes por muestra de 2.5 kg, no garantiza que esta esté libre de aflatoxinas, pero tampoco es seguro que la misma muestra desencadene futuros brotes.

Los granos que presenten partículas brillantes no están necesariamente contaminados con aflatoxinas. A pesar de ello, ensayos indican que las muestras podrían necesitar más pruebas de determinación, aunque es potencialmente una clasificación inicial rápida para el manejo del grano.

Kits comerciales e inmunoensayo

Los kits de pruebas comerciales emplean técnicas de inmunoensayo o ELISA para pruebas in situ para la detección de aflatoxinas. El análisis de inmunoensayo se basa en la detección de proteínas específicas que se encuentran en las aflatoxinas utilizando anticuerpos para la identificación de estas proteínas.

Algunas de estas técnicas de detección sólo determinan su presencia o ausencia, otras solo pueden cuantificar dentro de un rango la cantidad de aflatoxinas presentes, por lo que si una gran cantidad de granos de maíz es rechazada en base a resultados derivados de la prueba de un kit de inmunoensayo, esta muestra deberá someterse a un análisis de laboratorio, donde serán confirmados los resultados.

Es importante que el total de la muestra de 2.5 a 5 kg sea macerada antes de tomar la pequeña sub muestra para la realización de la prueba del kit, debido a que esto reduce el error de muestreo, aunque se puede asumir un error general de 25 - 40 % en cualquier resultado para aflatoxinas.

Análisis de laboratorio

Los laboratorios utilizan múltiples procedimientos de detección tales como cromatografía en capa fina, mini columnas, cromatografía de gases o espectroscopia de masas para la determinación niveles de aflatoxinas, dichos procedimientos son altamente precisos y cuantitativos.

El laboratorio debe de macerar la muestra de maíz antes de tomar sub muestras para la realización del análisis. La determinación de aflatoxinas puede realizarse mediante ELISA, que permite determinar concentraciones exactas de la toxina en partes por billón (ng/g).

La detección se realizó mediante la amplificación de los fragmentos de PCR utilizando cebadores de los genes implicados en la biosíntesis de cada micotoxina y una cuantificación mediante el análisis cuantitativo ELISA empleando kits Veratox de Neogen para cada micotoxina, técnica que permite analizar un gran número de muestras con alta precisión en los resultados.

Regulación del contenido de aflatoxinas

La FDA (Food and Drug Administration) ha establecido un “nivel de acción” de 0.02 ppm de aflatoxinas en maíz para el comercio interestatal. A partir de este nivel las agencias federales pueden tomar medidas, incluso pueden incautar el grano o prohibir su venta.

Las empresas almacenadoras de granos no reciben granos con niveles de 0.02 ppm o superiores de aflatoxinas, a menos que tengan conocimiento del uso de estos granos con esos niveles particulares de aflatoxina.

Cabe señalar que incluso un solo grano altamente contaminado en una muestra de 2.5 kg, podría resultar en niveles mayores de 0.02 ppm de aflatoxinas.

Uso previstoNiveles de aflatoxina (ppm)
LecheNo detectable
Maíz uso desconocido< 0.02
Maíz para Vaquilla< 0.02
Maíz para ganado lechero< 0.02
Maíz para cría Ganado de carne, cerdos y aves de corral< 0.1
Maíz para cerdos de acabado< 0.2
Maíz para ganado de ceba< 0.3

La FDA posee una normativa para el uso de grano contaminado en la alimentación de ganado. Esta normativa se basa en el mantenimiento del desempeño y prevención de enfermedades relacionadas con las aflatoxinas, a excepción del ganado lechero, donde la preocupación principal es prevenir residuos de estas toxinas en la leche, de igual manera en caso del alimento para mascotas, ya que perros y gatos poseen una alta sensibilidad a las aflatoxinas.

En México sólo se cuenta con la norma NOM-188-SSA1-2002 para la regulación del contenido de aflatoxinas totales en cereales de origen nacional o importado para el consumo humano y animal.

Sin embargo, en dicha norma no se considera que las aflatoxinas presentan diferente toxicidad, y además, que los cereales pueden estar contaminados por otras micotoxinas.

Prevención en el campo

Las siguientes prácticas pueden reducir el riesgo de la contaminación por aflatoxinas en el grano:

Control de plagas

El barrenador europeo del maíz y el gusano elotero dañan a la mazorca, lo que permite la entrada del hongo al tejido, provocando la infección.

Monitoreo del cultivo

La detección temprana puede prevenir grandes pérdidas y evitar con ello una crisis. Para esto se debe obtener información especializada sobre la incidencia potencial de los patógenos en el área.

Se debe monitorear la pudrición de la mazorca causada por Aspergillus desde que se forma el grano hasta la cosecha en 5 o hasta 10 lugares dentro del campo de cultivo, dichos lugares serán donde las plantas de maíz sean detectadas con un mayor estrés.

En cada lugar se pelan 10 mazorcas y se inspecciona si existe la presencia de moho polvoriento de color verde olivo, el cual es característico de la pudrición de la mazorca.

Si la presencia de la enfermedad es mayor al 10 %, será necesario programar una cosecha temprana. Si se cosecha prematuramente debido a la presencia de pudrición de la mazorca por Aspergillus se debe colectar una muestra de acuerdo a lo descrito en párrafos anteriores y se envía a un laboratorio para el análisis de aflatoxinas.

Cosecha temprana y separación del grano

El cargamento de maíz del que se extrajo la muestra deberá almacenarse en un lugar separado hasta que se conozca los resultados del análisis, posteriormente los granos se dispondrán apropiadamente de acuerdo a los niveles de aflatoxinas resultantes.

Todo el grano de maíz que proviene de campos que se cosecharon de forma temprana deberá ser secado y enfriado inmediatamente para evitar una mayor producción de toxinas.

Reducción del daño durante la cosecha

Ajustar la cosechadora para minimizar el daño al grano. Los granos dañados son más susceptibles a la infección por hongos presentes en el almacenamiento que aquellos que están intactos.

Prevención durante el almacenamiento

Mantener limpios los contenedores y equipos de manipulación antes del almacenamiento. Los restos de granos y polvo que se acumulan desde el almacenamiento de grano de la temporada anterior son frecuentemente una fuente de contaminación.

Después de la cosecha, el maíz limpio debe mantenerse a 16 o 17 % de humedad durante el invierno. El maíz que presenta moho debe secarse inmediatamente a 15 % de humedad o menos.

Conservar el grano húmedo, incluso por un corto período de tiempo puede permitir el desarrollo significativo de moho y micotoxinas. En caso de tener que almacenar por un largo tiempo durante el verano, los granos de maíz deberán de secarse hasta 14 % de humedad.

Para los granos de maíz con moho visible no es adecuado su almacenamiento a largo plazo.

Cómo almacenar maíz y girasol

Hongos en harina de maíz precocida

En harina de maíz precocida distribuida en el estado Aragua, Venezuela, los contajes de hongos oscilaron entre 1,79 a 4,7 x10 UFC de hongos/g de muestra, encontrándose por debajo del nivel establecido por la Norma Covenin 1337-90 de 104 UFC/g de harina.

Las especies fúngicas identificadas fueron: Aspergillus spp., A. flavus, A. niger, A. terreus y Penicillium spp.

Los contenidos de aflatoxinas cumplieron con el nivel de tolerancia permitido para el maíz (20 ng/g). La marca de harina integral presentó la mayor incidencia de hongos; estos resultados coincidieron con los reportados por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) en 1993 para harina de maíz precocida integral.

Las harinas con mayor proporción de germen y concha, integrales, se caracterizan por presentar alta contaminación fúngica. Sin embargo, la presencia de A. flavus en todas las muestras de harinas es relevante, ya que esta especie es capaz de producir aflatoxinas y representa un riesgo para la salud pública y animal.

Importancia del muestreo y del análisis

Las aflatoxinas se producen dentro de los granos de maíz; por tanto, su presencia cuantitativa sólo puede ser determinada a través de una prueba analítica muy específica, debido a que los niveles de aflatoxinas varían de grano a grano, así como por el muestreo de la carga o la cantidad de granos dentro de cada muestra.

El muestreo suele ser el paso más crítico para determinar los niveles de aflatoxinas. Una muestra pequeña, mal distribuida o dividida antes de moler puede no representar la contaminación real del lote.

La formación de una muestra compuesta, la molienda completa de la muestra y la confirmación mediante análisis de laboratorio son medidas esenciales para reducir la incertidumbre y evitar decisiones basadas únicamente en la apariencia del grano o en una prueba preliminar.

La identificación y caracterización de hongos toxigénicos y la evaluación oportuna de las micotoxinas permiten desarrollar y fortalecer las diferentes estrategias de prevención, control y vigilancia de estos contaminantes que garantizan la calidad e inocuidad del maíz y los productos derivados destinados al consumo humano y animal.

tags: #maiz #en #la #champion #de #espocicion