Votar es un derecho que hoy no se cuestiona, pero durante siglos las mujeres no pudieron hacerlo. El camino hacia el sufragio femenino fue largo y desigual en todo el mundo, y supuso una lucha encarnizada por la igualdad.
El primer país en reconocer el voto femenino fue Nueva Zelanda, el 19 de septiembre de 1893, gracias al movimiento liderado por Kate Sheppard. Sin embargo, el sufragio no fue pleno hasta 1919, cuando las neozelandesas pudieron también presentarse a las elecciones; la primera parlamentaria en llegar a la cámara fue Elizabeth McCombs, en 1933.

El origen de la lucha por el voto de las mujeres
Ya en 1791, en la ‘Declaración de los derechos de la mujer y de la ciudadana’, Olympe de Gouges reclamó para las mujeres los mismos derechos políticos que tenían los hombres, entre ellos, el voto. En 1793, en plena Revolución Francesa, fue llevada ante el tribunal revolucionario sin poder disponer de abogado. Se defendió en un juicio sumario que la condenó a muerte por sus ideas.
Aunque ya habían pasado varias independencias y revoluciones, las mujeres seguían sin votar. Aunque no lo creas, había quienes pensaban que ellas no entendían eso y que no lo necesitaban, pero fue gracias a dos mujeres: Olympe de Gouges en Francia y Mary Wollstonecraft de Inglaterra, que se escribió por primera vez sobre la necesidad de que mujeres y hombres fueran tratados por igual.
Pronto sus ideas viajaron por el mundo e inspiraron a otras mujeres para exigir su derecho a la ciudadanía, libertad y justicia. Todo empieza con un sueño y, entonces las mujeres soñaron que podían votar.
Se dice que fue en 1848 cuando nació el movimiento sufragista de manera formal con el ‘Manifiesto de Seneca Falls’, la primera convención por los derechos de la mujer en Estados Unidos. El documento central de la convención, la Declaración de Sentimientos, se inspiró en la Declaración de Independencia del país y proclamó que "todos los hombres y mujeres son creados iguales".
Entre sus demandas más destacadas estaba el derecho al voto, una idea radical para su tiempo, que encendió el movimiento sufragista y alentó debates internacionales sobre los derechos de las mujeres.
Nueva Zelanda, el primer país con sufragio femenino
El primer país en conceder el derecho de voto a las mujeres fue Nueva Zelanda, el 19 de septiembre de 1893. La Petición de 1893 por el derecho al voto de las mujeres condujo a que Nueva Zelandia fuera el primer Estado autónomo del mundo donde las mujeres conquistaron el derecho de sufragio.
Fue firmada por casi una cuarta parte de la población adulta de sexo femenino, y en su época constituyó la mayor petición de esa clase suscrita en Nueva Zelandia y otros países occidentales.
El primer país en reconocer el voto femenino fue Nueva Zelanda, el 19 de septiembre de 1893, gracias al movimiento liderado por Kate Sheppard. Sin embargo, el sufragio no fue pleno hasta 1919, cuando las neozelandesas pudieron también presentarse a las elecciones; la primera parlamentaria en llegar a la cámara fue Elizabeth McCombs, en 1933.
| País | Momento de reconocimiento del voto femenino | Alcance inicial o evolución |
|---|---|---|
| Nueva Zelanda | 19 de septiembre de 1893 | Las mujeres pudieron presentarse a las elecciones desde 1919. |
| Australia | 1902 | Ni a mujeres ni a hombres aborígenes se les permitía votar. |
| Finlandia | 1906 | Fue el primer país del mundo que permitió a las mujeres ser elegidas al Parlamento. |
| Noruega | 1913 | Reconocimiento del sufragio femenino. |
| Dinamarca | 1915 | Reconocimiento del sufragio femenino. |
| Unión Soviética | 1917 | Reconocimiento del sufragio femenino. |
| Reino Unido | 1918 | Solo aquellas mayores de 30 años y que cumpliesen con ciertos requisitos mínimos de propiedad pudieron votar por primera vez. |
Las sufragistas británicas y la conquista del sufragio
En la lucha por el voto femenino, el papel de las sufragistas británicas fue histórico. No fue un camino fácil: fueron ninguneadas por ser revolucionarias, por defender sus derechos e intentar crear un mundo más justo e igualitario.
Sufrieron ataques, recibieron insultos por la calle y fueron apedreadas por manifestarse. La prensa tampoco se lo puso fácil y, en un principio, la palabra “suffragettes” se utilizó de manera despectiva.
Sus actos fueron boicoteados y muchas mujeres sufrieron violencia y detenciones arbitrarias por sus protestas e ideas. “Nosotras, mujeres sufragistas, tenemos la misión más grande que el mundo haya conocido: liberar a la mitad de la raza humana y, a través de esa libertad, salvar al resto”, declaró Emmeline Pankhurst, una de las principales activistas británicas.
En esta conquista destacan los nombres de sufragistas británicas como Emmeline Pankhurst, Emily Davison, Millicent Fawcett, Mary Richardson, Maud Watts y Annie Kenney; estadounidenses como Elizabeth Cady Stanton, Alice Stokes, Lucy Burns y Sojourner Truth; la mítica Olympe de Gouges en Francia; la uruguaya Paulina Luisi, o la española Clara Campoamor, entre muchas otras.

Marion Wallace Dunlop fue en 1909 la primera sufragista que se declaró en huelga de hambre tras ser detenida por grabar la Declaración de Derechos Británica en un muro del Parlamento. Soportó 91 horas de ayuno hasta que fue liberada por su delicado estado de salud.
Muchas sufragistas siguieron su ejemplo y en prisión fueron alimentadas a la fuerza, algo que hoy en día se considera una forma de tortura. La sonda con la que intentaban introducirles alimentos dañaba su nariz, garganta, tráquea y pulmones poniendo en riesgo su salud.
Ante la conmoción popular por estas torturas, en 1913 se aprobó la ‘Cat and Mouse Act’ o “Ley del gato y el ratón”. Según esta norma, las presas sufragistas tenían que ser puestas en libertad cuando su estado de salud empeoraba o si se encontraban muy débiles.
Una vez recuperadas físicamente eran detenidas e ingresadas en prisión de nuevo. Con este cruel “juego” las sufragistas se convirtieron en el ratón que era liberado durante un tiempo por el gato, las autoridades, para luego volver a ser atrapado.
“Me forzaron a abrir la boca insertando sus dedos, cortándome las encías y el interior de mis mejillas. Cuando estaba loca de dolor me metieron dos grandes mordazas”, relató la sufragista Mary Richardson tras su paso por prisión.
Emmeline Pankhurst, presidenta de la Women's Social and Political Union, fue arrestada y puesta en libertad en varias ocasiones. “[La prisión de Holloway] se convirtió en un lugar de horror y tormento con escenas repugnantes de violencia a cualquier hora, ya que los médicos iban de celda en celda desempeñando su terrible oficio", declaró.
Otra de las sufragistas británicas más conocidas, Emily Davison, fue arrestada nueve veces y alimentada a la fuerza en más de 40 ocasiones. Fue atropellada en el hipódromo de Epsom durante una protesta cuando intentó colgar una cinta sufragista al caballo del rey Jorge V.
Murió días después a causa de las heridas sufridas. El fin de estas torturas, detenciones arbitrarias y violencias llegó con la Primera Guerra Mundial cuando Jorge V amnistió a las sufragistas por una cuestión, se piensa, meramente práctica: las mujeres debían sustituir laboralmente a los hombres que iban a la guerra.
El objetivo final de las sufragistas británicas, el derecho al voto de las mujeres, llegó un poco antes del fin de la Primera Guerra Mundial, en 1918, aunque en una versión reducida. Solo aquellas mayores de 30 años y que cumpliesen con ciertos requisitos mínimos de propiedad en Reino Unido pudieron votar por primera vez.
Diez años más tarde, este derecho se extendió a las mayores de 21 años.
La expansión mundial del sufragio femenino
Australia lo hizo en 1902, aunque ni a mujeres ni a hombres aborígenes se les permitía votar. Sus pasos fueron seguidos por Finlandia (1906), primer país del mundo que permitió a las mujeres ser elegidas al Parlamento, Noruega (1913), Dinamarca (1915), la Unión Soviética (1917) y el Reino Unido (1918).
En Estados Unidos el sufragio femenino se consiguió en 1920 para las mujeres blancas; las mujeres negras no pudieron votar en igualdad de condiciones hasta 1965-1967, tras la aprobación de la Ley de Derecho al Voto y la eliminación de las prácticas discriminatorias.
En África, Zimbabwe y Kenia reconocieron el sufragio femenino en 1919. Y, en América Latina, Uruguay fue el primer país en reconocer el sufragio femenino, con un plebiscito en 1927, aunque el voto pleno se consolidó a nivel nacional algunos años después.
La extensión del voto a las mujeres fue motivo de debate desde la década de 1920. Sin embargo, la oposición de los partidos anticlericales y de izquierda, debido a la tendencia conservadora del electorado femenino, retardó por varias décadas más la concesión de ese derecho.
Como dato curioso, en Suiza las mujeres lograron el derecho al voto en las elecciones federales de 1971, mucho después que en la mayoría de los países occidentales. Pero lo realmente sorprendente es que, en el cantón de Appenzell Innerrhoden, las mujeres no pudieron votar en elecciones locales hasta 1990.
Este retraso se debió a la resistencia del cantón, que argumentaba que su tradición política y cultural no contemplaba la participación femenina en el ámbito electoral. Finalmente, fue necesario que el Tribunal Federal suizo interviniera y declarara que la exclusión de las mujeres era inconstitucional.
Este episodio convirtió a Suiza, y particularmente a Appenzell Innerrhoden, en un ejemplo emblemático de resistencia al cambio en materia de igualdad de género, en claro contraste con su reputación de democracia avanzada.
El último país en aprobar este derecho fundamental de las mujeres fue Arabia Saudí, en 2015. El rey Abdalá permitió, además, que las mujeres pudieran presentarse como candidatas a las elecciones municipales y ser designadas miembros del Consejo de la Shura, el órgano que asesora a la monarquía.
Sin embargo, este anuncio no supuso un gran avance real debido al sistema de tutela masculina, que limita gravemente sus derechos en la vida pública y privada. A día de hoy, las mujeres siguen sufriendo una discriminación generalizada y siguen siendo tratadas como ciudadanas de segunda en asuntos como el matrimonio, el divorcio, la custodia de hijos e hijas y la herencia.
Las primeras mujeres en votar en México
En México nos atrevimos a soñar. Laureana Wright, fue una mexicana impulsora de la igualdad entre mujeres y hombres durante la Revolución.
Para hacerse escuchar, creó una revista llamada Violetas del Anáhuac, la hizo con la ilusión de motivar a otras mexicanas a participar en la vida pública de aquella época. De esta revista nacieron otros periódicos donde las mujeres mexicanas siguieron expresando su voz, e intercambiando ideas a favor de la igualdad.
En 1886, nació Hermila Galindo, una mujer mexicana considerada como una de las más brillantes de su época. Un día cuando paseaba por la plaza de su pueblo, escuchó a un hombre que hablaba de luchar por un país donde no hubiera pobreza e injusticias.
Emocionada por esas palabras, decidió irse a la Ciudad de México, ahí realizó muchas actividades para convencer a más mexicanas de que si luchaban con ella, sus derechos serían reconocidos y podrían tener una vida mejor.
1923 fue el año en que las mujeres votaron por primera vez, aunque sólo pudieron hacerlo quienes vivían en Yucatán, fue un gran suceso para lo que vendría después.
Beatriz Peniche Barrera, Elvia Carrillo Puerto y Raquel Dzib Ciseron se convirtieron en las primeras mujeres en la historia de México, en ser elegidas por las personas para redactar leyes. El sueño de todas se estaba convirtiendo en una hermosa realidad.
Cabe recordar que ese mismo proyecto había sido introducido 15 años antes, en julio de 1938, por el general Lázaro Cárdenas del Río, durante su Presidencia; sin embargo, aun cuando la propuesta fue aceptada y enviada a las legislaciones locales para su posterior aprobación, no se hizo el cómputo final, por lo que nunca se le dio el trámite para ser promulgada.
Mujeres como Hermila Galindo, Elvia Carrillo Puerto, Juan Belén Gutiérrez de Mendoza, María Lavalle Urbina, Amalia González Caballero de Castillo Ledón y Adela Formoso de Obregón Santacilia, entre muchas otras, se distinguieron por su infatigable lucha para que se reconociera el derecho de la mujer mexicana a votar y ser electas.
En 1947, durante la Presidencia de Miguel Alemán Valdés, se permitió votar a las mujeres en procesos municipales. Fue el 3 de julio de 1955 que las mujeres en México sufragaron por primera vez en una elección federal, la de diputados a la XLIII Legislatura.
Lo anterior ocurrió casi dos años después de que el entonces presidente Adolfo Ruiz Cortines cumpliera su promesa de campaña. Una vez superado el trámite legislativo, publicó en el Diario Oficial, el 17 de octubre de 1953, el nuevo Artículo 34 Constitucional, para que las mexicanas gozaran de la ciudadanía plena.
En ese tiempo, la Organización de las Naciones Unidas había llamado a los países miembros a reconocer los derechos políticos de las mujeres, puesto que no podía considerarse democrático a un país si más de la mitad de su población no participaba en la toma de decisiones.
El artículo 34 Constitucional de entonces decía: "Son ciudadanos de la República todos los hombres y las mujeres que, teniendo la calidad de mexicanos, reúnan además los siguientes requisitos: I. Haber cumplido 18 años siendo casados y 21 si no lo son; y II. Tener un modo honesto de vivir."
En el calendario se marcaba el año de 1953, ¡por fin el sueño se había hecho realidad, las mujeres mexicanas podían votar y ser votadas a lo ancho y largo de nuestro país!
Dos años después en 1955, un domingo muy temprano, mujeres de todo el país sintieron por primera vez la emoción de participar en unas elecciones. Como resultado de esa jornada 4 nombres se sumaron a la lista de las mujeres diputadas: Margarita García Flores, Marcelina Galindo Arce, Guadalupe Urzúa Flores y Remedios Ezeta Uribe.
Como resultado de esa jornada electoral, cuatro mujeres fueron electas como diputadas.

El primer voto femenino en Chile
Los inicios del año 1934 marcaron un hito fundamental en la historia eleccionaria de Chile. El 15 de enero de aquel año, el Presidente Arturo Alessandri Palma promulgó la Ley N° 5.357 -la que fue publicada tres días después, el 18 de enero- la cual permitía la participación de las mujeres tanto en poder ejercer el derecho de sufragio en las elecciones municipales, como también poder postularse como candidatas.
En 1934 el Presidente Arturo Alessandri Palma promulgó la Ley N°5.357, la que facultó a todas las mujeres mayores de 21 años, que sepan leer y escribir, poder participar en dichos sufragios, al igual que poder postularse como candidatas.
Dicho derecho se concretó en 1935, donde 76.049 mujeres se inscribieron para participar por primera vez en elecciones de carácter municipal.
Junto a ello un total de 98 se presentaron a cargos de elección popular, de las cuales 25 resultaron finalmente electas. En estas elecciones, Alicia Cañas Zañartu se convirtió en la primera alcaldesa elegida por votación popular en todo Sudamérica, como primera autoridad de la comuna de Providencia, en Santiago.
La extensión del voto a las mujeres fue motivo de debate desde la década de 1920. Sin embargo, la oposición de los partidos anticlericales y de izquierda, debido a la tendencia conservadora del electorado femenino, retardó por varias décadas más la concesión de ese derecho.
En 1934 se aprobó el voto femenino para las elecciones municipales, y recién en 1949 se concedió el derecho a voto a las mujeres para las elecciones presidenciales y parlamentarias.
15 años más tarde, en 1949 bajo el gobierno de Gabriel González Videla, se promulgó la Ley N° 9.292, que estableció el derecho de sufragio universal femenino, ampliando la participación de las mujeres a las elecciones presidenciales y parlamentarias.
Las mujeres participaron por primera vez en la elección presidencial de 1952, en donde fue electo Carlos Ibáñez de Campo. Desde entonces, su participación en los procesos electorales se fue ampliando progresivamente hasta llegar en 1970 a la paridad con los votantes masculinos.
Para las elecciones de 2017, cerca de 7.500.000 de mujeres se encontraban habilitadas para poder ejercer su derecho a sufragio en las elecciones presidenciales, parlamentarias y de consejeros regionales.
En estas mismas, se presentaron un total de dos mujeres para el cargo de Presidente de la República (25%), 54 para senadoras (40,9%), 397 para diputadas (41,4%) y 447 para consejeras regionales (27,1%).
Argentina: más de tres millones de mujeres votan por primera vez
Si bien la ley que garantizó el sufragio femenino se promulgó el 23 de septiembre de 1947, se demoró cuatro años el acceso real a las urnas.
Durante todo ese proceso, la participación de las mujeres en el ámbito de lo público y en la escena política argentina se fue acrecentando como un torbellino.
Finalmente, el 11 de noviembre de 1951, más de tres millones 500 mil mujeres votaron por primera vez en la Argentina, en las elecciones presidenciales que le permitieron a Juan Domingo Perón acceder a un segundo mandato constitucional.
Según los registros hubo un 90 por ciento de asistencia del padrón femenino y el peronismo obtuvo un contundente triunfo por el 62 por ciento de los votos.
España: del reconocimiento legal a las primeras elecciones
En España las mujeres tuvieron que esperar hasta el 1 de octubre de 1931 para ver aprobado el voto femenino, un cambio en la legislación conseguido gracias a la lucha de sufragistas como la diputada Clara Campoamor, del Partido Radical, y la diputada Victoria Kent, del Partido Republicano Radical Socialista.
Ambas se enfrentaron en un encendido debate en las Cortes: a favor la primera; en contra, la segunda. Paradójicamente, ellas podían ser diputadas, pero no ejercer el sufragio: podían legislar, pero no votar.
Entre los disparates más célebres que se escucharon en las Cortes están las palabras del catedrático de patología de la Universidad de Madrid y diputado por la Federación Republicana Gallega, Roberto Novoa Santos, quien creía que conceder el voto a la mujer sería dar el triunfo a la derecha y convertir a España en un "Estado conservador o teocrático".
Campoamor tuvo en contra hasta a su propio partido, el Partido Radical, pero logró su objetivo con un discurso que ha pasado a la Historia y donde defendió el sufragio universal y la igualdad de derechos electorales entre hombres y mujeres: "Tenéis el derecho que os ha dado la ley, la ley que hicisteis vosotros, pero no tenéis el derecho natural fundamental, que se basa en el respeto de todo ser humano, y lo que hacéis es detentar un poder; dejad que la mujer se manifieste y veréis como ese poder no podéis seguir detentándolo".
Cuando se pasó a la votación, el resultado fue de 161 votos a favor, 121 en contra y 188 abstenciones. La lucha por el voto femenino se había ganado también en España.
A partir de ese día, las mujeres españolas mayores de 23 años tuvieron el mismo derecho a votar que cualquier hombre, aunque no lo pudieron ejercer hasta las elecciones generales del 19 de noviembre de 1933.
Ese día 6.800.000 españolas pudieron votar; un derecho que ejercieron nuevamente en las elecciones generales de 1936. Tras el golpe de Estado, la Guerra Civil y posterior dictadura, no volvieron a tener acceso al voto hasta las elecciones generales de 1977.
El sufragio femenino como derecho humano universal
"Toda persona tiene derecho a participar en el gobierno de su país, directamente o por medio de representantes libremente escogidos". La Declaración Universal de los Derechos Humanos, aprobada por Naciones Unidas en 1948, reconocía así, por fin, el sufragio femenino como derecho humano universal.
El derecho a voto es un derecho fundamental que durante décadas estuvo limitado a la mitad de la población. Votar permite elegir y decidir por una misma y participar en la vida pública en igualdad de condiciones.
La democracia en México es un gran logro y tenerla costó mucho trabajo a los mexicanos y a las mexicanas. Es algo muy valioso que debemos defender porque gracias a ella tenemos voz para participar y poder decidir sobre lo que nos gusta, lo que deseamos y lo que nos hace felices.