La barra disidente de River Plate es una facción enfrentada con la barra oficial de Los Borrachos del Tablón por el control de la tribuna, los accesos, los negocios vinculados al estadio y el poder dentro del club. Su disputa tiene antecedentes desde 2013, alcanzó episodios especialmente violentos entre 2014 y 2018 y volvió a ocupar el centro de la escena con nuevos intentos de ingreso al Monumental.
La actualidad del conflicto quedó expuesta cuando un grupo de siete integrantes de la facción disidente entró al estadio con identificaciones falsas, recorrió distintas áreas del club y llegó al césped y a la tribuna Sívori Inferior. Antes de ser expulsado, Alejandro Medina, señalado como jefe del grupo, afirmó: “Hoy vinimos siete, mañana traemos 400”. Después, la agrupación publicó otro mensaje: “Nunca nos fuimos, volvimos de las vacaciones”.
El episodio más reciente en el Monumental
Este viernes, algunas horas antes de que se entrenara el plantel de River en el Monumental, un grupo de barras se coló en el estadio con identificaciones falsas, se paseó por varias áreas del club y se fotografió detrás de uno de los arcos. Al ratito, en sus redes sociales, dejaron un mensaje: “Nunca nos fuimos, volvimos de las vacaciones”.
El grupo, que era de siete integrantes y estaba comandado por Alejandro Medina, pertenece a la barra disidente. Después de meterse al recinto, estos se abrieron camino al césped del Monumental, se mostraron copando la remodelada Sívori Inferior, circularon por los quinchos y llegaron a la confitería en la que se reunían hasta hace no más de cinco años.
En ese punto, la directiva de River se percató de su presencia y le pidió a la seguridad que los expulsara. Antes de ser escoltados a la salida y de que se les pusiera un derecho de admisión, el jefe Medina dejó un mensaje preocupante: “Hoy vinimos siete, mañana traemos 400”.
Aunque ya fueron vetados, se decidió reforzar la seguridad para el partido con Defensa y Justicia.

Qué representa la barra disidente
La interna en la tribuna de River viene de hace tiempo. La disputa enfrenta a dos sectores que buscan imponer su autoridad en la popular y controlar los recursos económicos y logísticos asociados a los partidos, los recitales y la actividad del estadio.
De un lado barras, violentos, mafiosos y delincuentes. Del otro, barras, violentos, mafiosos y delincuentes. Así está planteada la guerra de poder en la barra brava de River, que ayer estuvo a punto de generar un baño de sangre en la previa del partido frente a Lanús.
Los Borrachos del Tablón están otra vez en el centro de la escena, repitiendo las imágenes que terminaron con el crimen de Gonzalo Acro en 2007 y con el ataque a la confitería del club en 2014. Con nuevos protagonistas pero el mismo objetivo de siempre: quedarse con el fabuloso botín que genera uno de los dos equipos más grandes de la Argentina cuando falta nada para jugarse la semifinal de la Copa Libertadores, que además de fútbol trae dinero grande, muy grande.
Los primeros antecedentes de la facción disidente
Desde la decisión de AFA de jugar sin público visitante, la Centenario alta en el estadio Monumental de River Plate, escenario habitual para los hinchas de otros clubes, se pobló de simpatizantes millonarios.
En julio de 2013, durante la despedida de Ariel Ortega, dieron la primera señal. Un grupo de cincuenta personas ingresó a la Centenario alta a los golpes, corrieron a los hinchas que estaban en el medio de ella y ocuparon ese lugar, cantando cómo si fuesen Los Borrachos del Tablón.
En noviembre de 2013, previo a las elecciones, su presencia se hizo más fuerte. Un grupo -no más de 30 personas- entraron a la popular con una bandera: “Nosotros somos la historia”. Empezó siendo un grupo reducido, pero partido a partido fue creciendo.
Se terminó de conformar el grupo “disidente”, con hinchas que quedaron relegados en el reparto del poder. Son integrantes de una vieja facción, “la Banda del Oeste” y los “Patovicas de Hurlingham”.
Hoy son liderados por “Pato Ariel”, quien hasta el campeonato pasado militaba con Los Borrachos del Tablón, pero una pelea con el uno y el dos (Martín Araujo y Héctor Godoy, ayer agredido en el Monumental) lo hizo alejarse y unirse al otro bando.
La disputa por la tribuna y el crecimiento del grupo
En marzo de ese año hicieron su primer gran aparición: con entradas, como cualquier otro hincha, ocuparon el centro de la popular visitante y cantaron contra la barrabrava “oficial”, quienes al finalizar el partido buscaron cruzarse con este grupo, pero todo terminó con la policía separando ambos bandos.
En agosto de ese año, la barra brava “disidente” tuvo otra muestra de poderío: en la semana robaron una bandera y contra Defensa y Justicia ingresaron a la cancha pese al gran operativo, con casi 1000 policías, similar al del superclásico.
En septiembre, el primer cruce: la barra chocó con la policía. Ese día, las dos facciones, al terminar el partido, se quedaron amenazándose unos a otros.
Con todos estos antecedentes, sin haberlos podido parar cuando el grupo era realmente pequeño, en River decidieron jugar con visitantes pese a no tenerlos. Para evitar cualquier cruce entre los barras, para ingresar a la Sívori alta (los Borrachos del Tablón), sólo se puede hacer por el puente Labruna. A la Centenario por Lidoro Quinteros, tal como hacían los visitantes al Monumental.
Los operativos en River se hicieron cada vez más intensos y las quejas de los hinchas “comunes” por el maltrato de la policía, moneda corriente en cada partido.
Ausentes en el último superclásico, la barra brava disidente tuvo ayer, casi como un golpe comando, un nuevo round en una pelea que parece no terminar aquí.
El ataque a la confitería de 2014
El choque entre las facciones alcanzó uno de sus puntos más graves en noviembre de 2014. En un acto desesperado por retomar el poder, a horas del Superclásico por la Sudamericana de noviembre de 2014, la disidente atacó en la confitería del club en medio de chicos y socios comunes, lo que originó una causa judicial que terminó por desarticular a ese grupo.
En noviembre del 2014, el presidente tuvo su propia “batalla de los quinchos”, pero esta vez en la confitería del club. Unos 150 barras de la Banda del Oeste, la facción disidente, irrumpió en el restaurante de River, e irió de una puñalada a Héctor Guillermo Godoy, alias Caverna, quien fue atacado cuando armaba el negocio de la reventa en la previa de la final de la Copa Sudamericana que el equipo de Marcelo Gallardo tenía previsto disputar contra Atlético Nacional de Medellín.
Desde entonces, la tribuna Sívori del Monumental fue dominio absoluto de los Caverna boys. Manejaban la reventa, los trapitos, la venta de comida y bebida en los alrededores del estadio, el merchandising ilegal.
Fue una época de bonanza absoluta para ellos, que hasta jugaban al fútbol en el club y hacían del quincho otra vez su lugar.

El papel de Alejandro Medina
Allá por el 2018, un Medina que oficiaba de custodio en Camioneros en los actos de Hugo y Pablo Moyano era a la vez uno de los capos de la barra millonaria: lideraba la facción de zona Sur, que junto con la de zona Norte guiada por los hermanos Ferraras conformaba una parte de los Borrachos del Tablón, cuyo mandamás era Guillermo “Caverna” Godoy.
Después de que Alejandro Medina fuera apresado en 2019, tras ser capturado junto a otros 50 hombres mientras esperaban a otra facción para atacarla antes de un partido con Lanús, la situación cambió en las tribunas.
A la veta del grueso de la barra en un plan de erradicación por parte de River se le sumó que Caverna Godoy fue apartado y la vinculación de los hermanos Ferraras con Pato Ariel Calvici, el Clon Hernán Taboada y el Zapatero Alejandro Flores para conformar una nueva barra y así volver a las canchas.
Esa nueva facción quedó como la oficial y se generó una disidente con Caverna, quien salió de la cárcel a fines del 2022, y Medina a la cabeza.
Dos meses atrás, un grupo de 300 hombres bajo la tutela de estos dos hicieron un gran asado en un club de Mataderos. Y este viernes, en tanto, se aparecieron por primera vez en Núñez.
La barra oficial y la reorganización del poder
La barra oficial es uno de los vértices de este conflicto. Su reinado data de 2008, cuando tras el crimen de Acro y la causa judicial, cayeron Alan Schlenker (terminó preso con condena a prisión perpetua) y sus laderos más cercanos.
Viendo aproximarse el mismo final, Adrián Rousseau también dejó ese primer plano y designó a sus sucesores: Martín Araujo y Guillermo Caverna Godoy.
El primero se manejó con bajo perfil y a pesar de tener varios procesos judiciales, sorteó la mayoría y se alejó cuando le pusieron prohibición de concurrencia a la cancha y vio que la pelea podría cobrarse otra cabeza; y él tenía varios números del sorteo.
Caverna, en cambio, decidió continuar con viejos laderos como el Uruguayo Larrain, Chimi Leguizamón y Labio Leporino Patachón.
Pero le faltaba fuerza de choque ante el desafío que planteaba la disidente banda del oeste, que por entonces era gobernada por Líder Barraza, Bruja Careri, Richard Gerino y el grupo de patovicas de Ariel el Pato Calvici.
Y entonces subió al poder a dos bandos de armas tomar: el de Budge, al mando de Alejandro Medina, y el de Beccar, que organizaban los hermanos Leandro y Mauro Ferraras.
El choque fue inevitable y en 2014 el grupo oficial confirmó tras varios capítulos cruentos su reinado.
El intento de reorganización de la disidencia
A partir de ahí, los miembros de la facción disidente vieron que podían tener su oportunidad de regresar.
La dirigencia de River, como nunca antes, decidió cortar todos los vínculos, con la espada de Damocles de la Justicia en la cabeza.
Así, la barra oficial se quedó sin las entradas habituales y tampoco pudo reclutar nuevos integrantes para la popular, ya que el club prohibió la venta a la Sívori a todo aquel que no tuviera un año de antigüedad como socio.
Además, generó un sistema cruzado de información con el Renaper para que nadie pudiera falsificar identidades, como sucedía a menudo.
Y limitó los tickets de protocolo y cerró la venta interna y a las filiales, otra fuente de financiamiento para la barra.
Con el Monumental libre de violentos (sólo aparecieron en todo su esplendor en el partido despedida de Mora, no organizado por la institución), se pensaba en una paz duradera.
Pero desde Moreno se estaba gestando el nuevo grupo. Alexis Núñez Giogosa, que estuvo en la barra hasta ser echado en 2012, fue tomando “piernas”, como se dice en la jerga barra.
También incluyó gente de Merlo. Muchos de éstos trabajan de seguridad en boliches de esa zona del Conurbano y otros hacen sus tareas de trapitos. Y también están ligados al poder de ambos municipios.
A él se unió Alejandro Flores, el Zapatero, que lideró la vieja barra de River a finales de los 90, cuando era un puntero importante del Partido Justicialista de Capital Federal.
Él se encargó de reclutar gente de la Ciudad y de la zona Sur del Conurbano. Algunos de la ex banda del Oeste también se sumaron lo mismo que los patovicas de Ariel Calvici, aunque su líder no diga presente ya que está cumpliendo prisión domiciliaria.
Así congregaron a 250 nuevos barras. De a poco, de a grupos de a 50, empezaron a ir a la tribuna Centenario, sin llamar la atención, a palpar el ambiente.
El episodio de la cancha de Lanús
Cuando se supo que River jugaría contra Godoy Cruz por la Copa Argentina en la cancha de Lanús, vieron la oportunidad. Y se organizaron para ganar la tribuna.
La noticia cayó como una bomba en la barra oficial y los de Budge fueron a emboscarlos para que no pudieran ingresar.
La Policía obtuvo el dato y paró lo que hubiese sido un reguero de sangre. Y también paró en la autopista Cámpora al grupo de Beccar que iba en auxilio de la de Budge para detener a la disidente, que finalmente copó la popular mostrando su bandera de “Nosotros somos la historia”, que marca territorio.
El miércoles a la noche, cincuenta y un barrabravas de River fueron detenidos a dos cuadras de la cancha de Lanús cuando se preparaban para una guerra con otro grupo disidente.
Con armas, fueron a buscar a la barra disidentes del Oeste.
Los incidentes del miércoles en las inmediaciones del estadio de Lanús, donde el equipo de Marcelo Gallardo jugó y le ganó a Godoy Cruz por uno a cero por los octavos de final de la Copa Argentina; fueron la gota que terminó de rebalsar un vaso de agua turbia en la que los violentos ganan la batalla por goleada.
“Armas, cuchillos, facas, drogas y alcohol”, fue parte de lo que secuestro la policía antes del comienzo del partido. En total fueron 51 los detenidos y 25 de ellos, tenían prohibición para ingresar a los estadios.
Canal 26 -Lanús: Guerra entre barras y la policía
La prevención policial y sus consecuencias
De no haber sido por el trabajo de inteligencia realizado por APreViDe, quien trabajó junto al personal de la comisaría segunda de Lanús, con agentes de las Jefaturas Distritales de Lanús, Avellaneda y Lomas de Zamora, y de las direcciones de infantería y caballería de esa fuerza; lo del miércoles pudo haber sido una masacre.
Porque la facción de la barra de Budge, la oficial de Los Borrachos del Tablón, liderada por Sergio Alejandro Medina (46) alias El Gordo Ale y de su hijo Jesús Alejandro Medina (26) alias El Brian; fueron decididos a emboscar a la facción dicidente de la barra denominada La Banda del Oeste, quienes mantienen contactos con la barra de Lanus e ingresaron a la popular local de La Fortaleza, colgaron sus banderas, y pudieron disfrutar del partido sin problemas y como se dice en la jerga de los barras: “Le coparon la tribuna”.
En poder de La Banda del Oeste se incautó un revólver calibre 44, una pistola 9 mm con la numeración limada y otro arma calibre 380.
“Hicimos un trabajo de prevención desde la noche anterior porque sabíamos que iban a venir a la cancha armados. Tenemos tres armas incautadas y también el dato de entradas truchas que estuvieron vendiendo para el día del partido”, confesó Juan Manuel Lugones, director de la APreViDe.
Luego, los hinchas comunes que quisieron entrar al estadio para ver el partido pasaron por un mal momento. La policía montada que realizaba el control en los accesos del estadio, transformó el operativo de seguridad en un caos y se vivieron escenas dantescas.
Corridas, padres con niños en brazos que lloraban horrorizados y balazos de goma disparados sin lógica ni criterio alguno.
“De acuerdo a los videos que vi, la policía se excedió. Se podrían haber llevado las felicitaciones más grandes por el procedimiento que hicieron para detener a quienes iban armados, pero es una lástima que todo se haya opacado porque agredieron a personas que nada tenía que ver con los barras o violentos. Acá no se gana nada con prohibirle a River jugar con público cuando le toca ser visitante. Lo que hay que hacer es un buen trabajo de prevención e inteligencia. No creo que la gente de River sea peor que la del resto de los equipos”, confesó Rodolfo D’Onofrio.
El conflicto durante 2022
El Monumental y sus alrededores volvieron a ser testigos de un nuevo episodio de la historia de las facciones de Los Borrachos del Tablón, tal como se hace llamar la barra brava de River.
El clima es cada vez más preocupante y el objetivo de ambos grupos es el mismo: poder entrar al Antonio Vespucio Liberti y adueñarse de la tribuna Sívori el próximo 16 de febrero, día en el que el equipo de Gallardo jugará su primer partido como local en la Liga Profesional 2022.
El sábado, en la previa del amistoso que el equipo de Marcelo Gallardo jugó ante Platense, la facción oficialista se juntó en los alrededores del estadio y caminó decidida hacia la entrada.
Pese a que en uno de los molinetes se generó un pequeño disturbio e incluso hubo presiones para que habilitaran el paso, fueron solo entre 50 y 60 personas las que lograron ingresar al Monumental.
Los demás no pudieron entrar por tener derecho de admisión y tuvieron que quedarse al otro lado de la Lugones.
Horas después del amistoso, salió a luz un video en el que se ve a los barras ingresando a la Sívori. Según se pudo constatar a través de diferentes cámaras, todos eran integrantes de la tercera línea de la facción oficialista, provenientes principalmente de la zona de Béccar y Pilar.
No se registró ninguno perteneciente a la primera o segunda línea. El ingreso no tuvo bombos ni banderas, sino simplemente cantos que el resto de la gente que estuvo en el Monumental no acompañó en ningún momento.
La movida del grupo oficialista fue una suerte de respuesta al accionar que había tenido el pasado jueves la facción disidente.
Esta vez, la situación no pasó a mayores, pero lo cierto es que el clima entre los dos sectores está vez más caliente y el debut oficial de River en el Monumental en 2022 está a la vuelta de la esquina.
La incursión de la facción disidente en el Museo River
El pasado jueves, poco antes de las 20.30, la facción disidente de Los Borrachos del Tablón se acercó hasta el Museo River para marcar presencia.
Al notar lo que estaba sucediendo, desde el mismo club se llamó a la policía y finalmente el grupo de barras brava se terminó yendo sin ocasionar disturbios.
Fue otra muestra de que la pelea por la tribuna está más latente que nunca.
Los antecedentes históricos de Los Borrachos del Tablón
A partir del 2000 Los Borrachos del Tablón de River Plate se consolidó como la barra más organizada y respetada en el ambiente.
Una de las características que la diferencia de otras hinchadas es por ejemplo, que nunca avisa a la policía para anunciar su recorrido hasta una cancha visitante, mientras que La 12 (hinchada de Boca Juniors) siempre avisa en qué y por dónde va a ir.
Durante mucho tiempo, los barras de River hacían la repartija de entradas en Excursionistas (cuando se jugaba en el Monumental) o en la placita Serrano, en Palermo, o en una cancha de Constitución y Pichincha, cuando el equipo era visitante.
Pero después dejaron esta metodología y se cuidaron de dar pistas sobre su organización.
Integrantes de otras barras confesaron tenerles mucho respeto a los de River. De hecho, en 1990, los dirigentes recurrieron a los carapintadas para sacarlos del club, pero ni así pudieron.
Las otras hinchadas los acusan de poseer contactos políticos de buen nivel y tener ayuda de algún empleado de la SIDE y de la Policía.
Lo que hay que reconocer, aseguran los rivales, es que son innovadores.
En el 96, ante la “U” en Chile, empezaron a usar el gas paralizante: ahora es parte del equipaje de mano en los viajes.
A Tokio (ante la Juventus) fueron 40 barrabravas; a Francia 98, 15. A Paraguay, contra Cerro Porteño, fueron en avión a Posadas y micro a Asunción.
En Alemania 06 fueron la barra que más integrantes llevaron, 42, toda la plana mayor de LBDT estuvo presente.
Las fuentes de poder económico
Fuentes de financiamiento: Tendrían una entrada fija de entre 60.000 y 80.000 pesos, reventa de entradas para partidos y espectáculos musicales que se hagan en el Monumental, control de los cuidacoches en estacionamientos linderos al estadio los dias de partido y de recitales, muchos actúan como seguridad en los accesos al estadio cuando hay recitales, alquiler de los ómnibus de traslado de hinchas cuando se juega en el interior.
Extraoficialmente se rumorea que tambíen cobrarían un porcentaje de las ventas de varios jugadores (caso Higuaín, Carrizo).
Todo ascendería a los $300.000 mensuales, sumado al beneficio de tener los hoteles y los viajes al exterior pagos.
El poderío económico, la estrecha relación con plantel y dirigentes (Luisito Pereyra, el mentor de Adrián y Alan, trabaja en el fútbol amateur, otros dos fueron empleados, coparon el gimnasio, la confitería y las parrillas y hasta el merchandising de la barra se vendía en la institución) les dió el monopolio de la fuerza.
La violencia en las décadas de 1970, 1980 y 1990
Durante los 70’ el jefe de la barra fue Matutito, le siguió Alberto Matute Taranto, que con 21 años, fue asesinado el 19 de octubre de 1983, a la salida de un Boca 1 River 0 en cancha de Velez Sarfield.
En los alrededores se enfrentaron las dos barras y después de escucharse disparos y explosiones de bombas molotov, quedaron tres heridos y un muerto, Matute.
Otros integrantes importantes de esa época fueron Alberto, El Oso (jefe de la fracción de Palermo), Walter, He-man, Tío Rico.
Ya en los 90 la cúpula estaba ocupada por el triunvirato conformado por Edgar El Diariero Butassi, Luis Luisito Pereyra y Rito Ramón Barrios.
El 29 de enero de 1993 en Mar Chiquita y antes de jugar contra San Lorenzo por una de las copas de verano, cuatro barras bravas, perfectamente identificados, atacaron con una navaja a Daniel Passarela, Ricardo Pizzarotti, José Miguel y el utilero del equipo, Carlos Peralta.
Al grito de “Passarela hijo de puta, pone a Comizzo”, Miguel Alejandro Sandokán Cano, (ya había sido echado de la concentración en 1992 por pedir dinero), tiró un navajazo a la cara del técnico.
Finalmente 1994, él e Ismael Melena Guassardo fueron detenidos y procesados.
Ambos pertenecían al Grupo de Boulogne, que a raíz de este incidente produjo una división en la barra, en la cual también se destacaban el Grupo de Palermo Viejo (debilitado por la muerte de Matutito) y el Grupo de Laferrere.
El 22 de diciembre de 1996 antes de un partido contra Independiente, fue acuchillado el joven Christian Rousoulis hincha del equipo de Avellaneda, a raíz de este hecho y posteriores procesos, en el 2000 la cúpula fue encarcelada por 4 años e inahibilitada por 6 para ingresar a los estadios.
La llegada de Los Patovicas
La sucesión fue disputada por dos grupos, La Banda de los Patovicas (Los Yogures (¿?) , a mediados de los 90 ), liderada por Adrián Rousseau y Alan Schlenker, y el Grupo de Constitución, ligado al justicialismo porteño comandados por Albino Monito Saldivia y Alejandro El Zapatero Flores, secundados por Joe, El Turco, Gallego Chofitol, Pacha, Kevin, Luis Gedisman.
La segunda línea del Zapatero (todos de más de 30 años), fue la que intentó un blanqueo , al estilo de La 12, que se constituyó como sociedad sin fines de lucro en la época del Abuelo.
Este grupo se dedicó a la organización de rifas, donaciones y el armado de visitas de los jugadores millonarios a distintos hospitales y comedores, sobre todo al Hospital Garrahan.
El 10 de marzo de 2001, en un viaje a Córdoba para un partido con Talleres, la policía detuvo a 45 hinchas de esa segunda línea de la barra millonaria, que portaban armas de grueso calibre, armas blancas, cocaína y billetes falsos por un total de 3000 dólares.
El 21 de enero de ese mismo año, en Mar del Plata, el clásico entre River y Boca fue suspendido por los enfrentamientos entre la policía y los hinchas más violentos del club de Núñez.
Más tarde, el 10 de febrero, en la primera fecha del Clausura, un grupo entró en la tribuna del Monumental encapuchado, mostrando una bandera de Boca.
Las apretadas que sufrieron los jugadores de River después de haber perdido tres clásicos seguidos con Boca, en mayo de 2000, habrían sido las primeras muestras de poder paralelo de La Nueva Ola, jóvenes de entre 20 y 25 años, liderados por Alan, Adrián y Pitu.
Las emboscadas de 2002 y 2003
El 3 de marzo de 2002 la barra de River emboscó a la de Nueva Chicago en Udaondo y Libertador, pero alguien les habría avisado lo que pasaría a los de Mataderos, que llegaron preparados.
Conclusión: varios hinchas millonarios terminaron en el hospital con puñaladas y balazos.
Eso fue determinante para que los nuevos asaltaran el poder.
Una versión indica que se votó entre los referentes, pero otra señala que los grupos antagónicos se iban a enfrentar en la primera fecha de ese torneo Apertura.
Eso nunca pasó porque, imprevistamente, todo terminó en un choque con hinchas de Newell´s.
Y, supuestamente, se pactó entre ambos sectores, la Vieja Guardia y La Nueva Ola, la convivencia.
Los Patovicas, como si fuesen políticos, prometían en su candidatura respaldo económico, elementos de logística para la hinchada y mano dura con las barras rivales.
La idea era volver a poner a la barra brava de River entre las más violentas.
Del 2000 al 2002 compartieron en no muy buenos términos el poder, hasta la emboscada a la hinchada de Newell’s del 28 de julio del 2002, en Figueroa Alcorta y Monroe.
Uno de Newell’s recibió un puntazo de arma blanca cerca del hemotórax derecho y otro de River, un balazo en el muslo de la pierna derecha.
A partir de ahí el poder fue monopolizado por Los Patovicas y los distintos grupos comenzaron a responder a ellos; las bandas de Fuerte Apache, comandadas por Martín Stambuli; la de Caraza, de Matías Corrado -alias Pacha- y Julito Gamboa; la de Merlo, que lideraba Cristian; y las de Flores y Palermo, del Bruja y Richard.
Desde entonces, supieron manejarse dentro del club: consiguieron el amparo de algunos dirigentes, legitimaron su imagen sacando a los pungas de la popular Sívori y no dudaron en sembrar el terror y luego jactarse de ello.
No sólo eso: reclamaron y consiguieron dinero y viajes con el recurso del pacto de no agresión, una suerte de apriete.
El modus operandi posterior fue claro: pura violencia para sostenerse y crecer.
Participaron en un incidente con la barra de Boca, en el Arco del Desaguadero, en febrero de 2003, y crearon una canción para alimentar la leyenda de que los Di Zeo arrugaron.
En abril, estuvieron involucrados en La batalla de la Panamericana, un enfrentamiento en el kilómetro 91 de la ruta 9 (a la altura del peaje de Zárate) contra la barra de Newell’s, que derivó en el asesinato de Carlos Puchetta y Héctor Ponce, dos hinchas del club rosarino.
Los de Newell´s (en 6 micros) iban a La Boca y los de River (en 8 micros) iban a Rosario para enfrentarse con Central.
Además de los 2 muertos, hubo más de 15 heridos y 1.100 detenidos.
La estructura interna y el control del club
El grupo principal lo integran unos 50 individuos, la mayoría con cuerpos trabajados en gimnasios y cabello corto.
Este sector aglutina el 40 por ciento de la barra de River.
Según fuentes policiales, sus integrantes son mucho más difíciles de llevar.
Los que mandan son 20 (la mayoría son socios) y ellos organizan los viajes de corta y larga distancia para ver a River.
A partir de ahí construyeron un poder como nunca se vio en River, con la Justicia persiguiéndolos, se guardaron seis meses.
Y cuando volvieron, la premisa era portarse bien.
Una de las rarezas que tiene la barra brava de River es que la mayoría de sus integrantes no viene de los suburbios de Buenos Aires.
Todo lo contrario. Los sindicados como los “jefes”, provienen de familias de clase media económicamente hablando, al igual que parte de la segunda línea de poder.
Tanto Alan como Adrián, son patovicas reconocidos en la noche porteña y de hecho en más de una ocasión realizan sus entrenamientos con pesas en el gimnasio de la institución.
El poder de las facciones no se limitó a la tribuna. El control de espacios, actividades y recursos del club fue presentado como una de las claves de su influencia.
La batalla de los quinchos y el asesinato de Gonzalo Acro
Los problemas de violencia en la barra de River vienen desde hace rato.
De los tiempos en que José María Aguilar era el presidente y los barras se paseaban por el club, como ocurre por estos días y como sucedió también durante la gestión de Daniel Passarella.
El primer hecho que desató una interna feroz de “Los Borrachos del Tablón” fue lo que se conoció como “la batalla de los quinchos”.
Ese episodio expuso la grieta que se había producido entre los líderes Alan Schlenker y Adrián Rosseau, después del Mundial de Alemania 2006 y cuya pelea se habría originado en el reparto de dinero.
Ese día -11 de febrero de 2007-, en la previa de la primera fecha del Clausura de aquel año, que River jugó ante Lanús, en los quinchos del club, mientras las familias almorzaban, de los puñetazos y puntapiés pasaron a cuchillazos y tiros al piso que dejaron un saldo de un herido de bala y tres más de arma blanca.
Otro combate que dejó huellas violentas fue la “Batalla del Playón”, el 6 de mayo de 2007, después de un partido con Independiente.
Los que la pasaron peor aquel día fueron, según la Justicia, integrantes del bando liderado por Alan Schlenker.
El caso testigo que terminó en muerte fue el asesinato de Gonzalo Acro.
Cuando salía de un gimnasio de Villa Urquiza, el 7 de agosto de 2007, este barra cercano a Rousseau fue baleado por Ariel “Colo” Luna -barra que respondía a los Schlenker- en tres oportunidades, una en una pierna y dos en la cabeza, según determinaron las investigaciones judiciales.
Por el crimen, el 8 de septiembre de 2011, el Tribunal Oral en lo Criminal 15 condenó a cadena perpetua a Luna como autor material, a Rubén Pintos y a Pablo Girón como coautores, y a los hermanos Alan y William Schlenker como instigadores.
Mientras que Martín Lococo recibió una pena de 10 años por partícipe secundario.
El fallo no quedó firme y lo revisa la Cámara Nacional de Casación Penal, por lo que los Schlenker y Lococo fueron excarcelados.
La causa espera por una resolución final.
La continuidad de los enfrentamientos
Poquito después del asesinato de Acro, más violencia.
Un herido de bala y otros de arma blanca fue el saldo de la batalla en el estacionamiento de un supermercado de Vicente López, sobre la Avenida Del Libertador.
Sucedió tres horas antes de que River recibiera a Estudiantes de La Plata, cuando la facción liderada por Rousseau fue atacada por el bando rival.
Otra tarde opacada por la violencia sucedió el 30 de marzo de 2008 en la cancha de Vélez, en donde River hizo de local ante Arsenal.
La pelea, ante la vista de todos, se generó antes del partido, cuando el grupo que respondía a Adrián Rousseau ingresó a la tribuna local y se encontró que en la misma estaban ubicados los miembros de la “Banda del Oeste”.
Fue una batalla campal que dejó varios heridos, entre ellos un tal Juan José Paz, quien estuvo 20 días en coma.
La crisis de 2018 y el cierre de los canales de financiamiento
Igual, nada cambiaba hasta que la Justicia encaró una investigación por reventa de entradas que llegó hasta Godoy, al que allanaron el día anterior de la final de la Copa Libertadores 2018.
Entre pesos, dólares, aparatos tecnológicos, entradas y merchandising oficial del club le sacaron la friolera de 11 millones de pesos.
Y como tenía los 300 carnets de los miembros de su grupo, el Gobierno los incluyó en el derecho de admisión.
Fue un golpe tremendo.
Lo que no cuenta el presidente de River es que, según la investigación del fiscal Norberto Brotto, “es el propio club quien hace años le viene entregando a la barra entradas, ropa y dinero”.
El periodista, reconocido hincha y socio de River Mariano Iudica, tuvo este viernes un momento de honestidad brutal y rompió esa especie de “código” que tienen la mayoría de los comunicadores sociales de argentina -los que cubren River, tal vez conmovidos por los resultados, parecen empleados del club- que les impide “hablar de lo malo que pasa en el equipo de Núñez”.
Y en el inicio de Involucrados, el programa que conduce por América, confesó: “Lo que debería hacer esta dirigencia de River es no regalarle más entradas a la barra. Porque así empezó el cuento cuando mataron a Gonzalo Acro. Esta dirigencia habla y actúa de puertas para afuera, pero para adentro, todos los hinchas que caminamos los pasillos del Monumental sabemos que ellos son quienes les dan las entradas a los barras. Esas entradas que nos dicen ‘son para los socios’, van a parar a los grupos violentos. Lo que pasó ahora es que les fueron a pedir más, la dirigencia les dijo que no, y se les armó este quilombo”.
El caso del “Gordo Ale”
Un histórico barrabrava de River que goza de impunidad para hacer lo que quiere dentro del club. Forma parte de la historia más triste de la hinchada de River, porque fue él quien en junio de 2011, envió a dos de sus soldados Chiwi y Tato-luego envió tres más de apoyo-, para que agredieran a los propios jugadores de River dentro del campo de juego cuando perdían 2 a 0, y se jugaban siete minutos del segundo tiempo del partido por la promoción ante Belgrano en Córdoba.
Como si esto fuera poco, una semana después, Ale fue uno de los barras que apretó al árbitro Sergio Pezzotta en el entretiempo del partido de vuelta, la tarde que River descendió a la B Nacional.
Según comprobó la Justicia a través de las filmaciones de las cámaras de seguridad, Sergio Alejandro Medina fue quien ingresó al vestuario vestido con el equipo negro oficial de River y un gorro de color rojo con el escudo del club.
La emboscada al micro de Boca en 2018
Pasaron ocho años y desde que Rodolfo D’Onofrio dirige el club, poco y nada cambió.
En noviembre del año pasado, el mundo fue testigo de lo violento que pueden ser los barrabravas de River.
El jueves 23 de noviembre, dos días antes de la Súper final entre River y Boca, la división conductas delictivas de la policía de la ciudad irrumpió en la casa de Caverna por un pedido del fiscal Norberto Brotto.
Allí secuestraron 10 millones de pesos, 15.000 dólares, 500 entradas, indumentaria oficial del club, y armas de fuego.
Dos días después, como represalia, sus soldados emboscaron al micro que traía al plantel de Boca en la esquina de Avenida del Libertador y Lidoro Quinteros, y le arrojaron piedras y gas pimienta.
¿El resultado? El partido tuvo que suspenderse por el estado en el que se encontraba el plantel de Boca y luego la CONMEBOL decidió que el partido se juegue en el estadio Bernabeú del Real Madrid.
En noviembre de 2018, la barra de River emboscó al micro de Boca y no permitió que se juegue la gran final en el Monumental.
A raíz de esta investigación, la de la convivencia de los dirigentes de River con los Barras, el fiscal Brotto solicitó hace unas semanas, el pedido a juicio para Gustavo Alejandro Silikovich, quien durante cinco años y hasta el mes de marzo pasado, fue gerente general de River Plate; Martín Grussi, gerente de Optimización de Procesos y Mejora de Experiencia al Usuario; Ignacio David, jefe del área denominada Ticketing, y Juan Ángel Daniel, que según el expediente judicial es el “encargado de boletos”.
La tensión entre dirigentes y facciones
No hay dudas de que la gestión de Rodolfo D’Onofrio como presidente de River, es tremendamente exitosa.
Los números son sorprendentes y convierten a estos seis años, en los mejores de la historia del club.
Engrosó las vitrinas del Monumental con 10 títulos (Copa Sudamericana 2014, Recopa Sudamericana 2014, Copa Libertadores 2015, Copa Soruga Bank 2015, Recopa Sudamericana 2015, Copa Argentina 2016, Copa Argentina 2017, Súper Copa Argentina 2017, Copa Libertadores 2018, Recopa Sudamericana 2019) y de los 270 partidos que jugó ganó 138, empató 78, perdió apenas 54, y en total convirtió 455 goles.
Hasta acá, a nivel deportivo, la conducción de sus dirigentes es inobjetable.
Una investigación de APreViDe, evitó una matanza.
Pero la deuda de Rodolfo D’Onofrio y de su vicepresidente Jorge Brito; radica en lo poco efectivo que resultó su lucha para erradicar a los barras bravas de River.
Las excusas dirigenciales son moneda corriente, pero 120 barras ingresaron ayer al club a buscar a un puñado de otros barras, que caminaban por los anillos del Monumental y se ejercitan en su gimnasio.
Mientras, River se jugará mañana un partido trascendental, la vuelta de la Copa Sudamericana contra Boca, una revancha que espera hace 10 años.
Para los violentos, las revanchas no se hacen esperar.
Amenazas y nuevos riesgos
Ahora, cuando faltan once días para que River y Boca se vuelvan a enfrentar -esta vez por la semifinal de la Copa Libertadores- sus hinchas más violentos volvieron al ruedo con todo el arsenal.
Nadie quiere ceder poder y ya cuentan los millones que pueden recaudar en el partido de ida en el estadio Monumental.
Y los de la barra oficial, los que hasta ahora “fueron beneficiados por los dirigentes”, hoy “se sienten traicionados por lo que pasó en Lanús”.
Por este motivo, Nahuel Ojeda, un barra de River con derecho de admisión, amenazó este jueves al presidente de River, Rodolfo D'Onofrio desde su cuenta de Instagram.
La guerra, está nuevamente declarada: “Hola Rodolfo D´Onofrio, somos 150 los que te estamos esperando en la confitería del club. Perdimos una batalla, pero no la guerra. Ustedes quieren que vuelva a correr sangre, dirigentes. Así va a ser. Nos jugaron sucio. Ahora, entró el Oeste. Prepárense cuando vuelvan a pisar el Monumental. Acá, los únicos y verdaderos Borrachos son los de la banda de Gonzalo, Guille y Martín. Las balas y los muertos van a volver”.
La amenaza de un barra a D'Onofrio a través de su cuenta de Instagram fue denunciada en la Justicia.
Se verá hasta donde llega el conflicto. Pero con el prontuario de quienes están al frente de cada bando, nada bueno se puede esperar.