El fútbol, el deporte rey, tiene una curiosa historia dentro de los Juegos Olímpicos de la Era Moderna. Salvo en la edición de 1932, disputada en Los Angeles, ha estado presente en todas las ediciones de esta competición.
La ausencia del fútbol en Los Ángeles no fue un hecho aislado ni una simple decisión del programa deportivo. Fue el resultado de la combinación entre la expansión del profesionalismo, la defensa del amateurismo olímpico, la creación de la Copa Jules Rimet y el escaso arraigo del fútbol en Estados Unidos.
El fútbol antes de los Juegos Olímpicos de 1932
En los primeros Juegos, celebrados en Atenas en 1896, tres equipos de fútbol, en representación oficiosa de sus países, celebraron unos encuentros de exhibición.
Dos equipos griegos, Esmirna y Salónica, y uno de Dinamarca abrieron el fuego de las participaciones.
Los daneses se impusieron en la final al equipo de Esmirna por un contundente 15-0, un resultado escandaloso, pero que dejaba claro cuál era la diferencia entre el fútbol nórdico y el helénico.
París 1900 y Saint Luis, en 1904, albergaron choques de exhibición nunca reconocidos por nadie, pese a que el Comité Olímpico Internacional, tan dado a desdecirse y enmendar errores con alardes de arbitrariedad e incongruencia, diese por buenas, muy a posteriori, las medallas otorgadas a equipos de Bélgica, Francia, Canadá, Inglaterra y Estados Unidos, contendientes en aquellas dos lejanas ediciones.
A los Juegos de París en 1900 acudieron tres equipos. Uno belga, el Upton Park de Londres y un equipo en representación de la USFSA (Union des Sociétés Françaises des Sports Athlétiques).
El equipo inglés ostentaba la representación del gobierno de la Gran Bretaña y en la final derrotó al equipo francés por un contundente 4-0.
Cuatro años después, en la ciudad norteamericana de San Luis, otros tres equipos participaron fuera de concurso en el torneo de fútbol.
Dos equipos americanos, el St. Rose Club y el Chistian Brothers College, se enfrentaron al Galt Club de Canadá.
Fue en los Juegos de Londres (1908) donde Dinamarca y Francia se enfrentaron oficialmente por primera vez, no ya en una “Olimpiada”, sino en el primer torneo internacional de fútbol así reconocido.
Los daneses golearon al débil equipo galo por 9-0 en el estadio Shepard Bush (19-X-1908), partido que pasaría a la historia, aunque días después el medallero se lo repartiesen el Reino Unido (oro), Dinamarca (plata) y Holanda (bronce).
En Gran Bretaña, cuna de la actual reglamentación del fútbol, se inscriben por primera vez 7 equipos representativos de otros tantos países.
Gran Bretaña, Dinamarca, Holanda, Suecia, Francia, Bohemia (hoy parte de Checoslovaquia) y Hungría son los pioneros.
El equipo anfitrión se impuso en la final a Dinamarca por 2-0 y Holanda se adjudicó la tercera plaza al derrotar estrepitosamente a Finlandia por 9-0.
La consolidación del fútbol olímpico
Para la siguiente cita olímpica a celebrar en Estocolmo, los rectores del fútbol presionaron para que se le incluyera como disciplina olímpica.
Los organizadores se destacaban por considerarlo como un deporte de exhibición, pero finalmente lo aceptaron con la condición de que tan solo se inscribiera un equipo por país.
Gran Bretaña fue la gran perjudicada pues intentaba incluir por separado a Inglaterra, Irlanda, Escocia y País de Gales.
Participaron once países entre los que destacaban las primeras apariciones de Alemania y Rusia.
La primera final olímpica la disputaron los mismos protagonistas de los Juegos celebrados en Gran Bretaña.
De nuevo Inglaterra se impuso a Dinamarca, aunque esta vez la diferencia fue menor (4-2).
Tras el paréntesis obligado por la I Guerra Mundial, en 1920 se reanudaron los Juegos Olímpicos y saltó el primer escándalo en el torneo de fútbol.
Catorce equipos europeos y Egipto disputaron el llamado Concurso Mundial.
Los Juegos de 1920 significaron la primera participación española y el mejor resultado alcanzado hasta la fecha: una medalla de plata.
El torneo en sí se desarrolló de una manera normal, hasta la final a la que llegaron el equipo anfitrión, Bélgica, y Checoslovaquia.
Tras un incidente entre el colegiado y los jugadores checos, estos optaron por retirarse y fueron descalificados.
Bélgica obtenía así la medalla de oro.
España no intervino hasta 1920, en Amberes.
Y ese primer partido de los nuestros en los IV Juegos Olímpicos, ante Dinamarca (29-VIII-1920, en Bruselas), supuso al mismo tiempo el debut del recién creado equipo nacional.
Ricardo Zamora, Luis Otero, Mariano Arrate, José Samitier, Belauste, Eguizábal, Pagaza, Félix Sesúmaga, Patricio Arabolaza, Pichichi y Acedo, se impusieron por un ajustado 1-0, siendo el irunés Patricio autor del gol, luego de que durante el primer tiempo ya se le hubiera anulado otra diana.
Los belgas, finalmente, serían medalla de oro.
A partir de 1924, el torneo “olímpico” de fútbol ya iba a ser organizado por la FIFA.
De nuevo en París, en 1924, los Juegos conocieron un fuerte incremento en la participación de naciones.
Esta vez fueron 22 naciones las inscritas, aunque a última hora se retiró Portugal, tres países no europeos tomaron parte: Estados Unidos, Egipto y Uruguay.
Fue precisamente el equipo celeste el gran animador del torneo y como se pudo comprobar, alcanzó la final de una forma merecida.
Suiza fue el rival de los uruguayos y se inclinó por 3-0.
Los nombres de Nasazzi, Andrade o Scarone comenzaron a contar en el concierto del fútbol mundial.
En esos juegos Italia se tomó cumplida venganza, imponiéndose a España por 1-0.
En 1928, en Ámsterdam, los jugadores celestes repitieron el título alcanzado en París.
En los Juegos holandeses, el número de participantes descendió a diecisiete, de los cuales cinco venían de América: Uruguay, Argentina, Chile, México y Estados Unidos.
Se admitió de nuevo a Alemania, pero los conjuntos británicos no acudieron al mantener su enfrentamiento con la FIFA.
Desde el principio quedó claro que las dos mejores selecciones eran Uruguay y Argentina y lógicamente se enfrentaron en la gran final.
El equilibrio fue tan grande que fue necesario un segundo partido para dilucidar el vencedor, ya que en el primero se registró empate a uno.
En el segundo, los «celestes» repitieron su triunfo de cuatro años atrás en París y se proclamaron por segunda vez campeones olímpicos al vencer por 2-1.
Nasazzi, Andrade, Cea y otros seguían en candelero y por parte argentina, comenzaban a despuntar hombres como Orsi, Ferreira o Monti.
La creación de la Copa Jules Rimet y la crisis del fútbol olímpico
La creación en 1930 de la Copa Jules Rimet, campeonato mundial abierto a los profesionales, significó el primer paso atrás para el torneo de fútbol de los Juegos Olímpicos.
En ellos, solamente se permitía la presencia de jugadores aficionados.
La primera consecuencia de esta medida fue que en los Juegos de 1932 en Los Angeles no se celebrara el torneo de fútbol ante la falta de interés mostrada por las selecciones europeas.
Los Juegos de Los Ángeles, en 1932, habrían de representar para el fútbol con aros un antes y un después.
La FIFA acababa de crear su propia competición universal, el Mundial de Fútbol, cuyo primer campeón (1930) había sido Uruguay, precisamente la selección vencedora en los dos últimos Juegos Olímpicos.
Y entre que el fútbol apenas si gozaba de algún predicamento en los Estados Unidos, y que desde el máximo organismo rector del balón no gustaba la idea de engordar a la competencia olímpica, los norteamericanos se quedaron sin fútbol en su alarde.
El conflicto entre amateurismo y profesionalismo
El problema de los “internacionales olímpicos” estaba relacionado con la dificultad de encuadre de una competición que no siempre reunía a jugadores estrictamente aficionados.
Corría 1926 cuando nuestros clubes acordaron abrazar el profesionalismo, pese a que para entonces ya hubiese varios profesionales encubiertos, aún a riesgo de pechar con dos años de descalificación si el subterfugio acababa saliendo a la palestra.
En teoría, ese estatus profesional debería dejar fuera de los Juegos de Ámsterdam (1928) a nuestros mejores futbolistas, a tenor de la pureza “amateur” preconizada desde el COI.
Sin embargo, no fue así.
Pedro Vallana, Ciriaco Errasti, Jacinto Quincoces, Amadeo Labarta, Pachi Gamborena, Luis Regueiro, José Mª Yermo, Antero González o Paco Bienzobas, ¿acaso no iban a ser destacadísimas figuras en el Campeonato de Liga que echaría a rodar pocos meses después?
Faltaban Quesada, Peña o Gaspar Rubio, muy cierto, componentes todos ellos, junto con Ricardo Zamora, de la selección habitual por esa misma época, pero nuestro once distaba mucho de ser una agrupación “amateur”.
El profesionalismo estaba plenamente implantado en la mayoría de países.
Los Juegos se convirtieron en un magnífico escaparate para los jóvenes valores, que finalmente recalaban en los equipos europeos más importantes.
Tanto en la Unión Soviética, como en sus satélites del Telón de Acero -Polonia, Checoslovaquia, Hungría, Bulgaria, Rumanía, Yugoslavia y República Democrática Alemana- no se reconocía la profesionalización del deporte, pese a que todas sus estrellas se dedicaran a él por completo.
Sorteando el precepto olímpico que impedía a sus competidores incluso el cobro de cantidades en concepto de enseñanza o monitorización deportiva, el régimen comunista colocó en fábricas, industrias petrolíferas o algodoneras, y sobre todo en el ejército -no con salarios de sargento, sino de capitán hacia arriba- a los mejores atletas, gimnastas, nadadores y futbolistas.
Obviamente ninguno de ellos pisaba otras instalaciones que las deportivas.
Los estados se consideraban sobradamente retribuidos con sus laureles, medallas y títulos, luego de que la antigua propaganda bélica desaguara en otra no menos efectiva, sustentada en la universalización del olimpismo.
El fútbol olímpico fue perdiendo interés en los países de Europa Occidental y Sudamérica, justo donde más desarrollado estaba, a raíz de su profesionalización.
Los Ángeles 1932: unos Juegos marcados por la distancia y la Gran Depresión
La celebración de los Juegos Olímpicos de 1932 en medio de la Gran Depresión y, considerando las conexiones de transporte de la época, en una región relativamente remota como California, provocó que la participación fuera la más baja desde 1904, con sólo la mitad de los atletas que participaron en 1928.
El estadio olímpico Coliseo asombró al mundo entero.
Su magnitud y calidad superaron todo lo anterior, dando lugar a los primeros Juegos 'reconocibles' hoy en día.
Entre 1900 y 1928, ningunos Juegos de verano habían durado menos de 79 días, pero en Los Ángeles se redujo a sólo 16.
Desde entonces se han mantenido entre 15 y 18 días.
En este contexto, el torneo de fútbol no logró reunir el interés suficiente para formar parte del programa olímpico.
La distancia hasta California encarecía y complicaba los desplazamientos de las delegaciones europeas, mientras que la Gran Depresión reducía los recursos disponibles para viajes internacionales.
A esas dificultades se sumaba una cuestión deportiva decisiva: los mejores futbolistas de numerosos países ya estaban vinculados al profesionalismo o competían en un sistema en el que la frontera entre amateur y profesional resultaba cada vez más difícil de sostener.
| Elemento | Situación en 1932 |
|---|---|
| Sede | Los Angeles |
| Contexto económico | Gran Depresión |
| Duración de los Juegos | 16 días |
| Fútbol olímpico | No se celebró |
| Principal conflicto deportivo | Amateurismo frente a profesionalismo |

Por qué no se celebró el fútbol en Los Ángeles
La competencia del Mundial
El primer motivo fue la creación de la Copa Jules Rimet en 1930, una competición mundial abierta a los profesionales.
El Mundial ofrecía a las selecciones nacionales un escenario específicamente dedicado al fútbol y con una legitimidad creciente dentro del calendario internacional.
La situación era especialmente significativa porque Uruguay, primer campeón mundial en 1930, también había vencido en los dos torneos olímpicos anteriores.
La FIFA acababa de crear su propia competición universal, el Mundial de Fútbol, cuyo primer campeón (1930) había sido Uruguay, precisamente la selección vencedora en los dos últimos Juegos Olímpicos.
El éxito de la nueva competición redujo el atractivo del torneo olímpico, limitado oficialmente a jugadores aficionados.
La defensa del amateurismo olímpico
En los Juegos Olímpicos solamente se permitía la presencia de jugadores aficionados.
Esta norma impedía que los países llevaran necesariamente a sus mejores futbolistas, especialmente en una época en la que los clubes profesionales comenzaban a organizar campeonatos nacionales estables.
La contradicción ya era visible en Ámsterdam 1928, cuando varias selecciones presentaron jugadores de primer nivel pese a la exigencia formal de amateurismo.
Por tanto, la ausencia de 1932 fue también una consecuencia de la tensión entre el reglamento olímpico y la realidad del fútbol internacional.
El escaso arraigo del fútbol en Estados Unidos
El fútbol apenas si gozaba de algún predicamento en los Estados Unidos.
La popularidad de otros deportes estadounidenses y la menor tradición del fútbol asociación reducían la capacidad de la sede para generar interés local por un torneo internacional.
La falta de público potencial, unida a la ausencia de las principales selecciones europeas, hacía difícil justificar la inclusión de la competición.
La oposición de la FIFA a reforzar el torneo olímpico
Desde el máximo organismo rector del balón no gustaba la idea de engordar a la competencia olímpica.
La FIFA tenía ahora su propio campeonato universal y podía considerar inconveniente que los Juegos Olímpicos mantuvieran un torneo de fútbol capaz de competir en atención, prestigio y participación con la Copa Jules Rimet.
La primera consecuencia de esta medida fue que en los Juegos de 1932 en Los Angeles no se celebrara el torneo de fútbol ante la falta de interés mostrada por las selecciones europeas.
La ausencia de 1932 dentro de la historia olímpica
La edición de Los Ángeles constituye la única interrupción del fútbol en los Juegos Olímpicos de la Era Moderna.
Salvo en la edición de 1932, disputada en Los Angeles, ha estado presente en todas las ediciones de esta competición.
La ausencia no significó la desaparición definitiva del fútbol olímpico.
Éste volvería en Berlín (1936), para que el III Reich alimentase su megalomanía aria con un oro, la Italia de Mussolini se resignase al premio de consolación y Austria, sobre cuya capital se cernían sombras negras a paso de oca, luciese el bronce.
Los Juegos de 1936 tuvieron un marcado acento político y así se produjeron ausencias de países importantes como Francia.
El escándalo saltó en el partido Perú-Austria, que finalizó con el triunfo andino por 4-2.
Pese al apabullante resultado, el comité descalificó a Perú porque unos aficionados saltaron a celebrar el triunfo.
En la final, los austríacos cayeron ante Italia por 2-1.
La evolución posterior del fútbol olímpico
En los Juegos de 1948, en Londres, los grandes triunfadores fueron los jugadores suecos.
En la final derrotaron a Yugoslavia por 3-1 y los técnicos de media Europa anotaron los nombres de aquellos muchachos rubios y atléticos.
Hombres como Carlsson, Gren, los Nordhal o Liedholm pasaron a jugar a Italia.
Tres nombres están en la memoria de los aficionados españoles: Sandor Kocsis, Ferenc Puskas y Zoltan Czibor fueron campeones olímpicos en Helsinki, en 1952.
Otra nota remarcable de estos Juegos fue la presencia por vez primera de la URSS y que Yugoslavia llegó a su segunda final consecutiva, siendo derrotada por Hungría (2-0).
En Melbourne, en 1956, la mayoría de los equipos de Europa Occidental se negaron a acudir por el profesionalismo encubierto de los equipos del Este, que disimulaban a sus figuras con cargos oficiales negando de esta manera su dedicación exclusiva al fútbol.
En un torneo plagado de ausencias, la URSS se impuso a Yugoslavia, tercera final consecutiva que acababa en derrota, por 1-0.
La norma permitió que países como Egipto o Japón despuntaran en los siguientes Juegos, que se adjudicó Hungría frente a Checoslovaquia (2-1) en Tokio y Bulgaria (4-1) en México.
En 1972 se suspendió la normativa y de nuevo los países del Este coparon el podio olímpico.
En 1976, fueron los países africanos los que protagonizaron la retirada masiva y tres de los equipos clasificados, Zambia, Nigeria y Ghana, dejaron cojo el torneo de fútbol.
La victoria sonrió a la RDA que derrotó a Polonia por 3-1.
En 1980, en Moscú, el boicot partió de los países occidentales y las bajas de selecciones que habían logrado su pase a los Juegos se cubrieron con equipos de segunda y tercera fila, lo que deslució el torneo.
Los Angeles fue la devolución de la moneda por parte de los países del Este al boicot provocado por Estados Unidos a los Juegos de Moscú.
Francia, que había ganado el Europeo de selecciones pocos meses antes, derrotó en la final a Brasil por 2-0, rompiendo la hegemonía que los países del Este habían mostrado desde 1952.
Un triunfo merecido en un torneo que, en un país con tan poca tradición como Estados Unidos, rompió todos los récords de expectación.
Participación y relevancia histórica
En las primeras ediciones de Juegos Olímpicos la cantidad de equipos participantes de fútbol era variable.
Se partió con tres selecciones, pero ese número se movió con el paso del tiempo.
En París 1924 se llegó a un máximo de 24 selecciones, pero Helsinki 1952 fue la edición en la que más equipos de fútbol compitieron en unos Juegos Olímpicos con 25 en total.
Sin embargo, desde Londres 2012 se determinó que fueran solo 16 conjuntos en la competencia de fútbol varonil.
La selección de fútbol masculino de Brasil es la que más medallas posee en Juegos Olímpicos con siete: Dos oros, 3 platas y 2 bronces.
| Edición | Dato relacionado |
|---|---|
| Atenas 1896 | Tres equipos en encuentros de exhibición |
| París 1900 | Tres equipos |
| San Luis 1904 | Tres equipos fuera de concurso |
| París 1924 | 22 naciones inscritas |
| Ámsterdam 1928 | 17 participantes |
| Los Ángeles 1932 | No se celebró el torneo de fútbol |
| Helsinki 1952 | 25 equipos de fútbol |
| Desde Londres 2012 | 16 conjuntos en el fútbol varonil |
El regreso del fútbol y el nuevo papel de los Juegos
Tras la interrupción de Los Ángeles, el fútbol olímpico regresó en Berlín 1936, aunque el contexto político transformó profundamente el significado del torneo.
Después de la Segunda Guerra Mundial, los Juegos se convirtieron progresivamente en un escaparate para jugadores jóvenes y en una competición marcada por las diferencias entre los sistemas deportivos occidentales y los del bloque del Este.
España, que estuvo presente en el Campeonato Mundial de Italia (1934) para caer ante los anfitriones en un choque de desempate, y volvería a hacerlo en Brasil (1950), celebrando la cuarta posición, no iba a dejarse caer por unos Juegos Olímpicos hasta los de México, en 1968.
Para entonces ya se había autorizado la alineación de profesionales encubiertos, considerando “amateurs” a los menores de 23 años, sin que importara en qué categoría compitiesen.
Uno de los jugadores más destacados en la edición de Barcelona 1992 fue el ahora entrenador del Manchester City, Josep Guardiola.
El astro argentino Lionel Messi, logró la misma hazaña que Pep en la edición de Beijing 1998.
También con 21 años, el campeón del mundo compartió el metal dorado con Ángel Di María y Javier Mascherano (entre otros jugadores).
Otros de los jugadores de fútbol superestrella son los brasileños Ronaldinho (bronce en Beijing 2008) y Neymar; este último logró la plata en Londres 2012 cuando la Verdeamarela fue derrotada por México.
Sin embargo, en Río 2016, Neymar se colgó la medalla de oro en casa.
El vigente campeón del fútbol en Juegos Olímpicos, Brasil, no estará presente en París 2024.
LA HISTORIA DEL FÚTBOL EN LOS JUEGOS OLÍMPICOS - TODO LO QUE NECESITAS SABER
La importancia de 1932 en la historia del fútbol internacional
Los Juegos Olímpicos de 1932 marcaron el momento en que el fútbol dejó de ser una parte indiscutible del programa olímpico y pasó a competir con un campeonato mundial específicamente creado para este deporte.
La ausencia de Los Ángeles reflejó tres transformaciones simultáneas: el crecimiento del fútbol profesional, la pérdida de exclusividad del torneo olímpico y la consolidación de la FIFA como autoridad internacional del fútbol.
El fútbol regresó a los Juegos en 1936, pero ya no ocupaba exactamente el mismo lugar que antes de la creación de la Copa Jules Rimet.
Los Juegos de Los Ángeles, en 1932, habrían de representar para el fútbol con aros un antes y un después.