La primera infancia ofrece una oportunidad decisiva para configurar la trayectoria del desarrollo integral de niños y niñas y sentar las bases de su futuro. La importancia de la educación en la infancia es clave para el desarrollo de las personas, porque es en esta época de la vida donde se sientan las bases para el desarrollo futuro de la persona.
Cuando hablamos de educación no nos referimos únicamente a la adquisición de conocimientos académicos. Toda la información que recogemos en los primeros años de vida nos sirve para desenvolvernos en el mundo y nos desarrollemos plenamente como personas. El compromiso educativo en esta etapa comprende la participación activa de los niños, el vínculo afectivo con sus cuidadores, la relación con sus pares, el acompañamiento del profesorado y la asistencia regular a espacios de aprendizaje seguros, estimulantes e inclusivos.

Qué es la educación en la primera infancia
La educación en la primera infancia se refiere a la instrucción y el cuidado que profesionales cualificados proporcionan a los niños pequeños. Normalmente, esta educación tiene lugar en entornos estructurados, como jardines infantiles, guarderías, centros de educación inicial o incluso hogares privados.
Los programas de aprendizaje temprano están diseñados para niños desde el nacimiento hasta los seis años, un período crucial en la vida de un niño. Durante estos primeros años se producen desarrollos cognitivos, emocionales, sociales y físicos básicos que sientan las bases del aprendizaje permanente, la alfabetización, la autoexpresión y el bienestar.
La educación inicial destaca la importancia de proporcionar a los niños pequeños un entorno de aprendizaje seguro, atractivo y rico. Se basa en la comprensión de que los programas y las experiencias de aprendizaje temprano influyen significativamente en el desarrollo infantil.
La educación infantil de alta calidad pretende preparar a los niños para los desafíos sociales y para su futura adaptación escolar. La educación no consiste en ofrecer las cosas ya hechas o dar las respuestas acertadas. Se trata de mostrarles el camino para que con lo aprendido sean los niños y niñas los protagonistas de sus propias decisiones y de sus propios errores.
Por qué los primeros años son decisivos
Las investigaciones muestran que el cerebro infantil se desarrolla con mayor rapidez en los primeros 2-3 años que en ningún otro momento de la vida. Estos primeros años también constituyen un período crítico de adaptabilidad y capacidad de respuesta a las intervenciones.
Según la ciencia, los primeros años de la infancia son los que marcan la pauta. El cerebro de niños y niñas se desarrolla de un instante a otro, mientras se relacionan con todo lo que les rodea. En los primeros años de vida se forman más de un millón de conexiones neuronales por segundo, un ritmo que nunca se volverá a repetir.
Las primeras experiencias y su calidad suponen un factor decisivo en el desarrollo del cerebro, ya que tienen el potencial de consolidar o debilitar la base de su aprendizaje, la salud y comportamiento para el resto de sus vidas.
Birth-to-five interventions demonstrate that providing enriching activities and enriching environments in early childhood can enhance brain development. Just as the experiences of early childhood make the brain vulnerable to toxic early environments, quality experiences provide tremendous opportunity for positive brain development.
La ciencia nos muestra que la biología no equivale a destino, y que lo que viven los niños en sus primeros días y años moldea y define sus futuros. Para que alcancen su pleno potencial, que es uno de sus derechos humanos, es necesario que sus progenitores y cuidadores les demuestren amor y ofrezcan atención de la salud y nutrición, protección contra daños, seguridad, oportunidades para el aprendizaje temprano y cuidados que impulsen su desarrollo, como hablar, cantar y jugar.
Todos estos factores son necesarios para nutrir el cerebro en evolución y alimentar el cuerpo en crecimiento. El juego y la exploración son para la infancia herramientas en el camino hacia la empatía, la autonomía y la estabilidad emocional. Gracias a ellos desarrollan hipótesis, resuelven problemas y expresan emociones.
Dimensiones del compromiso educativo
El compromiso escolar puede entenderse a través de sus subdimensiones conductual, cognitiva y afectiva. También se relaciona con factores contextuales como el apoyo familiar, el apoyo de los pares y el apoyo del profesorado, además de una mejor asistencia.
Compromiso conductual
El compromiso conductual se expresa en la asistencia, la participación en las actividades, el cumplimiento de rutinas y la disposición para involucrarse en las experiencias de aprendizaje. En la primera infancia, no debe reducirse a la obediencia: implica que los niños puedan explorar, participar, colaborar y desarrollar progresivamente su autonomía.
La asistencia regular permite mantener la continuidad de los vínculos, las rutinas y los aprendizajes. Las estrategias tempranas pueden contribuir a reducir dificultades posteriores de adaptación y participación escolar.
Compromiso cognitivo
El compromiso cognitivo se relaciona con la curiosidad, la atención, la exploración, la resolución de problemas y el esfuerzo por comprender. Los niños construyen y desarrollan su personalidad y sus capacidades físicas e intelectuales mediante experiencias en las que pueden formular hipótesis, probar alternativas y aprender de sus propios errores.
Los educadores pueden desarrollar planes de clase creativos, interactivos y adecuados a la edad que atiendan las necesidades, los intereses, la confianza en sí mismos, el desarrollo social y el desarrollo cerebral únicos de cada niño en el aula.
Compromiso afectivo
El compromiso afectivo se construye cuando los niños sienten que pertenecen a un entorno seguro, estable y acogedor. El amor, la atención sensible y la confianza favorecen la participación y permiten que los niños se relacionen con los demás sin miedo.
Es en la infancia cuando se interiorizan los valores que nos definen como personas. Confiar en uno mismo nos proporciona la fuerza necesaria para enfrentarnos a las adversidades y problemas cotidianos, logrando así el éxito personal.
La confianza se logra, en parte, cuando los niños y las niñas sienten que alguien les acompaña en su camino hacia el conocimiento y hacia la etapa adulta. Cuando se tienen las herramientas adecuadas para afrontar diferentes situaciones, es más fácil sentirse seguro.
Beneficios de una educación infantil de alta calidad
Los estudios han demostrado que los programas de educación infantil de alta calidad pueden generar numerosas ventajas a largo plazo para los niños.
- Mejor preparación para la escuela.
- Mayor rendimiento académico.
- Menor demanda de servicios de educación especial.
- Mayores tasas de finalización de la educación secundaria.
- Mejor conducta social.
- Mayor confianza, competencia y capacidad de autorregulación.
- Mejor desarrollo emocional y social.
- Menores tasas de repetición de curso.
- Mayor compromiso con la finalización de la educación secundaria.
Los niños que participan en experiencias y programas de alta calidad desarrollan confianza, competencia y habilidades de autorregulación que influirán en su competencia emocional y mejorarán su rendimiento académico.
Las experiencias de escolarización temprana eficaces incluyen componentes de prevención de la salud y la nutrición, y cuentan con la participación de los padres como primeros maestros de sus hijos.
Los niños con experiencia preescolar a través de programas como Head Start tenían padres más implicados en las actividades escolares de sus hijos. A través de su influencia en la participación de los padres, la experiencia preescolar parece influir indirecta pero positivamente en el rendimiento académico de primer curso y en la adaptación social de los niños.
Los programas de educación infantil también apoyan a las familias, proporcionándoles recursos para fomentar eficazmente el desarrollo de sus hijos.
Desarrollo integral: salud, nutrición, protección y aprendizaje
Para alcanzar su pleno potencial, los niños necesitan una atención sensible a sus necesidades de salud, nutrición, cuidados, seguridad y aprendizaje temprano.
La serie revela que las intervenciones en favor del desarrollo en la primera infancia que promueven una atención sensible a las necesidades de los niños -salud, nutrición, cuidados, seguridad y aprendizaje temprano- podrían costar apenas 50 centavos de dólar por niño por año, cuando se combinan con servicios existentes, como los servicios sanitarios.
Los autores hacen hincapié en el papel decisivo que desempeña el sector de la salud como punto de entrada a las intervenciones para la primera infancia, particularmente en apoyo de una atención sensible a las necesidades de los niños y las niñas.
La capacidad del sector para acceder a las mujeres y los niños durante el período crítico que va desde la concepción hasta los primeros años representa una oportunidad para integrar intervenciones de bajo costo, como Care for Child Development y Reach Up and Learn, de la OMS y UNICEF, en servicios existentes de salud y nutrición para la madre y el niño.
La ciencia y la economía son claramente partidarias de invertir en los primeros 1.000 días de la vida, comenzando en el embarazo. La atención temprana puede mejorar los resultados de desarrollo de los niños, así como su salud en la adultez, su bienestar y su productividad económica.
El papel del juego y la exploración
El juego y la exploración permiten que los niños aprendan de forma activa y significativa. Mediante estas experiencias, desarrollan hipótesis, resuelven problemas y expresan emociones.
Los entornos estimulantes y adecuados al desarrollo son importantes para los bebés y los niños pequeños. La educación infantil de alta calidad es:
- Integral.
- Protectora y afectiva.
- Coherente.
- Práctica.
- Estimulante.
- Exploratoria.
- Integradora del aprendizaje interactivo en todo el currículo.
Las mejores prácticas en educación infantil se identifican como prácticas apropiadas para el desarrollo. Estas prácticas son apropiadas para la edad, para cada individuo y para la cultura.
Dentro de la primera infancia, un componente importante es un aula afectuosa. El currículo del aula ayuda a los niños pequeños a alcanzar objetivos que son significativos desde el punto de vista del desarrollo y la educación.
Estar inmersos en entornos que proporcionan experiencias de aprendizaje adecuadas al desarrollo, entornos de aprendizaje ricos y oportunidades para el juego social ha demostrado mitigar algunos de los efectos del estrés en el cerebro de los niños pequeños.
Estrategias para fortalecer el compromiso educativo
1. Crear entornos seguros, afectivos y predecibles
El valor de la seguridad, si se construye desde la infancia, se alimenta de entornos estables, afectivos y predecibles. Un aula cuidadosa y organizada favorece la confianza, la participación y la disposición para aprender.
La educación infantil de alta calidad hace hincapié en la importancia de proporcionar a los niños pequeños un entorno de aprendizaje seguro, atractivo y rico. Los espacios deben permitir el juego, la exploración, la interacción social y la expresión emocional.
2. Ofrecer atención sensible y relaciones estables
Los progenitores y cuidadores deben demostrar amor y ofrecer atención de la salud y nutrición, protección contra daños, seguridad, oportunidades para el aprendizaje temprano y cuidados que impulsen el desarrollo.
Los adultos pueden fortalecer el vínculo mediante conversaciones, canciones, juegos, contacto afectuoso y respuestas coherentes a las señales de los niños. Hablar, cantar y jugar son cuidados que impulsan su desarrollo.
3. Adaptar las experiencias a la edad, la individualidad y la cultura
Las prácticas apropiadas para el desarrollo son apropiadas para la edad, para cada individuo y para la cultura. La planificación debe considerar los distintos ritmos de aprendizaje, intereses, habilidades, necesidades de apoyo y contextos familiares.
Mediante una formación especializada, los docentes desarrollan estrategias para apoyar a niños con diversos estilos y capacidades de aprendizaje. Al crear entornos de aprendizaje inclusivos y favorables, los docentes y cuidadores apoyan la salud mental de sus alumnos y les capacitan para alcanzar todo su potencial.
4. Promover la autonomía mediante decisiones sencillas
El conocimiento de nuestro entorno y la seguridad en nosotros mismos nos proporciona los recursos necesarios para tener capacidad de decisión. Por eso es importante trabajar este valor desde pequeños.
Se puede fomentar permitiendo a los niños elegir su propia ropa o sus juguetes, por ejemplo. La confianza en uno mismo, así como en las propias capacidades, son elementos clave para no rendirse y lograr alcanzar la meta.
5. Integrar el aprendizaje interactivo
Los educadores pueden elaborar actividades que integren el aprendizaje interactivo en todo el currículo. Las propuestas deben permitir que los niños observen, manipulen, conversen, se muevan, creen y colaboren.
Al aprender los principios de la educación infantil, los estudiantes de educación inicial conocen diversos métodos y enfoques didácticos que pueden ayudar a los niños pequeños a aprender y fomentar la participación en el aula.
6. Detectar pronto las dificultades
La identificación temprana de los riesgos es vital para una prevención eficaz. Aunque tendemos a pensar que los alumnos abandonan los estudios durante los últimos años de la enseñanza secundaria, muchos tienen esa trayectoria marcada desde mucho antes.
El abandono escolar se entiende mejor como un proceso de desvinculación de la escuela que como un acontecimiento repentino. Los problemas de conducta relacionados con lo social y las tareas, que se convierten en problemas de adaptación escolar, pueden identificarse al comienzo de los cursos de primaria.
Cuanto antes se identifica y se aborda un problema, mayor será el impacto en los alumnos en situación de riesgo. El problema del abandono escolar no puede abordarse exclusivamente en los niveles de secundaria media o secundaria superior; para entonces ya es demasiado tarde para algunos alumnos.
7. Implicar a las familias desde el inicio
Dado que los factores tanto escolares como extraescolares pueden influir en el abandono de los alumnos, es imprescindible implicar pronto a los miembros de la familia en la educación del niño.
Los estudios de intervenciones desde el nacimiento hasta los tres años demuestran que las estrategias centradas tanto en el niño como en la familia suelen marcar una diferencia duradera.
La participación de los padres y la colaboración son componentes fundamentales de los programas eficaces. Las alianzas entre docentes, familias, profesionales de la salud y organizaciones comunitarias crean una red de apoyo que refuerza el desarrollo del niño durante su trayectoria de aprendizaje.
8. Coordinar salud, nutrición, educación y protección
Las intervenciones deben estar disponibles pronto. Históricamente, las intervenciones para la primera infancia se han centrado en los niños en edad preescolar.
La capacidad del sector de la salud para acceder a las mujeres y los niños durante el período crítico que va desde la concepción hasta los primeros años representa una oportunidad para integrar servicios de desarrollo, salud y nutrición.
Una combinación de enfoques dentro de un programa preventivo integral puede aumentar el funcionamiento cognitivo de los niños y reducir el abandono futuro.
9. Utilizar estrategias personalizadas, focalizadas y universales
Las estrategias pueden aplicarse de manera personalizada, con un estudiante; focalizada, con un grupo de estudiantes; o universal, con todo el curso o la escuela.
| Modalidad | Aplicación |
|---|---|
| Personalizada | Con un/a estudiante. |
| Focalizada | Con un grupo de estudiantes. |
| Universal | Con todo el curso o la escuela. |
Para cada estrategia se puede señalar si es aplicable o no en un contexto no presencial. Esta distinción permite ajustar las acciones a las necesidades del niño, del grupo, del curso, de la escuela y de las condiciones de participación.
10. Mantener el desarrollo profesional de los educadores
Los adultos que trabajan en educación inicial deben mantenerse al día con los últimos avances del sector. Pueden explorar nuevas técnicas, estrategias y recursos para mejorar las experiencias de aprendizaje de los niños.
La formación en educación infantil proporciona habilidades esenciales de comunicación, pensamiento crítico y gestión emocional. Los estudiantes de educación inicial aprenden a abordar temas delicados, como las dificultades de aprendizaje o el mal comportamiento, con profesionalidad y claridad.
Al trabajar activamente para mejorar su propia enseñanza, los profesionales de la educación infantil se convierten en modelos para sus jóvenes alumnos y sus familias. Dar un ejemplo positivo permite a los educadores inspirar un amor por el aprendizaje durante toda la vida.
El vínculo entre compromiso temprano y trayectoria escolar
Proporcionar el mejor entorno posible en el aula desde los primeros años de la infancia y durante los años de primaria y secundaria es una de las formas más eficaces en que las escuelas pueden reducir el número de niños que finalmente abandonarán los estudios.
La educación infantil de alta calidad tiene el mayor efecto positivo en los niños de nivel socioeconómico bajo, en los niños que están en situación de riesgo debido a circunstancias familiares o comunitarias como la pobreza y el abuso o la negligencia, y en los niños con discapacidades y necesidades especiales.
Las estrategias de prevención temprana reducen las derivaciones a educación especial y la repetición de curso. Parece necesario realizar esfuerzos intensivos durante varios años para producir efectos duraderos, pero el hecho de que incluso los modelos menos intensivos de intervención temprana produzcan fuertes efectos inmediatos sugiere que una combinación de enfoques dentro de un programa preventivo integral ofrece grandes posibilidades.
Las estrategias que incluyen programas desde el nacimiento hasta los tres años, de educación preescolar y de educación infantil pueden garantizar que los niños entren en primer curso con un buen desarrollo del lenguaje, habilidades cognitivas y autoconceptos, independientemente de sus antecedentes familiares o características personales.
La intervención temprana para niños pequeños en situación de riesgo disminuyó las tasas de abandono escolar y delincuencia juvenil. Las intervenciones tempranas también pueden contribuir a reducir los factores de riesgo que conducen a una inasistencia prolongada en etapas posteriores.
Resultados a largo plazo y rentabilidad social
La serie sobre el desarrollo en la primera infancia señala que las personas pueden sufrir una pérdida de aproximadamente una cuarta parte del ingreso promedio anual en la edad adulta, mientras que los países pueden perder hasta el doble de su gasto actual del PIB en salud y educación.
La investigación sobre el Perry Preschool Study encontró que un dólar invertido en programas de educación infantil de alta calidad por los responsables políticos produce un retorno de siete dólares en costos preventivos asociados con el encarcelamiento, el absentismo escolar, el abandono escolar y el embarazo adolescente.
Los resultados del Perry Preschool Study mostraron que el grupo de estudiantes que participó en el programa tenía mayores ingresos, poseía un automóvil y presentaba significativamente menos detenciones a los 27 y 40 años en comparación con el grupo de estudiantes que no estaba inscrito en el programa Head Start.
Las personas que habían participado durante al menos uno o dos años en una intervención de primera infancia presentaban mayores tasas de finalización de los estudios, habían alcanzado más años de educación y tenían menores tasas de detenciones juveniles y detenciones por delitos violentos.
La educación infantil es una buena inversión, ya que suele ser menos costoso y más eficaz prevenir o abordar los problemas pronto que mediar y recuperarse posteriormente de problemas a menudo mucho más complejos.
Inclusión y desigualdades en el desarrollo temprano
Millones de niños y niñas desfavorecidos del mundo -quienes viven en la pobreza o en lugares afectados por conflictos y crisis, en tránsito, que pertenecen a comunidades que sufren discriminación y con discapacidades- no logran disfrutar de esta oportunidad.
Millones de niños y niñas no reciben la nutrición ni atención de la salud que necesitan, y crecen expuestos a la violencia, entornos contaminados y formas extremas de estrés. Pierden oportunidades de aprender y carecen de la estimulación que sus cerebros en desarrollo necesitan para prosperar.
Sus progenitores y cuidadores luchan por conseguir el tiempo, los recursos y servicios necesarios para proporcionar a sus hijos e hijas una atención de calidad en estos contextos.
Cuando niños y niñas pierden esta oportunidad única en la vida, pagan el precio que supone la pérdida de potencial: mueren antes de tener la oportunidad de crecer, o carecen de buena salud física y mental; luchan por aprender y, más tarde, por ganarse la vida.
La educación es un derecho que los Estados se han comprometido a garantizar tanto a través de diversos tratados internacionales, como a través de la Declaración Universal de los Derechos Humanos y la Agenda de los Objetivos de Desarrollo Sostenible.
En concreto, el ODS 4 plantea el compromiso de garantizar una educación inclusiva, equitativa y de calidad y promover oportunidades de aprendizaje durante toda la vida para todos para el año 2030.
Pero en el mundo todavía hay más de más de 250 millones de menores que no tienen garantizado el acceso a la educación.
Recursos para conectar escuela, familia y comunidad
Bouba y Zaza enseñan habilidades para la vida. Esta serie de manuales de motivación y cortometrajes animados para niños es un recurso para enseñar habilidades para la vida.
La serie aborda diversos temas, desde el abuso sexual hasta la protección del planeta. El proyecto es fruto de la colaboración conjunta de las ediciones Michel Lafon Education, la UNESCO y la Asociación para el Desarrollo de la Educación en África para los docentes, los padres y la comunidad.
Ha sido diseñado con el objetivo de tender un puente entre la escuela, la familia y el entorno local.
Los programas y recursos de educación inicial pueden fortalecer la comunicación entre educadores, familias, profesionales de la salud y organizaciones comunitarias. Estas alianzas permiten compartir información, detectar necesidades y coordinar respuestas de apoyo.
Condiciones para una implementación eficaz
Las intervenciones eficaces requieren continuidad, coordinación y adaptación al contexto. Los resultados duraderos suelen necesitar esfuerzos intensivos durante un período de varios años.
Una intervención debe considerar las características individuales de los niños, las condiciones familiares, los recursos disponibles, la cultura de la comunidad y las oportunidades de participación presencial o no presencial.
Los centros educativos pueden combinar acciones universales para todo el grupo con apoyos focalizados para determinados estudiantes y estrategias personalizadas cuando las necesidades lo requieran.
Las familias deben recibir recursos y orientación para fomentar el desarrollo infantil. Los docentes necesitan formación continua, espacios de colaboración y acceso a estrategias basadas en evidencia científica.
Los servicios de salud y nutrición pueden funcionar como puntos de entrada para intervenciones de desarrollo temprano, especialmente durante el período que va desde la concepción hasta los primeros años de vida.
Reforzar el compromiso educativo en la primera infancia implica actuar de manera temprana, integrar el cuidado con el aprendizaje, proteger el bienestar emocional, promover la participación familiar y construir entornos donde cada niño pueda desarrollar sus capacidades.