El ejército francés durante la Segunda Guerra Mundial

El ejército francés desempeñó un papel decisivo en la primera fase de la Segunda Guerra Mundial, aunque su rápida derrota ante Alemania en mayo y junio de 1940 dejó durante décadas una imagen simplificada de incompetencia, pasividad y falta de voluntad de lucha. Francia movilizó a cinco millones de soldados al inicio del conflicto, y su ejército era considerado uno de los mejores del mundo, capaz de rivalizar con el alemán.

Sin embargo, el Ejército francés de 1940 estaba condicionado por la experiencia de la Primera Guerra Mundial, por una doctrina defensiva y por una organización que dificultaba la reacción rápida ante una guerra mecanizada. La derrota se produjo en menos de un mes, pero no fue consecuencia exclusiva de la cobardía o de la inferioridad material: muchos soldados franceses combatieron con dureza, infligieron pérdidas importantes a la Wehrmacht y protagonizaron acciones defensivas y ofensivas de gran intensidad.

La herencia de la Primera Guerra Mundial

El Ejército francés se había anclado en la experiencia de 1914-18, por muchas y diversas razones, tanto militares, como económicas, políticas y sociales. Era un Ejército que había renunciado a la ofensiva, y que concebía el combate como una acumulación de batallas de desgaste en la que la superioridad económica e industrial de los aliados se impondría sobre una aislada Alemania.

Este planteamiento era coherente con la renuncia a la ofensiva que habían asumido el Ejército y la sociedad francesa en su conjunto. El Estado Mayor francés era consciente de la necesidad alemana de un conflicto corto, por lo que asumía que serían los alemanes los que iniciarían los ataques.

Para ejecutar ese tipo de combate, el Ejército francés precisaba constituir un frente fortificado lo antes posible, de forma que se impidiese la maniobra en el campo de batalla. Una vez constituido ese frente, se comenzaría la larga serie de batallas de desgaste que culminaría en la victoria aliada.

La Línea Maginot y el concepto defensivo francés

El concepto defensivo francés se basaba en la línea Maginot. A lo largo de su frontera este corría la supuestamente impenetrable Línea Maginot, un conjunto de más de 50 imponentes fortalezas.

La línea Maginot constituía el núcleo de la estrategia militar francesa, y el principal empeño del Ejército francés desde la PGM. Consecuentemente, la oficialidad francesa había desarrollado una cierta tendencia a considerar la construcción de búnkers como la principal actividad de un Ejército en defensiva, mucho más que ninguna otra.

Por razones políticas, esta línea terminaba en la frontera luxemburguesa: no era admisible construir fortificaciones en la frontera de países amigos (caso de Luxemburgo y Bélgica); la construcción de estas fortificaciones reforzaría además la posibilidad de que Francia “abandonase a su suerte” a belgas y luxemburgueses en caso de un nuevo ataque alemán, lo que impulsaría a ambos países a buscar algún tipo de acomodo con Alemania, debilitando su vínculo con los aliados.

Sin embargo, Francia no podía permitirse perder, como en 1914, los departamentos del Norte - 40% de la producción industrial francesa -, por lo que era imperativo que el frente estático que se preveía se mantuviese al Este de la frontera franco-belga.

Cualquier unidad de Infantería francesa recibía instrucción para construir búnkers, mientras que otras acciones similares - como el tendido de campos de minas, por ejemplo - recibía mucha menos atención.

Si los alemanes decidían invadir desde el norte, como durante la Primera Guerra, había planes para un contrataque diseñado para bloquearlos dentro de Bélgica con la ayuda de la Fuerza Expedicionaria Británica.

La doctrina de la «bataille conduite»

De acuerdo con la doctrina francesa de la época, en caso de una penetración en el frente, la forma de ejecutar un contraataque era coherente con su forma general de actuar, y se realizaba en dos fases; “colmater et contra-attaquer”.

En la primera fase, el jefe de las fuerzas que ejecutaban un contraataque asumía además el mando de las fuerzas francesas presentes en la zona donde se ejecutaría (y que se consideraban “derrotadas”): con éstas y con las disponibles en la fuerza de contraaataque se reconstituía el frente defensivo (“colmater”) en la nueva línea.

Una vez conseguido un nuevo frente estabilizado, la Artillería batiría al enemigo el tiempo necesario para anular su capacidad de combate, y posteriormente, se ejecutaría un ataque “tipo 1918”, con una barrera móvil de Artillería y con los carros distribuidos entre las unidades de Infantería que avanzarían a pie, hasta expulsar al enemigo y reconstituir el frente (“contra-attaquer”).

Esta forma de actuar requería tiempo: el planeamiento detallado, el redespliegue de la Artillería, la acumulación de munición, el cálculo de los datos de tiro de la barrera móvil… eran actividades que requerían largo tiempo.

No obstante, el espíritu de la “bataille conduite” se basaba en “evitar errores”, por lo que se confiaba que el planeamiento detallado y minucioso y el apoyo masivo de fuegos eran imprescindibles para alcanzar el éxito, mucho más que fiarlo a la improvisación de un contraataque improvisado.

La lentitud de las decisiones y las comunicaciones

Una característica importante de la doctrina francesa era la lentitud en la toma de decisiones: puesto que una ofensiva enemiga sería precedida de actividades fácilmente detectables (redespliegue de fuerzas, acumulación de municiones, preparación artillera…) y que, incluso en caso de obtenerse una penetración, el avance del enemigo, que se realizaría a pie, requeriría esperar al lento redespliegue de la Artillería, la velocidad de reacción no era un aspecto crítico.

Para los franceses, la guerra “moderna” era una cuestión lenta, susceptible de ejecutarse mediante la aplicación de un “método”, aunque ello precisara un cierto tiempo. A cambio, sí era importante la seguridad: desde que se concebía un plan (al nivel más alto) hasta que se ejecutaba (después de que todos los niveles intermedios hubiesen planeado a su vez sobre la base del plan del escalón superior), pasaba un tiempo relativamente largo.

Este largo proceso daba tiempo al enemigo a prepararse para contrarrestar el plan propio, si era capaz de descubrirlo. En consecuencia, era importante preservar la seguridad de la información.

Puesto que, durante la PGM, ambos bandos habían sido capaces de penetrar en las comunicaciones radio y telefónicas enemigas, los franceses dedicaron un esfuerzo importante a hacerse con protocolos de codificación en su mensajería.

El inconveniente de esta política era que hacía falta un tiempo relativamente largo para codificar las largas y prolijas órdenes de operaciones en el Cuartel General que las emitía, y un tiempo aún mayor para decodificarlas en el que las recibía.

Una orden de cierta extensión podía necesitar unas dos horas para encriptarse en origen y otro tanto para decodificarse en destino; como ejemplo, un informe de una División tendría que pasar por su Cuerpo de Ejército, después por su Gran Unidad Ejército y posteriormente por el Grupo de Ejércitos para alcanzar el Alto Mando francés, por lo que podría tardar en llegar a ese nivel más de catorce horas, sin retrasos adicionales a los de encriptación.

No obstante, puesto que el tiempo no se consideraba un factor crítico, el Ejército francés no entendía que esto fuese un inconveniente fundamental. Se preferían las comunicaciones en código Morse, más fáciles de encriptar que las de voz, pero muy poco apropiadas para vehículos en movimiento (aviones o carros de combate).

En cualquier caso, la escasez de equipos radio y la propia doctrina francesa hacían que tampoco hubiese mucha prisa por dotar a esos vehículos de comunicaciones radio.

Organización y efectivos en 1940

El Ejército francés en 1940 se organizaba en 117 Divisiones, con unos efectivos totales de 6,1 millones de hombres. De ellas, 104 Divisiones (incluyendo diez de reserva) desplegaban en la frontera Este de Francia.

ElementoDatos
Divisiones organizadas117
Efectivos totales6,1 millones de hombres
Divisiones desplegadas en la frontera Este104
Carros franceses estimados en mayo de 19404.111, más 250 en África del Norte
Carros desplegados frente a Alemania3.254

Pese a su doctrina de la “bataille conduite”, el Ejército francés disponía de un número importante de carros de combate (sólo por detrás de la Unión Soviética), estimado en mayo de 1940 en 4.111 (más 250 en África del Norte), de ellos 3.254 se encontraban desplegados frente a los alemanes.

Organización del ejército francés en 1940

Los carros de combate franceses

Los carros franceses eran de modelos variopintos, abarcando desde 315 añosos Renault FT17, hasta los modernos y pesados Char de Bataille B-1 bis (274 ejemplares), junto con algunos ejemplares del enorme y pesado Char de Bataille D.

Los carros franceses estaban mucho mejor protegidos que sus equivalentes alemanes, como pronto experimentó la Wehrmacht. Sin embargo, su empleo, su autonomía, sus comunicaciones y la organización de las unidades blindadas limitaron considerablemente sus capacidades en una guerra de movimientos.

Renault R-35, AMR y AMC-130

El Renault R-35 (900 de ellos disponibles) y modelos similares como los AMR y AMC-130 (450 ejemplares), armados con el cañón Puteaux de 37 mm, tenían características intermedias entre las de los Panzer II y Panzer III alemanes.

La versión de este vehículo dotada de la torre FCM (100 de ellos disponibles en mayo de 1940) armaba un cañón S-38, más largo y con mayor poder de penetración (similar al 37 mm de los Panzer III) que el Puteaux original.

Estos modelos se construyeron para reemplazar a los viejos FT17 como carros ligeros de acompañamiento a la Infantería (su velocidad no superaba los 20 km/h en carretera, ni los 14 km/h en todo terreno, y su autonomía era de 130 km).

Con esta finalidad, se organizaban en Grupos de Batallones de Carros de Combate (Groupements de Bataillons de Chars de Bataille o GBC), asignados a las Grandes Unidades Ejército.

La idea era que estos carros se distribuyesen entre las Divisiones de Infantería situadas en primera línea de estos Ejércitos en operaciones ofensivas, o se asignasen a las que ejecutasen contraataques en defensa. En ningún caso se preveía un empleo independiente de estos carros.

Las primeras versiones no llevaban radio, pero posteriormente algunos modelos recibieron equipos de radio ER 54, que debía manejar el Jefe de Carro.

Hotchkiss H-35 y H-39

Los Hotchkiss H-35 y Hotchkiss H-39 (770 ejemplares entre ambos) nacieron de la misma necesidad que el Renault R-35: carro ligero de acompañamiento de la Infantería.

La amenaza de una nueva guerra europea hizo que el Ejército francés decidiese adquirir ambos modelos (Hotchkiss y Renault), para dotarse con suficientes carros en poco tiempo. Sus características y su empleo fueron muy similares a los descritos para el R-35.

No obstante, su blindaje era notoriamente superior al de los modelos equivalentes alemanes (un H 39 tenía un blindaje máximo de 45 mm de espesor, mientras que un Panzer IV se quedaba en 30 mm).

El SOMUA S-35

Además de estos carros, Francia desplegaba en 1940 unos 300 ejemplares del carro SOMUA (Société d´Outillage Mécanique et d´Usinage d´Artillerie) S-35.

Este carro estaba armado con un cañón de SA-35 47 mm, dotado de un poder de penetración considerablemente superior al del Panzer III (o al del Panzer IV). Con una velocidad de 40 km/h y una notable protección, el S-35 era superior a los carros alemanes.

Solo la funesta tendencia francesa de emplear torres en las que solo cabía el Jefe de Carro (mucho más económicas que las grandes torres de los Panzer alemanes) hacía al S-35 inferior a sus oponentes alemanes.

A diferencia de los Renault R-35 y de los Hotchkiss H-35, el S-35 desplegaba en el seno de las Divisions Légères Mécaniques (DLM), en misiones de Caballería (reconocimiento, seguridad, persecución…).

Estas DLM combinaban elementos de movilidad tan diferente que hacía que ni siquiera en ejercicios en tiempo de paz llegasen a actuar reunidas.

El Char B-1 bis

El B-1 bis (274 ejemplares en 1940) era un carro pesado de acompañamiento a la Infantería. Sus características lo hacían mucho más eficaz en este papel que los citados R-35 o H-35.

Su armamento principal consistía en un cañón de 75 mm en montaje de barbeta en el frontal del casco, y la omnipresente torre monoplaza con un cañón SA-35 de 47 mm. Estaba fuertemente acorazado (como pronto comprobarían los alemanes) y pesadamente armado, mucho más que ninguno de sus oponentes alemanes.

Sin embargo, la escasez de equipos de radio y las dificultades que implicaba la torre monoplaza limitaban sus capacidades reales.

A diferencia de los R-35 y H-35, que se agrupaban en los GBC de las Grandes Unidades Ejército, los Batallones de B-1 bis se integran en las nuevas Divisiones Acorazadas de Reserva (Division Cuirasée de Réserve - DCR).

La autonomía y el problema del reabastecimiento

Una característica que tuvo un impacto mucho mayor en el conflicto de lo que podría suponerse antes de la guerra era la escasa autonomía de los carros franceses, especialmente del B-1 bis.

Concebidos para proteger a la Infantería a pie mientras cruzaba los diez o quince kilómetros de profundidad de la posición defensiva enemiga, su autonomía se reducía a dos horas de marcha campo a través, periodo tras el cual requerían repostaje.

Los medios para repostar a disposición de los Batallones de Carros franceses eran limitados (unos pocos camiones cisterna de 2.500 litros - en muchos batallones, solo uno -, que debían desplazarse hasta la posición de todos los carros uno tras otro, repostando por gravedad), lo que hacía que el reabastecimiento de un Batallón durase varias horas.

Nuevamente, a principios de 1940, para la guerra esencialmente estática que se preveía, no parecía un problema relevante. Como se ha comentado, la reducida autonomía de los carros franceses (especialmente la del pesado B-1 bis), hacía que estas DCRs necesitasen frecuentes repostajes, lo que las hacía más lentas en su operación de lo necesario para el papel que se esperaba de ellas.

Las Divisiones Acorazadas de Reserva

Pese a las apariencias, debido a la necesidad de parar con frecuencia a repostar, las DCRs eran mucho menos móviles que sus equivalentes alemanas.

Como se ha citado anteriormente, a finales de los años 30, el Ejército francés comenzó a organizar sus DCRs, compuestas de una Media Brigada de carros pesados, con dos Batallones de Carros (B-1 bis), a 34 carros por Batallón, otra Media Brigada de carros ligeros (en general, H-39, procedentes de los GBC de los Ejércitos), con 45 carros cada uno de sus dos Batallones, un Batallón de Infantería Motorizada, tres Grupos de Artillería con obuses de 105 mm, dotados de tractores semioruga, una Batería Antiaérea y otra contracarro, dos Batallones de Zapadores, transmisiones y apoyo logístico.

Sin embargo, las DCRs nunca recibieron su dotación de Artillería al completo (se tuvieron que arreglar con un solo Grupo, reforzado hasta contar con 24 piezas de 105 mm), ni recibieron medios antiaéreos de ningún tipo. Las dos primeras se completaron, con las deficiencias citadas, en enero de 1940 y la tercera en marzo de ese año.

La idea de estas DCRs era la de cerrar alguna posible penetración alemana en el frente fortificado francés (de ahí su denominación “de reserva”). Una cuarta DCR estaba en curso de organización al inicio de la ofensiva de 1940.

A diferencia de los GBCs, las DCRs estaban concebidas para operar de forma autónoma con respecto a las Divisiones de Infantería que constituían el grueso de las Grandes Unidades Ejército.

Sin embargo, en mayo de 1940, su instrucción era muy precaria, no tenían una doctrina clara de empleo y, como se ha comentado, sus carros no estaban diseñados para ese papel, sino para el acompañamiento de la Infantería.

La composición de sus elementos de maniobra (cuatro Batallones de Carros por uno solo de Infantería) era muy desequilibrada, muy en línea con las ideas británicas de preponderancia del carro de combate, y solo las hacía aptas (con limitaciones) para la función para la que fueron diseñadas.

En efecto, en un contraataque en terreno propio no se esperaba que el enemigo hubiera tenido tiempo de organizar ninguna posición tan fuerte como para que el solitario Batallón de Infantería Motorizado de la División no pudiese superarla, teniendo en cuenta la abundancia de carros que lo apoyarían.

La invasión alemana de 1940

FechaAcontecimiento
10 de mayoLas fuerzas alemanas se toman Holanda y Bélgica
11 de mayoLos Panzer alemanes rompen las defensas aliadas en Sedán, superando efectivamente la Línea Maginot
13 de mayoLos alemanes cruzan el río Meuse y entran en Francia
20 de mayoLos tanques del general Guderian llegan a Abbeville, aislando a las fuerzas aliadas en Bélgica
9 de junioTanques al mando de Rommel cruzan el Sena
16 de junioRenuncia el primer ministro francés Paul Reynaud, se forma un nuevo gobierno al mando del mariscal Philippe Pétain
22 de junioSe firma el armisticio franco-alemán: el norte de Francia queda bajo ocupación alemana, el sureste bajo el control del gobierno de Pétain en Vichy

El problema es que Hitler desafió a los teóricos militares enviando a sus Panzer a través de las boscosas colinas de las Ardenas, justo en la esquina de los frentes norte y este. Nadie se lo esperaba porque se asumía que las carreteras eran impasables.

Pero la estrategia le funcionó a Hitler y los alemanes. Colocaron a sus mejores fuerzas en Bélgica en respuesta a una finta alemana y quedaron peligrosamente expuestos a lo largo del vital río Meuse en Sedán, por donde los tanques alemanes tenían que cruzar luego de pasar por las Ardenas.

El 11 de mayo, los Panzer alemanes rompieron las defensas aliadas en Sedán, superando efectivamente la Línea Maginot. El 13 de mayo, los alemanes cruzaron el río Meuse y entraron en Francia.

El 20 de mayo, los tanques del general Guderian llegaron a Abbeville, aislando a las fuerzas aliadas en Bélgica. El 9 de junio, tanques al mando de Rommel cruzaron el Sena.

El 16 de junio, renunció el primer ministro francés Paul Reynaud y se formó un nuevo gobierno al mando del mariscal Philippe Pétain. El 22 de junio se firmó el armisticio franco-alemán: el norte de Francia quedó bajo ocupación alemana, mientras el sureste quedó bajo el control del gobierno de Pétain en Vichy.

Mapa de la invasión alemana de Francia

Los errores del mando francés

Hasta muy recientemente, la mayoría de los historiadores se habían enfocado en las evidentes carencias de las fuerzas francesas. Y sin duda los comandantes franceses cometieron errores importantes.

Colocaron a sus mejores fuerzas en Bélgica en respuesta a una finta alemana y quedaron peligrosamente expuestos a lo largo del vital río Meuse en Sedán, por donde los tanques alemanes tenían que cruzar luego de pasar por las Ardenas.

La fuerza aérea francesa era grande en tamaño, pero la mayoría de sus aviones estaban obsoletos. Y, en tierra, el concepto moderno de una guerra de tanques -los empujes de blindados concebidos por Rommel y Guderian- aún tenía que ser aceptado por un comando francés que seguía obsesionado con la infantería.

La combinación de una doctrina defensiva, la dispersión de los carros, la falta de radios, las dificultades logísticas y la lentitud de las decisiones impidió que Francia aprovechara plenamente su cantidad y calidad de material blindado.

La moral de las tropas francesas

En su clásico “Perder una batalla: Francia 1940”, el historiador británico Alistair Horne también destaca el colapso de la moral de las tropas francesas.

Como muchos otros autores dice que el recuerdo de la Primera Guerra Mundial todavía torturaba a los líderes franceses, que no tenían mucho apetito para una batalla. Mientras que las amargas divisiones ideológicas de 1930 -en las que la extrema izquierda y la extrema derecha habían llegado a batallar en las calles de París- también habían debilitado cualquier sentimiento patriótico.

Muchos historiadores afirman que no había voluntad de lucha en las tropas francesas. Pero muchos combatieron a los alemanes gallardamente.

Dominique Lormier y otros, sin embargo, creen que la verdad es más compleja. “La moral no estaba tan decaída como dice Horne. A muchos se les olvida que en muchos lugares los franceses pelearon bravamente y lograron poner en dificultad a los alemanes”, recuerda.

La resistencia francesa durante la campaña de 1940

La rápida derrota de Francia a manos de Alemania en la Segunda Guerra Mundial todavía es motivo de vergüenza y ha consignado al olvido a los soldados que murieron defendiéndola.

Se necesitó menos de un mes. Enfrentado al irresistible avance de los tanque alemanes -los famosos Panzer- el ejército francés colapsó y el primer ministro Philippe Pétain firmó una vergonzosa capitulación.

Pero la imagen de un ejército que simplemente se desintegró sin combatir no coincide con numerosos episodios de la campaña ni con las pérdidas sufridas por las fuerzas alemanas.

“La cifras hablan por sí solas. De los 3.000 tanques que los alemanes desplegaron, 1.800 quedaron fuera de combate. De 3.500 aviones, perdieron 1.600. En un mes de combates perdieron 50.000 muertos y 160.000 heridos. Fue un combate de verdad”, agrega.

Hannut, Moncornet y Stonne

Un ejemplo es la batalla de Hannut, que se peleó en Bélgica. Ahí los tanques franceses Somua, aunque superados en número, demostraron ser tan poderosos como los Panzers, dice Lormier.

Y, en su opinión, esa batalla se saldó con una victoria táctica para los franceses. El episodio mostró que algunos carros franceses podían enfrentarse con éxito a los blindados alemanes cuando se empleaban en condiciones favorables.

Otro momento memorable en medio de la deprimente letanía de derrotas francesas fue la carga mecanizada del general de Gaulle en Moncornet y la batalla de Stonne: una ciudad cerca de Sedán que cambio de manos unas 20 veces en cinco días de cruentos combates.

Segunda Guerra Mundial - La Batalla de Francia - Parte 1

Dunkerque, los Alpes y la Línea Maginot

Los franceses también cubrieron efectivamente la retirada británica de Dunquerque, dice Lormier, lo que permitió evacuar a muchos más hombres de lo que se temía.

Y, adicionalmente, también pelearon duras batallas contra los italianos en los Alpes, mientras que sólo un puñado de fortalezas de la Línea Maginot se había rendido a mediados de junio, cuando se firmó el armisticio.

La supuestamente impasable Línea Maginot no logró detener el avance de las tropas alemanas, pero tampoco todas sus fortificaciones fueron conquistadas rápidamente ni quedaron reducidas a una rendición inmediata.

La fuerza aérea y el sacrificio de sus tripulaciones

La fuerza aérea francesa era grande en tamaño, pero la mayoría de sus aviones estaban obsoletos. Aun así, sus tripulaciones continuaron realizando misiones contra las fuerzas alemanas en condiciones extremadamente peligrosas.

Con más de 80 años Phillipe de Laubier solo tiene vagos recuerdos de su padre, un comandante de grupo de la fuerza aérea francesa llamado Dieudonne. Pero la historia de su muerte de mayo de 1940 todavía lo inspira.

“Mi padre pilotaba uno de esos viejos bombarderos llamados Amiots. Eran irremediablemente anticuados”, cuenta.

“Cuando los alemanes pusieron su pontón sobre el río Meuse, en Sedán, era imperativo atacarlos con todo. Pero acababa de volver de una misión y no se esperaba que retomara vuelo tan prontamente”.

“Sin embargo, la idea de que su escuadrón tuviera que volar en una misión tan peligrosa sin él, le resultaba inaceptable. Así que detuvo uno de los Amiots que estaba preparándose para despegar y le ordenó a uno de sus tripulantes que se bajara, para así ocupar su plaza”.

“Obviamente fueron rápidamente derribados por el fuego anti aéreo alemán y mi padre murió”, recuerda.

El reconocimiento alemán del combate francés

Para de Laubier, la idea de que los militares franceses no estaban dispuestos a luchar es a la vez equivocada e insultante. Y para Dominique Lormier, la prueba de la determinación de los soldados franceses está en las bitácoras diarias del ejército alemán, en las que sus comandantes daban cuenta del progreso de la batalla.

“A pesar de graves errores tácticos del comando aliado, los soldados ofrecieron una defensa obstinada, con un espíritu de sacrificio digno de los poilus de 1916”, escribió por ejemplo el general Heinz Guderian.

“La tropas coloniales (francesas) lucharon con gran determinación. Sus operadores de tanques y tropas anti-tanque pelearon con coraje y causaron muchas pérdidas”, escribió por su parte el general Rommel.

Obviamente, se puede debatir el crédito que hay que darle a ese tipo de afirmaciones, pues los comandantes habitualmente honran el recuerdo de sus oponentes, aunque solo sea para hacer que sus victorias parezcan más impresionantes.

El armisticio y el colapso final

Y, al final del día, queda el hecho de que el ejército francés colapsó: el 17 de junio el mariscal Pétain transmitió vía radio un tristemente célebre mensaje pidiéndoles a las tropas que dejaran de pelear (aunque el armisticio aún no había sido acordado), lo que provocó rendiciones en masa.

El 22 de junio se firmó el armisticio franco-alemán: el norte de Francia quedó bajo ocupación alemana, mientras el sureste quedó bajo el control del gobierno de Pétain en Vichy.

La derrota militar no elimina la realidad de los combates librados durante la campaña, pero sí explica por qué el ejército perdió la capacidad de organizar una defensa general coherente después de la penetración alemana y del aislamiento de las fuerzas aliadas en Bélgica.

La memoria de los soldados de 1940

“Y después de la guerra, como sabemos todos, (el general) de Gaulle quiso borrar de la memoria colectiva cualquier recuerdo de la debacle”, cuenta Dominique Lormier, historiador y autor de varios libros sobre el tema.

“Por eso se le puso mayor atención a la Resistencia y al Ejército de África, que continuaron la lucha contra los alemanes a partir de 1944”, explica. “Y el sacrificio de los soldados que lucharon en 1940 fue olvidado”, agrega.

Para muchos, sin embargo, la gran injusticia no es que estas victorias menores no sean conmemoradas, sino la forma en la que durante años se ha insultado el recuerdo de los valerosos soldados y aviadores de Francia.

De Gaulle se concentró en honrar la memoria del Ejército de África y de los miembros de la Resistencia, dejando en el olvido a los soldados de la Batalla de Francia.

Hoy, sin embargo, muchos creen que no se ha hecho lo suficiente para recordar a “los primeros miembros de la Resistencia”. “Esos soldados fueron doblemente castigados. No sólo perdieron su vida en la Batalla de Francia, también perdieron la batalla de la memoria”, dice Charles de Laubier, nieto de Dieudonne, quien es periodista.

Charles publicó en el periódico Le Monde un llamando a establecer un día nacional de conmemoración para honrar a los 90.000 franceses que se estima cayeron en la Batalla de Francia.

Porque todavía hoy no hay ningún monumento que honre su memoria y su historia rara vez es recordada. “Es una negación de la memoria que roza el tabú”, escribió Charles. “Es hora de que acabe”.

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