Dolor en la parte izquierda baja de la espalda: causas, síntomas y cuándo consultar al médico

El dolor en la parte izquierda baja de la espalda puede deberse a una contractura muscular, una lesión, una hernia discal, ciática, un problema renal o una afección que afecte al colon, el páncreas o los órganos reproductores femeninos. Aunque la mayoría de los episodios no son graves y mejoran con cuidados sencillos, el dolor persistente, intenso o acompañado de otros síntomas requiere valoración médica.

Busca atención médica inmediata si el dolor aparece después de una caída o accidente, se acompaña de fiebre, sangre en la orina, pérdida de control de la vejiga o los intestinos, debilidad progresiva en las piernas, entumecimiento en la zona de la «silla de montar», pérdida de peso inexplicable o dolor intenso que no mejora con el reposo.

Qué es el dolor lumbar izquierdo

El dolor de espalda baja, también llamado dolor lumbar, lumbalgia o lumbago, es la molestia o dolor en la zona lumbar, la parte inferior de la espalda, entre las costillas y los glúteos. El dolor en la espalda baja, técnicamente conocido como dolor lumbar, es una de las afecciones más frecuentes en la población mundial, afectando a personas de todas las edades y niveles de actividad.

Esta molestia se localiza específicamente en la región que comprende desde la parte inferior de la caja torácica hasta el inicio de los glúteos, una zona que soporta la mayor parte del peso corporal y facilita el movimiento del tronco. El lumbago es un dolor que se siente en la región lumbar. Usted también puede presentar rigidez en la espalda, disminución del movimiento de la región lumbar y dificultad para pararse derecho.

El dolor puede presentarse en un lado de la columna o en ambos. La zona específica donde se siente el dolor suele dar pistas sobre su causa. Alrededor del 84 % de los adultos experimentan dolor lumbar en algún momento de su vida. La mayoría de las personas tendrá al menos un dolor de espalda en su vida.

El dolor de espalda es una de las razones más comunes por las que las personas buscan atención médica o faltan al trabajo. El dolor de espalda es una de las principales causas de discapacidad en todo el mundo. El dolor puede complicar la movilidad, las tareas cotidianas y hasta el trabajo.

Cómo puede sentirse

El dolor de espalda puede variar desde un dolor muscular hasta una sensación de ardor o dolor muy agudo o punzante. El dolor puede ser leve, o puede ser tan intenso que usted no es capaz de moverse. También puede presentarse como un dolor sordo y palpitante, y alternar entre una molestia continua y punzadas agudas.

Agacharse, girarse, levantar peso, estar de pie o caminar puede empeorar el dolor. Usted puede sentir una variedad de síntomas si se ha lesionado la espalda. Puede tener una sensación de hormigueo o ardor, una sensación de dolor sordo o dolor agudo.

Según la causa, también puede aparecer dolor en la pierna, la cadera o la planta del pie. También puede presentar debilidad en las piernas y los pies. El dolor puede proyectarse hacia otras partes del cuerpo y causar entumecimiento, cosquilleo o sensación de debilidad.

Principales causas del dolor en la parte izquierda baja de la espalda

Contractura, tensión o espasmo muscular

La tensión o los espasmos musculares son una de las causas más comunes del lumbago izquierdo. El uso excesivo o las lesiones musculares pueden provocar distensión, causando dolor en el lado izquierdo de la espalda.

Esto suele deberse a una mala postura, levantar objetos pesados, movimientos bruscos, deportes o tareas repetitivas. El lumbago agudo es causado con mayor frecuencia por una lesión repentina en los músculos y los ligamentos que sostienen la espalda.

El dolor puede ser causado por espasmos musculares o distensión o desgarro en músculos y ligamentos. Cuando los tejidos blandos se estiran más allá de su capacidad, se producen microdesgarros que generan inflamación y espasmos musculares.

Hernia o abultamiento de disco

Una hernia de disco u otros problemas vertebrales pueden causar dolor localizado en el lado izquierdo de la espalda. Un disco deslizado o herniado puede presionar los nervios y causar dolor que se irradia hacia un lado de la espalda.

Los discos actúan como amortiguadores entre los huesos de la columna vertebral. El material blando que se encuentra dentro del disco puede abultarse o romperse y hacer presión sobre un nervio.

Una hernia discal puede producir dolor lumbar izquierdo que se extiende hacia el glúteo o la pierna. Sin embargo, un abultamiento o rotura de disco podrían no causar el dolor de espalda.

Ciática e irritación de los nervios

Si el nervio ciático se comprime o irrita, puede producirse un dolor que afecta la zona lumbar y se irradia hacia un lado, incluido el izquierdo. La ciática es un tipo de dolor que afecta al nervio ciático, que parte de la zona lumbar, atraviesa las nalgas y se ramifica hacia cada pierna.

El dolor que baja por una pierna, especialmente si llega por debajo de la rodilla, puede indicar irritación o compresión nerviosa. El dolor de espalda acompañado de entumecimiento, hormigueo o debilidad, especialmente en las piernas y la espalda, puede ser un síntoma de irritación o daño nervioso.

Problemas renales

Los problemas del riñón izquierdo pueden causar dolor en el costado y la espalda, debajo de las costillas. Si un cálculo renal se aloja y obstruye el flujo de orina, el riñón tiende a inflamarse y puede experimentarse un dolor espasmódico, que puede ser muy intenso.

Las infecciones renales o la formación de cálculos renales también pueden causar dolor severo en esta área. En ese momento, puede experimentar dolor intenso y agudo en el costado y la espalda, debajo de las costillas.

El dolor lumbar izquierdo debe valorarse con rapidez si se acompaña de fiebre, escalofríos, micción frecuente, ardor al orinar o sangre en la orina. También pueden aparecer náuseas o vómitos.

Infección urinaria

Si el dolor va acompañado de fiebre, escalofríos, micción frecuente y sangre en la orina, es probable que se trate de una infección urinaria. Las infecciones renales tendrán que ser tratadas con antibióticos y un aumento en los fluidos (agua).

También se pueden usar medicamentos para cálculos renales e incluso llegar a necesitar cirugía. Necesitas consultar a tu médico para resolverlo.

Problemas de la columna y las articulaciones

La artritis puede causar inflamación en las articulaciones de la columna vertebral o próximas a ella. La osteoartritis puede afectar la región lumbar. En algunos casos, la artritis de la columna vertebral puede derivar en una reducción del espacio que rodea la médula espinal, una afección que se denomina estenosis espinal.

La estenosis lumbar es un estrechamiento del canal espinal, común en mayores de 50 años, que puede causar dificultad o dolor al caminar. La espondilolistesis es el desplazamiento de una vértebra y puede causar dolor lumbar crónico que empeora al estar de pie.

La escoliosis o curvatura anormal de la columna puede provocar un desequilibrio, causando molestias o dolor más en un lado de la espalda que en el otro. La espondilitis anquilosante, que también se conoce como espondiloartritis axial, puede hacer que algunos de los huesos de la columna vertebral se fusionen.

Lesiones o traumatismos

Los accidentes o caídas pueden provocar dolor localizado en el lado izquierdo de la espalda debido a daños en los músculos o ligamentos. Los accidentes de tráfico, las caídas y otros tipos de traumatismos pueden provocar lesiones que den lugar a dolor de espalda.

Las vértebras de la columna vertebral pueden estar expuestas a fracturas dolorosas cuando los huesos se vuelven porosos y frágiles. Las fracturas por compresión de la columna pueden relacionarse con la osteoporosis.

Si has sufrido un accidente, acude al médico de inmediato. El dolor puede deberse a diversas causas, como una lesión, cambios degenerativos, compresión nerviosa o una fractura que requiera tratamiento inmediato.

Embarazo

El embarazo puede generar dolor de espalda por los cambios hormonales y el aumento de peso. El peso del bebé en crecimiento y el aumento de los niveles de estrógeno y relaxina aflojan los ligamentos de la espalda, pudiendo conducir a dolor de espalda durante la gestación.

El dolor lumbar afecta al 50-70% de las embarazadas, especialmente en el tercer trimestre. Es por aumento de peso, cambios hormonales, cambios posturales y compresión nerviosa.

Durante la gestación, las embarazadas deben trabajar en su postura. Para aliviar el dolor de espalda en el embarazo, pueden optar por dormir de lado con una almohada entre las rodillas y hacer ejercicios pélvicos.

Problemas digestivos y órganos internos

El dolor en el lado izquierdo de la espalda puede deberse a afecciones que afectan a diversos órganos, como los riñones, el páncreas, el colon, el bazo y, en las mujeres, el útero.

La inflamación del páncreas puede manifestarse con dolor en el lado izquierdo de la espalda, en la costilla o la cintura, principalmente. El lumbago también puede deberse a problemas con la vesícula biliar o el páncreas.

Los problemas digestivos del colon pueden producir dolor lumbar izquierdo. Si el dolor no mejora con reposo ni medicación, puede indicar una afección subyacente que afecta órganos internos como los riñones, el páncreas, el colon o el útero.

Causas ginecológicas

La endometriosis y los fibromas pueden ser algunas de las causas del dolor lumbar en las mujeres. La endometriosis es más común en mujeres de entre 30 y 40 años. Los fibromas son tumores que crecen en la pared del útero y suelen ser benignos.

El lumbago también puede deberse a enfermedades que afectan los órganos reproductores femeninos, como endometriosis, quistes ováricos, cáncer ovárico o miomas uterinos. Los cólicos menstruales también pueden causar dolor en la parte izquierda baja de la espalda.

Herpes zóster

El herpes zóster es una infección que puede suceder a cualquier persona que haya tenido varicela. Se introduce en el sistema nervioso y, a menudo, puede causar dolor y ronchas rojas en la parte posterior y a los lados de la zona lumbar.

Los medicamentos antivirales como aciclovir pueden ayudar con el herpes. Este problema puede volver, especialmente si alguien tiene un sistema inmune debilitado por la enfermedad, pero siempre debes tomarlos con supervisión médica.

Osteoporosis, cáncer e infecciones

La osteoporosis debilita los huesos lumbares y puede facilitar fracturas dolorosas. El cáncer que compromete la columna vertebral también puede producir dolor lumbar, sobre todo cuando el dolor es reciente, persistente o se acompaña de pérdida de peso.

El dolor de espalda acompañado de fiebre indica una infección, como un absceso en la columna vertebral. También puede deberse a una infección de la columna vertebral, como osteomielitis, discitis o absceso.

Estas causas son menos frecuentes, pero deben descartarse cuando existen señales de alarma, antecedentes de cáncer, inmunosupresión, consumo de drogas inyectables o un dolor que empeora de forma progresiva.

Qué síntomas deben vigilarse

  • Dolor sordo, palpitante, ardor, hormigueo o dolor agudo y punzante.
  • Rigidez y disminución del movimiento de la región lumbar.
  • Dificultad para pararse derecho.
  • Dolor que se irradia hacia el glúteo, la cadera, la pierna o el pie.
  • Entumecimiento, cosquilleo o debilidad en una o ambas piernas.
  • Náuseas o vómitos.
  • Fiebre, escalofríos o malestar general.
  • Cambios en la orina, como ardor al orinar, micción frecuente o sangre.

El dolor de espalda puede ser progresivo, lo que significa que puede empeorar con el tiempo. Un dolor de espalda insoportable que se extiende a otras partes del cuerpo y altera sus actividades diarias o su sueño indica problemas subyacentes.

Cuándo consultar al médico

Consulta médica prioritaria

Es recomendable consultar a un médico si el dolor persiste por más de una o dos semanas sin mejoría, si empeora después de una semana, si continúa durante varias semanas o si no cede con reposo, medicación o fisioterapia.

Una molestia persistente que no desaparece es razón suficiente para consultar a un médico o especialista. La mayoría de los dolores de espalda suelen desaparecer después de unos días, pero el dolor persistente debe evaluarse para determinar su origen antes de que se convierta en un problema más grave.

  • El dolor dura más de algunas semanas.
  • El dolor es intenso y no mejora con el descanso.
  • El dolor se disemina hacia una o ambas piernas, sobre todo si baja más allá de la rodilla.
  • El dolor se acompaña de debilidad, entumecimiento u hormigueo.
  • El dolor empeora al acostarse o despierta por la noche.
  • El dolor no permite realizar las actividades cotidianas.
  • Existe pérdida de peso sin causa aparente.
  • El episodio es diferente o más intenso que otros dolores previos.

Situaciones que requieren atención inmediata

Busca atención médica de inmediato si el dolor ocasiona problemas nuevos de vejiga o intestino. La pérdida de control de los intestinos y la vejiga puede apuntar al síndrome de cauda equina, donde las raíces nerviosas de la parte inferior de la columna vertebral se comprimen.

  • Pérdida de control de la vejiga o los intestinos.
  • Dificultad para orinar o incapacidad para controlar la micción.
  • Entumecimiento en la zona de la «silla de montar».
  • Pérdida progresiva de fuerza en las piernas.
  • Dificultad para caminar o mantener el equilibrio.
  • Fiebre inexplicable con dolor de espalda.
  • Dolor intenso después de una caída, un golpe o un accidente.
  • Sangre en la orina o ardor intenso al orinar.
  • Pérdida de peso involuntaria y dolor crónico.
  • Antecedentes de cáncer con dolor reciente.
  • Enrojecimiento o hinchazón en la espalda o la columna vertebral.

El dolor de espalda intenso no es solo incómodo. Puede ser agonizante y alterar significativamente su vida. Además, ciertas situaciones requieren atención médica inmediata, especialmente si tiene antecedentes de cáncer o experimenta dolor torácico o abdominal que se irradia.

Cómo se diagnostica

El diagnóstico del dolor lumbar comienza con una historia clínica detallada y una exploración física. Cuando usted vea a su proveedor por primera vez, le preguntará acerca de su dolor de espalda, incluyendo su ubicación, qué tan a menudo sucede y qué tan severo es.

El médico preguntará cuándo comenzó el dolor, qué actividades lo agravan, si existe dolor en la parte baja de la espalda del lado izquierdo o en alguna pierna, si hubo una lesión reciente y si existen antecedentes de problemas de espalda.

Durante el examen físico, su proveedor tratará de ubicar con precisión la zona de dolor y de evaluar cómo afecta su movimiento. También puede valorar el rango de movimiento, la fuerza de los músculos, la sensibilidad y los reflejos nerviosos.

Un examen físico y la historia clínica suelen ser suficientes para que el médico determine la causa del dolor. En muchos casos, el diagnóstico no requiere estudios de imagen inmediatos si el dolor es reciente y no hay síntomas de gravedad.

Pruebas que pueden solicitarse

  • Radiografía lumbar: puede detectar huesos rotos, desalineación o cambios estructurales.
  • Resonancia magnética: puede mostrar discos, nervios, tejidos blandos y signos de un problema grave.
  • Tomografía computarizada: permite detectar lesiones en los tejidos blandos, como los discos entre las vértebras, y posibles tumores.
  • Análisis de sangre: pueden solicitarse si se sospecha una infección o una causa inflamatoria.
  • Ecografía: puede ayudar a observar con más detalle algunos tejidos blandos u órganos.
  • Estudios de conducción nerviosa: ayudan a diagnosticar problemas relacionados con los nervios.
  • Gammagrafía ósea: ayuda a detectar problemas óseos subyacentes.

Su proveedor normalmente no ordenará ningún examen de su columna vertebral durante la primera consulta o por 4 a 6 semanas a menos que usted tenga ciertos síntomas. La resonancia magnética, la tomografía o la radiografía se indican según el tipo de dolor, los antecedentes y la presencia de señales de alarma.

Qué hacer durante los primeros días

Si el dolor es agudo y reciente, existen medidas que puedes hacer en casa mientras esperas valoración. La mayoría de los casos mejoran con tratamiento en casa y autocuidado, normalmente en unas pocas semanas.

  • Aplica frío en la zona lumbar durante 15 minutos, 3 o 4 veces al día, durante las primeras 48-72 horas.
  • Después de 72 horas, puedes utilizar calor local durante 15-20 minutos para relajar la musculatura.
  • Reduce temporalmente las actividades que empeoran el dolor, pero evita el reposo absoluto.
  • Evita levantar peso y realizar giros bruscos.
  • Camina durante periodos cortos en una superficie plana si puedes hacerlo sin empeorar el dolor.
  • Vuelve gradualmente a tus actividades habituales.

Una falsa creencia común acerca del dolor de espalda es que es necesario descansar y evitar actividad por mucho tiempo. De hecho, no se recomienda el reposo en cama.

Si no tiene ninguna señal de una causa seria de su dolor de espalda, entonces debe permanecer lo más activo posible. Es importante evitar que su espalda y los músculos abdominales se debiliten.

Es posible que usted deba reducir su actividad solamente por los primeros dos días. Luego, lentamente comience sus actividades habituales. No realice actividades que involucren levantamiento de objetos pesados o torsiones de la espalda durante las primeras 6 semanas después de que el dolor comienza.

Posiciones que pueden aliviar la molestia

Boca arriba con una almohada bajo las rodillas puede reducir la presión en los discos lumbares. Si duermes de lado, una almohada entre las piernas puede ayudar a mantener la columna alineada.

Cuando duerma, pruebe acostarse acurrucado, en una posición fetal con una almohada entre las piernas. Si usted usualmente duerme boca arriba, ponga una almohada o toalla enrollada bajo las rodillas para aliviar la presión.

Sentarse con respaldo y soporte lumbar puede ayudar, pero conviene evitar permanecer sentado mucho tiempo. Si el dolor aparece al despertar, revisa la posición en la que duermes, así como la almohada y el colchón.

Medicamentos y tratamientos

Los analgésicos de venta libre pueden ayudar a controlar el dolor leve o moderado. En casos graves, podrían necesitarse relajantes musculares o medicamentos con receta.

Los más utilizados son los antiinflamatorios no esteroideos, como ibuprofeno, naproxeno o diclofenaco, y los analgésicos, como paracetamol. No te automediques, porque algunos medicamentos pueden empeorar las úlceras gástricas o la presión alta.

El uso de medicamentos debe ajustarse a la causa del dolor, la intensidad de los síntomas, los antecedentes médicos y otros tratamientos. Los antiinflamatorios y analgésicos deben utilizarse bajo supervisión médica cuando el dolor es recurrente o existen enfermedades digestivas, renales o cardiovasculares.

Fisioterapia y rehabilitación

La fisioterapia y rehabilitación suelen ser dos de las principales herramientas para ayudar a estos pacientes. La fisioterapia puede ayudar a fortalecer y flexibilizar los músculos de la espalda y a manejar mejor el dolor.

Un terapeuta especializado puede aplicar técnicas como el uso de calor o frío, masajes terapéuticos, electroterapia y ejercicios de movilidad. La rehabilitación física incluye el aprendizaje de una buena higiene de columna y la reeducación postural.

Los ejercicios de estiramiento y fortalecimiento son importantes, pero empezar estos ejercicios demasiado pronto después de una lesión puede hacer que el dolor empeore. Un terapista físico le puede decir cuándo iniciar ejercicios de estiramiento y fortalecimiento y cómo hacerlos.

Tratamientos intervencionistas y cirugía

Cuando el dolor no cede con medicamentos, fisioterapia y modificación de actividades, pueden considerarse infiltraciones epidurales, bloqueos facetarios o bloqueos selectivos de raíz. Estos procedimientos se utilizan en casos seleccionados y deben estar guiados por una valoración médica.

La mayoría de los dolores de espalda mejoran sin cirugía. La cirugía solo se indica cuando otros tratamientos no han dado buenos resultados o cuando hay un problema grave, como una hernia de disco que presiona sobre un nervio.

La cirugía puede ser una opción si el dolor es intenso, se acompaña de daño nervioso significativo, como entumecimiento o debilidad en las piernas, o está causado por una anomalía estructural que no responde a otros tratamientos.

Ejercicio y movimiento

El movimiento es medicina para la espalda. La inactividad prolongada debilita los músculos y empeora el dolor de espalda. Los ejercicios diseñados específicamente para esta zona buscan devolver la flexibilidad y crear una «faja natural» de músculos que sostenga la columna.

Luego de 2 a 3 semanas, usted debe comenzar gradualmente con ejercicios nuevamente. Empiece con actividad aeróbica ligera. Caminar, montar una bicicleta estacionaria y nadar son magníficos ejemplos.

Estas actividades pueden mejorar el flujo de sangre hacia la espalda y estimular la curación. También fortalecen músculos en su estómago y espalda.

Estiramientos y fortalecimiento

Los estiramientos suaves ayudan a aliviar la presión sobre los discos y a relajar los músculos contraídos. Estos movimientos deben realizarse de forma lenta y controlada, sin forzar nunca el rango de movimiento hasta sentir dolor.

El «core» o núcleo corporal incluye los músculos abdominales, de la espalda y de la pelvis. Un core fuerte actúa como un soporte interno que quita carga a las vértebras lumbares.

Ejercicios como la plancha abdominal, el bird-dog, los puentes de glúteos, el estiramiento del piriforme y la postura del niño pueden formar parte de un programa de rehabilitación, siempre que sean adecuados para la causa del dolor.

Yoga y Pilates

Tanto el Yoga como el Pilates son disciplinas extraordinarias para quienes sufren de la espalda. El Yoga enfoca su práctica en la flexibilidad y el equilibrio, ayudando a liberar tensiones acumuladas por el estrés.

El Pilates se centra en el control muscular y la alineación postural. Ambas prácticas, siempre que sean guiadas por instructores que conozcan tus limitaciones, son herramientas preventivas y terapéuticas de gran valor.

Si te resulta difícil movilizarte, puedes optar por realizar yoga, que puede ayudar a aliviar el dolor de espalda. No realices ejercicios si provocan dolor intenso, debilidad, entumecimiento o una irradiación mayor hacia la pierna.

Prevención y cuidado diario

La prevención del dolor de espalda implica hacer cambios en la vida cotidiana y ser proactivo. El ejercicio habitual, en especial las actividades que fortalecen la zona media y los músculos de la espalda, pueden ser de mucha ayuda.

Caminar, andar en bicicleta y nadar son actividades excelentes porque no sobrecargan ni impactan la espalda. Desarrollar fuerza y flexibilidad muscular ayuda a acondicionar los músculos para que sostengan bien la espalda.

Mantener un peso saludable también puede reducir el esfuerzo de la espalda. El sobrepeso ejerce presión sobre los músculos de la espalda y aumenta la carga sobre las vértebras.

Dejar de fumar reduce el riesgo de lumbalgia. Fumar también puede reducir el flujo de sangre hacia la columna vertebral y aumentar el riesgo de osteoporosis.

Postura y ergonomía

Una buena postura puede reducir la tensión sobre los músculos de la espalda. Mantén una posición pélvica neutra y no te encorves al estar de pie.

Cuando estés de pie durante mucho tiempo, coloca un pie sobre un reposapiés bajo para descargar ligeramente la tensión de la parte baja de la espalda. Alterna los pies.

Elige un asiento que ofrezca buen apoyo para la zona lumbar, tenga apoyabrazos y una base giratoria. Para conservar la curvatura normal, coloca un almohadón o una toalla enrollada en la zona lumbar.

Mantén las rodillas al nivel de la cadera y cambia de posición con frecuencia, como mínimo cada media hora. Si trabajas sentado, realiza pausas activas y evita permanecer en la misma postura durante largos periodos.

Cómo levantar objetos

En la medida de lo posible, evita levantar cargas pesadas. Si debes hacerlo, levántalas de tal modo que las piernas ejerzan la fuerza.

  • Separa los pies para darle a tu cuerpo una base de apoyo amplia.
  • Párate lo más cerca posible del objeto que estás levantando.
  • Dobla las rodillas, no la cintura.
  • Mantén la espalda derecha y el objeto cerca del cuerpo.
  • Aprieta los músculos del abdomen mientras levantas el objeto.
  • Levanta usando los músculos de las piernas.
  • No gires mientras te agachas, levantas o transportas el objeto.
  • Si el objeto es pesado o incómodo, busca ayuda.

Descanso y sueño

Para quienes sufren de dolor de espalda baja, se recomienda dormir de lado con una almohada entre las rodillas, lo que mantiene la columna alineada. Si prefieres dormir boca arriba, colocar una almohada debajo de las rodillas ayuda a mantener la curvatura natural de la zona lumbar.

Evitar dormir boca abajo puede ser útil, ya que esta posición suele forzar el cuello y arquear la espalda de forma antinatural. Permanecer en cama no ayudará a sentirse mejor más rápido.

Si hallamos posiciones cómodas y caminamos de a ratos, es posible que no necesitemos tanto reposo. No parece existir un tipo de colchón que sea mejor para las personas con dolor de espalda; probablemente sea una cuestión de lo que le resulta más cómodo a cada persona.

anatomía columna lumbar y nervio ciático

Preguntas frecuentes

¿El dolor izquierdo es diferente del dolor derecho?

El lado del dolor puede dar pistas importantes, pero no permite establecer por sí solo un diagnóstico. En el lado izquierdo pueden intervenir una contractura muscular, problemas del riñón izquierdo, una hernia discal con compresión izquierda, problemas digestivos del colon, cólicos menstruales o el síndrome del piriforme izquierdo.

La mayoría de los dolores son musculoesqueléticos. Solo un especialista puede confirmar la causa exacta.

¿Cuánto tiempo suele durar?

El dolor de espalda agudo puede durar desde unos pocos días hasta unas cuantas semanas. La mayoría de las personas con dolor de espalda mejora o se recupera al cabo de 4 a 6 semanas y, a menudo, mucho antes.

El dolor de espalda agudo suele ser una respuesta inmediata a una lesión específica y tiende a durar desde unos pocos días hasta un par de semanas. El dolor crónico es aquel que persiste por más de tres meses.

¿Cuándo es grave el dolor lumbar izquierdo?

Podría considerarse grave si es intenso, se acompaña de entumecimiento u hormigueo en las piernas, debilidad en las piernas, dificultad para orinar, fiebre, pérdida de peso inexplicable, dolor que se irradia por la pierna debajo de la rodilla o si ocurre después de una lesión o trauma importante.

También requiere atención inmediata si ocasiona pérdida de control de los esfínteres, dificultad para caminar, fiebre, sangre en la orina o dolor nocturno persistente.

¿Es necesario hacerse una resonancia magnética?

No siempre. En muchos casos de dolor reciente sin señales de alarma, la historia clínica y la exploración física son suficientes durante la primera consulta.

La resonancia magnética puede solicitarse si hay signos de un problema grave, sospecha de hernia o compresión nerviosa, debilidad progresiva, antecedentes de cáncer o dolor persistente que no mejora.

¿Puedo tomar medicamentos por mi cuenta?

No te automediques. Los analgésicos y antiinflamatorios pueden ayudar en algunos casos, pero deben utilizarse teniendo en cuenta los antecedentes de úlceras gástricas, enfermedad renal, presión alta, embarazo y otros medicamentos.

Cada paciente requiere una combinación específica. Si el dolor persiste, es recurrente o se acompaña de otros síntomas, la prioridad es determinar la causa antes de continuar el tratamiento.

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